Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 15

Crisis

Bulma no lograba salir del estado de shock en el que se encontraba. La imagen del laboratorio volando por los aires no lograba salir de su mente, el sonido de aquella espantosa explosión, el grito que ella lanzó al verlo todo envuelto en llamas, los poderosos brazos de los dos soldados que la agarraron en el último momento, evitando que ella fuera hacia allí para intentar salvar a Raizar, a sus compañeros..

Después de eso...ya no recordaba nada más. Se desmayó justo cuando los soldados la levantaron y se la llevaron volando, alejándola del mismísimo infierno..

Se despertó en una pequeña sala, tumbada en una cama. A su lado, un médico, que examinaba sus constantes vitales. En la puerta, dos saiyajins a los que no conocía.

Cuando reaccionó, quiso levantarse pero no le dejaron, ella se resistió con todas sus fuerzas, quería salir de allí, necesitaba ir a ayudar a sus compañeros, lloraba y gritaba implorando que la soltaran. Los dos saiyajins la sujetaron con fuerza mientras el médico trataba de ponerle una inyección en uno de sus brazos. Lo consiguió finalmente, y el líquido que se mezcló con su sangre, hizo efecto casi al instante, consiguiendo hacer remitir sus fuerzas y cerrar sus ojos poco a poco sin que ella pudiera evitarlo. Una palabra, casi en su susurro, salió de sus labios antes de quedar completamente dormida: Vegeta...

Al cabo de unas horas, la puerta de la sala se abrió y el príncipe hizo su aparición allí. Sus ojos se fijaron ,nada más entrar, en la imagen de Bulma, que yacía completamente dormida encima de la cama. Respiró aliviado al verla. Se acercó sin dejar de mirarla. Aproximó una de sus manos a su rostro, apartó un mechón azulado de su cabello y acarició primero su frente y después una de sus mejillas. Después, frunció el ceño y se dirigió al médico que estaba de pie al otro lado de la cama:

- ¿Por qué está sedada? – Preguntó con voz firme.

- Tuvimos que hacerlo, señor. Al despertar de su desmayo, le entró un ataque de nervios y tenía la intención de levantarse y marcharse. Se puso a gritar y a llorar presa de la histeria y no encontramos otra manera de lograr que se calmara. – Contestó el médico algo nervioso.

Vegeta fijó su fría mirada en él y después dijo:

- Márchate. Ya no necesito tus servicios. A partir de ahora yo me haré cargo. –

El médico tragó saliva, y rodeó la cama para dirigirse hacia la puerta que se encontraba de espaldas al príncipe.

Cuando salió de la sala, Vegeta dirigió su mirada hacia los dos soldados y dijo:

- Encargaos de él. Nadie debe saber que ella aún vive.-

- Si, señor. – Contestaron ambos a la vez, antes de abandonar la habitación dispuestos a cumplir las órdenes de su príncipe.

Cuando se quedó a solas con ella, se sentó en la silla que se encontraba a un lado de la cama. Apoyó los codos encima de las sábanas, con cuidado para no incomodar a la mujer, y se echó las manos a la cabeza, tratando de tranquilizarse, intentando poner en claro sus ideas. Mientras volaba hasta aquí, buscó una explicación para tal desastre, un motivo por el cual se había producido aquél caos. ¿Un accidente?...no lo sabía, pero iba a investigarlo. Tenía que saber la causa real, hacer desaparecer la sospecha que se cernía en su mente. Todo podía ser, incluida la idea de un ataque, de un sabotaje. Se le ocurrió que lo mejor sería hacer creer a todo el mundo que nadie logró sobrevivir a la explosión, no sin antes descubrir el motivo real. Si se llegara a saber que ella estaba viva, quizás podrían culparla a ella del desastre. Demasiada casualidad, demasiadas razones para que algunos desearan hacer desaparecer a Bulma, demasiados motivos para una venganza sobre él. Por eso, necesitaba saber la verdad, si fue un hecho fortuito o si fue premeditado. Para cualquiera de las dos posibilidades, tenía que conseguir pruebas, tener la certeza real de que así fue. Y Bulma tenía muchas de las respuestas a sus preguntas, ella era la única superviviente del laboratorio...y probablemente, cuando despertara, ese descubrimiento no le iba a gustar demasiado.

En una de las enormes salas de palacio, el Rey Vegeta caminaba de un lado a otro visiblemente nervioso. Nunca le había gustado que le hicieran esperar y la impaciencia era uno de los rasgos principales de su carácter.

De repente, la puerta se abrió y Kabark hizo su aparición. El rey, al verlo, se acercó con rapidez hasta él diciéndole:

- ¿Qué demonios ha ocurrido, Kabark?. Necesito una explicación ahora mismo. –

El comandante, que no mostraba signos de preocupación alguna, contestó con la mayor tranquilidad:

- El laboratorio y la mayor parte del pabellón han salido volando por los aires. Parece ser que se ha producido una explosión. –

- Eso ya lo sé. Lo que quiero saber es qué lo ha provocado. ¿Y dónde rayos se encuentra Vegeta?.- Contestó el Rey alzando la voz.

- Aún no sabemos nada. He intentado comenzar la investigación, pero me han informado de que tu hijo ha ordenado que se acordone toda la zona. Además, no se permite acercarse a nadie a menos que él haya dado su autorización.- Repuso Kabark.

- ¿Y por qué Vegeta haría algo tan estúpido?. Ni siquiera ha solicitado mi permiso. – Preguntó el Rey algo furioso.

- No lo sé. Ultimamente, las acciones del príncipe son algo desconcertantes y extrañas..aunque eso tú ya lo sabes...- Contestó Kabark con la intención de hacerle recordar al Rey el comportamiento de su hijo.

- ¡Maldita sea!.- Gritó el Rey. – Kabark, ordena su búsqueda y que se presente ante mi de inmediato. No me importa lo que esté haciendo. Le quiero aquí en menos de una hora. Es una orden¿entendido?. – Volvió a gritar mientras cerraba los puños como muestra de su enfado.

- De acuerdo, mi Rey.- Dijo mientras se dirigía hacia la puerta para salir. De repente, se quedó parado y, a los pocos segundos, volvió a hablar diciendo: - ¿Y...qué pasa si se niega? – Preguntó con segundas.

El monarca frunció el ceño, y penetrando su fría mirada en él, le contestó:

- Esa es una pregunta que está fuera de lugar, Kabark. Tal vez haya cometido algún error, pero es mi hijo, el príncipe de Vegetasei, y hasta ahora, por mucho que tú y otras personas os empeñéis en demostrarme lo contrario, por mi parte, continúa siendo el digno heredero que se merece nuestro imperio. Jamás ha desobedecido un mandato mío y estoy seguro de que nunca lo hará. - Hizo una pausa. – Y ahora...ve inmediatamente a cumplir mis órdenes. – Terminó.

Kabark se quedó sorprendido ante la respuesta del Rey. Asintió, y sin decir una palabra más, salió de la sala con una enorme rabia contenida dentro de sí. Después, mientras caminaba para ordenar la búsqueda del príncipe, se tranquilizó, y sonrió para sus adentros, puesto que era mejor mantener la calma por ahora. Su plan estaba aún en marcha y quizás era pronto todavía para comprobar los resultados.

Bulma comenzó a despertar poco a poco. Abrió los ojos lentamente, y al conseguir hacerlo del todo, miró al frente, y se encontró con el rostro del príncipe que la observaba con el semblante serio que le caracterizaba.

- Vegeta...¿qué ha pasado?...- Dijo con la voz entrecortada mientras trataba de incorporarse.

El saiyajin se acercó a ella ayudándola a levantar su espalda de la cama.

- ¿Cómo te encuentras, Bulma? – Le dijo con suavidad.

Ella lo miró a los ojos, notando la intranquilidad en su mirada. De repente, aquellas espantosas imágenes volvieron a su mente. Sin pensarlo, se abrazó a él con fuerza, anhelando el calor que desprendía su cuerpo.

- Oh..Dios mío...ha sido horrible...Dime que todo ha sido un sueño, una maldita pesadilla, que nada de lo ocurrido fue real...por favor, dime que no es cierto lo que vi...- Dijo mientras un cúmulo de lágrimas descendían por sus mejillas.

El príncipe correspondió a su abrazo con más fuerza todavía, intentando borrar así el dolor que le causaba verla sufrir.

- Tranquilízate, Bulma. Tienes que ser fuerte, tal como tú lo eres. Tienes que afrontar la realidad, por muy dura que ésta sea. Yo estaré aquí para ayudarte a lograrlo, ya lo sabes. – Le dijo en un susurro mientras acariciaba con suavidad su cabello.

A los pocos segundos, ella se separó un poco de él, y volviendo a su rostro le dijo:

- ¿Qué ha pasado con todas las personas que se encontraban allí? – Preguntó temerosa.

Vegeta sabía que su respuesta iba a causar un gran impacto en ella, pero no dudó en contestar:

- Nadie que se encontrara allí en aquél momento consiguió sobrevivir.- Repuso sin dejar de mirarla.

Ella, cerró los ojos al escucharle, se separó del todo de él y enterró su rostro entre sus manos, volviendo a llorar desconsoladamente.

Vegeta no lo soportaba más, odiaba verla de ese modo, derrumbándose ante él, mostrándose tan frágil y tan débil. Sin pensarlo, comenzó a preguntarle, con la intención de que ella cesara de llorar y se centrara en otra cosa:

- Escucha, Bulma: Aún no conocemos con certeza lo que ocurrió. Es posible que se tratara de un accidente. Dime...¿qué podría haber en el laboratorio que pudiera provocar una explosión de esa magnitud?. ¿Se estaba trabajando en algún proyecto que implicara algún riesgo de ese estilo?.-

La mujer remitió por unos segundos su llanto, separó las manos de su cara, y con la mirada perdida intentó contestar:

- No...no lo sé...yo...no creí que algo así pudiera suceder...ni siquiera lo pensé...yo...- Dijo con dificultad.

- Necesito saberlo, Bulma. Cálmate y trata de centrarte en lo que te he preguntado. No había nada en ese laboratorio que escapara a tu control. Piénsalo, y después contesta..- Repuso el príncipe con algo de impaciencia.

Ella, fijó su vista en él, cogió aire para tratar de tranquilizarse, y bajó la mirada de nuevo. Intentó asimilar las palabras del príncipe, y se quedó pensando.

A los pocos segundos, volvió a mirarle, abriendo sus ojos casi al máximo y dijo:

- Allí había algunos tipos de materiales inflamables, pero a no ser que una enorme fuente de calor estuviera lo suficientemente cerca, es casi imposible que estallaran. Es cierto que también trabajábamos mezclando productos químicos, y que alguno pudiera resultar peligroso, pero las cantidades de esos productos con las que experimentábamos eran demasiado pequeñas como para provocar una explosión así...- Volvió a respirar hondo.

- ¿Y la posibilidad de que alguno de los aparatos o maquinaria que estaban allí, hubiera sufrido un fallo o un cortocircuito, provocando que estallara, y que después se produjera una reacción en cadena con los demás?..¿Sería esto posible?. – Preguntó Vegeta.

- Es posible...pero...no así. Tal vez hubiera habido una explosión, pero no lo suficientemente potente como para hacer volar todo el edificio..- Contestó la mujer algo más tranquila.

Vegeta la miró con el ceño fruncido y completamente serio.

- ¿Cómo estás tan segura, mujer?. –

- Bueno...yo...- Contestó ella extrañada por la reacción de Vegeta.

El príncipe se echó las manos a la cabeza y se levantó de la silla diciendo:

- ¡Maldita sea, Bulma¿es que no entiendes lo que pasa?. Por tus respuestas, estamos descartando la posibilidad de un accidente. Y..¿sabes lo que eso significa?.- Hizo una pausa, pero al no haber respuesta, continuó: - Significa que si no se trata de algo fortuito, entonces no nos queda más que pensar que se trató de una acción premeditada por alguien. Por eso necesito que estés completamente segura de tus afirmaciones¿comprendes?.- Dijo alzando la voz y bastante enojado.

- Eso no es posible...¿por qué alguien querría hacer algo tan horrible?. – Contestó ella comenzando de nuevo a llorar.

Vegeta se enfureció al escucharla, se acercó a ella y le gritó:

- ¿No es posible?. Y tampoco es posible un accidente, según tú...Entonces, si no es un accidente, ni tampoco un sabotaje¿qué demonios fue lo qué pasó, Bulma? – Preguntó con ironía.

- ¿Cómo voy a saberlo?. Yo no estaba allí¿recuerdas?. Y..¿qué es lo que te pasa?..¿por qué me gritas de ese modo? – Exclamó ella levantando la voz y muy nerviosa, con las lágrimas rodando sin cesar por su rostro.

- Porque no paras de lamentarte por lo ocurrido. Creo que incluso te sientes culpable por las muertes de esas personas. Y eso me saca de quicio, mujer. Estás viva¿me oyes?. Y eso es lo único que debería importarte ahora. – Gritó con todas sus fuerzas.

Bulma se enfureció al escucharle, se levantó de la cama deseando salir de allí en ese mismo instante, no quería continuar esa conversación.

- Eres un ser insensible y cruel, Vegeta...Yo no creo que fuera un accidente, estoy segura de eso...y ¿sabes qué?..ojalá lo hubiera sido, porque entonces no me sentiría responsable¿entiendes?...Si lo que quieres decirme es que alguien asesinó a decenas de personas sólo para acabar con mi vida, entonces desearía haber estado allí para morir junto a ellos...porque el hecho de ser consciente de ello, es mucho peor que la muerte en sí...- Contestó con rabia y frustración.

- No sabes lo que estás diciendo, Bulma...- Repuso él bajando la voz.

Entonces, ella se puso de espaldas a él, no quería enfrentarse con sus ojos, con esa mirada penetrante que conseguía hacerla estremecer.

- ¿Por qué, Vegeta?...Yo tenía mi vida en la Tierra...era feliz junto a mi familia y amigos, hasta que me arrancaron por la fuerza todo lo que amaba. Fui obligada a abandonar mi planeta, convertida en una esclava...quise ser fuerte, salí adelante trabajando duro, con el convencimiento de que conseguiría cambiar mi vida a mejor, con la esperanza de encontrar un nuevo futuro para mí... Y entonces, apareciste tú...te odié en cuanto te vi, haciéndote responsable de mi desgracia, pero después, ese odio se transformó en amor, en uno en el que nunca antes creí que existiera. Por primera vez, desde que salí de mi planeta me sentí feliz de nuevo y... embriagada por los sentimientos, olvidé mi pasado, olvidé el motivo por el cual yo estaba aquí, olvidé lo que pasó en la Tierra y olvidé mis orígenes. Y ahora...se que este es mi castigo...Todas esas personas han muerto por mi culpa, por mi egoísmo y por traicionar mis convicciones, yo las hice cómplices de mi locura y ahora...- No podía dejar de llorar mientras hablaba.

Vegeta sintió un enorme dolor en su pecho, las palabras de Bulma lo estaban torturando. ¿Cómo podía ella desear estar muerta?. ¿Acaso lo que él sufriera con su pérdida no le importaba?. ¿Cómo podía llamarle insensible después de que él renegara de una gran parte de sus principios sólo por ella?. Es cierto que a él sólo le importaba ella, la muerte de los otros científicos no le afectaba lo más mínimo¿y qué¿para qué iba a mentir?. No podía creer que Bulma se arrepintiera de su relación con él, que pensara que merecía un castigo por ello.

Se estaba deshaciendo por dentro, pero no quería que ella lo notara, no ahora. Su orgullo le obligó a actuar de la siguiente manera:

- Bien...piensa lo que quieras, Bulma. No es de mi incumbencia. Pero, aparte de intentar acabar con tu vida, ese ataque ha destruido mi laboratorio...y no voy a parar hasta descubrir quién ha osado provocarme de esa forma. De momento, nadie debe saber que aún sigues viva, así que, te quedarás aquí hasta que encontremos otro lugar donde ocultarte.- Dijo con la mayor frialdad que pudo y caminó hacia la puerta con la intención de marcharse.

- Vegeta...¿recuerdas cuando te dije que ya no era tu esclava, que me había convertido en tu prisionera?. – Repuso ella.

El hombre se volvió y, ocultando de nuevo su dolor, contestó duramente:

- Si es así como quieres llamarlo, es tu problema. Ahora ya tienes otro motivo más para lamentarte, mujer. – Y diciendo esto, salió de la sala dando un sonoro portazo.

Bulma cerró los ojos y se echó sobre la cama, volviendo a llorar desconsoladamente.

Salió de allí hecho una furia. No sólo había descubierto que lo ocurrido con el laboratorio fue un ataque premeditado, si no que encima, su relación con Bulma había salido completamente afectada por ello. No hacía más que pensar en todos los modos de tortura posibles para utilizarlos en los cuerpos de quienes osaron cometer tal acto. Ahora, su principal y único objetivo se había convertido en averiguar sus identidades, y no se detendría hasta lograrlo. Tenía claras sospechas de quienes podían ser pero necesitaba pruebas que lo confirmaran.

Alguien se había atrevido a desafiarle. Sonrió con maldad. Muy bien...El príncipe de los saiyajins siempre respondía a una provocación..y ésta había sido la mejor de todas...la única en la cual emplearía toda su ira, todo su poder, y si fuera necesario, hasta su vida...

Mientras caminaba, observó al frente a un grupo de soldados, que al verle, corrieron hasta su posición.

- Príncipe Vegeta, estábamos buscándole.- Dijo uno de ellos.

- ¿Qué es lo que ocurre? – Contestó de forma fría, y sin parar de andar.

- El Rey desea verle. Le está esperando en sus aposentos, señor. – Exclamó otro soldado.

Vegeta se detuvo. Se quedó parado unos instantes, y luego dijo:

- De acuerdo. Iré ahora mismo. Vosotros, id a ver si Nappa ya se ha recuperado, y si es así, comunicadle que nos veremos en un par de horas en la sala de entrenamiento.- Y dicho esto, cambió el rumbo para dirigirse hacia palacio.

- Si, señor.- Contestaron los soldados.

Mientras, por uno de los pasillos de palacio, una figura femenina caminaba con pasos pequeños pero con rapidez. Un manto de color grisáceo cubría todo su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, y tan sólo dejaba a la vista sus negros ojos.

Se cruzó en su camino con varios grupos de soldados y algún que otro esclavo, que no le prestaron ninguna atención. Al llegar frente a una pequeña puerta, se detuvo. Llamó un par de veces, y esperó. A los pocos segundos, la puerta se abrió, y Raditz apareció tras de ella. Entró dentro con él, observando como se dibujaba una pequeña sonrisa en su rostro.

- Llevo un buen rato esperando. Pensé que ya no vendrías, Syra. – Dijo el saiyajin apartando el manto del rostro de la mujer.

Ella lo ayudó a deshacerse por completo de la tela que había usado para ocultar su identidad. Le devolvió la sonrisa, y sacudió su hermoso cabello negro dejándolo libre del todo.

- No he tenido la oportunidad de venir hasta ahora, Raditz. De todas formas, estoy segura de que tu espera habrá merecido la pena¿me equivoco?. – Le dijo sensualmente.

Raditz la miró con ojos llenos de lujuria, y sin pensarlo, agarró a la mujer por la nuca acercándola hacia él y la besó de forma desenfrenada. Ella correspondió a su beso, y el hombre comenzó a posar sus manos en su cuerpo, subiendo su vestido para empezar a tomar contacto con su piel.

Syra dejó de besarle y, con un empujón, lo apartó de ella unos centímetros.

- No tan deprisa, soldado...Antes, quiero que me confirmes si todo ha salido como esperábamos. – Le dijo casi en una orden.

Raditz gruñó un poco por haber sido interrumpido, para después decir:

- No ha quedado ni rastro de ese maldito laboratorio, supongo que ya lo has visto. –

- Eso ya lo sé, estúpido. Lo que necesito es la certeza de que esa maldita esclava está pudriéndose en el infierno – Contestó transmitiendo odio en sus palabras.

- Pues claro que sí...¿qué esperabas?. Nadie logró salir con vida de allí, no hubo supervivientes. Está confirmado. – Repuso el hombre algo molesto.

Syra se quedó un rato en silencio. Se apartó unos metros más de él y dijo:

- ¿Y quien te lo ha dicho?. Según mis fuentes, Vegeta no permite que nadie se acerque allí y se ha hecho cargo él mismo de la investigación.- Dijo con tranquilidad.

- No necesito que nadie me lo diga. Yo mismo lo vi. Estuve observándolo todo desde las montañas situadas al este del pabellón. – Repuso Raditz con orgullo.

- ¿Ah, si?...¿y qué fue lo que viste exactamente?. – Contestó ella.

- Vi la explosión, contemplé como salió el edificio volando por los aires. Al poco rato, apareció Vegeta, y el muy estúpido se adentró en las ruinas cuando las llamas todavía lo rodeaban todo...Después fue Nappa el que entró, imagino que a buscarle. Pasados unos minutos, vi salir a Nappa herido, charló durante unos segundos con un par de soldados pertenecientes a su escuadrón, y se dirigieron de nuevo los tres al interior de aquél infierno. Les vi volando por encima de las ruinas sin llegar a bajar del todo, y después de unos segundos, Vegeta se reunió con ellos y se fueron volando los cuatro.- Terminó de relatar Nappa.

Syra, se quedó pensativa unos segundos y preguntó extrañada:

- ¿Y no te parece sospechoso?...Si Vegeta entró allí con ánimo de buscar a esa mujer...¿por qué luego salió sin recuperar ni tan siquiera su cuerpo?-

- Tal vez porque no lo encontró. Es muy probable que sólo quedaran sus cenizas esparcidas por todas partes. – Contestó algo molesto Raditz, notando que el rostro de ella mostraba signos de duda y preocupación. Se acercó a la mujer, y acariciando su rostro, comenzó a decirle suavemente:

- Vamos..Syra...Ella está muerta...tu venganza ha sido realizada con éxito...¿es que eso no consigue excitarte?...porque a mi si, te lo aseguro...- Empezó a besarle el cuello mientras sus manos se paseaban por distintas partes de su cuerpo.

Syra comenzó a rendirse ante sus caricias, y mostrándose convencida por sus palabras, decidió dar rienda suelta a sus instintos. Raditz tenía razón...la sola idea de imaginar el sufrimiento de aquella esclava mientras las llamas consumían poco a poco su vida, estaba logrando que su piel se erizara y una sensación de placentero calor la invadiera. Esta sesión de sexo con Raditz la iba a disfrutar al máximo...

-CONTINUARÁ-

Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.

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