Por fin, aquí tenéis el capitulo 4, que como ya os dije iba a ser un PoV de Hipo que abarcaría los tres primeros capítulos. Mi intención inicial era dejarlo todo en un solo cap, pero al final me he extendido mucho y lo he tenido que dividir, así que vais a tener que esperar un poquito más antes de volver a la historia y a Astrid (protagonista indiscutible de la historia, desde cuyo punto de vista se va a contar la mayor parte del fic, los PoV de Hipo van a ser muy puntuales)
Y una cosa, antes de dejaros con el capitulo, quería agradeceros todas vuestras reviews, follows y favs, y en especial a mi compatriota Paolabaez, una mis mayores seguidoras y que a pesar de no tener cuenta siempre se toma la molestia de dejar una review (la ultima te la contesté con otra review, no sé si la habrás leído ya) ¡Un millón de gracias a ti y a todos los demás!
Todos los personajes que aparecen, así como la historia original pertenecen a Dreamworks.
Capitulo 4- Hipo PoV
Había sido duro dejar Mema, sobre todo teniendo en cuenta que Drago podría atacar de nuevo en cualquier momento, pero Hipo estaba decidido a salvar a su pueblo, costase lo que costase. Por eso cuando Gothi le dio el portal (una especie de bola dorada que se abría girándola por el medio) que le llevaría a la única arma capaz de vencer a Drago, no dudó en dejar a Bocón y Patapez al mando (esperaba que la aldea siguiera intacta a su regreso) y aventurarse a lo desconocido. Solo se había llevado a Desdentao, pues tenía la sensación de que era algo que debía hacer solo. Ahora estaba en medio de un bosquecillo de pinos, completamente desorientado. Necesitaba ayuda, y urgente, o moriría de hambre y frío. Decidió explorar un poco por los alrededores, en busca de gente.
Cuando empezada a caer la noche se topó con un camino, hecho de un extraño material gris oscuro y con unas rayas blancas pintadas sobre él. Por si las moscas, decidió esconderse tras unos árboles a la espera de que pasase alguien, pero no se oía un alma por los alrededores. Solo un par de horas después, Hipo pudo ver a alguien que se dirigía a su escondite con paso lento. Parecía una chica joven. Esperó a que esta pasase por la antorcha gigante que se había encendido milagrosamente sola hacia un rato para poder verla bien. Tendría más o menos su edad, era alta y esbelta, y llevaba el pelo rubio en una trenza. Era guapa, pensó. Decidió seguirla, observándola de cerca, y ella debió de darse cuenta, porque poco a poco iba acelerando el paso y mirando por encima de su hombro con aire preocupado. Hipo tenía que hacer algo, si la muchacha se asustaba y huía perdería su única oportunidad de encontrar ayuda. Y lo único que se le ocurrió fue cogerla por detrás, tapándole la boca con la mano para que no gritase. La joven inmediatamente se resistió, y aunque Hipo era bastante fuerte, le había costado llevarla al claro donde le había dejado el portal. Cuando estaban a punto de llegar, una de las muchas patadas que estaba intentando propinarle acertó de lleno en la espinilla derecha.
-¡Auuuu! ¿Quieres parar quieta? ¡Me vas a hacer daño! Aunque bueno, siendo fieles a la realidad ya me lo has hecho, y no precisamente poco.-notó que la chica trataba de gritar, y al darse cuenta de que no podía le lanzó una mirada cargada de ira y se revolvió de nuevo entre sus brazos. Tenía que apaciguarla o corría el riesgo de que le destrozara la pierna buena.-Oye mira, hagamos un trato-le pidió con la voz más dulce y tranquilizadora que pudo encontrar- Aunque no lo parezca no quiero hacerte daño, solo quiero ayuda, así que si dejas de gritar y patalear te prometo que te suelto. ¿Trato hecho?-la chica pareció pensárselo durante unos instantes, hasta que al final asintió con la cabeza. Deseando que no saliese corriendo, Hipo deshizo el abrazo en el que la había atrapado. Rápidamente, la chica se separó de él y lo encaró, hecha una furia.
-¿Quién eres tú y quién demonios te crees que eres para asaltarme así en plena calle?
-Tranquila fiera-contestó irónico. Le hizo gracia ver como las mejillas de la muchacha se encendían de ira- Vayamos por partes. Primero de todo mi nombre es Hipo Haddock III, jefe de Isla Mema. ¿Y tú eres…?
-Astrid Hofferson I, jefa de la República Independiente de mi Casa- se la devolvió ella. Eso le pasaba por tomarse tantas libertades… aun así, algo le empujó a seguirle el juego.
-Vaya, veo que nos ha salido ocurrente la muchacha. -Si es que parece que las escojo… pensó para sí. Recordó a Brusca, la extravagante gemela que desde que había asumido la jefatura no paraba de tirarle los tejos descaradamente, lo que siempre le hacía sonrojarse. Un ligero carraspeó lo devolvió a la realidad, y la cara de la joven le dijo que quizás había estado pensando en alto. Decidió continuar, por lo que pudiera pasar.-Lo cual me lleva a la segunda respuesta. Si te he cogido así es porque no tengo la más absoluta idea de donde estoy y no quiero que nadie sepa que estoy aquí por el momento. Excepto tu, claro, que ahora mismo eres mi única esperanza.
-¿Tu única esperanza para qué, exactamente?
-¿De verdad tengo que explicártelo ahora?-la expresión de la chica era claramente un si silencioso. Maldita sea, era toda una cabezota.- Esta bien, intentare resumírtelo. Mi aldea está amenazada por un ejército enorme que no podemos combatir, ni siquiera con los dragones, así que he viajado a través de un portal hasta este lugar porque según la chamana solo aquí encontraré el arma definitiva que nos ayudara a vencerlo. Ya está ¿contenta?
No parecía, porque le estaba mirando con la cara de quien acaba de ver un fantasma. O pensaba que estaba loco, o no le había creído ni una sola palabra. O una mezcla de los dos, que era lo más probable.
-Oye, creo que deberías ir a ver a un medico urgentemente, estás diciendo cosas sin sentido. Hay una consulta de urgencias aquí cerca, si quieres puedo llevarte-le propuso ella, pero Hipo no la escuchó. Estaba pensando en que quizás el portal le había llevado a un lugar muy alejado de Mema, lo suficiente como para que no hubiera dragones. Tendría que salir de dudas.
-Exactamente… ¿Dónde estoy?
-En Bærum, un pueblo a las afueras de Oslo, capital de Noruega.
-No conozco esta isla…
-Eso es porque NO estamos en una isla- le replicó poniendo los ojos en blanco.
-¿En serio? Quizás es por eso por lo que no hay dragones, porque estamos tierra adentro…- volvió a pensar en voz alta. Era algo que hacía muy a menudo, y que odiaba.
-¿Pero tú me estas tomando el pelo, chaval? –le gritó de pronto. ¿Qué narices le pasaba a esa chica?-¿Primero tratas de raptarme y luego me vienes con dragones, portales y demás cosas inexistentes? Mira, yo me voy a mi casa, ya estoy harta de aguantar a lunáticos.- Trató de marcharse de ahí, pero Hipo no podía permitirlo. Antes de que se diera la vuelta la agarró por el brazo, ganándose la segunda mirada rencorosa del día. Ella pensaba que estaba loco, así que quizás pudiera sacarle partido a la situación.
-Que me das si te demuestro que los dragones existen-le dijo con una sonrisa pícara. Sabía que era apostar sobre seguro.
-Lo que quieras.-aceptó ella confiada. Ahora mismo la tenía en sus manos y no pensaba soltarla. Quería tomarse su propia venganza por llamarle lunático.
-¿Tu ayuda, por ejemplo?
-Hecho-accedió sin pensarlo.
-Y una disculpa por llamarme loco.-podría incluso hacer que se arrodillara, pensó para sí.
-Me parece justo.
-Y un beso-¿Perdona? Hipo no se creía lo que acaba de decir, lo que llevaba un buen rato diciendo ¿Dónde se había metido esa timidez que le hacía balbucear cuando hablaba en público, y que definitivamente le impedía decirle nada coherente a ninguna chica de la isla? Algo tenia esta joven que no le hacía pensar con claridad y que le impulsaba a hacer autenticas tonterías. Se dejó llevar por esa valentía que le estaba invadiendo y le tendió una mano a la colorada muchacha, que se la estrechó sin dudarlo.
-Muy bien Don Juan-le dijo cuando recuperó la compostura (y la capacidad de ironizar)- ¿Cómo piensas demostrarme que existen los dragones? ¿Me vas a llevar al cine a ver DragonHeart?
-Aún mejor milady-no tenía ni idea lo que era un "cine" ni de que corazón de dragón hablaba, pero decidió ignorarla. Pronto se le quitaría toda esa arrogancia-Te voy a traer uno aquí para que lo veas con tus propios ojos.
Bajo la mirada suspicaz de la chica, Hipo se llevó dos dedos a la boca y silbó con fuerza llamando a Desdentao, al que había dejado escondido a no mucha distancia de allí. Los segundos pasaban y el dragón no aparecía. Como le hiciera quedar mal delante de Astrid lo iba a matar.
-Vaya, tampoco hacía falta que me trajeras una manada entera, no sé donde los vamos a meter a todos- manifestó joven sarcásticamente al ver que no había respuesta.
-¿Te importaría callarte un momento, doña Escéptica?-le pidió irritado. Volvió a silbar con más fuerza y esta vez sí, pudo oír el potente batir de alas de Desdentao, que se acercaba rápidamente. Entró en el claro armando un escándalo terrible, levantando una nube de polvo y tierra que hizo toser a Hipo. Cuando pudo volver a respirar se acercó a su amigo y se apoyó sobre el cuello de su amigo, y con el aire de inocencia más irritante que pudo encontrar dejo caer:
-Bueno, parece que alguien me debe un beso…
Pero cuando giró la cabeza para disfrutar de la reacción de la chica, se encontró con que esta se había puesto terriblemente pálida y temblorosa. Una voz en su cabeza le avisó de que se iba a desmayar, y llegó justo a tiempo para cogerla por la cintura y evitar que cayera. Con delicadeza la terminó de tumbar, recostándole la cabeza en sus piernas y apartándole un mechón de pelo de la cara. Sentía una mezcla de preocupación, vergüenza y otra cosa que no pudo identificar, y que le hacía sentirse terriblemente bien y a la vez terriblemente mal. ¿Se estaría enamorando?
Bueno ¿Qué os ha parecido? Ya tenía ganas de escribir el PoV, y de explicar el porqué del cambio en el carácter de Hipo. Me encanta el hecho de que sea solo ella la que lo haga volverse más divertido y picarón, mas como en la 2ª peli, no sé si me explico… en fin, ya sabéis que espero las reviews con vuestra opinión como agua de mayo. ¡Un besazo!
