Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 19
El despertar de una nueva vida
Bulma amaneció aquella mañana en su nuevo hogar. La Tierra estaba tan diferente a como la recordaba...Hacía más de un mes que había regresado y, aunque no había salido aún de la capital del Oeste, todo parecía indicar que las otras ciudades no presentarían un aspecto mucho más diferente al que ésta tenía. Los edificios estaban prácticamente derruidos, mucha gente se había quedado sin hogar y vagabundeaban por las calles. Otros, más afortunados, fueron elegidos para trabajar para los saiyajins y, a cambio, se les proporcionaba comida y un lugar donde dormir. Aún así, muchos terrícolas empeñaban la mayoría del tiempo que les quedaba libre, para ir reconstruyendo poco a poco la ciudad tan sólo con sus manos y con algo de maquinaria que consiguieron reparar. Los saiyajins no ponían impedimento a ello, ya que, lo único que les importaba era saquear al máximo el planeta y apropiarse de sus recursos.
Cuando Bulma llegó a la ciudad, y observó aquello, decidió ayudar en todo lo posible. Pero, al no disponer de ningún laboratorio ni de ningún tipo de material científico, optó por trabajar en la otra actividad que siempre le hubiera gustado realizar: medicina. No disponía de ningún título y jamás había atendido a nadie gravemente enfermo, pero unos años atrás, hizo un cursillo de primeros auxilios y siempre se le había dado bien curar pequeñas heridas y poner vendajes.
Con la ayuda de los dos saiyajins, logró que se le admitiera como auxiliar de enfermería en el Hospital Central de la Capital del Oeste. Respiró aliviada al comprobar como el centro casi no había sufrido ningún daño y los saiyajins no mostraron ningún interés en ninguna de las máquinas y accesorios que servían para tratar de curar y sanar a los débiles terrícolas, dado que ellos no los necesitaban, debido a su resistencia y enorme fuerza.
La mayoría de las personas que trabajaban allí eran mujeres, puesto que las consideraban inútiles para realizar trabajos físicos, y no se molestaban en reclutarlas como esclavas, excepto a las que escogían para fines sexuales o a las que utilizaban como sirvientas. Las que estaban empleadas en el hospital, unas médicos y otras enfermeras, se encargaban de tratar a miles de personas, hombres, mujeres y niños, cuyas heridas y malestares habían sido producidos durante la guerra de invasión.
Allí, trabajaba día y noche, realizando las tareas propias de enfermera y siguiendo los pasos que le indicaban aquellas mujeres médicos que utilizaban todos sus conocimientos para tratar de salvar vidas.
El acceso y las entradas al hospital era vigilados continuamente por soldados saiyajins, al igual que la mayoría de los edificios importantes. Y ese día, Bulma se disponía a cruzar la puerta dispuesta a comenzar su jornada diaria, aborreciendo el modo en que aquellos hombres recorrían su cuerpo con la mirada, tal y como solían hacerlo todos los días.
Esa mañana no se encontraba bien, tenía un cierto malestar en el estómago y se sentía algo mareada, pero aun así, no faltó a su trabajo. Se sentía, en cierto modo, responsable de todo el horror sufrido en su planeta, convencida de que se había traicionado a sí
misma y a todos los terrícolas habiéndose enamorado del príncipe de aquellos seres que tanta destrucción y dolor causaban allí donde iban...
Mientras cambiaba el vendaje en la pierna a un hombre que estaba sedado, escuchó una voz femenina a su espalda:
- Bulma...¿cómo va esa herida? – Dijo la mujer de cabellos y ojos negros.
La peliazul se volvió y contestó con tranquilidad:
- Parece que ya está empezando a cicatrizar, doctora.-
- Estupendo.- Dijo sonriendo. – Si todo continúa así, muy pronto podremos darle el alta. –
De pronto...Bulma empezó a sentir naúseas y se dirigió corriendo hacia el cuarto de baño más cercano, seguida por la doctora que se preocupó al verla así.
A los pocos minutos, salió del pequeño aseo, y se encontró con la mujer que le dijo nada más verla:
- ¿Te encuentras bien?. Parece que estés enferma...acompáñame y te haré algunas pruebas..-
- No, gracias. Ya me encuentro mejor, probablemente me sentó algo mal. – Contestó Bulma respirando con algo de dificultad.
La doctora la miró con el semblante algo serio y repuso:
- Verás, Bulma...esto es un hospital..Aquí se encuentran muchas personas con las defensas muy bajas, y si se trata de algún virus, no puedo permitir que vaya propagándose por ahí...vamos, ven conmigo...-
Bulma asintió reconociendo que tenía toda la razón y la siguió. Desde el primer día en que la conoció, tuvo que admitir que la doctora ChiChi era magnífica en su trabajo, no sólo en sus habilidades como médico si no también en la forma de tratar a los pacientes, ofreciéndoles cariño y comprensión. Siempre estaba de buen humor y, casi se podía decir que vivía en ese hospital, debido a la cantidad de horas que pasaba allí. Era algo más joven que Bulma y tenía más o menos su misma estatura. Su figura era delgada y estilizada, la cual siempre estaba cubierta por aquella inconfundible bata blanca de médico. El pelo lo llevaba siempre recogido en un moño, dejando unos mechones sueltos a los lados, y sus ojos eran negros, grandes y muy expresivos.
Mientras le tomaba la tensión, Chichi comenzó a preguntarle:
- ¿Desde cuando notas ese malestar? –
- Desde hace una semana más o menos...suele ocurrir siempre por las mañanas...- Contestó Bulma con sinceridad.
- ¿Qué otros síntomas tienes además de las náuseas y vómitos? – Preguntó la doctora mientras examinaba sus ojos.
- Ninguno más, aparte de los mareos. – Repuso ella.
Chichi, entonces, se separó de ella y empezó a rebuscar en uno de los cajones de aquella sala.
- ¿Cuándo tuviste tu última regla, Bulma? – Preguntó mientras abría el envoltorio de una jeringuilla.
Bulma la miró algo confundida y contestó:
- Pues...no lo recuerdo con exactitud...hace más de un mes...no estoy segura..-
La doctora se acercó un poco hacia ella y le dijo sonriéndole:
- Bueno...supongo que sabrás que todos esos síntomas, acompañados además por el retraso de tu regla, podrían indicar claramente lo que te ocurre..-
Bulma se sorprendió un poco y, demostrando total seguridad en sus palabras, respondió:
- No. No puede ser que esté embarazada. Es imposible.-
- Aun así...es mucho mejor que salgamos de dudas¿no crees?.- Dijo mientras se acercaba aún más a ella.
- No tengo ninguna duda respecto a eso, Chichi.- Exclamó la mujer comenzando a ponerse nerviosa.
La doctora comenzó a preparar el brazo de Bulma para inyectarle la aguja y dijo:
- Voy a hacerte unos análisis, de sangre y de orina. Esperaremos a los resultados para sacar conclusiones. No te muevas...- Dijo mientras le sacaba una pequeña cantidad de sangre.
Syra observaba con la mirada fría y con desprecio a todas aquellas mujeres arrodilladas frente a ella. Le causaba repulsión ver esas expresiones de miedo y angustia reflejadas en cada uno de sus rostros y odiaba la patética debilidad que desprendían sus cuerpos y el escaso e insignificante poder de sus ki.
- Sólo lo preguntaré una vez, esclavas. ¿Cúal de vosotras se atrevió a compartir anoche el lecho del príncipe?. – Dijo con un tono de voz amenazante.
Las mujeres temblaban de pánico pero ninguna de ellas habló.
- Además de miserables...estúpidas...¿creeis que guardando silencio vais a conseguir algo útil?...¿esta es vuestra manera de protegeros las unas a las otras?...- Exclamó riendo.
Todas ellas miraban hacia el suelo, evitando encontrarse con aquellos ojos llenos de odio.
- Muy bien...vosotras lo habéis querido. Haré que os azoten a todas hasta que confeséis.- Dijo mientras se volvía para marcharse y hacía una señal a uno de los soldados.
Entonces, una de las mujeres se levantó y dijo:
- ¡No, por favor! –
Syra se giró y clavó sus ojos en ella inmediatamente. Sonrió con maldad y se fue acercando lentamente..
- Vaya...no va a ser necesaria tanta molestia por lo que veo...- Dijo deteniéndose a tan sólo unos centímetros de ella.- Exótica...debí imaginármelo...cabello dorado y ojos verdes...¿terrícola quizá?...- Preguntó mientras recorría con su mirada de arriba abajo el tembloroso cuerpo de la esclava. La mujer asintió con la cabeza baja.
Syra sonrió y exclamó:
- Era de esperar...últimamente mi esposo no es muy original escogiendo hembras para su harén. Y dime, esclava...¿te hizo disfrutar?.-
La mujer se sorprendió y la miró durante un segundo. Después volvió a bajar la mirada sin decir nada.
- ¡Contesta, zorra! – Gritó Syra mientras la abofeteó una sóla vez, provocando que cayera al suelo, y comenzara a brotar sangre de sus labios.
- Soy...una esclava, señora...sólo hago lo..que me piden...- Dijo mientras las lágrimas de dolor y miedo resbalaban por sus mejillas.
- Desde luego que sí...¿y sabes por qué?...porque no vales para otra cosa.- Repuso la princesa con desprecio. - Te acostaste con el príncipe porque obedecías órdenes...pero no te preocupes, mujer, porque yo voy a evitar que vuelva a ocurrir – Dijo con ironía - ¡Lleváosla! – Gritó a los soldados que estaban apostados en la puerta observándolo todo.
Syra se encontraba fuera de sí. Desde aquella vez en que se emborracharon, hacía casi cinco meses, Vegeta no había vuelto a tocarla, y más de una vez, no se había presentado ni siquiera a dormir, lo que a ella le hacía intuir claramente, que en esas ocasiones, el príncipe visitaba su harén para aplacar sus hormonas con alguna de esas mujeres. Hasta este momento, Syra se había tragado su propio veneno, tratando de engañarse a sí misma imaginando que su esposo no tardaría en darse cuenta de que ninguna mujer sería capaz de satisfacerle como ella lo hacía, pero el recuerdo de lo ocurrido la noche anterior, había terminado por agotar su paciencia. A partir de ahora, volvería a retomar
sus relaciones con Kabark y con Raditz, y por supuesto, estaba dispuesta a castigar desde hoy mismo a cualquier hembra que osara ser poseída por su esposo:
Flashback
Vegeta acababa de llegar a sus aposentos y, habiéndose desvestido ya, se disponía a introducirse en la cama para dormir. Cuando acababa de hacerlo, Syra se giró hacia él y lo rodeó con sus brazos. Apretó su cuerpo contra el de él, con la clara intención de hacer notar al príncipe su desnudez y esperando su pronta reacción.
Inmediatamente, Vegeta se volteó hacia ella, y después de recorrer con su penetrante mirada su cuerpo, le dijo:
- ¿Nunca te rindes, mujer?. Pues será mejor que termines por hacerlo, porque nada de lo que hagas va a conseguir cambiar mi actitud hacia ti. –
Aquellas palabras enfurecieron enormemente a Syra, que reaccionó golpeando el rostro del príncipe con su mano, incorporándose para hacerlo.
Inmediatamente, Vegeta reaccionó devolviéndole el golpe, lo cual provocó que la hiciera caer de la cama, mientras una expresión de desprecio se dibujaba en su rostro.
- ¡Maldito hijo de puta! – Gritó ella volviendo a saltar sobre él impulsada por sus genes de guerrera saiyajin.
Vegeta la agarró con rapidez antes de que pudiera tocarle, y la aplastó con violencia contra la cama, mientras que innumerables insultos salían sin descanso por la boca de Syra.
Se colocó encima de ella, haciendo fuerza con su cuerpo e inmovilizándola a la vez. Y mientras sus ojos y sus facciones reflejaban toda la ira, le dijo sin levantar la voz:
- Escúchame con atención, Syra: Espero por tu bien que esta sea la última vez que te atrevas a desafiarme, porque si vuelves a intentarlo siquiera, mi respuesta será otra y haré desaparecer para siempre tu bonito rostro con tan sólo uno de mis golpes¿lo has entendido, mujer?.-
Ella no dijo nada, sólo respiraba con agitación sin apartar sus ojos de los de él, descubriendo claramente que si intentaba algo más, él no dudaría en cumplir su amenaza.
De pronto, el príncipe la soltó y se levantó de la cama, comenzando a vestirse nuevamente.
- ¿Dónde vas? – Preguntó Syra con desesperación.
- ¿Quieres saberlo?..Bien..te lo diré: De repente, y gracias a ti, se me ha quitado el sueño, asi que, creo que voy a pasar toda la noche haciendo con otra mujer lo que nunca volveré a hacer contigo..- Dijo con desprecio. Y se marchó dando un sonoro portazo y sin prestar ninguna atención a los insultos que ella le dedicaba desde la cama.
Fin del flashback
Pasó una semana desde aquél incidente, y aquella tarde, casi al anochecer, Vegeta se encontraba en el bar, lugar al que acudía con bastante frecuencia últimamente. Había bebido ya más de la cuenta, pero no quería detenerse aún. Un día descubrió que el alcohol aliviaba de alguna forma esa angustia que sentía cuando pensaba en ella, la amargura que invadía su alma cuando recordaba los escasos pero intensos momentos que compartieron juntos...
En ese momento, entró un soldado por la puerta y lo localizó sentado a la barra. Se acercó hacia él y, después de pedirle permiso, hablaron durante unos pocos segundos, y al acabar, Vegeta se levantó y salió de allí.
Nappa lo vio llegar caminando por el pasillo, intuyendo que el príncipe no se encontraba de muy buen humor. Probablemente estaría enojado y confundido sin entender por qué le había hecho venir hasta los calabozos.
- ¿Para qué demonios me has citado aquí, Nappa? – Dijo Vegeta nada más llegar hasta su posición. -
- Quiero que veas algo. Podía haber esperado a mañana, pero pensé que debías saberlo lo antes posible. – Contestó Nappa indicando con una seña a uno de los carceleros que empezara a caminar delante de ellos.
- ¿No vas a decírmelo hasta que yo no lo vea?. ¿Puedo saber el motivo? – Repuso el príncipe mientras seguían de cerca al carcelero.
- Quiero estar seguro de que lo que me han informado es cierto, y sólo tú puedes sacarme de dudas.- Dijo Nappa deteniéndose al tiempo que lo hacía el hombre situado a tan sólo unos pasos de ellos, el cual sacaba una llave y se disponía a abrir la puerta de una de las celdas.
Vegeta decidió no hacer más preguntas. Intuía que dentro de muy pocos segundos encontraría todas las respuestas.
Cuando la puerta estuvo abierta, el hombre se separó y Nappa indicó al príncipe que pasara primero. La celda estaba oscura y tan sólo entraba luz por una pequeña ventana enrejada situada a varios metros de distancia desde el suelo. Al fondo, se distinguía una figura humana tumbada sobre un estrecho colchón, la cual emitía pequeños quejidos de dolor de forma pausada. Vegeta enseguida se dio cuenta de que se trataba de una mujer, y confundido, miró hacia Nappa.
El enorme saiyajin se acercó hasta ella y la agarró de los brazos poniéndola de pie ante el príncipe. La mujer empezó a llorar mientras temblaba de pánico. Todo su cuerpo se encontraba cubierto de pies a cabeza, por una tela de color marrón a modo de vestido. Con un solo gesto, Nappa apartó la tela de su cabeza y dejó al descubierto su rostro.
- ¿Reconoces a esta mujer, Vegeta? – Dijo mientras la sujetaba con fuerza, después de que ella empezara a gritar y a tratar de soltarse con desesperación.
El príncipe, desde su posición, no podía distinguirla bien, y se aproximó lo bastante cerca como para percatarse al instante de las marcas y señales visibles de tortura que tenía por toda su cara. Se fijó entonces en el color de su cabello.. era dorado. La mujer no paraba de llorar y tratar de ocultar su rostro como podía, mirando hacia el suelo, y moviendo la cabeza de un lado a otro. Vegeta acercó su mano y la agarró de la barbilla, obligándola a detenerse, y subió su rostro para observarla sin más impedimentos.
De pronto, lo vio...aquel color verde en sus ojos que llamaron su atención nada más entrar aquél día en su harén, cuando la eligió a ella entre todas aquellas mujeres...Pero ahora, ya no tenían ese brillo que lo embriagó, ahora estaban hinchados y llenos de lágrimas, ahora sólo reflejaban dolor y sufrimiento, al igual que su rostro, roto y golpeado..
Nappa supo enseguida que estaba en lo cierto, Vegeta sabía quien era. Lo vio en la expresión de su rostro y en su fría mirada clavada en aquella mujer.
Al momento, Vegeta soltó su barbilla. Se colocó tras ella, y con sus manos, le quitó la tela que cubría su cuerpo desnudo intuyendo que encontraría lo que ahora veían sus ojos: señales de latigazos por toda la espalda y moratones en sus muslos y piernas. Volvió a ponerse frente a ella y descubrió también magulladuras en sus senos y en la mayor parte de su torso.
Se quedó durante unos minutos sin apartar su vista de la mujer. Nappa comenzó a notar como el ki del príncipe se elevaba cada vez más y como su rostro empezaba a mostrar claros síntomas de furia y enojo.
- Que la lleven ahora mismo a una cámara de regeneración.- Dijo de pronto Vegeta, e inmediatamente después, se dio la vuelta y comenzó a caminar saliendo de allí a toda prisa. Nappa dio la orden al carcelero y salió detrás de su príncipe mientras le gritaba:
- ¡Espera, Vegeta¿qué vas a hacer? –
El príncipe no se detuvo. Salió del pabellón y dijo:
- Acabar con todo esto de una vez por todas.- Y se elevó emprendiendo el vuelo con la mayor rapidez hacia palacio.
Llegó hasta las puertas de una enorme sala y las empujó con fuerza, pasando con violencia hacia el interior.
Syra se encontraba de pie subida a una especie de banqueta, mientras varias esclavas acomodaban y adaptaban el lujoso vestido a su cuerpo. Al observar entrar de esa forma al príncipe, exclamó sorprendida:
- ¡Vegeta¿qué es lo que quieres? –
- ¡Fuera de aquí todo el mundo!. ¡Marcháos! – Gritó él con furia dirigiéndose hacia las esclavas, que enseguida obedecieron órdenes y salieron corriendo de allí asustadas.
- ¿Qué diablos crees que estás haciendo? – Dijo Syra alzando la voz.
En cuanto estuvieron solos, Vegeta se lanzó hacia ella y la agarró de un brazo con violencia arrastrándola fuera de la banqueta, mientras le decía:
- ¡Perra¿con qué derecho te atreves a mandar torturar a una de mis concubinas? – Gritó mientras la apoyaba con fuerza contra la pared.
- Esa ramera se permitió el lujo de faltarme al respeto y tuvo su merecido castigo. – Dijo ella alzando la voz. - ¡Suéltame, me haces daño!-
- ¿Y cúal fue su ofensa¿acostarse conmigo porque la preferí a ella antes que a ti?..¡Estás completamente desquiciada!. – Dijo mientras la separaba de la pared y la empotraba contra otra provocando que ella emitiera un leve grito de dolor. - ¡Fuiste tu¿no es cierto?. Tú fuiste quien ordenó a ese esclavo que hiciera volar por los aires todo el maldito laboratorio. Hiciste todo eso sólo para eliminarla a ella¿no es así?...- Gritó con fuerza completamente fuera de sí.
- No se de qué demonios estás hablando – Mintió Syra. – Creo que el alcohol está empezando a afectar gravemente tu cerebro, Vegeta. –
- ¡Mientes, zorra! – Exclamó él apretando los dientes.
- Mi mayor deseo era torturarla y verla sufrir hasta la muerte, asi que, yo nunca lo hubiera planeado de la forma en que tú dices, y lo sabes. Puedes creer lo que quieras...pero aún así...no tienes pruebas para confirmarlo.- Repuso Syra con seguridad en sus palabras.
Vegeta se quedó callado, respirando con agitación. Reconoció, maldiciendo por dentro, que probablemente ella tenía razón. Esa no era la forma de actuar en Syra, demasiado sutil como para que se le hubiera ocurrido a ella, aunque no descartaba la posibilidad de que estuviera enterada de todo. Estaba seguro de que había alguien más, y ella era la única que podía conducirle hasta esa persona o personas...Hacía tan sólo unos segundos, hubiera acabado con su vida allí mismo, la hubiera eliminado para siempre, pero esa no era la opción más inteligente...la necesitaba viva, por ahora...
La soltó y se apartó de ella retrocediendo unos pasos hacia atrás, sumido en sus propios pensamientos y con la mirada perdida.
Syra, lo miró enfurecida y se creció ante él, creyéndole derrotado. Comenzó a reir a carcajadas mientras le observaba y le dijo:
- Mírate, Vegeta...el gran príncipe de los saiyajins, el hombre más poderoso del universo..y ahora¿en qué te has convertido?...en un borracho y patético estúpido...- Dijo con desprecio. –
- Cállate - Ordenó Vegeta con un tono de voz bastante bajo.
Pero Syra continuó:
- Intentas pagar tu frustración conmigo y con todos los que te rodean. Quieres hacernos culpables a todos de la muerte de esa maldita esclava para poder aplacar así tu dolor y tu estúpida debilidad.- Decía transmitiendo odio en sus palabras con el único fin de hacerle daño.
- ¡Cierra tu maldita boca de una vez! – Gritó Vegeta enfureciéndose de nuevo y cerrando los puños.
Syra se colocó frente a él, encarándole. Y, haciendo caso omiso a sus advertencias, siguió hablando:
-Admítelo, Vegeta!..¡Ella está muerta¡Muerta¿lo oyes?...y jamás volverás a verla, ni a tocarla, ni a poseerla...¡jamás podrás...- De repente, su voz fue sustituida por un grito de dolor.
- ¡Tú lo has querido, puta! – Gritó a la vez que su puño se enterraba en el rostro de ella con tal fuerza que la envió unos metros hacia atrás, chocando contra la pared con violencia, para terminar cayendo al suelo completamente inmóvil.
Vegeta enseguida supo que estaba inconsciente, porque aún podía detectar su ki. Midió sus fuerzas lo suficiente como para lograr que cesara de hablar sin tener que acabar con su vida, aunque si existiera una próxima vez, no estaba seguro de poder controlarse de igual forma. Syra, cada día que pasaba, estaba agotando más y más su paciencia. Ya estaba harto y la situación entre ambos era insostenible. Tenía que encontrar el modo de convencer a su padre para que anulara su matrimonio de una vez por todas. Tal vez lo que ella hizo hoy, sería un motivo para que su padre entendiera que Syra jamás aceptaría el papel de reina sumisa que durante siglos, había caracterizado a cualquier mujer que llegó a subir al trono de Vegetasei. Al menos, debía intentarlo...aunque no tenía muchas esperanzas al respecto, dada la obsesión que tenía el Rey con la idea de que pronto le fuera proporcionado un nuevo heredero al reino. Un hijo con Syra...no podía siquiera imaginarla en el papel de madre...Aún le sorprendía el hecho de que ella no se hubiera quedado embarazada nunca, tal vez tuviera algún problema para ello, o por qué no, tal vez lo tuviera él...
Caminó hasta uno de los sofás situado cerca de la puerta, y se sentó allí a meditar sobre esto último. Pero al final, decidió no añadir nuevas preocupaciones a su situación y cerró los ojos tratando de poner su mente en blanco durante unos instantes.
Pasado un rato, vio llegar a Nappa nervioso y preocupado. Lo primero que hizo fue dirigir su vista hacia el cuerpo inerte de Syra, aunque al momento se relajó cuando logró detectar su ki. Después, se volvió y sus ojos, totalmente inexpresivos, se encontraron con los de Vegeta. Caminó hasta donde se encontraba la mujer, la levantó y la cogió entre sus brazos dispuesto a salir de allí con ella.
- ¿Dónde la llevas? – Preguntó Vegeta.
- Pues...a una cámara de regeneración..- Contestó Nappa creyendo que era evidente.
- Olvídalo...quiero que sea encerrada en una celda. – Repuso el príncipe sin inmutarse siquiera.
Nappa se sorprendió al escuchar aquello, y con la voz entrecortada dijo:
- Pero...se trata de la princesa...y está herida...no creo que...- Inmediatamente, fue interrumpido por Vegeta:
- ¿Es que no me has oído, Nappa?.- Dijo con frialdad. - ¡Haz que la encierren ahora mismo! – Gritó alzando la voz.
- Si...Vegeta. – Contestó con sumisión el enorme saiyajin, antes de marcharse.
Aquél día, Bulma se encontraba curando la herida en un brazo a una niña de tan sólo cinco años. La pequeña se entretenía jugando con una muñeca mientras ella terminaba de ponerle el vendaje, como solía hacerlo todos los días. Cuando terminó, ambas sonrieron y Bulma decidió quedarse con ella un rato acompañándola en sus juegos.
Al rato, salió de la habitación y suspiró al notar cómo sus tobillos estaban comenzando a hinchársele tal y como le sucedía diariamente desde hace más o menos un mes. Estaba deseando ya que pasaran los cuatro meses que le restaban de embarazo, porque desde que se enteró de su estado, no había pasado un solo día en el que no tuviera molestias que la impedían llevar su vida con normalidad. Se había preocupado en informarse sobre todos los síntomas que se pudieran notar durante un embarazo, y todos, sin excepción alguna, ella los había padecido o estaban empezando a hacer acto de presencia. De pronto, comenzó a pensar que si no fuera por todas esas molestias y síntomas que se lo recordaban continuamente, todavía no podría creer que estuviera en estado...y sobre todo, que lo estuviera de él...
Recordó el momento en que le entregaron los resultados de los análisis que le hizo la doctora Chichi, y le informaron que su embarazo era de ocho semanas. Después de asimilar la noticia, se maldijo a sí misma por haber sido tan estúpida. Durante todo el tiempo que estuvo con Vegeta, sólo en un par de ocasiones se le pasó por la cabeza la posibilidad de que podía existir riesgo de embarazo, pero sin ni siquiera estudiarlo más a fondo, inmediatamente rechazó la idea, puesto que le parecía poco probable que dos seres de distintos planetas y razas fueran capaces de engendrar un bebé. Además, el hecho de que el príncipe jamás preguntó y ni tan siquiera le preocupó si debían tomar precauciones, confirmó con más ímpetu su teoría. ¡Qué ingenua había sido al pensar eso!...¿desde cuando los hombres que se han criado en una cultura tan machista como la saiyajin, se preocupan de esas cosas?.
Bueno...el caso es que en muy poco tiempo, su bebé nacería...y lo haría en la Tierra. Su hijo, aunque la mitad de sus genes fueran saiyajins, sería un terrícola, se criaría allí junto a ella, con sus mismas costumbres y nadie sospecharía jamás de su procedencia. Nunca le revelaría a nadie que su padre es un saiyajin, y mucho menos que es el príncipe de todos ellos...Ese sería su secreto..y moriría antes de revelárselo a nadie...
Mientras meditaba sobre todos estos pensamientos, se encontró de frente con la doctora Chichi que le dijo nada más verla:
- Hola, Bulma..¿cómo te encuentras hoy? – Le dedicó una de sus sonrisas.
- Hola, Chichi...bueno... ya empiezo a notar de nuevo esa hinchazón en los tobillos que casi no me dejan caminar...- Dijo con resignación.
- Ya veo...- Dijo mientras se agachaba para examinarlos. – Por cierto¿ya sabes el sexo del bebé? – Preguntó mientras se incorporaba de nuevo.
- No...aún no. Lo cierto es que lo único que me importa es que nazca sano, lo del sexo es lo de menos.- Contestó Bulma.
- Ahora mismo puedo hacerte una ecografía, si quieres. Así veremos si todo va bien y podremos ver si es niño o niña¿qué te parece?.- Le dijo con muchos ánimos.
- Pues...es que tengo mucho trabajo todavía..y..- Repuso ella.
- ¡Oh, vamos!...tienes que hacértela...además, en cuanto acabemos te irás a casa a descansar. Tal y como tienes los tobillos no es muy recomendable que andes por ahí de pie tanto tiempo...- Dijo cogiéndola de la mano y comenzando a caminar.
Al rato, las dos mujeres se encontraban en aquella pequeña sala donde la doctora Chichi le realizaba la ecografía a Bulma.
- Pues parece que todo está perfectamente, Bulma...¿quieres saber el sexo o prefieres que sea una sorpresa? – Le preguntó sonriéndole.
- Pues ya que estoy aquí...¡de acuerdo!..- Dijo con entusiasmo.
- Bien..pues parece que vas a tener un precioso varón..y...- De pronto, Chichi se quedó callada y su rostro cambió, abriendo los ojos con sorpresa.
Bulma se dio cuenta y, poniéndose nerviosa, preguntó:
- ¿Qué es lo que ocurre? –
La doctora la miró confundida y empezó a decir:
- No..no estoy segura, pero..parece que tiene una cola...como las de los...-
De repente, el corazón de Bulma dio un vuelco, y se levantó con rapidez, disculpándose de la siguiente forma:
- Tengo...tengo que irme...- Dijo completamente nerviosa, y tratando de dirigirse hacia la puerta para marcharse.
- ¡Espera, Bulma!...no te vayas aún...- Dijo Chichi sujetando la puerta para que no saliera.
- Deja que me vaya, por favor...- Suplicó Bulma con lágrimas en los ojos.
- No sin antes escuchar lo que voy a decirte: quiero que sepas que no es la primera vez que veo algo así en una ecografía...aunque reconozco que esta ocasión es diferente a las demás...- Exclamó Chichi tratando de convencerla para que se quedara.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó Bulma con curiosidad.
- Por favor, siéntate y déjame que te lo explique...
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
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