¡Perdón, perdón, perdón! Mil perdones por la tardanza, ya sé que he estado desaparecida cerca de un mes, pero estoy en plenos parciales y absorben todo mi tiempo. He intentado escribir en los pocos ratos libres que he tenido, pero estaba tan cansada que al párrafo tenía que dejarlo porque no me daba la cabeza para más. A ver si ahora que solo queda un mes para Navidad (¡Gracias a dios!) y voy a tener tiempo para descansar lo que quiera me vuelve la inspiración y adelanto unos cuantos capítulos, aunque luego los suba poco a poco.

Y ya por último, pidiéndoos otras mil disculpas, os dejo con el capitulo.

Todos los personajes que aparecen, así como la historia original pertenecen a Dreamworks.

Capitulo 7

El cielo ya estaba bien alto cuando ambos chicos se despertaron. Bueno, en realidad cuando se despertó Astrid, porque Hipo necesitó un poco de ayuda. Seguía dormido como un cesto, envuelto en un amasijo de mantas cuya forma le recordaba a Astrid a un capullo de mariposa. Como no veía ni un centímetro de la anatomía del chico, lanzó con fuerza un cojín a un bulto dentro de las mantas que intuía que era su cabeza.

-¡Despierta, dormilón!

Pero nada, seguía sin obtener respuesta alguna. Astrid puso los ojos y resopló de frustración, no es que fuera especialmente paciente por las mañanas. De pronto una idea cruzó su mente y una sonrisilla malévola asomó en sus labios. Poniéndola en práctica, se sentó al borde de la cama, y con los pies empujó al chico hasta hacerle rodar, provocando también que se enredara aun más en las mantas.

-¡Que… te… despiertes!

Un gruñido sordo proveniente de debajo de las mantas le indicó que su plan había funcionado, pero fue toda la respuesta que obtuvo. Para ayudarle a que se desperezara, la chica le quitó todas las mantas de un tirón. Ahora sí, Hipo estaba completamente despierto.

-¡Bienvenido al mundo de los vivos! Es un placer tenerte de nuevo entre nosotros…-ironizó Astrid mientras levantaba la persiana, dejando entrar la luz del sol.

-Pero que graciosa…-volvió a gruñir él con los ojos llorosos a causa de la luz.

-Graciosa no, es que parecía que estabas muerto. Tienes un sueño pesado no, lo siguiente.

-Bueno, es que tampoco es que durmiera mucho anoche…

-Iba a salir a buscarte cuando viniste.

-No solo fue por eso…

La indirecta dejó a Astrid totalmente fuera de juego. Sabía a lo que se refería, porque tampoco le había dejado dormir a ella. Decidió ignorar el comentario.

-Bueno, ¿y qué vamos a hacer hoy?-preguntó él mientras se estiraba haciendo sonar desagradablemente varios huesos.

-Primero, desayunar. Tengo un hambre que me muero.-un rugido de su estomago confirmó sus palabras.-Y después, como ya te dije ayer, había pensado en ir al museo de Historia, a ver si podemos averiguar algo.

-Bien, es un buen plan.

Juntos bajaron a la cocina, Astrid todavía en pijama. Le indicó donde sentarse y se apresuró a preparar dos cafés, pero cuando iba a servir el segundo se dio cuenta de que no sabía si le iba a gustar a su acompañante.

-¿Qué soléis desayunar los vikingos?

-Pues… normalmente leche de yak con miel y pan con queso.

-Aja…-respondió ella intentando ocultar el asco.-Bueno, pues siento decirte que no tengo ni leche de yak, y tampoco tomo miel, así que creo que te vas a tener que conformar con un cacao.

-¿Un qué?-contestó Hipo. Claro, el cacao provenía de América, y Europa no había sabido de su existencia hasta 1942. Ni decir tiene que por esa época el chico debería llevar siglos muertos.

-Es una bebida dulce, te gustará.

Mientras las tazas se calentaban en el microondas preparó también unas tostadas, que sirvió con mantequilla y mermelada. Una vez que Hipo entendió lo que era y lo que debía hacer con ello, ambos se dispusieron a planear el día mientras comían:

-Bien –dijo Astrid- ir hasta la capital nos llevara al menos veinte minutos, más otros diez para aparcar si tenemos suerte… -Hipo asentía con interés aunque no estaba entendiendo ni papa- Pongámosle otra hora para ver el museo… no nos va a quedar más remedio que comer allí.-eso le ponía inmensamente nerviosa, no quería que el chico estuviera en público más de lo necesario por si alguien descubría quien era en realidad. Observó al chico, que se había comido las tostadas de dos bocados y ahora probaba el chocolate con cautela. Debió de gustarle, porque del siguiente sorbo se terminó todo el vaso.-Bueno, supongo que podemos coger algo en un burguer y comerlo por ahí.

-Bueno, ¿Y a que estamos esperando?-dijo levantándose y dirigiéndose a la puerta trasera por la que había salido la noche anterior.

-No tengas tanta prisa, vikingo… No se tu, pero yo necesito una buena ducha.

-Una… ¿Qué?

-Es como un baño, pero de pie.-contestó Astrid con paciencia. Llevaba poco tiempo con el chico, pero ya se había acostumbrado a sus incesantes preguntas.

-Aaah… ¡Yo quiero probarlo!-exclamó él entusiasmado como un niño pequeño.

-Si te hace ilusión…-suspiró ella. Es chico era un caso.

Una vez bien duchada y aseada, se dedicó a explicarle al chico el funcionamiento de la ducha y para que servía cada botón y cada botellita de producto, y como siempre él le prestaba atención y lo entendió enseguida.

-Bueno, te dejo solo. Cuando acabes, te pones esto, ya lo sabes.- le dijo señalándole la pila de ropa que había dejado encima del lavabo. Era ropa de su padre, que había tenido más o menos la misma constitución que él chico.- Si necesitas algo llámame, no estaré lejos.

Mientras el chico se duchaba, Astrid se tumbó en su cama. Era el único momento a solas que tendría en una buena temporada, y decidió utilizarlo para poner en orden sus pensamientos. Y le costó, porque habían despertado en ella un cumulo de sensaciones extrañas y diferentes que no había sentido hasta ahora: incredulidad, comprensión, alegría, impaciencia, vergüenza, ternura… Todas nuevas, y todas causadas a raíz del misterioso vikingo de ojos verdes y armadura de cuero que decía haber viajado en el tiempo, acompañado de un inmenso dragón negro que dormía en su jardín. Si lo pensaba con calma, era de locos.

-Parezco un completo idiota ¿verdad?-interrumpió Hipo de repente. No le había oído salir del baño, y no le había dado tiempo a prepararse para lo que tenía delante. Le había elegido una camisa verde, un chaleco color tierra y unos pantalones marrones claros, los favoritos de su padre. Estaba tan increíblemente guapo, que dejó a la chica sin habla.

-Pero… ¿tan mal me queda?-protestó Hipo ante la cara desencajada de ella.

-Estás increíble.-se le escapó sin querer. Astrid enseguida asimiló lo que acababa de decir y se puso colorada como un tomate, siendo rápidamente imitada por Hipo. No sabía qué narices le pasaba últimamente, que era incapaz de controlar su relación cerebro-lengua.

Bueno, en realidad sí que lo sabía, pero no estaba dispuesta a aceptarlo.

Y si de ella dependía, así seguiría.

Bueno, pues hasta aquí el capitulo. Como siempre espero vuestras reviews echándome la bronca por la tardanza y amenazándome con echarme a los Muertes Susurrantes si vuelvo a desaparecer xD. ¡Muchos besitos, y nos vemos en el próximo capitulo!