¡Vuestra manca favorita ha vuelto! ¡Una semana me ha tenido el médico con los dedos vendados! Al final se me ha acabado la paciencia y me he arrancado el vendaje dos días antes de lo previsto… Pero en fin, el caso es que aquí estoy, y os estoy muy agradecida por todas vuestras reviews apoyándome y deseándome que mejorara. Por eso lo primero que hecho después de quitarme las gasas del demonio ha sido ponerme a escribir. Decidí actualizar primero Como entrenar a tu dragón 3 (mi otro fic) porque lo tenía un poco abandonadillo, pero en cuanto lo terminé me puse con este.

Y bueno, pues aquí esta, el final del POV de Hipo… sinceramente, tenía ganas de terminarlo ya, para mí es más fácil escribir desde el punto de vista de Astrid que el de Hipo. Y sin más, os dejo con el capi.

Todos los personajes que aparecen y la historia original pertenecen a Dreamworks.

Capitulo 5- Hipo PoV/Parte 2

Dos minutos después Astrid entreabrió los ojos, para alivio que Hipo que soltó un imperceptible suspiro. Se acercó un poco a ella y le zarandeó suavemente el hombro, para que terminara de despertar.

-Astrid, despierta… ¿Estás bien?

-Sí, no pasa nada…-balbuceó aun medio dormida. Hizo el ademán de levantarse, pero debió de marearse de nuevo y no llegó ni siquiera a levantar la cabeza- He tenido una pesadilla rarísima ¿sabes? Había un chico muy raro que me pidió un beso y un dragón negro…-Que bonito, le había considerado un sueño… ¿Cómo debía tomarse eso? Fue entonces cuando la chica enfocó la vista y se le quedo mirando con la misma cara con la que había mirado a Desdentao hace unos minutos.- ¿Sigues aquí?

-Así es, milady. Y aun me debes la disculpa y un beso.

La chica volvió a intentar levantarse, y ya debía de estar mejor porque lo hizo de un salto, alejándose bastante de él. La miró de nuevo, tenía la trenza medio deshecha, estaba muy pálida y tenía la ropa llena de barro. No, definitivamente no podía estar enamorado. Por todos los dioses, acababa de conocerla. Observó como rápidamente se había puesto toda colorada, dándole un aspecto encantador… Ya estaba otra vez. Tenía que quitarse esas ideas de la cabeza como fuera.

-No pienso besarte, así que ya puedes ir quitándote esa idea de la cabeza.-reaccionó la chica tratando de recomponerse.

-Sí que lo harás, tarde o temprano tendrás que cumplir tu promesa.

-Pues espera sentado…-que cabezota era.

-Al menos cumplirás las otras dos partes del trato ¿no?

-¿Las otras dos…? Ah sí, la disculpa y la ayuda. Está bien… Siento haberte llamado loco.-Eso no sonaba muy sincero- Y si, te ayudaré en lo que sea que quieras mi ayuda.-Aquí Hipo ya no pudo contener el suspiro de alivio, aunque al parecer Astrid no lo notó- Pero tendrá que ser en mi casa, estoy helada y llena de barro.

-Me parece bien, yo también tengo algo de frio.-admitió. De un salto subió a Desdentao y le ofreció una mano a la joven para ayudarla a subir.

-Ah no, el dragón no viene. Y no lo puede ver absolutamente nadie.

-¿Y cómo piensas ir a tu casa?

-¿Andando, por ejemplo? Mi casa está a menos de cinco minutos de aquí.

-Está bien… seguiremos tus reglas-dijo resignado. Odiaba dejar a Desdentao solo, pero no se podía arriesgar a perder la ayuda de la chica. Con una caricia le susurró al dragón:

-Quédate aquí ¿vale? Y en cuanto termine con la señorita gruñona te prometo que daré todo el pescado que quieras. ¿Trato hecho?-Un suave gruñido y un golpecito cariñoso con el hocico le confirmaron que estaba de acuerdo. Se despidió con otra caricia antes de seguir a la joven. Casi podía sentir la mirada triste de Desdentao clavada en su espalda, pero resistió el impulso a base de chinchar a la chica.

-¿Sabes que no pienso marcharme de aquí hasta que no cumplas tus promesas, verdad? Las tres.

-Pues entonces deberías irte buscando una casa, me temo que vas a echar raíces si no cambias de opinión.-dijo ella mordaz.

-Una vikinga de verdad siempre cumple con sus promesas.-le picó él.

-¡Yo siempre cumplo con mis…!-de pronto se interrumpió a sí misma, como si se acabara de acordar de algo-¿Has dicho vikingos?

-Claro… ¿Acaso no eres una vikinga?-le pregunto él con picardía.

-¿Lo eres tú?-En otra situación se lo habría tomado como una ofensa, pero la joven estaba extrañamente seria y parecía preocupada. Hipo rápidamente pensó que quizás había ido a un territorio enemigo de los vikingos, o a uno lo suficientemente alejado como para no saber de su existencia.

-Si me lo hubieses preguntado hace cinco años te hubiera contestado que no, pero creo que el concepto de vikingo ha cambiado bastante desde entonces.-bromeó quitándole importancia al asunto. No quería asustarla.

-Y tanto que ha cambiado, como que hasta hoy creía que los vikingos se habían extinguido hace mil años…

-¿Qué?-exclamó asustado. Eso no se lo esperaba.- ¿Mil años?

Justo entonces Hipo escuchó un ruido a su espalda que lo distrajo. Se dio la vuelta para saber lo que era, pero lo único que vio fueron dos luces que se acercaban hacia él rápidamente. Cuando ya casi estaban a su altura pudo ver a una enorme maquina de hierro amarillo intenso que se movía aparentemente sola emitiendo un gran ruido, muy parecido al rugido de un dragón. Cuando esta lo adelantó, pudo ver que llevaba una persona dentro. ¿Qué demonios era eso? Miró a su acompañante esperando una respuesta, pero solo se encontró una risita burlona.

-Señor Hipo… sea usted bienvenido al futuro.


La naturaleza de su viaje dejó a Hipo totalmente descolocado. No se esperaba que el portal le hubiera trasladado temporalmente y no espacialmente. Ahora lo observaba todo con interés nuevo, y no paraba de atosigar a Astrid con preguntas. Que si como había conseguido iluminar su casa con un solo botón, que si cómo funcionaba el mecanismo para abrir la puerta… Todo le resultaba extraño y mágico. Todo, menos la habitación de la joven, que le resultaba extrañamente hogareña, a pesar de que las paredes eran de un color azul intenso idéntico al de sus ojos, en los que Hipo aun no había reparado. Estaba pulcramente ordenada, y había libros mirase donde mirase. Parte de las paredes y los armarios estaban forrados con imágenes de un realismo increíble.

-Vaya, dibujas muy bien…

-¿Yo? Que va, soy un desastre- le dijo mientras abría una especie de libro de la que una mitad se iluminó formando una imagen en movimiento- Esos carteles los he impreso desde el ordenador.

-¿Impreso? ¿Ordenador?-preguntó el chico confundido. Era como si le estuviera hablando en otro idioma.

-Mejor déjalo, ya te lo explicaré en otro momento.-Y se puso a golpear frenéticamente los botones con unas runas extrañas que había en la otra mitad del libro mágico. El aprovechó para explorar todos los maravillosos artefactos que había en la habitación, a la vez que contestaba a las preguntas que la chica le iba haciendo.

-Isla perteneciente al archipiélago de Lofoten… hundida en el terremoto de 2012… antiguo asentamiento vikingo. Aquí es. Dice que se encontraron restos bélicos pertenecientes a los años 613 y 615 por toda la isla, y una especie de manual en el que se describe la vida y las costumbres de los vikingos de la época que data de al menos el año 625. ¿Habéis estado en guerra recientemente?

-Así es-trató de disimular la profunda tristeza que le producían todos los recuerdos, pero fue incapaz - Hace un año, el mismo tiempo que llevo yo de jefe. Drago atacó la isla y la destrozó por completo.

-¿Drago no era el que estaba a punto de atacaros?

-Así es, ha vuelto y esta vez no podemos vencerle sin ayuda, por eso he venido a buscar…

-…el arma definitiva esa. Ya lo sé.-Le interrumpió ella.- Bueno, pues aplicando un poco la lógica diré que la guerra del 613 fue la que vivisteis el año pasado, y la del 615 es la que está por venir, así que supongo que cuando hiciste el viaje estabas en algún punto del año 614, o puede que principios del 615. Lo cual nos deja un viaje en el tiempo de… 1400 años, mes arriba, mes abajo.

-Vaya…-Para Hipo era duro de asimilar. Se creía lejos de casa… pero no tanto. De pronto un ruido en el piso de abajo los asustó, sobre todo a Astrid que salió corriendo a asomarse a la puerta. Cuando volvió, blanca como la leche, le dio la última orden que Hipo esperaba recibir.

-Escóndete debajo de la cama

-¿Perdona?-Hipo no podía creer lo que estaba escuchando.

-¡Que te escondas, te he dicho!-y lo tiró al suelo de un empujón. Al fin decidió esconderse, no sin antes dirigirle la mirada más rencorosa que pudo encontrar para que le chica fuera consciente de que eso no se lo perdonaba. Mientras se deslizaba entre el polvo oyó picar a la puerta. Una rendija entre la colcha y el suelo le permitió ver todo lo que ocurría.


Ahora entendía a lo que se refería su padre cuando le decía que tenía el don de escuchar lo que no debía. Había escuchado por completo la discusión, pero veía a Astrid tan afectada que decidió disimularlo.

-Oye ¿Puedo salir de aquí ya?- preguntó con aire inocente

-Sí, venga, que te ayudo.

Sintió como las tablas encima suyo se combaban y las faldas de la colcha se levantaban dejando entrar la luz. Las manos de Astrid aparecieron poco después. Las agarró y en cuanto estuvo bien sujeto la chica empezó a tirar de él hacia fuera, deslizándolo con facilidad. Pero en el último empujón perdió el equilibrio y cayó cuan larga era encima suyo. Habían quedado cerca, muy cerca, tanto que Hipo pudo sentir la respiración agitada de la joven en su hombro, y oler la fragancia que despedía la trenza de la chica, que había caído muy cerca de su nariz. Se mantuvieron así unos eternos segundos, hasta que por fin se separaron de un salto.

-Eeeeh… yo…-tartamudeó Astrid. Se había sonrojado por segunda vez en aquel día, animando a la sangre del chico a invadir sus mejillas también. -Creo que deberías irte, mi padrastro nos puede oír. Mañana si quieres puedes quedarte aquí a dormir, cuando se marchen mi padrastro y mis hermanas. He leído que el códice está expuesto en el Museo de Historia de Oslo, si quieres mañana podemos ir a verlo.- Le impresionó lo rápido que la chica se había recompuesto, pero para su desgracia el aun seguía en estado de shock.

-Emmm… sí, claro, como quieras.-balbuceó tontamente. El Hipo tímido había vuelto.

Siguió mecánicamente a la chica por las escaleras, sin decir nada más que un escueto "Gracias" cuando la chica le tendió unas gruesas mantas para que pasara la noche. Pero cuando llegaron a la puerta y se disponían a despedirse, decidió que el Hipo atrevido le caía mejor que el Hipo tímido, y decidió mandar a este ultimo a tomar vientos.

-Que sepas que aun me debes un beso.- le recordó con picardía.

Vio como puso los ojos en blanco, y antes de que se diera cuenta le había agarrado por una correa del traje y le había plantado un beso en los labios. El olor de la chica, que ya le había embotado los sentidos antes, volvió a invadirle con más fuerza todavía impidiéndole reaccionar y anulándole el impulso de estrecharla contra él y no dejarla escapar nunca. El beso apenas duró unos segundos, y cuando acabó, la chica rápidamente se metió en casa. Pero Hipo siguió ahí parado durante dos minutos, hasta que fue capaz de aclarar su mente. Y su primer pensamiento racional fue claro. Definitivamente, se había enamorado hasta las trancas.

¡Y hasta aquí el POV! Espero de verdad que os haya gustado y que no os haya resultado repetitivo, al ser los mismos diálogos que en los 3 primeros capítulos. Sea lo que sea, dejadme una review con vuestra opinión, que ya sabéis que me hacen mucha ilu y me impulsan a seguir escribiendo. ¡Muchos besitos, y nos vemos en el próximo capítulo!