Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 20

Preludio de una guerra

Bulma la miró con algo de desconfianza, pero resignada, decidió quedarse. Se sentó en la camilla donde antes estuvo postrada mientras le era realizada la ecografía, y la doctora Chichi se sentó justo enfrente de ella.

- Verás, Bulma...como te he dicho antes, tu caso no es el primero que he tenido oportunidad de ver. Dada la situación de nuestro planeta, no es extraño que sucedieran embarazos no deseados entre las mujeres terrícolas y los saiyajins que se quedaron aquí...- Se quedó callada un momento como pensando y después preguntó: - ¿Acaso no sabías que estabas embarazada de uno de ellos? –

- ¿Por qué me preguntas eso? – Dijo Bulma confundida.

- Bueno...es extraño la forma en que has reaccionado...no sé...como si no lo supieras...o si lo sabías, como si esperaras que nadie se diera cuenta de ello...- Repuso ella.

Bulma miró hacia otro lado. No hacía nada más que maldecirse por lo estúpida que había sido al no imaginar que su hijo podría haber heredado ese rasgo tan característico en un saiyajin: su cola. Ahora esta mujer lo sabía todo y su idea de salvaguardar la identidad de su hijo y la suya propia estaba siendo frustrada.

- ¿Por qué has dicho que mi caso era diferente?.- Dijo Bulma intentando evadir las preguntas de la doctora.

- Evidentemente por lo avanzado de tu estado...- Contestó Chichi sin pensarlo.

- ¿Y que hay de extraño en eso?. Estoy de cinco meses, y tú dijiste que todo estaba bien...hasta que viste su...cola...- Dijo bajando la mirada ante esta última palabra.

- Bulma...¿es que no lo sabes?...¡Ningún feto durante un embarazo entre un saiyajin y una mujer terrícola ha logrado sobrevivir más de tres meses! – Exclamó no sabiendo si la mujer que tenía enfrente estaba fingiendo o realmente estaba tan perdida como quería hacer ver.

- ¿Qué? – Repuso Bulma casi en un grito. Sus ojos se abrieron al máximo y se clavaron en los negros de la doctora, buscando con ansiedad que todas sus dudas fueran reveladas.

Chichi inmediatamente se dio cuenta. Por la manera de reaccionar de Bulma llegó a la conclusión de que no fingía. Aún confundida por todo, decidió explicarle a la mujer lo que parecía no saber, pensando que más tarde averiguaría el motivo. Suspiró y comenzó a hablar:

- Eso es lo extraño. Al parecer, el cuerpo y la naturaleza de las mujeres terrícolas no es capaz de soportar un embarazo saiyajin, y el bebé no consigue desarrollarse completamente, por lo que al final muere y se produce irremediablemente un aborto. Al menos esa era la teoría que teníamos hasta ahora, pero viendo tu caso..ya no sé que pensar. Los saiyajins lo saben, y según creo, su raza jamás ha logrado mezclarse con ninguna otra con éxito.- Dijo con tranquilidad. - He visto a tu bebé, Bulma, y se encuentra perfectamente. Por alguna razón que escapa a mi comprensión, tu hijo ha logrado adaptarse a tu cuerpo, ha conseguido sobrevivir, y estoy segura de que llegará a nacer. Tal y como yo lo he visto, está sano y fuerte..- Explicó sin perder detalle a ninguno de los gestos de incredulidad de Bulma.

- ¿Quieres decir que soy un caso único?. – Exclamó la peliazul con nerviosismo.

- Desde luego que lo eres...aunque también debo decirte que, gracias a que las compañías farmacéuticas que quedaron en pie después de la invasión, desarrollaran anticonceptivos para ello, ya no se producen embarazos saiyajins entre las mujeres terrícolas desde hace más de medio año, y de no ser así, tal vez hubieran existido otros casos similares al tuyo, pero como anteriormente no hubo ninguno que sobrepasara más de tres meses, dimos por hecho que nuestra raza jamás lograría mezclarse con la saiyajin...- Terminó de decir Chichi, observando como Bulma se levantaba y se dirigía a la ventana sin decir nada.

Se puso a mirar a través del cristal, intentando asimilar todas aquellas palabras que la habían hecho descubrir la realidad. Si lo que la doctora decía era cierto, estaba en un aprieto. Lo cierto es que hace tiempo que su propia vida ya no le importaba tanto, es más, seguía pensando que debió haber muerto en aquella explosión junto a sus compañeros. Pero si existió algo que la había hecho seguir adelante, fue la noticia de su embarazo. Desde el primer día, deseó tener a su bebé más que a nada en el mundo y le dio un nuevo motivo para desear continuar viviendo, para luchar contra cualquier adversidad que se le presentara. Juró que lo protegería y que nunca permitiría que él pasara por lo mismo que ella sufrió...y ahora...estaba en peligro..los dos lo estaban. Se dio la vuelta, y mirando con frialdad a la doctora le dijo:

- No me importan los motivos por los cuales me haya convertido en la única mujer en todo el universo capaz de conseguir algo así. Mi hijo será un terrícola más y nadie debe saber jamás su procedencia. Antes de que se sepa , acabaré con mi vida y con la suya sin dudarlo. – Dijo a modo de advertencia.

Chichi intuyó que hablaba en serio. Supo que tenía que existir una poderosa razón por la cual Bulma reaccionaba así. Se sintió un poco dolida por la desconfianza hacia ella, pero era comprensible si apenas se conocían. Quiso hacerle saber que podía confiar en ella, y que la ayudaría en todo lo que necesitara, pero antes de eso, se moría por saber el motivo por el cual la famosa científica Bulma Briefs había cambiado su identidad y se escondía haciéndose pasar por enfermera en su hospital.

- Lo entiendo y tu secreto será guardado conmigo. Me gustaría que confiaras en mi, y si necesitas una razón para hacerlo, te la daré: Se quien eres. Eres Bulma Briefs, la heredera de la antigua Capsule Corp.. Lo descubrí hace tiempo cuando encontré una publicación científica y vi tu rostro en una fotografía. Pensé que querías esconderte de los saiyajins para que no te obligaran a trabajar para ellos, y como verás, nunca dije nada ni hice comentario a nadie por respeto a tu intimidad. Pero lo más extraño es que alguien como tú no supiera nada de lo que te he contado antes, es como si hubieras estado encerrada en algún sitio o alejada lo suficiente como para perder todo contacto y noticias de lo que estaba ocurriendo aquí.- Repuso con tranquilidad, tratando de conseguir que Bulma se abriera para ella.

Bulma dudó entre marcharse de allí ahora mismo o empezar a sincerarse. No existía ningún motivo por el cual no pudiera confiar en la doctora Chichi. Además, a partir de ahora, necesitaría ayuda y ella era la única que podría ofrecérsela. Decidió contarle algunas cosas, no todas ellas verdaderas, omitiendo claro está, su relación con el príncipe. Con lágrimas en los ojos, empezó a hablar como podía:

- Unos días después de ganar la guerra...los saiyajins me enviaron a su planeta, Vegetasei, para que trabajara en su laboratorio. Me convertí en su esclava y he estado allí hasta hace unos cinco meses, cuando logré escaparme y conseguí volver a la Tierra. Cambié mis datos en el ordenador, y borré todo lo referente a mi verdadera identidad.- Dijo con la voz entrecortada.

- De modo..que tu embarazo se produjo allí...¿no es cierto?. – Preguntó Chichi.

- Si...aunque como recordarás, no lo supe hasta que no llevaba aquí casi dos meses – Repuso Bulma.

- Pudiste haber abortado voluntariamente entonces y no lo hiciste...¿Por qué?. – Volvió a preguntar.

Bulma se quedó pensativa ante la curiosidad de la doctora, y contestó con total seguridad en sus palabras:

- Preferiría no hablar de ello...Es una decisión que tomé en su momento y punto. No creo que tenga que dar más explicaciones sobre eso..-

- Lo siento...no quería resultar indiscreta. – Le dijo sonriendo.- Te doy las gracias por confiar en mi y te prometo que a partir de ahora, te ayudaré en todo lo que necesites. – Terminó de decir Chichi.

- Te lo agradezco...pero lo único que te pido es que, por favor, no comentes nada de esto con nadie..- Dijo Bulma con sinceridad.

- Por supuesto que no diré nada. Y además, puedo ayudarte en más de lo que tú crees. Bulma...te comprendo perfectamente...yo también soy terrícola, y además mujer, al igual que tú...y estoy segura de que tenemos alguna que otra cosa más en común aparte de eso...- Le dijo de nuevo con esa amable sonrisa en su rostro.

Bulma captó algo extraño en lo último que ella dijo, pero no le prestó mayor atención. Empezó a sentirse muy cansada y lo único que deseaba era irse a casa a relajarse y dormir un poco.

- ¿Por qué no me dejas que te acompañe a casa?. A partir de ahora, yo seré la única persona que se encargue de tu embarazo, y yo misma asistiré tu parto. ¿Qué te parece?.- Dijo la doctora mientras se levantaba.

- Gracias...pero no es necesario que me acompañes. – Dijo Bulma mientras abría la puerta para salir.

- Como quieras...- Dijo – Otra cosa más: necesitas descansar mucho, Bulma. Tu embarazo es de riesgo, ya lo sabes. Lo mejor es que estés en reposo durante el mayor tiempo posible hasta que llegue el momento. Y por favor, llámame si notas algún síntoma extraño o no te encuentres bien. –

- De acuerdo, lo haré...muchas gracias por todo...- Y diciendo esto, salió de la habitación y se marchó.

A la mañana siguiente después del incidente con Syra, Vegeta y Nappa se encontraban entrenando en la sala de combate. El príncipe utilizaba estos ejercicios como remedio para sacar fuera toda la ira contenida dentro de sí, y el único saiyajin capaz de aguantar medianamente toda esa descarga de energía, era Nappa. Este, la mayor parte del tiempo lo pasaba esquivando los poderosos ataques de Vegeta, utilizando toda la velocidad de la que disponía, sabiendo que si alguno de ellos lograra alcanzarle, resultaría bastante malherido.

- ¡Nappa!...¿es que no vas a atacarme?. Si sólo te vas a dedicar a esquivarme, será mejor que lo dejemos.- Gritó Vegeta.

- Lo haría si me dejaras alguna posibilidad para ello...Utilizas demasiada energía para ser sólo un entrenamiento..¿qué demonios te pasa, Vegeta? – Repuso Nappa escapando de una de las ráfagas de ki enviadas por el príncipe.

De pronto, ambos hombres escucharon una voz a su derecha que decía:

- ¡No te molestes, Nappa!. ¡Lo que necesita es que alguien le baje los humos de una vez!. –

Los dos se volvieron y se quedaron sorprendidos al descubrir a la persona que se les acercaba.

- ¡Padre!...- Exclamó Vegeta.

El Rey dirigió una fría mirada a su hijo, y se colocó enfrente de él. Después se giró hacia Nappa, y con un gesto, le indicó que saliera de la sala. El enorme saiyajin obedeció y se marchó, dirigiéndose hacia el piso de arriba para observar desde la cristalera lo que creía que iba a suceder.

- Siempre has sido un rebelde, Vegeta. Pensé que con los años lograrías asentar la cabeza, pero me equivoqué. Lo último que imaginé es que te convertirías en un estúpido irresponsable incapaz de controlar correctamente el rumbo de su vida. – Comenzó a decir el Rey con la mayor frialdad y colocándose en posición de ataque.

- Asi que es eso...estás molesto por mi decisión de encerrar a Syra...Pues déjame decirte que la culpa es tuya...te lo advertí hace tiempo...Te dije que ella no era digna de ser reina...- Contestó el príncipe frunciendo el ceño.

- ¡Eso no lo decides tú! – Gritó enfurecido el Rey lanzándose con velocidad hacia el príncipe, asestándole con su puño en el estómago. El príncipe se dolió por el golpe, y se alejó unos metros de él, intentando recuperar la respiración..

- ¿Al menos...sabes el motivo por lo que lo hice? – Dijo el príncipe con dificultad, elevando el vuelo.

- Si...y es todavía más estúpido de lo que imaginaba...por mandar torturar a una esclava...¿y qué?...¿a cuántas mujeres has enviado tú a la muerte durante toda tu vida?..¿a cuántos seres insignificantes has eliminado con tus propias manos?..¿acaso has recibido algún castigo por ello?..!No!..a cambio has sido recibido con honores y se te ha recompensado por tu trabajo...¡Y así es como siempre ha sido y como siempre deberá ser!...- Replicó el Rey fuera de sí. De pronto, se impulsó, y con una rapidez pasmosa, apareció tras el príncipe y, juntando ambas manos, le golpeó en la espalda, enviándolo a chocarse contra el suelo con dureza. Después, descendió y caminó deteniéndose a unos metros de su hijo, el cual empezaba a levantarse con algo de esfuerzo.

- Lo único que tenías que hacer era comportarte como el príncipe que eres...demostrarles a todos que jamás existiría nadie más digno que tú para sustituirme algún día...pero no..tú te has empeñado en echar por tierra todo el honor y el orgullo de nuestros ancestros, incluido el mío...Nos has puesto en entredicho a los dos, llegando al punto de que parte de nuestro pueblo nos rechace, maldiciendo nuestra sangre y linaje...y todo por un capricho tuyo...por dejarte absorber por los malditos sentimientos hacia una miserable mujer terrícola, que no merecía otro trato tuyo salvo el de ser eliminada como el ser insignificante que era...- Dijo apretando los puños.

Vegeta logró levantarse, escupiendo algo de sangre por la boca. Miró hacia su padre y empezó a decir:

- Puedes golpearme cuanto quieras...- Se detuvo para volver a coger aire. – Pero ninguno de tus golpes ni los de cualquiera...lograrán superar jamás al inmenso dolor que siento en mi interior...-

- ¡Cállate!..¡No dices más que sandeces! – Gritó el Rey dándole esta vez un puñetazo en el rostro, que provocó que volviera a dar con sus huesos en el duro suelo.

El príncipe intentó levantarse de nuevo, ahora con el rostro ensangrentado por la herida producida en su pómulo izquierdo, pero no lo conseguía. Desde el principio, había bajado su ki casi al mínimo, y su padre lo sabía. Quiso recibir todos los golpes del Rey sin ningún tipo de impedimento, recibiendo así el castigo por haberle defraudado, por haberle fallado.

El Rey se acercó lentamente hasta la posición de su hijo y se detuvo a unos pocos centímetros mientras observaba a su hijo darse la vuelta en el suelo para quedar boca arriba intentando incorporarse con sus brazos.

- Syra...tiene un amante...- Dijo Vegeta, para después quejarse de dolor al realizar el esfuerzo por hablar.

El Rey lo miró con seriedad frunciendo el ceño y le contestó:

- ¿Ya sabes quien es? –

- Aún no...- Se quejó dolorido. – Sólo tengo su...confesión involuntaria...- Añadió después posando su mano en un costado tratando de aliviar el daño que sentía en esa zona.

- ¿Confesión involuntaria?...¿y eso qué coño es?...- Repuso el Rey confundido.

Vegeta rió un poco con dificultad, aguantando el dolor y observando la expresión de su padre. Volvió a intentar incorporarse un poco más y dijo:

- Ya sabes...frases que se dicen..en un momento de acaloramiento...-

El Rey lo miró con desdén, y apretando los dientes, contestó:

- ¡No es suficiente!.- Exclamó.- Descubre con quien se acuesta y sólo así...anularé tu maldito matrimonio...- Añadió para después darse la vuelta con intención de marcharse.

- Por cierto, comienza a preparar a tu escuadrón. Quiero que en menos de una semana estés listo para salir de Vegetasai. Estoy convencido de que nuevas conquistas tuyas es lo que necesitamos para recuperar la confianza entre nuestro pueblo.- Comenzó a caminar, pero al segundo se detuvo, y girándose hacia el príncipe, le dijo: - Y otra cosa...si la mantienes encerrada, dudo mucho que logres averiguar de quien se trata...-

Vegeta sonrió y, consiguiendo incorporar su espalda del todo pero sin llegar a levantarse, contestó:

- Lo sé...pero era la única forma de llamar tu atención...Y está claro que ha funcionado...- Clavó su penetrante mirada en la de su padre.

El Rey cerró los ojos un momento en señal de resignación ante la perseverancia de su hijo, y después de dirigirle una última mirada, se marchó de la sala, dejando allí al príncipe malherido, el cual dejó caer su espalda al suelo, tumbándose del todo y soltando aire, tratando de relajar sus doloridos músculos.

A los pocos minutos, apareció Nappa, el cual lo había estado observando todo desde el piso superior. Se acercó hasta él y le ayudó a levantarse, apoyó un brazo del príncipe en sus hombros y caminaron hasta llegar a una cámara de regeneración, donde lo introdujo, y decidió quedarse a esperar hasta que el príncipe se hubiera restablecido por completo.

Esa misma noche, Kabark caminaba con rumbo a los calabozos seguido por dos hombres que pertenecían a su escolta personal. Al llegar, se encontró con un soldado saiyajin en la puerta, y le dijo, mientras le mostraba un documento:

- Llévame hasta la celda donde se encuentra la princesa.-

El soldado asintió y le indicó que le siguiera. Cuando llegaron a la celda, el soldado la abrió y se marchó dejándoles solos.

- ¡Kabark!..¿has venido a liberarme? – Dijo Syra nada más verle.

El saiyajin se fijó en el aspecto tan deplorable que presentaba la princesa, y le contestó:

- ¿Cómo has podido ser tan estúpida?...¡Casi nos descubres a todos con tu maldita obsesión por el príncipe!..- Le increpó alzando la voz.

Syra lo miró con desprecio y contestó:

- ¡No vuelvas a dirigirte a mi de ese modo!...No olvides que soy la princesa..-

- ¡No lo serás por mucho tiempo, si continúas comportándote como una histérica!.- Gritó el comandante.

Syra se quedó callada. No tenía ganas de discutir con Kabark, lo único que quería era salir de allí cuanto antes.

El comandante la miró, y algo más calmado, se dirigió de nuevo a ella:

- ¿Le has dicho algo?..- Preguntó nervioso.

- No, nada. – Contestó ella mirándole fríamente a los ojos.

- No te creo. Vegeta no te habría encerrado aquí únicamente por haber mandado torturar a esa esclava, sabe que ese no es motivo para hacerlo..- Dijo Kabark de forma preocupada.

- Vaya...¡qué perspicaz!...- Exclamó ella con ironía – Pues claro que no ha sido esa la verdadera razón...- Dijo deteniéndose para observar el gesto de sorpresa de Kabark. – Lo ha hecho porque está convencido de que yo fui la culpable de la muerte de esa terrícola y me acusó directamente de haber contratado a ese esclavo para que destruyera el laboratorio...-

Kabark se quedó helado al escuchar aquello, y preguntó alzando la voz:

- ¿De donde ha sacado esa información?..Raditz lo asesinó y nadie más conoce su existencia..-

- ¿Y cómo demonios quieres que lo sepa?.- Dijo ella con el mismo tono de voz. – De todas formas...yo no me preocuparía tanto. Tu presencia aquí me indica que muy pronto seré liberada...¿crees que Vegeta permitiría que quedara libre si tuviera alguna prueba

que confirmara sus sospechas?...- Exclamó. – Probablemente hubiera acabado conmigo sin dudarlo, y no estaría aquí avisándote de la información que tengo..

- Tal vez...- Dijo él.

- No obstante...creo que desde el principio subestimaste a Vegeta, y estoy segura de que muy pronto descubrirá tus enfermizos planes..- Dijo sonriendo.

- ¿Y eso te hace gracia, Syra?. Tu estás demasiado involucrada como para salir indemne. – Replicó el comandante enojado.

- ¿Eso crees?...Hasta ahora, la única que ha recibido castigo he sido yo...pero te lo advierto, Kabark, si no haces nada por evitarlo, la próxima vez no seré yo sola la que sufra la ira de Vegeta. De eso puedes estar seguro.- Le increpó de forma amenazadora.

Se quedaron mirándose fijamente el uno al otro, hasta que Kabark habló:

- Mañana al amanecer, tu esposo ordenará tu libertad. Ya nos veremos, Syra.- Y sin decir más, salió de allí y se marchó.

Al día siguiente, Vegeta se encontraba en la entrada de los calabozos. El príncipe acababa de dar la orden de que Syra fuera liberada, y decidió esperar hasta verla salir. Sabía que estaría furiosa con él, pero eso era exactamente lo que él buscaba.

De pronto, se abrieron las puertas y Syra apareció tras ellas. Tenía un aspecto horrible, la herida que el príncipe le hizo en el rostro cuando la golpeó ya había cicatrizado, se notaba que no había dormido casi nada y su cabello estaba alborotado así como su vestido sucio y ajado. Nada más salir, fijó su vista en Vegeta, y sin perder la compostura, empezó a caminar con su orgullo de guerrera saiyajin.

El príncipe le devolvió la mirada, y no se movió ni un paso de donde estaba. Ella se acercó, se detuvo a tan sólo unos centímetros de él, le clavó sus ojos llenos de odio manteniéndolos fijos durante unos segundos, y sin más...le escupió en la cara..

- ¡Hijo de puta! – Exclamó con desprecio. Se quedó unos instantes observando cómo Vegeta cerraba los ojos y se limpiaba – No te librarás de mi tan fácilmente...- Replicó después.

Vegeta se quedó allí mientras la observaba alejarse. Estaba claro que ella jamás se rendiría, aunque le costara la vida. Esperaba, que ahora, tan enojada y furiosa como estaba, cometiera un error..uno sólo...aquél que le llevaría a descubrir lo que escondía. Era su última carta y tenía que jugarla...

En pocos días se marcharía al espacio y probablemente tardaría meses en regresar. Confiaba en que a su vuelta, le fueran proporcionadas noticias en relación a Syra, y si no fuera así...entonces no tendría más remedio que pactar con ella...

Pasados dos meses desde la marcha de Vegeta, y se recibieron noticias de dos nuevas conquistas realizadas por él y su escuadrón. Durante su ausencia, Kabark y otros miembros del Consejo, aprovecharon la ocasión para difundir sus ideas de revolución

entre algunas de las colonias más importantes del imperio. En ellas, se sucedían revueltas entre los soldados rebeldes y los que se mantenían aún fieles a la Corona. La intención era conseguir resquebrajar al anteriormente ejército unido saiyajin y formar uno sólo que compartiera la idea de hacer caer a la monarquía, y lo suficientemente fuerte como para poder hacer frente a Vegeta y a sus más fieles hombres, los cuales por otra parte, eran los soldados más poderosos del imperio. Por otra parte, en Vegetasai, y de forma encubierta para que el Rey y sus hombres no sospecharan, se empezaban a crear escuadrones rebeldes, los cuales fingían su lealtad a la Corona, y esperaban el momento para actuar. Al frente de todos ellos, se encontraba Raditz. La promesa que Kabark le hizo de nombrarle general en jefe de todo el ejército saiyajin en cuanto él llegara al poder, y su afán de venganza en Vegeta, le convencieron para formar parte activa de sus planes. Habiendo sido uno de los mejores guerreros de Vegetasai, se encargó de entrenar y mejorar las habilidades de cientos de soldados, los cuales le respetaban y temían por su fuerza y su consabida crueldad. El mismo se preocupó de entrenar duramente, habiendo logrado aumentar considerablemente sus poderes, con la única obsesión de enfrentarse a Vegeta y con la convicción de que lograría vencerle. Se creía muy capaz de ello, y además, contaba con la ventaja de haber formado, durante años, parte de su escuadrón, por lo que conocía a la perfección la técnica y la forma de luchar del príncipe.

Kabark, no tuvo más remedio que confiar en Raditz, aunque no estaba muy seguro de que lograra vencer a Vegeta, y por eso, tuvo que idear sus propios planes por si la lucha se tornara a favor del príncipe y no de Raditz.

Si había algo que tenía claro el comandante, era que necesitaba acabar primero con Vegeta. Sin su hijo protegiéndole, el Rey no supondría problema alguno para lograr sus objetivos.

En cuanto a Syra, Kabark no creyó conveniente que ella conociera más acerca de sus intenciones, y la mantuvo al margen de casi todo, incluso de mantener relaciones con él. De momento, no podía hacer nada en contra ella puesto que existía la posibilidad de que le delatara, aún sabiendo que ella misma firmaría su sentencia de muerte si lo hiciera. Decidió arriesgarse a que ella mantuviera su boca cerrada, con la promesa de que compartiría con ella la mitad del poder adquirido al finalizar la rebelión. Pero, aquella amenaza que ella le hizo en la celda, confirmó que la princesa no era de fiar, y por eso, en el momento en que lograra culminar sus planes, tenía pensado eliminarla al igual que al resto de miembros de la Corona.

Así pasaron otros tres meses más...y, en Vegetasai, se anunciaba el regreso triunfante del príncipe y de su escuadrón. Habían logrado añadir tres colonias más al imperio después de haber mantenido innumerables batallas contra poderosas razas de seres que intentaban evitar la conquista de sus planetas como podían.

Vegeta se mostraba satisfecho consigo mismo y con las victorias conseguidas, sin sospechar lo que muy pronto iba a suceder en su propio planeta, y sobre todo, totalmente ajeno a lo que "ya" había ocurrido en la Tierra y que le afectaba directamente a él...

-CONTINUARÁ-

Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.

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