Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 10

Reacciones y sospechas

Bulma caminaba por los pasillos del pabellón del laboratorio con los ojos llenos de lágrimas. Se sentía humillada y despreciada. Aquellos malditos saiyajins la habían tratado como a una basura, ignorando su enorme esfuerzo y dedicación. Ella lo había dado todo en ese proyecto, se había involucrado al máximo y ni siquiera recibió un gesto de agradecimiento, nada...simplemente habían actuado como si ella no existiera. Todo el mérito se lo dieron a Vegeta...¡maldito engreído!, encima tuvo que aguantar los comentarios despectivos y prepotentes de su estúpida mujer, que con todo su título de princesita y luego resultaba ser una cornuda a la que su querido maridito probablemente

engañaba con la primera que se le ponía por delante.. Si...la princesa se había burlado de ella hoy, pero seguro que no imaginó que hacía tan sólo unas semanas, su marido compartió cama con la mujer a la que ella hoy despreció. Sonrió a modo de venganza.

Vegeta y Nappa casi habían llegado a la sala de entrenamientos cuando el príncipe se percató de que llevaba en sus manos la carpeta de Bulma.

- Nappa, olvidé que antes quería pasarme por el laboratorio a devolverle esto a Bulma. ¿Me acompañas o prefieres quedarte esperándome aquí?. – Dijo Vegeta.

- Mejor voy contigo. Si me quedo me pondré a entrenar y cuando tú vuelvas, probablemente ya esté agotado. – Contestó el enorme saiyajin.

- Bien. Vayamos entonces. – Repuso el príncipe comenzando a caminar.

Mientras Bulma andaba, no se percató de que unos ojos la observaban desde el exterior y a través de los ventanales que se extendían por todo el largo pasillo.

Raditz se encontraba realizando unos ejercicios, junto a otros soldados de su escuadrón, en el campo de entrenamiento situado en los aledaños del pabellón del laboratorio. De repente, divisó a unos pocos metros de donde él estaba, la figura de la mujer caminando en el interior. Se acercó un poco y la observó entrar a una de las habitaciones. A él siempre le había excitado esa esclava, desde el primer día en que la vió deseó poseerla, y hoy estaba más apetecible que nunca. Jamás se le ocurrió la idea de ponerle la mano encima, porque pensó que a Vegeta no le haría mucha gracia por ser la jefa de laboratorio. Entonces, recordó las palabras del comandante Kabark:

-al fin y al cabo es una esclava, que probablemente cualquier día sea sustituida de su puesto por algún otro sin que a nadie le importe-

Tenía razón. Ella no era más que una esclava. Y el había obligado a muchas a tener sexo con él sin que tuvieran necesariamente que pertenecer al servicio sexual. No importaba a que departamento fueran destinadas, si a él le apetecía alguna de ellas, simplemente la tomaba y nadie le recriminó nunca por ello. Hasta ahora, sólo se le había llamado la atención por haber asesinado a unas cuantas putas, y a ésta no tenía pensado matarla. Además, el prototipo había finalizado y probablemente Vegeta ya no tendría que ir tan a menudo por el laboratorio, incluso puede que tal vez no se pasara por allí nunca más.

Decidió entrar al pabellón guiado por sus perversos instintos y se encaminó rumbo a la habitación de la mujer.

Bulma decidió pasarse primero por su cuarto antes de ir al laboratorio, para cambiarse de ropa y ataviarse de nuevo con su bata habitual de trabajo.

En eso estaba cuando escuchó llamar a su puerta, se puso la bata rápidamente y la abrió, extrañada y sorprendida de encontrarse a Raditz allí.

- ¿Qué...qué es lo que quieres? – Preguntó algo nerviosa.

Raditz sonrió y la miró con ojos lujuriosos de arriba abajo. Al instante, le dijo:

- Solo quería felicitarte por tu exposición de esta mañana, Bulma... –

Bulma tuvo enseguida la certeza de que ese saiyajin no había ido a su cuarto con muy buenas intenciones y le contestó mientras que intentaba cerrar la puerta de nuevo:

- Te lo agradezco. Ahora, por favor, vete –

Raditz sujetó la puerta antes de que ella la cerrara y después la empujó hasta abrirla completamente de nuevo.

- No tan deprisa, esclava. – Le dijo mientras pasaba al interior cerrando la puerta a su paso, y sin que Bulma pudiera hacer nada por evitarlo.

Ella empezó a temblar y a caminar hacia atrás, tratando de huir de él, mientras el saiyajin se le acercaba lentamente y sin dejar de mirarla sonriendo divertido con la escena.

- Por favor, márchate. Si no lo haces, gritaré y alguien vendrá – Dijo Bulma con la respiración agitada.

- Antes de que lo hagas, te habré partido tu preciosa boca, estúpida mujer – Y diciendo esto, se abalanzó sobre ella con una espantosa rapidez que no le dio a Bulma tiempo de reaccionar, y tapó su boca casi sin dejarla respirar.

- Será mejor para ti que no pongas ninguna resistencia, esclava. Puede que hasta te acabe gustando...- Le dijo al oído mientras comenzaba a posar sus manos en el cuerpo de ella de una forma lasciva. – Eres una hembra preciosa – Comentó mientras le lamía el cuello.

Bulma comenzó a llorar presa de la desesperación. No le podía estar pasando esto a ella, esto no..No permitiría ser vejada de esa forma, prefería morir antes que aquél maldito saiyajin la violara. Comenzó a intentar soltarse, a resistirse ante la poderosa fuerza de Raditz.

Entonces, el saiyajin de pelo largo rasgó sin ningún esfuerzo la bata de Bulma, y la arrojó con fuerza sobre la cama. Al instante, se echó sobre ella tapándole de nuevo la boca con su poderosa mano, sin que Bulma tuviera tiempo de gritar y casi asfixiándola. Con la mano que tenía libre, arrancó el sostén de la mujer, y con expresión lujuriosa, comenzó a sobarle los pechos, mientras que trataba de acomodarse entre las piernas de ella. Bulma intentaba con todas sus fuerzas zafarse de él, pero le resultaba imposible, estaba aterrorizada ante lo que estaba viviendo y sus ojos derramaban lágrimas sin parar. Raditz comenzó a desabrocharse el pantalón, y Bulma aprovechó entonces para acercar rapidamente una de sus manos al rostro de su agresor y le clavó las uñas arañándole con fuerza una de sus mejillas.

Raditz gritó dolorido diciendo después:

- ¡Maldita zorra!. Ahora verás.- Y, con la misma mano con la que tapaba su boca, la golpeó con fuerza en la cara, logrando sacar un grito desgarrador de dolor de los labios de la mujer.

Vegeta y Nappa caminaban charlando tranquilamente por el largo pasillo que conducía al laboratorio, y justo cuando habían dejado unos pasos más atrás el cuarto marcado con el número 35, escucharon el grito de la mujer.

El príncipe reaccionó rápidamente, dejó caer la carpeta al suelo, y destrozando la puerta, pasó al interior de la habitación, descubriendo una escena que lo enfureció hasta el punto de lograr elevar su ki al máximo.

Se abalanzó sin pensarlo sobre el hombre, sin darle tiempo a reaccionar, gritándole:

- ¡Apártate de ella, maldito hijo de puta! – Agarró a Raditz con los ojos llenos de ira, y le asestó un golpe en el estómago, que lo dejó casi sin respiración.

Raditz, logró recuperarse un poco y le dijo:

- Vegeta...¿qué es lo que ocurre?...sólo es una maldita esclava...-

El príncipe se enfureció más aún al escucharle y continuó golpeándole sin descanso en todas las partes de su cuerpo, sin que Raditz pudiera hacer nada por evitarlo. Vegeta sólo pensaba en torturarlo y en hacerlo sufrir, descargando toda su furia en él, con la mirada llena de odio. Raditz empezó a sangrar por prácticamente todos los puntos en los que el príncipe golpeaba.

Bulma no paraba de llorar y gritar presa de un ataque de nervios. Cerraba sus ojos y tapaba sus oídos en un intento de evadirse ante lo que estaba viviendo.

Nappa se encontraba paralizado ante la puerta del cuarto sin saber cómo reaccionar. De repente, una tropa de soldados alertados por los gritos y golpes, hicieron su aparición por allí, descubriendo a su príncipe golpear de forma salvaje al guerrero.

Al instante, Raditz se desplomó en el suelo casi inerte y Vegeta le asestó una patada de nuevo en el estómago que lo hizo retorcerse de dolor. El príncipe se lo quedó mirando con desprecio y posó su pie encima de la cabeza de Raditz, apretando con fuerza.

Nappa entonces decidió intervenir diciendo:

- ¡Basta, Vegeta!. ¡Lo vas a matar! – Gritó.

Vegeta se quedó parado un instante sin apartar su vista del hombre que yacía casi sin vida en el suelo y le dijo con voz fría y amenazadora:

- Escucha con atención, Raditz: Si vuelves a acercarte a ella...acabaré con tu miserable vida y no quedará de ti ni el recuerdo... – Apartó su pie, y dirigiéndose a Nappa le dijo:

- ¡Quita fuera de mi vista a esta maldita escoria! -

Nappa hizo una señal a los hombres que estaban detrás de él, y éstos, se apresuraron a coger del suelo a Raditz y llevárselo de allí.

Vegeta fijó entonces su mirada en Bulma, que se encontraba acurrucada al fondo de la cama con la mirada perdida y con la respiración completamente agitada. Se acercó a ella, sentándose a su lado con suavidad, observando con dolor, más de cerca, el rostro golpeado de la mujer y de cuyos labios se desprendía un pequeño reguero de sangre. Quiso abrazarla para intentar calmarla, pero Bulma se apartó de él, y con el miedo reflejado en sus ojos, le dijo:

- ¡No me toques¡aléjate de mí!.-

Vegeta no insistió más, comprendiendo el estado en el que ella se encontraba, y se levantó lentamente, observando como la mujer se tumbaba en la cama en posición fetal y comenzaba a llorar de nuevo amargamente.

Después, el príncipe se dirigió a Nappa y le dijo apoyando una mano en su hombro:

- Ocúpate tu de ella. Llévala a un tanque de regeneración para que curen sus heridas. – Y diciendo esto último, encaminó sus pasos hacia la puerta, saliendo del cuarto caminando totalmente apesadumbrado, y sin ningún rumbo fijo.

Nappa había observado toda la escena sin perder detalle. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al comprender el motivo por el cual su príncipe se había comportado de esa forma. Si sus sospechas eran ciertas, Vegeta tenía un grave problema.

Se acercó a la mujer, que ahora yacía dormida presa del cansancio y los nervios, y después de envolver su frágil cuerpo con la sábana, la cogió entre sus brazos dispuesto a cumplir las órdenes de su príncipe.

Al cabo de dos horas, Vegeta se encontraba solo en uno de los enormes salones de palacio, sentado en un sofá y meditando sobre lo que había ocurrido. De pronto, la puerta se abrió y Nappa entró. Vegeta no le miró siquiera. El hombre se sentó a su lado, y dirigiendo su vista hacia el frente dijo tranquilamente:

- ¿Desde cuando lo notas? –

Vegeta miró durante un segundo hacia el saiyajin que estaba a su lado, y le contestó mientras volvía a dirigir sus ojos al suelo:

- No lo sé exactamente, supongo que desde siempre, desde el primer momento en que la vi.. –

- Ya veo...- El enorme saiyajin suspiró. – ¿Y ella te corresponde? – Preguntó.

- Ahora ya no lo sé. Solamente estuvimos juntos la noche antes de partir hacia Barrom, y ella me dijo entonces que...me amaba...Yo he intentado por todos los medios apartar de mí todos esos malditos sentimientos que me hacían débil, traté de liberar mi mente, alejarme de ella, pero todo ha sido inútil – Gruñó. Miró de nuevo hacia Nappa y le preguntó: - ¿Cómo se encuentra? –

- La llevé a la enfermería y justo al llegar, despertó. Se negó a que la introdujéramos en un tanque de regeneración, y la llevé a un cuarto dentro de la enfermería acompañado

por uno de los médicos para que la examinara. Parece ser que sólo tiene un fuerte golpe en el rostro y algunas magulladuras en los muslos. Por lo demás, se encuentra bien. El médico le dio algunas pastillas para dormir y se quedó tranquila. He ordenado a un par de soldados que vigilen la entrada a la enfermería día y noche – Contestó Nappa .

- Bien. En cuanto a ese maldito gusano, no quiero volver a verlo en mi escuadrón. Quiero que se le destine a alguna colonia lo más alejada posible de aquí. – Dijo el príncipe con desprecio.

- Vegeta, no creo que sea una buena idea. Escucha, ahora todo el mundo se preguntará por qué su príncipe casi acaba con la vida de uno de nuestros mejores guerreros, sólo por proteger a una esclava. ¿Qué vas a hacer cuando el Rey o el Consejo te pidan explicaciones?. – Repuso Nappa.

- A esos estúpidos del Consejo no tengo que explicarles nada, y en cuanto a mi padre...ya estoy harto de tener que informarle de todo cuanto hago.- Se tomó un respiro y luego continuó hablando: - Escucha, Nappa, quiero que cuando Bulma despierte, me lo hagas saber inmediatamente. Tengo que hablar con ella antes de hacerlo con nadie más. Y te confío su seguridad. – Dijo levantándose y caminando hacia la puerta.

- Vegeta¿qué piensas hacer? – Preguntó Nappa sin moverse del sitio.

El príncipe, volvió su rostro hacia su amigo y le dijo:

- Aún no lo sé, Nappa. Ahora quiero descansar durante un rato. Estaré en mis aposentos. – Y salió de la habitación.

Nappa se quedó allí durante unos minutos pensando en el rumbo que habían tomado los acontecimientos. Se maldecía por no haberse dado cuenta antes de lo que le ocurría a su príncipe, nunca pensó que algo así le sucediera precisamente a él, al poderoso príncipe de los saiyajins, a su pupilo. Desde que nació, le enseñó todo lo que el heredero de la corona necesitaba aprender, todos los pasos que debía seguir durante toda su vida, pero nunca imaginó la posibilidad de que el príncipe sucumbiera ante los sentimientos, algo tan desconocido para él y para la gran mayoría de los pertenecientes a su raza. Sabía que existían casos de saiyajins que fueron dominados por aquello que llaman amor, pero eso sólo le sucedía a los más débiles...entonces, si eso era cierto¿por qué a Vegeta?, no tiene sentido, él es con seguridad el guerrero más fuerte de toda la historia de Vegetasei, su orgullo no tiene límite, y jamás le vio mostrar ningún signo de piedad o arrepentimento con sus víctimas... Lograría encontrar una respuesta, pero antes, debía cumplir las órdenes que él le había encomendado. Fuera como fuera, él siempre estaría ahí para protegerle...

Al caer la noche, Bulma empezó a despertarse. Las imágenes de lo ocurrido unas horas antes circulaban por su mente. Un escalofrío recorrió su cuerpo al pensar en lo que ese maldito saiyajin hubiera hecho con ella si no fuera porque Vegeta lo evitó. Recordó la imagen del príncipe golpeando salvajemente a Raditz, con aquella terrorífica expresión de odio y sus ojos rojos de ira...

De repente, sintió la necesidad de llorar de nuevo, pero se contuvo. Tenía que ser fuerte, salir adelante y continuar luchando. Justo cuando iba a intentar levantarse, escuchó una voz a su izquierda:

- No creo que sea una buena idea. Todavía estás muy débil. –

Ella se giró y descubrió a Vegeta apoyado en la pared y con los brazos cruzados. Se sorprendió al no haber notado antes su presencia, preguntándose cuánto tiempo llevaba él allí.

Bulma hizo caso omiso a sus palabras y se levantó de la cama, pero cuando sus pies tocaron el suelo, notó la falta de fuerzas en sus piernas y justo antes de desplomarse en el suelo, sintió como unos poderosos brazos lo evitaron. Se encontró con el rostro de Vegeta a unos pocos centímetros del suyo y éste comenzó a decirle:

- ¿Lo ves?. Aún no estás en condiciones de levantarte.- Dijo mientras la tumbaba de nuevo en la cama, para después volver a apoyarse en la pared, en su posición habitual.

- Supongo que debo darte las gracias por salvarme la vida...- Comenzó a decir Bulma.

- Será mejor que trates de olvidar lo que pasó. – Contestó Vegeta, y luego continuó cambiando de tema al instante. – Hiciste un buen trabajo esta mañana en la presentación. No debes sentirte afectada por la manera de actuar de esos estúpidos del Consejo, ni tampoco hacer el más mínimo caso a los comentarios insolentes de mi esposa. Sus opiniones no me importan en absoluto. –

Bulma se sorprendió al escuchar sus palabras, y le dijo:

- Entonces, si no necesitabas su aprobación¿por qué tanto interés en realizar esa demostración?. – Preguntó extrañada.

Vegeta la miró, y después contestó con tranquilidad:

- No es tan sencillo. Debo seguir las pautas establecidas en nuestras leyes, las cuales dictaminan que cualquier decisión económica debe ser estudiada y aceptada por el Consejo antes de hacerse efectiva. Nunca estuve de acuerdo con todo el poder otorgado a esa panda de inútiles, pero debo respetar las decisiones de mi padre, el Rey.-

- Ya veo...pero algún día tú serás el Rey¿qué harás entonces?. – Preguntó Bulma con curiosidad.

Vegeta la miró sonriendo. No podía creer que estuviera hablando tan tranquilamente sobre temas de Estado con ella y que se sintiera tan bien haciéndolo.

- Falta mucho tiempo para que eso se produzca. Nadie sabe lo que puede ocurrir mientras tanto. – Contestó el príncipe fijando su vista en un punto al azar.

Bulma comprendió lo que Vegeta quería decirle. Parecía que el príncipe estaba dispuesto a intentar cambiar la situación en su imperio y que no iba a esperar hasta ser coronado Rey. A ella no le pareció extraño, dado el carácter orgulloso y rebelde que le

caracterizaba y que le impedía comportarse de forma sumisa ante cualquier situación. De repente, comenzó a preguntarse por qué el príncipe confiaba de ese modo en ella...

- Vegeta¿hay algún motivo especial por el cual yo necesite saber todo esto? – Exclamó interesada.

El príncipe volvió a posar sus negros ojos en ella, y sonriendo de nuevo, le dijo:

- Ahora debes descansar, mujer. Nos veremos mañana. – Y se marchó del cuarto, sin darle a Bulma la oportunidad de preguntar nada más.

Vegeta, después de entrenar durante unas horas, llegó hasta su habitación con la intención de dormir hasta el día siguiente. Ya era bastante tarde, y hoy había sido un día muy largo. Cuando entró, se alegró de que Syra estuviera profundamente dormida, no le apetecía tener que escuchar sus preguntas acerca de lo que había ocurrido hoy. Después de desvestirse, se introdujo en la cama y a los pocos segundos el cansancio pudo con él...

A media mañana del día siguiente, Syra se encontraba frente a un tanque de regeneración observando al hombre inconsciente en su interior. Quería comprobar con sus propios ojos lo que se comentaba por los pasillos de palacio. Estaba furiosa porque Vegeta no le comentó nada de lo ocurrido y esta mañana se había ido sin darle ningún tipo de explicación. El cuerpo de Raditz estaba golpeado por todas partes, al parecer tardaría bastante tiempo en recuperarse. Aún no sabía el motivo por el cual Vegeta se ensañó con Raditz de esa forma, y nadie parecía conocer la verdadera razón.

Al instante, escuchó una voz detrás que le dijo:

- Increíble¿verdad? –

Syra se giró y descubrió a Kabark que se acercó hasta ella colocándose a su lado. El hombre continuó hablando:

- Según he oído, Raditz ni siquiera llegó a tocar al príncipe, a pesar de ser uno de los guerreros más poderosos de todo el imperio.-

- Tienes razón, Kabark. Además forma parte de su escuadrón y siempre le ha tenido una enorme confianza y consideración. – Contestó Syra extrañada.

El comandante entonces descubrió que sus sospechas eran ciertas y que la princesa no conocía aún el motivo por el cual su esposo casi acaba con la vida de Raditz. Estaba seguro de que no le iba a hacer ninguna gracia, asi que, decidió actuar...

- Si, por eso resulta extraño que Vegeta se comportara así sólo para proteger la integridad de una insignificante esclava...- Dijo Kabark tranquilamente.

Entonces, Syra lo miró con expresión de sorpresa. El comandante le devolvió la mirada y con aires fingidos de disculpa le dijo:

- Oh...al parecer no sabías nada, princesa...Vaya...cuánto lo siento...Debí haber mantenido la boca cerrada... –

- ¿De qué estás hablando, Kabark?. ¿A qué esclava defendió Vegeta y por qué? – Preguntó Syra nerviosa.

- Lo siento, Syra, pero no creo que deba ser yo quien responda a tus preguntas...- Repuso Kabark casi con aires de lástima hacia ella.

- No me vengas con esas ahora, Kabark. Tu mismo me dijiste que si necesitaba cualquier cosa, acudiera a ti. Asi que, confío en que cumplirás tu palabra, y me informarás de todo lo que sepas...- Contestó Syra con determinación.

Kabark se quedó en silencio unos minutos y al rato, exclamó:

- Supongo que tienes razón. Un verdadero guerrero saiyajin nunca falta a su palabra.. De todas formas, es posible que la información de la que yo dispongo no sea del todo correcta...- Contestó el comandante haciéndose de rogar.

- ¡Habla de una maldita vez, Kabark!.- Repuso Syra alzando algo más su tono de voz.

- De acuerdo, princesa, tranquilízate..- Contestó tratando de parecer lo más amigable posible con ella. A los pocos segundos continuó: - Según tengo entendido, Vegeta sorprendió a Raditz lastimando a una esclava...tú ya me entiendes...y al parecer, fue ese el motivo que provocó la ira del príncipe –

Syra soltó una carcajada y después dijo:

- Eso es ridículo, Kabark. ¿Cómo pudiste creer una historia así?...¿Por qué demonios iba a importarle a Vegeta lo que Raditz haga con las esclavas?. Jamás escuché nada tan estúpido..- Y continuó riéndose.

El comandante se enfureció por la reacción de la princesa y por burlarse de sus palabras, asi que, decidió profundizar más en la herida..

- Bueno...tal vez no le haya importado con otras esclavas, pero tratándose de esta...-

Syra dejó de reir, y al instante, preguntó:

- ¿De quien hablas?...¿qué tiene de especial esa esclava?...- Dijo sin mucho interés.

Kabark la miró fijamente a los ojos y contestó:

- Bueno...no sé si será especial, pero da la casualidad de que se trata de esa mujer científico..-

- ¿Te refieres a aquella que presentó la demostración de ayer? – Preguntó Syra con nerviosismo.

- La misma. Su nombre es Bulma, creo...y es una terrícola, y bastante atractiva, por cierto...- Exclamó sin apartar los ojos de Syra observando su reacción.

Syra cambió su expresión a otra de extrema seriedad. Se quedó callada, intentando disimular su estado de preocupación.

Kabark, dándose cuenta de que su plan estaba empezando a causar efecto en Syra, decidió continuar con su estratagema:

- La verdad es que después de todo el tiempo que Vegeta y ella pasaron juntos debido al proyecto, casi es hasta comprensible que el príncipe llegara a sentir algún tipo de consideración por esa mujer, y que no le gustara el hecho de que Raditz pudiera llegar a lastimarla. Después de todo...él la necesita en el laboratorio todavía...- Dijo con ironía.

Syra, después de que Kabark terminara su frase, reaccionó a tiempo, e intentando parecer que nada de eso le había afectado, le dijo:

- Muchas gracias por la información, Kabark. Probablemente tengas razón y tu información no sea la correcta. De todas formas, no creo que haya que darle tanta importancia al asunto. Y ahora, tengo que irme. Hasta luego.- Le dijo con una sonrisa forzada.

- Claro..princesa. Ya nos veremos en otra ocasión...- Le contestó devolviéndole la sonrisa.

Syra salió de la sala caminando con rapidez. Su corazón se encontraba acelerado y una sensación de ira comenzaba a invadirla. No podía ser...Vegeta no podía haber reaccionado así para defender a esa maldita esclava...¿Acaso tenía algo con ella?. ¿Se acostaba con ella y por eso atacó a Raditz?. Todo el mundo sabe que las hembras del harén de Vegeta son intocables, nadie puede poseerlas excepto él. Pero por otra parte, Vegeta ya nunca visitaba su harén, y esa mujer no pertenece a él¿Entonces, por qué la protegió?. Tenía que averiguar la verdad. Solo su marido podría sacarla de dudas..si...esta noche le preguntaría a él directamente...

-CONTINUARÁ-

Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.

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