Este fanfic pertenece a Dioxa, quien hace aproximadamente un año desapareció de facebook y de fanfiction y con su cuenta, todos sus fics incluyendo éste. Hace una semanas una usuaria conocida como "Romantikona" plagió esta historia y a partir de que varios autores comenzamos a reportarla y desenmascararla, la muy descarada ha dicho que es un homenaje, siendo que se vio forzada a admitir el plagio y, en su perfil asegura que éste fanfic es de su autoría, mentira.

Este fanfic fue publicado, si la memoria no me falla, entre el 2006 y el 2009 por la autora Dioxa de España, fue uno de los UA pioneros en el fandom hispano y de verdad, uno de los mejores que se han escrito, incluso fue inspiración para crear uno de mis fanfictions los cuales pueden leer en mi cuenta principal "Odette Vilandra".

Subo esta historia con la única intención de desenmascarar y arruinar a esta usuaria que sólo busca atención del modo más bajo: plagiando. Y por otro lado, si tanta gente tiene tantas ganas de conocer este fic, que lo puedan leer sabiendo quién lo creó.

Espero no recibir reviews alabándome a mí puesto que por ésta historia no merezco mérito alguno, puesto que yo no la escribí, si desean dar un comentario positivo por favor, que sea para Dioxa, la creadora de éste fanfic.

Por otro lado, si desean conocer mi trabajo reitero, soy "Odette Vilandra" así pueden encontrarme y encontrar mis historias.

Gracias.

Grisell Morgan,

Aka. Odette Vilandra.

SUMMARY ORIGINAL:

Los saiyajins conquistan la Tierra. Vegeta es el príncipe, Bulma una terrícola que trabaja para ellos

Antes de nada quiero explicar que esta historia es un universo alterno, basado en lo que hubiera ocurrido si los saiyajins hubieran conquistado la Tierra. En esta historia, Goku no fue enviado a la Tierra y no existen ninguno de los guerreros Z. Los protagonistas son Bulma y Vegeta. Ella como terrícola y él como príncipe de los saiyajins.

CAPITULO 31

Destinos marcados para siempre

Aquella noche de verano, y en el interior de aquel sencillo dormitorio, el silencio propio de aquellas horas solo se veía interrumpido por los inequívocos sonidos que salían de las gargantas de dos amantes . A los pocos minutos, los gemidos y suspiros dejaron paso al ruido que provocaban sus agitadas respiraciones. El príncipe se desplomó literalmente hacia un lado, exhalando aire para recuperar el que faltaba en sus pulmones. Bulma giró su cabeza para observarle como cerraba los ojos y cruzaba sus brazos por debajo de la nuca. Podía intuir que todo el cuerpo masculino estaba comenzando a relajarse, todo excepto su rostro, cuya expresión mostraba signos de inquietud. No estaba equivocada. Durante el tiempo que habían estado haciendo el amor, había sentido a Vegeta distinto a como siempre. Le notó tenso e incluso a veces ausente, como si estuviera pensando en otra cosa. Normalmente se solían dedicar susurros y palabras ardientes y llenas de pasión, pero en esta ocasión, nada salió de sus labios, excepto los sonidos propios del placer. Incluso habría jurado que su amante había precipitado un poco el final de su encuentro, dejándose llevar sin hacer nada por evitarlo. Necesitaba una explicación, pero al ver su reacción al terminar, se dio cuenta de que el no tenía muchas ganas de hablar. Aquello la molestó, y sin decir nada, se levantó de la cama y comenzó a cubrir su desnudez con su finísima bata de raso. Entró al baño unos minutos y después salió encaminando su rumbo hacia la puerta de la habitación. Inmediatamente, escuchó decir desde la cama:

- ¿Donde vas?. – Dijo el príncipe.

- Voy a ver como está Trunks..- Y sin esperar respuesta, salió de la habitación sin mirar atrás.

Pasado un rato, salió del pequeño dormitorio del bebé y cerró la puerta con sumo cuidado. Nada más encontrarse en el pasillo, se fijó en la luz que provenía desde el salón y se dirigió hacia allí. Se encontró a Vegeta sentado en uno de los sofás, y vestido tan sólo con unos boxer. El la miró nada más darse cuenta de su presencia, y justo después, cogió el vaso que se encontraba al lado de una botella de whisky en la mesita de enfrente y bebió un trago dejándolo casi vacío. Aquello extrañó a Bulma, puesto que ella no bebía y en su casa no existía ningún tipo de bebida de esas características.

- ¿De donde lo has sacado?. – Preguntó ella desde la puerta sin haberse movido de su posición.

Vegeta volvió a llenar el vaso, y después de vaciarlo nuevamente, dijo:

- ¿Te refieres al whisky?. Hice que lo trajeran de la base militar. – Exclamó sin darle demasiada importancia.

A Bulma no le estaba gustando para nada la actitud de Vegeta. Ahora ya tenía la completa seguridad de que algo estaba pasando y, desde luego, no iba a detenerse hasta no obtener una explicación por parte del príncipe.

- No sabía que te gustara beber. Creo que es la primera vez que te veo hacerlo. – Dijo esperando una respuesta del príncipe que le hiciera comprender el motivo que le empujaba a comportarse de esa forma.

- Pues te sorprendería saber las cantidades que he podido llegar a tomar. Sobre todo, después de que nos separamos...- Repuso él mientras se concentraba en llenar de nuevo el recipiente de cristal, dispuesto a acabarse la botella en poco tiempo. - Cuando no me encontraba en alguna misión, solía pasarme casi todas las noches por el bar...Llegaba a emborracharme tanto que al despertar al día siguiente no conseguía recordar nada. – Dijo mientras terminaba de un sólo trago con el líquido que había dentro del vaso, para justo después continuar hablando. - Muchas veces me encontraba durmiendo a mi lado a mujeres a las cuales no conocía ni sabía como demonios habían llegado a parar ahí...- Concluyó sabiendo perfectamente cual iba a ser la reacción de ella al escucharle.

Bulma se enfureció. Se acercó hasta la mesa y agarró la botella con rapidez. No podía soportar continuar viéndole en ese estado.

- ¡Ya basta, Vegeta!. – Gritó. - ¿A que viene esto?. ¿Por qué me cuentas todo eso ahora?. – Dijo enfrentándose a él.

El príncipe se levantó de su asiento, y clavando su fría mirada en ella, le increpó alzando también la voz:

- ¡Porque quiero que sepas cómo será mi vida a partir del momento en que me marche de aquí!. - Dijo con furia.

Bulma le miró con desconcierto. Vegeta ya sabía cual era su respuesta, y había elegido esta ocasión para volver a sacar el tema. Leyó en sus ojos que necesitaba una explicación, los motivos que ella tenía para no aceptar su propuesta. Ella hubiera preferido otro momento, el indicado para ella, pero Vegeta no es de esos hombres a los que se les puede eludir fácilmente, y dada su reacción, estaba claro que un simple "no", no le bastaría.

- Yo...sabes que no puedo hacerlo, Vegeta...Sabes que no puedo ir contigo...Lo siento...- Exclamó ella con la voz entrecortada.

- Te equivocas si piensas que necesito de tu compasión, mujer. – Repuso el príncipe con aires de desprecio hacia ella.

Bulma ya no aguantó más. Esperaba que él aceptara su decisión, que la comprendiera, pero su orgullo saiyajin no le dejaba ver más allá, y quería hacerle ver que esta no era la manera, que se estaba comportando de un modo egoísta al pensar únicamente en él.

- ¡Maldito seas, Vegeta¿acaso crees que todo esto para mi es fácil?. ¿Por qué no tratas de entenderlo al menos?. – Le increpó nuevamente elevando el tono de voz, mientras cerraba la puerta del salón, temerosa de que las voces y el ruido despertaran a Trunks.

Vegeta gruñó al escucharla y frunció el ceño. Su rostro mostraba ira y desesperación. Ella aún no le había dado ningún motivo coherente, y estaba decidido a iniciar una discusión, quizá la más fuerte que hayan tenido jamás.

- ¿Entender?. ¿Y qué diablos se supone que tengo que entender?...¿pasar el resto de mi vida sin ti¿olvidar que tengo un hijo al que probablemente no volveré a ver?...¿Es eso lo que me pides que entienda?. – Gritó sin importarle el tono.

- Solo quiero lo mejor para nuestro hijo...- Dijo Bulma bajando la voz mientras guardaba la botella de whisky en el mueble bar.

- ¿Y quien demonios te crees que eres para decidir lo que es mejor o peor para él?. ¿Acaso mi opinión no cuenta?. – Preguntó a voces el príncipe. Estaba enfurecido, se sentía impotente ante la negativa de ella.

Bulma sabía que lo que iba a decir a continuación probablemente conseguiría enojar aún más a Vegeta, pero tenía que hacerlo, quería dejarle muy claro que el futuro de Trunks era lo más importante para ella en estos momentos.

- ¡No estoy dispuesta a que mi hijo se pase la vida peleando y arriesgando su vida continuamente!. Y mucho menos que vaya por ahí arrasando y conquistando otros planetas. – Replicó ella con decisión.

Vegeta al escucharla soltó una carcajada irónica, para justo después acercarse unos pasos más hacia ella y decirle sin modificar su elevado tono de voz:

- ¡Es un saiyajin, mujer!. ¡Del más alto linaje, puesto que mi sangre corre por sus venas!. ¡No puedes cambiar su naturaleza así como así!.- Dijo totalmente convencido de sus palabras. - Tal vez...debiste pensártelo mejor antes de tener un hijo conmigo.- Concluyó de forma fría.

- Te recuerdo que no fue algo planeado, Vegeta. Y nunca me he arrepentido de ello...sin embargo, parece ser que tú si lo estás...– Dijo ella dolida por las palabras de él.

- ¡Perfecto!. Ya vuelves con eso otra vez...¡Maldita sea, Bulma, tú eres la que se esfuerza en ocultar sus verdaderos orígenes, no yo! – Gritó de nuevo Vegeta. - ¿Es que no te das cuenta de lo que intentas hacer?. ¡Es mi hijo, el heredero del imperio saiyajin y su destino es convertirse algún día en Rey!. – Repuso lleno de ira.

- ¡También es el mío y jamás aceptaré ese destino para él!. Además de saiyajin, es terrícola como yo. Nació aquí y este será su hogar. – Dijo ella clavando sus azules ojos en los negros de él.

Vegeta la miró con expresión dura, dándose perfecta cuenta de que había tocado fondo. Lo había intentado al menos, había luchado por lograr cumplir su objetivo, pero finalmente perdió la batalla. Tenía la capacidad y los medios necesarios para conseguir

su propósito a la fuerza...pero siempre tuvo claro que jamás lo haría de esa forma, no con ella...no así.

- Bien. – Dijo tratando de calmar sus nervios. - Entonces ya no tengo nada más que hacer aquí. – Concluyó encaminando sus pasos hacia la puerta del salón. La abrió y se dirigió a la habitación compartida por ambos. Comenzó a vestirse con su uniforme de batalla de forma rápida, casi sin pensar en lo que hacía. Furioso y enojado como estaba, su ki comenzó a elevarse y él trataba de controlarlo, no quería perder los estribos.

Mientras terminaba de colocarse la armadura, escuchó decir desde la puerta del dormitorio:

- Por favor...Vegeta. Esto...no tiene por qué acabar así...- Suplicó Bulma con lágrimas en los ojos.

Vegeta se giró hacia ella y le increpó duramente:

- ¿Ah, no?. Entonces¿cómo demonios pensabas que acabaría?...- Repuso él. - ¿Olvidas quien soy, mujer?. No trates de manejarme como si fuera uno de esos estúpidos, débiles e inútiles terrícolas con los que pretendes que mi hijo se relacione durante toda su vida..- Dijo con ira mientras pasaba por delante de ella y salía del cuarto con dirección al salón.

Ella le siguió, sintiéndose dolida por todas las palabras que salían de boca del príncipe, del hombre al que amaba.

- No puedo creer que digas eso...Creí que te encontrabas a gusto aquí...- Repuso Bulma con la voz entrecortada. Su corazón se aceleraba cada vez más y la angustia se apoderaba de ella por momentos.

Vegeta la enfrentó, y dejando salir a flote su más retorcida ironía, dijo:

- Pues ahora que lo pienso, mi estancia aquí no ha estado del todo mal. En general, creo que he tenido de todo: buena comida, descanso, relajación, y sobre todo...grandes dosis de placentero sexo...Y todo..gracias a ti...Bulma. – De pronto, y casi sin dejarle terminar de hablar, Bulma le abofeteó en el rostro con todas sus fuerzas una sola vez, haciendo que desapareciera al instante la falsa sonrisa que el príncipe marcó al final de su frase. Ambos se quedaron mirándose a los ojos durante unos segundos que parecieron eternos. Ella le observaba con odio en los ojos y la respiración agitada, y él, hacía lo mismo, frunciendo el ceño y marcando su expresión más dura, hasta que finalmente, se giró, abrió la puerta de la calle y salió de la casa sin decir ni una palabra más.

Justo después de que él se fuera, Bulma cerró los ojos mientras un mar de lágrimas corrían a través de sus mejillas, y sin poder aguantar más el temblor repentino que sintió recorrer sus piernas, se dejó caer de rodillas al suelo, cubriendo con sus manos su rostro, desahogándose, lamentándose, hundiéndose...

El príncipe descendió de su vuelo justo a las puertas de la base militar. Los soldados allí apostados se sorprendieron nada más verle, y echándose hacia un lado, dejaron el camino libre para que Vegeta pasara entre ellos sin prestarles la más mínima atención.

Caminó por los pasillos ignorando las miradas nerviosas de las decenas de saiyajins con los que se cruzó. Finalmente llegó hasta la puerta principal de la sala de mandos, y empujándola con fuerza, entró, encontrándose con varios pares de ojos que lo miraban con una mezcla de estupor y sorpresa.

- ¡Príncipe!...no esperábamos su visita a estas horas...¿ocurre algo?. – Exclamó uno de los generales de mayor influencia en la colonia.

Vegeta se acercó hacia ellos a grandes pasos, y dijo con voz ruda:

- Necesito que se me proporcione un cuarto donde dormir. Y lo quiero..ahora..- Ordenó alzando la voz.

- Si, señor. En unos minutos lo tendrá listo...- Contestó uno de los hombres dirigiéndose inmediatamente hacia la salida.

En cuanto el hombre se marchó, los demás se quedaron en silencio, confundidos y temiendo provocar con palabras o con algún gesto, cualquier cosa que lograra enojar más aún al enfurecido hombre que tenían delante de sí, el cual se había acercado hasta uno de los amplios ventanales que daban al exterior perdiendo su mirada entre el oscuro paisaje del desierto que rodeaba la base militar.

- Necesito que mañana mismo comiencen los preparativos para mi regreso a Vegetasei. – Dijo sin apartar la vista del cristal.

Uno de los saiyajins, quizá el más intrépido, se atrevió a preguntar:

- ¿Para cuando exactamente tiene previsto su viaje, señor?. – Dijo algo nervioso.

- Lo antes posible. – Contestó el príncipe con voz firme y sin volverse.

- De acuerdo. – Dijo el general. - Es probable que para mañana por la tarde todo esté preparado. –

Pasados unos minutos, que al príncipe le parecieron horas, la puerta de la sala se abrió, dando paso al hombre que anteriormente salió para cumplir las órdenes del príncipe.

- Alteza..- Pronunció el saiyajin nada más entrar. - Sus aposentos ya están listos. Si tiene la amabilidad de seguirme, le acompañaré hasta allí.- Dijo cuadrándose ante él. Vegeta lo miró con desdén y comenzó a caminar hasta su posición.

Nada más llegar a la habitación que le habían designado, Vegeta comenzó a despojarse de la ropa de malas maneras, arrojándola sobre el suelo. Estaba furioso..demasiado furioso como para poder dormir. Notaba una enorme presión en el pecho, como si el alma se le estuviera desgarrando por dentro, sentía dolor...un dolor inmenso, indescriptible, algo más allá de lo físico, una dolencia para la cual no existía remedio alguno...¿Por qué diablos tuvo que ser tan estúpido¿por qué su maldito orgullo le hizo comportarse de esa forma con ella?..El ya sabía de antemano que Bulma jamás aceptaría regresar junto a él, entonces...¿por qué no lo admitió simplemente?..¿por qué tuvo que hablarle así?..No dejaba de recordar aquellos ojos y aquél rostro compungido que

reflejaban todo el daño causado por él, por sus malditas palabras...Se maldijo por sus poderes de saiyajin que evitaron que sintiera ningún dolor físico cuando ella lo golpeó.

Se echó sobre la cama con fuerza, cerrando los ojos mientras su respiración sonaba del todo agitada. Comenzó a darle vueltas a todo lo ocurrido, planteándose el hecho de volver allí, buscando palabras y gestos de arrepentimiento para enmendar su error, pero no los hallaba por ningún sitio. Después de todo, quizá era mejor así..quizá lo más conveniente era que ella acabara odiándole. Al fin y al cabo, así empezó todo...ella sintiendo odio hacia él, hacia el hombre responsable de que su anterior vida se arruinara, el mismo que la puso en peligro tantas veces, aquél a quien ella entregó su corazón y le dio un hijo...Todo eso para solo recibir a cambio su falta de consideración y su desprecio.

De pronto, una idea le sobrevino a la mente...aún le quedaba algo por hacer antes de marcharse definitivamente. Quizá con ello no conseguiría su perdón, ni tampoco lo deseaba, puesto que había decidido dejar las cosas tal como estaban, pero al menos, tendría la tranquilidad de que tanto ella como su hijo tuvieran la oportunidad de rehacer sus vidas, y quizás de esa forma, el recuerdo de los últimos años lograra disiparse por completo de su mente manteniéndola ocupada en otras cosas...Sonrió. Sabía que esta última decisión le traería muchos problemas en cuanto llegara a Vegetasei, pero no le importaba. Lo iba a hacer, y no iba a permitir que nada ni nadie se interpusiera.

A mediodía del día siguiente, Kakarotto se dirigía volando hacia el pequeño apartamento de Bulma mientras observaba el caos formado en la ciudad. Aún no podía creerse lo que estaba sucediendo, y sabía que uno de los dos lugares donde encontraría respuestas sería en casa de su amiga. Descendió justo a la entrada del portal y se encontró de bruces con un grupo de soldados saiyajins, que acababan de girar la esquina de la calle, encabezado por uno de mayor rango, el cual se dirigió a él nada más verle:

- ¡Tú!..¿qué haces todavía por aquí?. ¡Regresa inmediatamente a la base militar!. – Ordenó.

- Esto...si, señor...En cuanto termine de recoger algunas de mis pertenencias, me dirigiré hacia allí enseguida. – Repuso Kakarotto.

- ¿Cual es tu nombre?. – Preguntó el saiyajin totalmente desconfiado.

- Kakarotto, señor. – Contestó él.

– Uno de mis hombres se quedará aquí hasta que termines y después ambos regresaréis a la base. No voy a permitir que se desobedezcan las órdenes impuestas por el príncipe. – Increpó malhumorado.

- De acuerdo, señor. No tardaré mucho. – Dijo Kakarotto adentrándose en el portal.

Inmediatamente después, el grupo de saiyajins elevó el vuelo, excepto uno de ellos, el cual se quedó esperando a Kakarotto.

Bulma acababa de bañar y asear al pequeño Trunks y estaba comenzando a prepararle la comida. Hacía ya un buen rato que se había levantado para atender las necesidades de su

hijo, pero de buena gana volvería a introducirse de nuevo en la cama y, si por ella fuera, se tiraría allí todo el día metida. La tristeza que la invadía era tal que no sentía ganas ni de mirarse al espejo, sabiendo que la imagen reflejada en el sería totalmente desastrosa. No había podido pegar ojo en toda la noche, y las últimas palabras pronunciadas por Vegeta no dejaban de repetirse una y otra vez en su mente. Estaba segura de que no volvería a verle jamás y lo que menos deseaba era que su relación con él hubiera acabado del modo en que lo hizo. Le hubiera gustado que al menos terminaran de forma amistosa, y que incluso él volviera a la Tierra de cuando en cuando para visitarlos, a ella y a su hijo...pero eso nunca se produciría..Vegeta jamás dejaría de lado su orgullo, ni tan siquiera para reconocer que aquellas palabras no las sentía.

De pronto, el sonido del timbre en la puerta logró sacarla de sus pensamientos. Extrañada y confusa, se dirigió a abrir, encontrándose con la imagen de un Kakarotto nervioso e inquieto.

- Kakarotto¿qué ocurre?. – Preguntó ella nada más verle.

El joven entró sin pedir permiso, y después de darse cuenta del estado en el que su amiga se encontraba, dijo:

- ¿Cómo que qué ocurre?. ¿Es que acaso no lo sabes?. – Preguntó sorprendido.

Ella le miró con lágrimas en los ojos. Al parecer, el regreso de Vegeta a su planeta iba a producirse mucho antes de lo que ella esperaba y la noticia se había propagado ya por todo el mundo. Pensando que era esto a lo que Kakarotto se refería, contestó con voz quebrada:

- Me lo dijo anoche. No he vuelto a verle desde entonces. – Dijo.

- Ya...Eso significa que has rechazado su propuesta. Vamos, Bulma..estoy seguro de que él también cree que es mejor así, si no, no hubiera reaccionado como lo ha hecho .- Señaló Kakarotto convencido de que Bulma conocía las últimas ordenes de Vegeta.

- Pues tiene una bonita forma de demostrarlo. – Dijo Bulma algo enojada, recordando lo acontecido en la noche anterior. De pronto, se extrañó y le pareció bastante raro que Vegeta se lo hubiera contado a Kakarotto, y por eso, preguntó de repente: - ¿Has hablado con él hoy?. -

- No...En realidad iba a hacerlo ahora mismo. Como comprenderás, no estoy dispuesto a regresar a Vegetasei, y necesito que él me de su permiso para quedarme en la Tierra. – Dijo el joven saiyajin con algo de nerviosismo.

- ¿Regresar?. ¿Te ha ordenado que regreses con él?. – Preguntó Bulma algo sorprendida.

- Bueno..la orden está dirigida a todos los saiyajin y yo soy uno de ellos..así que...- Contestó Kakarotto de inmediato.

- ¿Qué orden?. ¿De qué estás hablando, Kakarotto?. – Continuó su interrogatorio la mujer, sin comprender aún el ritmo que estaba llevando la conversación.

Kakarotto se extrañó un poco al principio, pero después se dio cuenta de que su amiga no sabía nada de lo que estaba ocurriendo en la Tierra.

- No me digas que no sabes nada, Bulma. – Dijo mientras observaba el rostro confundido de la peliazul. - Esta misma mañana, Vegeta ha ordenado que todos y cada uno de los saiyajins destinados en la Tierra, se dirijan a la base militar para iniciar el proceso de abandonar el planeta lo antes posible. – Terminó de decir.

- ¿Queeee?...¿Estás seguro de eso?. – Gritó Bulma alzando la voz.

- Pues claro que lo estoy. Precisamente abajo está esperándome uno de ellos para acompañarme hasta allí. Por eso necesito hablar con Vegeta de inmediato. – Contestó el joven con seguridad.

Bulma no podía creerse lo que acaba de escuchar y jamás se le hubiera ocurrido que Vegeta tomara esa decisión.

- ¿Por qué haría Vegeta algo así?. – Preguntó aún sin salir de su asombro.

- Vamos, Bulma..no es tan difícil de entender...- Replicó Kakarotto. - Estoy seguro de que lo hace por ti y por Trunks. Escucha, tengo que irme ya o no tardarán en venir a buscarme. He oído que Vegeta tiene planeado marcharse esta misma tarde y necesito verle enseguida. – Dijo algo nervioso y preparándose para salir por la puerta.

Justo antes de marcharse, escuchó decir a su espalda:

- Kakarotto...¿puedes darle un mensaje de mi parte?. – Dijo Bulma con la mirada cristalina.

- Claro...- Contestó su amigo sonriéndole.

- Dile que...espero que algún día comprenda mi decisión y que...muchas gracias..por todo...- Repuso con algo de amargura.

- Se lo diré. Nos vemos luego, Bulma. Adiós. – Exclamó Kakarotto justo antes de salir por la puerta que conducía a las escaleras.

Vegeta se encontraba en la sala de mandos acompañado por varios generales. A través de la cristalera, observaba como iban llegando los cientos de saiyajins que durante todo el tiempo que había durado la ocupación, habían permanecido en la Tierra custodiando la colonia y administrando todos sus recursos. Todo la evacuación se estaba programando de forma ordenada y precisa, y dado el numeroso grupo de saiyajins instalados allí, se necesitarían al menos dos semanas más para que el proceso de abandonar el planeta terminara. Muchas de las naves que se necesitarían para ello, no se encontraban en perfectas condiciones y había que repararlas con urgencia y adaptarlas para realizar un viaje tan largo como el que tendrían que llevar a cabo para llegar hasta Vegetasei.

El príncipe dio la orden expresa de que su marcha se realizara esta misma tarde, y con él, saldría la primera tanda de saiyajins. No quería pasar ni un minuto más en la Tierra, sufriendo aún más la agonía de tenerla tan cerca..a ella..a su hijo...a su familia...una familia a la que nunca más volvería a ver ni tendría noticias de ellos...

- Príncipe.. - Dijo un saiyajin entrando de improviso por la puerta. Vegeta se giró hacia él y el hombre continuó diciendo: - Afuera hay un soldado de bajo rango que insiste en hablar con usted. Dice que es urgente. – Terminó de decir.

- ¿Te ha dicho su nombre?. – Preguntó Vegeta intuyendo de quien se trataba.

- Kakarotto, señor. – Contestó el soldado.

Vegeta se quedó unos segundos indeciso, y al final, repuso:

- Llevadle hasta una sala donde podamos hablar sin que nadie nos moleste. Me reuniré con él en unos minutos. – Ordenó mientras se giraba de nuevo hacia la cristalera.

- Si, alteza. – Dijo el soldado para justo después salir de la sala.

Pasado un rato, Vegeta entró por la puerta y la cerró a su paso. Los dos hombres se quedaron mirándose unos segundos sin decir nada, hasta que el príncipe, apoyándose en la pared como solía hacerlo habitualmente, exclamó:

- Se a lo que has venido, Kakarotto. Y lo siento por ti...pero mi decisión es firme y no haré ninguna excepción. Lo único que puedo hacer, es que seas seleccionado para partir en el último viaje, el cual se llevará a cabo dentro dos semanas aproximadamente. –

- Escucha, Vegeta. Lo que estás haciendo por la Tierra y sus habitantes te honra...pero..- Comenzó a decir el joven saiyajin.

Vegeta frunció el ceño al escucharle, y sin dejar que terminara, exclamó alzando la voz:

- ¡La Tierra y sus habitantes no me importan en absoluto!. No se te ocurra pensar ni por un momento que hago esto por tratar de limpiar mi conciencia¿entiendes?. –

- Entonces, si no es así...¿por qué lo haces?. – Preguntó un Kakarotto sorprendido.

Vegeta se separó de la pared y lo miró con frialdad. Si alguien, que no fuera un enemigo, lograba sacarle por completo de sus casillas, ese era el hombre al que tenía enfrente.

- ¿Acaso crees que tengo que darte explicaciones a ti?..¿a un patético e inútil guerrero de tercera clase como tú?...No me hagas reir, Kakarotto. – Le gritó con ira.

Kakarotto, comprendiendo muy bien la reacción de Vegeta y conociendo casi a la perfección su carácter, se limitó a contestar:

- No hace falta que me las des. Se muy bien por qué lo has hecho y es la mejor forma de demostrarles lo mucho que les amas. – Dijo intuyendo claramente lo enfurecido y extremadamente dolido que debía estar Vegeta.

- ¡Maldito Kakarotto!...- Exclamó el príncipe acercándose de forma amenazadora hacia él. - Estoy harto de ti¿me oyes?. Harto de que creas que somos amigos, porque no es así¿está claro?. No me parezco en nada a ti ni comparto tus estúpidas ideas. Jamás supe lo que era la palabra amistad, ni me interesa. De lo único que me preocupo es de mí mismo y nada más me va a importar a partir del momento en que me marche de aquí. – Gritó cerrando los puños.

- Como quieras. ¿Sabes, Vegeta?..no solo tú tienes orgullo...yo también lo tengo y por eso mismo, no voy a rogarte. Si tu me consideras de alguna forma culpable de lo que te ha ocurrido, y por ello tengo que regresar a Vegetasei, lo haré sin discusión alguna. – Dijo Kakarotto sintiéndose un poco responsable de la situación entre él y Bulma.

- No seas estúpido, Kakarotto. – Exclamó Vegeta con desprecio. - No te hago volver por ningún tipo de rencor hacia ti, no eres tan importante para mí. Eres un saiyajin, y tu sitio está en tu planeta, con la gente de tu raza...- Dijo algo más calmado. Tenía que reconocer que Kakarotto tenía mucho más honor que cualquier otro saiyajin. Aunque era evidente que nunca iba a decírselo a él directamente.

- Ya...claro...- Contestó Kakarotto dejándole ver que él no opinaba lo mismo. Algo cabizbajo, caminó despacio hasta la salida, y justo antes de tomar el pomo de la puerta, se giró hacia el príncipe y dijo: - Por cierto...tengo un mensaje de Bulma para ti...-. Vegeta no dijo nada y únicamente se limitó a clavar sus ojos en él a la espera de escuchar las palabras que Kakarotto iba a pronunciar. El joven, percatándose de la impaciencia del príncipe, continuó diciendo: - Dice que espera que algún día comprendas su decisión..y también que te diera las gracias de su parte..- Concluyó mientras observaba como Vegeta retiraba la mirada de él y percibiendo claramente el modo en que los músculos de su rostro se tensaban. Sin decir una palabra más, abrió la puerta y salió de la sala totalmente en silencio.

El príncipe sintió en ese mismo instante una enorme punzada en su corazón. Sentía deseos de ir a encontrarse con ella, de disculparse, de aferrarse a ella y no separarse jamás...pero no podía hacerlo..debía mantenerse firme. Sabía que lo que estaba haciendo era lo más prudente, lo más correcto. El hecho de liberar la Tierra de toda opresión por parte del pueblo saiyajin era lo único que podía darle la seguridad de que tanto ella como su hijo no corrieran jamás ningún peligro, y al menos eso era un consuelo. Si Bulma quería que Trunks se criara como un terrícola, esta era la única manera de que se llevara a cabo con éxito, lo único que le diferenciaría a partir de ahora, sería su extraordinaria energía y su fuerza heredadas de él. De pronto, un pensamiento recorrió su mente...¿cómo iban, tanto ella como su hijo, a ser capaces de controlar esos poderes cuando verdaderamente salieran a relucir?. ¿Como demonios no lo había pensado antes?. Inmediatamente, salió de la sala con rapidez y divisó la figura de Kakarotto alejándose justo al final del pasillo.

- ¡Kakarotto!. – Gritó. El joven se detuvo y se dio la vuelta nada más escucharle. – Vuelve aquí. – Ordenó mientras se introducía de nuevo en el mismo lugar.

A los pocos segundos, el joven saiyajin apareció por la puerta y entró cerrándola a su paso.

- Tengo una misión para ti. Y sólo si estás dispuesto a cumplirla, permitiré que te quedes en la Tierra. – Dijo el príncipe nada más verle aparecer.

- ¿De qué se trata, Vegeta?. – Preguntó Kakarotto con asombro.

- Mi hijo, Trunks. Bulma aún no es consciente de los poderes que posee, y ambos sabemos que se necesita mucho entrenamiento para lograr controlarlos, y en un planeta con habitantes tan débiles como la Tierra, podría resultar peligroso, incluso para él, que no aprendiera el modo de utilizarlos correctamente. – Dijo con convicción.

- ¿Me estás pidiendo que yo le enseñe?. – Exclamó sorprendido Kakarotto.

- No es que me agrade la idea de que un guerrero tan débil como tú sea el encargado de su entrenamiento, pero supongo que no tengo otra alternativa, puesto que eres el único saiyajin en quien Bulma confía.- Dijo el príncipe intentando engañarse a si mismo. Lo cierto es que él había descubierto que el joven saiyajin tenía grandes habilidades para la lucha, aunque esperaba con anhelo que únicamente fuera eso lo que Kakarotto inculcara a su hijo, y no su carácter tan infantil y su extremado despiste.

- No te preocupes, Vegeta. Haré de él un buen guerrero. – Contestó Kakarotto, haciendo caso omiso a la opinión que el príncipe tenía sobre él.

- Nunca olvides que se trata de mi hijo, Kakarotto. Y una de las razones por las que me he decidido a liberar la Tierra, es porque de ninguna forma iba a permitir que cualquier saiyajin se atreviera, en un futuro, a darle órdenes o a tratarle como a un esclavo¿entiendes?.- Explicó el príncipe frunciendo el ceño.

- Lo comprendo perfectamente, Vegeta. – Repuso el joven.

- Bien. Daré las instrucciones necesarias para que nadie reclame por ti. – Concluyó el tema Vegeta. - Y ahora..márchate ya. Tengo que comenzar a prepararme para el viaje. – Dijo dándole la espalda.

- Vegeta...yo...bueno...puedo hacerme una idea de como te sientes en estos momentos...- Repuso Kakarotto tratando de darle algo de apoyo moral al príncipe.

- No, Kakarotto. No tienes ni puta idea de cómo me siento...así que..no te molestes, no necesito tu compasión..- Contestó Vegeta sin volverse. Su orgullo era lo primero y jamás se permitiría mostrarse débil ante él.

- ¿Volveremos a vernos algún día, príncipe?. – Preguntó Kakarotto.

- Espero que no. Y lárgate de una vez si no quieres que te eche a patadas...- Contestó Vegeta deseando quedarse solo lo antes posible.

Kakarotto sonrió ante estas últimas palabras de Vegeta. Sabía que para el príncipe, él no le resultaba tan indiferente, y la prueba estaba en la enorme confianza depositada en él, aunque estaba claro que jamás se lo haría saber con palabras. Lo cierto es que él echaría de menos a Vegeta, y con toda probabilidad, al príncipe le pasaría lo mismo. Por mucho

que Vegeta lo negara, se había formado un vínculo entre ambos hombres, y ese vínculo podía definirse claramente como amistad.

- Que tengas un buen viaje, Vegeta. Y no te preocupes por nada...yo cuidaré de ellos..- Dijo justo antes de marcharse.

Kakarotto voló hasta la casa de Bulma donde sabía con seguridad que Chichi también estaría allí. Nada más llegar, les comunicó a ambas la noticia, y la mujer de cabello negro se echó a sus brazos llorando de alegría al saber que no tendrían que separarse. Mientras Chichi le abrazaba, él fijó su vista en Bulma, percibiendo de inmediato como la peliazul contenía el llanto, observando cómo una mezcla de alegría e inmensa tristeza se reflejaba en su rostro. A los pocos segundos, la mujer se giró y caminó hacia la puerta del pasillo, y dirigiendo una última mirada a sus dos amigos, dijo con voz quebrada justo antes de salir del salón:

- Me...alegro mucho por los dos...- Susurró en un intento por sonreir.

Tanto Chichi como Kakarotto consideraron que lo más prudente sería dejarla sola durante un rato. Decidieron quedarse unas horas más en su casa, hasta que ella se encontrara con las ganas y la necesidad de hablar con alguien y desahogarse.

Pasaron tres horas más, y Bulma, que no había salido de su cuarto en todo el tiempo, se secó las últimas lágrimas que recorrían su rostro, y se levantó de la cama dirigiéndose al balcón. Salió afuera y se apoyó en la barandilla. No pasó mucho tiempo más hasta que el estruendoso sonido propagado por los motores de decenas de naves espaciales saiyajins surcando el cielo de la Tierra, la hiciera estremecerse. Rápidamente, fijó su vista hacia arriba y las vio, cada una de ellas colocadas en perfecto orden, en formación, todas del mismo tamaño, excepto una, la más grande y majestuosa de todas, la que con toda probabilidad transportaba al ser más importante de todos ellos...su líder...su príncipe.. a aquél orgulloso y poderoso hombre al que ella odió y amó con todas sus fuerzas. Nuevas lágrimas comenzaron a brotar de sus azules ojos, jurándose a sí misma que serían las últimas que derramaría por Vegeta, prometiéndose a la vez, que todo el esfuerzo empleado por él para que ella y Trunks fueran felices a partir de ahora, no resultara en vano. Porque eso era justamente lo que Vegeta le había transmitido a través de la liberación de la Tierra, abriéndoles a ella, a su hijo, y a todos los habitantes de la Tierra, las puertas hacia un nuevo futuro...un futuro esperanzador en el que en sus vidas se forjarían nuevos destinos, nuevas ilusiones...

Sintió un leve escalofrío recorrer su piel y, estremeciéndose de nuevo, rodeó su cuerpo con sus propios brazos mientras observaba desaparecer las naves en la inmensidad del cielo azul. - Te amo, príncipe de los saiyajins.- Comenzó a decir para sí misma.- Siempre seré tuya. Solo tu y yo somos conscientes de lo que hemos significado el uno para el otro. Tu creíste en mi, me hiciste olvidar los amargos acontecimientos ocurridos en mi anterior vida haciéndome recordar de nuevo mis anhelos e inquietudes perdidas. Me enamoraste por completo, me extasiaste del más puro y profundo placer, y me llenaste de felicidad al concederme una parte de ti, que mantendré a mi lado durante el resto de mi vida. Se feliz, Vegeta, yo intentaré serlo, tal y como tú deseas...No te pido que seas fuerte, puesto que ya lo eres, nada ni nadie puede compararse contigo en ese campo, porque tú...mi amor...eres único, al menos lo fuiste y lo serás para mi, porque es

evidente, y no me entristezco por ello, que ningún hombre jamás logrará ocupar tu lugar en mi corazón. –

La nave en la que viajaba Vegeta acababa de dejar la atmósfera de la Tierra y se alejaba de ella a gran velocidad. El príncipe se metió en su cuarto nada más subir a bordo dando órdenes expresas de que no se le molestara bajo ningún concepto. A través de la pequeña ventana circular, ahora podía verse a la perfección el hermoso planeta que acababan de dejar, un lugar al que jamás regresaría y que sólo permanecería en sus recuerdos. De pie, con los brazos cruzados, el ceño fruncido y la mirada fría como el hielo, intentaba no sucumbir ante el inmenso vacío que sentía en su interior, algo a lo que jamás podría acostumbrarse y con lo que tendría que vivir durante el resto de su vida cuando pensara en ella, cuando la viera aparecer en sus sueños, cuando pronunciara su nombre en brazos de otra mujer...- ¿Cómo podré olvidarte, Bulma?...¿cómo podré borrar la profunda marca que dejaste en mi?. – Decía Vegeta en sus pensamientos. – No creo que exista modo alguno de lograrlo, ni tampoco volver a convertirme en el príncipe del pasado, en el impenetrable hombre que era antes de conocerte y al que tú retaste, venciste y destruiste, atándome emocionalmente a ti, rompiendo la barrera que me protegía contra los sentimientos. Tú, mujer..a la que consideré mía la primera vez que te vi, a la que casi odié por necesitar tanto de ti, de tu esencia, por hacerme mostrar preocupación por alguien más que no fuera yo mismo. Me educaste de nuevo, enseñándome a sentir, a descubrir nuevas experiencias y emociones que jamás creí que existieran. Lograste introducirte con tanta fuerza en mi vida, que incluso me revelé contra una gran parte de los conceptos inculcados en mi, por mi raza, desde mi infancia. Deseo, mujer, y espero, que encuentres la felicidad que yo nunca podría ofrecerte si llego a traerte conmigo, y aunque aún creo que el destino que has elegido para nuestro hijo no es el correcto, se de sobra que su vida estará plagada de alegrías y satisfacciones, porque tu lucharás por ello y no te rendirás jamás, no en vano eres la mujer que consiguió doblegarme a mí, al príncipe de los saiyajins, llegando a convertirte en una parte de mí y se que nunca más lograré llenar de nuevo ese vacío, porque sólo tu, únicamente tú...me completas.-

-FIN-

Gracias si terminaste de leer este fic que, nuevamente reitero, fue escrito por Dioxa quien por algún motivo que se desconoce puesto que jamás externó nada de manera pública, pues borró todas sus cuentas, y con su perfil de fanfiction se fueron también todos sus fics.

Como dije en un principio, subo su historia únicamente con el fin de que otra persona no quiera tomar el crédito por algo que no les costó más que el esfuerzo de copiar y pegar, además de ponerla a disposición de quienes deseen leer éste que es el fic pionero en cuando a Universos Alternos se refiere. Dioxa es una gran escritora y desde mi punto de vista que muchos comparten, de las mejores que han estado en fanfiction, de verdad una lástima su partida pero sus razones habrá tenido, no podemos juzgarla como que no le importaron sus lectores, ya que nadie sabemos qué la orilló a una decisión tan extrema.

Como expresé en el mensaje inicial de cada capítulo, si dejan reviews positivos por favor, diríjanlo no a su servidora pues yo no tengo mérito ninguno, sino a Dioxa, la única y verdadera escritora de éste fanfic y su secuela "El destino del imperio saiyajin" La cual está incompleta.

A diferencia de otras personas, yo no tengo el descaro de pretender continuar una gran historia como esa, ¡No puedo ni actualizar mis propios fics! No voy a meterme con algo que sólo su creador podría hacer. Por otro lado, yo no estoy a la altura de alguien como Dioxa quien, debo decir, éste fic fue gran inspiración junto con los de otra autora desaparecida pero cuyo perfil aún sigue en fanfiction, me refiero a Superbrave; ambas fueron grandes inspiraciones para crear mi propio universo alterno.

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