Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 27
La llegada a la Tierra
Aquella mañana, en la Tierra, Bulma acababa de llegar al hospital central para que Chichi le realizara una de las revisiones periódicas a su pequeño Trunks. Mientras se encontraba en la sala de espera, observaba extrañada el comportamiento de los saiyajins que normalmente vigilaban el hospital. Se les notaba nerviosos y hablaban en voz baja entre ellos, incluso parecía que no prestaban la mayor atención a los terrícolas que se encontraban allí. De pronto, el pequeño Trunks empezó a llorar con fuerza.
- Trunks, cariño..no llores...Ya verás qué pronto salimos a la calle a pasear..- Decía Bulma acunando al bebé mientras le sonreía.
En ese instante, un enorme saiyajin se giró hacia ella y frunciendo el ceño, le dijo:
- ¡Mujer!..haz callar a ese mocoso de una vez o lo haré yo a mi manera...- Ordenó.
La ruda voz del saiyajin asustó a Trunks e hizo que llorara con más fuerza aún. Bulma se enojó por ello y enfrentándose al saiyajin que tenía enfrente le recriminó:
- ¡Oiga!...es solo un bebé. Y si usted no le hubiera asustado, ya se habría callado..- Dijo elevando un poco la voz.
- ¿Cómo te atreves a dirigirte a mi de ese modo, mujer inútil!.- Gritó enojado el saiyajin, acercándose de forma amenazadora hacia ella.
En ese momento, Bulma comenzó a arrepentirse de no haber sido capaz de controlar su carácter, y justo cuando había decidido salir corriendo para huir, se escuchó:
- ¡Eh, tu!. Deja lo que estés haciendo ahora mismo y sígueme. Tenemos que ir inmediatamente a la base militar. –
Los dos se giraron, y a su izquierda, apareció un saiyajin de mayor rango que el que amenazaba a Bulma, y al que también se le notaba algo nervioso.
- Sí, señor. – Dijo cuadrándose el otro saiyajin. En ese instante, los dos hombres salieron de la sala con rapidez ignorando a todos los allí presentes. Bulma se quedó parada y confundida mientras que el pequeño Trunks continuaba llorando sin parar. Se dispuso a acunarlo en sus brazos, logrando que a los pocos segundos, el bebé comenzara a remitir su llanto poco a poco. Suspiró aliviada y se sentó a esperar a que le llegara su turno.
Al rato, y ya en la consulta, Chichi ya había acabado de examinar a Trunks, y Bulma lo acababa de acomodar en su carrito para que se durmiera.
- Tienes un hijo extraordinariamente fuerte y sano, Bulma. – Dijo la doctora sonriendo.
- Lo sé. La verdad es que el único problema que me ha causado hasta ahora es su enorme apetito. Bueno..tu ya sabes que tuve que dejar de darle el pecho porque no era suficiente para él, y ahora no paro de preparar biberones continuamente.- Contestó Bulma. – Por cierto¿qué les pasa hoy a los saiyajns?. Actúan de una manera distinta a lo normal. – Preguntó.
Chichi, que se encontraba de espaldas a ella, se quedó parada unos instantes, y con la cabeza agachada, dijo:
- Están nerviosos porque parece que hoy reciben una visita importante de su planeta...- Repuso con la voz casi quebrada.
Bulma se extrañó al oirla hablar así, y se acercó a ella colocándose enfrente. La tomó de los hombros y le dijo:
- ¿Qué es lo que te ocurre, Chichi?. ¿Aún no se han recibido noticias de Kakarotto?. – Preguntó.
Chichi la miró con lágrimas en los ojos y repuso:
- No...no se nada aún. Y no tengo la manera de informarme. Ya sabes que la guerra contra los rebeldes terminó y que lograron acabar con los traidores. – Dijo apesadumbrada. – Tengo miedo, Bulma...¿y si decide no volver?...o peor aún..¿y si le hubiera pasado algo?..- Exclamó echándose en sus brazos mientras lloraba.
Bulma la abrazó fuertemente, y trató de consolarla diciendo:
- Vamos...no te preocupes, ya verás como él vuelve muy pronto. Kakarotto es un gran guerrero y estoy segura de que se encuentra sano y salvo. Además..¿no dices que hoy viene una nave procedente de Vegetasei?. Es muy probable que el viaje en ella¿no crees?. –
Chichi levantó su cabeza y, con los ojos aún llorosos, dijo:
- No...no lo creo. Esta mañana escuché hablar a dos saiyajins y decían que en esa nave viajaba el príncipe Vegeta. – Dijo con voz triste.
- ¿Qué?. – Gritó Bulma separándose de la doctora de forma brusca. Chichi la miró asustada y completamente sorprendida ante la actitud de su amiga.
- ¿Qué pasa, Bulma?. Parece que hayas visto a un fantasma. – Dijo la doctora observando con confusión el rostro blanco y paralizado de la peliazul.
Al instante, Bulma reaccionó, y tratando de recuperar la compostura, dijo con la voz temblorosa:
- Nada...Es solo que es extraño¿no crees?...¿Para qué iba a venir hasta aquí el príncipe de Vegetasei?. Tal vez hayas escuchado mal¿no te parece?. – Exclamó totalmente nerviosa y comenzando a recoger sus cosas con torpeza.
Chichi la observaba con detenimiento y comenzó a sospechar. La forma de reaccionar al nombrar al príncipe de los saiyajins, le hizo intuir que había algo detrás, y esta vez, no estaba por la labor de hacerse la tonta frente a Bulma. Tenía que averiguar lo que estaba pasando.
- Creo haber escuchado perfectamente lo que decían. Y además, dijeron que lo más seguro es que esté viajando colonia a colonia con la misión de informar personalmente de su victoria a todo el imperio. No creo que sea para preocuparse tanto, Bulma...- Comentó la doctora.
¡Oh, Kami! – Se decía Bulma. - ¡Vegeta viene hoy aquí!. ¿Qué voy a hacer ahora?. ¿Y si decide buscarme y me encuentra?. ¿Y si se entera de la existencia de Trunks y lo
rechaza?. No podría soportarlo...¡No..no debe saberlo nunca!. Me juré a mi misma que nadie lo descubriría jamás. Pero..no puedo ocultárselo...se trata de su hijo. Pero...¿y si en vez de rechazarlo, decide llevárselo a Vegetasei?..Eso sería horrible...No..Vegeta nunca me haría eso, el me amaba, y yo aún le amo a él. ¡Oh, Kami!...tengo tantas ganas de verle..¿Para qué habrá venido?. ¿Será verdad lo de esa misión?. Bueno..eso no importa...ahora tengo que pensar en lo que tengo que hacer...Piensa, Bulma, piensa...- Se decía a si misma con énfasis. El corazón de Bulma latía cada vez más rápido y su respiración se iba agitando por momentos. Se puso a caminar de forma desesperada por la habitación, como si buscara algo, tratando de encontrar a la vez una excusa o un motivo lo suficientemente convincente como para poder salir de allí enseguida.
- Tienes razón...Lo...lo siento, Chichi. Es que ultimamente estoy un poco nerviosa y yo...- Decía mientras frotaba sus manos sudorosas, y no dejaba de moverse.
Chichi comenzó a preocuparse seriamente. Si continuaba así, estaba segura de que a Bulma le iba a dar un ataque de nervios o algo similar.
- ¡Bulma!, por favor, tranquilízate.- Dijo preocupada. – Vamos, siéntate aquí y trata de relajarte..- Repuso mientras la cogía de una mano y casi la forzaba a sentarse en el sillón situado frente a la mesa.
- ¡No!...Estoy bien. Tengo...que irme. Gracias por todo, Chichi...- Dijo la peliazul mientras volvía a levantarse y agarraba el carrito dispuesta a marcharse.
- ¡Espera!, no vas a ir a ningún lado. No hasta que me cuentes lo que pasa. – Dijo Chichi poniéndose frente a la puerta para no dejarla salir. - Por favor, confía en mi, somos amigas¿no?. – Exclamó bajando la voz y fijando sus negros ojos en los de ella.
Bulma le devolvió la mirada, y después de mantenerla fija durante unos segundos, y en silencio, sus ojos se llenaron de lágrimas y dijo con la voz entrecortada:
- ¡Oh, Chichi!...tienes que ayudarme.. – Exclamó derrumbándose en sus brazos.
- Por supuesto que te ayudaré...- Costestó la doctora correspondiendo a su abrazo. - Y ahora, vamos, cuéntamelo todo...conoces a ese hombre¿no es asi?...- Comenzó a decir con voz calmada y serena.
Era ya de noche, y la nave en la que viajaban los dos saiyajins acababa de aterrizar en la Tierra. Se abrió la compuerta y la rampa descendió hasta el suelo. La figura de Vegeta emergió en ese mismo instante a través de la puerta y justo detrás de él apareció Kakarotto, el cual se colocó de inmediato a su lado.
- Kakarotto...de manera oficial, mi visita aquí será la de informar sobre la victoria contra los rebeldes. Si dices alguna palabra sobre cualquier otra cosa, te las verás conmigo¿entendido?. – Dijo el príncipe con voz baja, mientras observaba a las decenas de saiyajins que se encontraban en formación a la espera de recibir con sumo respeto a su príncipe.
- No te preocupes. No diré nada. – Contestó el joven saiyajin.
Pasadas unas dos horas, Vegeta y Kakarotto habían estado reunidos durante todo ese tiempo con los oficiales de mayor rango destinados en la Tierra. En dicha reunión, el príncipe informó de todos los detalles sobre la batalla contra los traidores, y exigió que le comunicaran todas y cada una de las noticias que habían sido recibidas desde Vegetasei. Un general le relató que la situación allí estaba completamente controlada, que la mayor parte de los miembros del Consejo habían sido ejecutados, y que, finalmente, el Rey se había proclamado como único y principal gobernante de Vegetasei, y que absolutamente nadie que no formara parte de la familia real, tendría poder alguno sobre cualquier tipo de decisión en relación con el imperio. Vegeta se mostró satisfecho con esta noticia, y se alegró de que su padre al fin lograra entrar en razón.
Después, se organizó una cena para celebrar la visita del príncipe y su triunfo. En una enorme sala destinada para ello, decenas de saiyajins disfrutaban de la inmensa cantidad de comida y bebida que varios esclavos terrícolas servían sin descanso. Vegeta se encontraba presidiendo la mesa, y Kakarotto estaba situado a su derecha. En un momento en que el general saiyajin situado a la izquierda del príncipe se encontraba distraído, Kakarotto dijo:
- Vegeta...¿ya sabes donde vas a alojarte esta noche?. – Preguntó.
- No..aún no me han dicho el lugar exacto. ¿Por qué lo preguntas?. –Contestó el príncipe sin mirarle siquiera.
- Bueno...lo decía porque probablemente quieran que te quedes en la base militar, y yo había pensado que podías acompañarme hasta la capital del Oeste. – Repuso Kakarotto sonriendo mientras observaba como una esclava volvía a llenar su plato con comida.
Vegeta se sorprendió ante las palabras de su acompañante y preguntó extrañado:
- ¿Y por qué iba a hacer algo así?. – Dijo fijando su vista en él.
- Lo decía porque allí estarás más cómodo. Estoy seguro de que enseguida te habilitarán un edificio o una mansión para ti solo. – Dijo tranquilamente.
El príncipe se quedó unos segundos en silencio mientras lo observaba y contestó:
- No se por qué, pero presiento que tramas alguna cosa, Kakarotto...- Repuso frunciendo el ceño.
- ¿Quien, yo?..no..para nada...Solo quería que te encontraras a gusto en la Tierra...jajaja. – Dijo riéndose mientras se pasaba una mano por detrás de la nuca.
- Hum...ya veremos...- Exclamó el príncipe volviendo a concentrarse en su comida.
Kakarotto no contestó y se quedó en silencio. Su plan estaba a punto de ponerse en marcha. Después de aquella conversación donde descubrió lo que había entre Bulma y Vegeta, decidió no hablar más del tema con el príncipe, y así fue durante los días siguientes hasta que llegaron a la Tierra. Durante ese tiempo, lo estuvo pensando detenidamente y llegó a la conclusión de que tenía que ser Bulma la que decidiera si ver
o no ver a Vegeta, y sobre todo, de contarle al príncipe lo de Trunks. Asi que, había planeado hablar con ella enseguida e informarle de que el príncipe había venido hasta la Tierra con ánimo de buscarla. Ahora, lo más importante era tratar de que Vegeta se quedara y no pensara en marcharse al día siguiente, para así darle a Bulma más tiempo para pensar y decidir sobre qué hacer.
Al cabo de un rato, y ya finalizando el evento, el general saiyajin se dirigió a Vegeta, y le dijo con voz baja:
- Príncipe...me he permitido el honor de seleccionar para usted a las más hermosas hembras terrícolas que existen. Cuando usted ordene, le conduciré hasta la sala donde se encuentran, y podrá elegir la que más le guste. Todas ellas son extraordinariamente bellas y, por supuesto, de lo más complacientes. –
- Lo siento, pero no necesito compañía esta noche. – Repuso Vegeta. – Lo que si ordeno es que se me prepare un lugar para instalarme en la capital del Oeste, y quiero que se haga ahora mismo..¿entendido?. – Dijo alzando la voz.
- Claro, señor.- Exclamó el hombre en un sobresalto. - Enseguida lo dispongo todo para ello..- Y diciendo esto, se levantó y se dirigió hacia otros soldados para comunicarles sus órdenes.
Más tarde, los dos hombres viajaron, acompañados por otros dos saiyajins, en un vehículo con destino a la capital del Oeste. Se detuvieron frente a una vivienda, parecida a un palacio, situada justo en el centro de la capital. Descendieron del vehículo y se encontraron con otra tropa de soldados destinados a proteger toda la zona. El príncipe entró en la casa y echó un vistazo a su alrededor, fijándose en el lujo con el que estaba decorada, y la amplitud de la misma. Una decena de esclavos se arrodillaron ante él nada más verle, y varios saiyajins se encontraban apostados en cada una de las habitaciones, mientras que otros se dedicaban a vigilar todas los accesos y pasillos de los que disponía la vivienda.
De pronto, el príncipe se quedó parado y dijo:
- No me parece que en este planeta exista ninguna amenaza para mi, asi que, no necesito tanta maldita protección. ¡Fuera de aqui todo el mundo, excepto los esclavos!. - Gritó.
- Pero..señor...- Comenzó a decir un oficial de alto rango.
Vegeta lo miró con frialdad y repuso:
- ¿Acaso te atreves a discutir mis órdenes?..¡He dicho que largo!..- Ordenó a voces.
- Si...si...señor..ahora mismo nos vamos. – Dijo el hombre. - ¿No habéis oido?. ¡Vamos, fuera todos!. – Exclamó dirigiéndose hacia los demás saiyajins.
A los pocos segundos, se quedaron solos Vegeta, Kakarotto y los esclavos, que mantenían aún su postura anterior. El príncipe dirigió su mirada hacia ellos y dijo:
- Vosotros, podéis retiraros –
Los diez terrícolas se levantaron y comenzaron a dispersarse por la casa, dirigiéndose cada uno a su cometido.
Kakarotto, que había permanecido en silencio durante todo el viaje hasta la ciudad, comenzó a decir:
- Vegeta, si no te importa...yo me voy a ir ya...- Dijo algo inquieto.
- Supongo que vas a reunirte con esa mujer¿me equivoco?. – Repuso el príncipe.
- Asi es. Y se va a llevar una gran sorpresa porque ella no esperaba aún mi regreso..- Contestó Kakarotto sonriendo.
Vegeta, al verle, movió la cabeza y exhaló aire diciendo:
- Pues entonces, borra esa estúpida sonrisa de tu cara y lárgate de una vez – Contestó mientras gesticulaba con su mano para que se fuera.
- Vaaale..ya me voy..- Dijo Kakarotto dirigiéndose hacia la puerta. – Por cierto...¿a qué hora tienes pensado marcharte mañana?. – Preguntó antes de salir.
- ¿Y eso a ti que te importa?. – Dijo. - No es necesario que vengas a despedirte, ya estaba deseando deshacerme de ti de una vez por todas.- Repuso Vegeta con una sonrisa irónica.
Kakarotto soltó una carcajada y después dijo:
- Eres incorregible, Vegeta. – Exclamó. - Vamos...al menos dime si te irás por la mañana o por la tarde. –
- Aún no lo sé. Lo decidiré cuando me levante. – Dijo mientras le daba la espalda y se dirigía hacia las escaleras que conducían a las habitaciones.
- Bueno...pues entonces, me voy ya. – Dijo abriendo la puerta para irse. - ¡Ah!, Vegeta...por si ya no volvemos a vernos, ten presente una cosa: Dentro de unos años, quizás te encuentres con la sorpresa de que existirá un guerrero igual o más poderoso que tú. Adiós. – Exclamó para justo después salir de la casa y emprender el vuelo.
- ¿Cómo dices?. – Dijo el príncipe volteándose para descubrir que el joven saiyajin ya se había marchado. - ¿Qué habrá querido decir con eso? – Pensó. - ¡Bah!..seguro que no es más que una de sus estupideces. Maldito Kakarotto...nunca cambiará...- Se dijo a sí mismo sin pensar en nada más. Subió las escaleras y, después de que uno de los esclavos le indicara cual era su habitación, se adentró en ella.
Ya era bastante tarde, y Kakarotto acababa de llegar al portal del piso donde Bulma vivía y que durante el tiempo que él estuvo fuera, compartía con Chichi. Pensó que seguramente ambas estarían ya durmiendo, y para no despertar al menos a su amiga Bulma, decidió entrar por la ventana del dormitorio de Chichi, la cual se encontraba abierta debido al calor que azotaba en esta época del año a la ciudad. Se introdujo en la
habitación de forma sigilosa y se acercó hasta la cama con mucho cuidado de no tropezarse con nada.
- Chichi...despierta. – Dijo susurrando mientras se sentaba en la cama.
La figura de la mujer, tumbada sobre las sábanas del colchón, se movió un poco y se giró hacia el lado contrario, volviendo a quedarse inmóvil nuevamente.
Kakarotto suspiró, y volvió a intentarlo, pero esta vez acercándose más y poniendo con suavidad su mano en el hombro de la mujer.
- Soy yo, Kakarotto...Vamos, despierta..Chichi...- Dijo en voz baja mientras movía su hombro ligeramente.
Ella se giró nuevamente hacia el lado del hombre, y sus ojos comenzaron a abrirse poco a poco, mientras decía:
- Hmmm...¿qué pasa?...- Dijo gruñendo un poco.
Kakarotto sonrió y esperó a que ella terminara de despertarse y se diera cuenta de su presencia. A los pocos segundos, Chichi abrió sus ojos por completo y, dando un brinco e incorporándose inmediatamente en la cama, exclamó:
- ¡Kakarotto!...¿Eres tú?. – Dijo elevando la voz.
El hombre se estremeció al instante, y contestó:
- Sshhh...si...soy yo...he vuelto...- Susurró tratando de que ella bajara el tono de su voz.
- ¡Oh!..cariño...estaba tan preocupada por ti...¿cuándo has regresado?. – Exclamó echándose en sus brazos llorando de alegría.
- Hoy mismo. Aterricé esta misma tarde. – Contestó mientras acariciaba el suave cabello de la mujer.
Ella incorporó su cabeza, y ambos se miraron durante unos segundos, hasta que sus labios se acercaron y se besaron tiernamente.
- Eso quiere decir..que has venido en la misma nave que el príncipe¿no?. – Preguntó ella al finalizar el beso.
Kakarotto se sorprendió y dijo:
- Pues sí..- Exclamó. – Hemos venido juntos, los dos solos. – Repuso.
- ¿Y dónde está él ahora?. – Preguntó la mujer.
El joven saiyajin se extrañó ante la pregunta de Chichi, y dijo:
- Pues...está en una enorme casa situada a unos pocos kilómetros de aquí. ¿Por qué lo preguntas? –
- Rápido...tenemos que decírselo a Bulma... – Repuso Chichi levantándose rápidamente de la cama y agarrando a Kakarotto de la mano, casi a la fuerza.
- ¿Qué?...¿es que acaso ya lo sabes?...- Dijo el hombre totalmente sorprendido ante la actitud de su pareja.
- Bulma me lo ha contado todo esta misma mañana. Y por lo que veo, el príncipe ha hecho lo mismo contigo...- Contestó la mujer.
Kakarotto se levantó y se colocó frente a ella. No quería precipitar las cosas, puesto que antes necesitaban tomar una decisión.
- En realidad no ha sido así...El no sabe que yo lo he descubierto, ni siquiera se imagina que Bulma y yo somos amigos.- Repuso con tranquilidad.
- Entonces...¿aún no sabe que tiene un hijo?. – Preguntó Chichi algo exaltada.
- No..no lo sabe. Creo que lo correcto es que sea Bulma quien se lo comunique¿no crees?. Además...él no está seguro de si quiere verla o no. Vino hasta aquí con el único propósito de reunirse con ella, pero parece ser que después lo meditó y, en estos momentos, tiene la intención de marcharse mañana mismo.- Contestó Kakarotto en tono de tristeza.
- Vaya...pues Bulma se encuentra en la misma situación. Hoy me ha dicho que no está completamente segura de si quiere volver a verle. Tiene miedo a la reacción de él cuando sepa de la existencia de Trunks. Al final, ha llegado a la conclusión de que va a esperar a que sea Vegeta el que la localice, y entonces, decidirá si hablarle de Trunks o no. – Dijo ella con el mismo tono de voz.
- Tenemos que hacer algo, Chichi. Si ninguno de los dos se decide a encontrarse con el otro, jamás se reunirán, y Vegeta se marchará de nuevo a Vegetasei...- Exclamó Kakarotto con firmeza.
- ¿Y qué sugieres que hagamos?. – Dijo Chichi. - Si le decimos a Bulma que el príncipe quiere irse mañana mismo, estoy segura de que ella no hará nada para encontrarse con él. La conozco muy bien, y se que lo dejará marchar sin hacer nada. Está demasiado confundida y temerosa. – Terminó de decir con convicción.
- Pues entonces, hay que buscar el modo de que se encuentren, como si se tratara de algo fortuito. – Repuso el saiyajin.
- Esa parece una buena solución...pero no tenemos mucho tiempo, Kakarotto. ¿Como lo haremos?. – Preguntó ella con curiosidad.
Kakarotto se quedó en silencio durante unos segundos, hasta que de pronto, exclamó mientras se formaba una gran sonrisa en sus labios:
- Mañana al amanecer, iré hasta la casa donde se encuentra Vegeta. Buscaré alguna excusa para que retrase su viaje, y planearemos alguna forma para que los dos se encuentren en el mismo lugar y a la misma hora. – Dijo. – Confía en mi, Chichi. Estoy seguro de que en cuanto se vean, cambiarán esa tonta actitud que mantienen ahora, ya lo verás. – Terminó diciendo mientras se acercaba a ella y se aferraba a su cintura.
La mujer le devolvió la sonrisa y puso sus manos en la nuca de él, y al momento, sus labios se sellaron en un apasionado beso. Después, el hombre empezó a besarle el cuello y a posar sus manos en el cuerpo de su amada, mientras ella acariciaba su espalda.
- hmmm...no imaginas lo mucho que te echado de menos, Chichi...- Le susurró al oído. – Estás preciosa...- Decía mientras apretaba aún más su cuerpo al de ella.
Chichi suspiraba y empezó a notar como la temperatura de su cuerpo comenzaba a elevarse, sintiéndose completamente excitada ante las caricias de su hombre.
- Kakarotto...nunca voy a..perdonarte...que..que...me hayas privado..de esto..durante tanto tiempo...- Decía la mujer entre jadeos. – Vas a...tener que compensarme...- Exclamó mientras lo arrastraba hasta la cama, acabando tumbados los dos sobre las sábanas, el encima de ella.
- No...no te preocupes...- Susurró Kakarotto mientras se deshacía de su ropa con la ayuda de ella. – Me..pongo a ello...ahora mismo...- Dijo completamente dominado por la excitación y el deseo. Al cabo de un rato, la pareja, que había estado separada durante un mes aproximadamente, se entregaban en cuerpo y alma, satisfaciendo sus anhelados deseos, amándose y necesitándose el uno al otro como nunca antes lo hicieron...
Mientras...en una enorme habitación decorada al más lujoso y clásico estilo, el príncipe Vegeta yacía tumbado sobre la cama con los brazos por debajo de la nuca y con la mirada clavada en un punto al azar sobre el alto techo de aquella estancia. El sueño no llegaba y no sabía cuanto tiempo llevaba en esa postura, lo único de lo que estaba seguro es de que, con toda probabilidad, no conseguiría dormir, si su mente se empeñaba en recordarle lo cerca que él podría estar de ella. Es posible que tan solo les separaran unos cuantos kilómetros, puesto que la ciudad, aunque muy poblada, no parecía ser demasiado grande. Después de soñar en innumerables ocasiones con el momento de encontrarse con ella, ahora estaba decidido a no hacerlo realidad, a marcharse y olvidarse de intentar modificar el destino de ambos, aquél que un día los unió y que más tarde, los obligó a separarse. Si esa era la decisión correcta...¿por qué se sentía tan débil y tan vacío¿por qué la vida le mostró el significado de la palabra amor, si después no podría hacerlo efectivo con ella?...Cerró los ojos y apretó los puños enfurecido. Al instante, se levantó de la cama y se vistió. Necesitaba aire fresco, sentía que se ahogaba en aquél lugar, y por ello, abrió la ventana de par en par y salió por ella, elevándose hacia el cielo y volando hacia cualquier lugar, tratando de alejar todos aquellos pensamientos de su cabeza mientras la brisa de la noche rozaba su rostro y secaba sus lágrimas. Se sentía hundido, miserable, rendido, derrotado...y sobre todo...aterrorizado...si...sentía miedo, temor a enfrentarse a la realidad,..¿de qué iba a servir tenerla unas horas, unos días, si nuevamente iba a perderla?. Ella nunca querría volver a Vegetasei, y él no estaba dispuesto a obligarla. Lo mejor era dejar las cosas como estaban, al menos se ahorrarían el tener que volver a experimentar el intenso dolor que sintieron cuando tuvieron que separarse. Sus caminos fueron opuestos desde el
principio de sus vidas, y nada ni nadie podría cambiarlo, ni siquiera él, el ser más poderoso del universo...
De pronto, se detuvo, y clavó su vista en un bosque cercano a la ciudad. Se dirigió con rapidez hacia allí, dispuesto a soltar parte de la ira contenida dentro de sí y descargarla contra aquellos árboles y vegetación que lo rodeaban todo, tan sólo iluminados por la tenue luz que desprendía la luna llena. Se fijó en ella, y por un momento, pensó en transformarse en ozharu y arrasar con todo lo que encontrara a su paso, pero finalmente desistió de esa idea...lo que menos le apetecía era llamar la atención y que todo un ejército de saiyajins se personara allí descubriendo a su príncipe perder completamente la razón.
Eran las dos de la madrugada, y Kakarotto se encontraba despierto abrazado a Chichi. Hacía tan sólo unos minutos que ella se había quedado profundamente dormida después de que hubiera concluído su intensa sesión amorosa. La observó durante unos segundos mientras agradecía lo afortunado que era por tenerla a su lado. Al instante, algo le sacó de sus pensamientos, y recordó lo que tenía que hacer para resolver el problema entre Bulma y Vegeta. Aún no se le ocurría ninguna excusa para lograr que el príncipe retrasara su regreso a su planeta natal, e intentó concentrarse en ello. De pronto, se estremeció al sentir una poderosa energía no muy lejos de allí. Se levantó de la cama y se asomó a la ventana. - ¡Vegeta!. – Pensó. – Es la energía de Vegeta...¿por qué demonios está utilizando tanto poder?. ¿Qué estará haciendo?. Tengo que detenerle..si sigue así, acabará por destruirlo todo..- Se dijo a sí mismo. Sin pensárselo más, se vistió y salió por la ventana volando con rumbo hacia donde sentía el ki de Vegeta.
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
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