CAPÍTULO 2:
A.N: Ups, me ha salido otro! ;)
Espero que os guste!
B*
Killian caminó hacia la casa, contento y a la vez pensativo. Contento porque creía que Emma se sentía un poco mejor ahora, después de desahogarse con él. Pensativo porque últimamente notaba a Emma muy cambiada y no sabía explicar exactamente qué era diferente ahora. Realmente sí lo sabía, pero ni por todo el oro del mundo lo reconocería. Emma Nolan había cambiado y ya no era una niña.
Entró en casa sumido en sus pensamientos, hasta que David lo sacó violentamente de ellos:
- ¿Has hablado con ella? – preguntó ansioso, mientras se levantaba del sofá y se dirigía hacia la puerta.
- Tranquilo, está bien. Ahora vendrá. Hemos hecho un trato – explicó Killian.
- ¿Qué tipo de trato?
- Durante este mes, trabajará en la oficina conmigo.
- ¿Y ha aceptado? – preguntó David con la boca y los ojos muy abiertos de la sorpresa.
- ¿Con quién te crees que estás hablando? – rechistó Killian en tono de sorna. – Por supuesto que ha aceptado. Soy Killian Jones, un as con las mujeres.
David soltó una risotada y lo empujó amistosamente, a la vez que lo señalaba amenazadoramente con el dedo índice mientras le decía:
- No se te olvide que es mi hermana pequeña, Jones.
- Jamás se me olvidaría – contestó él poniéndose ya más serio. – Yo ya voy servido con Tink – continuó mientras le guiñaba un ojo.
Su conversación fue interrumpida por la puerta de entrada señalizando la llegada de Emma.
- ¡Emma! – exclamó David tratando de poner un tono amistoso. – Vamos a cenar. ¿Te apetece sentarte con nosotros? Después iremos a tomar algo al pueblo, seguramente. Podrías venir.
- ¿No estoy castigada? – preguntó ella sorprendida mirando para su hermano.
- Killian me ha contado que has accedido a trabajar con él durante este mes. Eso me parece castigo suficiente – dijo con sorna, provocando que Killian soltase un "Ey" haciéndose el ofendido.
- Vale, está bien. Voy a cambiarme y bajo – contestó mientras se dirigía escaleras arriba hacia su cuarto.
En cuanto ella estuvo lo suficientemente lejos como para que no los escuchara, David le dijo a su mejor amigo:
- No me lo puedo creer. Ha dicho que vendría. Sin discutir ni nada… ¿Pero qué le has hecho ahí fuera? ¿Un lavado de cerebro?
- Un mago nunca revela sus trucos, amigo – contestó Killian poniendo su característica sonrisa de lado. – Ahora en serio, sólo necesitaba desahogarse con alguien que no fuera de la familia.
- Killian, tú "eres" de la familia.
- Ya me entiendes – replicó él. – Yo no soy su hermano mayor, y eso supongo que le da más confianza para hablar conmigo.
Se escucharon unos pasos rápidos bajando la escalera. A continuación, apareció Emma, con un vestido corto de color negro y manga larga y sus rizos recogidos en un moño despeinado, que le daba un aspecto angelical. Killian no pudo evitar fijarse en lo guapa que estaba.
- ¡Maldita sea, Emma! – dijo mirándola de arriba a abajo. - ¿Para quién te has puesto tan guapa? – preguntó moviendo las cejas de forma seductora, tratando de hacer que se sonrojara (y consiguiéndolo)
- Cállate, Jones – dijo ella, dándole un golpecito amistoso con la cadera.
- David, no es por meter mierda, pero… ¿no crees que la falda de la niña está un poquito corta de más?
- Déjala en paz, Killian – dijo Mary Margaret riéndose. – Las piernas bonitas son para lucirlas.
- Efectivamente – contestó Emma guiñándole un ojo a Killian, haciendo que ahora fuera el turno de éste de ponerse colorado. - ¿Cenamos?
- Sí. Henry ha llamado de que cenará en casa de su amigo Fynn, así que podemos empezar.
La cena fue bien, bastante mejor de lo que David se esperaba. No hubo peleas ni discusiones y Emma incluso sonrió varias veces mientras le seguía las bromas a Killian. Por primera vez en mucho tiempo, parecía que la normalidad había vuelto a la casa y David por más que intentaba no ser pesimista, no podía evitar preguntarse cuánto tiempo duraría la paz.
Al terminar, se dispusieron a coger los abrigos para ir a tomar algo al centro de la ciudad. Decidieron ir caminando, de lo cual se arrepintieron enseguida al ver el frío que hacía ya. Y eso que aún era otoño.
- ¡Id entrando! – dijo Killian. – Yo esperaré aquí fuera a que llegue Tink. Me ha dicho que está intentando aparcar cerca.
Emma apretó la mandíbula al escuchar que venía Tink. Sabía que era una tonta por comportarse así, pero era inevitable: cada vez que la veía con KIllian, no podía evitar sentirse celosa de lo que ella nunca tendría.
Se sentaron en una de las mesas del fondo, de forma que la música se escuchase, pero no tan alto como para que no los dejase hablar. Después de unos minutos esperando, por fin, Killian llegó de la mano de Tink.
- ¡Hola a todos! – saludó ella con una sonrisa mientras se sentaba en la silla que Killian muy caballerosamente le ofrecía, para luego él sentarse en el medio entre ella y Emma. - ¡Emma! ¡Cuánto tiempo!
- Sí, hace mucho que no nos vemos – contestó ella tratando de ser educada, aunque realmente le dolían las mejillas de fingir la sonrisa.
- Bueno, voy a pedir en la barra – dijo David levantándose. - ¿Qué vais a tomar?
- Una cerveza – contestó Emma sin dudar.
- Ni de coña – dijo David muy serio.
- Tengo diecisiete años y es una sola cerveza, Dave – protestó ella. – No me digas que tú a mi edad no las tomabas porque te tengo visto unas cuantas veces aquí con tu amigo – dijo señalando a Killian.
- No es lo mismo… - replicó David, sin ceder.
- Venga, David, no seas así – trató de mediar Killian. – Compartiré yo una cerveza contigo, ¿vale, Emma?
- Da igual – contestó ella negando con la cabeza. – No soy ningún bebé para que tengas que compartir nada conmigo – continuó muy seria, mientras se levantaba. – Me voy a casa.
Sin mirar atrás, se dirigió a la puerta de salida del bar.
- ¡Emma! – gritó David, haciendo ademán de salir detrás de ella.
Killian lo agarró del brazo, impidiéndoselo.
- Deja, voy yo. Vuelvo ahora, Tink – dijo dirigiéndose a su novia, a lo que ella contestaba con una sonrisa.
Salió del bar y miró a ver si veía a Emma por algún sitio. Después de unos segundos, la vio. Estaba sentada en el muro del puerto, mirando hacia el mar, con las rodillas contra el pecho y la cabeza apoyada en ellas.
- ¡Emma! – llamó Killian mientras se iba acercando.
Ella lo escuchó acercarse y se secó las lágrimas que habían comenzado a caer casi sin darse cuenta.
- ¿Estás bien? – preguntó él sacándose la chaqueta para luego ponérsela sobre los hombros.
- Perfectamente – dijo ella, enterrando la cara en el cuello de la cazadora, sin poder evitar olerla.
- ¿Qué ha pasado ahí dentro? No quise ofenderte con lo que dije, era una forma de mediar un poco en la discusión antes de que se pusiese fea.
- Ya lo sé – contestó ella.
- ¿Y entonces?
- Nada… - suspiró ella. – Es sólo que no pinto nada ahí con vosotros.
- ¿Qué dices? No digas tonterías – dijo él muy serio.
- Es verdad, piénsalo. Soy la quinta rueda. Dos parejas y yo. ¡Qué diversión! – exclamó irónicamente.
- Algún día seremos tres parejas – dijo él con una sonrisa, tratando de que ella también se riera.
- No lo creo – contestó Emma muy seria. – Yo nunca voy a conseguir algo así como lo que tenéis vosotros.
- Por supuesto que lo tendrás – contestó Killian pasándole un brazo por encima de los hombros, haciendo que ella apoyase la cabeza en su hombro. – Y más pronto que tarde, ya lo verás. Hazme caso, patito, que yo de estas cosas entiendo y ningún hombre inteligente dejaría pasar la oportunidad de estar contigo.
- ¡No me llames patito! – protestó ella dándole un codazo en las costillas, haciendo que Killian se doblara a la vez que soltaba una carcajada.
- Anda, vamos dentro otra vez – dijo él poniéndose en pie y ofreciéndole la mano a Emma para ayudarla a levantarse. – Se estarán preguntando dónde estamos. ¿Mejor? – preguntó él retirándole un mechón de la cara, que se le había escapado del moño.
Sin previo aviso, Emma le rodeó la cintura con los brazos y enterró su cara en su pecho. Killian por un momento se quedó con las manos levantadas a los lados, sin saber qué hacer con ellas, hasta que finalmente cerró los ojos y le correspondió el abrazo, dándole un beso en lo alto de la cabeza. Estuvieron unos segundos que se hicieron eternos así, hasta que poco a poco Emma fue separándose. Quedaron frente a frente, mirándose a los ojos. De nuevo la conexión que habían sentido hacía un par de horas junto al columpio. Emma por un momento no pudo evitar mirarle los labios a Killian y él hizo lo propio con ella. Sin embargo, ninguno de los dos se atrevía ni a juntarse del todo ni a separarse, quedando en la misma posición durante unos instantes, hasta que se escuchó a Tink gritar desde la entrada del bar, haciendo que ambos se separasen como si algo les hubiese dado corriente.
- ¡Killian! Venga, entrad ya, que hace un frío de muerte – gritó Tink.
- ¡Ya vamos! – contestó él, a la vez que se giraba para mirar hacia Emma. - ¿Vamos?
A Emma las palabras no le salían, simplemente se limitó a asentir con la cabeza, a la vez que le devolvía la cazadora a Killian.
Estuvieron un rato en el bar, compartiendo historias y riéndose. Killian actuaba como si nada hubiese pasado, como si el momento que habían compartido en el puerto no hubiese sucedido. Sin embargo, de vez en cuando, Emma sentía la mirada de Tink en el cogote, una mirada que le recordaba que ella seguramente sí se había dado cuenta de lo pegados que estaban cuando salió a buscarlos.
Sumida en sus pensamientos mientras jugaba con la pajita de su refresco, no se dio cuenta de que dos de sus mejores amigos, Elsa y Graham habían entrado al bar en ese momento.
- ¡Emma! – se escuchó a una voz masculina gritar desde la barra, a la vez que saludaba efusivamente con la mano.
- ¡Graham! – contestó ella levantándose de la silla con una sonrisa de oreja a oreja, ante la mirada reprobatoria de Killian. – Voy hasta allí a saludar, ¿vale? – se dirigió a David. – Son unos amigos de clase.
- Claro, ve – dijo él asintiendo con la cabeza. – Nosotros aún estaremos también un rato por aquí, que mañana es sábado y no se trabaja.
- No trabajarás tú – contestó Killian muy serio. – Yo tengo que ir a la oficina a acabar unos informes, así que mejor no te entretengas mucho con ellos, Emma. No te olvides que ahora tú también trabajas – comentó el chico tratando de actuar normal, aunque se le notaba que estaba tenso.
- ¿En serio? ¿Me vas a hacer trabajar un sábado? – preguntó Emma atónita.
- Ése era el trato – continuó Killian inflexible, sin ni siquiera mirarla.
- Al menos podrías mirarme cuando me hablas – contestó ella claramente enfadada, ante la atenta y sorprendida mirada de todos. – En fin, da igual. Os veo en un rato – se despidió mientras iba hacia la mesa donde se habían sentado ahora sus amigos.
Killian seguía en silencio las conversaciones de sus amigos, tratando de simular que estaba prestando atención a lo que decían, pero, en realidad, estaba más pendiente de lo que pasaba en la mesa situada al otro lado del bar. Desde el momento en que había visto la forma en la que el tal Graham saludaba a Emma, la cara que había puesto, se había dado cuenta de que ese chico la quería como algo más que una amiga. Y a él todo esto no debería de importarle, pero por alguna razón imposible de adivinar, le importaba, y mucho.
- ¿Estás bien? – preguntó Tink a su lado, acercándose para darle un beso en la mejilla, aprovechando unos minutos de soledad mientras David había ido a pedir otra ronda y Mary Margaret había ido al baño.
- Claro – contestó él fingiendo una sonrisa.
- Estás como con la cabeza en otro sitio – continuó ella mientras le acariciaba la cara.
- No… - dijo él agarrándole la mano y dándole un beso en la palma. – Es sólo que estoy cansado.
- Cuando quieras… nos vamos – susurró ella en su oído, mientras le dedicaba la más pícara de las sonrisas.
- En un rato – contestó Killian muy seco mientras tomaba otro trago de su botella de cerveza, a la vez que lanzaba una enésima mirada en dirección a la mesa de Emma.
Emma se lo estaba pasando realmente bien. Por varios motivos. El primero de ellos es que Elsa y Graham eran genuinamente divertidos y siempre que se juntaba con ellos, no podía parar de reírse. El segundo motivo era que se estaba dando cuenta de que Killian no le quitaba ojo, y eso internamente, la hacía tirar cohetes. Al fin y al cabo, de esperanzas y sueños también se vive.
- Bueno, chicos, yo me tengo que ir ya – dijo Elsa disculpándose con una sonrisa. – Mis padres me han dicho que ni un minuto más tarde de la una en casa, así que tengo que ir marchándome.
- ¿Seguro que no te puedes quedar un rato más? – preguntó Emma. – Nosotros te acompañaremos a casa para que no tengas que caminar sola. Estoy segura de que a mi hermano no le importará.
- Muchas gracias – contestó Elsa mientras se ponía el abrigo. – Pero de verdad que no puedo. Mañana vamos a ver a mis abuelos y salimos pronto con el coche.
- Bueno, pues ya nos veremos – dijo Emma mientras se levantaba para darle un abrazo.
Graham y ella se volvieron a sentar y se quedaron mirando como Elsa salía del bar.
- ¿Tú también te vas? – preguntó Graham.
Emma miró hacia la mesa de su familia y pudo ver que todavía estaban sumidos en una profunda conversación.
- No, parece que todavía nos quedamos un rato – contestó con una sonrisa.
- Esperaba que dijeras eso – dijo él con una bonita sonrisa.
Graham era un chico muy guapo. Castaño, ojos medio marrones – medio grises y el pelo le caía en unos rizos adorables. Era un chico muy amable y divertido, nada que ver con el idiota de Neal. Vamos, un partidazo. Además, Emma no era tonta y se notaba a leguas que Graham estaba loco por ella. Realmente, era un secreto a voces, todo el instituto lo sabía, aunque por alguna razón, él nunca se había atrevido a pedirle una cita.
- Emma – comenzó Graham nervioso. – Llevo toda la noche tratando de reunir el valor para preguntarte una cosa y creo que he llegado a la conclusión de que es ahora o nunca.
- ¿Qué pasa?
- ¿Saldrías conmigo? – preguntó él nervioso, haciendo que se le pusieran rojas hasta las puntas de las orejas.
En ese momento, Emma miró de reojo hacia la otra mesa y vió a Tink y Killian dándose un apasionado beso. Se dio cuenta de que lo que había pasado en el puerto seguramente había sido un espejismo, se lo habría imaginado todo. Killian no estaba celoso, simplemente se preocupaba de ella como si de su hermana menor se tratase. Le partía el corazón que así fuera, pero lo entendía y lo aceptaba. Después de todo lo que había pasado con Neal, se había jurado a sí misma que ella nunca sería una de esas chicas patéticas que van detrás de los tíos a toda costa. Así, que sin pensárselo dos veces, decidió aprovechar la oportunidad que se le había puesto delante.
- ¿Estamos hablando de una cita? – preguntó ella con una sonrisa pícara.
- Claro – contestó Graham también sonriendo, mientras se echaba para atrás en el asiento.
- Vale – dijo Emma por fin, después de unos minutos de silencio, durante los cuales Graham aguantaba la respiración. – Saldré contigo.
- ¿Mañana te parece bien?
- Perfecto. ¿Me recoges a las ocho en mi casa?
- Hecho – dijo él agarrándole la mano por encima de la mesa, mientras Emma sonreía.
Desde la otra mesa, Killian vió como la chica del pelo rubio platino, se levantaba y se marchaba del bar, haciendo que Emma y el otro chico se quedasen solos. Resopló internamente, tratando de aguantarse las ganas que tenía de inventarse cualquier excusa para ir a interrumpirlos. Se engañó a sí mismo, diciéndose que todo esto era porque se preocupaba por Emma, porque después de lo que le había contado acerca de Neal, no quería que le volvieran a hacer daño. Todavía no se daba cuenta de lo equivocado que estaba.
La mano de Tink jugueteando con los mechones de pelo más largos de su nuca lo sacó de su trance, provocando que levantase la mirada hacia ella.
- Mmmm – gimió en bajito cerrando los ojos, mientras la chica seguía acariciándole la cabeza.
Tink soltó una carcajada y se acercó a él, dándole de nuevo un beso en la mejilla. Killian aprovechó el momento y giró la cabeza, para que el beso acabase por ser en los labios. Tink enseguida respondió a la muestra de afecto y ambos se enzarzaron en un apasionado beso. Cuando por fin se separaron, ella lo abrazó y le dijo al oído:
- Te quiero.
- Y yo a ti, amor – contestó él.
Sin embargo, por encima del hombro de Tink, seguía sin poder apartar la mirada de otra persona: Emma.
