¡Dios mío, todavía no me creo el éxito que está teniendo el fic! De verdad muchísimas gracias a todos por vuestros reviews y vuestros Fav/Follows, no os hacéis una idea de lo contenta que estoy.
Hoy, después de un relajante finde de inactividad (necesitaba un descanso urgente, estaba agotada tanto física como psicológicamente) os traigo el tercer capítulo, sobre el cual ha habido infinidad de teorías. También os tengo que avisar de que a partir de aquí voy a parar un poco la historia, porque quiero hacer un POV de Hipo contando sus sentimientos hasta ahora, y aun no sé si me va a ocupar un capitulo o dos. Sé que os voy a dejar con la miel en los labios, pero no quiero avanzar más en la historia sin hacerlo. Lo siento muy mucho.
Y bueno, ya os dejo con el capitulo.
Todos los personajes que aparecen y la historia original pertenecen a Dreamworks.
Capitulo 3
Astrid no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Trató de encontrarle una explicación lógica que no consiguió encontrar. La situación comenzó a superarla, notó como le fallaban las piernas y le daba vueltas la cabeza. Se iba a desmayar, lo sentía. Por suerte Hipo también se dio cuenta y la recogió antes de que tocara el suelo.
Cuando Astrid volvió en si lo primero que pensó es que estaba en su cama, y que todo había sido una pesadilla. Sintió como algo la zarandeaba por el hombro y escuchó una voz masculina muy cerca. Demasiado cerca.
-Astrid, despierta… ¿Estás bien?
Supuso que sería Aidan, aunque le extrañó que le hablara con semejante tono de preocupación. Quizás había gritado en sueños.
-Sí, no pasa nada…-trató de incorporarse, pero le pesaba la cabeza y tenía la vista nublada- He tenido una pesadilla rarísima ¿sabes? Había un chico muy raro que me pidió un beso y un dragón negro…-poco a poco la vista se le fue aclarando y ante el apareció el chico del sueño, que la miraba desde arriba con una mezcla de preocupación y sorna. Genial, no lo había soñado- ¿Sigues aquí?
-Así es, milady. Y aun me debes la disculpa y un beso.
Al tratar de incorporarse de nuevo se dio cuenta de un pequeño detalle del que aun no se había dado cuenta y que la hizo sonrojarse violentamente; el chico le había apoyado la cabeza en su regazo al desmayarse. Se sentó de un salto y le dirigió una mirada rencorosa a su acompañante.
-No pienso besarte, así que ya puedes ir quitándote esa idea de la cabeza.
-Sí que lo harás, tarde o temprano tendrás que cumplir tu promesa.
-Pues espera sentado…
-Al menos cumplirás las otras dos partes del trato ¿no?
-¿Las otras dos…? Ah sí, la disculpa y la ayuda. Está bien… Siento haberte llamado loco. Y si, te ayudaré en lo que sea que quieras mi ayuda. Pero tendrá que ser en mi casa, estoy helada y llena de barro.
-Me parece bien, yo también tengo algo de frio.-Se subió al dragón y le tendió una mano, invitándola a subir.
-Ah no, el dragón no viene. Y no lo puede ver absolutamente nadie.
-¿Y cómo piensas ir a tu casa?
-¿Andando, por ejemplo? Mi casa está a menos de cinco minutos de aquí.
-Está bien… seguiremos tus reglas-volvió a desmontar, le susurró algo al dragón y se apresuró a seguirla. El dragón los vio partir con tristeza, pero no se movió.
-¿Sabes que no pienso marcharme de aquí hasta que no cumplas tus promesas, verdad? Las tres.
-Pues entonces deberías irte buscando una casa, me temo que vas a echar raíces si no cambias de opinión.
-Una vikinga de verdad siempre cumple con sus promesas.
-¡Yo siempre cumplo con mis…!-de pronto se dio cuenta de lo que el chico acababa de decir-¿Has dicho vikingos?
-Claro… ¿Acaso no eres una vikinga?- lo decía como si fuera lo más normal del mundo.
-¿Lo eres tú?
-Si me lo hubieses preguntado hace cinco años te hubiera contestado que no, pero creo que el concepto de vikingo ha cambiado bastante desde entonces.
-Y tanto que ha cambiado, como que hasta hoy creía que los vikingos se habían extinguido hace mil años…
-¿Qué?-Vaya, ahora parecía alarmado- ¿Mil años?
En ese momento un coche pasó junto a ellos y la cara que puso Hipo se lo dijo todo. Al fin y al cabo acababa de ver un dragón… ¿Por qué no iba a creer en los viajes en el tiempo?
-Señor Hipo… sea usted bienvenido al futuro.
Ya en su casa, Astrid consultaba una enciclopedia online en su portátil* mientras Hipo curioseaba todo lo que encontraba en su habitación. A la luz el joven había resultado ser aun más atractivo, con ese pelo castaño ligeramente largo y esos increíbles ojos verdes que cortaban la respiración. Astrid había necesitado de todo su autocontrol para poder actuar normal.
-¿Cómo dices que se llamaba tu aldea?
-Isla Mema… ¿Qué demonios es esto?
-Se llama afilapuntas eléctrico, y como su nombre indica, sirve para afilar la punta de los lápices- Hipo sacó una libreta y lo apuntó. Ya había hecho lo mismo con su móvil y el interruptor de la luz. Rápidamente tecleó el nombre que le había dado en el buscador y leyó en voz alta:
-Isla perteneciente al archipiélago de Lofoten… hundida en el terremoto de 2012… antiguo asentamiento vikingo. Aquí es. Dice que se encontraron restos bélicos pertenecientes a los años 613 y 615 por toda la isla, y una especie de manual en el que se describe la vida y las costumbres de los vikingos de la época que data de al menos el año 625. ¿Habéis estado en guerra recientemente?
-Así es- respondió Hipo con tristeza- Hace un año, el mismo tiempo que llevo yo de jefe. Drago atacó la isla y la destrozó por completo.
-¿Drago no era el que estaba a punto de atacaros?
-Así es, ha vuelto y esta vez no podemos vencerle sin ayuda, por eso he venido a buscar…
-…el arma definitiva esa. Ya lo sé.-Todo eso seguía sonándole a locos- Bueno, pues aplicando un poco la lógica diré que la guerra del 613 fue la que vivisteis el año pasado, y la del 615 es la que está por venir, así que supongo que cuando hiciste el viaje estabas en algún punto del año 614, o puede que principios del 615. Lo cual nos deja un viaje en el tiempo de… 1400 años, mes arriba, mes abajo.
-Vaya…- dijo el chico apesumbrado mientras se dejaba caer a su lado en la cama. Astrid podía entenderlo, asimilar que habías hecho un viaje de milenio y medio no debía ser fácil. En estas estaban cuando de pronto oyeron ruidos en la parte de abajo. Astrid se asomó a la puerta y vio a su padrastro que en esos momentos subía la escalera en dirección a su habitación. No pudo evitar que le entrara el pánico.
-Escóndete debajo de la cama-le ordenó al chico.
-¿Perdona?-se quejó ofendido.
¡Que te escondas, te he dicho!- y le dio un empujón tirándolo de la cama. Con una mirada de rencor el chico obedeció, quedando oculto justo al tiempo que picaban a la puerta. Astrid respiró hondo tres veces para tranquilizarse antes de abrir la puerta.
-Que quieres-le preguntó con dureza.
-Yo… solo… quería pedirte disculpas por mi comportamiento durante todos estos años.-eso dejó a Astrid planchada, haciendo que se olvidara de Hipo. ¿De verdad pensaba que una disculpa iba a servir para olvidar todos esos años de dolor? Nunca podría perdonarle, pensaba que a estas alturas ya lo sabría.-Llegas 5 años tarde, amigo. Lo que nos hiciste a mi madre y a mi jamás podré perdonártelo. Han sido demasiadas mentiras.
-¿Ni siquiera te lo pensarás?
-No hay nada que pensar, Aidan.- Iba a cerrarle la puerta en las narices, pero antes de hacerlo añadió- Quizás te convenga pedirle a tus padres que te acojan de ahora en adelante.- Y ahí sí, le cerró la puerta. No se lo podía creer, le había echado de casa, después de tantos años. Por fin iba a poder ser feliz. Un sonoro ejem, ejem interrumpió sus pensamientos.
-Oye ¿Puedo salir de aquí ya?- se había olvidado por completo de Hipo.
-Sí, venga, que te ayudo.
Se arrodilló al borde de la cama y cogiéndolo por las manos tiró de él hacia afuera. Cuando ya prácticamente le quedaba un empujón para acabar, calculó mal su fuerza y se resbaló, cayendo completamente encima de Hipo. Sus caras habían quedado peligrosamente cerca. En esa postura se quedaron durante unos segundos, incapaces de reaccionar, hasta que se separaron poniéndose de pie de golpe, completamente colorados.
-Eeeeh… yo…-balbuceó Astrid.-Creo que deberías irte, mi padrastro nos puede oír. Mañana si quieres puedes quedarte aquí a dormir, cuando se marchen mi padrastro y mis hermanas-¿pero qué narices estaba diciendo? ¡Tenía que recobrar la compostura, y ya!- He leído que el códice está expuesto en el Museo de Historia de Oslo, si quieres mañana podemos ir a verlo.-Eso sonaba demasiado a cita ¿verdad?
-Emmm… sí, claro, como quieras.-estaba tan avergonzado como ella, lo que era un alivio.
No hablaron mucho más desde ese momento. Astrid le dio varias mantas para que pudiera pasar la noche a la intemperie y lo acompañó hasta la puerta de atrás sin meter ruido. Cuando estaban a punto de separarse, Hipo le agarró del brazo y le dijo en voz baja:
-Que sepas que aun me debes un beso.
Que pesado… ¿De verdad iba a seguir con eso? En un impulso le agarró por una de las cintas de su traje, lo atrajo hacia sí, y le plantó un beso en los labios. Lo prolongó durante unos segundos, disfrutando de la suavidad de sus labios y del olor que desprendía el joven. Cuando fue consciente de lo que estaba haciendo se separó avergonzada y se metió rápidamente en casa, con un escueto Buenas noches como despedida y dejando al chico con la mirada perdida y una sonrisa bobalicona en los labios. ¿Qué demonios le estaba pasando?
*En otros países se les llama laptops, o computadoras.
¡Ja! Os dije que os iba a dejar con la miel en los labios. Había quien decía que el beso iba a ser en la mejilla, pero que queréis que os diga, me parece demasiado cursi para Astrid, ella es más de hacer las cosas a lo bruto. Como curiosidad deciros que todos los lugares modernos que se mencionan son totalmente reales, al igual que el terremoto que supuestamente hundió Mema. De hecho Bærum, el pueblo donde vive Astrid, en uno de los barrios de las afueras de Oslo, caracterizado por ser el barrio típicamente rico de la ciudad. Ya veis que cuido al máximo los detalles, me estoy metiendo unas lecciones de Geografía alucinantes. Y bueno, ya me despido que me estoy enrollando mucho. ¡Nos vemos en el próximo capítulo!
