Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 24

El desenlace

Mientras tanto, Vegeta volvía de nuevo a ganarle terreno a Kabark. El comandante se sentía casi impotente ante la fuerza y el poder de su rival, comenzando a recibir, por primera vez desde que empezó la batalla, la mayor paliza de toda su vida como guerrero. El príncipe no cesaba en su empeño de castigar con dureza cada centímetro del cuerpo de su adversario, propinándole golpes con sus puños, asestándole patadas y acometidas con todas las fuerzas que su poderosa energía le proporcionaba.

Al escuchar el estruendo provocado por el ataque de Kakarotto hacia su hermano, Kabark y Vegeta dirigieron su vista hacia allí y se detuvieron unos instantes, pero inmediatamente, el príncipe regresó de nuevo a continuar torturando al comandante con nuevos golpes.

Kakarotto, con la respiración algo agitada debido al desgaste de su energía empleada en su ataque, se dirigió volando hasta el lugar donde Raditz recibió el impacto. Al llegar, lo encontró bastante malherido, pero con vida aún. Su cuerpo se encontraba tendido en el suelo rodeado por trozos de roca por todas partes.

- No..puede..ser...- Comenzó a decir Raditz. - ¿Cómo es posible...que haya sido vencido por ti?...es imposible...- Dijo quejándose por el dolor que le causaban sus heridas sangrantes.

- Siempre me subestimaste, Raditz...jamás te molestaste siquiera en comprobar mis habilidades...desde siempre pensaste que yo nunca sería un buen guerrero...- Contestó Kakarotto.

- Naciste con un nivel de combate...muy inferior a la media...todo el mundo daba por supuesto que jamás te convertirías en un guerrero de élite..incluido nuestro padre...- Replicó Raditz totalmente convencido en sus palabras.

- Eso no quiere decir nada. Si un guerrero se entrena lo suficiente, con voluntad y mucho esfuerzo, puede llegar a conseguir aumentar su poder, tal como yo lo he hecho. – Dijo mientras observaba a Raditz intentando incorporarse.

- No, te equivocas,...tuviste suerte, Kakarotto...eso es todo...- Exclamó el hombre herido volviendo a derrumbarse en el suelo.

El joven saiyajin frunció el ceño en un claro gesto de desaprobación hacia las palabras de su hermano. Raditz jamás reconocería su derrota ante él, su orgullo no se lo permitiría y estaba seguro de que nada le haría cambiar su actitud.

- Dime, Raditz...¿quién era la mujer que estaba muerta cuando yo llegué?. – Preguntó.

Su hermano le miró sorprendido, y contestó:

- La princesa Syra, la esposa de Vegeta...una estúpida que dio su vida por el príncipe...a pesar de la multitud de veces...en las que él la humilló y despreció...-

Kakarotto había oído hablar muchas veces de la princesa, pero jamás tuvo la oportunidad de conocerla, puesto que él se encontraba en la Tierra. Recordó los rumores que llegaban hasta allí en los cuales se decía que Vegeta mantuvo una relación con una esclava mientras que se encontraba casado con ella, y que además, durante todo ese tiempo, estuvieron separados, sin ni siquiera compartir una sola noche su dormitorio conyugal.

De pronto, se volvió y comenzó a caminar dándole la espalda a Raditz, el cual se quedó sorprendido y dijo:

- ¿Dónde vas, Kakarotto? – Exclamó soltando un gemido de dolor.

El joven se detuvo un momento y contestó sin volverse:

- A palacio. Imagino que el Rey estará allí, y quiero asegurarme de que se encuentra bien. – Dijo.- A unos pocos kilómetros hacia el este, se encuentra la nave en la que llegué hasta aquí. Con las fuerzas que te quedan, estoy seguro de que la encontrarás fácilmente. Tómala y sal de Vegetasai lo más rápido que puedas, y por tu bien, será mejor que no vuelvas nunca más...- Repuso sin cambiar de postura.

El enorme saiyajin se sorprendió nuevamente ante las palabras de su hermano pequeño, y, comenzando a incorporar su espalda, le dijo:

- ¿Por qué?...¿por qué..me dejas vivir?...-

- Porque a diferencia de ti, Raditz...yo no disfruto matando a la gente. Ya te he vencido, y creo que eso es suficiente...- Contestó Kakarotto con tranquilidad, comenzando a caminar ante la mirada atónita de su hermano.

De repente, sintió una enorme energía a sus espaldas, justo donde se encontraba Raditz, y cuando logró girarse del todo, y sin tiempo de reaccionar, descubrió a Vegeta descendiendo con velocidad, a la vez que extendía uno de sus pies para finalmente impactarlo en la cabeza del hombre herido, pisoteándola con gran fuerza y acabando con su vida en ese mismo instante.

- ¡Vegeta!..¿por qué has hecho eso?...¡Lo has matado! – Gritó Kakarotto.

El príncipe lo miró con desprecio, escupió hacia un lado y dijo:

- ¿Y eso te causa algún problema, Kakarotto?..- Preguntó sonriendo con ironía.

El saiyajin más joven frunció el ceño y le increpó diciéndole:

- Le prometí que viviría...no tenías ningún derecho a matarle...- Dijo alzando la voz.

Vegeta clavó su fría mirada en Kakarotto, y cruzó los brazos.

- Esa estúpida promesa la hiciste tú..no yo. Además...yo tenía cuentas pendientes con tu hermano, y no pensaba dejarle salir vivo de aquí. – Exclamó. – En cuanto te vi alejarte después de haberle vencido, supuse que se te había ocurrido la ridícula idea de dejarle escapar. – Gruñó.- ¡Eres un completo estúpido, Kakarotto!..ahora entiendo el motivo de tu inutilidad como guerrero...-

- Pero estaba indefenso...no representaba ya ninguna amenaza..- Siguió insistiendo Kakarotto.

El príncipe se enfureció, y contestó:

- ¿Y eso qué importa, imbécil?. ¡Si tú no hubieras intervenido, yo hubiera acabado con él de todas formas! – Gritó – Y ahora dime, Kakarotto...- Dijo bajando la voz . - ¿Tienes pensado vengar su muerte?...porque si es así, quiero que sepas que estoy dispuesto a enfrentarme a ti y a Kabark sin ningún tipo de problema, y que os eliminaré sin esfuerzo alguno. – Terminó de decir de forma arrogante.

Kakarotto le miró con gesto confundido y dijo:

- No he venido hasta aquí para luchar contigo, Vegeta...ya te lo dije antes...- Contestó.

- En ese caso...- Replicó el príncipe mostrando una sonrisa triunfante en sus labios. – ¡lárgate de aquí ahora mismo y no me molestes de nuevo!..Tengo un asunto pendiente

que resolver...- Dijo fijando su vista en el lugar donde unos minutos antes había mandado de un solo golpe al malogrado Kabark.

Kakarotto se quedó parado mientras observaba al orgulloso príncipe elevarse y comenzar su vuelo hacia la dirección en la que todavía se sentía el ki del comandante.

Vegeta posó sus pies en el suelo justo enfrente de donde se encontraba Kabark, el cual había logrado levantarse y se mantenía en pie como podía.

- Nunca debiste desafiarme, Kabark.- Dijo el príncipe con una sonrisa mientras cruzaba los brazos. – Siempre supe que debía desconfiar de ti...pero hay una cosa que no entiendo..- Dijo clavando sus negros ojos en él. - ¿Por qué has traicionado a mi padre?...el siempre te tuvo en consideración, te concedió el mejor puesto que un saiyajin pudiera conseguir, te dio poder, y sobre todo..su amistad...- Concluyó en espera de una respuesta.

- ¿De verdad quieres saberlo, príncipe?. – Dijo con la respiración agitada. – Desde que éramos niños...tu padre y yo entrenábamos juntos, y más tarde, cuando se creó su escuadrón, yo formé parte de él...Juntos, realizamos numerosas conquistas, luchábamos y nos enfrentábamos a cualquier enemigo sin dudarlo...pero al regresar a Vegetasai, todo el triunfo y todos los honores los recibía únicamente él...sólo por ser quien era...los demás tan sólo cumplíamos con nuestra obligación y, aunque diéramos nuestras vidas en ello, a nadie le importaba..Incluso, hubo batallas en las que él ni siquiera participó activamente, nosotros hicimos todo el trabajo sucio y después, fue él el que se llevó toda la gloria...- Tomó aire para continuar relatando. – Juré que algún día conseguiría arrebatarle el poder que tan injustamente se le había otorgado, y que, por mi entrega y mis esfuerzos, me pertenecía sólo a mi...y por eso, me gané su confianza, porque sólo así lograría algún día obtener el poder que me llevaría a la victoria...- Dijo. – Tu padre es un hombre orgulloso y arrogante...Trata de conseguir sus propósitos a cualquier precio, y los demás tan sólo somos sus marionetas a las cuales maneja a su antojo...incluido tú..su hijo...no imaginas lo furioso que estaba cuando no cumplías sus órdenes, cuando te empeñaste en mantener esa relación con aquella esclava...estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que cesaras en esa actitud...-

- ¡Vegeta!...- Se escuchó un grito que lo interrumpió. Los dos hombres se giraron y descubrieron llegar en ese mismo instante al Rey acompañado por Nappa. - ¿A qué esperas para eliminar de una vez a ese traidor? – Exclamó el monarca.

- Sabía que no te gustaría la idea de que tu hijo supiera toda la verdad...- Dijo Kabark dirigiéndose directamente al Rey.

- La única verdad que existe es que me has engañado durante todo este tiempo, me has traicionado a mí y a todo el pueblo...y por eso..mereces morir, Kabark. – Gritó el Rey. – ¡Vamos, Vegeta...acaba con él ahora mismo!. ¡Es una orden!.- Increpó a su hijo esta vez.

El príncipe miró al comandante, el cual mantenía una sonrisa triunfante en sus labios. Después frunció el ceño y se giró para enfrentar su mirada con la de su padre.

- No tan deprisa, padre...antes de hacerlo, quiero saber cómo acaba su historia...- Dijo con tranquilidad. –

El Rey se enfureció y le gritó con ira:

- ¡No seas estúpido!. ¿No te das cuenta de que intenta salvar su vida como sea?. –

- Yo no lo creo así...él sabe que va a morir de todas formas. – Dijo el príncipe. – Continúa..Kabark. – Concluyó.

El comandante tosió, y un brote de sangre emergió de su boca. Con bastante esfuerzo y doliéndose de sus heridas, empezó a hablar de nuevo:

- Yo capté su mensaje...y por eso, planeé lo del laboratorio...De esa forma, mataba dos pájaros de un tiro: por un lado, acababa con el problema que tanto preocupaba a tu padre, y por otro, comenzaba a poner en marcha mis planes...- Dijo.

- ¡Mientes!...¡Yo nunca te ordené que la mataras!. – Gritó el Rey.

- Lo sé...pero lo hubieras hecho tarde o temprano...Además, no vayas a negar que no te alegraras de que esa mujer desapareciera...- Exclamó el comandante.

- ¡Eres un...- Increpó el Rey con ira con la intención de acercarse hacia él de forma amenazadora. De pronto, y antes de que ninguno pudiera reaccionar, un potente rayo de energía atravesó el corazón del comandante, matándole en el acto, para justo después acabar derrumbándose en el suelo.

El Rey, Nappa, y también Kakarotto, que lo había estado observando todo desde unos cuantos metros más allá, se quedaron sorprendidos. Fijaron su vista de inmediato en el príncipe, el cual mantenía aún su mano extendida al frente y sus ojos puestos y fijos en el cuerpo inerte de Kabark.

El primero en reaccionar fue el Rey, que dijo con alivio:

- Bien hecho, Vegeta. Ya era hora de que ese maldito pagara por su traición. –

El príncipe comenzó a caminar, pasó por delante de su padre sin mirarle siquiera, y se dirigió a Nappa.

- Nappa, encárgate del cuerpo de Syra. Quiero que sea enterrada con todos los honores que le corresponden como princesa. – Dijo con seguridad. – Después, ordena que preparen mi nave con provisiones para unos quince días. Quiero partir de Vegetasai en menos de tres horas.

El enorme saiyajin se quedó parado unos instantes, pero al momento reaccionó y dijo:

- A tus órdenes, Vegeta. – Repuso mientras se dirigía caminando hacia donde se situaba el cuerpo inerte de la princesa.

- ¿Dónde demonios vas a ir, Vegeta?. ¡No puedes irte ahora, aún no se ha restablecido el orden en Vegetasai!. – Gritó el Rey acercándose a su hijo.

- No me necesitas para eso, padre. Entre Nappa y lo que quede de mis hombres, se encargarán de acabar con los pocos rebeldes que aún están con vida. – Dijo alzando el vuelo.

- ¡No vas a ir a ningún sitio¿me oyes, Vegeta?. ¡Es una orden!. – Continuó gritando el Rey con bastante furia y enojo.

El príncipe, desde el aire, clavó su fría mirada en su padre, y sin alzar el tono de voz, le dijo:

- Intenta detenerme, padre...- Replicó con la mayor frialdad.

El Rey se quedó en silencio, apretando los dientes preso de la ira y la impotencia al descubrir que no tenía forma alguna de convencer a su hijo sin utilizar la violencia. Se dio por vencido finalmente y ya no dijo una palabra más.

Vegeta, al percatarse de ello, giró la cabeza y mirando hacia Kakarotto, el cual estaba completamente sorprendido ante lo ocurrido, le dijo:

- Kakarotto¡sígueme!...- Ordenó.

- ¿Qué?..¡ah!..si...- Dijo el joven saiyajin elevándose hasta la posición del príncipe. En cuanto se puso a su lado, los dos hombres emprendieron el vuelo a toda velocidad, situándose Vegeta unos metros por delante, haciendo que Kakarotto le siguiera.

Mientras volaban con rumbo a palacio, el príncipe pensaba en todo lo ocurrido últimamente, sintiéndose satisfecho de haber logrado al fin acabar con todo lo que le atormentaba desde hacía bastante tiempo. Las últimas palabras de Kabark no le sorprendieron demasiado...sabía lo enfurecido que estaba su padre mientras duró su relación con Bulma, y la idea de que su padre podría haber llegado a ordenar matarla no le resultaba para nada descabellada, aunque de algún modo u otro, se sintió aliviado, porque finalmente no llegó a hacerlo, y todo lo que pasó después fue planeado únicamente por Kabark, Raditz y por su esposa, Syra. Syra...no estaba equivocado en cuanto a ella...al parecer, no tenía un amante, sino dos...o tal vez más...¿quién sabe?...de todas formas, ella fue una víctima más de Kabark y sus enfermizos planes, pero pese a todo, logró conservar su dignidad hasta el final...Antes de dar su último suspiro, le había dicho que le amaba...¿puede alguien amar a otra persona, y a la vez, odiarla de tal forma como para intentar causarle el mayor daño posible?...¿podría él haber llegado a hacer lo mismo con Bulma si las cosas entre ellos no hubieran salido como él esperaba?..No lo sabía...al parecer, todavía le faltaba mucho por aprender sobre los sentimientos y sobre el amor...Hasta ahora, lo único que había descubierto era el intenso bienestar que se siente al amar a alguien y ser correspondido, y por otra parte, el amargo dolor y el sufrimiento que supone el hecho de perder a la persona a quien se quiere...¿qué más le restaba por aprender?...Tal vez, pronto lo averiguaría...en cuanto consiguiera reunirse con ella en la Tierra, en cuanto volvieran a encontrarse y, juntos, regresaran a Vegetasai, sin ningún motivo ya por el cual tuvieran que volver a separarse...Sonrió victorioso, y por alguna razón extraña, su corazón comenzó a acelerarse..del mismo modo en que

ocurría cada vez que pensaba en ella, cada vez que recordaba los momentos en que la tuvo en sus brazos...- No hay de qué preocuparse – Se dijo a sí mismo intentando restablecer el ritmo de sus pulsaciones. Muy pronto la volvería a tener a su lado...pronto sería de nuevo suya, y de nadie más...

Llegaron a palacio, y Vegeta, se dirigió a Kakarotto:

- He decidido que tú me acompañarás en mi viaje. – Dijo con seriedad. – Te veré dentro de tres horas en la zona de despegue. – Concluyó comenzando a caminar.

Kakarotto se quedó algo sorprendido y le dijo:

- ¿A dónde nos dirigiremos? – Preguntó con curiosidad.

El príncipe, sin volverse siquiera y sin detenerse, le contestó:

- Será mejor que aproveches estas tres horas para descansar, Kakarotto. Y, por tu bien, espero que seas puntual, no me gusta que me hagan esperar. – Dijo mientras se alejaba.

Al cabo de un rato, Vegeta llegó a sus aposentos. Se quitó la armadura y se dispuso a tomar una ducha. Después, se dedicó durante un tiempo a curar sus heridas, las cuales tan solo eran superficiales y no representaban ninguna gravedad. Al salir del cuarto de baño, y vestido unicamente con una toalla anudada a la cintura, se tumbó en la cama y estiró sus brazos y piernas con la intención de relajar sus músculos, aún algo doloridos por el combate. Cerró los ojos. - Tres horas serán suficientes para recuperar las energías agotadas – Pensó...y a los pocos segundos...se durmió.

Pasado ese tiempo, el sonido de unos nudillos golpeando la puerta consiguió despertarle. Se levantó y abrió, dejando pasar a Nappa al interior junto a él.

- Ya está todo listo para el despegue, Vegeta. – Dijo Nappa.

- Bien. – Repuso Vegeta comenzando a vestirse.

Ambos se mantuvieron en silencio durante unos minutos. A Nappa no le hacía falta preguntar hacia qué lugar se dirigía su príncipe en ese viaje. Lo sabía perfectamente. Lo único que le extrañaba es que no le pidiera a él que le acompañara.

- Vegeta...¿quieres que vaya contigo? – Preguntó.

- No es necesario. Es mejor que te quedes aquí, probablemente mi padre te necesite. Además..- Dijo. – no viajaré solo. Kakarotto vendrá conmigo. –

- ¿Kakarotto?...- Preguntó extrañado Nappa. – Por cierto..me sorprendió verle allí...creí que fue destinado a una colonia hace algún tiempo. – Dijo.

- Así es. Vino desde la Tierra. Al parecer, se enteró de que su hermano planeaba traicionarnos y viajó hasta aquí para avisarnos.- Repuso el príncipe.

- Ya veo...aún recuerdo el odio que le tenía Raditz...- Exclamó Nappa.

- Si...tenías que haberle visto la cara cuando Kakarotto le venció. – Dijo intuyendo cuál iba a ser la reacción de su amigo.

- ¿Cómo?..¿qué venció a Raditz?...¿Cómo es posible eso?... Kakarotto siempre tuvo un nivel de combate bastante inferior al de su hermano...- Contestó Nappa totalmente asombrado por las palabras de Vegeta.

El príncipe sonrió, se sentó en la cama comenzando a ponerse las botas y contestó con tranquilidad:

- Lo cierto es que cuando él llegó, Raditz ya estaba herido y ya no le quedaban muchas energías después del combate que mantuvo conmigo. Probablemente, fue ese el motivo por el que fue derrotado por su hermano pequeño. -

Nappa asintió dándole la razón a Vegeta, y justo después, preguntó con curiosidad:

- ¿Por qué has decidido que sea él el que te acompañe en el viaje?. –

- Porque como te he dicho, el ha estado destinado en la Tierra en los últimos años. Yo nunca he estado allí, y él me será de gran ayuda para localizar esa ciudad donde ella se encuentra...- Contestó el príncipe levantándose de la cama y cogiendo los guantes.

Después de unos segundos en silencio, finalmente Nappa se decidió a preguntar lo que desde hacía unas horas le rondaba por la cabeza:

- Vegeta...¿estás seguro de lo que vas a hacer?. –

- ¿A que te refieres?. – Contestó Vegeta con otra pregunta.

En ese momento, el enorme saiyajin sintió la necesidad de decirle todo lo que pensaba a su príncipe, y comenzó su explicación:

- Escucha, Vegeta: Tu la enviaste allí para protegerla, a su planeta de origen, a su hogar...¿has pensado por un momento en la posibilidad de que haya conseguido rehacer su vida?...¿que se haya vuelto a reunir con su familia, o que incluso haya conocido a otro hombre, alguien de su misma raza y especie, que le haya hecho olvidarse de ti y de todo lo que pasó durante el tiempo que estuvo aquí?...-

Vegeta se quedó callado unos segundos. Su expresión cambió a una de absoluta seriedad y contestó sin dudarlo:

- Si no lo compruebo por mi mismo, nunca lo sabré...-

- Ya...¿y qué harás si descubres que es así?...dime...¿qué haras entonces?..¿la obligaras a venir a Vegetasai?...¿la traerás a la fuerza aunque ella no lo desee?...¿es eso lo que quieres?. – Dijo Nappa con un tono de voz que mostraba signos de preocupación.

- ¡No lo sé, maldita sea! – Gritó el príncipe. - Lo único que se, es que necesito verla de nuevo...y, si ocurre todo eso que tú dices, intentaré hacerle cambiar de opinión, trataré de recuperarla nuevamente. – Exclamó volviendo a sentarse en la cama, posando sus

manos sobre su cabeza . - ¡Lo que tengo claro es que jamás he dado una batalla por perdida sin ni siquiera comenzar a luchar, y eso es precisamente lo que tú me estás sugiriendo que haga!..- Concluyó fijando su vista en el hombre apostado de pie frente a él.

Nappa se quedó callado, convencido de que por mucho que insistiera, jamás lograría que Vegeta entrara en razón. Molesto con su príncipe y consigo mismo, se dirigió a la puerta, y antes de salir, dijo:

- Te veré en la zona de despegue. – Y salió de la habitación, dejando a un pensativo Vegeta dentro de ella.

A los pocos minutos, el príncipe se presentó en el lugar donde se encontraba la nave espacial que lo llevaría hasta la Tierra. Nada más llegar, se encontró nuevamente con Nappa.

- ¿Y Kakarotto?...¿aún no ha llegado? – Preguntó.

- ¡Ya estoy aquí, Vegeta!. – Los dos hombres se volvieron y descubrieron a Kakarotto entrando por la puerta en ese mismo instante. – Siento la tardanza, pero es que me entretuve comiendo algo...tenía un hambre atroz...- Dijo sonriendo y pasándose una mano por detrás de la nuca.

Vegeta y Nappa se miraron durante unos segundos, y el príncipe, conteniendo su desesperación ante la estupidez del más joven de los tres, dijo:

- Kakarotto, ve instalándote en la nave, ahora iré yo. –

- De acuerdo.. – Contestó él.

Los otros dos hombres se quedaron en silencio mientras observaban a Kakarotto subir por la plataforma. Finalmente, Vegeta le dijo a Nappa:

- Olvidé preguntarte antes si habías hablado con mi padre. – Dijo.

- Si..aún está furioso por lo de tu viaje. Me preguntó si yo sabía donde ibas, y le dije que no, aunque evidentemente no me creyó. – Repuso Nappa.

- Si te encuentras en problemas, Nappa, díselo. Tarde o temprano lo averiguará. Por cierto...¿se ha resuelto ya la situación en Vegetasai? – Preguntó el príncipe.

- Si..la mayoría de los rebeldes fueron eliminados, y los que no, se rindieron enseguida. Tu padre me ha ordenado localizar a los miembros del Consejo que estaban involucrados en la traición, para que sean ejecutados.

- Bien. – Dijo. – Creo que en menos de mes y medio estaré de vuelta. Nos veremos entonces. – Exclamó extendiendo su mano hacia el enorme saiyajin.

Nappa hizo lo mismo, y las juntaron, estrechándolas.

- Suerte, Vegeta. – Exclamó Nappa.

- Gracias..- Repuso el príncipe. Al momento, se giró y caminó hacia la nave, comenzando a subir por la plataforma.

Pasados unos minutos, y ya en el espacio, Vegeta puso el piloto automático y se levantó de su asiento. Kakarotto, que se encontraba a su lado, se dirigió a él:

- Vegeta...aún no me has dicho hacia donde vamos...- Dijo movido por la curiosidad.

El príncipe se giró hacia él y le contestó:

- A la Tierra. – Repuso con tranquilidad.

- ¿A la Tierra?. – Repitió Kakarotto completamente sorprendido y levantando ambas cejas a la vez. -

- Si...volverás de nuevo a la colonia donde estabas destinado. ¿O acaso pretendías quedarte en Vegetasai? – Repuso el príncipe algo molesto.

- No, tenía la intención de regresar de nuevo allí, pero no sabía que lo haría tan pronto..pero..¿y tú?...¿para qué vas allí?. – Volvió a preguntar.

Vegeta frunció el ceño y le contestó:

- Eso no es de tu incumbencia, Kakarotto. – Dijo el príncipe dando por concluidas las molestas preguntas de su acompañante en el viaje. –

Se dio la vuelta y comenzó a caminar dirigiéndose hacia el pequeño cuarto que tenía asignado, y antes de entrar, dijo:

- Ahora voy a dormir durante unas horas. Tu quédate de guardia mientras tanto. En cuanto despierte, cambiaremos el turno. – Y sin decir una sola palabra más, se adentró en la habitación, cerrando la puerta.

Kakarotto se quedó allí plantado, totalmente confundido y extrañado. Se preguntaba el motivo por el cual el príncipe había decidido viajar hasta la Tierra. ¿Qué era lo que pretendía hacer cuando llegara?. No se le ocurría ninguna razón por la cual Vegeta estuviera interesado en realizar este viaje. Comenzó a preocuparse, pero al momento, se relajó. Tenía quince días por delante para intentar averiguarlo, y estaba seguro de que en todo ese tiempo conseguiría que el príncipe confiara en él y le contara el verdadero motivo de su viaje. Se recostó en su asiento, con las manos por detrás de la nuca, y sonrió. Pronto volvería a estar de nuevo en la Tierra...su nuevo hogar...

-CONTINUARÁ-

Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.

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