Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 28

El reencuentro

Vegeta descendió hasta posar sus pies en un saliente de una roca y se quedó inmóvil observando el solar situado justo enfrente de él, lugar donde hace tan sólo unos pocos minutos enormes árboles y frondosa vegetación lo rodeaban todo. Comenzó a llover con fuerza y él ni se inmutó. La lluvia caía sin cesar y cerró los ojos dejando que las gotas de agua resbalaran por todas las partes de su cuerpo.

Kakarotto llegó y se quedó observando durante unos segundos a Vegeta y al destrozo que éste había causado en una gran parte del bosque. Descendió a espaldas del príncipe, y nada más tocar sus pies en el suelo, Vegeta sintió su presencia, y sin volverse siquiera, le dijo:

- Kakarotto¿qué coño quieres ahora?. ¡Lárgate y no me molestes!. – Exclamó enojado.

- ¿Por qué te comportas así, Vegeta?. ¿Qué ganas con destruirlo todo?. – Contestó.

- ¿Olvidas que este planeta me pertenece?. ¡Puedo hacer con él lo que quiera y nada ni nadie va a impedírmelo!.- Gritó girándose hacia él.

El joven saiyajin comenzó a caminar acercándose un poco hacia el. Lo miró fijamente a los ojos y dijo:

- Escucha, Vegeta...Se como te sientes...y..-

- ¡Cierra la boca, estúpido!. ¡No necesito tu compasión ni tus malditos consejos!. Asi que¿por qué no te largas y me dejas tranquilo de una maldita vez?. – Dijo volviéndose de nuevo a su anterior posición, dándole la espalda a Kakarotto.

- Está bien, me iré. Pero antes..déjame decirte una cosa: Todos los terrícolas saben ya de tu presencia aquí...¿has pensado en cómo se sentirá ella cuando sepa que te has marchado sin tan siquiera intentar verla una vez más?. Probablemente, creerá que nunca significó nada para ti, que la engañaste y utilizaste durante todo el tiempo que estuvisteis juntos. ¿Es eso lo que quieres que piense?. ¿Ese es el recuerdo que deseas que mantenga de ti?.- Exclamó con firmeza diciendo todo lo que pensaba.

Vegeta no dijo nada. Se mantuvo en silencio durante unos segundos, y no movió un sólo músculo. Pasado un rato, Kakarotto volvió a hablar:

- Haz lo que quieras, Vegeta. Al fin y al cabo, y como tú dices, no es mi problema. - Dijo. – No te preocupes, ya no te molestaré más, y espero que tengas un buen viaje de regreso hasta Vegetasei. Adiós. – Dijo con algo de fastidio, comenzando a alzar el vuelo. Ya estaba harto de la prepotencia del príncipe. Se arrepentía de haber volado hasta aquí, puesto que lo único que había conseguido era encontrarse calado hasta los huesos debido a la intensa lluvia, y encima, temía que Chichi hubiera despertado y al no encontrarle a su lado, probablemente se preocuparía y se asustaría por haberse marchado sin decir nada.

Entró de nuevo por la ventana, y suspiró aliviado al percatarse de que Chichi continuaba profundamente dormida, pero se dio cuenta de que necesitaba una toalla para secar al menos su alborotado cabello antes de introducirse nuevamente en la cama. Salió de la habitación sigilosamente y caminó hasta el cuarto de baño situado en el pasillo. Encendió la luz y se introdujo en él sin cerrar la puerta, y justo cuando había cogido la toalla, escuchó decir:

- ¿Chichi?...¿eres tú?...¿te encuentras bien?. – La voz de Bulma sonaba desde el fondo del pasillo, justo donde se situaba su habitación.

Kakarotto cerró los ojos con resignación, maldiciéndose a si mismo por haber conseguido despertar a su amiga. Asi que, sin ninguna otra opción, se decidió a asomar la cabeza y dijo:

- Soy yo, Kakarotto. Siento haberte despertado, Bulma..- Exclamó algo apenado.

- ¡Kakarotto!. – Exclamó la mujer mientras se acercaba hasta el cuarto de baño, y al verle, sonrió y se lanzó a abrazarlo. – Cuanto me alegro de verte...- Dijo separándose de nuevo. – Ya verás lo contenta que va a ponerse Chichi cuando te vea...-

- Ya me ha visto..- Dijo sonriendo. – Quiero decir...que hace unas horas que he vuelto, y bueno..no quisimos despertarte...- Repuso con algo de nerviosismo.

- Ah...y...¿cómo es que estás tan empapado?. – Preguntó ella al observarse a sí misma y descubrir la humedad en su bata, efecto provocado al abrazarse a él anteriormente.

- ¿Qué?..¡ah!...bueno, es que...verás...tenía calor..y decidí salir a tomar el aire un rato...pero me pilló la lluvia..y...jajaja. – Exclamó el joven riendo al final y pasándose una mano por detrás de la nuca como solía hacer habitualmente.

Bulma se extrañó ante la actitud de Kakarotto, y puesto que hacía tiempo que lo conocía, estaba segura de que escondía alguna cosa.

- ¿Te ocurre algo, Kakarotto?. Estás muy raro.- Se decidió a preguntar esperando su reacción.

El saiyajin dejó de reir inmediatamente. La miró directamente a los ojos, resignándose ante la perspicacia y la intuición de la mujer que tenía enfrente. Se convenció a si mismo, y decidió que no tenía sentido continuar fingiendo.

- Bulma...yo he regresado en la misma nave que el príncipe..y bueno..Chichi me lo ha contado todo y yo...- Comenzó a decir, siendo repentinamente interrumpido por ella:

- Lo siento...Se que tengo que daros muchas explicaciones sobre ello..y...- Dijo tratando de disculparse.

- ¿Eh?..¿por qué dices eso?. – Interrumpió Kakarotto. - No tienes que explicarnos nada. Entendemos perfectamente que no nos hayas dicho nada hasta ahora...pero...lo que yo quería decirte es que...- Continuó tratando de buscar la manera de llevar la conversación hacia la relación entre ella y Vegeta.

- No, Kakarotto...- Exclamó ella volviendo a no dejar que terminara de hablar. - Me he portado mal contigo y con Chichi. Tenía que habéroslo contado todo desde el principio. Ambos confiaisteis en mi y yo no tenía derecho a ocultaros la verdad sobre mi hijo y sobre quien era su padre...y por ello, quería disculparme con vosotros..- Terminó diciendo con un tono amargo, con la voz casi quebrada y conteniéndose las ganas de llorar.

- No digas tonterías, Bulma. – Dijo el saiyajin con ternura. - Lo hiciste para proteger a Trunks, y lo entiendo. Cualquier mujer que se hubiera encontrado en la misma situación, hubiera hecho lo mismo que tú...- Exclamó para justo después acercarse a ella y abrazarla de nuevo.

Ella agradeció el gesto cariñoso de su amigo, y cerró los ojos sintiéndose más calmada.

- Gracias, Kakarotto. Tu y Chichi, sois los dos mejores amigos del mundo. – Dijo sonriendo.

El joven sintió de pronto la necesidad de saber la opinión de Bulma con respecto a lo que sentía por el príncipe y cúales iban a ser sus intenciones acerca de la presencia de él en la Tierra, por lo que se atrevió a preguntar:

- ¿Que...qué vas a hacer ahora?...quiero decir...con respecto a Vegeta...- Bulma se separó y fijó su vista en él sin decir nada. – Chichi me ha dicho que tienes dudas en cuanto a volver a verle y todo eso..- Repuso devolviéndole la mirada.

- No lo sé...- Dijo ella con voz nerviosa. - Por una parte..tengo unos deseos horribles de reunirme con él..pero por otra...tengo miedo a las consecuencias que ello traería. Jamás pensé que él vendría hasta la Tierra, sabía que existía esa posibilidad, pero nunca imaginé que pudiera hacerse real...- Exclamó retirando su vista de él.

- ¿Aún le amas, Bulma?. – Preguntó Kakarotto con decisión.

Ella se sorprendió un poco ante la pregunta de su joven amigo. Nunca creyó verse hablando con él sobre sus sentimientos, y mucho menos sobre su pasada relación con el príncipe de los saiyajins. Pese a ello, se sintió cómoda, y contestó:

- Hasta hoy...no ha pasado un sólo día en el que yo misma me hacía una y otra vez esa pregunta, sobre todo cuando miraba a Trunks, pero nunca obtenía una clara respuesta.- Se detuvo unos segundos, suspiró y después continuó hablando. - Pero...el saber que se encuentra aquí, el imaginar que en cualquier momento puedo volver a verle...me ha hecho darme cuenta de una cosa: y es que nunca, en ningún momento he dejado de amarle, y no creo que jamás vuelva a sentir nada igual por ningún otro hombre...- Terminó de decir con amargura, girándose de espaldas a él.

- El siente lo mismo, Bulma. La prueba está en que ha venido hasta aquí por ti. – Repuso Kakarotto posando sus manos en los hombros de ella.

Rápidamente, ella se volvió colocándose de nuevo frente a él. Clavó sus azules ojos en los suyos, y le preguntó casi con desesperación:

- ¿Como estás tan seguro?. ¿Acaso ha hablado contigo sobre eso?. – Exclamó.

- Si. Bueno...el no sabe que tu y yo nos conocemos, lo descubrí por casualidad y no quise decirle nada debido a la promesa que te hice. Te aseguro que me costó mucho trabajo que me contara el verdadero motivo de su viaje hasta la Tierra.- Contestó el saiyajin con sinceridad.

La mujer se quedó unos segundos en silencio, y después, con el corazón a punto de salírsele del pecho, preguntó:

- ¿Tu...tu...sabes donde está ahora?. – Dijo con la voz entrecortada por la inquietud.

- Si, se encuentra alojado en un palacio a unas cuantas manzanas de aquí. – Dijo él esbozando una pequeña sonrisa en su rostro. – Puedo llevarte ahora mismo si quieres...- Se ofreció.

- No...seguro que estás cansado y deseas dormir. Además..no puedo dejar a Trunks solo..y no quiero molestar a Chichi. – Contestó ella amablemente.

- ¡No es molestia, Bulma!. – Se escuchó decir desde el fondo del pasillo. Los dos se giraron y descubrieron a Chichi en el umbral de la puerta de su cuarto, dándoles a entender a ambos que llevaba ya un rato despierta escuchando la conversación que mantenían. – Anda, cámbiate de ropa y ve con Kakarotto. Yo me encargaré de cuidar a Trunks, no te preocupes por nada. – Dijo sonriendo.

Bulma miró hacia su amigo, y se encontró con su sonrisa mientras asentía con la cabeza. Su corazón latía con rapidez y comenzó a entusiasmarse con la idea. Se giró con rapidez, rumbo a su cuarto, y antes de entrar, se detuvo un instante y al momento, se volvió de nuevo y corrió hasta donde se encontraba Chichi, fundiéndose con ella en un abrazo, mientras un par de lágrimas salían de sus ojos.

- Gracias...gracias por todo, Chichi, por vuestra compresión y vuestro apoyo. Te quiero..os quiero a los dos...- Dijo emocionada.

- No tienes que darlas, Bulma. Tu también me has ayudado mucho, y lo sabes, y nosotros también te queremos. – Dijo la doctora dándole un beso en la mejilla. – Vamos...no lo pienses más y ve a buscarle. El ha recorrido el camino más largo... y ahora tu tienes que ahorrarle el resto...- Terminó de decir la doctora.

Bulma se separó de ella, y asintió mientras se limpiaba las lágrimas. Sonrió de nuevo y después caminó hasta su cuarto, adentrándose en él. Chichi suspiró, y acto seguido, se introdujo en la habitación del pequeño Trunks para ver si seguía dormido y todo estaba bien. Mientras, Kakarotto se dirigió hasta el dormitorio que compartía con Chichi para cambiar su ropa mojada por otra seca, y al terminar, salió y se encontró con ella en el pasillo, la cual exclamó:

- Y tu...¿se puede saber por qué demonios estabas tan empapado?. – Preguntó la doctora extrañada.

- Err..bueno...verás...salí fuera porque...- Comenzó el saiyajin a explicarse. De pronto, fue interrumpido por Bulma, que acababa de salir de su habitación diciendo:

- ¡Ya estoy lista!. Podemos irnos cuando quieras, Kakarotto. – Exclamó. Había cambiado su atuendo de dormir por un vestido de tirantes color verde claro, muy veraniego y de escote redondo, que se adaptaba perfectamente a su cuerpo hasta la cintura, para a partir de ahí, terminar con algo de vuelo hasta por encima de sus rodillas. Optó por ponerse unos zapatos sencillos y de tacón bajo, y se recogió el cabello en una coleta dejando sueltos unos mechones a los lados. Se veía sencilla y muy natural, tal y como siempre se había mostrado ante él durante el tiempo que permanecieron juntos.

- Después te lo cuento, Chichi.- Dijo el joven mientras cogía a Bulma de la mano y se dirigían a la puerta de la calle. - ¡Hasta luego!. –

- ¡Te deseo suerte, Bulma!. Y no tengas prisa en volver. Cuidaré muy bien de Trunks...- Exclamó la mujer de cabellos negros.

- Gracias de nuevo, Chichi. – Oyó decir la mujer justo antes de escuchar como la puerta se cerraba.

Al salir del portal, Kakarotto respiró aliviado al ver que ya había cesado de llover. Se subieron a un vehículo y, durante todo el camino, el joven esperaba que Vegeta hubiera regresado al palacio y se encontrara allí, y no en el bosque donde él lo había dejado hacía casi una hora. Al llegar, se detuvieron en la acera de enfrente, descendieron del vehículo, y el joven suspiró alegrándose de percibir cercano el ki del príncipe. Se fijaron

en la enorme puerta del palacio, la cual se encontraba custodiada por dos saiyajins que los miraban de forma amenazadora.

- Kakarotto, esto es una locura. Mira la hora que es...probablemente esté durmiendo. – Dijo ella. – Será mejor que volvamos mañana...- Exclamó dándose la vuelta completamente nerviosa.

- ¡Espera!. – Repuso el joven sujetándola de una mano impidiéndola ir. – Está despierto. – Dijo.

- ¿Como lo sabes?. – Preguntó ella.

- Porque siento su energía. No en vano me he pasado quince días junto a él en el espacio y se diferenciarlo bien en ese aspecto. – Contestó el joven con seguridad.

- ¿Y...y ahora qué hacemos?. ¿Qué vamos a decirle a esos saiyajins?. – Dijo ella fijando su vista en los dos soldados apostados en la puerta.

- Tú déjame hablar a mi. Solo sígueme la corriente. – Repuso él mientras comenzaba a caminar con decisión, agarrándola de la muñeca izquierda.

Se detuvieron justo en la puerta y, al momento, Kakarotto se dirigió hacia ellos diciendo:

- Hola..¿me recordais?...llegué esta misma noche con el príncipe. – Dijo con el semblante serio.

- Si..se quien eres. – Contestó uno de ellos después de lanzarles una fugaz mirada a ambos. Tu eres el que ha viajado con él hasta la Tierra. ¿Qué es lo que quieres?. – Preguntó finalmente.

- ¿No es evidente?. – Exclamó Kakarotto. - Me ordenó que le trajera una hembra y eso es lo que he hecho. Asi que..déjame pasar..- Dijo tratando de parecer lo más convincente posible.

Bulma se quedó atónita y se giró hacia su amigo, sin todavía poder creer las palabras que acababa de escuchar salir de sus labios.

- ¿Y no es un poco tarde?. Hace ya bastantes horas que te marchaste. – Repuso el otro soldado con algo de desconfianza.

- El es muy exigente en cuanto a sus gustos por las mujeres y me ha costado bastante localizar una del mejor género. ¿Crees que se puede encontrar una hembra así en cualquier parte? – Exclamó Kakarotto, mientras que con un sólo movimiento de su mano aferrada a la muñeca de Bulma, la obligaba a ponerse frente a ellos para que ambos la pudieran observar mejor.

Los dos soldados fijaron inmediatamente su vista en ella, recorriéndola de pies a cabeza sin ningún tipo de disimulo, y reflejando una sonrisa lujuriosa en sus rostros. Bulma pudo sentir como aquellos dos pares de ojos la desnudaban prácticamente con la mirada,

mientras que por dentro, se juraba a si misma que iba a matar a Kakarotto por lo que estaba haciéndole pasar. A los pocos segundos, uno de ellos, sin apartar sus ojos de la mujer, repuso:

- Supongo que no. Al menos no se ven por la calle todos los días...- Dijo riendo.

- Y ahora..déjame entrar. El príncipe debe estar impaciente y no tengo ganas de tener ningún problema con él.- Contestó Kakarotto de forma imperativa.

- Claro...Si fuera yo el que esperara un regalito así, también estaría impaciente..jajaja...- Dijo el otro, mientras ambos se retiraban para dejarles entrar. – Oye..cuando salgas¿me darás el nombre del lugar donde has conseguido a esa belleza?.- Preguntó con ansias dirigiéndose hacia Kakarotto.

- Lo siento, pero este tipo de hembras están reservadas para los saiyajins del más alto rango. Ninguno de los dos podréis permitiros acceder a ellas. – Contestó el joven ignorando el gruñido de desaprobación de los dos soldados, y casi arrastrando a Bulma hacia el interior de la mansión.

En el momento en que las puertas se cerraron, perdiendo de vista a los dos saiyajins, Kakarotto exclamó:

- Menos mal. Creí que no nos iban a dejar pasar nunca. – Dijo suspirando.

De pronto, se giró y descubrió a Bulma completamente roja de ira y con una expresión de enojo claramente marcada en su rostro.

- ¡¿Pero es que te has vuelto loco, Kakarotto?!. – Gritó mientras su mano abierta golpeaba el rostro del joven saiyajin. - ¡Como te atreves a hacerme pasar por una prostituta!. –

- Pe..perdona, Bulma...pero no se me ocurrió otra mejor excusa para poder entrar...- Dijo a modo de disculpa mientras se frotaba la mejilla golpeada. – Tranquilízate, por favor...- Repuso observando como la mujer se enfurecía cada vez más.

- ¿Desean alguna cosa?. – Se oyó decir a su izquierda. Los dos se giraron y vieron a una esclava que se les acercaba.

- Esto...si...queremos ver al príncipe. – Dijo Kakarotto.

- Señor..el príncipe se encuentra durmiendo en sus aposentos. ¿Se trata de algo urgente?. ¿Quiere que le avise de su visita?. – Repuso la mujer.

- No, no es necesario. Tan sólo indícanos cual es su habitación. – Contestó el saiyajin.

- Subiendo las escaleras...es la que se encuentra al fondo del pasillo, a la derecha. – Contestó la esclava señalando con sus dedos hacia el lugar indicado.

- Gracias. Puedes retirarte. – Repuso Kakarotto.

- Si, señor. – Exclamó la mujer agachando su cabeza, para justo después, marcharse por el mismo lugar de donde había venido.

Los dos esperaron en silencio observando como la mujer caminaba por uno de los pasillos, y cuando desapareció tras una esquina, Kakarotto dijo:

- Bueno...será mejor que me marche ya. Nos vemos mañana, Bulma. –

La peliazul se giró y le replicó con nerviosismo:

- ¡Espera!..No puedes irte áun...- Le increpó agarrándole de la ropa para evitar que se fuera.

- ¿Por qué no? – Preguntó el joven extrañado.

- ¿Estás...estás seguro de que está despierto?.- Dijo mientras lo soltaba, un poco avergonzada por su actitud.

- A ver..hmmm...- Dijo mientras se concentraba. – Si, lo está..pero no esperes mucho rato más o acabará por dormirse. – Contestó el saiyajin con una sonrisa.

- Kakarotto...¿cómo crees que reaccionará?. – Exclamó ella tratando de controlar su inquietud.

- Pues..supongo que se sorprenderá al verte...y se alegrará...estoy seguro. – Dijo. – Vamos..no te lo pienses más. Yo tengo que marcharme ya, o al final, acabará por percatarse de mi presencia aquí. –

- ¿Por qué no quieres que se de cuenta?. – Preguntó Bulma con curiosidad.

- Porque no tengo ganas de que se piense cualquier cosa extraña al vernos juntos...ya sabes..que piense que tu y yo...- Contestó Kakarotto imaginando a un Vegeta celoso, descargando toda su ira sobre él.

- Ya entiendo...- Dijo ella. - Tienes razón, es mejor que te vayas. –

- Si, es preferible que tu se lo expliques todo...jeje. – Dijo riendo. – Bueno...te deseo suerte, Bulma. Y no te preocupes por Trunks, Chichi y yo cuidaremos muy bien de él.– Exclamó dirigiéndose hacia la puerta que daba a la calle.

- Gracias por todo, Kakarotto. – Le dijo ella sonriéndole justo antes de que el hombre saliera y se quedara sola.

Vegeta yacía sobre la cama de su amplio dormitorio. Una vez más, no podía dormir y no había dejado de pensar en las palabras que Kakarotto le había dicho en el bosque. Justo cuando sus ojos comenzaban a cerrarse, escuchó el sonido de unos nudillos golpeando la puerta. Frunció el ceño preguntándose quien podía ser el infeliz que osara molestarle a estas horas. Se levantó y mientras se acercaba hacia allí, volvieron a insistir.

- ¿A que viene tanta prisa?. ¿Qué demonios ocurre... – Preguntó malhumorado mientras la abría. Y, de pronto, se quedó atónito ante la presencia de la última persona a quien podía imaginarse que estuviera allí.

- ¡Bulma!...- Dijo completamente sorprendido.

Ella le miró fijamente, mientras su corazón latía con desesperación. Recorrió con sus ojos fugazmente la figura del saiyajin, admirándose ante la perfección del cuerpo casi desnudo del hombre que tenía enfrente, notando a su vez unos deseos horribles de abrazarlo y fundirse en él, tal y como había soñado infinidad de veces desde que se separaron. Desde que lo conoció, ese cuerpo, que derrochaba sensualidad por todas partes, y ese rostro tan varonil, la habían vuelto completamente loca, sintiéndose desde un principio terriblemente atraída por él, y las veces en las que tuvo la ocasión de disfrutarlo, se había sentido la mujer más afortunada del mundo por ser ella la única persona que lo hizo descubrir el verdadero amor, por ser la elegida, la mujer que llegó a adentrarse por completo en su corazón. Todo lo que ese hombre significaba, su carácter, su inteligencia, su físico...se volvió prácticamente el centro de su existencia, y solo él, únicamente él, pudo haberle dado lo más importante de su vida: su hijo..Trunks..

Por su parte, el príncipe percibía las sensaciones que su cuerpo empezaba a experimentar, las cuales eran casi nuevas para él. La belleza y el candor de la mujer a la que amaba con locura, le habían hecho sentirse en un delirio constante, transportándole a un mundo totalmente desconocido para él, del que muchas veces deseó no volver. Durante el tiempo que estuvieron separados, se había sentido vacío, como si una parte de él mismo le hubiera sido arrebatada, de su propia alma, la cual ansiaba ferozmente por ella...solo por esa mujer...Y ahora, al ver de nuevo su hermoso y angelical rostro y su precioso cuerpo, el cual deseó poseer nada más conocerla, comenzaba a notar una sensación de bienestar y felicidad que le recorrían de punta a punta...maravillado ante su presencia, liberado, extasiado...

La mujer le sonrió, y sus ojos comenzaron a volverse cristalinos al notar su reacción, sintiéndose satisfecha de no haber perdido la habilidad adquirida de ser la única persona capaz de descifrar su mirada, de leer en sus ojos todo lo que él sentía cada vez que fijaba su vista en ella. No pudo aguantar más..y se echó a sus brazos..aferrándose a su cuello como si su vida dependiera de ello, como queriendo recuperar con fiereza lo que nunca debió perder, necesitando ansiosamente su protección y su calor...

Inmediatamente, su cuerpo se vio arropado por los poderosos brazos de él, que la sujetaba con fuerza y vigor. Comenzó a notar los labios de él perdiéndose entre su cabello, su cuello, su rostro, dándo múltiples saltos a través de su piel, borrando con su contacto el surco formado por sus lágrimas, para finalmente encontrarse con los suyos..y así, sin más preámbulos, y solo después de enfrentar fugazmente sus miradas, se unieron en un largo y apasionado beso, el mismo que ambos habían anhelado durante muchos meses atrás.

- Ahora ya se...que esto no es un sueño..Vegeta...Eres real...y estás aquí...- Susurró ella después de que sus labios se separaran.

El hombre, sin dejar de mirarla, y acariciando suavemente su rostro, repuso:

- Mujer...tu eres la única razón por la que he viajado hasta la Tierra...- Dijo volviendo a sellar sus labios en los de ella.

- Siento haberme presentado aquí a estas horas...pero es que no podía esperar hasta mañana para verte...- Exclamó ella a modo de disculpa.

- Me alegra que lo hayas hecho, porque además...ahora soy yo el que no puede esperar más para hacerte mía de nuevo...- Le susurró él a su oído, comenzando inmediatamente después a besar y acariciar la suave piel de su cuello con sus labios...

Ella comenzó a suspirar, cerrando los ojos mientras sentía que su piel se erizaba con cada caricia que él le prodigaba. El sólo hecho de volver a sentir su piel rozándose con la suya, la estaba llevando a perder por completo el control sobre sí misma, notaba como su vista comenzaba casi a nublarse, como cada nervio de su cuerpo se estremecía dominado por el placer y el deseo, y la única información que su cerebro le enviaba era que no se detuviera...que quería más..que necesitaba de él y que no cesara hasta que no se colmara completamente de su esencia...

Vegeta, de un solo movimiento, soltó su azulada cabellera dejándola enteramente libre..siempre le había enloquecido el aroma y el suave tacto de su pelo, y sin más dilación, comenzó a acariciarlo mientras percibía el dulce olor que éste desprendía. Ella se aferró aún más a él, paseando sus manos por la espalda desnuda del hombre, rozando con sus dedos una de las antiguas cicatrices, señal de algún combate pasado, casi invisible a la vista pero perfectamente sensible al tacto. El príncipe estaba dispuesto a pasar horas enteras dedicado exclusivamente a ella, a que disfrutara y experimentara lentamente cada roce, cada caricia, logrando expresar en todas esas acciones lo que su corazón y su alma percibían sin necesidad de pronunciar palabra alguna, aunque presumiblemente, también utilizaría de vez en cuando su voz para transmitirle el deseo irrefrenable que sentía por ella. Al notar el fuerte agarre de ella, la tomó entre sus brazos. Bulma enterró su rostro en su pecho desnudo hasta que sintió sobre su espalda el suave tacto de las sábanas en la cama y el agradable calor que desprendía el cuerpo de su hombre tendido sobre ella. Volvieron a besarse, y el príncipe, con sus manos, comenzó a bajar muy despacio los tirantes de su vestido, recreándose en la perfección de los hombros y brazos femeninos..

- Eres..preciosa, Bulma...Lo más hermoso que he poseído nunca...- Le decía a la vez que pasaba una de sus manos por detrás de la espalda de ella y localizar la cremallera que lograría terminar de despojarla de casi toda ropa. Así lo hizo, y poco después, se admiró al cumplir finalmente su sueño de volver a tener ese cuerpo femenino en toda su plenitud, esas curvas que siempre habían conseguido hacerle perder la razón y que lo embelesaban hasta lo más profundo de su ser. Bulma se avergonzó un poco, y un leve tono rojo ascendió por sus mejillas al observar el modo en que él la miraba, y éste, al notarlo, sonrió y volvió a besarla..una y mil veces...Adoraba tenerla así, ruborizada y dulce, recordando tal y como sucedió la primera vez que estuvieron juntos, el día en que ella le hechizó por completo, dándole a probar la auténtica esencia del amor..

De los labios femeninos comenzaron a salir pequeños gemidos y jadeos, fruto de la maravillosa sensación que su cerebro recogía a través de su cuerpo invadido por las caricias y los besos que su hombre le proporcionaba, preguntándose a la vez cómo había podido soportar todo este tiempo sin sentir aquello. Solo él sabía como lograr

satisfacerla plenamente, conocía a la perfección todos sus puntos erógenos, todos aquellos lugares que podrían resultar tan placenteros, y que incluso ella misma los descubrió junto a él. Necesitaba corresponderle de la misma forma, y haciendo una leve presión con sus manos en el pecho masculino, lo instó a que se girara para invertir sus posiciones. Ahora...postrada encima de él...lo tenía a su merced...

- Ahora yo tengo el control...y créeme...no me detendré hasta que no te vea casi desfallecer...- Le dijo dijo mirándole a los ojos mientras incorporaba su torso y estiraba su cuerpo encima de él.

Vegeta sonrió divertido por la escena, dispuesto a continuar el juego que ella había empezado.

- Entonces, tendrás que prometerme que después no te quejarás cuando sea mi turno y te pida la revancha...- Dijo el príncipe con ironía.

- Eso lo veremos..- Repuso ella inclinándose hacia él. - Dudo mucho que puedas aguantar tanto...- Susurró a su oído para justo después mordisquear el lóbulo de su oreja.

Vegeta se estremeció ante dicho acto, preparándose para el desafío de ella, y totalmente decidido a no dejarse vencer, exclamó:

- Sabes que lo haré...Veo que ya no recuerdas lo que siempre te ocurre cuando me subestimas de ese modo, mujer...- Repuso mientras posaba sus manos en las caderas femeninas, comenzando a deslizarlas recorriendo su figura.

Bulma soltó una pequeña risita ante el comentario de él. Siempre le había divertido provocarle de ese modo.

- Tan engreído como siempre...Nunca cambiarás..principito...- Dijo ella para justo después comenzar a devorar sus labios.

Vegeta ya no dijo nada. Cerró los ojos y se dejó llevar...De pronto, ella dejó su boca y, poco después, sintió un mordisco en su cuello, que hizo que se estremeciera un poco de dolor, pero a la vez, notándolo excitante y delicioso. Las manos femeninas se paseaban por sus pectorales, jugando con sus dedos en los pequeños pezones mientras se entretenía rozando con su lengua la nuez masculina, que lo obligó a contenerse para no estallar en un gemido. Sentía que todo su cuerpo ardía a cada caricia de ella, a cada aproximación y encuentro entre su piel y la suya, y a punto estuvo de perder el control, en el momento en que notó su mano izquierda tratar de abrirse paso entre sus abultados boxers. De nada le sirvió esta vez tratar de evitarlo, y de sus labios salió un profundo jadeo justo cuando ella consiguió tomar contacto con su rígida masculinidad, abriéndole las puertas a un mar de sensaciones exquisitas que lo hacían enloquecer...

- Mujer...- Logró pronunciar entre su agitada respiración –

Bulma no lo dejó continuar, entrando en su boca desenfrenadamente pero sin descuidar el trabajo manual que llevaba haciendo un poco más abajo. Vegeta ya no pudo resistirse más y sin mucho esfuerzo, se volteó hacia un costado llevándose a ella consigo sin

despegar ambas bocas que luchaban ansiosas la una por la otra. El saiyajin casi no podía controlar el estado de excitación en el que se encontraba, y dominado por la pasión y el desenfreno, comenzó a explorar con sus manos el exhuberante cuerpo femenino que lo embriagó desde el primer día que lo hizo suyo. Recorrió toda la longitud de las piernas y los suaves muslos de ella, estrujó de forma lujuriosa sus prietas nalgas colándose entre sus bragas, y acarició sus pechos, posando sus manos en ellos y abarcándolos casi por completo. Necesitaba besarlos, volver a sentir en su boca su sabor..su tersura...y el dulce cosquilleo producido en su lengua al contacto con su aureola y sus sonrosados pezones. No se lo pensó más y se dispuso a ello, sabiendo además el efecto que provocaba en la mujer, la cual sin remedio alguno, gimió y jadeó, sintiéndose completamente sumida en el placer y el delirio...

- Aah..aah...Vegeta...te necesito..tanto...- Murmuró entre suspiros.

De pronto, Vegeta se detuvo, y ascendió de nuevo a su rostro, besándola nuevamente. La agarró por la cintura y la volteó colocándola de espaldas a él. Tumbados ambos hacia el mismo costado, la abrazó por detrás apretando firmemente los dos cuerpos. Dirigió una de sus manos al mentón de la mujer y la hizo girar su rostro para entrar de nuevo en su boca.

- Bulma...no hay nada que desee más, que hacerte el amor...Eres mía...mi mujer...- Le susurró nada más dejar de besarla. Sin más dilación, se deshizo de sus boxer, para justo después atraerla más hacia sí haciéndola notar enseguida su erecta virilidad contactando con sus nalgas. Inmediatamente, deslizó una de sus manos a través del vientre femenino, encaminándola hacia su entrepierna para después introducirse entre sus bragas. La mujer suspiró con fuerza y se estremeció al sentirle merodeando en su intimidad, notando como aquellos dedos se hacían paso entre sus labios y se empapaban en la humedad de sus jugos. Cesó durante un instante para lograr desprenderla de la tela que lo estorbaba, para después continuar con su tarea ahora ya con mucha más libertad. Bulma se sentía desfallecer mientras su cuerpo y su mente le reclamaban con insistencia llenarse completamente de él. Con la ayuda de Vegeta, echó hacia atrás su pierna izquierda, enredándola con las de él, facilitándole el camino que los llevaría a fundirse en uno sólo. El saiyajin la fue penetrando lentamente a la vez que ejercía algo de presión con su mano en la pelvis de la mujer para llegar a introducirse por completo en ella, notando como el gozo lo envolvía poco a poco. Jadeó, y sus suspiros se mezclaron con los de ella, que los dejaba escapar de sus labios con desesperación. La mujer giró su rostro para beber de nuevo de su boca, animándole a que iniciara el delicioso vaivén que tanto ella como él, ansiaban. Los dedos del hombre buscaron su clítoris y comenzó a excitarlo, estimularlo, induciéndole a provocar el delirio en ella. Bulma notaba como poco a poco su cuerpo dejaba de responder a la razón, como se envolvía completamente sumido en el placer, participando en los movimientos, en las embestidas, en el frenesí. Vegeta trataba de mantener el ritmo, no queriendo que aquel baile de cuerpos terminara tan pronto. Ansiaba oirla gritar, gemir, suspirar...y pronto se vio recompensado, comenzando a escuchar tan anhelados sonidos salir con garra de los labios de su amada. Creía volverse loco de excitación mientras la poseía de esa forma, de espaldas a él, contactando su pelvis con las nalgas de ella a cada empuje, apretujando sus senos, masturbándola a la vez que entraba y salía de ella, delirando ante sus gritos que le pedían más y más...El cuerpo de Bulma comenzó a sufrir pequeñas convulsiones, una deliciosa montaña del más puro placer se derrumbaba sobre si misma, cubriéndola por completo, llenándola de aquellas sensaciones inequívocas que preveían al añorado

clímax, a la más alta cima, a la culminación del éxtasis. Vegeta lo apreció y, en ese mismo instante, enterró su boca en el cuello de la mujer, y después de lamerlo, lo mordió justo en el punto de unión con su hombro.

- ¡aaahh...aargghh...Vegetaaaa...te quierooooo...!- Gritó con desesperación en el punto más alto de su potente orgasmo.

El príncipe notó, como segundos después, la mujer se derrumbaba y se derretía en sus brazos. Acarició durante unos segundos su cuerpo empapado en sudor, salió de ella y la soltó de su agarre, dejándola descansar boca arriba sobre la cama. Se inclinó nuevamente sobre ella y la besó con dulzura, sonriéndola.

- No creas que he terminado aún contigo, mujer...- Le susurró al oído.

- Eso espero...o empezaré a pensar que has perdido facultades...- Contestó ella irónicamente.

El simplemente sonrió ante este comentario, y con rapidez, se posicionó entre las piernas de Bulma, la cual se apresuró a rodear con ellas el cuerpo masculino. Vegeta se inclinó hacia delante, y mientras entraba en ella nuevamente, se dedicó a besar sus labios. Ella se apretó más contra él para lograr que la penetración fuera más profunda, y así, comenzaron de nuevo aquellos movimientos que los transportaban a otro mundo, a otra dimensión. Ahora, sus rostros estaban enfrentados y podían disfrutar observando en el otro las marcadas expresiones de placer y excitación. Bulma adoraba sentirse completamente dominada por él, por su fuerza, por aquella portentosa masculinidad que se desprendía por todos los poros de su piel. Si hubiera alguien que, con su ejemplo, pudiera describir a la perfección la palabra virilidad, ese era él: Vegeta.

Después de que él aumentara el ritmo de sus embestidas, la mujer experimentó su segundo orgasmo igual de intenso que el primero, y nada más alcanzar la cúspide, el príncipe se sentía ya sediento por reventar, por estallar dentro de ella, y a los pocos segundos, le sobrevinieron los espasmos típicos del clímax, perdiéndose de la realidad, adentrándose por completo en el mundo del placer, gimiendo sin importarle el tono, para finalmente terminar en su interior. Inmediatamente después, los músculos de ambos se relajaron..tratando de asimilar el bajón de adrenalina después de tan gloriosa sesión. El cuerpo de la mujer se quedó flácido entre los fuertes brazos del príncipe, y él, sin poder evitarlo, se desplomó hacia un lado tal como si un rayo lo hubiera abatido de repente. Giró la cabeza hacia la posición en la que ella se encontraba, y con su mano derecha, agarró de la cintura a la mujer y la atrajo hacia sí, quedando ella recostada sobre su pecho mientras sentía como sus brazos la rodeaban. Se quedaron en silencio durante un tiempo, mientras ambos se esforzaban por respirar profundamente para recuperar el oxígeno que les faltaba.

- Bulma...- Dijo él rompiendo el silencio.

- Dime...- Repuso ella abriendo los ojos después de que el sueño casi la derrotara.

- Hasta ahora no me había dado por pensarlo...pero...¿cómo supiste donde me encontraba?..y.. ¿cómo lograste entrar tan libremente? – Preguntó él con curiosidad.

La mujer soltó una leve risita, y después se animó a contestar:

- Es obvio...No lo hubiera logrado sin ayuda...- Dijo ella sonriendo.

- ¿Ayuda de quien?. – Volvió a cuestionar el príncipe.

- Bueno...de una persona a quien ambos conocemos...y con la que has compartido los últimos quince días de tu vida...- Repuso Bulma intuyendo la reacción de él.

- ¡Kakarotto!. – Exclamó con sorpresa. – Maldito...él lo sabía todo y no me lo dijo...- Gruñó.

- Bueno..no fue así exactamente. Yo jamás hablé con nadie sobre ti. Según me ha dicho, lo descubrió casualmente en el viaje, y no te dijo nada, sencillamente, porque yo le hice prometer que no hablaría de mi con nadie. – Explicó ella tratando de calmarle.

- ¿Cómo os conocisteis?. – Repuso Vegeta aún asombrado.

- Hay una doctora llamada Chichi que trabaja conmigo en el hospital. Nos hicimos amigas, y un buen día, me lo presentó. Forman una linda pareja. – Terminó ella de contestar a su pregunta. - Por cierto...te felicito por tu victoria contra los rebeldes que querían derrocar a tu padre. – Dijo cambiando de tema al instante.

- No me fue muy difícil después de todo. Y quiero que sepas que cumplí mi promesa.- Exclamó el hombre con orgullo, mientras acariciaba con ternura la espalda femenina.

- Oí decir que tu esposa murió en el combate...Yo...lo siento...- Exclamó Bulma algo apesadumbrada.

- No deberías sentirlo. Syra fue una de las personas que intentaron matarte. – Replicó él con voz firme.

- Aún así...yo... – Siguió diciendo la mujer, para ser interrumpida finalmente por el príncipe:

- Ella, junto a Raditz y Kabark, planearon el ataque al laboratorio. Y además, se acostaba con ambos. – Dijo mientras una clara expresión de desprecio se marcaba en su rostro.

- ¿Tu la mataste?. – Preguntó Bulma temiéndose la respuesta.

- No. Fue Raditz el que acabó con su vida. Su honor de guerrera saiyajin le impidió rebelarse finalmente contra sus principios, y decidió luchar contra los que querían hacerse con el poder. – Contestó Vegeta notándose algo incómodo por el tema que estaban tratando.

- Hablas de ella como si te sintieras orgulloso...- Dijo la mujer, en un tono que mostraba un atisbo de celos en su forma de hablar.

Enseguida, él lo notó y quiso dejarle bien claro algunos puntos en relación a la que fuera su mujer:

- Te equivocas, Bulma. Solamente como guerrera saiyajin, quizá mereciera algo mi respeto, pero nunca lo tuvo como mujer ni como esposa...- Concluyó algo molesto por el comentario de Bulma.

Ella se dio por aludida, e inmediatamente, cambió el tema de conversación. De ningún modo quería que este momento tan maravilloso compartido junto a él, se estropeara. Además, aún no le había dicho nada sobre Trunks, y no quería hacerlo ahora. Tenía planeado llevarle mañana hasta su casa y que allí lo conociera.

- Bueno...lo importante es que venciste. Me alegro mucho de que estés aquí, Vegeta. Te amo...- Dijo acercando su rostro para besarle con dulzura.

- Yo...también..mujer..Bulma...- Contestó el saiyajin haciendosele difícil pronunciar estas palabras.

Ella se sintió enormemente feliz al escucharle, y se abrazó a él con fuerza. Se quedaron durante un rato en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos, hasta que finalmente, el sueño los invadió a ambos, rotos por el cansancio y las emociones que vivieron en este día..el día en que sus destinos volvieron a encontrarse...

-CONTINUARÁ-

Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.

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