¡Mil millones de perdones! Madre mía, sé que he estado desaparecida durante meses, pero las clases me están absorbiendo tanto que apenas he tenido tiempo para escribir. Solo he tenido Navidad, en la que pude escribir la mayor parte de los capítulos de HTTYD3 e Intemporal, pero luego volvieron a empezar las clases (y con ellas los exámenes finales) y no tuve tiempo de acabarlos. Pero bueno, aquí estoy, y os pido mil disculpas y a la vez os doy mil gracias por vuestra paciencia, que no ha sido poca.

Ya sin entretenerme más, os dejo con el capitulo.

Todos los personajes que aparecen, así como la historia original pertenecen a Dreamworks.

Capitulo 8

El viaje hacia el museo fue para Astrid peor que una tortura. No solo porque aun tenía fresco el desliz que acababa de cometer, sino porque Hipo, en cuanto puso un pie en el Escarabajo amarillo que era su mayor orgullo, empezó su inaguantable ronda de preguntas. En la media hora que duró el viaje, le explicó cómo pudo el funcionamiento del coche, el uso de los semáforos y el significado de la mayoría de las señales de tráfico. Cuando por fin ambos bajaron del coche, en el aparcamiento del museo, casi se sintió hasta aliviada.

El museo de Historia Cultural de Oslo era un bonito edificio blanco que casi recordaba a un palacio y que estaba rodeado de jardines allí donde miraras. Hipo, que el edificio más grande que había visto en su vida era la cueva que usaban de Gran Salón en su aldea, se quedó mirándolo embobado mientras la chica lo empujaba como podía hacia la puerta de entrada.

-Vale, quédate aquí.-le dijo ella cuando llegaron al hall de entrada, que estaba casi en su totalidad cubierto con carteles de otros museos y exposiciones temporales.- Voy a comprar las entradas, vengo ahora. ¡Y no se te ocurra tocar nada!

Cinco minutos después, cuando Astrid volvió un poco más pobre, pero cargada de folletos informativos, se encontró al chico observando con interés una vitrina con monedas de bronce en su interior.

-¿Qué son estas cosas?-preguntó el chico.

-Pues según el cartel, son monedas vikingas, las más antiguas encontradas hasta la fecha.

-¿Y que son monedas?

-Pues sirven para comprar cosas… ¿Es que acaso no las utilizabas en tu aldea?

-Que va, nosotros funcionamos mediante trueque. Si queremos algo, simplemente lo cambiamos por otra cosa.-le contestó el encogiéndose de hombros. Por alguna razón a ella le hizo mucha gracia esto. Ahora iba a descubrir como de eficientes habían sido los historiadores del museo.

-Bueno, la parte vikinga y medieval está en la primera planta, aunque el códice y el tesoro vikingo están en el sótano. Propongo ver solo esa parte, porque me imagino que con el resto de la Historia estarás bastante perdido. Y cuando acabemos, la chica de la taquilla me ha dado una entrada para visitar el museo de los barcos vikingos, que supongo que también te interesará.

-Haremos lo que quieras, ya lo sabes milady.-le contestó él con evidente doble sentido y una de sus encantadoras medias sonrisas. Ah, por dios, el Hipo curioso le gustaba más que el picarón. Al menos, la ponía menos nerviosa.

-Pues vamos allá, no se hable más.-dijo ella haciéndose la loca por billonésima vez desde que lo conocía, aunque la delatara un leve rubor en sus mejillas.

Y así empezaron el recorrido por la primera planta. Durante la parte medieval el Hipo curioso volvió a aparecer como era de esperar, pero en cuanto entraron en la parte vikinga, era Astrid quien abrasaba con preguntas al chico, y demostró ser tan paciente como ella lo haba sido con él. Además resultó ser un guía estupendo.

Una hora después (se habían entretenido más de lo esperado) por fin bajaron al sótano, expectantes por el famoso tesoro vikingo recuperado hace un par de años del fondo del mar.

-¿Sabes? Quizás reconozcas algo ahí abajo…-comentó ella mientras bajaban el último tramo de escalera.

-No lo creo.-le contestó sinceramente Hipo.- De todas las cosas que hemos visto antes, ninguna me sonaba ni siquiera de lejos.

-Pero eso era porque casi ninguna se encontró en Mema, y las pocas que hay son posteriores a ti.-razonó Astrid.- En cambio este tesoro, según el folleto, se encontró en un barco naufragado y la acción del agua ha impedido que se pueda fechar.

-Me extrañaría mucho, ya que nosotros no solemos… o solíamos transportar ese tipo de cosas en barco. Bueno, salvo Johann, un mercader que solía venir a la isla a intercambiar objetos raros que traía de sitios lejanos.

- ¿Y qué me dices del Códice? Ese sí que apareció en tu isla, y aunque tampoco tiene fecha exacta se cree que ronda tu época.-propuso releyendo el folleto por encima.

-Pues no sé, que yo recuerde los únicos libros que teníamos en la isla eran el manual de dragones y el cuaderno en el que el jefe anota los acontecimientos más importantes de la aldea.

-Pues quizá sea ese… No pierdas la esperanza.

Ambos entraron a la sala en penumbra que estaba llena a rebosar de monedas de oro, joyas, cálices y otros botines, amontonados como si acabaran de ser dejados allí por los vikingos, con la diferencia de que un grueso cristal los protegía, y en el centro de la sala, encerrado en una vitrina de cristal, descansaba el grueso libro, abierto por una página repleta de dibujos.

Hipo enseguida se puso a examinarlo todo con detalle, esperando ver algo que le sonara o que le ayudara con su búsqueda de la famosa arma definitiva. En cambio Astrid, que estaba menos interesada, se dedicó a deambular distraídamente por la sala. Pero cuando se acercó al libro, una sensación extraña la invadió.

-No, definitivamente no reconozco nada de lo que hay aquí. Ni siquiera el libro. – dijo Hipo con aire decepcionado colocándose a su lado.

-Pues curiosamente, yo sí.-contestó ella señalando el libro. Había algo en los trazos de las runas, en la forma de los dibujos, que le resultaba familiar.

-¿Y eso?

-Pues no se… es una sensación extraña. Es como si ya lo hubiera visto antes, o hubiera visto algo muy similar. Pero no sé, quizás son imaginaciones mías.

-Mmmmm… ¿Desde cuándo esta aquí el libro este?

-Desde 1999- contestó echándole un rápido vistazo al cartel informativo.

-Y decías que estábamos en el…

-2015…-volvió a contestar ella ya cansada.- ¿A dónde quieres llegar?

-Pues a que quizás viniste aquí cuando eras muy pequeña con tus padres, y por eso te resulta familiar, aunque no te acuerdes.

-Vaya, pues no lo había pensado… Quizás sea eso lo que pasa. En todo caso, no merece la pena seguir dándole vueltas. Tenemos que irnos ya, o nos van a cerrar el museo de barcos.

-A sus órdenes, milady.-murmuró mientras hacia una reverencia socarronamente exagerada.

-Pero que gracioso eres… -le contestó ella encaminándose hacia la salida. Aunque la propuesta del chico le parecía bastante lógica, en su fuero interno sabía que no era eso lo que había pasado. Algo le decía que ella había tenido ese libro entre sus manos, había pasado sus páginas. No podía explicarlo, pero sentía que ese libro había sido suyo.

Bueno, pues hasta aquí hemos llegado. Espero que os haya gustado y que podamos vernos pronto (siempre que la Universidad lo permita u.u) Espero vuestras reviews con ansia. ¡Muchos besitos, y nos vemos en el próximo capítulo!