Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 17
Una nueva esperanza para Syra
Una gran cantidad de alimentos se extendían a lo largo y ancho de una amplia mesa de madera, que combinaba a la perfección con el resto del mobiliario situado en los aposentos de Kabark. Acababan de servirlos y el comandante se disponía a almorzar
cuando escuchó que llamaban a la puerta. Después de dar su permiso, una mujer ataviada con ropas hasta los pies, hizo su aparición dentro de la sala.
Nada más entrar, Syra se despojó del manto que la cubría y, visiblemente nerviosa, se dirigió a él:
- Kabark¿cómo puedes estar tan tranquilo después de lo que ha ocurrido?.-
El hombre, casi sin mirarla, comenzó a comer sin inmutarse y con un tono de voz demasiado tranquilo, contestó:
- ¿Y por qué debería de alterarme?. Era evidente que algo así sucediera. Al fin y al cabo, es su hijo, y renegar de él, sería como renegar de sí mismo, puesto que se trata de su sangre.- Dijo haciendo un gesto para que Syra lo acompañara en su almuerzo.
- ¿Quieres decir que tú ya esperabas que el Rey se volvería en contra vuestra?. – Contestó Syra rechazando con otro gesto su invitación a sentarse.
- Desde luego que sí. Conozco muy bien al Rey, y sería estúpido por mi parte si no conociera exactamente cuales iban a ser sus reacciones. – Exclamó Kabark mientras elegía otro alimento más para echarse a la boca.
Syra lo miró con incredulidad. La forma de actuar de Kabark la estaba poniendo furiosa.
- ¿Es que no lo entiendes?. A mi modo de verlo, la única razón por la que el Rey le ha concedido todo el poder a Vegeta, es porque éste le ha proporcionado alguna prueba que demuestra que lo que ocurrió con el laboratorio fue planificado. Y Vegeta no parará hasta descubrir quien lo hizo..y entonces...será nuestro fin... – Dijo acercándose a él y poniéndose enfrente suya. Se encontraba alterada y un poco asustada.
- Tu eres la que no entiendes nada, Syra. Me da igual todo el poder que le hayan dado a tu querido esposo. Eso no va a ayudarle en nada, ni tampoco al estúpido de su padre. Esto no es más que el principio...- Contestó él alzando un poco más la voz.
- ¿De qué demonios estás hablando?. ¿Acaso has perdido el juicio?. – Exclamó ella enfrentándose a él.
Kabark se levantó de su asiento, y sin modificar su estado de ánimo, caminó hacia uno de los sofás y se sentó.
- La confusión se ha generado dentro del imperio, distintas opiniones se escuchan en la calle, incluso he oído hablar sobre algún tipo de enfrentamientos entre algunos sectores de la población. Todo está ocurriendo tal y como yo pensaba...- Dijo mientras una amplia sonrisa se esbozaba en su rostro.
- Asi que era eso...lo tenías todo planeado..sabías perfectamente que el Consejo sería relegado de sus funciones, y que con ello, se generaría una revuelta que podría acabar concluyendo en una guerra dentro del imperio..¡No sólo quieres acabar con Vegeta, sino también con el Rey!... - Dijo Syra con los ojos totalmente abiertos como muestra de su
sorpresa. – ¡Estás loco si crees que yo voy a participar en algo así!. ¡No cuentes conmigo!.- Gritó enfurecida.
- Un poco tarde para echarse atrás¿no crees, Syra?. Tu ya eres partícipe de todo desde el mismo momento en que se llevó a cabo el ataque al laboratorio...¿Acaso pensabas que yo iba a arriesgar mi posición sólo para ayudarte a vengar los cuernos que te puso tu maridito?.- Se levantó acercándose lentamente a ella. – Me estás defraudando, mi preciosa princesa...te creía mucho más inteligente...- Dijo mientras agarraba a Syra de la barbilla con intención de besarla.
- ¡No te atrevas a tocarme, maldito!.- Gritó mientras apartaba los dedos de Kabark con un manotazo. – Me has utilizado, Kabark...y no voy a perdonártelo...- Dijo clavando su más fría mirada en él.
- ¿Y qué harás, eh?...¿Sincerarte y contarlo todo?...- Comenzó a reir a carcajadas – Nunca te creerán, y aunque lo hicieran, Vegeta no dudará en liquidarte en cuanto sepa que tú participaste en la muerte de su amiguita... Será mejor que te lo pienses, Syra...no olvides que además, existe una ley que condena a la muerte a cualquier mujer que ose cometer adulterio...y tú no has sido muy fiel que digamos...- Dijo sonriendo.
Syra se sentó en un sofá, con gesto de resignación. Sus ojos aún continuaban extremadamente abiertos y su mirada se encontraba fija en un punto al azar. Kabark tenía razón. Ella estaba demasiado involucrada en todo este tema como para lograr librarse del mayor de los castigos, ya fuera por el sabotaje o por el adulterio. Pero una traición a la Corona, al Rey, a su raza...era algo en lo que ella jamás pensó ni tampoco imaginó que Kabark, el más fiel consejero del Rey, resultara ser la mayor amenaza para todo el imperio. Estaba completamente perdida...ya no había vuelta atrás...
- Vamos...Syra...anímate. No tienes de qué preocuparte...si todo sale bien, tú serás una de las más beneficiadas, te lo aseguro...- Dijo Kabark sentándose a su lado.
Syra lo miró con el semblante serio y preocupado y le preguntó:
- ¿Cuáles son tus planes exactamente?...¿Y qué papel ocupo yo en todo esto? –
- Nunca he estado a favor de que Vegetasei deba estar en manos únicamente de una estúpida familia, que durante siglos se ha aprovechado de todos sus recursos tan sólo por disponer del mayor poder como guerreros. Creen que todo les pertenece, incluyendo nuestras vidas, me opongo a que con tan sólo mover un dedo puedan decidir si vivimos o morimos, si somos pobres o por el contrario ricos...La raza saiyajin no sólo comprende fuerza y vigor, si no también honor, orgullo, valor, inteligencia y muchas otras cualidades que se encuentran en cada uno de nosotros, no sólo en el Rey y su hijo, si no también en las almas de todos los saiyajins que dan su vida a diario en misiones de conquista de las que luego sólo salen beneficiados ellos...- Se detuvo para tomar un respiro – Por todo eso, la figura de la Corona debe dejar de existir. Vegetasei no necesita esa forma de gobierno, nuestro imperio puede dirigirse por sí mismo, el pueblo es quien debe decidir sobre su propio destino y la soberanía y el poder deben estar indiscutiblemente en sus manos.-
- Pero...yo formo parte de la Corona...- Dijo Syra algo intranquila.
- Si todo sale bien, querida Syra, el Consejo, único y verdadero representante del pueblo, será quien dirija Vegetasai, y ellos me designarán como principal gobernante. Y si tú estás a mi lado, obtendrás todo el poder que deseas, con la diferencia de que no habrá estúpidas leyes que puedan perjudicarte...- Concluyó el comandante comenzando a acariciar el cabello de Syra.
- ¿Y cómo vas a conseguir todo eso ahora que el Rey os ha arrebatado el poder que teníais?. – Preguntó la princesa mirándolo a los ojos.
- Ese es su gran error. Mi poder y el de todo el Consejo reside principalmente en nuestra representación del pueblo, el acercamiento que tenemos con la gente, y sobre todo, las influencias que movemos. Tanto el Rey como su hijo ignoran esos detalles, porque nunca se han preocupado de todo eso. A ojos de los habitantes de nuestro reino, el Rey y el príncipe son unos perfectos desconocidos, que tan sólo representan a una institución denominada Corona. Sienten la obligación de respetarlos y venerarlos solamente por lo que son, no por lo agradecidos que estén, y eso es un punto a nuestro favor.- Dijo Kabark.
Syra escuchaba con atención todas las palabras que pronunciaba el comandante. Tenía aún muchas preguntas sin responder, y mucho en qué pensar a partir de ahora. Decidió, sin muchas otras opciones donde elegir, continuar al lado de Kabark y observar hacia dónde les llevaría todo aquello...
Un brazo de Bulma rodeaba el torso de Vegeta mientras su cabeza reposaba tranquilamente en su pecho. El príncipe acariciaba con suavidad la espalda desnuda de la mujer mientras ambos permanecían en un absoluto silencio. Cada uno de ellos se encontraba perdido en sus propios pensamientos, tratando de buscar una explicación a su desdicha...intentando encontrar una solución a última hora para evitar separarse. Tan sólo restaban unas pocas horas para que ella iniciara su viaje hacia la Tierra llegando así al final del camino que habían recorrido juntos y que el destino les impuso.
De pronto, Vegeta notó que su pecho se humedecía levemente, sintiendo unas pequeñas gotas recorrer parte de su piel. Ella no emitía ningún sonido, únicamente las lágrimas brotaban sin cesar de sus ojos y sin gesto alguno en su rostro.
El príncipe no dijo nada...continuó en silencio, tratando de evitar que su ki se elevara animado por la rabia y la ira contenidas en su interior. Aferró una de sus manos a la cintura de ella, acercándola más hacia él, como queriendo aplacar su dolor con el calor que desprendía su cuerpo.
Escucharon que llamaban a la puerta y Vegeta preguntó con enojo, molesto por la interrupción:
- ¿Quién es? –
- Soy Nappa. ¿Puedes salir un momento, Vegeta? – oyeron decir desde fuera.
El príncipe respiró hondo, y ella se separó de él para permitirle que descendiera de la cama. Mientras él se vestía unicamente con su pantalón de combate, ella se acurrucó
hacia un lado de la cama dándole la espalda a él y a la puerta. El saiyajin frunció el ceño mientras la observaba y se dirigió a abrir.
Salió del cuarto y se encontró con Nappa que nada más verlo se percató del estado de ánimo de su príncipe..
- Vegeta...todo está listo para el despegue. Los dos hombres que se han encargado de custodiarla durante todo este tiempo serán los que la acompañen en el viaje, si a ti te parece bien – Dijo con algo de nerviosismo.
- De acuerdo. Me reuniré contigo en unos minutos en la sala de entrenamiento. Avisa a los dos soldados que vengan a recoger a Bulma en un par de horas. – Contestó Vegeta haciendo ademán de abrir la puerta. Nappa asintió y se marchó.
Cuando entró de nuevo, se fijó en la cama vacía. Escuchó el ruido de la ducha y se dirigió hacia el cuarto de baño. Ella, mientras enjabonaba su piel, logró oir el sonido de los pasos acercándose, y preguntó:
- ¿Cuánto tiempo falta? –
Vegeta se detuvo frente a la bañera, observando la silueta femenina a través de las finas cortinas que los separaban visualmente.
- Vendrán a buscarte en un par de horas..- Contestó sin dudarlo.
- Creí que tú me acompañarías hasta la nave...- Dijo ella apesadumbrada.
- No podemos arriesgarnos a que nos vean juntos. – Hizo una pausa.- Estaré allí cuando llegues.- Repuso Vegeta mientras se apoyaba en la pared con los brazos cruzados.
Ella no dijo nada y continuó con la ducha. A los pocos segundos, Vegeta decidió salir del cuarto de baño evitando así encontrarse con el cuerpo desnudo de la mujer, y que inevitablemente le conduciría a aferrarse a él de nuevo, tratando de que nada le pudiera separar del suyo. Muy a su pesar, la decisión estaba tomada y no había otra alternativa...
Tras unos cuantos minutos, ella salió del baño con una toalla cubriendo su cuerpo y otra anudada en su cabello. Vegeta, al verla, se acercó hacia su posición y después de enfrentar sus miradas durante unos instantes, pasó por su lado y se introdujo en el cuarto de baño para tomar una ducha él también.
Cuando salió del baño, ella ya estaba vestida y se encontraba guardando sus pocas pertenencias en una maleta. Mientras se vestía, observaba como Bulma doblaba cuidadosamente aquellos trajes que él le entregó el día de la demostración del prototipo. Sonrió al recordar lo hermosa que estaba aquél día, el mismo día que Raditz intentó violarla y que él evitó que lo hiciera...Fue la primera vez que ella estuvo en peligro por su culpa, y después surgieron las demás...Si no fuera por él, ella seguiría trabajando tranquilamente en el laboratorio de forma completamente normal, realizando lo que más le gusta: su trabajo como científica. Si tan sólo no se hubiera encaprichado de ella desde un principio, si no la hubiera sacado de su anonimato...incluso..si jamás la hubiera conocido, probablemente ella no hubiera tenido que pasar por todo eso...
Agarró la armadura de forma violenta, maldiciéndose por tener que renunciar obligatoriamente a lo más importante de su vida, enfureciéndose por no poder evitarlo, sintiendo como su alma se desgarraba por dentro, temiendo que llegara el momento en que sus ojos la observaran por última vez. Sin poder evitarlo, su ki comenzó a elevarse con rapidez.
Ella lo notó enseguida, y se asustó un poco al verle así...le recordó a aquél día en que sus ojos contemplaron toda la ira del príncipe descargar sobre la persona de Raditz..
- Vegeta...- Susurró ella con lágrimas en los ojos.
El se volvió a mirarla, mientras su corazón y su respiración se aceleraban.
- Tengo...que irme...- Dijo con la voz entrecortada y bajó la mirada. – Te...veré luego..- Se colocó la armadura y salió con rapidez de la habitación.
Bulma se dejó caer de rodillas al suelo, volviendo a dejar descender varias lágrimas por sus mejillas. Comprendió enseguida la actitud de Vegeta, sabía que él no quería que ella le viera sufrir de esa forma, su orgullo le impedía derrumbarse ante ella, probablemente deseaba que ella le recordara tal y como es, orgulloso y altivo, poderoso e invencible. Así era el príncipe de los saiyajins...el hombre del que ella se enamoró perdidamente...y al que en muy poco tiempo iba a perder para siempre...
Pasadas casi dos horas más, Vegeta se encontraba en la sala de despegue acompañado por Nappa. Los dos hombres conversaban sobre los detalles del viaje y comprobaban que todo estuviera en orden.
De pronto, entraron a la sala Bulma y los dos soldados que la acompañarían durante el trayecto. Uno de ellos portaba la maleta de la mujer y, después de saludar con respeto al príncipe, se dirigieron hacia el interior de la nave para dejar allí el equipaje.
Bulma se acercó hacia donde estaban el príncipe y Nappa y, con la tristeza reflejada en su rostro, clavó sus azules ojos en los de Vegeta. Se quedaron en silencio, mirándose el uno al otro, y Nappa, sintiéndose ignorado, se apresuró a decir:
- Voy a darles a los dos soldados las últimas instrucciones para el viaje..- Dijo mientras se dirigía hacia la rampa de subida.
- No tienes de qué preocuparte, Bulma...El viaje será tranquilo y, según nuestros cálculos, llegarás a la Tierra en unos quince días aproximadamente. – Se aventuró a decir Vegeta.
- ¿Y qué haré cuando llegue allí?...¿Cómo crees que podré llevar una vida normal?. La Tierra es ahora una de vuestras colonias...- Preguntó la mujer algo inquieta.
- Todo está previsto. Mis dos soldados te protegerán y se quedarán allí hasta que no exista ningún peligro. Te instalarán allí y vivirás como una terrícola más. La Tierra se encuentra bajo mi tutela y es una de las colonias donde el control sobre los nativos es mínimo, puesto que no representáis ninguna amenaza. La mayoría de los terrícolas trabajan para nosotros explotando los recursos de los que dispone el planeta, y al
parecer, no existen apenas disturbios entre la población y mis hombres. Pero aún así, es mucho mejor ser precavidos...Toma. – Dijo mientras le entregaba una pequeña tarjeta electrónica. – Aquí se encuentran los códigos que dan acceso a la base de datos del ordenador central de la Tierra que contiene todos los registros referentes a los terrícolas. –
Bulma lo miró extrañada y después comenzó a observar la tarjeta.
- En cuanto llegues, y confiando en tus habilidades, debes modificar tus datos y borrar todo lo relacionado con tu traslado a Vegetasei. Cambia por completo tu identidad, y añade registros que indiquen que nunca abandonaste la Tierra y que trabajas allí en cualquier sitio que se te ocurra. ¿Lo has entendido, Bulma?. – Concluyó el príncipe.
- De acuerdo..- Dijo ella algo afligida.
El príncipe acarició suavemente su rostro, y le dijo:
- Vamos, te acompañaré al interior de la nave. –
Nada más subir, Vegeta la condujo hasta el pequeño cuarto donde ella se instalaría. El mobiliario tan sólo se componía de una cama no muy grande, una mesilla y un armario que serviría para guardar su equipaje. El príncipe, cerró la puerta de la habitación para no ser molestados, y se acercó a ella...Su respiración se agitaba y el ritmo de su corazón se aceleraba cada vez más...
- Bulma...muchas veces te he escuchado decirme que..me amabas...y yo nunca... pronuncié esas palabras porque...bueno, aún no sé porque no lo hice...pero quiero que sepas, mujer...que yo...daría mi vida por salvar la tuya sin dudarlo...que nada ni nadie ha sido tan importante para mí como tu lo eres...y que torturaré hasta la muerte a aquellos que han provocado separarte de mí...- Dijo Vegeta con seriedad.
Ella se echó a sus brazos llorando amargamente, y él la apretó con fuerza contra su cuerpo.
- Te amo, Vegeta, príncipe de los saiyajins...Nunca te olvidaré...- Le susurró entre sus llantos.
- Ni yo a ti, mujer terrícola...Bulma...- Contestó él sin soltarla de su abrazo.
Ella se incorporó un poco y sus labios se unieron en el beso más apasionado que jamás se dieron.
Cuando finalizó el beso, escucharon el ruido de los motores de la nave en funcionamiento que indicaban que el despegue estaba a punto de realizarse.
Se separaron de su abrazo sin desearlo, y Vegeta, caminó hacia la puerta con desgana. La abrió, y dirigiendo una última mirada hacia ella, salió del cuarto luchando consigo mismo...
Descendió por la rampa con pasos lentos, con la mirada baja...Cuando llegó abajo, se separó un poco de la nave y observó a Nappa colocarse a su lado.
La nave comenzó a despegarse del suelo y los dos hombres seguían con atención todo el proceso. Vegeta sentía morirse por dentro, el dolor en su pecho apenas le dejaba respirar, sus puños se cerraron con tal fuerza que los músculos de sus brazos se tensaron al máximo. De repente, notó la mano de Nappa postrarse sobre su hombro y lo miró. Después, volvió a observar cómo la nave se elevaba cada vez más rápido hasta que cogió velocidad y acabó desapareciendo entre las estrellas que iluminaban el cielo de Vegetasei...
Se quedó unos segundos más allí parado...Ahora entendía el motivo por el que durante siglos su raza había renegado de sentimientos como el amor...La verdadera razón era el miedo...el temor al dolor...al dolor tan intenso, que ni la peor de las enfermedades o la más grave de las heridas, pudiera provocar. Ni con la mayor y más poderosa de las energías, ni con la más privilegiada de las inteligencias, ni con el más grande de los poderes, se consigue eliminarlo, ni tan siquiera apaciguarlo un poco. Nada puede hacer más daño, que el hecho de perder lo que amas y saber que jamás podrás recuperarlo...
Quizás el tiempo logre conseguir olvidar y borrar cualquier vestigio de ese sufrimiento, no lo sabía aún, pero si no fuera así, tan sólo le quedaba resignarse y vivir con ello durante el resto de su vida...
Volvió su rostro hacia el saiyajin que tenía a su lado y le dijo con frialdad:
- Nappa, vayamos a dormir. A partir de mañana, tenemos mucho trabajo que hacer. -
El enorme saiyajin asintió y comenzaron a caminar uno al lado del otro dirigiéndose hacia la salida.
Aquella noche, Vegeta durmió en la antigua habitación que compartía con Bulma. Tardó bastante en dormirse, rodeado de recuerdos e imágenes que pasaban sin cesar una tras otra por su mente. Al final, el cansancio y la tensión acumulada de las últimas horas hicieron su efecto y logró descansar al menos el tiempo suficiente como para poder recuperar sus energías.
El siguiente día transcurrió con normalidad. En cuanto a las investigaciones, a media tarde se supo que todos los cuerpos encontrados en el antiguo laboratorio ya habían sido identificados y se correspondían exactamente con la lista de trabajadores de las que disponía Vegeta. Tal y como sospechaban, no se encontraron restos de aquel joven del que habló Bulma, con lo que la idea de un sabotaje era ya una realidad. Lo malo es que ella era la única persona viva que conocía su existencia, con lo cual, aquello no le sirvió a Vegeta como prueba para convencer a su padre.
Antes del anochecer, decidió que necesitaba liberar tensiones y se dirigió a entrenar junto con Nappa y otros soldados de su escuadrón.
Al término de la sesión, se encaminó a las duchas seguido de Nappa, el cual procuraba evitar sacar cualquier tema de conversación que tuviera que ver con Bulma, y trataba de distraer a su príncipe relatándole con detalle las últimas noticias que llegaban de algunas
de las colonias y que parecían no causar mucho interés en Vegeta, quien se mostraba pensativo y ausente...
- Vegeta...hiciste lo correcto.- Dijo Nappa. – No había otra solución. –
Esas palabras lograron sacar al príncipe de sus pensamientos y, volviéndose hacia Nappa, contestó:
- Lo sé...Por cierto...mañana ven a buscarme a mis aposentos en palacio. A partir de esta noche, dormiré allí. –
Nappa se sorprendió al escuchar aquello y levantó sus dos cejas en señal de su asombro. Justo cuando iba a hablar, fue interrumpido por Vegeta:
- Antes de que digas nada...quiero que sepas que no es una decisión mía. Se lo prometí a mi padre. El cree, al igual que todo el mundo, que Bulma ha muerto y no encontré ningún motivo que me hiciera rechazar su propuesta, aunque desde luego hay muchos, pero ninguno válido para él. – Dijo algo enfurecido.
- De acuerdo. Mañana iré a buscarte a la misma hora de siempre. – Contestó Nappa.
Pasadas unas dos horas, Syra entró en sus aposentos, y se sorprendió al ver luz en el dormitorio. Pensó que alguna esclava dedicada al servicio se la dejó encendida y se dirigió hacia allí. Cuando cruzó el umbral de la puerta, se quedó atónita al descubrir a Vegeta tumbado en la cama con los brazos cruzados por detrás de la nuca y vestido con tan sólo unos boxer.
El príncipe frunció el ceño al verla y dijo:
- No sé por qué te sorprendes de esa forma, Syra. Estos siguen siendo mis aposentos...¿o quizás es que esperabas ver a otra persona? – Dijo de forma irónica.
Syra abrió aún más los ojos y su corazón dio un vuelco al escuchar esas palabras. ¿Acaso Vegeta la había descubierto?...No...si fuera así, no hubiera dudado en matarla nada más verla. En cambio, ahora se le veía tranquilo...no..además era imposible que lo supiera...Caminó hacia el armario, dándole la espalda a Vegeta para que no notara su inquietud y contestó:
- Muy gracioso, Vegeta. Al menos en esta ocasión dejas salir a la luz tu sentido del humor, a diferencia de la última vez que estuvimos juntos..- Dijo ella recordándole aquella ocasión en la que Vegeta la humilló y la forzó sexualmente.
El príncipe rememoró ese momento y se maldijo a sí mismo. Aún no entendía cómo pudo comportarse de esa forma.
- No te preocupes, mujer. Solo voy a dormir aquí y no tengo intención alguna de tocarte – Contestó mientras se introducía entre las sábanas y se tumbaba volviéndose hacia un lado de la cama.
Syra terminó de desvestirse y se puso el habitual camisón que usaba para dormir. Se acercó a la cama, apagó la luz, y se acostó tumbándose hacia el lado contrario del príncipe, dándose la espalda mutuamente.
Aún estaba sorprendida por la presencia de Vegeta allí...debería estar molesta por encontrarle en su cama, ofendida por ser humillada nuevamente, pero no era así...En el fondo, le agradaba volver a sentirle a su lado, recuperar lo que por derecho es suyo y nunca debió pertenecerle a otra hembra, porque ella es su esposa, su única y verdadera mujer. Quizás hoy, él no la deseara, pero estaba segura de que su marido no aguantaría mucho tiempo más sin sucumbir ante sus encantos...Sonrió con satisfacción.
De pronto, recordó los planes de Kabark. Aquellos argumentos le parecieron totalmente descabellados y sin ningún fundamento. ¿Acaso era lo mismo ser reina de Vegetasei, que ser la compañera de un gobernante que carece de título alguno?. De ningún modo iba a cambiar su estatus por esas estúpidas ideas sobre la voz del pueblo. No tenía más remedio, por ahora, que hacerle creer que estaba de acuerdo con él. Pero en cuanto recuperara la confianza de Vegeta por completo, le haría saber todo lo que se estaba tramando a sus espaldas. Al fin y al cabo, no existía ninguna prueba que la relacionara con lo que ocurrió en el laboratorio, ni tampoco de sus encuentros sexuales con Kabark y con Raditz. Estaba segura de que Vegeta la creería a ella antes que al comandante. Por fin, las aguas volvían a su cauce...
La respiración del príncipe la sacó de sus pensamientos y comprobó que él ya se había quedado completamente dormido. Se giró hacia el otro lado, lo abrazó con uno de sus brazos y apoyó la cabeza en su espalda. Cerró los ojos sonriendo, y al poco rato, sucumbió ante el sueño...
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
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