Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 18
Unas palabras que lo dicen todo
Al día siguiente, Vegeta comenzó a abrir los ojos lentamente mientras se percataba de que Syra tenía uno de sus brazos rodeando su torso y su cabeza apoyada en el pecho de él. Se maldijo a sí mismo cuando descubrió también que uno de sus brazos permanecía apoyado sobre la espalda de ella. No recordaba el momento en que adoptaron esa postura ni tampoco si había existido otro tipo de contacto más íntimo entre ellos esa noche...pero al momento, se percató de que no estaban desnudos, lo que indicaba claramente que la cosa no había pasado a mayores, y se sintió aliviado por ello. Esa situación se le hacía bastante incómoda al príncipe y empezó a librarse de ella, con cuidado para no despertarla. Lo único que deseaba en ese momento era ducharse y marcharse de allí lo antes posible. Se levantó gruñendo por dentro y se dirigió directamente hacia el cuarto de baño.
Mientras se duchaba, decidió que a partir de ahora, se iba a asegurar de llegar a la habitación cuando ella ya se encontrara dormida, y también de despertarse mucho antes de que ella lo hiciera. Estaba dispuesto a evitar cualquier tentación con su todavía esposa, sin importarle que al día siguiente tuviera que tomar la ducha un poco más fría de lo habitual. Y si eso no fuera lo suficiente como para calmar sus hormonas, tal vez visitaría de vez en cuando su harén antes de dirigirse a sus aposentos.
A los pocos minutos, salió del cuarto de baño para terminar de ponerse su uniforme de combate. Mientras se vestía, escuchó la voz de Syra a sus espaldas:
- Buenos días, Vegeta..-
El príncipe no contestó y continuó su tarea sin mirar siquiera hacia la cama.
- ¿Has dormido bien esta noche?.- Siguió diciendo la mujer, esta vez con un tono algo irónico.
Vegeta, al escuchar la pregunta, terminó de ponerse la camiseta, se acercó un poco hacia la cama y dijo:
- Hubiera dormido mucho mejor si tú no estuvieras a mi lado, mujer.- Exclamó con la mayor frialdad mientras clavaba sus negros ojos en ella. – Y será mejor que no olvides que todavía estoy dispuesto a anular mi matrimonio contigo, porque nunca¿lo oyes?, jamás llegarás a ser reina de Vegetasei...-
Syra se incorporó, quedando sentada sobre la cama y contestó:
- ¿Sabes una cosa, Vegeta?...Todavía no entiendo por qué desde que nos casamos te comportas así conmigo...Nunca me has dado una explicación, ni siquiera un motivo por el cual me odies de esa forma..- Dijo alzando la voz.
- No intentes ir de víctima ahora, no te pega en absoluto, Syra. Tal vez actuar así te funcione con mi padre, pero no conmigo. – Contestó poniéndose la armadura.
En ese mismo instante, Nappa llamó a la puerta y se identificó como tal. Vegeta se dirigió hacia allí y salió a toda prisa de la habitación sin darle la oportunidad a Syra de contestar siquiera.
Pasaron dos semanas más y la nave en la que viajaban Bulma y los dos soldados saiyajins estaba a punto de aterrizar sobre la Tierra. Durante la mayoría del trayecto, la mujer sólo salía de su pequeña habitación para comer y casi no había cruzado palabra alguna con sus dos acompañantes.
La nave tomó contacto con la tierra en uno de los lugares destinados para ello y que los saiyajins construyeron como zona de operaciones para sus naves espaciales. Allí despegaban y aterrizaban toda clase de vehículos espaciales, ya fueran de combate o de transporte. Alrededor de aquél amplio recinto, se dispersaban una serie de pequeños edificios en los que trabajaban la mayoría de los saiyajins que quedaron allí después de la conquista. En aquél lugar se controlaba todo lo que sucedía en la Tierra, y donde se ubicaban las centrales de comunicaciones, de transporte y de supervisión de la colonia. .
Nada más bajar de la nave, salieron a recibirles otros saiyajins, los cuales parecía que les estaban esperando. Después de algunos trámites a los cuales Bulma no prestó mucha atención, los dos hombres que habían viajado con ella la condujeron hasta una pequeña estancia repleta de ordenadores. Ella comprendió enseguida y se sentó al frente de uno
de ellos. Sacó de uno de sus bolsillos la tarjeta que Vegeta le entregó y se puso a trabajar. A los pocos minutos, y mientras uno de los soldados vigilaba la entrada, logró tener acceso a la base de datos de los habitantes de la Tierra, y se puso a buscar su ficha. En cuanto la encontró modificó sus datos tal y como el príncipe le dijo y cuando terminó, los tres salieron de allí caminando sin pronunciar palabra alguna.
Pasado el rato, llegaron a un lugar donde después de cruzar unas palabras con otros soldados, se subieron los tres a un vehículo de transporte, y se alejaron de allí.
En el trayecto, Bulma se decidió entonces a preguntar:
- ¿Dónde nos dirigimos ahora?. –
El saiyajin de más edad contestó:
- Creo que vosotros los terrícolas le llamáis la ciudad del Oeste. –
Bulma se quedó callada un instante. Le parecía increíble que fuera a ver de nuevo la ciudad donde nació y creció. Recordó con amargura la última imagen que tenía de ella, casi destruída por completo.
- ¿Y cómo es que ninguno de los saiyajins con los que nos hemos topado se ha extrañado de veros llegar con una mujer terrícola?.- Preguntó extrañada.
- A ellos solo les interesaba la mercancía que hemos transportado hasta aquí, y en cuanto la han comprobado, no han prestado atención a tu presencia. Todo ha salido tal y como el príncipe lo planeó. Probablemente, han pensado que eres nuestra esclava.- Contestó el hombre.
- ¿Y qué mercancía es esa?. – Exclamó Bulma con curiosidad.
- Un mineral que llevaban reclamando durante bastante tiempo. Al parecer en la Tierra no existe ninguno que pueda sustituirlo. Es fundamental para la reparación y manutención de todo tipo de maquinaria. – Dijo el otro hombre.
Enseguida Bulma se dio cuenta de que se trataba de aquél que ella misma descubrió y aprovechó sus excelentes propiedades para lograr más y mejores avances en las naves de combate saiyajins. Vegeta, muy inteligentemente, había aprovechado uno de los viajes de transporte de dicho mineral para introducirla a ella en la Tierra sin despertar sospechas. Ahora, ella no podía defraudarle. Su nueva vida comenzaba a partir de este momento, ya que, Bulma Briefs había muerto en aquella explosión...y su nueva identidad comenzaba a abrirse paso...
Mientras, en Vegetasei, el Rey y Vegeta se encontraban reunidos. La tensión se notaba en el ambiente y mientras que el príncipe se mantenía apoyado en la pared en su posición habitual, su padre en cambio, caminaba de un lado a otro en un intento de calmar sus nervios.
- Está decidido, Vegeta. Mañana mismo ordenaré que el Consejo regrese de nuevo a sus funciones. – Exclamó el Rey sin dudar.
- Aún no es el momento, padre. Necesito más tiempo. – Repuso Vegeta.
El Rey se detuvo al escucharle y, completamente furioso, se dirigió mirándole fríamente:
- ¿Más tiempo para qué?...Ya han transcurrido casi veinte días y aún no me has traído una sóla prueba que demuestre tu teoría sobre una traición. Asume de una maldita vez que lo que ocurrió fue un estúpido accidente. –
- ¡Eso nunca!. Tal vez no pueda probarlo, pero se exactamente lo que pasó allí. Dame más tiempo y te lo demostraré. – Dijo Vegeta alzando la voz.
- ¡Ya basta!- Gritó el Rey enfurecido. - ¿Es que no te das cuenta de lo que está ocurriendo?. Vegetasei se está dividiendo...los pilares de nuestro imperio comienzan a derrumbarse y no voy a permitirlo¿lo entiendes?. Todos los días se producen enfrentamientos en las calles, la paz que reinaba en nuestras fronteras se está desmoronando. El hecho de haber destituido al Consejo ha enfurecido a un amplio sector de la población que creen que les hemos defraudado. Se acabó, Vegeta...Confié en ti, te di todo mi apoyo...pero ya no puedo aguantar más la presión...-
Vegeta se quedó en silencio unos segundos tratando de asimilar las palabras de su padre. Tenía razón para estar furioso y él también lo estaba...furioso y frustrado. Había puesto todo su empeño en tratar de localizar a los traidores, en averiguar sus identidades, pero todo había sido en vano. No quería rendirse, es más, él jamás se rendía, pero la situación era insostenible...Si no se le devolvía el poder al Consejo, pronto se desencadenaría una guerra entre la población de Vegetasei...
- De acuerdo. Haz lo que debas hacer. Lo único que te pido es que al menos no permitas que ninguno de esos estúpidos metan la narices en mis asuntos, porque no dudaré en eliminar a cualquiera que intente hacerlo. – Dijo el príncipe de forma amenazante.
- Estoy seguro de que ellos mismos saben a lo que se exponen si se atreven a ello.- Contestó el Rey.
Vegeta se dirigió hacia la puerta con ánimo de marcharse, pero antes de hacerlo, se volvió para decir:
- No voy a cesar en mi empeño de destapar la verdad, y lo sabes. Llegaré al final de este asunto, padre, aunque ello me cueste la vida...- Y se marchó dejando allí al Rey convencido de que su hijo hablaba completamente en serio.
Caminó por los pasillos de palacio sin rumbo fijo, con la ira reflejada en su rostro, en su forma de andar. Se maldecía una y otra vez por no lograr sus objetivos, por no encontrar el modo de aplacar ese dolor que lo invadía por dentro. ¿En qué estaba fallando?. Tenía que haber algo que se le había pasado por alto...¿pero qué?. En un principio creyó que le resultaría fácil..pero ahora...ahora estaba empezando a perder la confianza. ¿Qué podía hacer¿olvidarlo tal como su padre le había dicho¿asumir falsamente la idea de un acto fortuito?...!No!...Eso sería rendirse. De ninguna manera iba a dejar impunes a aquellos que osaron desafiarle. Ahora estaba demasiado centrado en todo ello...tal vez despejar su mente durante un rato le ayudaría a retomar el tema después con mejores resultados..
Se dirigió hacia el bar. Un par de copas y algo de conversación con algunos de los hombres de su escuadrón, lograrían distraerle durante lo que quedaba del día. Estaba seguro de que mañana vería las cosas con mucha más claridad.
Al anochecer, entró en sus aposentos y se quitó la armadura arrojándola despreocupadamente encima de los sofás que adornaban la estancia. No tenía ganas de dormir aún y se dirigió hacia la pequeña barra de bar dispuesto a tomarse una última copa.
Syra salió del cuarto de baño después de darse su ducha habitual antes de acostarse. Encaminó sus pasos hacia el armario para ponerse el camisón, y justo antes de despojarse de la pequeña toalla que cubría su desnudez, escuchó un ruido proveniente del salón. Se dirigió hacia allí, y descubrió a Vegeta apoyado en la barra y sirviéndose un whisky. Los ojos de él se posaron en ella durante unos segundos. Sin darse cuenta, había regresado a sus aposentos mucho antes de lo previsto y ella aún no estaba dormida.
Syra se quedó parada en el umbral de la puerta y dijo:
- Vaya...al parecer no has tenido un buen día...- Sonrió. - ¿Te importaría servirme una a mí?, creo que yo también necesito un trago..-
El príncipe la miró indeciso, pero después pensó que no tenía ganas de escuchar sus quejas, asi que, sacó otro vaso y comenzó a llenarlo.
Syra se acercó hacia su posición y Vegeta no pudo evitar dirigir su mirada hacia el escote que provocaba la toalla anudada en el pecho de la mujer. El cabello de ella todavía estaba húmedo y algunas de las gotas que resbalaban de él descendían lentamente desde su cuello hasta perderse de vista entre la hendidura formada entre sus senos y la toalla.
La mujer cogió el vaso, le dio un pequeño sorbo y le miró a los ojos. Después, caminó hacia la puerta del dormitorio, dándole la espalda, y se adentró en él.
Vegeta no perdió detalle a ninguno de sus movimientos, fijándose atentamente en sus muslos y piernas y en la forma en que se movían sus caderas al andar. De repente, sintió como la temperatura de su cuerpo comenzó a elevarse. Agarró su vaso aún lleno y se lo bebió de un trago. Lo posó con algo de fuerza sobre la madera de la barra y, con la botella en la mano, se encaminó hacia el dormitorio siguiendo los pasos de Syra.
La encontró apoyada en una de las paredes frente a la cama, tomando un nuevo trago de su bebida. Vegeta, se acercó a ella, le arrebató el vaso y lo tiró al suelo rompiéndose en mil pedazos.
- ¿Por qué diablos has hecho eso? – Dijo ella sorprendida por la acción del príncipe.
- Porque es más cómodo beber directamente de la botella¿no crees? – Contestó él mostrándosela.
Syra se la arrebató con furia y, después de mirarle fríamente, la dirigió hacia sus labios tomando un gran trago. Después, se la ofreció a él con una sonrisa irónica. Las miradas de ambos eran desafiantes, como si se tratara de dos enemigos a punto de iniciar una batalla. Vegeta cogió de nuevo la botella y bebió de ella de una sola vez hasta dejar el contenido por debajo de la mitad.
Ella intentó quitársela de nuevo, pero el príncipe lo evitó esquivándola. Volvió a intentarlo de nuevo sin éxito y empezó a enfurecerse. Vegeta comenzó a reir a carcajadas y dijo:
- ¿Quieres más?...no te preocupes, hay suficiente todavía para los dos...- Y de un solo gesto, la empujó hacia la cama, logrando que cayera sobre el colchón.
Syra se incorporó un poco ayudada por sus brazos y observó a Vegeta sentándose a su lado y sin soltar la botella. Intentó arrebatársela de nuevo, pero no lo consiguió. El príncipe volvió a reir y le dijo después:
- No..mujer...así no...Será mejor que sea yo quien te dé de beber...Vamos...abre la boca..- Volvió a mostrar de nuevo su más irónica sonrisa.
Ella le obedeció cerrando los ojos y el príncipe acercó la botella a sus labios, observando cómo parte del líquido se vertía en el interior y el resto descendía desde su boca, resbalando por su cuello y perdiéndose entre la toalla y sus pechos. Al instante, Vegeta se detuvo, y frunciendo el ceño, asió la toalla y la arrojó fuera de la cama. Syra dio un pequeño respingo y abrió los ojos. Vegeta, después de observar con lujuria cada detalle del cuerpo desnudo de Syra, volvió a repetir el proceso de antes, excitándose mientras contemplaba cómo el líquido recorría cada centímetro de la piel de la mujer...Sin pensárselo más, acercó su boca a la de ella y bebió el líquido que sobresalía por sus labios. Después, comenzó a descender por su cuello, recorriendo el mismo camino que el whisky hizo, llegando a su pechos, los cuales lamió y saboreó por todas partes, succionando los pezones que se encontraban erguidos al máximo. Continuó por su vientre, sin dejar ni rastro del líquido a su paso.
Syra echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y comenzó a gemir mientras relamía sus labios.
En un momento en que Vegeta se detuvo, ella se incorporó de nuevo y le quitó la botella sin que él opusiera ninguna resistencia esta vez. Deseaba hacerle lo mismo a él, quería beber de su cuerpo tal y como él hizo con el suyo, pero cuando se disponía a hacerlo, Vegeta agarró sus muñecas y la empujó hacia atrás con violencia, quedando totalmente tumbada encima del colchón. Soltó sin querer la botella y ésta cayó al suelo, rodando por debajo de la cama y derramándose todo el líquido que quedaba en su interior.
- ¡Oh!..qué lástima...has echado a perder lo que quedaba de whisky.- Dijo Syra para inmediatamente después comenzar a reir a carcajadas, presa de la excitación y del efecto del alcohol. El príncipe aún mantenía su agarre y la miraba fijamente con seriedad.
- Ya estás demasiado borracha, mujer. – Contestó él.
Ella dejó de reir y le devolvió la mirada.
- ¿Si?..¿y qué?..tú también lo estás...- Repuso ella. De pronto, marcó una sonrisa lujuriosa en su rostro y dijo: - Vamos...¿a qué esperas?...hazlo de una vez...fóllame como sólo tú sabes hacerlo...-
Vegeta la soltó y se deshizo de su ropa. Agarró las piernas de ella y las elevó separándolas y colocándolas sobre sus hombros mientras la penetraba de una sóla vez. Después apoyó sus propias manos en el colchón, una a cada lado del cuerpo de la mujer, y con los brazos completamente estirados, comenzó sus embestidas, regulando con destreza el movimiento. Syra gemía y jadeaba sin parar, notando como el miembro masculino invadía su intimidad de forma absoluta. Debido a la postura, sus rostros se encontraban enfrentados pero a distancia, sin llegar a tener contacto el uno con el otro.
Vegeta entraba y salía de ella de forma casi salvaje, haciendo presión con sus manos apoyadas en la cama y tensando al máximo sus poderosos bíceps..
- Siii...siii...¡oh, Vegeta!...necesitábamos esto...- Exclamó Syra entre jadeos.
El saiyajin disfrutaba observando el completo domino que ejercía sobre ella, ofreciéndola una amplia demostración de fuerza y virilidad, y visualizando en su rostro los inequívocos gestos de excitación que le indicaban que no tardaría en llegar al clímax, al igual que él.
A los pocos segundos, el cuerpo de la mujer se tensó por completo, arqueó su espalda y gritó con desesperación. El intenso orgasmo femenino provocó que los músculos de su vagina se contrajeran apretando aún más el pene del hombre, lo que le llevó a soltar un gemido de placer encaminándole hacia el éxtasis, al cual ya no pondría ninguna resistencia. Aumentó el ritmo, completamente dominado por la lujuria y el deseo, comenzando a experimentar esa inconfundible sensación, liberando su mente de cualquier otra cosa que no fuera el placer...Dejó que el orgasmo lo envolviera por completo, y después jadeó, mientras su semen se derramaba dentro del cuerpo femenino, y poco después, se derrumbó encima de ella, respirando con dificultad y tratando de recuperar poco a poco el aliento...
A la mañana siguiente, el príncipe se despertó antes que su acompañante, y después de asimilar lo ocurrido la noche anterior, malhumorado, se dirigió a la ducha con ánimo de despejarse y tratar de aliviar la presión que sentía en su cabeza debido a la resaca producida por el alcohol.
Allí, bajo el agua, y con sus manos apoyadas en la pared con los brazos extendidos, comenzó a trabajar su mente.
- ¡Maldita sea! – Dijo mientras uno de sus puños golpeaba el muro que tenía frente a sí, dominando la fuerza del impacto para no derribarlo.
- ¿Cómo he podido ser tan estúpido?.- Exclamó enfurecido.
Se quedó allí unos cuantos minutos más maldiciéndose a si mismo.
De pronto, le vino a la mente una de las frases que Syra pronunció esa misma noche: "fóllame como sólo tú sabes hacerlo..."
Meditó sobre ello durante unos segundos, y después, salió, se vistió y se marchó de sus aposentos caminando con rapidez por los pasillos de palacio en busca de Nappa.
Se encontró con él en el camino, puesto que el enorme saiyajin se dirigía a buscarle como solía hacerlo todos los días. Nada más verlo, le preguntó sin más:
- Nappa¿continúa Syra siendo vigilada? –
El hombre lo miró extrañado notando la urgencia en el príncipe en conocer la respuesta.
- Si, claro...pero no se ha descubierto nada extraño en su comportamiento hasta ahora..¿por qué lo preguntas?. – Repuso algo confundido.
- ¿Quién la vigila y durante cuanto tiempo al día? – Volvio a preguntar Vegeta.
- Contraté a un esclavo que pertenece a su servicio personal. Los últimos informes que me dio fueron que todas las mañanas sigue la misma rutina: primero desayuna en uno de los comedores de palacio, y después se dirige hacia unas estancias donde, según me dijo, recibe de parte de varias esclavas, todo tipo de tratamientos, masajes y cuidados de su piel y cabello. Allí solo pueden entrar ella y sus esclavas y no sale de ese lugar hasta la hora de comer. Por las tardes, se dedica a controlar todos los detalles del mantenimiento de palacio, ocupándose personalmente de realizar los pedidos de suministro y también se encarga de elegir los mejores esclavos y esclavas destinados al servicio en palacio.- Contestó Nappa aun sin comprender a dónde quería llegar su príncipe.
- ¿Y siempre hace lo mismo?. ¿No hay ningún día en que se salte todo ese protocolo? – Dijo Vegeta algo nervioso.
- Pues..no sé...creo que en algunas ocasiones esporádicas, por la tarde, después de terminar su trabajo, regresa de nuevo a ese lugar que antes te he dicho, ya sabes, el salón de belleza, y se queda allí hasta casi el anochecer. – Respondió el enorme saiyajin observando cómo Vegeta se quedaba en silencio, pensando. – Bueno...¿vas a decirme ahora a qué vienen todas estas preguntas? – Exclamó.
El príncipe le miró directamente a los ojos y le dijo:
- Estoy casi convencido de que Syra ha estado manteniendo relaciones sexuales con alguien durante el tiempo en que yo estuve con Bulma, y es muy probable que aún continúen. -
Nappa se quedó helado al escucharle. ¿De dónde había sacado ahora esa idea?. El príncipe nunca dejaba de sorprenderle.
- ¿Estás seguro de eso?. ¿Cómo lo sabes?. – Preguntó sin salir aún de su asombro.
Vegeta sonrió soltando una pequeña carcajada, y contestó:
- Al parecer...el alcohol no es su mejor aliado a la hora de mantener la boca cerrada..-
- ¿De qué hablas, Vegeta?. Explícate...- Repuso Nappa ansioso porque su príncipe le sacara de dudas.
- Ayer nos emborrachamos y terminé acostándome con ella. En un momento de la noche, ella pronunció una frase que la delató, a la cual no presté atención hasta que no la recordé esta mañana.- Relató Vegeta.
- ¿Y qué fue lo que dijo? – Preguntó Nappa ingenuamente.
- Ya sabes que nunca suelo relatar detalles sobre mis relaciones sexuales, y en este caso, no haré una excepción. Sólo te diré que sus palabras fueron de lo más reveladoras. – Contestó el príncipe sonriéndole.
Nappa se quedó un poco cortado y dijo de forma torpe:
- Lo..lo siento, Vegeta. No debí preguntar eso. –
Vegeta comenzó a reir a carcajadas cuando vio el gesto de preocupación de Nappa.
- No importa..- Dijo mientras reía. -Lo cierto es que Syra no merece que yo la respete de ese modo, por lo que tal vez algún día te lo cuente...- De pronto, se puso serio de nuevo y dijo: - Escucha, Nappa, esto es lo que quiero que hagas: Elimina a ese esclavo que mandaste que la vigilara, puesto que es bastante posible que ella lo haya descubierto y lo esté obligando a darnos informaciones incorrectas. Después, ordénale lo mismo a otro nuevo, preferentemente a una de las esclavas que pertenecen a su servicio personal. Al mismo tiempo, quiero que consigas un plano de ese lugar al que acude con tanta frecuencia, y asegúrate de localizar, si existe, alguna puerta trasera o alguna ventana por la cual alguien pueda salir de él sin ser visto.- Terminó de decir.
- De acuerdo. Ahora mismo me pondré con ello. – Contestó el saiyajin calvo.
- Bien. Te esperaré en la sala de combate. Quizá con algo de entrenamiento consiga librarme de la maldita resaca. – Dijo mientras comenzaba a andar en dirección opuesta a la de su hombre de más confianza.
Nappa, se quedó unos segundos pensando y dirigiéndose hacia el príncipe, exclamó:
- Vegeta...si es cierto eso que dices...¿tienes alguna idea de quien pueda ser?..
El príncipe se volvió para mirarle y contestó:
- Si te digo la verdad, no se me ocurre nadie. Lo único que sé es que el tipo debe ser un completo inútil en la cama..- Y volviendo a reir, se marchó con rapidez alejándose de un Nappa completamente desconcertado y sin comprender muy bien el motivo de por qué su príncipe se mostraba tan contento habiendo descubierto que su esposa le era infiel...
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
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