Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 23
La batalla II
El comandante se elevó varios metros en el aire, y el príncipe modificó su rumbo hacia la misma dirección. Kabark fue lanzado unos metros atrás después de que recibiera un duro golpe en el rostro propinado por uno de los puños de Vegeta. Al instante, volvió a sentir su presencia a su espalda, donde recibió una patada que le hizo gritar de dolor. El príncipe se elevó por encima de él, y entrelazando los dedos de ambas manos, le asestó fuertemente en la cabeza, enviándolo directamente a chocarse contra el suelo.
El príncipe, desde el aire, observó al comandante incorporarse entre los pedazos de roca que lo rodeaban, y, apretando los dientes, comenzó a enviarle varias ráfagas de ki con sus dos manos, las cuales explosionaban al tomar contacto con su objetivo. Vegeta estaba fuera de sí, en su mente no existía otra meta más que la de aniquilar y destruir a su oponente, liberar toda su ira a base de utilizar su fuerza y su poder contra quien se pusiera delante en ese mismo instante. En estos momentos, no era capaz de razonar lo que estaba haciendo, su mente se encontraba nublada por el odio y la desesperación, y en ese estado, ni siquiera acertó a percatarse de que justamente estaba actuando tal y como Kabark esperaba. El comandante lo provocó hasta conseguir enloquecerle, quería que utilizara toda su energía, que agotara sus reservas en tratar de eliminarle, mientras él tan sólo se limitaba a defenderse utilizando de forma moderada su nivel de ki. En el momento en que percibiera en el príncipe un atisbo de flaqueza, entonces él atacaría con todo su poder, logrando así la victoria.
Mientras, Raditz se había centrado en Syra, arremetiendo contra ella con fuerza para lograr vencerla lo antes posible y así poder ayudar al comandante en su lucha contra Vegeta. Pero al estar herido y agotado de su anterior enfrentamiento con el príncipe, su poder se había reducido hasta dejarle casi al mismo nivel que el de ella, que aun siendo una excepcional guerrera, su fuerza se veía limitada por el hecho de ser mujer, y sus poderes jamás podrían compararse normalmente con los de cualquier varón saiyajin de nivel medio.
- Eres una estúpida, Syra. – Le dijo Raditz después de haber conseguido agarrarla por detrás, logrando inmovilizar sus brazos. – De un modo u otro, tú estás condenada a morir hoy...porque aunque Vegeta consiguiera vencernos a mi y a Kabark, estoy seguro de que te eliminará a ti también sin dudarlo siquiera...- Exclamó acercando sus labios a uno de los oídos de ella. – Es una verdadera lástima...me hubiera gustado fornicar contigo una vez más...- Dijo en un susurro para después comenzar a lamer su cuello de forma libidinosa, momento que Syra aprovechó para liberar uno de sus brazos de su agarre y propinarle un codazo en el estómago que hizo que Raditz la soltara del todo. Después, realizó una técnica con sus manos, y cerrando los ojos, desprendió un potente haz de luz que hizo cegar por completo al hombre.
- ¡Argh!...¿qué has hecho, maldita mujer?...¡No veo nada!...- Gritó el saiyajin mientras restregaba sus ojos.
En el interior de una pequeña nave, viajaba Kakarotto por el espacio. El ordenador de a bordo, le acababa de indicar que pronto aterrizarían en Vegetasai. Comenzó a notarse algo nervioso y esperaba no haber llegado demasiado tarde. Después de aquella conversación con Bulma, investigó un poco más acerca de lo que ocurría en su planeta de origen y descubrió que la situación era mucho más grave de lo que él pensaba. A través de la información recogida entre soldados que provenían de otras colonias, supo que muy pronto se iba a producir un gran ataque de fuerzas rebeldes en Vegetasai, y cuyo objetivo no era otro mas que derrocar a la Corona. Estaba casi seguro de que Raditz era uno de los principales cabecillas de la revuelta, y por su carta, dedujo que estaba formando un gran ejército de mercenarios para atacar por sorpresa al Rey y a su hijo. Sabiendo todo esto, decidió partir con rumbo a su planeta de origen para intentar avisar con tiempo a Vegeta. No estaba seguro de si el príncipe le recibiría, ni de
tampoco si lograría acordarse de él, puesto que había pasado ya mucho tiempo desde aquellas veces en las que el príncipe, aun siendo un niño, se entrenaba con otros jóvenes de más o menos su misma edad, entre los cuales se encontraban él y su hermano Raditz, ya que habían sido elegidos previamente para ello. Después de aquellas ocasiones, él y Vegeta no volvieron a mantener ningún otro tipo de contacto, puesto que el príncipe tan sólo se relacionaba directamente con los soldados pertenecientes a su escuadrón. Si Vegeta era capaz de recordarle, probablemente también rememoraría la eterna rivalidad entre ambos hermanos, sobre todo el modo en que Raditz trataba a su hermano pequeño, lo cual le convencería de que él jamás estaría de acuerdo con cualquier decisión que tomara Raditz, y que por lo tanto, debía confiar en él.
En la Tierra, Chichi y Bulma se encontraban juntas en el apartamento de ésta última. La peliazul acababa de dar el pecho al pequeño Trunks y se disponía a dejarlo nuevamente en la cuna. Bulma había insistido a Chichi para que se instalara a vivir con ella después de que Kakarotto decidiera partir con rumbo a Vegetasai. Habían pasado ya quince días desde su marcha, y la doctora aún no se reponía de la terrible amargura que le supuso el hecho de tener que separarse de él.
Bulma regresó al salón y se encontró a una Chichi sentada en el sofá con lágrimas en los ojos.
- No te preocupes, Chichi, Kakarotto regresará muy pronto..ya lo verás...- Dijo la peliazul en un intento de consolar a su amiga.
- No sé, Bulma...¿y si decide quedarse?...- Dijo algo nerviosa. – Aún no entiendo por qué decidió ir para ayudar al Rey y a su hijo...Al fin y al cabo no son más que unos tiranos y unos asesinos que se dedican a conquistar planetas y aniquilar razas...- Exclamó comenzando a enfurecerse.
Bulma sintió una punzada en su estómago. Chichi tenía razón, podía decirse que los principales responsables de tanta destrucción en el universo no eran otros mas que el Rey y Vegeta, puesto que todos los demás obedecían las órdenes que estos les dictaban, incluyendo a Kakarotto. ¿Qué pensaría Chichi si supiera que ella mantuvo una relación amorosa con el príncipe de los saiyajins?..¿qué opinaría si llegara a descubrir que además es el padre del niño al que tanto apreciaba?...Sintió un escalofrío recorrer su piel, pero tenía que fingir tranquilidad ante su amiga, aunque por dentro se estuviera muriendo de preocupación ante la idea de que su secreto fuera revelado algún día. Por eso, y justo antes de que Kakarotto se marchara, habló con él muy seriamente:
Flashback
- Kakarotto...antes de que te vayas...quisiera que hicieras algo por mí...- Dijo Bulma penetrando sus azules ojos en los del saiyajin.
- Claro...lo que tú quieras, Bulma..- Contestó Kakarotto con su sonrisa habitual.
Ella cerró los ojos durante un segundo, tomó aire, y en su rostro se marcó un gesto de evidente preocupación.
- Tienes que prometerme...que no le hablarás a nadie sobre mí o sobre mi hijo, por favor...no debes hacerlo...bajo ninguna circunstancia.. prométemelo, Kakarotto...te lo ruego...- Exclamó con los ojos vidriosos puestos en él.
El hombre se quedó algo sorprendido ante la reacción de su amiga, pero al minuto, reaccionó, cambió su expresión a una de absoluta seriedad, y le dijo:
- Te prometo que no lo haré...incluso si mi vida estuviera en juego, jamás incumpliría mi promesa. Puedes estar tranquila, Bulma..- Repuso manteniendo sus ojos fijos en los de ella.
Se mantuvieron así durante unos segundos, hasta que la mujer se relajó un poco y comentó:
- Gracias...sabía que podía confiar en ti..- Dijo. – Por favor, ten mucho cuidado...y te deseo mucha suerte. – Exclamó sonriéndole.
- Muchas gracias, Bulma...Espero estar pronto de vuelta. – Contestó el saiyajin devolviéndole la sonrisa.
Fin del flasback
Se sentó al lado de su amiga, y le dijo con suavidad:
- Chichi...no te preocupes...Kakarotto sabe muy bien lo que se hace. Nosotras no somos capaces de comprender aún la naturaleza de los saiyajins ni los motivos que les impulsan a luchar y combatir. Si él ha creído oportuno viajar hasta allí, sus motivos tendrá para hacerlo...y si le amas, debes confiar en él...-
- Ese es el problema, Bulma...que le amo con todo mi ser...y tengo miedo...miedo a perderle para siempre...- Contestó la doctora comenzando a llorar.
- Eso no va a ocurrir..ya lo verás...pronto estaréis juntos de nuevo...- Exclamó Bulma abrazándola.
- Ojalá tengas razón...- Repuso Chichi.
Mientras tanto, en el lugar de la batalla, Vegeta respiraba con dificultad al tiempo que lanzaba una última ráfaga de ki hacia su contrincante. Syra, aprovechó el momento en que Raditz se recuperaba de su ceguera, para acercarse volando hasta la posición del príncipe. Se situó a su lado, y le dijo:
- Vegeta¡escúchame!...Nappa está vivo..- Dijo mientras observaba girarse al hombre hacia ella con una expresión confusa. – Logré llevármelo antes de que Kabark le diera el golpe final. No he podido decírtelo antes porque no quería que ellos lo supieran. Lo conduje hasta una cámara de regeneración, y en cuanto esté curado, se dirigirá hacia palacio para informar al Rey de lo que está ocurriendo aquí. – Exclamó.
- ¿Y cómo se que no estás mintiendo?. ¿Por qué debería confiar en ti? – Repuso enojado el príncipe volviendo a dirigir su mirada hacia el montón de rocas que parecían haber cubierto por completo el cuerpo de Kabark después del ataque de Vegeta.
- Tienes motivos para no hacerlo, Vegeta.. y lo entiendo..- Contestó Syra con voz apesadumbrada. – Pero...esta vez...tienes que creerme...- Dijo acercándose un poco más a él hasta quedar tan sólo a unos pocos centímetros.
El príncipe posó sus negros ojos en los de ella, y entonces, sin comprender el motivo, acabó por creer en sus palabras. Por unos segundos, leyó en la mirada de Syra algo similar a lo que logró descifrar en aquellos azules ojos que tanto anhelaba, y eso le desconcertó un poco, hasta que volvió a sentir de nuevo aumentar el ki de Kabark y se giró para observar la forma en que su enemigo se deshacía de las rocas a su alrededor.
El comandante ascendió hasta colocarse a la misma altura que ellos, pero alejado a una distancia de unos cuantos metros.
- Siento interrumpir esta escenita tan romántica...- Dijo sonriendo de forma irónica. - ¿Podemos continuar, príncipe? – Exclamó colocándose en posición de ataque.
Vegeta lo miró con desprecio, y le devolvió la misma sonrisa.
- Por lo que veo..tienes muchas ganas de morir, Kabark. – Dijo. – No te inquietes...muy pronto verás cumplido tu deseo..- Y diciendo esto, se arrojó con violencia hacia él.
Syra se quedó observando la feroz batalla entre los dos hombres. Comprobó ambos ki, preocupándose al notar bastante disminuido el de Vegeta y casi intacto el de Kabark. Se desplazaban por el aire a una velocidad casi imperceptible para ella mientras sus extremidades no cesaban de trabajar intentando alcanzar cualquier parte del cuerpo de su adversario. De pronto, se giró al sentir una presencia cerca de ella, pero no lo suficientemente a tiempo como para evitar el fuerte golpe recibido en su rostro causado por uno de los puños de Raditz.
En uno de los desiertos de Vegetasai, la nave de Kakarotto tomó contacto con el suelo. El saiyajin salió de ella con rapidez y enseguida pudo notar las vibraciones que se desprendían por todo el planeta a causa de los enfrentamientos que se estaban produciendo entre cientos de hombres.
- ¡Maldita sea!...parece que he llegado demasiado tarde...- Se dijo a sí mismo. Comenzó a concentrarse tratando de localizar el ki de su hermano o el de Vegeta, y a los pocos segundos, lo logró, percatándose de que ambos se encontraban en el mismo punto del planeta. Se elevó y comenzó a volar dirigiendo su rumbo directamente hacia allí.
Raditz continuó su serie de golpes y puñetazos a la princesa, la cual ya poco podía hacer por tratar de defenderse después de gastar casi todas sus energías en la batalla contra su rival, habiéndole causado algún daño, pero no el suficiente como para vencerle. El
saiyajin de pelo largo no cesaba de castigar el cuerpo de la mujer, y mientras lo hacía, su rostro mostraba una clara expresión de victoria y de satisfacción con el ensañamiento al que estaba sometiendo a Syra.
- ¿Qué te pasa, Syra?...¿ya no tienes ganas de seguir luchando?...- Dijo mientras golpeaba con su rodilla en el estómago de la mujer. - ¿De qué te ha servido ponerte del lado de Vegeta?...mírale...ni siquiera le importa lo que te ocurra..- Exclamó. – Pero no te preocupes...muy pronto estaréis juntos de nuevo, porque en cuanto acabe contigo, él no tardará mucho en reunirse a tu lado en el infierno...- Añadió para justo después agarrarla del cuello con una sola mano y enfrentar su rostro con el de ella.
Mientras, Kabark notaba como iba perdiendo terreno frente a Vegeta, el cual parecía haber vuelto a incrementar su fuerza. El comandante no salía de su asombro ante el poder del príncipe, sin lograr comprender de dónde sacaba tanta fuerza vital y energía. Comenzó a ponerse nervioso y esto le llevó a perder parte de su concentración, lo que provocó que Vegeta lograra asestarle nuevos golpes que lo hicieron retorcerse de dolor. En un momento en que consiguió separarse de él, dirigió su vista hacia el combate entre Raditz y Syra, y exclamó a gritos:
- ¡Maldita sea, Raditz!..¿a qué esperas para eliminarla de una vez y venir a ayudarme? – Nada más decir esto, Vegeta volvió a arremeter contra el comandante, mandándole varios metros atrás después de lograr alcanzarle con uno de sus puños.
El enorme saiyajin miró hacia los dos hombres y contestó:
- Tienes razón...¡ahora mismo voy para allá! – Dijo, para inmediatamente después soltar el cuello de Syra y separarse un poco de ella. Comenzó a formar una bola de energía en su mano derecha apuntando directamente al pecho de la mujer, la cual se mantenía en el aire a duras penas, cerrando los ojos y enfrentándose con honor a su fatal destino...
La energía de Raditz impactó brutalmente en su cuerpo y gritó de dolor, saliendo despedida con gran velocidad hacia el suelo, para acabar chocando inevitablemente contra él de forma violenta provocando un enorme estruendo.
Los otros dos hombres dirigieron rápidamente su vista hacia allí. Vegeta frunció el ceño y apretó los dientes al observar desde el aire el cuerpo inerte de su esposa rodeado por un pequeño charco de sangre. Inmediatamente, se giró y descubrió a Raditz colocándose al lado de Kabark.
- Vaya, príncipe...creí que estarías contento por el gran favor que acabamos de hacerte. A partir de este momento, tu matrimonio queda anulado...¿no era eso lo que querías?...- Exclamó Kabark para después comenzar a reir a carcajadas.
Justo cuando Vegeta acumuló energía para lanzarse contra sus dos enemigos, sintió, durante unos pocos segundos, el débil ki de Syra, y sin pensarlo, descendió hasta el suelo. Comenzó a caminar con dirección hacia donde se situaba el cuerpo de la mujer.
Raditz intentó seguirle, pero Kabark lo detuvo anteponiendo su brazo delante de él.
- Déjale...no quiero perderme esta tierna escena...- Dijo con una sonrisa macabra.
- Pero...ella aún está viva...- Replicó el saiyajin de pelo largo.
- Si...pero no le queda mucho...- Contestó el comandante.
Vegeta llegó hasta la posición de Syra, y se detuvo frente a ella mirando fijamente su cuerpo ensangrentado con expresión de dureza.
Syra abrió los ojos y se encontró con los del príncipe. Sin poder moverse, y sangrando por la boca, comenzó a intentar hablar:
- Vegeta...- Dijo con la voz entrecortada y tratando de extender una de sus manos hacia él.
El saiyajin se arrodilló a su lado sin modificar el gesto de su rostro.
Ella intentó acumular fuerzas para seguir hablando:
- Siento todo..lo que ha..ocurrido...- Exclamó doliéndose por el esfuerzo y dejando salir libremente numerosas lágrimas por sus ojos. – Lo único..que pretendí..era convertirme en una buena esposa para ti...pero fracasé...ni siquiera fui capaz de darte...un heredero...-
- Si continúas hablando, gastarás las pocas energías que te quedan. – Dijo el príncipe con frialdad.
- Por favor...deja que continúe...- Repuso ella en una súplica. – Vegeta..tu te convertiste..en mi razón de vivir..desde el día en que me fue comunicada la noticia..de nuestro matrimonio...no solo por el hecho de llegar a ser reina, sino por la satisfacción de estar unida a ti para siempre...de ser tu única mujer.- Dijo mientras las lágrimas de dolor descendían por ambas mejillas. - Creí que tú deseabas lo mismo..pero me equivoqué...y eso dañó mi orgullo..Intenté odiarte con todas mis fuerzas...pero no lo conseguí jamás...porque yo...- Se detuvo y tomó aire.- Te..amo, siempre te he amado..mi príncipe...y lo único que lamento ahora...es haberte defraudado..no sólo como esposa, sino también como guerrera...Vegeta...yo...lo...siento...- Y con un último suspiro, cerró los ojos y, al instante, su cuerpo dejó de transmitir energía.
El príncipe se levantó, y sin dejar de mirar el ahora inerte cuerpo de Syra, dijo:
- Te equivocas, Syra...muy pocos pueden jactarse de morir como tú lo has hecho. Luchaste con todo el orgullo y el valor de un auténtico saiyajin, y por ello, serás enterrada con todos los honores. – Hizo una pausa y después continuó: - Pero antes...yo mismo me encargaré de vengar tu muerte...- Exclamó dirigiendo su fría mirada llena de odio hacia los dos hombres que se encontraban flotando en el aire observándolo todo.
Justo cuando Vegeta iba a arremeter contra ellos, los tres hombres sintieron a la vez, la repentina aparición de una energía cercana al lugar donde ellos se encontraban. Dirigieron su vista directamente hacia donde se percibía, sorprendiéndose al descubrir al portador de la misma.
- ¡Kakarotto!. – Gritó Raditz al verle. – Me sorprende que hayas venido...por un momento pensé que te atreverías a desobedecer mis órdenes y que te negarías a viajar hasta aquí...- Dijo con arrogancia.
El joven saiyajin no contestó y simplemente se dedicó a observar la situación. Se fijó en el hombre que acompañaba a su hermano y lo identificó como el comandante Kabark, miembro del Consejo y amigo personal del Rey. Después se giró y fijó su vista en el príncipe, al cual reconoció enseguida, y se estremeció al sentir su fría mirada clavada en él. Al instante, se percató de la figura humana tendida en el suelo situada justo detrás de Vegeta, descubriendo casi de inmediato que se trataba de un cuerpo sin vida, y que correspondía al de una mujer...
No entendía nada de lo que estaba pasando...parecía que Raditz y el comandante estaban peleando juntos contra el príncipe...pero..¿por qué Vegeta luchaba en contra del mejor amigo de su padre, el Rey?. ¿Y quien era la mujer fallecida?. Antes de actuar, tenía que ver resueltas todas sus preguntas, y no había nadie mejor que su propio hermano para responder a todas.
- ¿Qué está ocurriendo aquí, Raditz?. – Preguntó sin más. - ¿Dónde está el Rey? -
- No hay tiempo de responder a tus estúpidas preguntas, Kakarotto. – Dijo su hermano. – Vamos...sitúate a mi lado...entre los tres acabaremos enseguida con Vegeta. Después nos ocuparemos del Rey. – Repuso mientras con un gesto le indicaba que se acercara.
Aquellas palabras acabaron por hacerle entender a Kakarotto la situación. Haciendo caso omiso a su hermano, descendió hasta el suelo y comenzó a caminar lentamente hacia el príncipe. Este, al verle, frunció el ceño y se colocó en posición de defensa, esperándole sin moverse del sitio.
- ¿Qué haces, imbécil?...¿es que no me has oído?...Si te enfrentas tú solo a Vegeta, te matará. No eres rival para él, mejor dicho, no lo eres para casi nadie...- Gritó Raditz.
Se detuvo a unos pocos metros del príncipe. Se quedaron mirándose fijamente hasta que Kakarotto dijo:
- ¡Hola, Vegeta!...– Exclamó saludando con una de sus manos, y a la vez, cambiando al instante su serio semblante por uno de absoluta ingenuidad mientras le sonreía. - ¿Me recuerdas?. – Preguntó inocentemente.
El príncipe gruñó, y le contestó con frialdad:
- ¿Cómo iba a olvidar al estúpido e inútil hermano pequeño de Raditz?..- Contestó. – Veo que has venido para morir junto a él...Eso está bien..la familia debe permanecer unida incluso hasta la muerte...- Concluyó el príncipe con ironía.
- Te equivocas, príncipe. No sé si recuerdas que mi hermano y yo nunca estuvimos de acuerdo en nada. Me costó mucho trabajo descubrir cuáles eran sus planes desde que recibí aquella notificación suya ordenándome que regresara a nuestro planeta. Por eso me decidí a venir para avisaros a ti y al Rey, pero se ve que he llegado un poco tarde..- Dijo sonriendo y pasándose la mano por detrás de la nuca. – La verdad...no tomé en cuenta los casi quince días que se tarda en recorrer la distancia entre Vegetasai y la Tierra. – Exclamó de forma inocente.
¡La Tierra!, pensó el príncipe sorprendido. De modo que Kakarotto estaba destinado allí...¿Acaso Raditz descubrió que Bulma aún seguía viva, y envió a su hermano hasta allí para eliminarla?...No...eso es imposible..Lo más seguro es que este imbécil se encontrara en la Tierra desde mucho tiempo antes...Probablemente, no se trata nada más que de una simple casualidad..
- Al parecer has hecho todo este viaje en balde, Kakarotto, porque no necesito tu ayuda ni la de nadie para eliminar a esos dos..asi que..¡apártate de mi camino! – Dijo Vegeta alzando la voz en estas últimas palabras y se elevó directamente para enfrentarse con sus dos oponentes.
- Parece que tu hermanito te la ha jugado, Raditz...- Dijo Kabark, para justo después dirigirse hacia el encuentro con el príncipe y continuar la batalla que dejaron pendiente con anterioridad.
Raditz comenzó a enfurecerse mientras observaba a Kakarotto desde su posición. ¿Cómo había osado ese estúpido desobedecer sus órdenes y dejarle en ridículo delante de Vegeta y de Kabark?. Tenía que darle una lección, demostrarle de una vez por todas todo el odio que le tenía desde que nació, hacerle pagar la vergüenza que le infundía el sólo hecho de tener su misma sangre. Cerró los puños y, completamente fuera de sí, arremetió contra Kakarotto pillándole por sorpresa y consiguiendo que éste se estrellara contra una de las montañas que los rodeaban.
- ¡Vamos..sal de ahí, Kakarotto!. – Gritó Raditz furioso dirigiéndose a la hendidura formada por el impacto. – Vas a lamentar el haberte atrevido a ponerte en mi contra..- Dijo en un ataque de ira.
A los pocos segundos, la figura de Kakarotto apareció entre la polvareda. Fijando su vista en su hermano, y con el ceño fruncido, se dirigió a él:
- ¿Por qué haces esto, Raditz?...sabía que eras un ser despreciable, pero nunca imaginé que fueras un traidor, que olvidaras y renegaras de todo lo que nuestro padre nos inculcó sobre nuestra raza y nuestro honor..- Exclamó con la voz relajada.
- ¡Cállate!. – Gritó el enorme saiyajin volviendo a lanzarse contra él con desesperación. - ¿Cómo te atreves a hablarme así?...no eres más que un patético guerrero de tercera clase, no tienes ni el nivel ni la categoría como para dirigirme la palabra...siempre fuiste una vergüenza para nuestra familia, y por eso, hoy vas a morir, hermanito..- Decía mientras se enfrascaba en un cúmulo de movimientos de piernas y brazos para tratar de alcanzar algún punto en el cuerpo de su hermano, el cual, sorprendentemente, lograba esquivar casi todos sus ataques sin mucho esfuerzo. De pronto, Kakarotto, cambió su actitud defensiva y se lanzó al ataque. Con una velocidad increíble, logró contactar uno de sus puños en el rostro de su hermano, con tal fuerza, que lo envió unos metros hacia atrás.
Raditz, logró frenarse antes de chocar contra una inmensa roca justo detrás de él, y confundido aún por el golpe, comenzó a respirar con dificultad completamente furioso ante la situación en la que se encontraba.
- ¿Qué te pasa, Raditz?. – Comenzó a decir Kakarotto. - ¿Sorprendido?..- Sonrió. – Pues siento comunicarte que, lamentablemente para ti, este guerrero al que tú llamas de tercera clase ha conseguido superarte y ahora, soy mucho más fuerte que tú. – Le dijo sin modificar su tono de voz.
- ¡Mientes! .- Gritó Raditz. – Es imposible que un inútil como tú me supere. – Dijo con odio e ira. – ¡Y voy a demostrártelo ahora mismo! – Exclamó mientras comenzaba a acumular gran cantidad de energía en una de sus manos, alzándola hacia arriba.
Kakarotto frunció el ceño, y, girando levemente su cuerpo, unió las palmas de sus manos por ambas muñecas, y al instante, se empezó a formar entre las dos una bola de ki, la cual incrementaba su tamaño cada vez más.
Justo en el momento en que Raditz envió con todas sus fuerzas su energía hacia su hermano, éste se incorporó de nuevo al frente, y alargando sus brazos y sin separar las palmas de sus manos, lanzó su respuesta frente al ataque de Raditz, a la vez que gritaba:
- ¡Kamehame..haaaaa! –
La potente ráfaga de ki enviada por Kakarotto, se tragó literalmente la bola de energía de Raditz, y sin nada que la detuviera, se fue acercando inevitablemente hasta su posición, quedándose paralizado ante lo que se le venía encima, para inmediatamente después impactar contra él, provocando una estruendosa explosión que hizo temblar el suelo de Vegetasai.
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
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