SNIF SNIF! Bueno quiero creer que están muy ocupados, que por eso no han tenido la oportunidad de comentar, pero también debo ser buena y cumplir con Monni y nattigmb que han comentado, no solo el capitulo anterior, sino capitulo tras capitulo, gracias de verdad. Así que aquí les dejo este capitulo dedicado a todas aquellas que han dejando un comentario. Espero les guste saludos.


Capítulo 29

Al final resulto que Casie y Alex hablaron largo y tendido, aclarando la situación, donde él le dijo que no tenía ojos para nadie más, que la amaba y le dijo que evitaría a toda costa a Jill, que él solo la atendía con cortesía como un cliente más, que si había notado ciertas insinuaciones por su parte, pero que de ahora en adelante le daría la vuelta, dejando que alguien más la atendiera. Incluso hablaron con nosotros para poder programar unas vacaciones antes de que Lana se fuera del distrito, complicándonos un poco la situación, porque eran tres puestos los que se irían y de algún modo se tenía que cubrir, pero sabíamos que no podíamos negarles esas vacaciones, aparte lo estaban haciendo con tiempo para que se pudiera conseguir temporalmente a alguien.

La temperatura en el distrito empezaba a bajar, así que Peeta y yo parecíamos nómadas con tatas cobijas para mantener a Tara calientita, el corral que habíamos comprado para ella había sido una excelente decisión, porque dormía mejor que en la sillita y permanecía ahí jugando un rato con sus sonajas y muñecos, mientras él y yo trabajamos. Cuando llegaba a ir a la escuela con ella, los niños se desvivían por saludarla o tocarla, era un efecto parecido como cuando tenía mi barriga de embarazada, en un principio se espantaba con los chicos, pero al final se fue acostumbrando así como también ellos lo hicieron.

Daniel disfrutaba mucho cuando Tara llegaba a ir, pasando a darle caricias y diciéndome a cada instante que cuando la podría cargar.

Unos días espantosos fueron cuando empezaron a salirle los dientes, porque le dio incluso un poco de temperatura y no paraba de llorar por lo molesta que estaba, incluso Peeta y yo discutimos porque él quería darle medicamento mientras que yo le decía que era normal su molestia, de hecho en esa ocasión no fue la primera vez que nos enojábamos por una situación similar, porque también empezábamos a experimentar con un poco de papillas de cereales y alguna fruta que nos había dicho Paul. El colmo fue cuando me acuso de que yo no quería seguir dándole pecho, su comentario me enfado demasiado, puesto que no tenía motivos para decir semejante tontería, no lo podía creer, yo era feliz alimentando a mi hija, simplemente seguía las instrucciones y recomendaciones que me dio Paul, pero como ese día Tara rechazo la papilla que prepare sacándola toda y empezando a llorar, él se atrevió a decir eso, provocando que no le hablara por 5 días, salvo para lo esencial que tuviera que ver con Tara, incluso yo trate hacer todo por mi cuenta, pidiendo lo mínimo de su apoyo, de hecho un factor que nos puso al límite fue cuando no le pedí ayuda para bañarla y la metí conmigo en la regadera, tomando mis precauciones y siguiendo los consejos que mi madre me había dado días antes.

-Hola – me dijo un Peeta muy serio.

-Hola – dije sin voltear a verlo mientras veía comer a Tara de mi pecho.

-¿Por qué le estas dando de comer?, se va quedar dormida y aun hay que bañarla –

-No, ya me encargue de eso – le conteste aun sin voltear a verlo.

-¿qué? ¿Ya la bañaste? ¿Quién te ayudo? - hablo tan rápido que no me dejo contestarle ninguna de sus preguntas.

-Nadie – me estire para tomar una toallita.

-Katniss la metiste a la regadera, ¿Por qué no me esperaste? Pudo ser peligroso – Peeta estaba muy molesto.

-Lo siento pero ya era hora, tú lo dijiste desde el otro día – me encogí de hombros restándole importancia. Mientras que Tara trataba de incorporarse, al parecer había escuchado la voz de su papá y quería verlo, así que deje que ella misma se levantara. Peeta no tardo en tomarla en brazos y besarla – hola linda, ¿con que no me esperaste he? –

-Voy abajo a terminar con la ropita de Tara, ojala la puedas dormir – no me espera a que hubiera respuesta y salí de la habitación.

Cuando terminaba de sacar la ropa de la lavadora apareció Peeta, muy serio y claramente enfadado, lo conocía muy bien - ¿Por qué? – me dijo.

-¿a qué te refieres? – dije sin voltear a verlo aun.

-Sabes muy bien que te arriesgaste, no debiste excluirme Katniss, Tara es hija de los dos –

-¿Qué? – su reclamo se me hizo absurdo, cuando voltee a verlo, estaba con el rostro muy desencajado, tenía los puños cerrados tan fuerte que estaban blancos; conocía muy bien esa actitud, sabía que en ese momento Peeta estaba empezando a perder el control.

-¿Dónde está Tara? – dije tratando de moverme poco a poco para poder ver si llegaba a la puerta, necesitaba saber que nuestra hija estuviera bien.

-No me cambies el tema – prácticamente gruño – no vuelvas a excluirme – insistió.

-Peeta… ¿estás bien? – pregunte temerosa.

-¡no! – Grito mientras se aferró a una mesa que teníamos con los detergentes y agacho la cabeza – dame… dame un minuto –

No lo pensé dos veces y salí corriendo para verificar que Tara estuviera en su cuna, sintiendo un alivio cuando la vi durmiendo ahí, pero fue un alivio momentáneo, porque en ese momento me pregunte qué era lo que debía hacer, quedarme y esperara a que Peeta se tranquilizara o bajar y ver si todo estaba bien.

En ese momento me di cuenta que lo intolerante que estaba Peeta desde el día que le di la papilla a Tara, era evidente, ¿Cómo era posible que no me había dado cuenta de la situación? Él se estaba resistiendo al veneno, por eso fue su comentario absurdo y yo me deje llevar, poniendo el ambiente más tenso entre nosotros. Decidí salir para ver como afrontábamos esto, Peeta necesitaba de mi apoyo, aparte lo mejor era ver que estuviera tranquilo antes de volver con Tara.

-¿Peeta? – dije al llegar al último escalón.

-aquí – dijo desde la sala, con una voz floja.

-¿te… sientes mejor? – no sabía si acercarme o darle su espacio, él solo negó con la cabeza, pero me vio fijamente.

-Odio sentirme así, me hiciste enfurecer – me tense, no sabía si lo decía en serio o era el veneno que aún estaba actuando – sentí que me dejabas fuera, pero por otro lado no comprendía que era lo que pasaba –

-Peeta yo… estoy confundida – de verdad que no sabía qué hacer, tenía tanto tiempo que no estábamos en una situación similar.

-Kat es que, sentí que me dejaste fuera, llevo 5 días espantosos, enojado por todo y luego llego y veo que ya tenías a Tara bañada, no lo sé – Peeta hundió la cara entre sus manos con los codos apoyados en sus piernas.

-Perdón, es que de verdad me molesto mucho que dijeras que yo… amo a mi hija y yo solo quiero lo mejor para nosotros tres, me heriste con ese comentario –

-Es que… llevo días pelando, por no perder el control –

-¿Por qué no me dijiste nada? – me acerque y senté a su lado.

-Porque solo verte con Tara me tranquilizaba, sabía que no debía perder el control, por ti y por ella, aparte que ella era el detonante para estar seguro de que es mi realidad –

-Pero el que nos enfadáramos solo complico todo – dije más que nada para mí.

-Exacto, y hoy, bueno – ambos nos quedamos callados, no sabía que decir, como solucionar esto – sentí que perdía el control, pero cuando me diste a Tara para que la durmiera me tranquilice, solo que al bajar para hablar contigo volví a sentirme enfadado, principalmente porque tú también estabas molesta –

-No sé qué decir, es que de verdad me heriste, jamás me esperaba un comentario así de tu parte, ni siquiera cuando no estaba en los planes tener un hijo me hiciste un reproche así, entiéndeme que me sorprendió y lastimo –

-Pero no vuelvas a excluirme en cosas de nuestra bebé, Kat, eso me hizo sentir también muy mal – él no me daba la cara, solo hablaba viendo hacia abajo, por lo que me aventure y decidí tomar su mano.

-Ten claro algo Peeta, yo jamás, jamás te voy excluir, Tara es tu hija y se perfectamente cuanto lo deseabas, así que por favor, que te quede claro que ella es tanto tuya como mía y que ambas te amamos mucho –

-Oh bonita – de repente Peeta me jalo para terminar sentada a horcajadas sobre de él y abrazarnos con fuerza – yo también las amo, perdóname si te herí, fue algo que se salió de control –

-Lo sé, voy a tratar de estar más al pendiente, fui una tonta porque tú no eres así, pero también dime cómo te sientes, no permitas que lleguemos a estas instancias, necesitamos estar bien comunicados Peeta –

-De hecho… Kat cuando me di cuenta que necesitaba controlar la crisis, me dio pánico, creo que debemos establecer una norma o algo para que tú y Tara estén seguras – él acaricio tiernamente mi mejilla con sus nudillos.

-Peeta, sabes que te puedes controlar, las crisis son ya esporádicas y muy diferentes a cuando, bueno a las de un principio –

-Sí, pero aun así, necesito que cuando estemos en una situación similar te vayas con Johanna o Haymitch, aléjate de mí con la niña –

-No, eso te confundirá más, me verás como la villana del cuento por alejarte de tu hija –

-Pero no quiero que pase algo malo, incluso estoy pensando en ver si paso la noche con Haymitch –

-¿qué? – Me aleje para verlo a la cara – por supuesto que no –

-Kat, no quiero arriesgarme, lo mejor es tomar distancia, no sabes que puedo hacer, ni yo mismo – volvió a enterrar la vista hacia abajo.

Lo tome del mentón para levantar su rostro y así podernos ver, sus ojos no eran del mismo azul de siempre, pero al menos no estaban tan oscuros como cuando recién regresamos al distrito – No nos vas alejar de ti, tú ya sabes muy bien cómo controlarte, tú mismo lo dijiste, Tara te ayudo a ver la realidad, así que no vas a ir a ninguna parte, me oyes –

-Bueno, al menos deja que duerma en la habitación de al lado para…- no lo deje terminar y lo bese, no quería seguir escuchando tonterías de que no iba a estar con nosotros. Él me dejo llevar el ritmo, permitiendo que esta vez mi lengua fuera la invasora, buscando con ahínco la suya; mis manos se situaron en su mejilla y su nuca, para no dejarlo escapar, para hacerle entender que lo amaba y que jamás me alejaría de él. Sus manos iban de arriba abajo sobre mi espalda, pegándome lo más que se podía a él, mandando escalofríos por todo mi cuerpo y ayudando a no parar el beso.

-Esta noche – susurre sobre su oído – no te libras de mí, si quieres utilizar la otra habitación, es solo para que cuando Tara despierte no nos sorprenda en un momento… - bese su oído buscando la palabra correcta.

-¿muy íntimo? – contesto con trabajos Peeta, poniendo su mano en mi muslo y parte baja de la espalda.

-Así es – no pude evitar reír cuando recordé aquella noche que aún no sabemos si la despertamos con nuestros ruidos o fue solo coincidencia.

-ok, me has convencido, vayamos ambos a la otra habitación – contesto con picardía Peeta – o podemos quedarnos aquí - él se movió de modo que termine recostada sobre el sofá, al mismo tiempo que empezaba a meter sus manos entre mi suéter.

-no señor – dije entre besos – aquí será más difícil escucharla, aparte ¿no tienes hambre? Hoy no viniste a comer nada –

-Sí, tengo hambre y pienso darme un banquete – era increíble los años que habían pasado y Peeta aun lograba sonrojarme.

-Hablo en serio – alcance a susurrar mientras besaba mi cuello.

-Yo igual –

-Espera creo que tu hija está quejándose – tanto él como yo nos quedamos quietos, escuchando atentamente si nuestra bebé lloraba o hacia algún sonido.

-Señora, acaso está tratando de distraerme – Peeta se acercaba nuevamente a mis labios.

-No, no, sh sh, - lo detuve, para al final escuchar un leve balbuceo.

-¿Cómo la escuchaste? – Peeta se incorporó y me ayudo a ponerme de pie.

-Creo que solo esta despierta, al menos no reclama nuestra atención urgente, ¿quieres subir a verla mientras veo que puedes cenar? –

-Si, veré si la puedo convencer de dormir nuevamente para retomar donde nos quedamos –

-Bien – negué con la cabeza – te subiré algo entonces –

Al llegar a nuestra habitación me encontré a Peeta durmiendo con Tara a un lado en nuestra cama rodeada de almohadas y sonajas, era evidente que el pasar por esas semi crisis lo dejaban agotado, al grado de conciliar el sueño rápido, debido a que no tarde mucho en subir. Deje la charola con comida a un lado y tome a Tara para acostarla en su cuna, ella abrió sus ojos, sonriendo como si supiera que había logrado dormir a su papá mientras que ella aún estaba despierta –sh, sh, no lo vayas a despertar – susurre mientras me acomodaba para alimentarla un poco, ya que más temprano había sido interrumpida por la llegada de Peeta, aparte de ese modo estaría tranquila hasta conciliar el sueño y permitiría a Peeta dormir sin sus ruiditos o balbuceos.

-¡No! – Escuche a lo lejos – Katniss, Tara, no, no – cuando abrí los ojos me di cuenta que Peeta estaba teniendo una pesadilla, porque seguía repitiendo nuestros nombres. Era tan extraño que me diera cuenta de sus pesadillas, encendí la lámpara para después tocarlo por los hombros.

-Hey Peeta, tranquilo, es una pesadilla – le dije con cuidado para no alterarlo más.

-No, no, Tara – cuando lo moví más fuerte fue que abrió los ojos.

-Tranquilo, es una pesadilla – le dije lo más calmada posible, debido a que verlo así me hacía sentir impotente.

Él se levantó de golpe volteo hacia todos lados y corrió a la cuna, supongo para comprobar que nuestra bebé dormía plácidamente, sorprendiéndome que no se despertara por el ruido.

-Calma – le dije al abrazarlo por atrás – todo está bien –

-Es que… oh bonita – él se volteo para abrazarme con fuerza – malditas pesadillas –

-Lo sé, todo está bien, vamos siéntate, ¿quieres un poco de agua o leche tibia? –

-No, no te vayas – él se acomodó en la cama y me abrazo, aprisionándome con fuerza – fue tan real –

-Estamos bien, estamos aquí contigo – dije para tratar de tranquilizarlo.

-Estábamos en la segunda arena, con Finnick – dijo después de un largo silencio.

-¿con Finnick? – me extraño un poco que soñara con él, después de tanto tiempo, regularmente era yo quien soñaba con todos ellos.

-Sí, pero es que… - a Peeta se le cortó la voz – en vez de llevar a Mags, llevaba a Tara con él, y la niebla… - me tense y apreté su pecho.

-No lo digas, ella está bien, no te preocupes – bese su mentón – tranquilo ya no pienses en eso, ¿quieres cargarla para sentirte mejor? – le sugerí, puesto que a mí me daba mejor resultado.

-Sí, creo que si –

Afortunadamente nuestra pequeña tenía el sueño pesado, porque no protesto cuando la tome en brazos para dársela a su papá, que acuno con mucho cuidado y ternura, pegándola a su pecho y rostro, viendo como ella dormía tranquilamente.

-Ven bonita – me indico que me sentara a su lado, chocando hombro con hombro, Peeta seguía muy afectado, no sabía si era por la crisis que evito o porque era la primera vez que soñaba con Tara en peligro – sabes, creo que… con esta pesadilla entiendo más tus miedos –

-¿Cómo? – susurre.

-Tu te rehusabas a tener un hijo por muchos miedos, uno de ellos es por temor a pasar nuevamente por lo que pasaste con Prim, así que el sentir que la perdía ha sido… -

-Ya, calma, ella está bien, está aquí, mírala parece que se burla de nosotros, durmiendo sin ninguna preocupación mientras que sus padres están a mitad de la noche muertos de miedo –

-Vaya padres – su voz se escuchó más relajada – somos todo un caso –

-Lo bueno que la tenemos a ella para ayudarnos, para guiarnos –

-Tienes razón, gracias bonita, me siento más tranquilo – Peeta beso mi frente.

Después de estar un rato más con Tara en brazos, Peeta al fin tomo algo de comida, bajando a calentar lo que más temprano le había traído, pero comiendo ahí en la habitación para no sentirse solo en la cocina, lo bueno de todo es que al otro día Fred sería el encargado de abrir la panadería dejando la mañana libre para Peeta y así poder descansar un poco, debido a que yo tampoco tenía actividades en la escuela.

-Lamento haberte despertado así – susurro Peeta sobre mi oído al estar abrazándome por la espalda.

-No digas nada, yo siempre los despierto con mis gritos, aparte has tenido unos días difíciles – acaricie tranquilamente sus brazos que me envolvían.

-Ni que lo digas, ha sido horrible, por favor no volvamos a discutir por tonterías –

-No, solo hay que hablar bien las cosas, pero nunca, nunca olvides que te amo –

-Yo también te amo, mucho, a ti y a nuestra Prim Taraxa – él apretó su abrazo, haciendo esto más reconfortarle para ambos.


N/A: Que tal? espero que les haya gustado, y díganme, creen que mañana tendremos al fin tráiler. Un saludo y saben que estoy súper agradecida por que lean, me pongan como favoritos, me sigan y sobre todo que comenten. Nos estamos leyendo por aquí.