¡Después de muuucho trabajo, he conseguido acabar el segundo capítulo! He de decir que estoy impresionada con la buena acogida que ha tenido el fic en solo un capitulo, no quiero ni pensar en que pasará de ahora en adelante. Os doy mil gracias de todo corazón.
Este capítulo ha sido muy complicado de escribir, incluso de plantear. Tenía dos versiones preparadas, una especialmente arriesgada e infinitamente más complicada de escribir (si cabe) y otra más simple. Al final me he decidido por la versión "simple", guardando la complicada para un posible fic que empezaré cuando tenga un poco mas de soltura escribiendo. Bueno, sin más, os dejo con el capitulo.
Todos los personajes que aparecen, así como la historia original pertenecen a Dreamworks.
Capitulo 2
Astrid pataleó y se revolvió con todas sus fuerzas. Su agresor lo tenía claro si pensaba que iba a llevársela fácilmente. Como pudo este la arrastró hacia una arboleda fuera del alcance de cualquier mirada, inmune a todos los intentos de la chica por escapar. La mayoría de los golpes que dio fueron al aire, pero uno le aterrizó en la pantorrilla provocando una reacción en su atacante.
-¡Auuuu! ¿Quieres parar quieta?-la voz parecía la de un chico joven-¡Me vas a hacer daño! Aunque bueno, siendo fieles a la realidad ya me lo has hecho, y no precisamente poco.
¡Pero tenía cara! No solo la había asaltado en mitad de la noche, sino que además se enfadaba porque le había dado una patada, como si ella fuera la culpable. Trató de recriminárselo, pero sus palabras quedaron amortiguadas por las manos del chico.
-Oye mira, hagamos un trato-le pidió el chico con voz calmada- Aunque no lo parezca no quiero hacerte daño, solo quiero ayuda, así que si dejas de gritar y patalear te prometo que te suelto. ¿Trato hecho?
La lógica le decía que no escuchara sus palabras y que siguiera resistiéndose hasta que pudiera escapar, pero había algo en su voz (no sabía exactamente qué) que le inspiraba confianza y sinceridad. Después de pensárselo durante un instante, sacudió suavemente la cabeza, esperando que su intuición no le fallara.
Y no le falló, el chico cumplió su promesa y poco a poco fue aflojando la presión que atrapaba a Astrid, hasta que al final la chica pudo separarse y observar a su agresor. Ante ella tenía un joven de más o menos su edad, alto y delgado (¿de dónde demonios había sacado la fuerza para arrastrarla?). Vestía una especie de… traje hecho de cuero y hebillas adornado con varios dibujos en rojo que le cubría de la cabeza a los pies, excepto en su pierna izquierda, que acababa en lo que parecía una prótesis. En general era un chico muy guapo, pero muy raro.
-¿Quién eres tú y quién demonios te crees que eres para asaltarme así en plena calle?-le gritó hecha una furia. Seria guapo, pero eso no le hacía olvidar lo que había pasado hace unos minutos.
-Tranquila fiera-le contestó el chico irónico- Vayamos por partes. Primero de todo mi nombre es Hipo Haddock III, jefe de Isla Mema. ¿Y tú eres…?
-Astrid Hofferson I, jefa de la Republica Independiente de mi Casa- ¿no quería ironía? Pues toma ironía.
-Vaya, veo que nos ha salido ocurrente la muchacha. Si es que parece que las escojo…-eso último lo dijo para sí, pero Astrid lo escuchó perfectamente y se lo hizo saber con un sutil levantamiento de cejas- Lo cual me lleva a la segunda respuesta. Si te he cogido así es porque no tengo la más absoluta idea de donde estoy y no quiero que nadie sepa que estoy aquí por el momento. Excepto tu, claro, que ahora mismo eres mi única esperanza.
-¿Tu única esperanza para qué, exactamente?
-¿De verdad tengo que explicártelo ahora?-no necesitó respuesta, su cara lo dijo todo- Esta bien, intentare resumírtelo. Mi aldea está amenazada por un ejército enorme que no podemos combatir, ni siquiera con los dragones, así que he viajado a través de un portal hasta este lugar porque según la chamana solo aquí encontraré el arma definitiva que nos ayudara a vencerlo. Ya está ¿contenta?
Astrid se preocupó por el convencimiento con el que el chico le estaba contando esa sarta de locuras. ¿Chamanes? ¿Portales? ¿Dragones? Definitivamente, estaba como una cabra.
-Oye, creo que deberías ir a ver a un medico urgentemente, estás diciendo cosas sin sentido. Hay una consulta de urgencias aquí cerca, si quieres puedo llevarte- se ofreció. Pero el joven se quedó mirando para ella con aire pensativo durante un rato hasta que al final le preguntó:
-Exactamente… ¿Dónde estoy?
-En Bærum, un pueblo a las afueras de Oslo, capital de Noruega.
-No conozco esta isla…
-Eso es porque NO estamos en una isla- bufó Astrid. Definitivamente ese chico está muy desorientado, o muy demente. O los dos.
-¿En serio? Quizás es por eso por lo que no hay dragones, porque estamos tierra adentro…-dijo para sus adentros. Ella volvió a escucharlo, y con la paciencia ya agotada saltó.
-¿Pero tú me estas tomando el pelo, chaval? ¿Primero tratas de raptarme y luego me vienes con dragones, portales y demás cosas inexistentes? Mira, yo me voy a mi casa, ya estoy harta de aguantar a lunáticos.- Hizo ademán de darse media vuelta y marcharse por donde había venido, pero no había dado dos pasos cuando Hipo la detuvo cogiéndola del brazo.
-Que me das si te demuestro que los dragones existen-le dijo con una sonrisa pícara.
-Lo que quieras.
-¿Tu ayuda, por ejemplo?
-Hecho- le replicó desafiante.
-Y una disculpa por llamarme loco.
-Me parece justo.-se estaba poniendo ligeramente chulita, quizás debía controlarse un poco.
-Y un beso-la sonrisa pícara que adornaba su cara se ensanchó, a la vez que las mejillas de Astrid se enrojecían violentamente. ¿De verdad le había pedido un beso? Iba a protestar cuando se dio cuenta de que era imposible que perdiera la apuesta, no tenía nada que perder y todo que ganar. Decidida, le estrechó la mano que le ofrecía sellando el trato.
-Muy bien Don Juan, ¿Cómo piensas demostrarme que existen los dragones? ¿Me vas a llevar al cine a ver DragonHeart?-le preguntó con sorna.
-Aún mejor milady-le contestó con autosuficiencia-Te voy a traer uno aquí para que lo veas con tus propios ojos.
Astrid vio como el chico levantaba la cabeza y silbaba llevándose dos dedos a los labios. El sonido se extendió por todo el bosque, dejándolo en el más absoluto silencio cuando este se extinguió.
-Vaya, tampoco hacía falta que me trajeras una manada entera, no sé donde los vamos a meter a todos- comentó la joven mordaz. Hipo le dirigió una mirada de exasperación.
-¿Te importaría callarte un momento, doña Escéptica?
Volvió a silbar, y esta vez cuando el ruido se apagó no todo estaba en silencio. Un zumbido invadió el bosque y fue subiendo de volumen poco a poco. Parecía como un batir de alas. Dos minutos después, un bicho muy grande aterrizó en el claro levantando una columna de polvo y asustando a la joven. Era una especie de lagartija gigante, cubierta por escamas negro azabache. Tenía unas alas largas y finas que trataba de recoger en el pequeño espacio y unos ojos verdes intensos que destacaban incluso en la oscuridad reinante. Tenía que reconocerlo, era lo más parecido a un dragón que había visto en su vida. Miró hacia Hipo, que en ese momento se recostaba sobre el cuello del animal, y se miraba los dedos con aire falsamente distraído.
-Bueno, parece que alguien me debe un beso…
¡Toma final! Para las que en el primer capítulo os quejabais de que os había dejado con el suspense… jajaja Soy pérfida, lo sé, cuando a mi me dejan así también me pongo histérica, pero es lo que toca! Como siempre espero con ansia las reviews con vuestras opiniones. Besitos, y nos vemos en el próximo capítulo!
