Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.
Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".
Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.
Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.
Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.
Gracias.
Grisell Morgan,
Aka. Odette Vilandra.
SUMMARY ORIGINAL:
Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos
Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.
CAPITULO 30
Elegir un camino nunca fue fácil
Bulma se detuvo nada más llegar hasta la puerta de la pequeña habitación. Vegeta, que aún mantenía su mano amarrada a suya, la observó extrañado y algo preocupado al notarla nerviosa e inquieta. Ella, lo miró sonriéndole durante unos segundos, y justo después, se giró, abrió la puerta y entró, seguida por el príncipe a sus espaldas.
El cuarto estaba sutilmente iluminado por la luz del sol que se filtraba a través de la persiana y las cortinas. La decoración estaba compuesta, en su mayoría, de pequeños muebles y accesorios infantiles. Decenas de peluches y juguetes se distribuían perfectamente colocados en varias estanterías colgadas de las paredes, y al fondo, se encontraba una preciosa cuna, la cual fue el centro de atención de los dos visitantes nada más entrar.
Bulma soltó su mano de la del príncipe y se acercó hasta allí. Miró al interior de la cuna unos segundos, sonrió con ternura y volvió a fijar su vista en el príncipe, el cual se mantenía aún en el umbral de la puerta. Con un gesto, le indicó que se acercara y él, desconcertado y en silencio, obedeció comenzando a caminar lentamente hasta llegar a situarse al lado de la mujer. Nada más llegar, fijó su vista al interior y entonces lo vio. El pequeño bebé dormía con tranquilidad, tumbado boca arriba y las sábanas le tapaban hasta la mitad de su diminuto cuerpo. Continuó observándolo durante unos segundos más, hasta que Bulma rompió el silencio, y en voz baja, dijo:
- Su nombre es Trunks...y es tu hijo, Vegeta...nuestro hijo...- Susurró sintiéndose aliviada, liberada, casi desfalleciendo de emoción. Jamás creyó poder pronunciar estas palabras, había perdido la esperanza de algún día poder hacerlo.
Vegeta la miró desconcertado, sorprendido, sin poder salir de su asombro. Ninguna frase ni concepto podía salir de sus labios, mientras su mente trataba poco a poco de
asimilar las palabras que acababa de escuchar...Volvió a fijar su vista en el niño prestándole más atención, observándole ahora con mucho más detalle.
Bulma descifró en su comportamiento las miles de preguntas que con toda probabilidad pasaban sin cesar por la mente del príncipe, y deseando contestar a todas ellas, dijo:
- Supe de mi embarazo a los dos meses de llegar a la Tierra. – Repuso algo nerviosa. – Si no llega a ser por la ayuda que me prestaron Chichi y Kakarotto, no se que habría hecho...-
- ¿Alguien más...lo sabe?. – Preguntó en voz baja Vegeta sin dejar de mirar al bebé.
Bulma se desconcertó un poco ante esta pregunta, e inmediatamente contestó:
- No..claro que no.. – Dijo observando la expresión de Vegeta. Estaba serio, demasiado como para no darse cuenta de que algo le rondaba por la cabeza. Se le veía preocupado, y a la vez, confuso. Imaginó que necesitaba tiempo para asimilarlo, o al menos eso quería creer. De pronto, él se volvió hacia ella. La respiración de Bulma se agitó, y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas justo cuando él clavó su penetrante mirada en ella, sintiéndola fría...distante. No podía ser...no podía ser que a él solo le preocupara el hecho de que se hiciera pública su paternidad. Casi como en un impulso, salió de la habitación corriendo...
Llegó hasta el salón, con el corazón latiéndole a toda velocidad, sentía que le faltaba el aire, y posó sus manos en su rostro, en señal de desesperación, de angustia..
- Bulma...- Escuchó a sus espaldas.
Ella no quiso volverse. Mantuvo su postura sin moverse, no queriendo encontrarse de nuevo con sus ojos, ni con lo que había logrado leer en ellos durante un instante.
- Yo...lo siento..- Dijo él. – No debí preguntar eso...- Repuso tratando de explicarse.
Ella continuó dándole la espalda, y con la voz quebrada, exclamó:
- ¿Y por qué no?...Es normal que fuera lo primero que te preocupara. Al fin y al cabo, sería una vergüenza que se supiera que el príncipe de Vegetasei tiene un hijo híbrido con una insignificante esclava de una raza inferior...- Dijo con amargura.
- No digas eso...sabes de sobra que yo no pienso de esa manera...- Replicó Vegeta algo molesto.
Ella se giró hacia él, y alzando un poco más el tono de voz, le contestó:
- Quizá tu no pienses así...pero...¿y el resto de tu pueblo?..tus leales súbditos...tu padre...¿acaso no sería exactamente eso lo que ellos pensarían?. – Dijo con rabia en sus palabras.
- Sus opiniones no me importan, mujer. Ya deberías saberlo. – Exclamó el príncipe
- Pues no lo pareció hace un momento, Vegeta. – Gritó ella desesperada.
El saiyajin se quedó en silencio unos instantes mientras observaba como Bulma se sentaba en el sofá tratando de calmar sus nervios. Sabía que estaba dolida, muy dolida. ¿Pero qué esperaba?..Nunca imaginó encontrarse con una noticia de estas características, y no es que le molestara el hecho de ser padre y mucho menos del hijo de ella, sino que esto iba a complicar aún más las cosas. Odiaba verla así, y más si era él el culpable de su estado. Todavía le costaba entender su naturaleza terrícola, esa necesidad que tienen los humanos de escuchar y sentir a cada momento los sentimientos de otros hacia ellos mismos. Al parecer, ella esperaba otra reacción de él, y ahora se sentía defraudada. Pensó detenidamente que palabras usar para intentar explicarse, y cuando las encontró, dijo:
- De acuerdo. Confieso que un principio fue eso lo que pasó por mi mente. Pero entiéndelo, mujer...no me lo esperaba...Ya te he dicho que lo siento...- Repuso con voz calmada.
- Y yo siento que hayas tenido que pasar por esto, Vegeta...- Contestó ella. - Todo...todo ha sido un maldito error...- Dijo mientras secaba sus lágrimas.
Al príncipe le molestaron estas últimas palabras. Se sentó en el sofá de enfrente, y mirándola directamente a los ojos, exclamó:
- No estás siendo justa conmigo, ni contigo misma...Bulma...- Exclamó.
- No se trata de ser justa, sino de ser realista...- Dijo devolviéndole la mirada. - Lo he visto en tus ojos, Vegeta...las dudas...el temor...No es algo que yo me haya inventado. – Repuso con la voz quebrada.
- ¿Dudas?...Te equivocas. No tengo dudas en lo que se refiere a mi paternidad, si es eso lo que crees. Sé que es mi hijo. Lo supe nada más verle..- Dijo con voz grave. - ¿Temor?...tal vez...temor a lo que hubiera podido pasar si se hubiera llegado a saber de su existencia unos meses atrás...¿Acaso no lo tuviste tú y por eso has tratado de ocultarlo a todo el mundo, incluso a tus amigos?.- Continuó diciendo, esta vez con el tono de voz un poco más alto. - Es más..estoy casi convencido de que ni siquiera ahora permitirías que se hiciera público..¿o me equivoco, Bulma?. – Terminó de decir esperando una respuesta.
- ¿Lo permitirías tú, Vegeta?. – Exclamó ella de inmediato.
- Solo si decidieras regresar a Vegetasei conmigo y convertirte en mi esposa...- Repuso él sin dudarlo, como si supiera de antemano lo que ella iba a preguntarle.
- ¿Qué...qué has dicho?. – Dijo ella totalmente desconcertada, sin todavía creer lo que acababa de escuchar.
- Creo que he sido bastante claro, mujer. Ahora depende de ti. – Contestó Vegeta.
Bulma estaba segura de que Vegeta hablaba en serio. No esperaba que él le pidiera algo así, y jamás pensó que podría ser posible. Intentó buscar una explicación a su actitud y no se le ocurrió otra cosa nada más que contestar:
- Pero...pero eso es una locura...Además, no debes sentirte obligado a ello sólo por el hecho de que ahora sepas lo de Trunks...- Dijo aún sorprendida.
- Sabía que dirías eso...- Repuso él con una sonrisa forzada. - Trata de buscar otra excusa para rechazar mi propuesta, Bulma. Esa no tiene ningún fundamento, y lo sabes...- Finalizó con seguridad.
Tenía razón. Nada en todo el universo haría que Vegeta se sintiera obligado a hacer algo que él no quisiera. Si le estaba pidiendo que fuera su esposa era simplemente porque él lo deseaba, y al parecer, lo tenía bastante claro. En estos momentos, Bulma no sabía qué decir ni qué hacer, estaba confusa y aturdida. Tenía mucho qué pensar, y no quería precipitar su respuesta todavía. Bajó la cabeza, preocupada. No quería enfrentar su mirada con la de él, no ahora...
Vegeta enseguida se percató de su estado. El ya se esperaba ese tipo de reacción por parte de Bulma. Se levantó del sofá y observando su rostro cabizbajo, dijo:
- Está bien, no voy a exigirte una respuesta ahora mismo.- Repuso. - Tengo la intención de quedarme unos días más en la Tierra. – Dijo con voz firme. - Lo creas o no, Bulma...me siento orgulloso de ser el padre de tu hijo...- Exclamó mientras se dirigía a la puerta que daba a la calle.
Bulma levantó la cabeza de inmediato observando como él se dirigía a la salida, y sin más demora, preguntó:
- ¿Dónde...donde vas?. – Dijo con voz triste.
Vegeta se giró y dijo:
- Tengo que ir a la base militar a anular la orden de mi vuelta hoy. Además, voy a solicitar que dos soldados custodien tu casa día y noche. – Exclamó sin apartar su vista de ella.
- No, por favor. No quiero sentirme vigilada a todas horas como cuando estuve en Vegetasei. – Dijo ella levantándose y acercándose hasta donde él estaba.
- Bulma, vives sola aquí con el niño. Es peligroso. Ya has corrido demasiado riesgo durante todo este tiempo. – Repuso él.
- No tuve más remedio. Por favor, no lo hagas. – Dijo ella situándose a unos pocos centímetros de él. - Además...ya estás tu aquí para protegernos...no..no necesito a nadie más...- Exclamó clavando sus azules ojos en los azabaches de él, queriendo dejarle claro que deseaba que él pasara estos días en su casa, junto a ella y el niño.
Vegeta lo captó al instante y no tuvo más remedio que resignarse ante la petición de ella. Lo cierto es que mientras él estuviera con ellos, no corrían ningún peligro y además, estaba deseando convivir junto a ella durante su estancia en la Tierra.
- Como quieras...- Dijo. – Te veré dentro de unas horas. – Exclamó dándose la vuelta para marcharse.
- Vegeta...- Dijo ella. El príncipe se volteó de nuevo, y de pronto, ella le abrazó. El correspondió a su abrazo, y se miraron durante unos segundos hasta que acercaron sus rostros y se besaron con ternura. Al finalizar el beso, y sin decir una palabra más, se separaron y el saiyajin salió de la casa, dejando allí a Bulma con muchas cosas en las que pensar.
Pasaron diez días desde que Vegeta lanzara su proposición de matrimonio a Bulma, y durante este tiempo, ninguno de los dos había vuelto a retomar el tema. Durante el día, Bulma se dedicaba a cuidar a Trunks y, de vez en cuando, solía pasarse por el hospital a visitar a Chichi. Vegeta se dirigía todas las mañanas a la base militar donde junto a los saiyajins de más alto cargo tomaba decisiones y daba órdenes en todo lo referente a la colonia, y donde también se informaba de nuevas noticias que pudieran llegar de Vegetasei. Al caer la tarde, dedicaba la mayor parte del tiempo a entrenar en una sala dedicada especialmente para ello, y casi todos los días lo hacía junto a Kakarotto, y esto unido a la amistad que el joven saiyajin compartía con Bulma, hacía que la relación entre ambos hombres se fuera estrechando cada vez más.
Cada día que pasaba, el príncipe se convencía más de que Bulma jamás llegaría a aceptar su propuesta, aunque aún albergaba alguna esperanza. Comenzaba a impacientarse por la incertidumbre, pero su orgullo no le permitía volver a insistirle aún, así que, decidió esperar unos días más con la confianza de que fuera ella quien le comunicara su decisión. Esta última semana había sido la mejor época de toda su vida, aunque de alguna manera extrañaba su planeta, los combates, sus costumbres, incluso a Nappa, aún sabiendo la opinión que éste tendría sobre sus planes de matrimonio. Sabía que no podría estar mucho más tiempo en la Tierra, porque jamás llegaría a acostumbrarse a llevar una vida pacífica como la de los terrícolas, dado que su naturaleza saiyajin le obligaba a necesitar pelear, luchar, a sentir la adrenalina correr por sus venas en mitad de un combate. Pero, por otro lado, la necesitaba a ella, a su hijo...su familia...y la única manera de tenerlo todo era que ella aceptara regresar junto a él. No le importaba el impacto que pudiera causar en todo el imperio la noticia de su unión con una mujer de una raza inferior a la suya, y mucho menos el proclamar como su heredero a su hijo, un híbrido mitad saiyajin-mitad humano. Era su decisión y lucharía contra todo y aquellos que trataran de impedírselo, incluido su padre, el Rey.
Por otra parte, Bulma sabía que Vegeta esperaba impaciente su respuesta. Le conocía lo suficiente como para saber que el orgullo que le caracterizaba le impedía tratar de convencerla o retomar el tema sin tener clara la decisión que ella había tomado. Durante estos días la felicidad había llamado de nuevo a su puerta, y por primera vez desde que los saiyajins conquistaran su planeta, había vuelto a sentir la satisfacción de pertenecer a una familia. Adoraba los momentos en los que los tres se encontraban reunidos en casa, y aunque se notaba que a Vegeta le costaba adaptarse, valoraba el esfuerzo que él hacía intentando comportarse como un padre para Trunks. Por supuesto, él no se ocupaba de alimentarlo ni tampoco de cambiar pañales, pero en ocasiones, lo había sostenido entre sus brazos mientras ella le preparaba el baño o el biberón, y muchas noches, cuando Trunks despertaba y comenzaba a llorar, él era el primero en acercarse a la habitación del pequeño para comprobar si estaba bien.
Pero Bulma era consciente de que esa felicidad solo era pasajera. No faltaba mucho para que Vegeta le comunicara su regreso a Vegetasei, y ella tendría que decidir si acompañarle o no.
Aquél día, por la mañana, Vegeta se encontraba entrenando junto a Kakarotto en la base militar. Estaba algo furioso porque unos minutos antes le entregaron un comunicado recibido desde Vegetasei en el que su padre reclamaba su regreso lo antes posible. Al parecer, y debido a la guerra, el imperio había sufrido bastantes pérdidas económicas, y se necesitaban nuevas conquistas para recuperar el daño material. Pensando en todo esto, no lograba concentrarse lo suficiente en el entrenamiento, y Kakarotto lo notó enseguida:
- ¿Qué ocurre, Vegeta?. – Dijo el joven saiyajin mientras esquivaba sin mucho esfuerzo uno de los ataques del príncipe.
Vegeta le miró, dejando atrás por unos segundos sus pensamientos, y contestó:
- ¿A qué te refieres, Kakarotto?. No me ocurre nada. – Exclamó algo ofendido por haber sido descubierto.
Kakarotto descendió hasta el suelo y se acercó hasta él, colocándose a poca distancia.
- Venga ya...Llevamos un buen rato entrenando y creo que hasta un terrícola lo hubiera hecho mejor que tú. – Dijo de forma irónica.
- La culpa es tuya, Kakarotto. Si no fueras tan débil, no tendría que andar midiendo mis fuerzas para no acabar lastimándote. – Repuso el príncipe.
Kakarotto rió a carcajadas y dijo:
- Tú y tu arrogancia, Vegeta. Nunca cambiarás. – Contestó. – Bueno..¿vas a contarme lo que te preocupa o no?. – Repuso dando por finalizado el entrenamiento. Agarró un par de toallas para secarse el sudor y le entregó una a Vegeta.
El príncipe la cogió y comenzó a usarla mientras decía:
- En muy poco tiempo tendrás que buscarte un nuevo compañero de entrenamiento, Kakarotto. Y, como sabrás, no encontrarás a ninguno de mi nivel. – Exclamó.
El joven saiyajin se sorprendió un poco ante la noticia y contestó mientras dejaba la toalla:
- ¡Vaya!...¿y de cuanto tiempo estamos hablando?. – Dijo. - ¿Bulma ya lo sabe?. – Preguntó con curiosidad.
- Un par de días, quizá menos. – Repuso Vegeta secándose las últimas gotas de sudor que resbalaban por su cuello. – No, no lo sabe aún...Esta noche hablaré con ella. – Contestó a la segunda pregunta de su interlocutor.
Kakarotto se quedó en silencio, y se dirigió a la puerta de salida. La abrió y el príncipe le siguió. Entraron a la sala contigua, la de las duchas. Al poco rato, los dos hombres se encontraban cada uno de ellos limpiando sus cuerpos desnudos bajo el agua, separados tan sólo por la pared que unía una ducha con la otra. No habían pronunciado palabra alguna desde que salieron de la sala de entrenamiento hasta que el joven saiyajin se decidió a preguntar:
- Vegeta...¿te ha dado ya una respuesta sobre su decisión?. – Exclamó casi sin pensar.
El príncipe enseguida supo a lo que se refería, y sorprendiéndose ante la idea de que Kakarotto estuviera al tanto, dijo:
- ¿Y tú como demonios sabes eso?. – Preguntó algo enojado.
El joven apretó los ojos maldiciéndose a si mismo por haber descubierto a Bulma. Hace unos días, ella se lo había contado a Chichi, y esa misma noche, su compañera le había hecho partícipe de la noticia a él.
- Bueno...ya sabes como son las mujeres...jajaja. – Rió tratando de quitarle importancia al hecho. - Ellas se lo cuentan todo entre ellas. – Terminó de decir.
- No hemos vuelto a hablar del tema desde aquel día. – Contestó el príncipe. - Está claro que partiré sólo hacia Vegetasei. – Dijo mientras enjabonaba su piel.
- No seas tan pesimista, Vegeta. Tal vez solo esté esperando a que vuelvas a proponérselo. – Repuso el joven saiyajin percatándose enseguida del estado de ánimo de Vegeta.
- ¿Me tomas por estúpido?. Tu la conoces tan bien como yo, y ambos sabemos de antemano qué determinación ha tomado. – Contestó el príncipe con enojo. Acababa de terminar de aclararse el jabón y se disponía a salir de la ducha.
- Vamos, Vegeta...Bulma es una mujer que suele tener las cosas muy claras. Estoy convencido de que si decide no ir contigo a Vegetasei, tendrá sus buenas razones para ello... – Repuso Kakarotto saliendo de la ducha casi al mismo tiempo que Vegeta.
El príncipe agarró una toalla y se dispuso a enredarla en su cintura mientras decía:
- Pues te aseguro que va a tener que dármelas, y tendrán que ser muy buenas como para que yo llegue a estar de acuerdo con ellas, Kakarotto. – Exclamó alzando la voz.
- Deberías ponerte en su situación, Vegeta... – Dijo el joven con voz calmada.
- ¿Y quien se pone en la mía?..¡maldita sea!..- Gritó el príncipe algo enfurecido, mientras observaba al hombre situado enfrente de él, el cual terminaba de anudarse la toalla a la cintura.
- Cálmate, Vegeta...- Dijo Kakarotto. - Yo creo que lo mejor será que lo hables con ella lo antes posible. Se trata de un tema entre los dos, y tanto Chichi como yo, no queremos ser motivo de influencia en la decisión que finalmente toméis. – Repuso tratando de no involucrarse demasiado.
- Te equivocas, Kakarotto. La decisión es suya, de nadie más. – Replicó el príncipe. – Así que, no tiene ningún sentido que continuemos hablando de esto por más tiempo. – Concluyó Vegeta dando por zanjada la conversación.
-CONTINUARÁ-
Gracias si leíste éste capítulo, reitero, escrito por Dioxa quien merece todo reconocimiento por éste trabajo.
Si te interesa conocer mi trabajo te invito a mi perfil de fanfiction "Odette Vilandra"
Canal de YouTube de fanfics: "Odette Vilandra fanfiction"
Facebook: Vilandra y Odette (facebook (punto) com / vilandraodettevegeta )
Twitter: (arroba) grissysweet
Snapchat: grisellvilandra
Instagram: (arroba) grissy_lewis
