Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 9
Una triste realidad
Al día siguiente, Syra despertó percatándose de que Vegeta ya se había marchado de la habitación. No creyó que él se levantara tan pronto, puesto que la noche anterior había sido muy intensa. Sonrió al recordarlo. Su decisión de esperarlo anoche y seducirlo había salido tal y como ella esperaba. Durante estas semanas se había preocupado de
intentar descubrir con quien pasó Vegeta aquella noche, pero parecía que nadie lo supiera, era como si él hubiera desaparecido, nadie sabía nada y no visitó su harén tampoco. Tal vez estuvo entrenando o volando por el planeta en solitario, tal vez no estuvo con ninguna mujer y ella se precipitó al pensar así. No lo sabría nunca. Decidió olvidarlo por esta vez y se levantó dirigiéndose al baño para darse una ducha.
Vegeta fue requerido por su padre, y en estos momentos, se encontraba reunido con él en sus amplios y lujosos aposentos.
- Vegeta, creí que ayer vendrías a informarme del éxito de la misión. Te estuve esperando, aunque después supe que estuviste en una fiesta con todo tu escuadrón, y que al parecer, se dilató bastante, a juzgar por tu aspecto de hoy – Dijo el Rey fijándose en las ojeras que se marcaban en el rostro de su hijo.
- Ya...¿aún continúas con eso, padre?. ¿Para qué iba a informarte de esa ridícula misión?. ¿Qué más tienes pensado hacer para humillarme?. – Contestó el príncipe alterado.
- .¡Basta ya, Vegeta!. No creas ni por un momento que yo deseo perjudicarte, a ti, a mi propio hijo. Desde que naciste, no he hecho otra cosa más que educarte y enseñarte lo que debes saber para ser algún día el mejor rey de Vegetasei. Solo quiero ayudarte a no cometer errores. – Exclamó el Rey algo enfurecido y golpeando la mesa con sus manos.
- No necesito tu ayuda, ni tampoco la de tu sombra, el maldito Kabark. – Repuso Vegeta.
- Ya veo... Anoche, cenamos juntos y me informó de lo ocurrido cuando aterrizaste..- Dijo más tranquilamente.
Vegeta se echó a reir a carcajadas. – No me lo puedo creer. Ese tipo es más rastrero de lo que imaginaba. –
- Lamento que pienses así...pero de todas formas, se mereció lo que le contestaste. Nadie le dijo que organizara ese numerito. Ya me estoy cansando de este estúpido enfrentamiento entre los dos. Ayer también se lo hice saber a él y ahora te lo comunico a ti. Tu eres mi hijo y él mi mejor consejero y amigo¿por qué demonios no podéis llevaros bien?. – El Rey alzó un poco más la voz.
- Porque no confío en él, nunca lo hice. Y será mejor que le comuniques que no vuelva a entrometerse en mis asuntos, o si no, tendré que hacerlo yo a mi manera.- Gritó Vegeta.
- Está bien. Veo que no hay forma de solucionar esto de momento. Le ordenaré que se mantenga alejado de todo lo que concierne a ti¿contento?. – Dijo el Rey.
- Por ahora me vale. Ahora, si me disculpas, padre, tengo asuntos pendientes. – Repuso Vegeta algo más tranquilo.
- Si, claro. Puedes irte.- Contestó el Rey.
Vegeta caminaba hacia la puerta, cuando de repente su padre volvió a hablarle:
- Antes de que te vayas...quería hacerte una pregunta...¿qué tal va tu matrimonio con Syra?. – Preguntó.
Vegeta se dio la vuelta sorprendido por lo que acababa de escuchar y le contestó:
- ¿A que viene esa pregunta?. ¿Acaso también debo informarte de lo que ocurre en mi vida privada?. –
- Por supuesto que no. Tan sólo me parecía extraño que después de casi un año de casados, tu esposa aún no te haya dado un heredero ni se tengan noticias de un embarazo. Tu fuiste concebido a los pocos días de mi matrimonio con tu madre, pero bueno...supongo que los tiempos cambian y ahora los jóvenes decidís dejar para más adelante el hecho de tener descendencia¿no es cierto, Vegeta?. – Dijo mirándole a los ojos.
- Tienes razón, padre...los tiempos cambian. – Y diciendo estó, se marchó dejando a su padre algo confundido.
Pasaron dos semanas más y la relación de Vegeta y Bulma era exclusivamente de trabajo. Ambos actuaban como si nunca hubiera ocurrido nada entre ellos, además de que siempre acababan discutiendo por una cosa u otra, todas ellas relacionadas con el proceso de creación del prototipo. Bulma le llevaba la contraria en casi todo al príncipe, y él se enfurecía, consiguiendo que en ocasiones, tuviera que recordarle su condición de esclava y su obligación de obedecer sus órdenes.
Nappa, y todos los demás científicos, incluido Raizar, ya se habían acostumbrado a los enfrentamientos verbales y casi diarios entre el príncipe y Bulma, y ese mismo día, se presumía que no iba a ser diferente de los demás...
- ¡Maldita sea, mujer¿por qué demonios no reflejaste en tu informe de la semana pasada que habían surgido problemas con el escudo de protección?. – Dijo Vegeta dirigiéndose a Bulma y visiblemente enojado.
- Porque no lo creí necesario. Y no creo que a estas alturas se me tenga que discutir mi trabajo. – Contestó Bulma sin mirarle siquiera y sin dejar de teclear frente a una pantalla.
- ¿No lo creíste necesario?. Por culpa de eso, la presentación del prototipo se va a retrasar diez días. ¿En qué demonios estabas pensando, mujer?. – Replicó Vegeta enfurecido.
- Clarooo...olvidé que lo único que le importa a "su alteza real" es esa presentación para vanagloriarse ante todos sus súbditos...vaya...¡qué descuidada soy!...- Contestó la mujer de forma irónica, y diciendo esto, se levantó caminando hacia otra pantalla.
Vegeta la siguió y le gritó:
- No seas ridícula. Te comportas como una niña. –
Bulma se enojó bastante con esas palabras, y se volvió hacia él, y con los brazos en jarras le gritó con furia:
- Tal vez yo me comporte como una niña, pero al menos no voy por ahí utilizando a la gente como si fueran trapos de usar y tirar, porque eso es lo que somos para ti¿no es así?. Cuando ya no nos necesites, te desharás de nosotros de cualquier manera y nada te importará. ¡Eres despreciable!. –
Todo el mundo quedó en silencio y totalmente sorprendidos ante las palabras de Bulma y su forma de dirigirse a él. Anteriormente, nunca le había tuteado en público hasta ahora y mucho menos insultarle. Vegeta miró a todo el mundo y, algo más calmado, se dirigió a la mujer:
- Está bien, Bulma. Solucionemos esto de una vez. Vayamos a tu despacho y lo discutiremos a solas. –
- De acuerdo. – Contestó ella caminando deprisa hacia allí. Vegeta la siguió y cerró la puerta a su paso.
- ¿Es eso lo que piensas realmente¿piensas que te utilicé?. – Preguntó Vegeta.
- Desde luego que sí. Pero ya no importa...- Contestó Bulma.
- Bien, aclarémoslo de una vez. No recuerdo haberte forzado aquella noche, mujer. Si estás arrepentida de lo que hiciste, ya somos dos, así que, lo mejor para ambos es que lo olvidemos y nos centremos en el maldito trabajo. – Repuso Vegeta alzando un poco más la voz.
Aquellas palabras hicieron a Bulma derrumbarse. No podía creer lo terriblemente cruel que era ese hombre, sólo merecía su odio, y sin embargo, no le odiaba, le amaba con todo su ser. Quería morirse en ese mismo instante...
- Si, tienes razón en todo menos en una cosa: yo nunca me arrepentí de aquello, porque lo hice guiada por mi corazón, y eso es algo que tú jamás podrás comprender porque careces de él, Vegeta. Me das lástima.- Las lágrimas comenzaron a brotar por sus azules ojos, que lo miraron fijamente antes de dirigirse hacia la puerta y salir del despacho.
Vegeta se quedó allí parado. Sentía un dolor profundo, peor aún que cualquiera que él hubiera sentido en toda su vida de guerrero, algo que jamás percibió anteriormente y que casi no le dejaba respirar. De repente, salió del despacho y del laboratorio a toda prisa sin que Nappa tuviera tiempo de reaccionar. Las palabras y los ojos llenos de lágrimas de Bulma se repetían una y otra vez en su mente. Salió volando del pabellón a toda velocidad, mientras que su mente continuaba torturándole. Llegó hasta un lugar desértico, lleno de montañas, y comenzó a soltar su furia contra ellas, lanzando ráfagas de ki, gritando sin límite, intentando sacar ese espantoso dolor de su alma que lo desgarraba por dentro. Continuó así hasta que se quedó sin fuerzas y cayó en el suelo derrumbado.. – Maldita sea...¿qué me has hecho, condenada mujer¿en qué me has convertido?. Te hice daño y ahora el que sufre soy yo por ello. Me has inundado de sentimientos estúpidos, de aquello a lo que llaman amor. Siento vergüenza de mí mismo, de mi patética debilidad.- De pronto, comenzó a levantarse. - Pero conseguiré superarlo. Te borraré de mi mente y de mi vida. No eres nada para mí, no me importas en absoluto¿lo oyes, mujer?, no me has vencido y nunca lo harás. – Gritó con todas sus fuerzas y con su ki elevado al máximo.
Pasaron diez días más y el príncipe no apareció por el laboratorio en ningún momento. Durante todo ese tiempo, le había encargado a Raditz recoger todos los días los informes y después entregárselos a él. Bulma odiaba el momento en que ese saiyajin de pelo largo aparecía por allí. Siempre le dedicaba miradas lascivas y sonrisas lujuriosas que la ponían nerviosa y eso parecía gustarle a él. Ella tenía un miedo horrible hacia ese hombre, pero intentaba no demostrarlo, quería ser fuerte. Contaba los días para al fin terminar el proyecto y no volver a verlo jamás, sólo tenía que aguantar un poco más.
Al décimo día, el prototipo estuvo terminado y pensó que Vegeta se pasaría por allí para examinarlo, pero en vez de eso, ordenó que se lo llevaran al departamento militar. Y por la tarde, Bulma recibió la visita de Nappa informándola que debía asistir al día siguiente a una demostración del proyecto, y en la que ella sería la encargada de presentarlo ante el Consejo, el Rey y su hijo. Respiró hondo. Se sentía preparada para ello y lo iba a hacer muy bien.
Al acabar su jornada, se dirigió a su habitación y al entrar se encontró con una esclava que estaba dejando encima de su cama varias prendas de vestir, unas cajas y un neceser. La mujer, antes de irse, le dejó un sobre sellado con el emblema real. Bulma lo dejó en la mesilla y se puso a examinar la ropa, comprobando que se trataba de tres trajes distintos, todos ellos muy elegantes y confeccionados con las mejores telas. Abrió el neceser y encontró todo tipo de maquillaje, accesorios para el cabello y también algunas sencillas joyas. Las cajas contenían tres pares de zapatos de tacón cada uno a juego con los trajes anteriores. Se sintió contenta. Le recordaba a aquellos momentos en la Tierra donde ella arrasaba con todas las tiendas de moda y complementos, cuando disfrutaba sintiéndose femenina mientras se arreglaba y escogía su vestimenta diaria entre su extenso y amplio ropero. Después de observarlo todo con detalle, se dispuso a abrir el sobre y leer su contenido:
Bulma, espero que las prendas que he ordenado que se te entreguen sean de tu agrado. Al no conocer exactamente tu gusto, he escogido tres, las cuales al parecer, son habituales en tu planeta y que creo que combinan a la perfección con tu personalidad. Estoy seguro de que con cualquiera de ellas estarás preciosa y radiante.
No hace falta que te diga lo importante que es para todos la presentación de mañana. Soy consciente de lo orgullosa que estás con el trabajo realizado. Por eso, confío en ti plenamente y sé que con tu exposición sobre las características del prototipo sorprenderás a todos.
Nos veremos mañana.
Saludos,
Vegeta
Terminó de leer, y se sentó en la cama. Un par de lágrimas rodaban lentamente por sus mejillas. Al instante, se repuso y metió la carta en el cajón de su mesilla, se levantó,
recogió todo lo que estaba encima de la cama y lo guardó en el armario, después se desvistió y se introdujo en ella dispuesta a dormir hasta el día siguiente. Mañana le esperaba un día difícil.
Al amanecer, Bulma ya se encontraba despierta. Se había duchado ya y se dirigió al armario para vestirse. Después de pensárselo durante un rato, eligió de entre los tres trajes uno de color azul celeste. La falda era estrecha y su longitud se extendía hasta debajo de sus rodillas. Tapando su torso, se puso una camiseta de seda blanca con escote redondo, y la cubrió con la chaqueta a juego con la falda, y que se ajustaba perfectamente a su cintura. Después escogió los zapatos que mejor le combinaban y se dirigió al baño para terminar de maquillarse y peinarse. Optó por un recogido en su cabello, que dejaba a la vista su hermoso cuello y se puso unos pendientes de perlas blancas. Prefirió decantarse por un maquillaje sencillo espolvoreando un poco sus mejillas, delineando suavemente sus ojos y realzando el tono natural de sus labios con brillo transparente.
Cuando estuvo lista, cogió la carpeta con todos los documentos relacionados con el proyecto y esperó sentada hasta que dos soldados vinieron a buscarla para acompañarla hasta el lugar del evento. Se sentía segura de sí misma. Hoy les iba a demostrar a esos saiyajins lo inteligente y excelente científica que era Bulma Briefs.
Cuando llegó al salón de pruebas del departamento militar, se le informó que ella tendría que situarse frente al público, y que a través de una enorme cristalera que se encontraba a sus espaldas y que daba al espacio exterior, todo el mundo podría observar las maniobras realizadas por el prototipo mientras ella las explicaba con detenimiento. Al parecer, ella había sido la primera en llegar. Mientras tanto, se puso a examinar todo el recinto. Una gran cantidad de soldados saiyajins iban de un lado para otro, sin prestar atención a su presencia, hasta que uno de ellos se fijó en ella y le dijo:
- Esclava, tú debes esperar en este cuarto hasta que seas avisada – Abrió una puerta y ella le siguió. Entró en ese pequeño cuarto y se puso a observar a través de una pequeña ventana todo lo que sucedía en el salón.
A los pocos minutos, vio como hacían su aparición un grupo de hombres saiyajins, algunos eran de mediana edad, y otros algo más ancianos. Se fijó que uno de ellos era aquel hombre que, durante la ausencia de Vegeta, intentó hacerse con los informes del prototipo. Todos los miembros del Consejo comenzaron a tomar asiento frente a la cristalera, mientras charlaban tranquilamente entre ellos.
De repente, su vista se desvió hacia la enorme puerta de nuevo. Al momento, todo el mundo se puso de pie y todos los soldados se cuadraron cuando el Rey Vegeta hizo su aparición. Bulma nunca lo había visto en persona y se sorprendió al descubrir el gran parecido físico con su hijo, lo único que les diferenciaba era la edad y el bigote y barba que lucía el monarca. De repente, su corazón comenzó a acelerarse cuando vio aparecer, justo detrás del Rey, a Vegeta el cual iba acompañado de una mujer. No podía ser otra más que su esposa. Era la primera vez que Bulma la veía, y pudo comprobar con sus propios ojos como esos soldados, en aquella ocasión, no mentían al halagar la sorprendente belleza y porte de la princesa. Unos pasos más atrás de ellos caminaban Nappa y Raditz de forma más discreta.
Después de algunos saludos de forma respetuosa por parte de los otros saiyajins hacia la familia real, procedieron a tomar asiento en primera fila. El rey y su hijo se sentaron juntos y al lado de Vegeta, Syra, su esposa. Nappa y Raditz se situaron justo en la fila de detrás.
A los pocos minutos, un general saiyajin apareció caminando y se detuvo frente a los allí presentes comenzando a decir:
- Majestad, príncipes y todos los respetables miembros del Consejo: He sido elegido para dirigir por primera vez los mandos del nuevo prototipo y me siento muy halagado por ello. Para explicar todas las maniobras que llevaré a cabo, contamos con la presencia de la jefe de laboratorio y la persona encargada de crearlo, la señorita Bulma.
Después de mostrar sus respetos al Rey, el general salió de la habitación por una puerta que daba a la zona de despegue.
Al instante, Bulma salió del cuarto donde estaba y se colocó frente al público que la observaba con extrañeza. Se quedó quieta un instante, recorriendo con sus ojos todos y cada uno de los rostros de los saiyajins, hasta que se posó en los del príncipe, el cual la miraba también con expresión tranquila, pero a la vez seria. De pronto, Syra se dirigió hacia él diciéndole:
- Vaya, estoy sorprendida... Una mujer científico...Es una esclava¿no? –
Estas palabras llegaron a oídos de Bulma, que fijó su vista en ella a modo de desafío, cosa que a Syra le sorprendió un poco.
Vegeta miró un instante a su esposa con indiferencia, se levantó y le dijo a Bulma:
- Puedes comenzar con la exposición, Bulma – Exclamó volviendo a tomar asiento.
La mujer asintió y abriendo su carpeta, cogió unos documentos con los que iría explicando uno a uno los avances tecnológicos de la nueva nave de combate.
Mientras el prototipo dirigido por el general en el espacio exterior realizaba maniobras, ella las iba detallando una a una con gran precisión y utilizando un excelente vocabulario lleno de tecnicismos ,que a la vez, trataba de explicar de forma que todo el mundo pudiera entender. Todos y cada uno de los nuevos avances dejaban sorprendidos a todos los saiyajins, que se mostraban bastante satisfechos con los resultados del proyecto...Exceptuando a uno de ellos, que parecía estar más atento a los movimientos y reacciones del príncipe que a lo que ocurría detrás de la enorme cristalera. A Kabark no se le pasaron por alto las miradas casi de complicidad que se proferían Bulma y Vegeta. Todo esto le hizo comprender el motivo del por qué en los informes que le fueron entregados a él no se citaban casi ninguno de los avances que hoy se exponían. Parecía que esa mujer tenía algo que ver en el asunto y que Vegeta estaba detrás. Probablemente, lo tenían todo planeado entre ambos. Tenía que descubrir lo que se ocultaba entre esa esclava y el príncipe, algo ocurría, y él no iba a parar hasta lograr sacarlo a la luz.
Cuando la exposición y las maniobras terminaron, el Rey se dirigió a su hijo diciendo en voz alta:
- Vegeta, hoy nos has demostrado a todos que eres un digno heredero mío y que tu enorme poder e inteligencia conducirá a Vegetasei hasta lo más alto. Después de lo visto hoy, no perderemos más el tiempo y emplearemos todos nuestros recursos en adaptar la nueva tecnología a todas las naves del imperio. –
- Gracias, padre. – Contestó Vegeta.
Los miembros del Consejo se dispusieron a felicitar al príncipe, ante la mirada atónita de Bulma a la que ya nadie prestaba atención. Vegeta fijó su vista en ella, Bulma le correspondió, y al instante, ella se volvió con enojo saliendo por la puerta del salón sin que nadie más que el príncipe lo observara. Excepto, Kabark, por supuesto.
El comandante se acercó entonces a Vegeta diciéndole de forma irónica:
- Buen trabajo, príncipe. Has sabido sacar buen provecho de esos esclavos del laboratorio, incluso parece que no sólo obedecen tus órdenes, si no que también hasta diría que te apoyan en todo...-
Vegeta se sorprendió con las palabras de Kabark y le contestó de forma tranquila pero fría:
- No se a qué te refieres, Kabark. Solo te diré, y espero que te sirva de ejemplo, que muchas veces no se consigue gran cosa amenazando e intimidando a los esclavos. Los científicos disfrutan con su trabajo y yo me he aprovechado de ello. –
Kabark sonrió y luego exclamó:
- Claro... – Se dispuso a marcharse, pero antes volvió a hablar. – Por cierto...buena jugada lo de los informes falsos, aunque deberías saber que ocultar información tan importante como esa al Consejo no fue una acción muy inteligente, príncipe –
- Tampoco lo es entrometerse en mis asuntos, Kabark. – Respondió Vegeta con dureza.
El comandante volvió a sonreir y comenzó a caminar con rumbo a la salida. Allí se encontró con Raditz, el cual le saludó con respeto. Kabark entonces recordó lo que se decía entre los hombres del ejército sobre este guerrero: al parecer tenía una forma bastante peculiar de tratar a las mujeres esclavas destinadas al servicio sexual, y aunque era un excelente guerrero, su inteligencia no era una de sus mejores cualidades. Después de meditarlo durante unos segundos, se dirigió a él:
- Raditz, debes estar orgulloso de pertenecer al escuadrón de nuestro príncipe. La demostración de hoy ha sido magnífica. –
- Si, señor. Lo estoy. Jamás pensé que se pudieran lograr tantos avances en tan poco tiempo. – Contestó Raditz de forma orgullosa.
- Cierto, yo tampoco. Creí entender que el prototipo fue creado por esa mujer terrícola tan hermosa..¿cómo se llamaba?...- Preguntó el comandante sabiendo muy bien la respuesta.
- Bulma, señor. Si, ella es la artífice de todo el proyecto. Lo sé muy bien, porque durante los últimos días fui el encargado de recoger los informes y tuve la oportunidad de ver como era ella la que lo controlaba todo. Y tiene razón, señor, es muy bonita...- Repuso Raditz de forma ingenua.
- Resulta extraño que una esclava tan guapa no haya terminado en algún harén...- Comentó Kabark esperando la reacción de Raditz.
- Yo me pregunto lo mismo, señor. Parece ser que sus habilidades como científica la han llevado a convertirse en la jefe de laboratorio...- Dijo Raditz.
- Ya...pero al fin y al cabo es una esclava... que probablemente cualquier día sea sustituida de su puesto por algún otro sin que a nadie le importe, tal y como ha ocurrido en muchas ocasiones con otras hembras de sus mismas características...- Se quedó callado un instante, observando la expresión del joven saiyajin. – Bueno, Raditz. Ya nos veremos en otra ocasión. – Dijo antes de marcharse.
- Si, señor. – Contestó Raditz cuadrándose con respeto ante el comandante.
Al cabo de un rato, El Rey, Syra, Raditz y los demás miembros del Consejo habían abandonado ya el enorme salón. Vegeta y Nappa se encontraban hablando con el general que había realizado las maniobras. De repente, Vegeta observó la carpeta de Bulma encima de la mesa. Se acercó y la abrió. Probablemente ella la olvidó antes de marcharse. Sabía que ella estaba furiosa porque nadie se dignó a reconocerle abiertamente su trabajo, y tenía motivos para estarlo. El mérito era casi exclusivamente de ella, pero siendo una esclava, y de una raza tan inferior, ningún saiyajin iba a darle las gracias ni mucho menos a felicitarla. Entonces, cerró la carpeta, y con ella en la mano dijo:
- General, le felicito de nuevo por su trabajo. Nappa, vámonos ya. –
El saiyajin calvo asintió, y después de que el general les diera las gracias y se cuadrara ante ellos, salieron por la puerta hacia el pasillo.
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
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