Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 14
Sentimientos profundos, debilidades malditas
A la mañana siguiente, Vegeta se despertó lentamente mientras descubría que su cuerpo se encontraba ligeramente aprisionado entre los brazos de Bulma. El príncipe sonrió al observar la tranquilidad en el rostro de la mujer, profundamente dormida aún. Comenzó a incorporarse un poco, tratando de no despertarla todavía, para liberarse suavemente de su abrazo. Lo consiguió casi sin apenas moverse, y apartando las sábanas que la cubrían, dejó a la vista el cuerpo de la mujer tan sólo vestido con un diminuto camisón. A través de la fina tela, casi se transparentaban a la perfección los hermosos pechos de Bulma y sus sonrosados pezones. La prenda se había subido hasta sus caderas, dejando desnudas completamente sus largas y moldeadas piernas. Vegeta no podía dejar de mirarla, embriagado ante tal espectáculo de feminidad y belleza, excitándose con tan sólo observarla, deseando hacerla suya en ese mismo instante...
Al instante, Bulma se movió un poco y, sin despertar aún, se giró dándole la espalda, consiguiendo con este acto que su camisón subiera un poco más dejando al aire su trasero tan sólo cubierto por unas diminutas braguitas. Vegeta respiró hondo preso de la excitación y, sin pensarlo, acercó una mano hacia su cuello, apartó el suave cabello de Bulma, no sin antes aspirar el delicioso aroma que éste desprendía, y acercando su rostro, empezó a besarlo con suavidad, deslizando sus labios por su hombro y bajando lentamente el tirante del camisón. A la vez, comenzó a acariciar con su mano izquierda uno de los muslos de la mujer...De repente, ella emitió un leve gemido, y se giró de nuevo colocándose boca arriba, sin abrir aún los ojos. Vegeta no pudo resistirse más y rozó sus labios con los de ella, con suavidad pero sin llegar a unirlos del todo. Después, continuó por su cuello, humedeciéndolo con su lengua y notando que la piel de la mujer se erizaba levemente debido a ello. Bulma comenzó a respirar de forma más rápida y volvió a gemir. Abrió los ojos y se encontró con los del príncipe, el cual sin pensarlo más, acercó sus labios a los de ella y la besó entrando en su boca desesperadamente y entrelazando su lengua con la suya. Mientras se besaban, una de las manos del príncipe acariciaba los muslos de ella, y la otra, se entretenía revolviendo su azulado cabello.
Dejó sus labios y se dirigió a su cuello de nuevo, descendiendo hasta su escote encontrándose con la tela del camisón a su paso. Se detuvo, y con ambas manos, lo deslizó lentamente por su cuerpo para librarlo finalmente de él. Al momento, se inclinó de nuevo hacia ella y centró su atención en los perfectos pechos de Bulma, apretándolos con sus manos y devorándolos con su boca, succionando sus pezones ahora completamente duros y erectos.
Bulma enredaba sus manos en el rebelde cabello de Vegeta y daba pequeños gemidos de placer, incitando a su amante a que no se detuviera.
Una mano del hombre comenzó a descender por su abdomen y su vientre, hasta llegar a tomar contacto con la tela que cubría el sexo de la mujer. Lo acarició por encima de las braguitas hasta que sus dedos empezaron a abrirse paso entre ellas y se introdujeron en su intimidad, notando como la humedad se hacía presente y el calor que desprendía. Vegeta sonrió y descendió su rostro empezando a besar y a recorrer con la lengua su abdomen dibujando pequeños círculos, acariciando con sus manos las caderas femeninas. Después, se incorporó quedando de rodillas frente a ella, sonrió de nuevo observando el rostro de la mujer con evidentes gestos de excitación, agarró las braguitas con ambas manos, y las deslizó a través de sus piernas hasta quitárselas del todo.
Bulma emitió entonces una risita de complicidad y Vegeta sonrió divertido al escucharla. De nuevo, se dirigió hacia sus pechos y mordisqueó sus pezones, bajó lentamente rozando con sus labios el camino hasta llegar a su sexo. Abrió sus piernas con suavidad y comenzó a lamerlo, paseando su lengua por todos los rincones de su intimidad. Buscó su clítoris y, comenzó a estimularlo con su lengua, primero despacio para después aumentar el ritmo paulatinamente.
Bulma respiraba con agitación, sus músculos se tensaron y sus gemidos se iban convirtiendo poco a poco en gritos de placer. Mientras Vegeta la encaminaba hasta el éxtasis, ella empezó a acariciarse sus pechos y a pellizquear sus pezones. A los pocos minutos, la espalda de la mujer se encorvó y echó su cuello hacia atrás, llegando a lo más alto de la cima con su cuerpo invadido por las oleadas del más vibrante de los orgasmos.
Su cuerpo se quedó flácido después del éxtasis y Vegeta lo único que deseaba era entrar en ella en ese mismo momento. El hombre acercó de nuevo su rostro al de ella, y antes de devorar sus labios, le dijo en un susurro:
- Mujer...eres mía...lo fuiste desde el primer día en que te vi...-
Con una mano, se deshizo de sus boxer, y se sentó con las piernas cruzadas. Agarró el frágil cuerpo de la mujer por la cintura y la incorporó, colocándola encima de él a horcajadas. Ahora sus rostros se enfrentaban nuevamente y se besaron, uniendo sus cuerpos desnudos, fundiéndose el uno contra el otro.
Vegeta se aferró a sus caderas y la levantó, penetrándola y hundiéndose completamente en ella.
Bulma gritó de nuevo al sentirle en su interior, notando como sus paredes vaginales se amoldaban al miembro masculino. Vegeta gimió al sentir preso su pene en la intimidad de ella. Ella le incitó con sus caderas e hizo más presión. Ambos comenzaron a jadear mientras la mujer subía y bajaba encima de él. Las manos de Vegeta se paseaban por sus nalgas, su cintura y sus caderas a la vez que se iban sucediendo las profundas embestidas. El hombre besaba y lamía los pezones de Bulma y ella se aferraba a sus bíceps, disfrutando del contacto de la perfecta musculatura de su amante. Vegeta aumentó el ritmo, apoyando su rostro en el cuello de la mujer. Cada repetido empuje, provocaba un gemido de Bulma, la cual empezaba a sentir palpitar su clítoris con el roce, preparando de nuevo a su cuerpo para una nueva invasión de placer. Su cuerpo se convulsionó y se tensó por completo recibiendo un nuevo orgasmo mucho más intenso que el anterior. Gritó el nombre de su príncipe justo en la cima, para unos segundos después derretirse entre sus brazos.
Vegeta ya no se sentía capaz de aguantar tanto placer y la explosión en el éxtasis de la mujer hacía tan sólo unos segundos lo había conseguido excitar aún más. Agarró de nuevo las caderas de Bulma y siguió bombeando dentro de ella, ahora con embistes más profundos e intensos, hasta que con una gran penetración, llegó al orgasmo y eyaculó dentro de ella, invadiéndola con su semilla.
Se quedaron casi inmóviles, sin fuerzas, abrazados el uno al otro, notando la relajación de sus músculos. Se miraron a los ojos y unieron sus labios, cogiendo aire entre beso y
beso, transmitiendo complicidad en cada uno de ellos por el momento tan íntimo que habían compartido hacía tan sólo unos minutos.
Al instante, Vegeta se echó hacia atrás, tumbándose sobre la cama y sin soltar el cuerpo de Bulma, la cual quedó encima de él. Estiraron sus piernas y ella apoyó su cabeza en el pecho de su amante.
- Te amo...Vegeta...- Susurró ella mientras notaba como su cabello era acariciado por él.
El príncipe no dijo nada. Cerró los ojos y abrazó con fuerza a la mujer, acercándola aún más a él.
Bulma miró de reojo al despertador de la mesilla, y suspiró diciendo:
- Vaya...se me ha hecho tarde, será mejor que me meta a la ducha ahora mismo si no quiero llegar tarde al laboratorio.- Dijo mientras trataba de incorporarse, siéndole totalmente inútil, ya que, Vegeta la aprisionó con su brazo evitándolo.
- No vas a ir a ningún sitio Bulma...no hasta que termines tu otra tarea¿recuerdas? – Le dijo con ironía.
- Vegeta, mira qué hora es. Además creo que lo mejor será que vengas hoy al laboratorio y como allí tengo mucha más información, podré explicarte el proyecto con más detenimiento – Contestó Bulma intentando soltarse del fuerte abrazo del príncipe.
- Hum..está bien. Luego me pasaré por allí...- Dijo dejando libre a la mujer.
Bulma le besó en los labios y se levantó directa al cuarto de baño. Vegeta la siguió con la mirada, observando todos los movimientos del hermoso cuerpo desnudo de la mujer, hasta que desapareció detrás de la puerta del baño.
Mientras el agua de la ducha recorría libremente cada rincón de su cuerpo, Bulma pensaba en lo que se había convertido su vida. Aún le parecía increíble sentirse tan a gusto al lado de aquél hombre, la forma en que la trataba y lo mucho que la hacía vibrar en la cama. Hacían el amor todos los días, la mayoría de los cuales repetían en varias ocasiones hasta quedar derrotados. Sabía que ningún hombre terrícola sería capaz de aguantar ese ritmo. Sonrió pícaramente. Esa extraordinaria fuerza y resistencia por la que se caracterizaban los saiyajins también se dejaba notar a la hora de mantener relaciones sexuales, y Vegeta se lo demostraba cada día, con cada nueva sesión que compartían juntos. También había descubierto nuevas formas y posturas que ella nunca antes había practicado, y que él, con su dilatada experiencia, le propuso probarlas proporcionándola nuevas sensaciones y placeres más allá de lo que ella nunca pudo imaginar. A cambio, ella le enseñó a amar, le mostró la diferencia entre hacer el amor y simplemente follar, a disfrutar del sexo acompañado por sentimientos y por la complicidad entre dos seres que se importan, se quieren y lo dan todo el uno por el otro, le hizo descubrir a su lado lo que significa unir sus almas además de sus cuerpos.
Suspiró y cogió el gel de baño. Derramó una pequeña cantidad en la esponja y se dispuso a enjabonarse con suavidad todo el cuerpo. De repente, notó el contacto de unas
manos alrededor de su cintura. Se dio la vuelta y descubrió a Vegeta desnudo detrás de ella..
- ¡Vegeta!..me has asustado..¿no podías esperar a que yo acabara? – Le dijo un poco molesta.
El príncipe sonrió y se acercó de nuevo a ella. Sin soltar su cintura, la besó en los labios, consiguiendo que ella se derritiera ante su contacto y correspondiendo a su beso sin ninguna oposición al respecto.
- Hmmm...Vegeta...ya voy con casi una hora de retraso...anda, deja que termine de ducharme y me vaya a trabajar...- Suplicó ella con un susurro mientras su cuello era invadido por los labios del saiyajin y su cuerpo colmado de caricias por todas partes.
- Mujer...no pasa nada porque llegues un día tarde o simplemente porque no vayas. Recuerda que no tienes que rendir cuentas a nadie, excepto a mi..- Contestó él justo antes de volver a beber de su boca y presionar su cuerpo contra el de ella. La sensación de ambas pieles enjabonadas, rozándose una contra la otra, consiguió embriagarles a los dos.
Bulma ya no dijo nada más. Aceptó su derrota con algo de resignación y se dejó llevar por el placer que le estaba proporcionando el hombre al que amaba...
Nappa caminaba por los pasillos de palacio con paso firme. Se le notaba enojado y algo furioso. Era ya casi mediodía y Vegeta aún no se había dignado a aparecer. Si la situación por la que estaba pasando el príncipe no era lo suficientemente problemática, encima ahora se permitía el lujo de escabullirse de sus obligaciones como tal. Se sentía impotente ante la manera de comportarse de su pupilo, no encontraba la forma de hacerle reaccionar, parecía que a él solo le importaba esa mujer terrícola. Todos los días, al anochecer, notaba la impaciencia de Vegeta por terminar cuanto antes los entrenamientos o cualquier otra cosa, sólo para reunirse con ella. Y encima, ahora se le había ocurrido esa estúpida idea de anular su matrimonio con Syra. ¿Acaso tenía pensado casarse con la terrícola?..Un escalofrío recorrió su cuerpo sólo de imaginarlo.
Todo esto pasaba por su mente mientras se dirigía hacia el pabellón que ocultaba el cuarto de la mujer terrícola y donde probablemente encontraría a su príncipe.
Bulma había acabado ya de prepararse para ir a trabajar. Se acercó hacia Vegeta, el cual empezaba a ponerse su uniforme de combate, y lo besó.
- Bueno...ya es hora de que me vaya. ¿A qué hora tienes pensado pasarte por el laboratorio? – Le dijo con una sonrisa.
El príncipe, cogiendo su armadura, contestó:
- Aún no lo sé. Quizás me pase a primera hora de la tarde. Después de ver esos dibujos explicativos, tengo mucho más interés en que me muestres el proyecto con más detalle.-
- De acuerdo. Nos vemos luego entonces. – Volvió a besarle y se marchó cerrando la puerta a su paso.
El príncipe se quedó allí unos minutos más mientras terminaba de acomodarse su traje de batalla. El también tenía prisa. Acababa de recordar que ayer le dijo a Nappa que hoy reunirían a todos los escuadrones para encomendarles nuevas misiones. Probablemente estaría furioso y preocupado por su tardanza. De repente, se sintió incómodo...¿Cómo era posible que lo hubiera olvidado?, jamás había tenido una falta de responsabilidad como esa. La obsesión por estar con ella y disfrutar un tiempo más con su compañía, había provocado que ella llegara casi con cuatro horas de retraso a su trabajo, y que él olvidara por completo sus obligaciones.
Gruñó maldiciéndose a sí mismo por su descuido, y se dispuso a salir de la habitación, caminando con rapidez por los pasillos.
Justo cuando iba a abandonar el pabellón para ir volando hacia la sala de combate, un espantoso y estremecedor ruido parecido al de una explosión, casi lo hace caer al suelo. Todo a su alrededor tembló durante unos segundos. Aquél sonido consiguió desconcertarle por completo, y tratando de explicar su origen, salió fuera del pabellón dirigiendo su mirada a la dirección en la que provenía. Sus ojos se centraron en una imagen que no esperaba y jamás imaginó. El lugar donde antes estaba el pabellón del laboratorio se encontraba envuelto completamente en llamas y nuevas y pequeñas explosiones se sucedían una detrás de la otra. El terror se reflejó en su rostro y una sola cosa pasó por su mente...¡Bulma!...
Su corazón comenzó a latir rápida y desesperadamente mientras volaba a la mayor velocidad que podía hacia el lugar del desastre. La idea de pensar que le hubiera ocurrido algo a ella, lo estaba enloqueciendo, su desesperación era tal, que no prestó atención a las personas que corrían de un lado para otro para librarse de aquél infierno.
Descendió hasta las ruinas que antes componían el laboratorio, y haciendo caso omiso a las advertencias que algunos soldados saiyajins, que habían llegado antes que él, le hicieron sobre las posibles nuevas explosiones que podían sucederse, se apresuró a entrar en aquél infierno, sin saber dónde buscar, intentando localizar el ki de Bulma, retirando con fuerza los escombros, descubriendo algunos cuerpos abrasados o mutilados entre ellos. Con el rostro ya desencajado y la respiración muy agitada comenzó a gritar el nombre de la mujer, sin parar de levantar cascotes, restos de maquinaria, cualquier cosa que encontrara a su paso. Las llamas comenzaron a rodearle, el humo no le dejaba casi respirar. Ningún ser de cualquier otra raza sería capaz de sobrevivir al fuego y al humo que envolvía en estos momentos al príncipe. Pero él era un saiyajin, el mejor de todos. La fuerza que desprendía la energía de su cuerpo lograba hacer retroceder a las llamas. Estaba empleando todo su poder para lograr su objetivo. Contenía la respiración hasta el límite para no ahogarse entre la espesa humareda que rodeaba todo, mientras seguía buscando, gritando y levantando escombros.
Nappa llegó hasta allí en aquél momento. La explosión le había sorprendido cuando casi había llegado al cuarto de la mujer. En cuanto la escuchó y vio de donde procedía, voló hacia allí con la mayor rapidez que pudo.
En ese momento, unos soldados saiyajins le comunicaron que habían visto al príncipe entrar en aquél infierno hacía ya varios minutos y que aún no había salido. Al escuchar esto, Nappa desplegó su poder y se encaminó con velocidad hacia donde le habían dicho, dispuesto a buscar a Vegeta y sacarlo de allí antes de que sus fuerzas remitieran.
Sintió el aún poderoso ki de Vegeta, y notó que iba disminuyendo poco a poco. A los pocos segundos lo encontró y le gritó pronunciando su nombre.
Vegeta miró en la dirección en la que lo llamaban y divisó a Nappa que corría hacia su posición.
- Tenemos que encontrarla, Nappa. Ayúdame a buscarla – Dijo con desesperación mientras arrojaba todo lo que encontraba a su paso.
Nappa se quedó observándolo unos instantes, vio su rostro desencajado, preso del temor y de la ira, reflejando la mayor preocupación que jamás percibió en su príncipe. Después, miró a su alrededor y comprobó que allí solo se distinguían dos ki, el suyo y el de Vegeta, ninguno más. Observó los restos de cuerpos inertes y totalmente quemados esparcidos por distintos lugares y comprendió que nada ni nadie habría salido con vida de aquél lugar.
- Vegeta, vámonos ya. Te estás quedando sin fuerzas, no podrás aguantar mucho más tiempo. – Le dijo poniendo su mano en el hombro del príncipe.
Vegeta le miró entonces con los ojos rojos de ira y le dijo de forma amenazante:
- No me iré hasta que no la encuentre, estúpido.-
Nappa se enfureció y, sin pensarlo, le gritó:
- Aquí no hay nadie con vida, Vegeta. ¿Es que no lo ves?. Solo se perciben tu ki y el mío. Los demás están todos muertos. ¿Acaso deseas morir tú también?. –
Vegeta se volvió hacia Nappa con los dientes apretados y lo golpeó con su puño, lanzándole a varios metros de allí. La locura se había apoderado de él.
- No vuelvas a dirigirte a mi en ese tono, Nappa. – Le gritó con todas sus fuerzas, y sin preocuparse más de él, continuó con su tarea moviendo escombros de un lado a otro.
Nappa se levantó algo conmocionado por el fuerte golpe, sintiendo la sangre resbalar por su rostro ahora herido. Comprendió que él sólo no sería capaz de hacer entrar en razón a su príncipe, y como pudo, salió de allí en busca de ayuda.
Dos soldados saiyajins salieron a recibirle y visiblemente nerviosos le dijeron:
- Nappa¿qué te ha ocurrido?. –
- Vosotros dos...tenéis que ayudarme a sacar de allí al príncipe...hay que obligarle a salir de ese lugar como sea...- Dijo el enorme saiyajin respirando con dificultad.
Los dos soldados se miraron comprendiendo lo que ocurría y uno de ellos, comenzó a hablar:
- La mujer está a salvo. El príncipe debe saberlo inmediatamente.–
Nappa les miró extrañado al principio, hasta que se dio cuenta de que esos dos soldados eran precisamente los que él encargó que escoltaran continuamente a Bulma, y si ellos estaban vivos, y sin signos aparentes de ningún daño, probablemente ella también lo estaría. Sin más demora, volvió sus pasos como pudo hacia las ruinas y, manteniéndose en el aire, localizó al príncipe, el cual se encontraba ya con muchas dificultades para respirar.
- ¡Vegeta!. No busques más. Ella no está aquí. – Le gritó con todas sus fuerzas.
- ¿Intentas engañarme...Nappa?..- Contestó el príncipe comenzando a toser.
- Señor, lo que dice Nappa es cierto. La mujer se encuentra bien. Nosotros nos hemos encargado de llevarla a un sitio seguro. – Gritó uno de los soldados saiyajins que habían seguido a Nappa hasta allí.
Vegeta los miró con incredulidad, hasta que reaccionó reconociendo los rostros de esos dos hombres, aquellos que siempre lo saludaban con respeto cuando él llegaba al cuarto de Bulma y se los encontraba diariamente allí.
Ascendió el vuelo hasta llegar a su posición y les dijo con dificultad:
- Salgamos de aquí...-
Nappa respiró hondo y los cuatro saiyajins volaron hasta alejarse lo más posible de la extensa humareda que comenzaba a cubrir una buena parte del cielo de Vegetasei.
Descendieron hasta el suelo, intentando recuperar el aire que faltaba en sus pulmones. Entonces, Vegeta, después de sentirse lo suficientemente fuerte como para volver a hablar, preguntó:
- ¿Dónde está? –
Uno de los saiyajins, tosió y con la voz entrecortada dijo:
- Verá, señor...la explosión nos sorprendió justo antes de llegar al pabellón del laboratorio, y... después de darnos cuenta de lo sucedido ...creímos conveniente alejar a la mujer de allí lo antes posible para que no resultara afectada...la llevamos a la sala contigua al departamento militar... y la dejamos custodiada por el resto de nuestro escuadrón... y mientras nosotros decidimos ir a buscarle a usted o a Nappa para comunicárselo...- El hombre volvió a toser debido al esfuerzo.
- Buen trabajo, soldados...seréis recompensados por esto...- Dijo Vegeta mientras respiraba con agitación.
- Gracias, señor. Cumplíamos con nuestro trabajo.- Contestó el otro soldado.
Vegeta entonces dirigió su vista hacia Nappa, observando la herida que sangraba en su rostro y el aspecto deplorable que éste presentaba, totalmente agotado y sin fuerzas casi ni para mantenerse en pie.
- Soldados, acompañad a Nappa y llevadlo a una cámara de regeneración para que se restablezca. – Dijo con voz firme.
- Si, señor – Respondieron ambos al unísono. Agarraron a Nappa entre los dos y se lo llevaron volando.
Al quedarse sólo, Vegeta se derrumbó en el suelo, tumbándose boca arriba. Cerró los ojos intentando relajarse, y decidió quedarse allí unos minutos hasta conseguir tranquilizarse del todo y recuperarse por todo lo ocurrido. Respiró profundamente. Ahora no quería preguntarse qué es lo que había pasado realmente, tan sólo deseaba ir cuanto antes a ver a Bulma y sentirla de nuevo entre sus brazos. Una lágrima comenzó a brotar lentamente por su rostro. Se odiaba a sí mismo por ser tan débil y tan patético, todo lo que conseguió sacarle de quicio en aquellos seres de otras razas que aniquiló, era lo que ahora él representaba. Aquellos seres murieron por ello y quizás él también merecía morir...Pero eso ahora no importaba...ella estaba viva y ,sin comprenderlo del todo aún, se sentía feliz...muy feliz...
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
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