Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 13
Traición
Aquél dia, en el laboratorio, Bulma llegó a la misma hora de siempre. Los dos saiyajins que la escoltaban continuamente se quedaron a la puerta como todos los días, esperando a que ella terminara su trabajo diario para conducirla después al cuarto donde Vegeta se reuniría con ella más tarde. En esto se había convertido su vida desde que inició su relación con el príncipe de los saiyajins, el hombre del que ella se había enamorado con locura haciéndole olvidar lo que él y toda su raza le hicieron a su planeta y a sus habitantes. Cada vez que pensaba en ello, un escalofrío le recorría de punta a punta...
En vez de odiarle, lo amaba...ese tipo de efecto tan sólo podía causarlo el amor verdadero, y si no fuera así, ella no se encontraría tan bien a su lado, no se sentiría la mujer más feliz del mundo cuando amanecía abrazada a él. Bulma suspiró. Sabía que Vegeta tramaba alguna cosa para acabar con la situación en la que ambos se encontraban, se enfurecía cuando le comentaba lo equivocado que estaba su padre confiando tanto en los hombres que componían el llamado Consejo, puesto que él creía firmemente que algunos de sus miembros, si no todos, tratarían de traicionarles a ambos en algún momento. Además, el tema se había agravado aún más con la atípica relación entre el príncipe y ella, la cual había desprestigiado bastante la imagen de Vegeta como hijo del Rey. Al parecer, según le había confiado él mismo, no se hablaba de otra cosa en palacio: el príncipe de Vegetasei relacionado sentimentalmente con una esclava, abandonando sus obligaciones como esposo de la princesa Syra, y sin otorgar aún ningún heredero digno a la corona. Pero a él no le importaban lo más mínimo esas habladurías, ni tampoco la opinión de su padre y muchísimo menos lo que se intentaba decidir en esas reuniones del Consejo a las que él nunca acudía. Sólo había algo que lo inquietaba y era el temor a que ella pudiera resultar afectada por todo este tema, y por ello, le había pedido que fuera precavida, y que cualquier cosa que le resultara extraña se lo hiciera saber inmediatamente a él.
Se puso a trabajar en uno de los ordenadores y Raizar se le acercó diciéndole:
- Bulma¿puedes venir un momento?, tengo que presentarte a un nuevo miembro del equipo que se ha incorporado hoy –
- Si, claro...ahora mismo- Se levantó y lo siguió. Raizar se detuvo al lado de un joven de unos veinte años aproximadamente. Era un poco más alto que ella y de complexión normal. Su cabello era castaño y sus ojos marrones. Llevaba gafas, y Bulma hubiera apostado que era un terrícola a no ser por la forma puntiaguda de sus orejas y porque él mismo le dijo que era originario de un planeta llamado Zirgon., el cual según dijo, había sido conquistado por los saiyajins hacía tan sólo unas pocas semanas. Comentó que a él lo enviaron allí puesto que había demostrado ser bastante habilidoso con cualquier tipo de mecanismo y, sobre todo con los ordenadores, dominando todo tipo de lenguajes de programación. Su nombre era Jun.
Después de hacerle unas cuantas más preguntas sobre sus conocimientos, Bulma decidió situarle al frente de uno de los puestos que asistían todo el tema de mecánica y robótica. El joven se mostró contento por su nuevo trabajo y agradeció a Bulma y a Raizar su confianza en él.
Pasaron diez días más. Vegeta y Nappa salían de darse una ducha en el aseo contiguo a la sala de combate. Habían pasado toda la mañana entrenando sin descanso. Ambos saiyajins sólo vestían unas toallas blancas anudadas a su cintura, y mientras el resto de
sus cuerpos se secaban, Nappa comenzó a informarle al príncipe sobre los detalles en las últimas conquistas realizadas por otros escuadrones. Vegeta le escuchaba con atención, hasta que el otro saiyajin terminó su conversación y se quedaron durante unos segundos en silencio. Entonces Vegeta se dirigió a Nappa y le dijo:
- Tengo que comunicarte algo...estoy decidido a romper mi matrimonio con Syra. –
El saiyajin calvo se volvió para mirarle y totalmente sorprendido exclamó:
- Vegeta¿has perdido el juicio¿cómo vas a hacer eso? –
- Aún no lo sé. Llevo varios días pensando en como comunicárselo a mi padre. El Rey es el único que puede anular un matrimonio saiyajin y tengo entendido que jamás se ha realizado algo así en toda la historia de Vegetasei.- Contestó el príncipe.
- ¿Y crees que va a acceder a hacerlo con el tuyo, precisamente con el de su hijo?. Nunca lo consentirá, y nadie va a apoyarte, Vegeta...No lo entiendo¿por qué ahora se te ha ocurrido algo semejante? – Repuso Nappa algo nervioso.
- Porque no tiene ningún sentido continuar unido a ella. Y de ninguna de las maneras estoy dispuesto a permitir que esa mujer llegue algún día al trono de Vegetasei, y mientras sea mi esposa, no podré hacer nada por evitarlo. – Dijo casi gruñendo.
- Pues lo tienes bastante difícil..– Exclamó el enorme saiyajin sin muchos ánimos.
- Lo sé. Nappa, no me fío de ella y estoy convencido de que trama algo. Quiero que sea vigilada sin que lo sepa, y necesito que tú me ayudes – Contestó el príncipe.
- De acuerdo. No te preocupes, déjalo en mis manos. – Dijo su compañero con voz firme.
Vegeta asintió y comenzaron a vestirse con sus uniformes de combate, dando por zanjada esa conversación.
Ese misma noche, en una amplia habitación de palacio, dos cuerpos, apenas iluminados por la tenue luz que desprendía una pequeña lámpara, se movían uno encima del otro de forma frenética sobre la cama situada al fondo, acompañados por gemidos y jadeos que escapaban casi con desesperación de sus labios. A los pocos segundos, el ritmo de sus movimientos aumentó de repente, para justo después detenerse totalmente al tiempo que se escucharon unos últimos jadeos, estos de forma más ahogada que los anteriores.
Después de unos instantes, Syra se apartó de encima, y se desplomó hacia un lado cerrando los ojos y tratando de normalizar su respiración. Kabark se giró y la abrazó por detrás. Acercó sus labios a su oído y le dijo:
- Aún es pronto para dormir¿no crees? – Besó suavemente su hombro.
- Si crees que voy a ser capaz de pegar un ojo esta noche, estás equivocado Kabark – Contestó ella.
- Entiendo...No te preocupes, Syra, todo saldrá tal y como lo hemos planeado...- Repuso mientras acariciaba su cabello.
- ¿Cómo crees que reaccionará él? – Preguntó la mujer con curiosidad.
Kabark sonrió, y después de incorporarse un poco dijo:
- Conociendo a tu marido, y después de sus últimas acciones, probablemente volverá a comportarse como un estúpido demente...Y eso será lo que necesitamos para hundirle definitivamente. – Hizo una pausa y luego continuó: - hmm...parece que te preocupa lo que pueda pasarle...- Habló de forma irónica.
Syra se giró mirando hacia él y con una expresión de desprecio le dijo:
- ¿Bromeas?...Lo único que deseo es que ese malnacido sufra el castigo que merece. Juré que me vengaría por todas las humillaciones que me ha hecho pasar y ansío el momento de verle arrastrándose y pudriéndose en su miseria. En cuanto a esa puta, me hubiera gustado encargarme personalmente de ella, pero tú tienes razón, no merece ni siquiera ese honor.-
- Olvídate de ella...mañana será historia – Contestó Kabark volviendo a tumbarse a su lado.
Mientras, Vegeta y Bulma se encontraban en el cuarto que compartían últimamente. Hacía sólo unos pocos minutos que el príncipe había llegado y ella lo estaba esperando sentada frente a un pequeño escritorio escribiendo algunas anotaciones en un cuaderno.
El se desvistió dejándose puestos tan sólo unos boxer. Se acercó hacia ella, percatándose de que estaba demasiado concentrada en su tarea, y le arrebató el cuaderno con rapidez.
- Vegeta...¿qué haces?...- Dijo la mujer levantándose e intentando recuperarlo inútilmente.
El saiyajin logró leer alguna parte de lo escrito, mientras evitaba que ella se lo quitara, y con el ceño fruncido exclamó:
- Mujer, no puedo creer que consigas prestarle más atención a estos extraños números que escribes, que a mi.-
- Vaya...eres demasiado engreído¿lo sabías? – Dijo ella algo ofendida y solicitándole con un gesto que se lo devolviera. – Además, hoy has venido más tarde de lo habitual y estaba empezando a aburrirme, por eso decidí entretenerme un poco con mis fórmulas. –
Vegeta le devolvió el cuaderno sin muchas ganas y se dirigió a la cama. Se sentó en ella apoyando su espalda en el cabecero y cruzó sus brazos. Se fijó de nuevo en ella, y se dio cuenta de que la mujer aún estaba vestida con su uniforme de trabajo.
- ¿No es un poco tarde para que todavía estés vestida así? – Le dijo algo extrañado.
Ella dejó por un momento lo que estaba escribiendo y se volvió para mirarle:
- ¿Qué?..ah..si...bueno, es que verás, estoy a punto de lograr un nuevo descubrimiento científico¿sabes?. Estoy segura de que te interesará en cuanto te lo cuente. Llevo varias semanas trabajando en ello y estoy entusiasmada..- Contestó con una enorme sonrisa en su rostro.
- ¿De veras?...¿de qué se trata esta vez? – Preguntó Vegeta con bastante interés.
Ella se acercó a la cama, se sentó a su lado y lo besó en los labios. Sonrió de nuevo y comenzó a decirle:
- No puedo contártelo exactamente con palabras. Tengo realizados algunos dibujos explicativos hechos por el ordenador.- Se quedó pensando un momento y luego continuó: - Voy un momento al laboratorio a por ellos y te los muestro. – Dijo levantándose y dirigiéndose hacia la puerta.
- Espera, Bulma. No es necesario que vayas ahora, mañana me pasaré por el laboratorio y lo veremos juntos – Contestó el príncipe.
- No tardo nada, de verdad, sólo será un momento...- Exclamó ella con impaciencia.
- Está bien, pero que te acompañen mis soldados- Repuso él con resignación.
- De acuerdo – Dijo ella antes de salir.
Cuando llegó al laboratorio, se sorprendió al ver a través de la puerta que las luces se encontraban encendidas. Los dos soldados saiyajins se quedaron fuera esperando mientras ella entró.
Al hacerlo, descubrió al joven Jun sentado al frente de uno de los ordenadores, el cual la miró con expresión de sorpresa.
- Buenas noches, Jun...¿qué haces aquí a estas horas? – Preguntó Bulma algo confusa.
- Buenas noches, señorita Bulma...estoy trabajando en el nuevo proyecto de robótica que usted me encomendó – Contestó el joven.
- Ya...pero...¿no puedes hacerlo durante el día? – Volvió a preguntar.
- Si..pero como las actualizaciones tardan bastante, pensé en que sería mucho mejor que se hicieran cuando nadie estuviera trabajando. Se lo comenté a Raizar hace unos días y él me dio su permiso para que me quedara unas horas más¿no se lo ha dicho él? – Repuso Jun con convicción.
- Pues no...supongo que lo olvidó – Dijo. – Bueno...yo voy a coger unos documentos que he venido a buscar y me marcho de nuevo... – Se dirigió a su despacho, abrió un cajón que se encontraba en su mesa y cogió una carpeta.
Caminó hasta la puerta del laboratorio y antes de salir, se fijó de nuevo en Jun que había vuelto a concentrarse en el ordenador que tenía enfrente, y le dijo:
- Me voy ya. Hasta mañana, Jun –
El joven la miró sonriéndola y le contestó:
- Hasta mañana, señorita Bulma –
Mientras caminaba seguida por sus dos inseparables soldados saiyajins, Bulma se preguntaba por qué Raizar no le había comentado nada sobre la autorización que le dio a Jun. Tal vez lo hubiera olvidado, pero era extraño...Raizar no era alguien a quien se le pasara por alto ese tipo de detalles, además de que nunca tomaba ninguna decisión sin antes consultarlo con ella, y mucho menos desde que fue relevado de su puesto como jefe de laboratorio. Bueno..mañana se lo preguntaría y saldría de dudas. Ahora estaba ansiosa por mostrarle a Vegeta su nuevo proyecto. A él siempre le agradaba que ella le hablara sobre su trabajo y eso era una de las cosas que más le gustaban del príncipe: su interés por todo lo que ella hacía. Nunca había conocido a un hombre que se interesara tanto como él por su labor como científica, y eso significaba mucho para ella. Cada día estaba más enamorada de él y notaba que a él le ocurría lo mismo.
Cuando llegó a la habitación, observó que Vegeta se había quedado completamente dormido. Suspiró y sonrió. Probablemente estuviera agotado de tanto entrenamiento. Decidió que lo mejor era enseñárselo al día siguiente. Se desvistió, se puso su camisón y se acostó apagando la luz de la mesilla, tratando de no despertarlo, pero cuando se introdujo en la cama, Vegeta se despertó un poco, se giró rodeándola con sus brazos y le dijo en un susurro:
- Has tardado mucho, mujer...¿no ibas a mostrarme tu trabajo? –
- No..sólo he tardado unos minutos, pero te has quedado dormido...Es mejor que lo dejemos para mañana porque veo que estás muy cansado – Dijo ella con suavidad.
Vegeta gruñó un poco y contestó:
- Como quieras..pero entonces mañana tendrás doble tarea antes de ir al laboratorio..-
Bulma rió un poco diciendo:
- ¿Doble tarea?..¿y cuales son, eh?...- Preguntó divertida.
- Una, enseñarme ese proyecto, y la otra, hacer el amor conmigo...y ya sabes que mis órdenes no se discuten..- Dijo él con ironía.
Bulma sonrió y se acurrucó un poco más entre sus poderosos brazos. A los pocos segundos, le dijo susurrándole:
- Te quiero, Vegeta. –
El príncipe, que había vuelto a cerrar los ojos, contestó:
- Hmmm... –
- ¿Y ese sonido qué quiere decir¿acaso ahora hablas un idioma distinto al mío? – Le dijo volviendo a reir.
- Sabes muy bien lo que quiere decir, mujer tonta...- Acercó sus labios y la besó con ternura.
Desde luego que lo sabía. Sonrió recordando lo difícil que era para Vegeta transmitir con palabras lo que sentía, y aunque a veces le gustaría escuchar de sus labios que la amaba, realmente no era algo necesario, puesto que él se lo demostraba con hechos, lo cual resultaba mucho más placentero.
A los pocos segundos, ambos se quedaron profundamente dormidos.
Antes del amanecer y siendo aún de noche, un vehículo de transporte llegó hasta un desierto de Vegetasai. De él descendió el joven Jun. A los pocos segundos, miró hacia arriba y justo encima de una pequeña montaña, divisó reflejada por la tenue luz que emitían las lunas, la figura de un saiyajin cuyo largo cabello se movía al compás del viento. Raditz observó la llegada del joven y al verlo salir del vehículo, descendió hasta su posición.
- ¿Cumpliste tu misión, esclavo? – Dijo el enorme saiyajin situándose a unos metros de él.
- Si, señor. Dentro de unas horas no quedará ni rastro de ese laboratorio – Exclamó el joven.
- ¿Te aseguraste de que no quede nada que pueda probar que se trató de un sabotaje? – Preguntó Raditz.
- Desde luego, señor. La explosión será tan enorme que sólo quedarán las cenizas. – Contestó con convicción.
- Bien. – Dijo Raditz sonriendo con maldad.
- Señor, ya he finalizado mi trabajo. Ahora, si no le importa, me gustaría que me hiciera entrega del dinero acordado y de mi carta de libertad. Tengo que prepararlo todo para partir hoy mismo de Vegetasei. – Dijo con algo de nerviosismo.
El saiyajin lo miró fijamente, y comenzó a caminar acercándose a él de forma amenazadora y diciendo:
- Bueno, verás, esclavo...Ha habido un pequeño cambio de planes. El comandante Kabark ha pensado que lo mejor sería no dejar ningún cabo suelto, no ve la necesidad de arriesgarse a que algún día todo pueda ser descubierto¿no lo crees tú así?. – Comentó de forma irónica.
El joven comenzó a retroceder con nerviosismo y con el miedo reflejado en su rostro dijo:
- ¿Qué...quiere decir?..Yo..no diré nada...me marcharé hoy mismo..y no volverán a saber de mí...No pueden hacer esto...hicimos un trato...- Exclamó con la voz entrecortada.
- Estúpido..Los saiyajins no hacemos tratos con nadie y mucho menos con esclavos...- Dijo Raditz dejando escapar una carcajada.
El joven, aterrorizado, se dio la vuelta y comenzó a correr intentando escapar de una muerte segura, pero apenas había recorrido un par de metros, cuando se encontró de frente con la figura de Raditz que apareció instantáneamente a unos pocos centímetros de él.
Antes de que pudiera suplicar por su vida o gritar, el enorme saiyajin lo agarró con una increíble rapidez por el cuello, y lo elevó. Con una sonrisa espeluznante, y disfrutando con ello, observaba el rostro desencajado del joven por la asfixia. Al instante, y casi sin ningún esfuerzo, atravesó con su mano y brazo el cuerpo de Jun desde su abdomen hasta su espalda, mientras una cantidad enorme de sangre comenzaba a chorrear por su extremidad.
Se quedó un segundo observando con una mirada sádica la expresión de la muerte en el rostro del joven, y se relamió de gusto. De repente, sacó su brazo del cuerpo y con la mano que apretaba el cuello del hombre muerto lo arrojó con fuerza elevándolo hacia el cielo. Con su mano extendida, lanzó una ráfaga de energía en la misma dirección alcanzándolo casi inmediatamente y volatizándolo sin dejar ni rastro.
Después, se fijó en el vehículo de transporte que trajo Jun. Dirigió otra bola de energía hacia allí, y lo hizo desaparecer, destrozándolo.
Antes de marcharse, se quedó unos minutos pensando. Recordó el momento en que recuperó la consciencia mientras se encontraba dentro del tanque de regeneración, que había logrado salvarle la vida, después de haber sido salvajemente golpeado y humillado por Vegeta. En aquél momento, juró que se vengaría. Antes de poder planear él mismo su venganza, recibió la visita del comandante Kabark, el cual le puso al tanto de todo lo ocurrido en relación a Vegeta, mientras él estaba convaleciente. Después de eso, se convenció a si mismo de que el príncipe no merecía llegar a ser Rey de Vegetasai. Cualquier saiyajin, y más aún el heredero al trono, que mostrara debilidad por una maldita esclava era una auténtica vergüenza para su raza. Kabark, logró evitar que el príncipe lo enviara lejos de Vegetasai, y por ello, decidió unirse al comandante y le ofreció sus servicios.
Sonrió. Vegeta se iba a arrepentir por haberle dejado con vida. Lo único que lamentaba era no poder enfrentarse a él aún. Estaba seguro de que esa estúpida debilidad que afectaba ahora a su príncipe, acabaría por reducir su poder.
Al instante, y sin dejar de pensar en todo ello, se elevó y se marchó de allí, volando a gran rapidez...
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
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