¡He vuelto! Por fin he recuperado mi portátil, y se ve estupendamente. Los que seguís mis historias ya habréis leído en "Entre la espada y la arena" (el fic nuevo que subí para hacer un poco más amena la espera) que la versión de Word en el que guardo "Como entrenar a tu dragón 3" e "Intemporal" no es compatible con la versión del ordenador de mis padres, así que no pude actualizar ninguno de los dos, pero los iba continuando en un cuadernito hasta que el servicio técnico se dignara a devolverme mi portátil.

Así que aquí estamos, con el sexto capítulo ya. Muchos me decíais en las reviews que los PoV de Hipo no os habían gustado tanto, pero es normal, como mujer escribo mejor desde el punto de vista femenino que masculino. Es que amigos, sois muy complicados, lo siento, pero es verdad xD A todos vosotros, os digo que no os preocupéis porque volvemos al punto de vista de Astrid y así seguirá hasta que la historia pida un nuevo PoV de Hipo, que tiene pinta de ser bastante lejos. Y ya os dejo leer el capitulo.

Todos los personajes que aparecen, así como la historia original pertenecen a Dreamworks.

Capitulo 6

¿Pero que acababa de hacer? Pensó Astrid con la espalda recostada en la puerta que acababa de cerrarle al chico en las narices. Ella nunca había hecho algo así, y hasta hace diez minutos hubiera dicho que tampoco pensaba hacerlo. Es más, si oía que alguien había actuado así, solía reírse de la persona en concreto. ¡Por el amor de Dios, si es que acababa de conocerlo! Era culpa de Hipo, que tenía algo que la hacía actuar como una idiota. Puede que fueran sus ojos, o su sonrisa… Astrid sacudió la cabeza para quitarse esas ideas de la cabeza y decidió irse a la cama y olvidar lo sucedido. Aunque sabía que eso no iba a ser precisamente fácil.


Un potente rayo cortó el aire en mitad de la noche, despertando a Astrid, que pego un grito del susto. Aun con la respiración asustada, esta buscó a tientas su teléfono móvil y pulsó una tecla. La pantalla se iluminó al instante mostrándole la hora: las 5 de la mañana. Su padrastro ya se había ido con sus hijas hace un rato (había querido marcharse pronto para poder desayunar con su familia) y todavía le quedaban varias horas para dormir, que no estaba dispuesta a desaprovechar. Dicho y hecho, se acomodó de nuevo y cerró los ojos, pero no fue capaz de conciliar el sueño. Había algo en su cabeza, como la sensación de que se le olvidaba algo mezclado con un extraño sentimiento de culpa. Intentaba recordar si éxito que era lo que se le olvidaba cuando cayó otro rayo, recordándole al rugido de un monstruo. Un momento… ¡Hipo! Lo había dejado solo pasando la noche a la intemperie, así que la tormenta lo habría pillado de pleno. No podía dejarlo allí con la tormenta que estaba cayendo, así que empezó a vestirse rápidamente decidida a ir a buscarlo. Estaba a punto de salir por la puerta cuando unos golpes en la persiana, que dudaba que fueran producidos por el viento, la interrumpieron. Cautelosamente, subió la ventana y salió al balcón justo cuando la luz de un tercer rayo iluminó la noche por un segundo, tiempo suficiente para que Astrid viera al inmenso dragón apoyado en su barandilla y al siniestro jinete cubierto por una especie de mascara encima de él. Como es lógico, la reacción de Astrid fue gritar y tratar de esconderse, cerrando la puerta tras de sí. Cuando la cordura volvió a ella, el susto dio paso al enfado.

-¡Me asustaste, imbécil!-le increpó al jinete.

-Lo siento, no era mi intención-le contesto este mientras se quitaba el casco, dejando ver el empapado pelo castaño y el rostro congestionado de frio del vikingo.-No sé si te habías dado cuenta, pero aquí fuera está diluviando y no me gustaría coger una neumonía. ¿Le importaría a la señorita darme alojamiento?

-¿Por qué debería?-preguntó enarcando una ceja.

-Pues a ver, déjame pensar- dijo él llevándose un dedo a la boca, dándose un aire falsamente pensativo- Primero, porque lo has prometido. Y segundo… porque estoy seguro de que ni siquiera tú dejarías a un pobre chico morir de frio en la calle… ¿Verdad?-y le puso unos ojos de cordero degollado tan convincentes que Astrid se puso toda colorada. Y su férrea fuerza de voluntad quedó hecha trizas. Con un suspiro de resignación se hizo a un lado para dejar entrar al mojado chico. Al que no estaba dispuesta a dejar entrar era al dragón, que se había apresurado a seguir a su amigo al interior.

-Ah no, ni hablar. El bicho se queda fuera.

-Se llama Desdentao.

-Me da igual como se llame, he dicho que no entra y punto.

-Pues si él se va, yo también-respondió el con tal rotundidad y determinación que dejó a Astrid sin palabras. Si hubiera sido otra persona la respuesta de la joven no se hubiera hecho esperar, le habría dicho que se largase con viento fresco. Pero ella no quería que se fuera, así que se tragó su orgullo y buscó una solución rápida.

-Mira-empezó ella con tono tranquilizador-¿Ves esa pequeña caseta a un lado del jardín?-se la señaló con la mano hasta que el chico asintió-Es el cuarto de la caldera. Si al bicho quiere-Hipo enarcó una ceja-Está bien, si Desdentao quiere-se autocorrigió con exasperación-puede pasar ahí la noche. Estará resguardado y caliente, y estará cerca. La puerta está abierta, solo tiene que accionar el pomo. Eso sí, la única condición que pongo es que no salga de ahí hasta que sea de noche. No quiero ni pensar como se pondrán los vecinos si lo ven. ¿Estás de acuerdo?

-Sí, que remedio. Aunque preferiría que durmiera conmigo.

-Ya ves, no se puede tener todo en esta vida.-replicó ella con sorna. Observó como el chico se acercaba al dragón, suponía que para despedirse, y una voz en su interior le dijo que debía dejarlos solos.- Voy a por el saco de dormir y unas mantas. Vuelvo ahora.

Cuando regresó con una montaña de cosas que sobrepasaba su cabeza, el dragón había desaparecido e Hipo la esperaba sentado en su casa, examinando un cubo de Rubik con interés. Según la vio, le ayudó a colocar las cosas en el suelo hasta que quedó una cama más o menos decente. Eran las seis y cuarto de la mañana.

-Aún nos quedan unas cuantas horas para dormir. Deberíamos aprovecharlas.-Y dicho esto se fue al baño a ponerse el pijama de nuevo. Cuando volvió no habían pasado ni dos minutos, pero se encontró a Hipo profundamente dormido. Y Astrid aprovechó ese momento para observarlo bien. Puede que antes no se hubiera fijado bien en el chico, pero le daba la impresión de que así, durmiendo, parecía mucho más joven, como si las preocupaciones le envejecieran varios años dándole el aspecto maduro y adulto que ella conocía. Ahora casi parecía un niño, tan tranquilo e inocente… Ya estaba, volvía a delirar. Se metió en la cama, tratando de quitarse esos pensamientos de la cabeza y de ignorar al chico que dormía a su lado. Pero inevitablemente, la suave respiración del chico se coló en su mente, y como si de una canción de cuna se tratara, la arrulló hasta dormirse.

Bueno, ¿Qué os ha parecido? Astrid sigue terca como una mula, no reconocerá que le gusta Hipo aunque la torturen. En fin, ya sabéis que espero vuestra avalancha de reviews con impaciencia e interés, y espero que no os hayáis enfadado conmigo por la espera. ¡Muchos besitos, y nos vemos en el próximo capítulo!