¡Hola todos! Después de largo rato sin tiempo para nada y aun menos con inspiración, vuelvo a retomar esta fic. De ahora en adelante intentare subir los capítulos mas a menudo… ¡Espero que os guste este!
Iba caminando por un sendero invisible, tropezando con unas raíces gigantes que parecían de otro mundo. Tenía que huir, sí, eso era. A menos que… no, ¡no debía huir! Tenía que quedarse, dar la cara y enfrentarse a… ¿a quién demonios tenía que enfrentarse? Le dolían los pies, la cabeza le daba vueltas, parecía que todo estaba normal, pero ella sabía que no, y a pesar de todo, no lograba dar con el problema. Pero ¡que rico estaba aquel melocotón! Espera… ¿de verdad había dicho "melocotón"?
Sarah se despertó sobresaltada. ¡Otra vez aquellas pesadillas que no tenían sentido! Bueno, al menos para el resto de los humanos, claro. Aquellos que no conocían al Laberinto…
Desde que se peleó con su madrasta, teniendo como consecuencia el destrozo total del "espejo-portal", como lo llamaba ella, esos sueños raros y a veces horribles se habían vueltos casi una rutina. Casi, porque ella no se acostumbraba a ellos, para nada. Ojala hubiera podido caerse rendida y tener una noche de sueño completa, sin tener que recordar al dichoso laberinto, ni sobre todo, a su dichoso rey. Y eso, que Jareth siempre tenía algún papel en sus sueños, y si a veces era bueno, la mayoría de las veces era el malvado del cuento. Claro, eso le pegaba tan bien…
- ¡Sarah! ¿Estás bien? La voz de Karen sonaba preocupada. La muchacha se levantó y camino hacia la puerta, determinada en tranquilizar a su madrastra para poder volver a meterse en la cama y dormirse cuanto antes. Sabía que Karen iba a quedarse aquí hasta que la abriera para comprobar que todo estaba bien, así que no tenía más remedio que abrirle.
- Ya ves que sí, no pasa nada… le dijo con aire tranquilo. Solo una pesadilla, a lo mejor comí demasiado ayer por la noche.
- Pues a mí, se me hace que tienes algo que te preocupa; no es la primera vez este mes, y creo que deberías hablarlo con algún especialista que…
- Bueno, si has venido solo para darme la lata con que estoy mal de la cabeza, allí te quedas. Y diciendo eso, le cerró la puerta en las narices. Pero, ¡mira que pesada! Y se tumbó otra vez. Karen..., pensó; si solo supieras… entonces de verdad creerías que estoy loca.
Mirando al techo se quedó pensando sin querer en lo que habría sucedido entonces, si en vez de despertar se había quedado bajo el efecto de aquel melocotón, bailando con Jareth horas y horas… Lo que habría pasado si ella le hubiese dicho que si… Pero, ¡no! No podía pensar en aquello, no debía.
- Lo hecho, hecho esta, sentencio en voz alta.
- Vaya, ¿así que eso piensas? Sarah dio un respingo, el corazón latiendo a mil por hora. ¿De dónde había salido esa voz? Un escalofrió le recorrió la espalda. Eso no olía bueno, es decir, ¡olía espantoso! Como un espantoso melocotón… Espera. ¿Melocotón?
- ¡No, no, no! ¡Otra vez, no! Grito, despertándose otra vez sobresaltada. ¡Ya no puedo más! ¿Qué rayos me esta ocurriendo?
Se puso en pie, dispuesta a ir en busca de un poco de agua, pero su mirada se quedo clavada en su tocador. Allí, en aquel cajón abierto, en aquel libro rojo que creía hasta ahora muy escondido bajo llave, y que sin embargo estaba ahora abierto junto a lo que quedaba del espejo.
- ¿Cómo llego esto aquí?
Despacio, se acercó. El suelo estaba frio bajo sus pies, y la habitación parecía haberse transformado en un sótano frio y oscuro. Uno de esos sótanos con puertas que aparecían de repente en medio de las paredes, por ejemplo… sacudió la cabeza enérgicamente. No debía volver a sumirse en estos pensamientos tan desagradables.
Cogió al libro, pero cuando estaba a punto de cerrarlo y echarlo de nuevo en el cajón, se quedó helada.
El libro se había abierto en la última página, pero algo no andaba bien, ¡nada bien!
En vez del final que bien conocía, estaba ahora escrito una frase terrible.
"Aquello solo es un principio".
