Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 26

El viaje II

Al día siguiente, después de que su nave se encontrara ya reparada, los dos hombres despegaron del planeta Morak con rumbo hacia la Tierra. Habían perdido casi un día completo con el tema de la avería, pero al menos, habían tenido la oportunidad de comer en condiciones y de poder moverse libremente en espacios más abiertos.

Mientras que Vegeta se encontraba realizando algunos ejercicios de entrenamiento, Kakarotto se hallaba tumbado en el suelo, con los brazos por detrás de la nuca, mirando hacia el techo y un poco perdido en sus pensamientos. Al cabo de un rato, Vegeta paró, y secándose el sudor de la frente con una toalla, dijo:

- Kakarotto...voy a darme una ducha. Mientras, vete preparando algo para comer. – Dijo. Caminó hacia el cuarto de baño, y a los pocos segundos se volvió para observar que su acompañante no había cambiado para nada su postura ignorando completamente lo que acababa de decirle. - ¡Kakarotto!. – Repitió alzando la voz.

- ¿Qué?. – Contestó el saiyajin sobresaltándose un poco y girando la cabeza en dirección al príncipe.

- ¿No has oído lo que he dicho?. – Preguntó Vegeta algo enojado. –

- No...disculpa...¿qué querías?. – Dijo algo distraído.

Vegeta gruñó y dijo:

- ¿Estás tonto o todavía te dura la borrachera de ayer?. Te decía que fueras preparando la comida mientras yo me ducho.

- ¡Ah!..vale...ahora mismo me pongo a ello..- Dijo volviendo de nuevo a mirar al techo.

Vegeta se quedó parado unos instantes observándole, y después de hacer un esfuerzo por contenerse para no golpearle, se giró de nuevo en dirección al cuarto de baño.

- Vegeta...- Escuchó decir el príncipe justo antes de abrir la puerta.

- ¿Qué quieres ahora?. – Contestó el príncipe algo malhumorado sin volverse siquiera.

- Aún no me has dicho el motivo por el cual te diriges a la Tierra...- Dijo tranquilamente.

Vegeta se volteó, dirigiendo su mirada hacia el hombre tumbado en el suelo, y contestó:

- ¿Ya vuelves de nuevo con eso, Kakarotto?. – Repuso. – Ya te dije que no era asunto tuyo.

- Ya...pero es que yo creo que si que lo es..- Exclamó Kakarotto incorporándose para quedar sentado.

- ¿Cómo dices?. – Repuso Vegeta alzando la voz.

- Lo que oyes, Vegeta...- Contestó el saiyajin más joven mirándole seriamente. – Vamos, se perfectamente que no fue casualidad el que me escogieras a mi para que te acompañara en este viaje. Estoy seguro de que lo hiciste porque pensaste que me necesitarías para alguna cosa...y yo quiero saber lo que es...- Dijo sin apartar su vista de la del hombre situado frente a sí.

Vegeta se quedó en silencio unos segundos con su fría mirada clavada en él. Al momento, su rostro esbozó una media sonrisa irónica en sus labios, y contestó:

- Ya veo lo que ocurre...Temes que me dirija allí con algún fin que pueda poner en peligro la vida de los terrícolas, incluyendo a esa mujer de la que me hablaste ayer...¿no es eso?...-

- No lo sé...dímelo tú, Vegeta. – Repuso Kakarotto. – Yo ya no se que pensar. Intento entenderte pero tú no me das opción alguna para hacerlo. En ocasiones, creo ver en ti al príncipe noble y honorable que Vegetasai merece. Sin embargo, otras veces, noto como si constantemente mantuvieras una lucha en tu interior, como si trataras por todos los medios de librarte de algo a lo que no puedes hacer frente, algo que te hace comportarte como una persona fría y distante en quien no se debe confiar. –

- ¿Tratas de psicoanalizarme, Kakarotto?. ¿O es que pretendes juzgarme?. – Preguntó Vegeta algo enojado.

Kakarotto suspiró. Se levantó y caminó acercándose unos pasos hacia el príncipe, y después dijo:

- No...tan solo quería que supieras que si necesitas hablar o desahogarte...pues que contaras conmigo...nada más...- Dijo Kakarotto algo apenado pasando por delante de él con la intención de dirigirse hacia la cocina.

Vegeta se le quedó mirando pensativo. Lo cierto es que durante el viaje no había dejado de darle vueltas a lo que le dijo Nappa sobre Bulma. En realidad su comportamiento se debía sobre todo a la incertidumbre de no saber lo que realmente le esperaba en la Tierra. ¿Sería capaz de soportar un rechazo de Bulma?. No lo sabía..ni tampoco el modo en que reaccionaría ante tal suceso. En Vegetasai, todo era más fácil..ese era su terreno, nada podía escapársele a su control. Sin embargo, la Tierra era el hogar de ella, las personas que ahora le rodeaban eran de su misma raza, con sus mismas inquietudes y costumbres, y sobre todo, que entre ellos compartían una misma cosa: ayudarse mutuamente y subsistir ante el poder de quienes los mantenían subyugados a todos: los saiyajins. Estaba completamente seguro de que Bulma había centrado toda su actual vida en ayudar a los terrícolas y en tratar de restaurar su planeta. Todo esto le hacía pensar que ella se hubiera arrepentido de mantener una relación con él, y que si esto fuera así, con toda probabilidad se negaría a volver a Vegetasai junto a él. En estos momentos, tenía serias dudas sobre buscarla y encontrarse con ella, o por el contrario, dejar las cosas como están ahora. Se estaba obsesionando por ese tema, y al parecer, Kakarotto había notado algo en su comportamiento que le delataba. De pronto, recordó la única cosa que, a su parecer, compartía con su acompañante, y después de meditar unos segundos, se decidió a preguntar:

- Kakarotto...- Dijo. El joven saiyajin se dio la vuelta y lo miró, prestándole toda la atención. – Esa mujer...esa terrícola con la que estás...- Se detuvo. Empezó a arrepentirse de lo que estaba haciendo.

Kakarotto se acercó un poco más, y animándole a que continuara, le dijo:

- Si...dime...¿qué es lo que quieres saber?. – Dijo en un tono amable, habitual en él.

Vegeta tragó saliva. Le estaba costando llevar la situación, pero se decidió a proseguir.

- Si tuvieras que dejar la Tierra y volver a Vegetasai para siempre, sin remedio alguno. ¿Crees que ella accedería a ir contigo?. – Preguntó sin más.

Kakarotto se quedó unos segundos extrañado. No entendía muy bien hacia donde quería llegar Vegeta con esa pregunta. ¿Qué tenía que ver con él y con su forma de actuar?.

- La verdad, nunca me lo he planteado¿sabes?. – Dijo. – Pero..si eso pasara, se cual sería su respuesta. Ella es feliz en la Tierra, a pesar de lo mal que lo ha pasado con la guerra y la conquista. Es médico en un hospital y disfruta mucho trabajando en ello, porque es lo que le gusta, lo que le llena. Creo que eso mismo fue lo que hizo que me enamorara de ella, su entrega en lo que hace, su afán por ayudar y tratar de paliar el sufrimiento de otras personas.- Se detuvo unos segundos y suspiró. , Vegeta...No, no creo que accediera. Y si por algún casual, ella se empeñara en volver conmigo, yo no lo permitiría...-

- ¿Por qué?. – Preguntó el príncipe ante la evidencia.

- Tu mejor que nadie sabes la respuesta a esa pregunta, príncipe. – Dijo. – Jamás permitiría que se convirtiera en esclava de nuestro imperio, ya que eso es lo que inevitablemente ocurriría, puesto que ningún saiyajin la admitiría de otra forma en nuestro planeta, ni por mucho que yo insistiera o tratara de evitarlo. Por nada de este mundo, la pondría en una situación como esa, aunque eso significara perderla para siempre y no volver a verla nunca más...- Concluyó con un tono de voz amargo.

Vegeta no dijo nada. Su rostro se mostraba impasible, sus ojos completamente inexpresivos. A los pocos segundos, se volvió y se adentró en el cuarto de baño. Kakarotto se quedó un momento mirando la puerta, pensativo y después se dirigió a la cocina a preparar algo de comida para ambos.

Pasada una media hora, Kakarotto ya había dispuesto la mesa con algunos alimentos listos para ser devorados. El sonido de la puerta del servicio abrirse, lo hizo dirigir su mirada hacia la entrada de la cocina, esperando ver aparecer de un momento a otro a su acompañante en el viaje. En pocos segundos, lo vio y ambos se quedaron mirándose fijamente, hasta que el príncipe dijo:

- El motivo de mi viaje a la Tierra...es porque tenía la intención de encontrarme con alguien allí, pero eso ya no importa. – Nada más decir esto, se acercó a la mesa y se sentó.

Kakarotto lo imitó sentándose en el asiento de enfrente. Vegeta ya había empezado a comer, ignorando deliberadamente la mirada del joven saiyajin clavada con totalidad en él.

- ¿Eso significa que ya no vas a hacerlo? – Preguntó.

- Quedan pocos días para llegar. En cuanto aterricemos, tu te quedarás allí, y yo volveré de nuevo a Vegetasai, de donde no debí salir. – Dijo Vegeta sin mirarle siquiera.

- ¿Por qué dices eso?. ¿Qué es lo que te ha hecho cambiar?. ¿Ha sido por algo que te dije antes?...¿Es por eso?. – Comenzó a preguntar Kakarotto de forma preocupada.

El príncipe soltó de repente los cubiertos y visiblemente enojado se dirigió hacia el hombre situado frente a él.

- ¡Cállate!...No tienes ni idea, Kakarotto. – Gritó. - Me equivoqué al hacer este viaje, pero al menos he logrado rectificar a tiempo, y no, no es por algo que tú dijiste. Tú tan solo has confirmado lo que yo ya sabía, pero que trataba de negarlo, nada más. -

- ¿Y qué es?..¿qué es lo que te he confirmado?. Si no me lo dices, no podré ayudarte..- Replicó Kakarotto bajando la voz.

- ¡No necesito tu ayuda, estúpido!. ¿Por qué no te metes en tus asuntos y me dejas en paz?. Ya te he dicho que no voy a quedarme ni un solo día en la Tierra, ya no tienes nada de qué preocuparte. Así que, olvídame y no me molestes más. – Exclamó el príncipe.

- ¿A qué tienes miedo, Vegeta?. ¿Sabes?, creo que esta es la primera vez que veo al gran príncipe de los saiyajins huyendo de algo o de alguien. – Continuó Kakarotto insistiendo.

- ¡Cierra tu maldita boca de una puta vez!. ¡Ya me tienes harto, Kakarotto!. Tienes suerte de que nos encontremos dentro de esta nave, si no, ya te habría eliminado. – Gritó Vegeta fuera de sí.

El joven saiyajin se quedó en silencio, observando como Vegeta volvía a concentrarse de nuevo en la comida. De pronto se levantó de su asiento, y dijo:

- De acuerdo. – Y salió de la cocina.

Al día siguiente, Vegeta se encontraba tumbado en la cama de su cuarto. Su mente no había dejado de trabajar durante la mayor parte de la noche, impidiéndole dormir las horas suficientes. De pronto, un temblor sacudió la nave espacial, y el ruido de los motores funcionando dejó de sonar. Salió de su habitación y nada mas hacerlo, se fijo en la extraña luz que entraba por las pequeñas ventanas. Soltó varias maldiciones por su boca y se dirigió hacia la rampa que lo conduciría al exterior. Se asomó y su ki se empezó a elevar en el momento en que vio a Kakarotto fuera de la nave observándole con esa expresión de ingenuidad que tanto le molestaba al príncipe.

El lugar donde la nave había aterrizado era un planeta inhóspito, casi sin luz. El terreno era de un color rojizo, y el paisaje era desolador, sin ningún tipo de vegetación ni restos de vida alguna. Pequeños montículos de rocas se difuminaban por todo lo largo y ancho de la superficie, y a poca distancia de donde ellos se encontraban, resaltaba el tamaño y la altura de una gran montaña, que claramente sobresalía con el resto de la geografía del lugar.

- ¿A qué viene ese gesto, Vegeta?. No he hecho nada más que cumplir con tus deseos. ¿No querías eliminarme y el estar dentro de la nave te lo impedía?. – Dijo Kakarotto. –

Bien. Pues he encontrado un lugar perfecto para ello...claro que primero tendrás que lograrlo...- Añadió sonriendo.

- Debes valorar muy poco tu vida, Kakarotto y creo que estás mucho peor de lo que yo pensaba. – Repuso con desprecio. - En fin...tú te lo has buscado...- Exclamó Vegeta descendiendo de la nave.

Se quedaron frente a frente mirándose fijamente los dos, hasta que el más joven, habló:

- ¿Te parece que nos alejemos un poco de aquí?. – Propuso señalando a su izquierda. – Supongo que no querrás que la nave sufra algún contratiempo. Alguno de los dos, la necesitará para salir de aquí después¿no crees?. – Dijo con tranquilidad.

- Me parece bien.- Contestó Vegeta. – No tengo ninguna intención de quedarme en este lugar, ya que, sin duda alguna, seré yo el que vuelva a subir a ella . – Exclamó el príncipe con una sonrisa irónica.

Kakarotto sonrió pero no dijo nada. Elevaron el vuelo y se dirigieron hacia el norte, alejándose unos pocos kilómetros desde donde estaban. En pocos minutos, llegaron hasta un lugar desértico, rodeado de pequeñas montañas, y el más joven de los dos, comenzó a descender hasta llegar a posar sus pies en el suelo. Vegeta lo siguió y se colocó a tan sólo unos metros de él. Se quedaron unos segundos casi inmóviles. Tan sólo sus rebeldes cabellos se mecían, al compás del fuerte viento que azotaba todo el lugar.

- Debo reconocer que tienes agallas, Kakarotto. Pero no te hagas ilusiones, Raditz no me llegaba ni a la suela de los zapatos.- Exclamó el príncipe con arrogancia.

- Eso ya lo sé. Se muy bien hasta donde llega tu fuerza, Vegeta. No olvides que yo estuve presenciando el combate que mantuviste con Kabark. – Contestó Kakarotto.

Vegeta soltó una carcajada, y después repuso:

- Eres un estúpido, ya no me cabe duda alguna. Cuando tú llegaste, yo ya llevaba horas luchando, primeramente con Raditz, al que tú venciste gracias a eso, y después con Kabark. En esos momentos mi poder ya se encontraba bastante reducido debido al cansancio y al desgaste de energías. –

- Puede ser...pero tú tampoco me has visto a mi al cien por cien. Te aseguro que vas a sorprenderte, Vegeta. – Dijo el saiyajin más joven con tranquilidad.

- ¿Y a qué esperas, entonces.?...¡Estoy impaciente..! – Gritó Vegeta para justo después apretar los dientes y comenzar a acumular energía. Sin mediar una palabra más, se lanzó hacia Kakarotto, el cual interceptó su ataque con sus dos manos, agarrando las de Vegeta. Los dos hombres, con los brazos estirados y sus manos entrelazadas, medían el uno al otro sus fuerzas, a la vez que aumentaban cada vez mas sus ki. El terreno donde sus pies se apoyaban, se hundía cada vez más, mientras una extensa polvareda se levantaba y trozos de roca comenzaban a flotar a su alrededor. A los pocos segundos, se separaron, y ambos retrocedieron de un salto, volviendo a encontrarse de frente.

De inmediato, Vegeta se elevó, siendo seguido por Kakarotto, el cual intentó alcanzar a su contrincante con uno de sus puños, pero fue esquivado por el príncipe. Comenzaron a desplazarse por el aire lanzándose ataques el uno al otro con sus piernas y brazos. La rapidez con la que ambos se movían era increíble, y prácticamente la mitad de sus movimientos eran continuamente rechazados o interceptados por el otro. Finalmente, uno de los puños de Kakarotto logró tomar contacto con el rostro del príncipe, el cual salió despedido unos metros hacia atrás. Sin pensárselo, Vegeta arremetió contra él, propinándole una patada en el estómago que lo hizo doblarse durante unos segundos. Aprovechando la ocasión, el príncipe lo golpeó de nuevo y lo lanzó con gran fuerza hacia el suelo, donde acabó estrellándose formando un pequeño cráter en el terreno.

- Te felicito, Kakarotto. Seré sincero contigo: He de admitir que no lo haces del todo mal para ser un miserable guerrero de tercera clase, pero aún así, no tienes nada que hacer contra mí. Será mejor para ti que renuncies, y si lo haces, tal vez me decida a dejarte con vida.- Dijo el príncipe con una sonrisa irónica en sus labios, mientras observaba al hombre tendido en el suelo.

Kakarotto comenzó a levantarse hasta volver a ponerse de pie. Se pasó una de sus manos sobre la comisura de sus labios para limpiarse el pequeño reguero de sangre, y volvió a fijar su mirada hacia arriba, clavándola en el príncipe. – Es muy fuerte. – Se dijo a sí mismo. – Hasta ahora tan sólo he llegado a golpearle en dos ocasiones y apenas he conseguido dañarle un poco. Además, tengo la impresión de que no está utilizando todo su poder. ¿Qué puedo hacer?. No creo que sea capaz de vencerle, pero debo continuar. Tengo que conseguir enojarle lo suficiente como para que pierda los estribos y cometa algún error. Tal vez así, tenga una oportunidad...– Pensaba mientras se situaba de nuevo en posición de ataque.

- Vaya...¡qué generoso de tu parte, Vegeta!...Creía que el gran príncipe de los saiyajins jamás dejaba con vida a ninguno de sus contrincantes. Pero al parecer, algo o alguien ha conseguido ablandar un poco tu corazón...- Dijo Kakarotto sonriendo.

- ¿Qué insinúas, estúpido?. – Gritó Vegeta. – Si he dicho eso, es porque me pareces tan insignificante que no merece la pena siquiera malgastar mis energías en liquidarte. – Añadió después.

- Claro..Olvidé que necesitas todas tus energías para volver a Vegetasai enseguida, ya que, tu misión en la Tierra ya no es tan importante como creías al principio. Aunque es algo extraño...¿no será que tienes miedo?. - Contestó Kakarotto de forma irónica.

El príncipe abrió al máximo sus ojos en señal de su asombro ante las palabras pronunciadas por el joven saiyajin, y de inmediato, su expresión se tornó a una de irritabilidad y enojo. Frunció el ceño y apretó los dientes, y con gran velocidad descendió con rumbo hacia la posición de Kakarotto, con ánimo de golpearle de nuevo, mientras decía:

- ¡Olvida lo anterior!..¡Vas a morir, Kakarotto!...- Gritó.

Kakarotto interceptó su ataque con su brazo derecho, y como respuesta, logró asestar una patada en el torso de Vegeta, saliendo despedido hacia atrás. El príncipe, dio un giro, y consiguió frenar su propia trayectoria con sus pies, formando un surco alrededor

de ellos. En el momento en que se detuvo, lanzó con una de sus manos una bola de energía con dirección a Kakarotto, el cual la esquivó por poco, y se estrelló contra una de las montañas situadas tras de sí, provocando una gran explosión.

- ¿Qué es lo que te enfurece tanto, Vegeta?. ¿Quién era la persona con la que ibas a reunirte en la Tierra?. – Preguntó Kakarotto con decisión.

Vegeta lo miró con desprecio. Deshizo su posición de ataque y se relajó. Cerró los ojos y habló con tranquilidad:

- De modo que era eso...Has organizado todo esto sólo para cabrearme e intentar satisfacer tu curiosidad. – Dijo. – Está bien...- Comenzó a decir volviendo a abrir los ojos y clavándolos en el saiyajin de enfrente.- Si tantas ganas tienes de saberlo, te lo diré. Será algo así como concederte un último deseo antes de morir...- Se detuvo y observó el rostro de impaciencia de Kakarotto. – Se trata de una mujer...una terrícola..- Concluyó.

- ¿Una..mujer..?...- Dijo sorprendido Kakarotto. Al principio creyó que el príncipe le mentía, pero en segundos reaccionó y, pegando un brinco, preguntó: - ¿Ella es la esclava con la que se te relacionó hace un año?.

Vegeta volvió a enfurecerse y dijo:

- Se acabaron ya tus estúpidas preguntas, Kakarotto. ¡Continuemos la lucha!.- Exclamó alzando la voz.

- Pero...¿por qué ibas a reunirte con ella si dijiste que no la amabas?.- Preguntó Kakarotto extrañado.

Vegeta lo miró confundido y enojado a la vez.

- ¿Cómo dices?...Nunca he hablado de este tema contigo, estúpido..- Gritó enfurecido.

- Si..el otro día, cuando yo creía que estaba muerta y tu dijiste que jamás sentiste nada por ella..- Se explicó Kakarotto.

- ¿Eh?..- Exclamó Vegeta algo conmocionado ante las palabras de su contrincante. De pronto, recordó aquella conversación, y dijo: - ¡Imbécil...yo me refería a Syra, mi esposa!...-

- ¡Ah!...pues entonces es que hubo un malentendido entre ambos...jajajaja. – Repuso Kakarotto mientras se pasaba una mano por detrás de la nuca.

- ¡Basta ya de idioteces!.- Gritó Vegeta enfurecido. - ¡Vete rezando lo que sepas, Kakarotto!. – Y diciendo esto se impulsó a toda velocidad con rumbo hacia su rival, el cual fue pillado desprevenido, y uno de los puños del príncipe golpeó su rostro de nuevo. Enseguida se recuperó, y ambos hombres comenzaron de nuevo a elevarse mientras peleaban con todas las fuerzas de las que disponían en esos momentos. Así continuaron durante varios minutos, en los cuales el príncipe comenzaba a ganar terreno frente a Kakarotto, al cual sus energías le iban abandonando poco a poco.

De pronto, se escuchó un ruido ensordecedor que hizo que todo el pequeño planeta temblara. Los dos saiyajins detuvieron su lucha y miraron hacia todas direcciones intentando buscar el origen del mismo.

- ¿Qué demonios ha sido eso?. – Dijo Vegeta extrañado mientras los temblores continuaban sin cesar.

- No tengo ni idea. – Dijo Kakarotto. En ese mismo instante, el joven saiyajin se elevó un poco más hacia el cielo y fijó su vista en dirección al sur. De pronto, se quedó parado y después dijo: - ¡Allí, Vegeta!.- Gritó señalando con un dedo. – Se trata de esa montaña...Es como si estuviera explotando...-

- ¿Qué dices?. – El príncipe se elevó hasta su misma altura y, entonces, lo vio. Lo que ellos creyeron que era una montaña, al parecer se trataba de un volcán, el cual acababa de entrar en erupción. - ¡Maldita sea!..- Exclamó. Sin decir una palabra más, emprendió el vuelo a toda velocidad hacia esa dirección.

- ¿Dónde vas, Vegeta?. – Gritó Kakarotto a la vez que se dispuso a ir tras de él. Apenas era capaz de seguirle, debido a la gran rapidez con la que el príncipe volaba. - ¿Qué es lo que ocurre?..¿Por qué vas tan deprisa?. – Exclamó.

- ¡Imbécil!...en esa dirección es justo donde dejamos la nave espacial. Si no llegamos a tiempo, acabará siendo destruida por ese maldito volcán. –

- ¡Es cierto!. Esa es la montaña que vi nada más descender de la nave. – Dijo Kakarotto.

A medida que se iban acercando, pequeños trozos de roca incandescentes por el fuego caían sin descanso por toda la zona. Los dos saiyajins trataban de esquivarlos mientras un espeso y enorme rió de lava descendía con enorme velocidad por la ladera del volcán. Vegeta, después de evitar ser golpeado por una de las rocas, se detuvo en el aire, y dijo:

- ¡Kakarotto, no conseguiremos salir del planeta antes de que la lava llegue hasta la nave!. ¡Tenemos que intentar detenerla!. – Gritó.

- ¡Tienes razón!. Pero..¿cómo lo haremos?. – Preguntó.

- ¡Usaremos nuestra energía para destruir parte del volcán y así formar una presa!. ¡Sígueme!. – Le ordenó. Kakarotto asintió y se colocó detrás de él. El príncipe, desde el aire, se colocó a una distancia prudencial del volcán, y de un gesto, indicó a su acompañante que se situara unos metros más hacia su derecha, de tal modo que ambos hombres quedaron frente a la ladera.

El calor que se sentía era horrible, una temperatura que tan sólo seres como ellos serían capaces de soportar. Del cielo caía sin descanso una espesa lluvia de ceniza que lo envolvía todo, dejando casi sin visibilidad a ambos guerreros.

- ¿Estás listo, Kakarotto?. – Dijo Vegeta mientras concentraba toda su energía. – Recuérdalo..tienes que apuntar hacia la base del volcán¿entendido?. – Exclamó.

- De acuerdo..Estoy preparado. – Repuso Kakarotto acumulando todo su poder.

- A mi orden, Kakarotto. – Dijo Vegeta fijando su vista en el volcán. Al momento, extendió sus dos brazos a ambos lados del cuerpo, mientras acumulaba la mayor parte de su ki concentrado para realizar esta técnica. Después, desplazó hacia delante las palmas abiertas de sus dos manos, juntándolas, y gritó con todas sus fuerzas: - ¡Ahoraa!...¡Final Flash!. – Y de sus manos, descargó una enorme cantidad de energía en una sola ráfaga de grandes dimensiones que se dirigía con gran velocidad hacia su objetivo.

- Kamehame..haaaa- Gritó Kakarotto mientras su bola de ki se unía a la de Vegeta, formándose entre las dos un gigantéstico rayo de luz y de energía, el cual tomó en contacto enseguida con el terreno, produciéndose a su choque, una espantosa explosión. Miles de trozos de roca salieron despedidos acumulándose justo delante de la base del volcán, formando un enorme montículo de piedras y de restos de montaña. Justo en ese mismo instante, la lava llegó hasta ese lugar, deteniéndose ante el obstáculo encontrado a su paso.

- ¡Lo hemos conseguido, Vegeta!. – Exclamó Kakarotto con gran entusiasmo.

El príncipe se quedó unos segundos observando la situación y exclamó:

- ¡Rápido, tenemos que largarnos de aquí cuanto antes!. No creo que la presa dure mucho tiempo. – Dijo comenzando a volar en dirección a la nave.

Kakarotto le siguió y ambos hombres se adentraron con rapidez en su vehículo espacial. Vegeta se situó al mando del panel de control y, en pocos minutos, despegaron finalmente del planeta.

A los pocos minutos, y ya en el espacio, Kakarotto exclamó:

- ¡Uff!...por poco no lo logramos¿eh, Vegeta?. – Dijo suspirando.

El príncipe se levantó de su asiento, y volviéndose hacia el, lo agarró de sus ropas a la altura del cuello y le gritó enfurecido: - ¡Maldito estúpido!...Apuesto lo que quieras a que no te informaste sobre las características de ese planeta antes de aterrizar en él. –

- Miré la base de datos, pero la verdad es que solo me fijé en que estuviera deshabitado y que sus condiciones nos permitieran respirar sin ninguna dificultad. – Dijo Kakarotto moviendo sus dos manos entre Vegeta y él a modo de disculpa.

Vegeta lo soltó, y con desprecio, dijo: - Está bien. La culpa ha sido mía por fiarme de un inútil como tú. Tenía que haberlo comprobado por mi mismo antes de descender de la nave. –

- Vamos..no te pongas así. No ha estado tan mal después de todo. Lo que ha ocurrido nos ha servido como entrenamiento¿no crees?. –

- ¡Hmpf! – Exclamó el príncipe. – Voy a darme una ducha. Tengo polvo y ceniza por todas partes. – Y diciendo esto, se adentró en el cuarto de baño. Cuando salió, Kakarotto lo imitó e hizo lo mismo.

Al cabo de un rato, y después de haberse alimentado, los dos hombres se retiraron a sus cuartos a la vez. Vegeta sabía que no iba a poder dormirse, y por eso, no puso ninguna pega a que Kakarotto descansara. Pasados unos minutos, y sin haber podido pegar ojo, se levantó y decidió salir hacia la sala principal. Se sirvió un whisky y se sentó frente a una de las ventanas, mientras observaba a través de ella el espacio exterior que casi en su totalidad le pertenecía a él, al ser más poderoso de todo el universo, al hombre que lo podía tener todo...y sin embargo, lo que más deseaba, lo único que le haría sentirse completo, jamás lo conseguiría...Algo tan sencillo como mantener a su lado a una mujer, la que él consideraba suya, se estaba convirtiendo en el mayor reto de toda su vida, en el cual todos sus poderes y su fuerza no servían absolutamente para nada...

- Vegeta...- Escuchó decir detrás suya. - ¿Qué ocurre?...¿no puedes dormir?. – Preguntó Kakarotto bostezando.

El príncipe, sin voltearse siquiera, respondió:

- Alguien tenía que quedarse de guardia. – Dijo dando un nuevo trago a su bebida.

- ¿Sabes, Vegeta?. – Comenzó a hablar el joven saiyajin mientras se sentaba frente a él. – Estoy totalmente convencido de que llegarás a ser el mejor Rey que jamás hemos tenido en toda la historia de nuestro pueblo. Jamás había sentido tanto poder emergiendo de un solo cuerpo. Eres extraordinario, príncipe. No existe nada contra lo que no puedas luchar y vencer. – Dijo mientras se levantaba de nuevo. Comenzó a caminar hacia la puerta, cuando escuchó decir:

- ¿Eso crees, Kakarotto?.- Dijo el príncipe girándose hacia él.

El joven saiyajin se giró y asintió, reafirmándose en lo dicho anteriormente. Después, se acercó de nuevo hasta el príncipe y se sentó.

- ¿Sigues pensando en marcharte a Vegetasai en cuanto aterricemos en la Tierra? – Preguntó.

- Si..¿para qué iba a molestarme en buscarla siquiera?. Estoy seguro de que ella no querrá venir conmigo y no puedo llevarla a la fuerza. – Repuso Vegeta frunciendo el ceño.

- Entiendo...- Dijo Kakarotto. - ¿Ni siquiera sabes donde se encuentra?. – Volvió a preguntar con curiosidad.

Vegeta lo miró con fastidio tentado a no continuar respondiendo a tanta pregunta. Al final, decidió hacerlo, pensando que ya no tenía motivos para seguir ocultando lo evidente.

- Si...Está en una ciudad, creo que se llama la capital del Oeste. – Dijo con desgana.

- Vaya...¡que casualidad!..esa es la ciudad donde yo estoy destinado...- Exclamó Kakarotto con algo de entusiasmo.

Vegeta lo miró con indiferencia y, sin inmutarse, repuso:

- Tengo entendido que se trata de la ciudad más habitada del planeta, con lo cual seguramente sea el lugar donde haya más saiyajins afincados, asi que, no es extraño que se trate de la misma. La envié allí precisamente por eso. Quería que pasara totalmente desapercibida ante nuestras tropas. Nadie debía saber que Bulma estaba viva y a salvo...-

Kakarotto se quedó casi petrificado al escuchar las últimas palabras de Vegeta...¡Bulma!..¿había dicho Bulma?...¡No puede ser...no puede ser la misma Bulma..su amiga!..Entonces, se relajó y pensó, que con probabilidad, se tratara nuevamente de una coincidencia..seguramente fuera un nombre de lo más común en la Tierra. Entonces, comenzó a atar cabos: Chichi le había contado que Bulma era una afamada científica en la Tierra antes de que la invasión se produjera, entonces era bastante lógico que la destinaran a Vegetasai con la intención de ponerla a trabajar en el laboratorio, el cual fue saboteado por Kabark con la intención de eliminar a la esclava relacionada con Vegeta. También fue bastante extraño el modo en que ella habló de Raditz, como si le conociera. Y, sobre todo, su afán por no hablar con nadie sobre el misterioso saiyajin con el cual mantuvo una relación durante el tiempo que estuvo en Vegetasai...¡Un momento!...entonces...si Bulma es la mujer a la que el príncipe busca...eso quiere decir que...¡Trunks es hijo de Vegeta!...¡Tiene que serlo!...¡No hay más que fijarse en el parecido físico entre ambos!..¡Incluso ha heredado ese gesto tan característico de Vegeta de fruncir el ceño!...¡Claro, eso explica la enorme fuerza de la que dispone incluso siendo tan pequeño!...Solo el hijo de un saiyajin de élite, o en este caso, del mismo príncipe, sería capaz de heredar tan inmenso poder...

Kakarotto no podía creerlo. Su mente comenzó a trabajar en todo ello al instante. Al parecer, Vegeta había cambiado de opinión y estaba totalmente convencido a no encontrarse con ella. ¡No!...tenía que disuadirle para que se quedara...tenía derecho a saber que tenía un hijo y a conocerle. Pero...por otra parte, también estaba la promesa que le hizo a Bulma de no hablar de ella ni de Trunks con nadie...¿Qué iba a hacer a partir de ahora?. ¿Contarle todo lo que sabía a Vegeta y romper la palabra que le dio a Bulma?. ¿No decir nada y dejar que el príncipe se marchara y que nunca supiera de la existencia de su hijo?...En estos momentos se encontraba entre la espada y la pared. Todavía quedaban unos pocos días para llegar a la Tierra...al menos tendría algo de tiempo para pensarlo...

-CONTINUARÁ-

Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.

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