Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 21

El principio

Mientras volaba con rumbo hacia la zona de operaciones, se preguntaba el motivo por el cual fue reclamado. Habían llegado rumores a sus oídos de que una nave con el emblema de Vegetasai acababa de aterrizar en la Tierra y que no se trataba de ningún transporte especial, y a los pocos minutos de conocerse la noticia, le informaron a través de su scouter que debía personarse allí de inmediato.

Cuando llegó, le indicaron que esperara en una sala contigua a la base militar. A los pocos minutos, un general saiyajin hizo su aparición, y después de mirarle fijamente, le dijo:

- Traemos órdenes directas de tu hermano Raditz. Quiere que inmediatamente lo dispongas todo para regresar a Vegetasai junto a nosotros. – Exclamó mientras le entregaba un sobre sellado para justo después salir de la sala y dejarle solo.

Kakarotto se sorprendió y el corazón le dio un vuelco al recibir la noticia. ¿Raditz?. ¿Para qué demonios se interesaba ahora por él?. Su hermano mayor jamás le prestó ninguna atención. Desde que eran pequeños, siempre se había dedicado a insultarle y menospreciarle, echándole en cara continuamente la diferencia de poderes entre ambos. Y desde que logró ser incorporado al escuadrón del príncipe, Raditz no quiso saber nada más de él, rechazando cualquier vínculo que les relacionara, puesto que, y según sus palabras, le resultaba bastante vergonzoso y humillante tener como hermano a un saiyajin con tan bajo nivel de pelea. A Kakarotto nunca le molestó que le despreciara, puesto que nunca compartió ninguna de sus ideas y sus caracteres eran bien distintos. Su padre, Bardock, desde que eran unos niños, les inculcó la naturaleza guerrera y la necesidad de combatir de su raza, logrando que ambos dedicaran la mayor parte de su vida a ello pero con muy distintos puntos de vista...mientras que para Raditz, la lucha y los combates se habían convertido en un instrumento de perversión, disfrutando de ello con crueldad y ensañamiento hacia sus víctimas...en cambio, para Kakarotto...significaba la forma de superarse a sí mismo, agradeciendo cada nuevo combate como un medio para aumentar sus poderes, recopilando técnicas aprendidas de sus rivales y admirando en todos ellos su valor al enfrentarse a seres con poderes infinitamente superiores a los suyos...

Pero ahora...su hermano le ordenaba regresar junto a él...¿Qué motivos tendría para ello?. Abrió el sobre y se dispuso a leer el documento que traía en su interior:

Kakarotto, hermano, tal y como te habrán indicado, te insto a que vuelvas a la mayor urgencia a Vegetasai. A ser posible, trae contigo a algunos hombres más, los cuales deberán ser de tu mayor confianza y cuyo nivel de combate sea lo suficientemente alto como para poder combatir contra enemigos muy poderosos.

Imagino que habrán llegado noticias hasta esa colonia donde te encuentras, sobre la situación política en nuestro imperio, debido a lo cual, se nos ha ordenado reunir a la mayor cantidad de soldados disponibles en previsión a lo que pudiera ocurrir. Se que la Tierra es una colonia donde la situación está más que controlada, e intuyo que no es necesaria tanta presencia nuestra allí. De momento, esta es toda la información que puedo darte.

En espera de tu pronto regreso, se despide

Tu hermano Raditz.

Kakarotto no daba crédito a lo que leían sus ojos. Si no fuera porque le parecería imposible que alguien se atreviera a hacerse pasar por su hermano, jamás creería que estas casi amables palabras hacia él, hubieran salido de su retorcida mente. De repente, algo llamó su atención...si las órdenes de Raditz provenían directamente del príncipe...¿cómo es que no le mencionó en ningún momento?, y lo más extraño¿cómo es que ni la carta ni el sobre estaban sellados con el emblema real?. ¿Qué podía estar pasando en Vegetasai?.

Todo esto le empezó a preocupar de forma grave...No tenía ningún interés en marcharse de la Tierra. El llegó a este planeta poco tiempo después de ser conquistado. Se le ordenó viajar hasta allí y ser uno de los saiyajins que se quedarían controlando y supervisando su nueva colonia. Al principio, le costó adaptarse, debido a la enorme facilidad y los pocos problemas que causaban los terrícolas, los cuales no disponían de ninguna fuerza física y se mostraban completamente sumisos ante ellos.

A sus habitantes, le fue bastante difícil llegar a comprenderlos, pero ahora...casi podía sentir lo mismo que ellos. Si echaba a un lado su naturaleza guerrera saiyajin, estaba seguro de que era igual en muchos aspectos a cualquiera de los terrícolas. Le habían contagiado muchas de sus cualidades...había compartido con ellos ilusiones, tristezas, el tratar de comprender su existencia...incluso le enseñaron lo que era el amor...algo de lo que nunca oyó hablar, un concepto que para él nunca antes existió...y que sin embargo, ahora se había convertido en su razón de vivir, compitiendo de forma igual de intensa, con la necesidad de combatir y luchar que su naturaleza saiyajin le imponía.

Poco después de terminar las tareas de selección de la población terrícola, a él y a unas decenas más de soldados, se les asignó como punto clave de su misión uno de los lugares más habitados de la Tierra: la capital del Oeste. Debían mantener el orden y el control entre la población terrestre que no habían sido seleccionados para trabajar para ellos, y los cuales se dedicaban a intentar restablecer la ciudad como podían y a ayudarse mutuamente para conseguir sobrevivir. La mayor parte de ellos eran ancianos, mujeres y niños. Un día, le informaron que se había producido un altercado en uno de los muchos locales donde algunos soldados se dedicaban a beber alcohol y a divertirse con prostitutas. Se le ordenó dirigirse allí para restaurar el orden, y se produjo una pelea entre saiyajins, dando como resultado que algunos de ellos salieran heridos, y él fue uno de ellos. Al término de la lucha, los llevaron hasta el Hospital Central, y allí fue donde la conoció...a esa mujer terrícola que se había colado en su corazón y ahondado en su mente...la doctora Chichi. Desde el principio, le maravilló la preocupación con la que asistía a todas aquellas vidas, sin darle casi ninguna importancia a la suya, puesto que se enfrentaba contra cualquier saiyajin que intentara meterse de una u otra forma en su trabajo, hasta el punto de que, en una ocasión, uno de ellos estuvo a punto de eliminarla por desobedecerle, el cual no pudo cumplir su amenaza a no ser que él no hubiera intervenido. A partir de aquí, fue cuando empezaron a conocerse más el uno al otro, para al final llegar a enamorarse del modo en que ahora lo estaban. Mantenían su relación en secreto, por temor a que ella pudiera salir perjudicada, y se reunían cada noche en el pequeño apartamento en el que ella vivía, justo en el centro de la capital.

Tan sólo una persona conocía abiertamente su relación, su amiga Bulma. Recordó el día en que Chichi le habló de ella, le contó lo de su embarazo saiyajin y él se quedó helado al descubrir la noticia de que muy pronto iba a nacer el primer bebé fruto de la mezcla de sangre saiyajin con la de otra raza. Quiso conocerla y Chichi no puso ningún impedimento, puesto que ella tenia la clara convicción de que detrás de ese embarazo, había existido una relación de amor igual o muy parecida a la que ellos dos mantenían. Le costó trabajo conseguir que Bulma se abriera para ella, y efectivamente le confirmara este hecho, pero pese a su insistencia, jamás les quiso revelar quien era realmente el padre ni tampoco los motivos que les hicieron separarse. Ellos respetaron su decisión, y cuando el bebé nació, hacía un mes aproximadamente, le prestaron toda la ayuda necesaria. Chichi asistió el parto en el domicilio de ella, no queriendo arriesgarse a hacerlo en el hospital por temor a que pudieran ser descubiertos, y a los pocos días de nacer, cuando consideraron que era el momento más oportuno, él se encargó de cortarle la cola. Ahora ya nada podía hacer sospechar que la mitad de sus genes no eran terrícolas, puesto que en apariencia física, el niño había heredado el color de ojos de su madre y su cabello era de un tono violáceo, algo totalmente impensable en un saiyajin. Lo único que podría delatarle, era el increíble nivel de combate del que disponía, y del cual él se sorprendió al detectar nada más nacer, y el voraz apetito que heredó, típico de su raza. Después de barajar algunos nombres, su madre se decidió a llamarle Trunks. Había pasado ya un mes desde su nacimiento y tanto él como Chichi, visitaban a Bulma y a su hijo con bastante frecuencia, convirtiéndose los cuatro en casi una familia.

Iba pensando en todo esto mientras se dirigía volando hasta el apartamento de Bulma, donde Chichi le dijo que estaría. En cuanto llegó, subió las escaleras y llamó a la puerta. Bulma le abrió llevando a Trunks entre sus brazos, y le sonrió nada más verlo.

- Hola, Bulma...- Dijo sin mucho entusiasmo. – Veo que Trunks está dormido...y por lo que noto, ha vuelto a incrementar su nivel de combate..- Repuso sonriendo.

- Vamos, Kakarotto..es sólo un bebé...- Dijo Bulma después de soltar un pequeño suspiro.

- Bulma tiene razón...será mejor que dejes de asustarla con esa idea de que Trunks llegará a convertirse en un niño con tanta fuerza. – Exclamó Chichi haciendo su aparición y acercándose a Kakarotto para darle un tierno beso.

- De acuerdo..no volveré a decirlo, pero estoy seguro de que Trunks será muy poderoso. No hay que olvidar que la mitad de sus genes son saiyajins.- Replicó Kakarotto mientras observaba a Bulma dirigiéndose al dormitorio para acostar en la cunita a su bebé.

- No lo hemos olvidado, cariño...pero será mejor no adelantar acontecimientos.- Dijo Chichi. – Por cierto...¿para qué te necesitaban en la base militar?. – Preguntó.

Kakarotto cambió su expresión a una de preocupación y se sentó en el sofá del pequeño salón. A los pocos segundos, apareció Bulma y se extrañó al verle en esa actitud.

- ¿Qué ocurre?..¿malas noticias? – Dijo sentándose enfrente y dirigiendo su mirada un momento hacia Chichi.

- Vamos..Kakarotto, dinos de una vez lo que pasa...- Le increpó Chichi con nerviosismo.

El saiyajin las miró a ambas durante unos segundos, y después de suspirar resignado, comenzó a hablar:

- Hoy ha aterrizado aquí una nave que provenía directamente de Vegetasai..en ella viajaban un par de generales saiyajins y uno de ellos me ha hecho entrega de este documento..- Dijo mientras se lo daba a Chichi.

La mujer, algo extrañada, lo sacó del sobre y comenzó a leerlo en silencio. De pronto, sus ojos se abrieron al máximo y su corazón comenzó a latir con rapidez.

- ¿Quieren que regreses?..¡me dijiste que tu hermano y tu no teníais relación ninguna desde hace años!.- Dijo Chichi alzando la voz.

Bulma se sorprendió al descubrir que Kakarotto tenía un hermano. Presa de la curiosidad, le cogió el documento a Chichi y comenzó a leerlo..

- Lo sé...y no entiendo para qué demonios me necesita ahora...- Contestó el saiyajin algo enojado.

- ¿Y qué vas a hacer?.. – Repuso la mujer de pelo negro con tristeza.

De pronto, observaron caer el documento al suelo y ambos dirigieron su mirada hacia Bulma, la cual se había quedado paralizada mostrando signos de terror en su rostro.- Bulma...¿qué es lo que te pasa?...- Preguntó Chichi asustada.

La peliazul se encontraba en estado de shock. No podía creer lo que sus ojos habían leído. ¡Kakarotto era hermano de Raditz!. Jamás hubiera imaginado algo así...¿cómo podían ser tan diferentes?...Y lo que es peor, en la carta decía que algo estaba sucediendo en Vegetasai...¿acaso la habían descubierto y por eso le pedían a Kakarotto que regresara?. Miles de posibles razones pasaban sin descanso a través de su mente.

- ¿Estás bien?.- Dijo Kakarotto acercándose a ella.

- Si...si...es sólo que me sorprendió la noticia de que tengas que..regresar..- Dijo Bulma tratando de poner una excusa a su forma de actuar mientras Chichi la miraba extrañada sin comprender su reacción.

El saiyajin volvió a su asiento y dijo:

- Bueno...aún no lo he decidido...- Exclamó echándose hacia atrás. – Si es tan urgente o preocupante, me resulta extraño que la orden no haya sido formulada directamente por el príncipe o por el Rey. Creo que lo mejor será enterarme primero de lo que ocurre...- Dijo pasándose una mano por detrás de la nuca.

- Tu hermano habla sobre un cambio en la situación política de Vegetasai...¿sabes a qué se refiere? – Preguntó Bulma nerviosa.

Kakarotto se quedó meditando durante unos segundos hasta que dijo:

- Bueno...he oído rumores...pero no sé si tendrán algo que ver...- Tomó aire y continuó. – Todo empezó después de la decisión del Rey de desautorizar al Consejo y darle todo el poder a su hijo. Al parecer, este hecho no le hizo mucha gracia a distintos sectores de la población, y se empezaron a escuchar críticas bastante duras en contra de la Corona.- Dijo con tranquilidad.

- ¿Y por qué crees tú que el Rey haría algo así, aun sabiendo el riesgo que corría?.- Preguntó Bulma con curiosidad.

- Se comenta que fue idea del príncipe Vegeta. Todo el mundo conoce su desprecio hacia el Consejo. El es, sin duda, el guerrero más poderoso que existe y ha existido nunca en la historia de Vegetasai, pero aún así, mucha gente desconfía de él, sobre todo después de los rumores que hablan sobre su supuesta debilidad. – Repuso Kakarotto recordando lo que se comentaba entre las tropas de soldados que se encontraban en la Tierra, los cuales recibían dicha información a través de los saiyajins que venían desde Vegetasai y de otras colonias cuando realizaban misiones de transporte.

- ¿Debilidad? – Preguntó Chichi extrañada.

Bulma bajó la cabeza. Ella sabía muy bien a que se refería, puesto que lo había vivido en primera persona. Un sentimiento de culpabilidad comenzaba a inundarle. Si lo que se decía era cierto, probablemente ella era en parte responsable de que el pueblo saiyajin perdiera la confianza en su príncipe. Recordó en ese mismo instante el día en que Vegeta intentó explicárselo:

Flashback

- No entiendes nada, Bulma...Lo único que quise ayer que comprendieras es la situación en la que estamos los dos. Desde lo ocurrido con Raditz, las cosas han cambiado tanto para ti como para mi. – Contestó Vegeta con voz firme.

- ¿Por qué han cambiado para ti? – Preguntó la mujer con curiosidad.

Vegeta se quedó callado unos segundos, se apoyó en la pared con su postura habitual y le dijo algo más calmado:

- En estos momentos, habrá varias personas intentando averiguar el motivo por el cual yo casi acabé con la vida de uno de mis mejores hombres, aunque probablemente ya lo sabrán.-

- Pero...tú eres el príncipe ¿no?...nadie puede hacer nada contra ti...- Dijo Bulma con ingenuidad.

- Eso es lo que debería ser, pero no es así. El Consejo tiene mucho poder e intentarán demostrar ante mi padre y ante todo el pueblo mi...debilidad... – Dijo bajando la voz ante ésta última palabra.

- ¿debilidad?...el ayudar a otras personas no es un síntoma de debilidad, sino de honra y admiración...- Repuso Bulma.

Vegeta la miró seriamente y exclamó:

- No seas estúpida, mujer. Eso tal vez sea así en tu patético e inútil planeta, pero aquí no. Ya deberías saberlo. –

Fin del flashback

Kakarotto suspiró y se echó hacia atrás en el asiento, intentando quitarle importancia a lo que iba a contestarle a Chichi, puesto que él hacía ya un tiempo que no se sentía identificado de esa forma:

- Si...en mi raza se considera que el mostrar algún tipo de sentimientos, es síntoma de debilidad, y eso significa una deshonra. – Dijo con desdén.

- ¿Quieres decir que el príncipe se ha enamorado? – Volvió a preguntar la mujer de ojos negros.

- Bueno...no se sabe a ciencia cierta...pero se cree que mantuvo durante algún tiempo una relación algo peculiar con una mujer que no era la suya. – Contestó el saiyajin no queriendo dar más información sobre detalles que no se sabían con certeza.

- ¿Algo peculiar?...- Dijo Chichi. – A eso se le llama "infidelidad"...¿verdad que si, Bulma? – Se volvió hacia la mujer que estaba a su lado, la cual tenía la mirada fija en un punto al azar y los ojos vidriosos, como perdida en sus propios pensamientos..-¡Bulma!..¿qué te ocurre? – Dijo alzando la voz.

La peliazul reaccionó y fijó su vista en su amiga unos segundos para después mirar hacia el hombre que tenía enfrente, el cual la miraba con expresión confundida e inocente.

- No...no me ocurre nada...es sólo que estoy cansada...nada más...- Dijo apenada.

- Deberías acostarte ya, Bulma...nosotros nos vamos ya para que puedas descansar..- Dijo Chichi con una sonrisa. – Vamos, Kakarotto..ya es tarde..- Repuso mirando al joven saiyajin mientras se levantaba del asiento.

- Si...tienes razón..- Dijo él haciendo lo mismo.

Bulma los acompañó hasta la puerta, y antes de despedirse, no pudo evitar hacer la pregunta que le andaba rondando durante casi todo el tiempo que habían estado manteniendo la conversación anterior.

- Kakarotto..- Dijo. - ¿De qué lado estás tú? – Preguntó.

El saiyajin la miró extrañado y contestó:

- ¿A qué te refieres? –

- A si tú también crees que el príncipe es una deshonra para tu pueblo..- Repuso ella.

Kakarotto y Chichi se miraron el uno al otro durante un segundo y después el hombre se decidió a contestar de la siguiente forma:

- Bueno...no conozco al príncipe tanto como pueda conocerle mi hermano, puesto que el pertenece a su escuadrón, pero...no creo que exista ningún otro saiyajin más preparado que él para suceder al Rey.- Dijo – En cuanto a lo de su debilidad, y si es cierto lo que dicen y él ha experimentado al igual que yo lo que es el amor, estoy seguro de que será el mejor Rey que haya existido jamás en toda la historia de Vegetasai.- Concluyó.

Bulma se quedó en silencio durante unos segundos, y se dio la vuelta intentando ocultar la tristeza en sus ojos. Chichi y Kakarotto no se movieron de donde estaban, notando con claridad que su amiga tenía algo más que decirles antes de que se fueran, pero ninguno quiso presionarla con preguntas, querían que fuera ella la que tomara la decisión de contar lo que probablemente había ocultado durante mucho tiempo.

Al cabo de unos minutos donde reinó el más absoluto silencio entre los tres, Bulma comenzó a hablar de forma lenta y pausada:

- Escúchame, Kakarotto: Tu hermano Raditz no pertenece desde hace ya algún tiempo al escuadrón del príncipe...no me preguntes cómo lo sé, porque no voy a responderte, al menos no por ahora...Lo único que quiero es ayudarte a tomar la decisión de si debes ir o no a Vegetasai. – Dijo sin volverse.

El saiyajin se quedó sorprendido ante esta declaración y dijo:

- ¿Por qué dejaría mi hermano ese puesto que tanto le costó conseguir?..No tiene mucho sentido..-

- No fue decisión suya...Tu hermano defraudó al príncipe de alguna forma, y él le expulsó de su escuadrón. – Dijo. – Lo que quiero decirte...es que es bastante probable que Raditz sea una de esas personas que muestran su disconformidad con la Corona, y creo que está buscando aliados para perjudicar la imagen del príncipe, por eso es por lo que quiere que tú regreses. Tu y Chichi me habéis ayudado mucho y estoy en deuda con vosotros, por esta razón tenía que decirte lo que sé. De todas formas, si yo fuera tú, trataría de buscar más información para tratar de descubrir qué es lo que realmente busca tu hermano. – Después de terminar la frase, se volvió y se quedó callada esperando una reacción por parte de sus dos amigos.

- No hace falta indagar mucho más, coincido contigo. Una venganza...es algo típico de mi hermano..- Exclamó Kakarotto. – Muchas gracias, Bulma. – Le dijo sonriendo.

- De nada...- Dijo ella devolviéndole la sonrisa. Kakarotto se dispuso a salir del piso de Bulma y comenzó a bajar las escaleras. Chichi se quedó parada y esperó a que él estuviera lo suficientemente lejos como para no escuchar lo que quería decirle a su amiga:

- No hace falta que te diga que no quiero separarme de él. No puedo concebir mi vida sin él a mi lado, Bulma...- Dijo con los ojos llorosos.

- Lo sé...- Contestó la mujer de azules ojos.

Ambas mujeres se abrazaron la una a la otra, y después, la doctora salió por la puerta y se marchó.

Habían pasado quince días desde que Vegeta regresara del espacio, y la situación en el imperio se encontraba bastante tensa. El Rey se reunía casi a diario con el Consejo intentando buscar una solución a lo que ocurría en su imperio, sobre todo en las colonias, donde se sucedían los enfrentamientos de forma habitual. Hasta ahora, la situación en Vegetasai estaba controlada, pero algo les decía a él y a su hijo que muy pronto comenzarían las revueltas allí también. Vegeta se dedicaba a entrenar con mucha más asiduidad de lo normal, preparándose para lo que pudiera ocurrir. En una reunión con su padre, se decidió que el príncipe viajaría una a una a todas las colonias para restaurar el orden. Se propuso limpiar su ejército de traidores y eliminaría sin piedad a todos aquellos que osaron y osan declararse en contra de la Corona.

Después de que el Rey le hiciera publica la noticia a Kabark, el comandante se reunió con Raditz para advertírselo:

- ¿Y a qué esperamos, Kabark?...Tenemos que actuar..¡Ya! – Dijo Raditz nervioso.

- No estoy seguro de que aún estemos preparados...aún no hemos logrado reunir a los hombres suficientes – Contestó el comandante.

- Ya tenemos los necesarios. Dispongo de un gran número de saiyajins capaces de enfrentarse sin ningún temor a los escuadrones fieles a Vegeta y al Rey. – Repuso el saiyajin de pelo largo.

- ¿Y qué hay de tu hermano?. Dijiste que le necesitarías, y aún no ha llegado..-

- Si..se lo que dije, pero ya no le necesito. Además, Kakarotto es un guerrero de tercera clase y siempre fue un debilucho...- Dijo. – Tenemos que dar la orden mañana mismo, Kabark. –

El comandante se quedó en silencio. Raditz tenía razón, no podían dejar pasar más tiempo, puesto que la decisión de Vegeta de viajar a las colonias había sido algo inesperado. Tenía que reconocer que el príncipe era más inteligente de lo que había imaginado, estaba seguro de que sabía que la mayor parte de las fuerzas rebeldes se encontraba en Vegetasai, y su intención era eliminar a los traidores en las colonias primero, puesto que no le resultaría difícil acabar con ellos. Después de lograrlo, sabía que la voz se correría por todo el imperio, consiguiendo que muchos de los hombres que ahora se encontraban convencidos de su victoria, empezaran a dudar. Probablemente, la gran mayoría decidieran abandonar su lucha, intuyendo que un enfrentamiento con Vegeta y sus hombres les conduciría irremediablemente a la muerte.

- De acuerdo. – Dijo el comandante. – Reúne a tus hombres y prepáralo todo. Atacaremos mañana al amanecer. –

Eran las 3 de la mañana y Vegeta se encontraba tumbado en la cama con los brazos por detrás de la nuca y arropado de cintura para abajo por una fina sábana. No podía dormir, y por su mente vagaban miles de ideas y pensamientos que lo preocupaban en exceso, tratando de buscar respuestas y soluciones a todo lo que había ocurrido en su vida últimamente y a lo que estaba sucediendo ahora...¿por qué no podía salirle algo bien?..No quería compadecerse a sí mismo, eso no era propio de él, pero estaba harto de que sus acciones se volvieran siempre en contra suya. Viajó a través de sus recuerdos, percatándose de que sus problemas empezaron casi al mismo tiempo en que descubrió el amor al lado de ella...Bulma...¿Serían esos sentimientos los culpables de sus problemas?..No...algo que lo hizo sentirse tan bien consigo mismo no podía ser la causa de su situación actual...Mas bien, el hecho de haberla perdido podría ser el motivo...No había vuelto a ser el mismo desde que ella se marchó, y probablemente, ese cambio en su personalidad afectó gravemente a todos los ámbitos que rodeaban su vida, dando como resultado a todo lo que ahora se enfrentaba...

Giró su cabeza y miró hacia la mujer que dormía plácidamente a su lado...otra más...¿cuántas hembras habían pasado por su lecho después de que ella se fuera?...muchas, sin duda. Y ninguna de ellas había logrado satisfacerle ni hacerle sentir ni siquiera una mínima parte de lo que experimentaba con ella, tan sólo eran meros instrumentos para aplacar sus hormonas...¿Le pasaría a ella lo mismo?. Gruñó. Solo el hecho de imaginarla con otro hombre casi conseguía que su ki se elevara, pero en el fondo, sabía que existía esa posibilidad...y también de que otro hombre le hiciera olvidarle a él, que sucumbiera y se enamorara de nuevo...Cerró los ojos. Ese era su mayor temor...a menos que jamás se enterara, sabía que no podría vivir con la certeza de que su corazón le pertenecía a otro, que él sólo fuera un recuerdo del pasado y que su felicidad la hubiera encontrado en los brazos de otro hombre...Decidió no atormentarse más con esas ideas, y trató de dormirse. Se giró hacia el lado contrario de su acompañante, y a los pocos minutos, se dejó dominar por el cansancio...

Su sueño fue interrumpido a las dos horas después por el sonido de unos nudillos golpeando su puerta. Miró al despertador y se levantó comenzando a ponerse los boxers mientras se dirigía a abrir.

Se encontró con un Nappa nervioso y con señales de preocupación en su rostro.

- ¿Qué ocurre? – Dijo el príncipe.

- ¡Nos atacan, Vegeta!. Todo Vegetasai está sumido en una batalla. – Replicó el enorme saiyajin alzando la voz.

El príncipe se quedó paralizado unos segundos, creyendo por un instante que aún no había despertado. Se dirigió al interior de la habitación seguido por Nappa y comenzó a vestirse rápidamente. La guerra había comenzado y este era el principio que lo llevaría a conocer todas las respuestas que andaba buscando desde hacía bastante tiempo...

-CONTINUARÁ-

Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.

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