Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 25
El viaje I
Habían pasado ya cinco días, y en la nave en la que viajaban los dos saiyajins, la situación no había cambiado demasiado. El príncipe y Kakarotto apenas habían cruzado
dos palabras durante todo este tiempo, ya que, el primero parecía evitar claramente el tener que relacionarse con su compañero de viaje. Cuando uno dormía, el otro permanecía despierto, tratando de entretenerse realizando ejercicios de entrenamiento y estiramiento de músculos para no perder la forma, lo cual se hacía bastante difícil debido al reducido espacio de la nave en la que se encontraban. Las pocas veces en las que ambos coincidían eran cuando comían, y durante este tiempo, tan sólo abrían sus bocas para introducir en ellas la gran cantidad de alimentos que, por su condición de saiyajin, eran necesarios para su supervivencia.
Precisamente, esta era una de esas ocasiones. Kakarotto, ya aburrido de ingerir día tras día la misma comida rápida de siempre y alimentos preparados, tales como latas de conserva, carne enlatada..etc, se decidió a probar a cocinar alguno de los platos que Chichi le enseñó. Al terminar, se sintió orgulloso al comprobar que su guiso no le había salido del todo mal y que tenía bastante buen sabor. El príncipe, después de que Kakarotto le informara de su nueva faceta como cocinero eventual, lo probó, y por sus gestos y porque no quedó nada en el plato, el saiyajin más joven pudo apreciar que le había gustado.
- ¿Dónde aprendiste a cocinar, Kakarotto? – Preguntó al finalizar.
- En la Tierra. Te sorprenderías de lo buena que es la comida allí. Y la variedad es casi infinita, se pueden degustar todo tipo de guisos y alimentos, dependiendo del lugar donde te encuentres. – Contestó Kakarotto con entusiasmo.
- ¿Y tú los has probado todos?. – Repuso Vegeta.
- No..¡qué va!..- Dijo el joven con algo de pena. – Durante todo el tiempo que he permanecido allí, apenas he salido del lugar donde estaba asignada mi misión. – Exclamó. – Pero al menos tuve suerte...ya que la zona donde yo me encontraba, es famosa por su cocina tradicional. Precisamente, el guiso que he preparado es típico de allí. Le faltaban algunos ingredientes fundamentales, pero al menos se le parece un poco – Dijo riendo.
- Por lo que veo...estás muy entusiasmado con la idea de regresar a la Tierra...- Dijo el príncipe. – Cuando fue conquistada, me informaron de que no se trataba de un planeta que mereciera mucho la pena. Es más...está catalogada como una de las colonias de menor valor en nuestro imperio. – Repuso el príncipe sin darle mucha importancia a las afirmaciones de su interlocutor.
- Bueno...el planeta tal vez no disponga de muchos de los recursos de los cuales nosotros nos beneficiamos, pero tiene muchas otras cualidades que lo hacen único... – Contestó el más joven de los dos.
El príncipe levantó una ceja, y dijo con incredulidad:
- ¿Ah, si?..¿cómo cuales? –
- Bueno...aparte de la comida...tiene una vegetación enorme, con infinidad de especies distintas de plantas y árboles, así como su fauna, la cual también sorprende muchísimo por la extensa variedad de animales, todos ellos distintos entre sí...y además...-
- Se nota que has viajado poco, Kakarotto. – Interrumpió el príncipe. - Hay decenas de colonias en nuestro poder que reúnen esas mismas características. – Dijo sin mucho interés.
Kakarotto frunció un poco el ceño, algo molesto por la interrupción del príncipe, y añadió:
- Tal vez...aún así, yo sigo pensando que es...especial...-
Vegeta se recostó un poco en su asiento, y con aires de superioridad, exclamó:
- Para un tipo tan simple como tú, cualquier cosa resultaría especial..- Dijo con ironía.
Al joven saiyajin le molestaron aquellas palabras. Estaba empezando a cansarse de los continuos desprecios que recibía por parte del príncipe, y sin pensarlo siquiera, contestó:
- Pues al parecer..también debe serlo para ti, porque de otro modo, no encuentro el motivo por el cual nuestro príncipe viaje casi en secreto hasta allí...- dijo.
Vegeta, al oir esto, se incorporó y se levantó como un resorte. Apoyó ambas manos en la mesa con fuerza, y con voz fría, comenzó a decir:
- No eres tan tonto como haces parecer a todo el mundo, Kakarotto..pero te lo advierto, no trates de pasarte de listo conmigo, o lo pasarás muy mal...-
Kakarotto ya esperaba una reacción así en el príncipe, y decidido a continuar, dijo:
- No creo haber dicho nada para ofenderte, Vegeta. - ¿Qué es lo que te molesta tanto?. – Alzó un poco la voz.
Vegeta gruñó. Volvió a golpear con sus manos en la mesa, esta vez con los puños cerrados, logrando casi resquebrajarla por completo, y con expresión de enorme fastidio, gritó:
- ¡Tu me molestas!. ¡Tu sola presencia me repugna!. Tu estúpida forma de comportarte, tu patética manera de hablar...nada de lo que haces o lo que dices se corresponde con la verdadera esencia de un auténtico saiyajin..Raditz tenía razón: eres una vergüenza para nuestra raza...-
Kakarotto se levantó y se le enfrentó, casi por instinto. Estaba seguro de que algo atormentaba a Vegeta, algo relacionado con este extraño viaje, y por su forma de reaccionar, supo que estaba anteponiendo su orgullo frente a algo de lo que no podía deshacerse, algo que probablemente le carcomía por dentro. Quiso ponerle al límite, sin ningún temor a lo que pudiera pasar. Tenía la esperanza de que finalmente consiguiera abrirse para él...
- ¿Y eso por qué , Vegeta?...¿porque además de la lucha, los combates y el entrenamiento, considero también importantes otro tipo de cosas?...¿porque no resumo la felicidad en tan sólo llegar a convertirme en el tipo más poderoso del
universo¿porque he descubierto que existen muchas otras razones, totalmente distintas a las conquistas, al poder o a la fuerza, por las que la vida tiene algún sentido¿Es por eso por lo que soy una vergüenza para ti?. –
Los ojos del príncipe enrojecieron de rabia. No podía permitirse mostrarse débil delante de este insecto, cuyas palabras reflejaban claramente lo que era una realidad, lo que él mismo pensaba, lo que aquellos sentimientos le habían enseñado. ¿Es que acaso pretendía darle lecciones?. ¿O tal vez trataba de reirse de él?.
- ¿Cómo te atreves a hablarme así, maldito imbécil?. ¿Es que quieres morir ahora mismo? – Gritó nuevamente.
Nuevamente, su forma de actuar le dejó más claro aún a Kakarotto lo que ya sabía. Tenía que ser algo relacionado con lo que pasó entre él y aquella esclava, esos meses en los que no se hablaba de otra cosa en el imperio, aquél repentino cambio de actitud en el príncipe que hizo dudar de su capacidad como heredero al trono a casi la mitad de sus súbditos. Tuvo que ser el amor y los sentimientos los que hicieron modificar su comportamiento, hasta tal punto que lograron que casi olvidara sus deberes como príncipe. No había ya duda posible. De pronto, Kakarotto recordó que alguien le había comentado que de la misma forma fugaz con que la relación empezó, al parecer también terminó, y que días más tarde, volvieron nuevos rumores que apuntaban a que la mujer murió, o desapareció, sin que nadie más volviera a saber de ella. Entonces...era eso...por este motivo se estaba enojando tanto Vegeta. Probablemente él con sus preguntas y con sus insinuaciones, le había hecho recordarle a ella..a su muerte...Se maldijo por dentro por su metedura de pata y trató de arreglarlo de la mejor forma posible:
- Err..Lo siento, Vegeta...de verdad...mi intención no era enfadarte, en serio...- Se disculpó bajando la mirada. – Se que lo estás pasando mal...y que te encuentras en una terrible fase de tu vida..y yo...-
El príncipe puso un gesto que variaba entre la confusión y la desesperación. - ¿De que rayos está hablando este payaso ahora?- Pensó. Volvió a enojarse de nuevo:
- ¿Qué sabes tu de mi vida, estúpido?. – Interrumpió bruscamente. - ¿Es que pretendes burlarte de mi o qué? – Dijo a voces.
- No..no...Es sólo que se perfectamente por lo que estás pasando...y...- Continuó el joven saiyajin intentando disculparse.
- ¿Qué tu sabes qué?...- Preguntó Vegeta sin creer lo que estaba escuchando. – Vamos a ver, Kakarotto...o padeces alguna enfermedad en el cerebro, y pretendes contagiarme a mi, o es que realmente eres idiota, porque no encuentro otra razón por la que te atrevas a decir todas esas estupideces sobre mi...¿En tan poco valoras tu vida?. – Dijo al borde la histeria.
- Es normal que estés afectado, Vegeta, reconócelo ...- Seguía insistiendo Kakarotto con tono apesadumbrado, mostrando signos de compasión hacia el príncipe, lo cual condujo a este último a mostrarse aún más enojado de lo que ya estaba.
- ¿Qué demonios tengo que reconocer, imbécil?. – Gritó Vegeta como un poseso.
- Pues que estás dolido porque ella muriera...porque la hayas perdido para siempre...- Terminó de decir finalmente Kakarotto.
El príncipe se quedó petrificado ante las palabras del saiyajin que tenía enfrente. Inmediatamente, Vegeta pensó que se refería a Syra. - ¿Por qué razón este inútil creerá que a mi me ha afectado en lo más mínimo la muerte de mi esposa?. Definitivamente, no está bien de la cabeza, algo no funciona correctamente en su cerebro.- Se dijo a sí mismo. Decidió zanjar este asunto de una vez por todas, intentando que, a su juicio, el chalado que tenía enfrente, dejara de importunarle con sus patéticos comentarios. Con algo más de tranquilidad, y controlando su nerviosismo, habló:
- Escúchame, Kakarotto...y aunque no se porque demonios estoy ni siquiera dándote explicaciones que no mereces, voy a decirte algo para que de una vez te quede bien claro: No me importa en absoluto lo que a esa mujer le ha ocurrido, es más, creo que de algún modo se lo merecía, y ella lo sabía. No se de donde rayos has sacado esa conclusión sobre que a mi me ha dolido su muerte, porque no es así, te lo aseguro. Y ahora...¡déjame en paz de una maldita vez!. Me está empezando a doler la cabeza de escuchar tanta tontería junta.- Terminó de decir, comenzando a darse la vuelta con la intención de marcharse con rumbo a su cuarto.
- ¿Cómo puedes hablar así de ella?...Se supone que tú la amabas...- Gritó Kakarotto enojado ante las palabras de Vegeta, llenas de crueldad.
El príncipe, totalmente furioso y fuera de sí, se volvió, se aproximó a Kakarotto, lo agarró por sus ropas a la altura de su cuello, acercándole hasta que apenas unos centímetros separaban sus rostros, y con una mirada asesina clavada en sus ojos, le increpó a voces:
- ¡No,..te equivocas, yo no la amé!..es más..en una ocasión la violé, en otra la golpeé, y multitud de veces he tenido que contenerme para no eliminarla...¿te parece a ti que eso es amar a alguien, estúpido?.- Dijo completamente lleno de ira. Al instante, lo arrojó hacia el suelo con fuerza, y algo más calmado, dijo: - ¡Se acabó!. No digas una palabra más, Kakarotto..o haré que te bajes de la nave en la colonia más próxima de donde estamos..¿está claro?. – Concluyó el príncipe dando por terminada la conversación.
El joven saiyajin comenzó a levantarse del suelo, y asintió. Decidió acatar la orden que acababa de recibir de su príncipe, puesto que la idea de ser abandonado en algún planeta no es que le resultara muy agradable, puesto que eso significaría retrasar su regreso a la Tierra unos cuantos días más de lo previsto. Se quedó unos segundos parado, mientras observaba a Vegeta llegar hasta su cuarto y dar un sonoro portazo justo en el momento en que se introdujo en él.
Así pasaron otros cinco días más, y el príncipe continuó en su costumbre de eludir lo más posible el tener que compartir tiempo y espacio con Kakarotto. Después de aquella discusión, donde se produjo un malentendido que ninguno de los dos apreció, ambos mantenían una idea equivocada con respecto al otro. Mientras que el príncipe tenía la certeza de que a Kakarotto le faltaba un tornillo o incluso varios, éste último, por su parte, empezaba a adoptar la idea de que Vegeta no se dirigía con muy buenas intenciones hacia la Tierra, algo de lo que tenía que asegurarse antes de que lograran aterrizar allí.
Ese día, acababan de terminar de comer y, al terminar, Vegeta se encerró en su cuarto como solía hacer todos los días. Kakarotto se dedicaba, mientras tanto, a realizar algunas flexiones como entrenamiento, y de repente, empezó a escuchar una señal de alarma a través de los altavoces de la nave. Se levantó del suelo y se dirigió extrañado al panel de control, y al llegar, se quedó sorprendido al ver la luz amarilla que parpadeaba sin cesar. Inmediatamente, se acercó hasta la puerta de la habitación del príncipe donde llamó varias veces con insistencia.
- ¿Qué rayos quieres, Kakarotto?. ¡No me molestes!. – Se escuchó decir desde dentro.
- Vegeta, tenemos un problema. Al parecer estamos perdiendo combustible. – Dijo alzando un poco la voz.
- ¡¿Qué?! – Alcanzó a oir Kakarotto. Y al momento, la puerta se abrió y el príncipe apareció tras ella. Vestido tan sólo con unos boxers, se dirigió con rapidez hacia el panel de control y comprobó con sus propios ojos lo que su acompañante le había dicho.
- ¡Maldita sea!.- Gruñó. – Debemos tener un escape por algún sitio. Si no aterrizamos pronto en algún lugar, nos quedaremos sin combustible en menos de dos horas. – Dijo molesto mientras se sentaba frente al panel de control y comenzaba a teclear frente a la pantalla. Trataba de localizar en la base de datos algún planeta situado lo más cerca posible de la posición en la que se encontraban. Finalmente, logró localizar el más próximo, al que, según los cálculos mostrados por el ordenador, tardarían en llegar una hora y media aproximadamente. Marcó el rumbo hacia dicho planeta en el panel, y se levantó.
- Tenemos suerte, aterrizaremos en Morak en poco tiempo. Avisa a la torre de control de esa colonia de nuestra llegada y diles que tenemos un problema mecánico en la nave y que se pongan de inmediato a repararla en cuanto lleguemos. – Ordenó el príncipe a Kakarotto.
- ¿Quieres que les informe de tu presencia? – Preguntó el joven saiyajin.
- Desde luego que si. Y adviérteles que tengo mucha prisa y que no me hagan perder el tiempo. – Replicó el príncipe entrando en su cuarto para vestirse.
Nada más aterrizar, salieron a su encuentro una pequeña tropa de soldados saiyajins encabezada por un general, el cual se dirigió con rapidez hacia Vegeta.
- Bienvenido, príncipe. Estamos muy honrados con su presencia aquí, y ante todo, queremos felicitarle por su triunfo ante las tropas rebeldes. – Dijo cuadrándose ante él.
Vegeta lo miró con desdén y añadió:
- Espero haber sido lo bastante claro en mis órdenes y que mi nave sea reparada lo más rápido posible. – Dijo algo malhumorado.
- Si, señor. Lo más probable es que esté lista para mañana por la mañana sin falta. – Contestó el general de forma apresurada.
- ¿Cómo dices?. ¡No puedo esperar tanto tiempo.!. – Exclamó Vegeta.
El hombre se estremeció, y visiblemente nervioso, repuso:
- Lo..siento, señor...pero en esta colonia no disponemos de grandes avances tecnológicos...y los materiales escasean...-
El príncipe, suspiró resignado, y con algo más de calma, contestó:
- De acuerdo. Pasaremos la noche aquí...pero asegúrate de que mañana al amanecer mi nave esté dispuesta de nuevo para partir. –
- Si..si..señor..no se preocupe. – Contestó el general. – Ya he dado orden de que les preparen sus aposentos para que puedan instalarse enseguida. – Dijo
- Perfecto. Indícanos el lugar exacto. Quiero darme una ducha antes de ir a comer algo. – Repuso Vegeta.
- Enseguida, señor. – Dijo. Inmediatamente, se volvió hacia dos de los saiyajins que se encontraban a sus espaldas y les dijo en una orden: - ¡Vosotros dos!..acompañad al príncipe y a su soldado hasta sus aposentos...-
- Si, señor. – Contestaron ambos hombres a la vez dirigiéndose hacia la puerta.
- Por cierto, alteza...Después de que se acomoden, mis hombres les guiarán hasta un comedor donde les están esperando toda clase de manjares para que los disfruten. – Dijo el general.
- De acuerdo. – Contestó el príncipe comenzando a caminar siguiendo a los dos soldados y acompañado por Kakarotto, el cual se mantuvo en silencio desde que llegaron.
Al cabo de un rato, Vegeta y Kakarotto se encontraban a solas en un amplio salón, donde nada más llegar, se toparon con toda una mesa repleta de suculentos platos y guisos exquisitos. Los dos hombres, hartos de los alimentos que habían estado comiendo durante su viaje, inmediatamente se lanzaron a degustar todo aquello, totalmente dispuestos a no dejar nada en los platos. Acompañando a la comida, comenzaron a beber gran cantidad de vino, y casi al terminar, Vegeta se percató de que a Kakarotto le estaba empezando a hacer efecto el alcohol, puesto que el joven saiyajin se movía torpemente sobre su asiento y no atinaba bien a pinchar con el tenedor la comida que tenía frente a sí.
- ¿Qué ocurre, Kakarotto?. – Preguntó. – Por lo que veo no estás acostumbrado a ingerir alcohol...- Dijo riéndose ante la situación en la que se encontraba su acompañante.
- La verdad es que no...antes no solía beber mucho..pero desde que llegué a la Tierra, no había probado ni una sola gota. – Habló Kakarotto trabándosele la lengua.
- Que yo sepa..no hay ninguna norma que prohíba beber alcohol en las colonias...- Dijo el príncipe mientras bebía un nuevo trago de su vaso.
- No..no es por eso. Es que a Chichi no le gusta mucho que beba...- Contestó Kakarotto casi sin pensar.
- ¿Chichi?. – Preguntó el príncipe. - ¿De quien hablas? – Fijó sus negros ojos en los del hombre que tenía frente a sí.
Kakarotto se quedó un segundo sin reaccionar, y al momento, empezó a decir con torpeza mientras meneaba ambas manos delante de sí:
- ¿Qué?..¡Ah!..nadie...no es nadie...- Dijo sonriendo y pasándose una mano por detrás de la nuca.
Vegeta lo miró extrañado, y dedujo que Kakarotto le estaba ocultando algo. Le pareció divertido sonsacarle y descubrir aquello que parecía ponerle nervioso.
- ¿Es tu esposa?...Un nombre extraño para ser saiyajin...- Exclamó el príncipe penetrando su mirada en él y esbozando una leve sonrisa irónica.
Kakarotto se puso más nervioso de lo que estaba, y sumado al alto grado de embriaguez que tenía, se le hacía mucho más dificultoso el hecho de pensar en alguna solución para salir del atolladero en el que se había metido.
- No...no es mi esposa..no es nada...bueno, quiero decir que...- Dijo mientras se le caían los cubiertos al suelo y se agachaba para cogerlos.
El príncipe volvió a sonreir con malicia, satisfecho con la reacción que estaba provocando en el joven saiyajin, y volviendo a marcar su gesto frío y serio en su rostro, preguntó:
- ¿Vas a decirme quien es...o no? –
Kakarotto se quedó unos segundos en silencio, y al final, suspiró con resignación y contestó:
- Está bien...Es..una mujer...y no es saiyajin, sino terrícola...-
Vegeta ya esperaba una respuesta como esa. Y, sin darle mucha importancia, repuso:
- Supongo que ese es el motivo por el cual estás tan deseoso de llegar a la Tierra...- Dijo tranquilamente mientras cortaba un trozo de la carne que se encontraba en su plato.
Kakarotto levantó ambas cejas en señal de sorpresa. Pensaba que el príncipe iba a reaccionar como normalmente lo hacía, enojado y con alguno de sus insultos o desprecios. Totalmente confundido por la forma de actuar del príncipe, decidió finalmente, contestar la verdad:
- Si...bueno...no voy a negarlo...- Dijo aún asombrado por la indiferencia del príncipe.
Vegeta actuaba claramente, dándose perfecta cuenta de la confusión en su interlocutor. Acababa de averiguar que Kakarotto se encontraba en una situación parecida a la suya,
y eso le llevó a la conclusión de que ambos estaban realizando este viaje por la misma razón: reunirse con dos mujeres, de las cuales ninguna era saiyajin, sino de una raza insultantemente inferior a la suya. Solamente ellas, eran el motivo por el cual dos hombres, guerreros y pertenecientes a la raza más poderosa del universo, se habían enfrascado en una travesía de millones de kilómetros y con una duración de quince días hacia un planeta sin valor alguno. – Resulta realmente patético. – Pensó el príncipe. Si en el pasado alguien le hubiera predecido que él se iba a encontrar en esta situación, lo hubiera eliminado al instante por su osadía, no solo por el motivo del viaje en sí, si no por ponerle a la misma altura que un guerrero de tercera clase como Kakarotto. Aún así, su orgullo no le permitía compararse con él, y mucho menos estaba dispuesto a que él se enterara de lo que tenían en común, y por eso, decidió seguir actuando como antes:
- ¿Y qué tiene de especial esa mujer?. En cualquier sitio puedes encontrar cientos de ellas, por ejemplo, en este planeta. He oído decir que las hembras aquí son particularmente hermosas. Podrías escoger ahora mismo a cualquiera de ellas y llevártela a tu cuarto a pasar la noche. - Dijo en su actitud arrogante de siempre.
- No me interesan...La diferencia está en lo que ambos sentimos el uno por el otro...No podría estar con ninguna otra mujer que no fuera ella...- Contestó el joven saiyajin con seguridad en sus palabras.
Esa última frase sorprendió al príncipe. No creyó que lo dijera en serio, asi que, volvió a preguntar:
- ¿Ni siquiera solamente por sexo?...no te creo, Kakarotto.-
- Pues es así. Jamás sería capaz de tener relaciones con otra mujer, y si lo hiciera, la estaría traicionando a ella y a mi mismo también..– Contestó Kakarotto. – Tu no lo entiendes, Vegeta...y la verdad, es algo que no se puede explicar con palabras...-
Vegeta se quedó pensando durante unos segundos. Lo cierto es que mientras él estuvo con Bulma no sintió jamás la necesidad de compartir su lecho con ninguna otra mujer, pero no por creer que la traicionaría, si no porque ella era la única hembra a la que deseaba, con quien quería estar y compartir su tiempo. Solo ella...nadie más ocupaba sus pensamientos y sus fantasías. Sin embargo, cuando se separaron, no tuvo más remedio que mantener relaciones íntimas con otras mujeres, pero tan sólo eran sesiones de sexo, nada más, una necesidad que tenía que aplacar, de igual forma que el comer o el dormir. Los conceptos eran muy diferentes y nada tenían que ver entre sí. Verdaderamente, Kakarotto estaba equivocado...o demasiado borracho para pensar con claridad...
- Tienes razón, nunca seré capaz de comprender tu estupidez. – Dijo mientras se levantaba y concluía la conversación. – Será mejor que vayamos a dormir. Mañana al amanecer partiremos de nuevo. –
Al rato, el príncipe se encontraba ya en sus aposentos. Acababa de quitarse su uniforme de combate, dejándose puestos únicamente sus boxer, y se disponía a acostarse ya para esperar al día siguiente. De pronto, alguien llamó a la puerta, y dispuesto a increpar a cualquiera que se hubiera atrevido a molestarle, se dirigió a abrir. Se quedó algo
sorprendido al encontrarse de frente a una mujer, la cual nada más verle, le dijo con voz sensual:
- Buenas noches, príncipe. Mi nombre es Luna y soy su regalo de bienvenida por cortesía del general. – Dijo sonriendo.
Vegeta, la dejó entrar, abriendo la puerta al máximo y dejando que ella pasara por delante suya. Después, cerró la puerta y apoyó su espalda en ella cruzando los brazos.
La mujer caminó contoneándose hasta el centro de la habitación, muy cerca de la cama. Allí se detuvo, y volviéndose hacia el príncipe, comenzó a desabrocharse uno a uno los botones de su vestido mientras le miraba y le dirigía una pícara sonrisa, llena de lujuria. Al terminar, dejó resbalar la ropa por su cuerpo quedándose completamente desnuda frente a él.
Vegeta, sin moverse del sitio, se quedó durante unos segundos observándola de arriba abajo, deleitándose ante la desnudez del cuerpo femenino que tenía delante. La mujer era espectacularmente hermosa...su cabello, de color rojizo, lo tenía largo y rizado. Sus ojos, del mismo color que su pelo, eran muy expresivos y con largas pestañas. Su piel era de un tono ligeramente moreno, sin ningún tipo de imperfección. Sus senos eran grandes y firmes cuyos pezones invitaban a ser devorados sin tregua alguna. Las curvas que formaban sus caderas llamaban a gritos aferrarse a ellas para después deslizar las manos hacia su trasero, prieto, y literalmente, perfecto. Sus muslos, deseosamente apetecibles, daban paso a unas maravillosas piernas, largas y bien torneadas. El príncipe pensó, que con probabilidad, el general debió informarse previamente de sus gustos en lo que al sexo femenino se refiere, y que seguramente la escogió a ella entre varias candidatas dando por supuesto que había acertado en su elección final. Y así fue. Una elección perfecta: era una hembra preciosa, exótica, una clara y concisa invitación a la lujuria y al deseo...
Sin pensárselo más, se fue acercando hasta la mujer, notando en sus ojos la libre disposición a la que ella se prestaría sin dudarlo, tan sólo para complacerle a él, al príncipe de los saiyajins, al hombre que la devoraba con su penetrante mirada...
La mujer le miró y, humedeciéndose los labios de forma erótica, le dijo:
- Es usted un hombre muy atractivo, príncipe...una auténtica delicia para cualquier mujer...- Susurró justo antes de comenzar a besar y acariciar con su lengua el ancho y musculoso cuello de Vegeta, mientras sus manos se paseaban con total libertad por sus hombros y sus marcados pectorales.
El príncipe cerró los ojos, la agarró de la cintura y la apretó más contra sí, haciendo contactar sus pieles desnudas. Una mano de la mujer comenzó a descender hasta encontrarse con la tela que cubría la excitada masculinidad del hombre, y Vegeta, correspondiendo a sus deseos, le ayudó a deshacerse de los boxers, dejando completamente libre su sexo. Inmediatamente después, el príncipe se aferró a sus nalgas, y después de apretarlas ligeramente, levantó a la mujer, la colocó entre su cuerpo a horcajadas, y ella lo rodeó con sus piernas. La llevó hasta una de las paredes de la habitación y apoyó su espalda en ella. La levantó un poco más y los grandes y esplendorosos senos de la mujer quedaron justo a la altura deseada, y sin más retraso, comenzó a acariciarlos y a devorarlos con sus labios y su lengua. La mujer comenzó a gemir, y dijo entre suspiros:
- ¡Oh..príncipe!...siii..siii...soy suya...hágame suya...- Dijo mientras se aferraba a su espalda y revolvía con sus dedos el rebelde cabello del príncipe.
De pronto, en la mente de Vegeta resonaron unas palabras, una frase que tan sólo pronunció a una persona: - Mujer...eres mía...lo fuiste desde el primer día en que te vi...-
Al momento, otra frase...salida de los labios de su ángel de cabellos azules: - Vegeta...yo...no quiero compartirte con nadie..-
Y finalmente, otras voces hicieron aparición en sus pensamientos: - Jamás sería capaz de tener relaciones con otra mujer, y si lo hiciera, la estaría traicionando a ella y a mi mismo también..-
Abrió los ojos y se detuvo. ¿Qué demonios estaba haciendo?. En tan sólo cinco días, sería a ella a la que tendría entre sus brazos, a Bulma, a su amada, a la única persona en todo el universo que le hacía sentirse bien consigo mismo, a la mujer de sus sueños, y no...no la traicionaría...al menos no lo haría más a partir de ahora...
Inesperadamente, soltó a la mujer dejando que sus pies tocaran el suelo. Se separó de ella y le dijo:
- Márchate. Coge tu ropa y vete. – Repuso apartando su vista de ella.
Ella le miró con incredulidad, y con gesto confundido, le contestó:
- ¿Le ocurre algo, príncipe?. ¿He hecho algo para molestarle? – Preguntó.
Vegeta, volvió a mirarla y con un tono de voz bastante duro, exclamó:
- ¿Es que no me has oído, mujer?. ¡Márchate ahora mismo!. –
La mujer se estremeció, y cogiendo su ropa con rapidez, se dirigió a la puerta y salió apresuradamente de la habitación sin vestirse siquiera.
El príncipe se quedó parado unos segundos, cerró los ojos y respiró tomando aire sin todavía creerse lo que acababa de hacer. – Definitivamente, ese chalado de Kakarotto me está contagiando su estupidez. – Pensó mientras se dirigía al cuarto de baño dispuesto a tomar una ducha fría antes de meterse en la cama y dormir.
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
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