Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 29

Momentos de dudas

Los rayos de sol se colaban directamente por entre las rendijas de la fina cortina que cubría el amplio ventanal. Bulma abrió los ojos lentamente, después de varios intentos, hasta que finalmente despertó del todo. Se descubrió a si misma tumbada sobre un costado de la cama, completamente desnuda entre las sábanas y su cintura enredada entre un fuerte y musculoso brazo. Se giró despacio hacia el lado contrario y sonrió con ternura sintiéndose completamente feliz al observar a su lado al causante de tanta dicha. El saiyajin dormía plácidamente, boca abajo, sin mover un sólo músculo. Solo su espalda se elevaba levemente al compás de su tranquila y serena respiración. Aquel rostro tan atractivo y ese perfecto cuerpo la mantenían como hipnotizada, sin poder apartar su vista de él. Podría tirarse horas viéndole dormir, sin preocuparse por nada más, pero el bullicio que se escuchaba desde la calle, le hacía intuir que hacía ya muchas horas que había amanecido y ella tenía una responsabilidad que atender: su hijo. Después de inclinarse hacia él y besarle suavemente en los labios, se decidió a levantarse, y con sumo cuidado, apartó el brazo de Vegeta, y se dispuso a salir de la cama. Se introdujo en el cuarto de baño, y quince minutos después salió para vestirse, extrañándose un poco al percatarse de que el príncipe no se había movido ni un centímetro de su posición y que continuara durmiendo como si nada. Durante todo el tiempo que estuvieron juntos en Vegetasei, siempre se despertaba el primero y su sueño se caracterizaba por ser extremadamente ligero. En esta ocasión, parecía como si le faltaran horas de sueño, y Bulma lo achacó a que tal vez estuviera derrotado por el viaje realizado durante tantos días en el espacio, por lo que se decidió a dejarle dormir durante un rato más. Pensó que lo mejor sería localizar un teléfono en esa enorme mansión y llamar a su casa para interesarse por Trunks y, de paso, informar a Kakarotto

y a Chichi de su intención de ir esta misma mañana hacia allí con Vegeta para que finalmente lo conociera.

Salió de la habitación y comenzó a bajar las escaleras. Al llegar abajo, se encontró con la esclava que la noche anterior les indicó a ella y a Kakarotto el camino para localizar la habitación de Vegeta.

- Buenos días. – Dijo mientras la mujer se quedaba parada frente a ella sin decir nada. – Por favor¿podría decirme donde puedo encontrar un teléfono?. – Pidió amablemente.

La rolliza mujer, ya entrada en años, la miró de arriba a abajo durante unos segundos, y con un claro gesto de desprecio reflejado en su rostro, le contestó:

- ¿Acaso crees que esto es un hotel?. – Dijo. – Vamos, lárgate. Tus servicios ya han finalizado por hoy. –

Bulma se quedó atónita ante la reacción de la esclava, pero después recordó lo sucedido la noche anterior con Kakarotto, y cómo, para poder entrar, hicieron creer a todo el mundo que se trataba de una prostituta solicitada por el príncipe. De todas formas, esa mujer no tenía ningún derecho a tratarla de ese modo, así que, se decidió a contestarla mostrando un claro enojo en sus palabras:

- Oiga, usted está equivocada. No es lo que usted piensa..y además, solamente necesito hacer una llamada urgente. –

- Y yo ya te he dicho que te marches, y será mejor que lo hagas cuanto antes. A los saiyajins no les gusta encontrarse a sus putas merodeando cerca de ellos después de haberlas usado. – Contestó la esclava.

Bulma ya no lo soportó más, y con furia, exclamó:

- ¿Pero como se atreve?. ¿Es que está sorda?. Ya le he dicho que...- De pronto sus palabras fueron interrumpidas por el sonido de las puertas que daban a la calle abriéndose de golpe. Tras ellas aparecieron dos soldados saiyajins, que al verlas, inmediatamente se dirigieron hacia la mujer más mayor:

- ¡Tu, esclava!. ¿Donde se encuentra el príncipe?. – Dijo uno de ellos de forma imperativa.

- Aún continúa durmiendo en sus aposentos, señor. – Contestó la mujer acercándose hasta ellos. - ¿Desea que le comunique su visita?. – Preguntó justo después.

- No es necesario. Cuando despierte, infórmale que ya está todo listo para emprender de nuevo su viaje a Vegetasei, y que puede salir esta misma mañana, tal y como él ordenó. – Dijo el saiyajin. –

Bulma se quedó atónita al escuchar dichas palabras. - ¿Va a marcharse..hoy?. ¿Por qué..por qué no me dijo nada?. – Pensó. – Entonces...¡eso significa que no tenía intención de reunirse conmigo y pensaba marcharse en cuanto despertara!..y sin embargo, no sólo no fue capaz de decírmelo anoche, sino que encima, aprovechó la

ocasión y se acostó conmigo...¡Maldito...maldito seas, Vegeta!...No puedo creerlo, no puedo creer que me hagas esto...- Se dijo a si misma, mientras el dolor de sentirse engañada se apoderaba de ella, conteniendo las lágrimas de impotencia y de rabia que luchaban por salir a flote.

- Si, señor. No se preocupe, se lo diré en cuanto lo vea. – Repuso la esclava.

Los dos hombres se volvieron dándole la espalda sin contestar siquiera, y salieron de nuevo por la puerta.

La esclava se volteó y, fijando de nuevo su vista en ella, exclamó:

- ¿Pero todavía estás ahí, niña?. Vamos, vete de una vez. El príncipe no tardará en despertar. – Dijo.

Bulma la miró, aún desconcertada, preguntándose como había sido tan estúpida de no darse cuenta de la realidad. No quería pasar ni un segundo más en ese lugar, tenía la necesidad de marcharse lejos de allí, alejarse cuanto antes de cualquier cosa que le recordara el grave error que había cometido al venir hasta aquí. Echó a correr hasta la puerta y salió de la enorme casa como si la vida le fuera en ello.

La esclava se quedó parada unos segundos, extrañada ante la reacción de aquella mujer. Finalmente, se encogió de hombros, y se dirigió hacia el pasillo que conducía a la cocina, olvidando al instante lo ocurrido.

Descendió con rapidez del vehículo, justo enfrente del portal de su casa. Abrió la puerta de su pequeño apartamento, y se dirigió con rapidez hacia el cuarto de su bebé. Se acercó a la cunita, comprobando que se encontraba dormido, y sin más demora, lo cogió entre sus brazos y lo apretó contra su pecho.

- Trunks..mi niño...- Dijo mientras un mar de lágrimas descendían sin cesar por su rostro. – No te preocupes..mamá ya está aquí...no volveré a dejarte solo nunca más...- Exclamó completamente abatida, con la mirada perdida.

- Bulma...¿qué te pasa?..¿qué es lo que ha ocurrido?. – Preguntó Chichi nada más aparecer por la puerta, preocupándose al ver a su amiga en ese estado. - ¡Kakarotto, ven!. Algo le ha pasado a Bulma...- Gritó sacando la cabeza a través del umbral, para justo después acercarse hacia ella.

- ¿Eh?..¡Bulma!...¿qué te sucede?. – Preguntó Kakarotto al entrar en el cuarto.

- ¿Tu...tu lo sabías?...¿Tu sabías que él se marcharía hoy?. - Preguntó la peliazul con la voz quebrada, dirigiéndose hacia el saiyajin.

Kakarotto la miró con tristeza. Al parecer, se había equivocado y Vegeta no había cambiado de opinión. Creyó que en cuanto la viera, desistiría de esa idea, pero no había sido así. Se sintió fatal, porque de haberlo sabido, no hubiera convencido a Bulma para que fuera a reunirse con él, y al menos, le hubiera ahorrado el mal trago que en estos momentos estaba pasando.

- Lo...lo siento, Bulma...Yo..creí que...- Dijo sin saber que decir. Al momento, ella le interrumpió diciendo:

- Debiste decírmelo, Kakarotto...- Exclamó con seriedad. – Ahora, si no os importa, me gustaría estar a solas con mi hijo..- Terminó de decir sentándose en la cama con su pequeño en brazos. Estaba enojada con él. Si se lo hubiera advertido, jamás hubiera corrido a reunirse con él, hubiera dejado las cosas tal y como estaban, y su orgullo hubiera seguido intacto.

Kakarotto intentó decir algo, pero Chichi le detuvo negando con la cabeza. El hombre salió de la habitación con la cabeza baja y ella se quedó unos segundos mirando a su amiga antes de disponerse a abandonar también la habitación.

- Bulma...sentimos mucho lo que ha ocurrido. Jamás haríamos nada que pudiera lastimarte. Si necesitas algo...ya sabes donde estamos...- Exclamó justo antes de salir.

La pareja había abandonado ya el apartamento de Bulma y acababan de regresar a la casa que habían compartido hasta que Kakarotto tuvo que marcharse hacia Vegetasei. Durante el camino, se mantuvieron en silencio, cada uno de ellos sumido en sus propios pensamientos.

- ¡Maldito Vegeta!. ¿Cómo ha podido hacerle esto?. – Dijo Kakarotto mientras observaba a Chichi sacar su ropa de la maleta para ir guardándola en el armario. – Iré ahora mismo a hablar con él antes de que se vaya. – Exclamó.

- No, no irás. ¿Es que te has vuelto loco?. No debemos meternos más. Ya hemos cometido bastantes errores¿no crees?. – Replicó Chichi.

- Pero...no lo entiendo, Chichi. La única razón por la que viajó hasta aquí, era para reunirse de nuevo con ella. ¿Por qué demonios ahora se marcha así..sin más..?. No tiene ningún sentido..- Exclamó Kakarotto.

- No lo sé, tendrá sus motivos, Kakarotto. – Dijo ella. – Lo mejor será que nos mantengamos al margen. Bulma es fuerte y lo superará, ya lo verás. – Repuso la mujer.

El no dijo nada y se sentó en la cama. Chichi tenía razón. Ahora más que nunca ella necesitaría de su ayuda para salir adelante de nuevo.

- Cariño...yo me voy al hospital a trabajar. Mis pacientes no tienen la culpa de todo esto...- Comenzó a decir Chichi cogiendo su bolso.

- Si..eso es cierto. Yo también me marcho. Tengo que ponerme al día con los otros soldados. – Contestó Kakarotto sin muchos ánimos.

El príncipe, aún sin despertar del todo, se giró quedando boca arriba sobre el colchón. Sintió como los rayos del sol impactaron directamente en sus ojos, causándole una leve molestia. Finalmente, consiguió abrirlos y se encontró completamente descansado por haber dormido tan bien después de tanto tiempo sin hacerlo. De pronto, se giró y se encontró solo en la cama. Gruñó un poco molesto al no encontrarla a su lado, puesto que las ganas de volver a abrazarla y sentirla en sus brazos comenzaban a aflorar de

nuevo. Se levantó y se dirigió al cuarto de baño, esperando verla allí, pero no..no estaba. Aquello comenzó a extrañarle. No entendía por que no le había despertado ni tampoco donde podía estar. Un escalofrío le recorrió la espalda de repente. Algo no estaba bien. Se vistió rápidamente y salió de la habitación bajando las escaleras.

Caminó por un pasillo y entró a la cocina encontrándose de frente a la esclava que discutió con Bulma unas horas atrás.

- Buenos días, señor. Espero que haya dormido bien. – Dijo agachándose nada más verle. – Hace un rato estuvieron aquí unos soldados preguntando por usted y...-

- ¿Dónde está?. – Preguntó el príncipe interrumpiéndola.

La mujer se asustó un poco, y empezó a ponerse nerviosa.

- Bueno...ellos se marcharon, pero me dijeron que le comunicara que...- Dijo creyendo que él se refería a los dos saiyajins.

- ¿Donde está ella?. – Gritó esta vez el príncipe, bastante enojado.

- ¿A...a quien se refiere, señor?. – Repuso la esclava sin comprender aún.

Vegeta apretó los puños, y visiblemente irritado, dijo:

- A la mujer que vino anoche. ¡Contesta!. – Le increpó de forma amenazadora.

La esclava dio un salto, estremeciéndose ante la furia del hombre que tenía delante.

- Se...se fue, señor...- Contestó con la voz entrecortada.

- ¿Como que se fue?. ¿A donde?. – Gritó nuevamente el príncipe.

- No...no lo sé...- Repuso la mujer totalmente atemorizada.

- ¿No dijo donde iba, ni si iba a volver?. – Volvió a preguntar Vegeta, esta vez de forma más calmada.

- No...eso no lo dijo..- Dijo ella. - Ahora recuerdo que..me pidió que le dejara usar el teléfono...y cuando iba a hacerlo.. – Mintió. - ...entraron aquellos soldados...-

- ¿Y qué demonios querían?. – Replicó el príncipe de forma imperativa.

- Vinieron para decirle que...su nave ya estaba preparada para que esta misma mañana... regresara de nuevo a su planeta, señor. – Se explicó la mujer. - Y cuando ellos se marcharon...a los pocos segundos...ella salió con bastante prisa de la casa y se fue sin decir nada.- Terminó de decir la esclava, observando la reacción del príncipe, el cual se quedó inmediatamente en silencio, y ya sin prestarla ninguna atención.

Así que ese es el motivo. Escuchó lo de su marcha y, en vez de hablarlo con él, decidió irse sin decir nada. ¿Y ahora cómo demonios iba a localizarla?. Gruñó. Esa era una de las pocas cosas que no le gustaban de ella: su afán por sacar sus propias conclusiones y su forma de actuar tan impulsiva e impetuosa ante situaciones que no le eran favorables. Aunque en esta ocasión, tal vez tuviera algo de razón. Debió decirle anoche que si no llega a ser porque ella se presentó ante él, con total seguridad hoy se habría marchado sin buscarla, pero en el mismo instante en que sus ojos la vieron, su decisión cambió por completo. Pero claro, eso ella no lo sabía. Seguramente, en estos momentos, por su mente estaban circulando miles de ideas equivocadas con respecto a lo que ocurrió anoche, preguntándose si él fue del todo sincero cuando le hizo saber lo que sentía por ella. Necesitaba encontrarla y aclararle todas esas dudas que se cernían por su cabeza. Salió de la mansión ignorando completamente a los soldados apostados en la puerta, y se elevó hacia el cielo, sin tener ninguna idea de qué camino tomar. De pronto, recordó una frase que ella pronunció esa misma noche:

- Hay una doctora llamada Chichi que trabaja conmigo en el hospital. Nos hicimos amigas, y un buen día, me lo presentó. Forman una linda pareja. -

Eso es. Iría hasta ese hospital. Ese era su lugar de trabajo, y tal vez estuviera allí.

La doctora Chichi, después de haber concluido su ronda de visitas a las habitaciones de los pacientes, se dirigió a su despacho para empezar a pasar consulta. Abrió la puerta, casi por inercia, y entró, cerrándola de nuevo. Al volverse para dirigirse hacia su mesa, se asustó al encontrarse en el interior a un hombre al que no conocía. Enseguida supo que se trataba de un saiyajin, el cual apoyaba su cuerpo en una de las paredes y mantenía sus brazos cruzados. Sintió un escalofrío al notar su fría mirada clavada totalmente en ella, y su instinto le obligó a dirigirse a él del siguiente modo:

- ¿Quién es usted?. ¿Qué es lo que quiere?. – Preguntó con decisión.

Vegeta se separó de la pared, y anduvo un par de pasos. Se detuvo y contestó:

- No tengo tiempo de presentaciones, mujer. Solo necesito que me digas donde está. – Dijo con seriedad.

- ¿Dónde está quien?. – Preguntó Chichi. - Creo que se ha equivocado de persona..-

- Bulma. Dime donde puedo encontrarla y me iré. – Dijo el príncipe acercándose un poco más hacia ella.

A Chichi ya no le quedó duda ninguna de que el hombre que tenía delante era el mismísimo príncipe de los saiyajins, Vegeta. No solo por el hecho de que preguntara por Bulma, sino porque indudablemente percibía algo en él que claramente le diferenciaba del resto de saiyajins. Pero aún así, no estaba dispuesta a dejarse intimidar por él y mucho menos iba a decirle el paradero de su amiga sin una buena razón para ello.

- No acostumbro a dar a nadie ese tipo de información sobre mis pacientes o sobre mis compañeros. Y ahora, por favor, márchese. Tengo mucho trabajo. – Repuso pasando por delante de él y sentándose en su mesa.

El príncipe frunció el ceño. Se colocó frente a la mesa, apoyó sus manos en ella e inclinando su torso hacia la mujer, contestó:

- Está claro que no lo has entendido, mujer. No me iré hasta que no me digas lo que quiero saber.- Dijo algo enojado.

Chichi lo miró con desprecio. Aquél hombre la estaba comenzando a poner nerviosa con su maldita arrogancia. No podía entender qué había visto su amiga en un tipo como este. Enfurecida por la actitud del saiyajin, no pudo evitar decirle todo lo que pensaba:

- ¿Por qué no la dejas en paz?. ¿No crees que ya le has hecho sufrir bastante?. – Dijo alzando la voz, sin importarle el hecho de tutearle. - Coge esa maldita nave y desaparece para siempre de su vida.- Exclamó levantándose de repente del sillón.

- No tengo intención de hacer nada de eso, y mucho menos porque una mujer insignificante como tú me lo ordene. – Replicó el príncipe enfurecido.

- Entonces...¿por qué le dijiste que te ibas?. – Preguntó Chichi.

- Yo no le dije tal cosa. Escuchó una maldita conversación entre mis soldados y tomó sus propias conclusiones. – Contestó el saiyajin, bastante incómodo al tener que dar ningún tipo de explicación a la mujer que tenía enfrente.

- Eso quiere decir...que cambiaste de opinión...Y ella no lo sabe...- Dijo algo sorprendida.

- No. No lo sabe. Por eso tengo que hablarlo con ella. Dime de una maldita vez donde está. – Repuso el príncipe comenzando a ponerse nervioso.

- Está...está en su casa...- Comenzó a decir Chichi. - Al menos es ahí donde se quedó después de que nosotros nos fuéramos esta mañana. –

Vegeta se serenó un poco. Volvió a cruzar los brazos y dijo:

- Bien. Pues llévame hasta allí. – Repuso casi en una orden.

- ¿Qué?. No puedo abandonar mi trabajo. Mejor te doy la dirección y vas tú solo. – Contestó ella cogiendo un bloc de notas y un bolígrafo.

- ¿Olvidas que no conozco esta ciudad?. No puedo perder el tiempo buscando su casa, así que, tú vendrás conmigo, mujer. – Replicó el saiyajin agarrando de un brazo a la mujer y caminando fuera de la sala, ignorando por completo sus protestas.

Salieron del hospital y llegaron a la salida. Y nada más salir a la calle, escucharon decir a su izquierda:

- ¡Vegeta!...Suéltala.- Dijo Kakarotto alzando la voz. Acababa de llegar al hospital para visitar a Chichi y se encontró nada más llegar, al príncipe agarrándola del brazo de forma poco sutil.

Los dos se detuvieron y se giraron hacia él. Chichi, viendo la expresión dura marcada en el rostro de su amado, se decidió a intervenir antes de que la cosa pasara a mayores:

- No pasa nada, cielo. Solo quiere que le lleve hasta la casa de Bulma. Ha habido un malentendido y necesitan aclararlo. – Explicó la mujer.

- Si. Y será mejor que no te metas en esto, Kakarotto. – Repuso el príncipe. - ¡Vamos, no hay tiempo que perder!. – Exclamó dirigiéndose hacia la mujer, mientras le indicaba con un gesto que subiese al vehículo aparcado frente al hospital.

- Yo te llevaré, Vegeta. – Dijo Kakarotto. - Iremos volando y llegaremos más rápido. – Concluyó fijando su vista en él.

- De acuerdo. Por una vez has dicho algo inteligente, Kakarotto. – Repuso Vegeta de forma irónica. –

- Sígueme. – Dijo Kakarotto haciendo caso omiso a su comentario. - No está muy lejos. – Dijo alzando el vuelo. El príncipe se situó detrás de él y salieron volando a toda rapidez de allí.

Kakarotto se detuvo justo enfrente del edificio donde se encontraba el apartamento de Bulma. Descendió hasta el suelo y Vegeta lo imitó haciendo lo mismo.

- Está en el tercer piso. Es la puerta marcada con la letra A. – Repuso el joven saiyajin nada más llegar.

El príncipe no dijo nada y comenzó a andar en dirección al portal.

- Vegeta..- Exclamó el joven saiyajin, haciendo que el otro se girara para mirarle.- Bulma es una gran mujer. Espero que sepas tratarla como se merece. –

Vegeta fijó su vista en el durante unos segundos, y al instante, se adentró en el edificio sin contestarle siquiera.

Bulma acababa de dar el biberón al pequeño Trunks y lo había dejado descansar de nuevo en su cunita. Salió de la habitación sin hacer ruido y cerró la puerta con cuidado. Triste y cabizbaja, caminó hasta el salón y allí se sentó en uno de los sofás. No podía quitarse de la cabeza lo que le había sucedido en estas últimas horas: la noticia del regreso de Vegeta...el reencuentro con él...la desilusión de esta misma mañana...Empezaba a pensar que tal vez debería haberlo discutido con él antes de marcharse de la casa de esa forma. Anoche le había dicho por primera vez que la amaba, y Vegeta no es de esas personas que dicen las cosas por decir...Tal vez esa fue su manera de despedirse para siempre de ella...Si...eso sería lo más probable...

De pronto, llamaron a la puerta, y se extrañó al no esperar la visita de nadie. Se dirigió hacia allí y abrió, encontrándose con el príncipe, cuyo semblante serio y su ceño fruncido le hacían sospechar que estaba enojado.

- ¿Qué es lo quieres?. No era necesario que vinieras a despedirte. – Dijo Bulma, tratando de controlar su nerviosismo.

- Ya. Es mucho mejor lo que tú has hecho esta mañana. Marcharte sin avisar. – Contestó Vegeta de forma ruda. Inmediatamente, pasó por delante de ella y entró a la casa sin esperar el consentimiento de ella.

Bulma se enfureció por el comentario de él, y dejando salir a flote su orgullo, replicó:

- ¿Y para qué iba a decir nada?. ¿Para que pudieras despedirte de mi echando otro polvo antes de que te fueras?. No, gracias.- Exclamó cerrando la puerta. Lo que menos le apetecía era que los vecinos escucharan la conversación.

Vegeta frunció el ceño, molesto por las palabras pronunciadas por ella. Dispuesto a llegar hasta el fondo del asunto, dijo:

- ¿Ves, mujer?. Ese es tu problema: Tienes la mala costumbre de tomar medidas con antelación. Te inventas situaciones y formas de actuar sobre mí, y después me juzgas como si realmente hubieran sucedido.- Repuso a modo de crítica.

- Si no ha sucedido así, ha sido porque yo lo he evitado. Esa es la verdad. – Contestó ella completamente convencida de sus palabras.

Vegeta no podía creer lo testaruda que era. Ya casi había olvidado ese carácter casi indomable que la caracterizaba y que, con toda probabilidad, era una de las cosas que más le llamaron la atención de ella. Recordó por un instante como ella fue la primera mujer que tuvo el valor de plantarle cara y el claro desconcierto que este hecho provocó en él. Aunque en numerosas ocasiones, le divertía hacerla enojar, esta vez no tenía ganas de alargar más la discusión, así que, trató de explicarse de la siguiente manera:

- Te equivocas, Bulma. Solo debo darte la razón en una cosa: Si no te hubieras ido, te hubiera hecho el amor esta mañana (no un polvo como tú dices), pero no para despedirme de ti, si no para darte los buenos días. – Dijo en un tono más calmado.

La mujer levantó ambas cejas en señal de sorpresa. Confundida por el comentario del príncipe, preguntó:

- ¿Qué..qué quieres decir?. – Exclamó con algo de inquietud.

- Lo que has oído. No existía ningún motivo para despedirme de ti, por la sencilla razón de que no tenía intención de marcharme a ningún sitio. – Contestó Vegeta creyendo dar por concluido el malentendido.

- Pero...pero Kakarotto me lo confirmó..y esos soldados dijeron que...- Replicó la mujer con algo de desconcierto.

- Y no mintieron. – Le interrumpió Vegeta observando el rostro confundido de Bulma. Caminó hasta una de las paredes y se apoyó en ella, adoptando su postura habitual. – Lo cierto, es que antes de verte, mi decisión era la de regresar cuanto antes a Vegetasei. Salí de mi planeta con un único fin: recuperarte. – Dijo resignado a relatarle toda la verdad. - Pero al ir pasando los días, diversas ideas pasaron por mi mente que me hicieron dudar. Comencé a pensar que tal vez hubieras conseguido rehacer tu vida, y que incluso tuvieras a tu lado a otro hombre, olvidándote por completo de mi y de

nuestra relación. Por más que lo meditaba, siempre llegaba a la misma conclusión: De ninguna manera, haría nada que pudiera perjudicarte, y si mi regreso podría constituir una razón por la que tu vida se enturbiara de algún modo, no me lo perdonaría jamás. Así que, la única solución que encontré era marcharme por donde había venido y dejar las cosas como estaban, por muy doloroso que eso significara para mí. – Terminó de decir. Durante todo el rato que estuvo hablando no se atrevió a mirarla a la cara ni una sola vez. No sabía por qué...pero una sensación de alivio le recorrió todo el cuerpo.

- Vegeta...- Susurró ella acercándose hasta él.

Esta vez, no pudo evitar fijar su vista en aquellos hermosos ojos azules que parecían iluminarlo todo con su brillo. Se separó de la pared, y se situó justo enfrente de ella. Tan sólo les separaban unos centímetros, pero ninguno de los dos apartó su mirada del otro.

- Mujer...no creí necesario decírtelo porque todo eso cambió desde el primer momento en que te vi. Al mirarte, todas mis dudas se despejaron al instante y eliminé por completo la idea de regresar hoy a Vegetasei. – Repuso Vegeta sin moverse del sitio.

- Yo...siento haber sido tan estúpida...siento haber salido corriendo de esa forma..- Exclamó Bulma abrazándose a él con fuerza mientras un par de pequeñas lágrimas recorrían su mejilla.

El correspondió a su abrazo y cerró los ojos, estremeciéndose un poco al sentir el calor del cuerpo de la mujer aferrado al suyo.

- Bueno..al menos me ha servido para saber donde vives..- Dijo él sonriendo. – Estás preciosa¿lo sabías?. – Exclamó agarrándola suavemente de la barbilla, para observarla mejor.

Ella le devolvió la sonrisa y dijo:

- Y tú terriblemente guapo...- Repuso mientras sus labios se sellaban.

Lentamente, fueron acercándose hasta la pared, logrando quedar la espalda de Bulma apoyada en ella.

- Hmmm..ya que estoy aquí...¿por qué no me muestras tu habitación?. – Susurró Vegeta mientras comenzaba a besarle el cuello con pequeños roces de sus labios.

- Si..si lo deseas...a partir de ahora, también será la tuya...- Dijo ella entre suspiros.

- Pues con más motivo debes llevarme hasta allí...ahora...- Contestó él alentado por la idea de volver a tenerla entre sus brazos lo antes posible. Sus manos comenzaron a deslizarse por debajo del vestido de la mujer, acariciando con suavidad sus muslos.

De pronto, Bulma cayó en la cuenta de que ya no podía esperar más para comunicarle lo de Trunks. Su corazón comenzó a latir con fuerza, y le dijo:

- Antes de eso...tengo...tengo...que presentarte a alguien con urgencia...- Repuso ella tratando de captar su atención.

El hombre suspiró en señal de desaprobación. Sin dejar de besarla y acariciarla, acercó sus labios a su oído y, con la respiración algo agitada, dijo:

- Bulma...podrás presentarme a todo el planeta si eso es lo que deseas...pero por ahora tendrán que esperar...- Susurró para justo después enterrar su boca en la de ella.

- No...Tiene que ser ahora...- Dijo ella al terminar de besarse. – El está aquí..y dentro de poco reclamará mi atención...- Concluyó esperando la reacción de el saiyajin.

- ¿Él?. – Exclamó Vegeta incorporándose un poco. - ¿Y has dicho que está aquí?. – Preguntó extrañado mirándola a la cara.

Bulma asintió con una sonrisa. Los dos separaron sus cuerpos a la vez, y ella, lo agarró de la mano.

- Vamos...ven...- Le dijo sin dejar de sonreírle, y comenzó a caminar a través del pasillo, haciendo que él la siguiera.

-CONTINUARÁ-

Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.

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