Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 22

La batalla (primera parte)

- ¿Dónde está mi padre? – Preguntó Vegeta mientras caminaban por los pasillos de palacio con rapidez.

- No te preocupes, toda su guardia personal está escoltándole. Se encuentra en la sala del trono y desde sus ventanales se puede ver lo que está ocurriendo. – Contestó Nappa.

- Vayamos hacia allí ahora mismo. – Repuso el príncipe.

Todo el exterior de la sala estaba plagado de soldados saiyajins, los cuales estaban entrenados para dar su vida por el Rey si fuera necesario. En cuanto llegaron allí, Vegeta y Nappa entraron directamente y tres pares de ojos se dirigieron inmediatamente hacia ellos. El príncipe gruñó al ver a las dos personas que acompañaban a su padre: Kabark y Syra. Ignorándolos completamente, se acercó hacia la posición del Rey, y antes de que pudiera hablar, su padre comenzó a decir:

- ¡Vegeta!..No puedo creer lo que está ocurriendo...¡maldita sea!..¿en qué nos hemos equivocado? – Dijo alzando la voz.

- No se trata de eso, padre...- Repuso el príncipe acercándose a la ventana. – Parece ser que ha comenzado antes de lo previsto. – Dijo observando la batalla campal en la que se habían convertido las calles de Vegetasai.

Se volvió y miró hacia Syra y Kabark. Clavó sus penetrantes ojos negros en ellos y dijo:

- Kabark¿qué haces tú aquí?..¿no deberías estar escondido junto a los demás miembros del Consejo?. – Exclamó de forma irónica.

Antes de que el comandante pudiera responder, el Rey replicó alzando la voz:

- Yo le pedí que viniera. – Gruñó.- No es momento para vuestros estúpidos enfrentamientos, Vegeta. Será mejor que se os ocurra cómo demonios acabar con esta maldita situación. – Dijo.

- Tu padre tiene razón, príncipe. Debemos tomar una decisión rápida. – Comentó el comandante.

- No necesito tu ayuda, Kabark. Yo resolveré el problema a mi modo. – Dijo. - ¡Nappa!, convoca a diez de nuestros mejores escuadrones. Que se preparen para la lucha y estén alerta para recibir mis órdenes. El resto, deberán quedarse protegiendo todos los accesos a palacio. – Ordenó dirigiéndose hacia su compañero.

- Ahora mismo, Vegeta.- Contestó Nappa saliendo con rapidez de la sala.

- ¿Por qué todos esos soldados se han vuelto en nuestra contra?. Hasta hace unos días, todos parecían servir fielmente a la Corona..no logro entenderlo..- Dijo el Rey nervioso.

- Está claro que fingían. Reciben órdenes de alguien a quien respetan más que a su Rey, y lo tenían todo debidamente premeditado, aunque por alguna razón, presiento que han adelantado sus planes...¡Mejor...así podré acabar con esos malditos traidores de una vez por todas!..- Exclamó Vegeta marcando una sonrisa irónica en sus labios.

Syra se acercó a la ventana donde Vegeta observaba el exterior y, después de echar una mirada rápida hacia fuera, se giró y se fijó en la expresión en el rostro de su esposo. Se le notaba tranquilo y seguro de sí mismo, como si llevara esperando durante mucho tiempo lo que estaba ocurriendo.

- ¿Qué tienes pensado hacer, Vegeta? – Le preguntó.

El hombre la miró durante un segundo y volvió a dirigir su vista hacia la ventana.

- Saldré ahí fuera y le demostraré a esa pandilla de inútiles quien es el príncipe de los saiyajins.- Dijo.

Syra se enorgulleció de oirle hablar así y miró hacia Kabark. Desde el primer día en que Kabark le comentó sus planes, ella estuvo segura de que tenían la batalla perdida. Intentó advertírselo al comandante, pero no le escuchó. Nadie, excepto Nappa y el Rey, conocía tan bien a Vegeta como ella, y siempre admiró al príncipe por su honor, orgullo y poder. Las cosas entre ella y él no funcionaron como ella esperaba, y estaba convencida de que su esposo la odiaba, y probablemente la mataría en cuanto descubriera todo lo que ella había hecho en contra suya, pero aun así, siempre le dejó claro a Kabark que ella no participaría en sus planes de derrocar a la Corona. Por eso, había tomado una decisión. Sabía que, tanto si la batalla terminara a favor de Vegeta o a favor de Kabark, ella estaría condenada a morir hoy, pero desechaba la idea de hacerlo de forma deshonrosa, su orgullo y su honor de guerrera no se lo permitiría. Si tenía que morir, sería luchando, tal y como su sangre saiyajin le dictaba. Ella era la princesa de Vegetasai, y moriría como tal, no como una traidora a su reino y a su raza, eso nunca...

De pronto, Vegeta observó a través de la ventana a un grupo de saiyajins rebeldes atacando a un escuadrón fiel a la Corona. Y, con sorpresa, se fijó en el hombre que parecía ser el que dirigía el ataque...¡Raditz!...¿qué hacía el aquí?...¡maldito traidor!...Apretó los dientes y frunció la mirada. Se volvió hacia el Rey y le dijo:

- Padre, cuando llegue Nappa dile que encabece a nuestros escuadrones para luchar contra los rebeldes. Y será mejor que tú permanezcas aquí hasta que todo termine.- Exclamó mientras se dirigía con furia hacia la puerta dispuesto a marcharse.

- ¿Es que no piensas esperarle?. ¿Dónde demonios vas? – Preguntó el Rey extrañado ante la actitud de su hijo.

- A acabar con algo que dejé pendiente hace tiempo...- Repuso saliendo a toda prisa de la sala.

Salió de palacio cegado de ira y emprendió el vuelo en busca de Raditz. En el camino se topó con algunos de los soldados rebeldes que lo reconocieron y trataron de atacarle entre varios, alcanzándole con alguna de sus ráfagas de ki, pero ninguno de ellos logró sobrevivir a la primera y única respuesta del príncipe. Utilizó bastante energía para acabar con ellos lo más rápido posible, puesto que su principal objetivo era otro: eliminar a Raditz.

El guerrero de pelo largo daba órdenes a gritos a sus soldados mientras luchaba contra dos saiyajins. Finalmente, y casi sin ningún esfuerzo, atravesó el cuerpo de uno de ellos

con una poderosa ráfaga de ki, matándolo al instante, y de inmediato se giró hacia el otro que lo esperaba en posición de pelea. Justo cuando se lanzó volando hacia él y uno de sus puños iba a tomar contacto con el hombre...,de pronto, se vio golpeado él mismo, y su cuerpo fue lanzado a varios metros hacia la izquierda chocando contra una pared de un edificio, la cual se derrumbó encima suya. Aquél golpe le dolió, y se incorporó un poco entre los escombros para inmediatamente buscar con sus ojos el origen del mismo. Alzó la vista al frente y se encontró con la figura del príncipe a tan sólo unos metros de él. Tenía los brazos cruzados y Raditz pudo sentir su fría mirada clavada totalmente en él.

Terminó de levantarse y se puso de pie, mientras se limpiaba con una de sus manos el pequeño reguero de sangre en sus labios. Sonrió y comenzó a decir:

- Vegeta...te estaba esperando...comenzaba a impacientarme ya...-

El príncipe se sorprendió un poco y luego, frunciendo el ceño contestó:

- Debí imaginar que una rata traidora como tú estaría detrás de todo esto...Tenía que haber acabado contigo cuando tuve la ocasión. - Dijo sin cambiar de postura.

- Cierto...¡porque yo no cometeré hoy el mismo error que tú!..- Exclamó lanzándose a toda velocidad hacia él. Vegeta lo esperó sin mover ni un músculo y cuando estuvo lo suficientemente cerca de él, apretó los dientes y se colocó en posición de defensa.

Raditz comenzó a lanzarle patadas y golpes con sus puños, que el príncipe lograba esquivar, hasta que uno de ellos consiguió alcanzarle en su abdomen causándole algo de daño. Su respuesta no se hizo esperar, y le devolvió el golpe a Raditz asestándole una patada en la cara.

Los dos saiyajins comenzaron a elevarse en el aire mientras que todos los músculos de sus cuerpos trabajaban al unísono, repartiendo patadas y puñetazos a su contrincante, siendo la gran mayoría esquivadas por el otro y sólo unos pocos logrando conseguir su objetivo de tomar contacto con la piel de su enemigo.

Finalmente, Raditz se separó y comenzó a formar una bola de energía en una de sus manos. Se la lanzó al príncipe y éste la golpeó al llegar hasta su posición, desviándola de su trayectoria inicial.

- Veo que has mejorado en este tiempo, Raditz...pero sigues siendo un miserable guerrero de tercera clase a mi lado...- Dijo Vegeta con ironía.

- ¿A quién quieres engañar, Vegeta?..Ya no eres tan poderoso como antes, y te lo demostraré...Tu patética debilidad será la que te conduzca a la muerte..- Gritó Raditz.

Vegeta gruñó y se enfureció ante las palabras de su oponente, y le dijo:

- Y si estabas tan convencido de eso...¿por qué esperar todo este tiempo?..¿por qué no te enfrentaste a mi mucho antes? – Preguntó cruzando los brazos de nuevo.

Raditz sonrió y contestó:

- ¿Y perderme todo lo que he disfrutando durante estos meses? – Dijo. – Si, príncipe...no imaginas lo mucho que me divertí viendo como volaba por los aires el laboratorio con tu maldita puta dentro...- Comenzó a reir a carcajadas observando como el rostro de Vegeta transmitía puro odio en todas sus expresiones.- Aunque debo reconocer...que también lo pasé realmente bien mientras follaba con tu preciosa esposa, la princesa...- Volvió a reir. – ¡Pero nada de esto será comparable a la inmensa satisfacción que sentiré cuando consiga acabar contigo!...- Dijo alzando la voz ante estas últimas palabras y comenzando a acumular energía en todo su cuerpo.

Vegeta se quedó en silencio. Su corazón se aceleraba más cada vez y su respiración se agitaba. Aún no entendía como era posible que sus órdenes no se cumplieran y Raditz no fuera enviado a aquella lejana colonia donde él lo destinó después del incidente con Bulma. ¿Cómo había podido ser tan estúpido de no comprobarlo siquiera?. De todas formas, el daño ya estaba hecho...Ahora sólo restaba cumplir la promesa que le hizo a Bulma antes de marcharse: "torturaré hasta la muerte a aquellos que han conseguido separarte de mi..."

Con esta única idea en su mente, dirigió su mirada llena de odio hacia Raditz, y le dijo completamente fuera de sí:

- ¡Prepárate, Raditz..porque vas a sufrir en tus carnes toda mi ira, antes de que logre enviarte al infierno! – Exclamó comenzando a gritar acumulando todo su poder. Sus ojos se enrojecieron y sus músculos empezaron a tensarse al máximo. La tierra que se encontraba próxima a él temblaba y alrededor de todo su cuerpo se formó una especie de torbellino de energía que lo envolvía.

Los dos hombres continuaron su tarea de concentrar todo su ki, logrando captar la atención de todos los saiyajins que luchaban unos contra otros en todo Vegetasai. Se quedaron paralizados sintiendo tanta energía fluir a través de los cuerpos de los dos guerreros, pero ninguno de ellos se atrevió a acercarse.

Nappa, que siguiendo las órdenes del príncipe, se encontraba luchando contra los rebeldes encabezando a sus más fieles escuadrones, paró un momento, y detectó el poderoso ki de Vegeta acumularse con rapidez. También sintió el de Raditz, infinitamente inferior al del príncipe. Sonrió. La suerte estaba echada, Raditz no era rival para Vegeta y sabía que no le llevaría mucho tiempo acabar con él.

Mientras, en palacio, los allí presentes también sintieron la poderosa energía que emanaban los cuerpos de los dos hombres, y el Rey dijo:

- Siento aumentar el ki de Vegeta, y cerca de él se encuentra otro al que no logro identificar...¿quién será?..-

Syra miró hacia Kabark primero y después se dirigió hacia el Rey:

- Se trata de la energía de Raditz, mi señor. –

- ¿Raditz?..¿ese no es aquel soldado que pertenecía al escuadrón de mi hijo?..¿no es ese al que Vegeta estuvo a punto de eliminar en aquella ocasión?...- Preguntó.

- El mismo, mi Rey. – Contestó Kabark. – Al parecer han vuelto a encontrarse de nuevo. –

- Debe ser un completo estúpido al querer enfrentarse con Vegeta. Ya le perdonó la vida una vez, no creo que se repita lo mismo en esta ocasión. Mi hijo es infinitamente más poderoso que él. – Dijo sonriendo.

Kabark se quedó pensando. El Rey tenía razón, la fuerza de Raditz no era en nada comparable a la del príncipe. Ese imbécil estaba equivocado al creer que el poder de Vegeta había disminuido, no había nada más que sentir el aura de los dos para ver la diferencia entre ambos. No le quedaba más remedio que actuar lo antes posible, antes de que el príncipe terminara definitivamente con él.

- Será mejor que vaya a ver qué ocurre. – Dijo Kabark caminando hacia la puerta.

- Buena idea, Kabark. Infórmame de cómo se encuentra la situación. – Contestó el Rey.

Salió de palacio volando tratando de evitar mezclarse en alguna de las batallas que se producían alrededor de él. De pronto, divisó a Nappa, el cual se zafaba con bastante facilidad de cuatro soldados que lo habían rodeado intentando atacarle. Descendió hasta su posición, y éste al verle, exclamó:

- ¡Kabark!...¿se encuentra bien el Rey? – Preguntó.

- Si...la situación en palacio está controlada. – Dijo – Hemos notado que Vegeta está enfrentándose a alguien poderoso y el Rey me ha ordenado averiguar lo que sucede. – Dijo.

- No hay de qué preocuparse, comandante, se trata de Raditz, y no tiene nada que hacer contra el príncipe. – Contestó Nappa con una enorme convicción en sus palabras.

- De todas formas...no estaría de más que fuéramos a echar un vistazo.- Dijo mientras se elevaba. -Ese tal Raditz ha demostrado no tener ningún tipo de honor, y lo más probable, es que trate de jugar sucio con el príncipe..- Replicó Kabark en un intento de persuadir a Nappa para convencerle de abandonar su lucha y le siguiera.

Las palabras del comandante hicieron dudar a Nappa. El conocía muy bien a Raditz y estaba seguro de que intentaría ganar la batalla a cualquier precio, y él nunca se perdonaría el hecho de que a Vegeta le ocurriera algo y él no hubiera estado allí para ofrecerle su ayuda.

- Tal vez tengas razón, Kabark. Vayamos hacia allí, pero será mejor que te avise de que Vegeta no permite que nadie intervenga en sus enfrentamientos. Nos acercaremos solamente a observar. – Dijo elevándose en el aire hasta situarse a la misma altura que el comandante.

Kabark asintió y los dos hombres comenzaron el vuelo. Nappa iba por delante a tan sólo unos pocos metros de él, y cuando ya llevaban recorrida una cierta distancia y nadie les observaba, el comandante frunció la mirada y fijando su objetivo en el enorme saiyajin que volaba de espaldas a él, acumuló una cantidad enorme de su ki en sus dos manos, y

se la lanzó con fuerza. Por un instante, Nappa sintió la gran fuente de energía que se acercaba peligrosamente a él, pero cuando reaccionó y se giró para enfrentarla ya era demasiado tarde...La explosión de ki contactó directamente contra su cuerpo, dándole de lleno. El hombre gritó de dolor y salió despedido cayendo de forma irremediable para terminar golpeándose de forma brutal contra el rocoso suelo de Vegetasai.

Kabark descendió hasta el lugar donde Nappa cayó, comprobando con rabia que áun continuaba con vida...

- Mal..di..to...trai..dor..- Dijo Nappa al verle frente a sí. Apenas podía moverse y su cuerpo estaba ensangrentado por diversas zonas.

- Lo siento, Nappa. – Contestó el comandante. – Nunca he tenido nada en contra tuya...pero no puedo permitir que Vegeta cuente con tu ayuda. Tenía que deshacerme de ti como fuera.- Dijo mientras extendía su mano derecha apuntándole, con la intención de terminar definitivamente con su vida.

- Cobar..de...el príncipe..te eliminará..igualmente...- Dijo Nappa tosiendo sangre.

Kabark frunció la mirada mientras una bola de ki se formaba en la palma de su mano.

- Tal vez...pero tú no estarás aquí para verlo, Nappa. – Y diciendo esto, la lanzó en dirección a su víctima mientras él se elevaba escapando de la explosión producida por el choque. Inmediatamente después, y convencido de su victoria, se marchó volando con rumbo hacia el lugar donde se sentía fluir la energía de Vegeta y de Raditz.

A los pocos segundos, la extensa polvareda levantada por el impacto comenzó a disiparse, y tras ella, se veía una enorme hendidura formada en la tierra justo en el lugar donde el cuerpo de Nappa se encontraba unos minutos antes.

A pocos metros de allí, la figura de una mujer saiyajin comenzaba a incorporarse después de haber estado protegiendo de la explosión con su cuerpo el de otro guerrero. Nappa, tumbado y malherido, abrió los ojos y se sorprendió al descubrir a la persona que, segundos antes de que aquella bola de energía impactara contra él, lo sacó de allí salvándole de una muerte segura.

- Syra...- Dijo el enorme saiyajin.

La princesa lo miró con expresión seria. Se sintió aliviada al ver que el hombre aún seguía con vida y también de que Kabark se había marchado sin comprobar el resultado de su ataque. Minutos antes, en palacio, cuando el comandante salió al exterior, ella supo que se dirigía a ayudar a Raditz para tratar de eliminar entre ambos a Vegeta. Estaba segura de que utilizarían cualquier treta para conseguirlo, y un impulso la llevó a seguirle...Pudo observar como Kabark atacó a Nappa por la espalda, de forma cobarde y deshonrosa para cualquier saiyajin, y su orgullo de guerrera le condujo a tomar una decisión, y por eso, cuando el comandante lanzó aquella bola de energía contra Nappa, ella se dirigió hacia allí con la mayor rapidez, lo agarró con sus brazos y se echó hacia el suelo unos pocos metros más allá, cubriendo con su cuerpo el del hombre herido.

- Vamos...te llevaré a una cámara de regeneración..- Dijo Syra mientras trataba de levantar el pesado cuerpo de Nappa.

- No, primero..debes avisar..al Rey..- Dijo él con la voz entrecortada. – Déjame aquí..y dirígete a palacio...Vegeta necesitará ayuda...-

- Si te dejo aquí..morirás.- Contestó ella.

- No importa...El Rey debe..saber lo que está..pasando...- Repuso con dificultad.

Syra se quedó pensando unos segundos, y después dijo:

- Te llevaré a una cámara de regeneración y cuando estés curado de tus heridas, informarás tú mismo al Rey. Mientras, yo me dirigiré hacia donde está luchando el príncipe, y juntos trataremos de hacer frente a esos dos. Estoy segura de que aguantaremos hasta que tu y el Rey vengáis en nuestra ayuda, eso si Vegeta no logra vencerlos antes. – Levantó a Nappa como pudo, apoyó el brazo de él en su hombro, y agarrándolo por la cintura, emprendió el vuelo.

Mientras...el combate entre Vegeta y Raditz continuaba. La victoria se tornaba a favor del príncipe, el cual ya había tenido varias ocasiones para acabar con la vida de su oponente, pero en vez de eso, permitía que se recuperara un poco y después volvía al ataque, asestándole nuevos golpes y ráfagas de ki, disfrutando con cada uno de ellos, notando como le hervía la sangre y salía a relucir su ira mientras cumplía con su promesa de hacerle torturar hasta la muerte.

Detrás de unas rocas próximas al lugar de la batalla, se encontraba Kabark observándolo todo. Había llegado hacía unos pocos minutos y descendió su ki al mínimo para no ser detectado. Poco a poco, notaba como iba disminuyendo la energía de Vegeta y como aumentaba su agotamiento físico, tal y como él esperaba. Siempre supo que Raditz no era rival para el príncipe, pero el enfrentamiento entre ambos, le serviría para conseguir agotar lo suficientemente a Vegeta como para que su poder se redujera y él tuviera una oportunidad de vencerle, puesto que de otro modo, jamás lograría ni tan siquiera dañarle un poco. Ahora sólo faltaba buscar el momento apropiado para actuar. Lo atacaría de forma inesperada, tal y como hizo con Nappa, y esto unido a su alto grado de agotamiento físico, estaba seguro de que el príncipe no lograría esquivarlo.

De pronto, un golpe certero de Vegeta, logró enviar con fuerza el cuerpo de Raditz a chocarse contra el suelo, y el príncipe descendió hasta su posición. Se situó a tan sólo un par de metros de él y extendió su mano derecha.

- Vamos, Raditz..¿a qué esperas?...suplícame que acabe con tu vida ahora mismo...- Dijo con desprecio, mientras una media sonrisa irónica se mostraba en sus labios.

Inesperadamente, Raditz comenzó a reir tratando de aguantar el dolor en casi todas sus articulaciones, y contestó:

- Crees que me has vencido, Vegeta...pero ambos sabemos que la batalla la gané yo el día que hice desaparecer a tu preciosa esclava...y que por mucho que...me

tortures...jamás volverás a verla...- Dijo volviendo a reir a la vez que tosía por el esfuerzo realizado.

Vegeta frunció el ceño y apretó los dientes y en su mano extendida comenzó a formarse una bola de ki.

Kabark, decidió entonces que éste era el momento preciso para realizar su ataque. Vegeta estaba de espaldas a él y Raditz tumbado en el suelo, lo cual le daba a éste último la oportunidad de salvarse. Se incorporó y, con ambas manos entrelazadas, realizó una de sus más poderosas técnicas, enviando con dirección al príncipe una enorme ráfaga de ki acumulada, la cual se dirigía con gran velocidad hacia su objetivo.

- ¡Vegeta!..¡Detrás de ti!...- Se escuchó un grito. El príncipe se volteó y descubrió a muy poca distancia de él la poderosa energía. Sin darle tiempo a esquivarla, estiró los brazos y la enfrentó, utilizando toda su fuerza para evitar el contacto con su cuerpo. Apretó los dientes y sus músculos se tensaron al máximo mientras sus manos conseguían casi detenerla, y en el suelo, sus pies empezaron a formar un surco entre la tierra. De pronto, gritó con fuerza logrando acumular mas ki, y con un esfuerzo realizado al máximo, empujó de nuevo hacia el frente, para lograr finalmente ganarle terreno y desviarla hacia el cielo, donde desapareció. Se quedó exhausto, pero al menos no había resultado herido. Descubrió a Kabark situado unos metros frente a él y una expresión de enorme desprecio se dibujó en su rostro. No se sorprendió demasiado al verle, puesto que siempre había sospechado de él y de su supuesta amistad con el Rey.

- ¡Kabark!..ya era hora de que aparecieras...- Dijo Raditz acercándose hasta la posición del comandante. – De pronto, su vista se centró en Syra, situada a la izquierda del príncipe, la cual había llegado en el momento en el que Kabark había lanzado su ataque contra Vegeta, dándole el tiempo justo para lograr avisarle. - ¡Maldita zorra!...- Dijo, y se volvió hacia el comandante: - Te dije que nunca debimos fiarnos de ella. –

- No te preocupes, pensaba eliminarla de todas formas, y supongo que esta es la mejor ocasión para hacerlo. – Repuso. – Mi tardanza se ha debido a un pequeño encuentro que he tenido con Nappa...- Dijo mientras sus ojos se clavaban en la figura del príncipe, esperando una reacción por parte de él.

- Maldito cobarde...¿acaso quieres hacerme creer que has vencido a Nappa? – Replicó el príncipe incrédulo.

Kabark sonrió y, al segundo, contestó:

- El muy estúpido nunca debió bajar la guardia...y eso le costó la vida...-

- ¡Traidor miserable!...- Gritó Vegeta mientras intentaba acumular energía en su cuerpo, preso del odio y la ira.

Syra corrió y se colocó a su lado en posición de ataque, mientras hacía emerger su ki preparándose para la lucha.

- Fíjate, Raditz...¿no te parece enternecedor?...creo que es la primera vez que veo tan unida a esta pareja...- Exclamó Kabark soltando una carcajada. – Después de que él se

tirara a la mitad de las hembras que circulan por palacio y de que ella se paseara en varias ocasiones por tu cama y por la mía...ahora resulta que están más juntos que nunca...- Dijo volviendo a reir.

Raditz rió ante su comentario y dijo:

- Tienes razón...resulta patético..- Exclamó. – Bien..tracemos un plan: Yo me encargaré de esa estúpida ramera y tú del principito engreído. En cuanto consiga eliminarla, te ayudaré a acabar con él definitivamente. – Dijo mientras fijaba su vista en la princesa.

Syra supo enseguida que se había convertido en el objetivo del saiyajin de pelo largo, y girándose hacia el príncipe, el cual respiraba de forma agitada, le dijo:

- Vegeta...¿crees que podrás tú solo contra Kabark?. Se que Raditz irá a por mi, pero puedo tratar de esquivar su ataque, para así poder ayudarte contra el comandante. –

El príncipe se giró hacia ella con el ceño fruncido y le increpó alzando la voz:

- No necesito tu ayuda, Syra. Y espero que ni se te ocurra intervenir en la lucha. – Dijo con desprecio.

- No seas estúpido, Vegeta. Si luchamos juntos contra ellos, tendremos más posibilidades de vencer. Mírate...estás agotado...– Exclamó ella devolviéndole los gritos.

- ¿A quien llamas estúpido?, maldita zorra. – Gruñó el príncipe. – Y será mejor que estés preparada, porque en cuanto elimine a esos dos hijos de puta, me desharé de ti de una vez por todas..- Le increpó de forma amenazante.

- Deberías hacer caso a tu querida esposa, Vegeta, y tendrías que estarle agradecido, puesto que antes te salvó la vida. – Interrumpió Kabark. – Tu energía física se encuentra al mínimo y tu nivel de combate ha descendido a más de la mitad de lo habitual...¡Estás acabado, príncipe!. –

Vegeta le encaró, y con toda la ira acumulada en su interior, gritó:

- ¡Ni en tus mejores sueños, Kabark!..¡Aún tengo las suficientes fuerzas como para enviaros al infierno a los tres! – Y diciendo esto, se lanzó con gran velocidad contra él...

-CONTINUARÁ-

Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.

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