CAPÍTULO 4:
A.N: Nuevo capitulo!
Muchas gracias a paupaupi, por echarle un ojo al capítulo y darme su opinión antes de publicarlo definitivamente! Eternamente agradecida 3
Un abrazo para todos y gracias por estar ahí!
Blanca
Diez días habían pasado desde que Killian en un arrebato la había besado bajo la lluvia.
En todos estos días que habían compartido en la oficina, ambos trataban de actuar como si nada hubiese pasado entre ellos, pero la relación no era exactamente igual que antes. Emma notaba como él se contenía todo el rato con ella, como si tuviera miedo de volverse a dejar llevar y que ocurriese otra vez algo como lo del otro día. Estaba segura de que él sentía algo por ella, una atracción al menos, pero nunca iba a arriesgar su amistad con David ni su relación con Tink por eso.
Sin embargo, ella por más que lo intentaba no podía dejar de pensar en él ni por un momento. Había intentado lo de la cita con Graham, pero no había resultado, así que al final, decidió que era mejor que siguieran siendo amigos sin más, a lo que el chico había accedido bastante desilusionado. Había sido duro, pero si Emma sabía algo era que no estaba bien darle falsas esperanzas a la gente. Y ella no iba a hacerlo con Graham, no se lo merecía.
- Emma, ¿tienes tú los archivos de la campaña de publicidad de la marca de ropa interior con la que estamos trabajando? – preguntó Killian levantando la vista de los documentos que estaba revisando.
- Sí, los tengo yo aquí en mi mesa – contestó ella enseguida. - ¿Los necesitas?
- ¿Podrías hacer unas fotocopias de nuestras propuestas para entregarle después al representante de la marca?
- Claro – respondió ella levantándose de la silla. – Enseguida vuelvo – añadió mientras salía por la puerta.
Killian la observó marchar en silencio. Cuando por fin estaba fuera de su campo visual, soltó un gran suspiro, soltando el aire que llevaba aguantando toda la mañana. Esta situación lo estaba matando. Llevaba días evitándola, intentando autoconvencerse de que lo del beso había sido un impulso nada más, algo sin importancia que no había significado nada, pero la gran verdad era que desde que había ocurrido no podía dejar de pensar en ello. Cuando pensaba en el escalofrío que le había recorrido todo el cuerpo cuando sus labios hicieron contacto con los de Emma, todavía se le ponían los pelos de punta. Durante estos diez días había estado distante a propósito, para no tentar a la suerte y que volviese a pasar algo. En definitiva, se estaba volviendo completamente loco.
Lo que más lo atormentaba era el sentimiento de culpa que tenía encima. Sentía como que estaba traicionando a su mejor amigo por siquiera pensar en poder estar de esa manera con su hermana pequeña. También se sentía culpable porque a pesar de llevar casi dos años saliendo con Tink, jamás había sentido algo tan fuerte por ella, ni siquiera al principio de la relación. Y obviamente, también se sentía mal por Emma, porque aunque ella, fiel a su promesa, no había vuelto a sacar el tema ni había vuelto a comentar nada, él la conocía perfectamente y sabía que estaba dolida con él por estarla evitando durante todo este tiempo.
Una apurada Emma lo sacó de sus pensamientos al entrar de nuevo en el despacho:
- Aquí los tienes – dijo ella poniendo un par de carpetas en su mesa. – He hecho dos copias por si acaso.
Killian no pudo evitarlo y comenzó a reírse.
- ¿Qué pasa? ¿De qué te ríes? – preguntó ella frunciendo el ceño.
- ¿Te has peleado con el tóner de la impresora? – la cuestionó divertido, tratando de aguantarse la risa.
- He tenido que cambiarlo porque no le quedaba tinta. ¿Por qué? – preguntó ella mientras se sentaba encima de su mesa.
- Te has manchado la cara – contestó él sacando un paquete de pañuelos de papel del cajón de su mesa y acercándose hasta quedar de pie enfrente de ella.
- ¿En serio? – preguntó ella poniéndose colorada mientras comenzaba a frotarse la mejilla.
- ¡Para! – dijo él agarrándole la mano y apartándosela – Yo te lo limpio – añadió.
Killian se acercó a ella y le agarró la barbilla, ladeándole un poco la cabeza mientras le limpiaba la mejilla suavemente con un pañuelo. Emma se quedó totalmente quieta, no se atrevía ni a respirar. Tragó saliva y lo miró a los ojos, encontrándose con que él también la estaba mirando fijamente. Inconscientemente, abrió un poco las piernas y él se acercó un poco más, quedando casi encajonado entre ellas, mientras seguía tratando de quitar la mancha de tinta de su rostro.
Pasados unos segundos, Killian dejó el pañuelo usado encima de la mesa y sin dejar de mirarla, dijo:
- Ya está.
Sin embargo, estaba como petrificado en el sitio, sin poder moverse ni romper el momento. Sin pensarlo casi, levantó una mano y le acarició la mejilla a Emma, justo en donde había limpiado la mancha para después pasarle el pulgar por el labio inferior, haciendo que la respiración de ella se agitase poco a poco. Ella levantó un brazo, con la intención de agarrarlo por la cintura y pegarlo a ella por completo, pero antes de que pudiera hacerlo, él se apartó.
- Ya está – repitió otra vez mientras carraspeaba y se rascaba nervioso la nuca. – Apenas se nota.
- Gracias – dijo ella mientras se colocaba el pelo detrás de las orejas. – Ehh…- siguió de forma muy incómoda. – Si no te importa, voy a bajar yo primero a comer.
- No, claro que no. Adelante – respondió él también claramente avergonzado e incómodo con la situación.
En cuanto él pronunció esas palabras, Emma salió como un rayo por la puerta, sin mirar atrás. Killian se dejó caer en la silla, derrotado y muy excitado al mismo tiempo, notando los latidos de su corazón en los oídos y en otro sitio más abajo. Se pasó ambas manos por el pelo, despeinándose por completo, a la vez que trataba de recuperar el aliento. ¿Qué demonios acababa de pasar?
- ¿Killian? – se escuchó desde la puerta.
- ¡Tink! – exclamó él. - ¿Qué haces aquí? ¡Pasa! – dijo él con una sonrisa.
- He pensado que podría darte una sorpresa de camino a mi trabajo. No tengo mucho tiempo, pero al menos te veo un ratito – dijo ella acercándose hasta la mesa de Killian y rodeándola para darle un breve beso en los labios a su novio.
- Pues entonces tendremos que aprovechar el tiempo, ¿no? – dijo él con voz seductora mientras agarraba de la cintura a Tink para ayudarla a que se sentase a horcajadas sobre él en la silla.
- ¡Guau! ¿Qué te pasa hoy? – preguntó ella rodeándole el cuello con los brazos a la vez que sonreía. - ¿Te has levantado juguetón?
Killian no respondió, simplemente la besó, casi de forma salvaje. Ella gimió al contacto y enseguida le respondió, a la vez que comenzaba a abrirle los primeros botones de la camisa y enterraba sus dedos en el pelo de su pecho. En esta ocasión le tocó gemir a él, a la vez que levantaba las caderas de la silla buscando la fricción. Comenzó a besarle el cuello, succionando suavemente, dejando una marca detrás. En ésas estaba cuando de repente se escuchó la puerta:
- ¡Dios mío! – gritó Emma, girándose automáticamente para no ver la escena que tenía ante sus ojos y provocando que tanto Tink como Killian se separaran rápidamente y comenzaran a recolocarse la ropa. – Lo siento mucho – continuó. – Sólo he venido a traer estas carpetas que me ha dado Jefferson para ti y a coger el bolso para ir a comer – dijo con voz temblorosa. – Las dejo aquí – finalizó alargando el brazo hacia la mesa, sin girarse, de espaldas todavía a ellos.
Dicho eso, salió corriendo por el pasillo como alma que lleva el diablo.
- Joder… - masculló Killian enterrando su cara en sus manos, mientras Tink, de pie a su lado comenzaba a reírse a carcajadas.
- Dios mío… - dijo entre risas ella. – ¡Menuda pillada más grande!
Killian gruñó en respuesta al comentario.
- En fin… me tengo que ir a trabajar, cariño – dijo dándole un beso en la cabeza. – Te veo luego en casa, ¿vale?
- Claro – dijo él levantando por fin la vista.
Emma iba por el pasillo hacia el ascensor, aguantándose las ganas de llorar. Lo que acababa de ver en el despacho le había dolido. Pero también le había abierto los ojos de una vez por todas: nunca iba a pasar nada entre ellos dos. Él nunca iba a dar el paso y ella estaba harta. Se acabó. Tiraba la toalla.
El ascensor pitó, indicando que había llegado y Emma se subió.
- ¡Emma! – se escuchó a Tink corriendo por el pasillo. – Aguanta el ascensor, por favor, que bajo contigo.
No pudo evitarlo. Se hizo la sorda y pulsó disimuladamente el botón para que se cerraran las puertas más rápido. Lo que menos necesitaba ahora era que Tink hiciese ningún tipo de comentario acerca de lo que acababa de pasar. En cuanto el ascensor llegó a la planta baja, salió corriendo hacia el restaurante italiano al que había ido con Killian el primer día de trabajo, para no dar tiempo a coincidir con ella tampoco en el vestíbulo.
Como iba sola, se sentó en la barra y esperó a que la atendieran.
- ¿Por qué una chica tan guapa como tú está tan triste? – se escuchó una voz desde el otro lado de la barra.
Emma levantó la vista al escucharla y frunció el ceño.
- Yo a ti te conozco – dijo impulsivamente intentando recordar.
- No creo – contestó él con una sonrisa mientras secaba unas copas con un trapo. – Estoy seguro de que me acordaría de ti.
Ella siguió pensando durante unos segundos, hasta que por fin, dio un golpe en la barra:
- ¡Lo tengo! ¡Eres el capitán Garfio! – señaló ella con el dedo.
- En realidad, me llamo Matt – dijo él con una sonrisa.
- Bueno, ya me entiendes – dijo ella también riéndose. – Vi la función el otro día. Me gustó mucho.
- ¡Vaya! Tienes buena memoria… - dijo él mientras se alejaba para colocar las copas en su sitio.
Emma sonrió y abrió el menú para echar una visual rápida y ver qué quería. Después de un par de minutos, Matt volvió y se dirigió a ella:
- ¿Sabes ya qué vas a tomar?
- La verdad es que estoy indecisa… - dijo ella mordiéndose un dedo. - ¿Tú qué tomarías?
- Risotto de setas – dijo él sin dudarlo. – Es una de las especialidades.
Emma lo miró, paralizada. "Dichoso risotto de setas" pensó para sus adentros. Finalmente, se decidió a hablar:
- Eso ya lo probé una vez y no me sentó nada bien – dijo con voz triste. – Me apetece probar algo nuevo – continuó en un tono que le sorprendió a sí misma, de lo coqueto que le había salido.
- En ese caso… - continuó él mientras se inclinaba hacia ella para poder leer el menú también. – Te recomiendo los macarrones carbonara.
- Hecho – dijo ella cerrando el menú, con una sonrisa de oreja a oreja en la cara.
- Ahora mismo te los traigo.
Mientras esperaba por la comida, la puerta del restaurante se abrió y Killian apareció.
- Aquí estás – dijo él aliviado mientras se sentaba en el taburete que había a su lado.
- Aquí estoy – respondió ella muy fría.
- Emma, lo que has visto en el despacho… Lo siento mucho.
- No tienes nada que explicarme, Killian. La culpa es mía, debí de haber llamado a la puerta. Yo soy quien lo siente.
- No, de verdad, déjame que te explique, porque debes de pensar que soy un asqueroso… - continuó él visiblemente estresado por la situación.
- Killian, ¡para! – lo tranquilizó ella. – Yo no pienso nada, de verdad – añadió. – Lo que hagas o dejes de hacer con Tink no me importa. Ya no.
Él apretó la mandíbula al oírla. Esas palabras dolían. Pero al mismo tiempo sabía que tenía razón. ¿Por qué narices iba ella a pelear por algo por lo que ni siquiera él estaba seguro?
- ¿Podemos sentarnos en una mesa y hablarlo? – preguntó él. – Por favor.
- Estoy bien aquí, gracias – respondió ella sin moverse de la barra.
- Entonces me quedaré yo también aquí y te lo explicaré.
- Tú mismo – dijo ella con indiferencia, mientras le daba un sorbo a su copa de agua.
En el momento en que Killian iba a abrir la boca para comenzar su relato, Matt llegó con la comida y Emma no pudo estar más agradecida por la interrupción.
- Aquí tienes tu comida, preciosa – dijo él poniéndole el plato delante.
Killian miró para el camarero con el ceño fruncido, abrumado con las confianzas que se estaba tomando el chico con Emma. ¿Preciosa? ¿En serio? ¿Quién se creía que era?
- Killian, éste es Matt – dijo ella. - ¿Te acuerdas del capitán Garfio del otro día?
- Sí, claro – contestó él de forma tan desinteresada que hasta había sonado grosero.
El camarero sintiendo la tensión en el ambiente, se disculpó y se retiró:
- Tengo que ir a atender un par de mesas que se acaban de cubrir. Después me paso por aquí para ver qué tal estaba todo – dijo él guiñándole un ojo a Emma.
Killian lo vio marcharse con la mandíbula apretada.
- ¿Y éste de dónde salió? – preguntó de malas formas.
- Trabaja aquí.
- ¿Lo conocías de antes?
- No.
- No parecía eso.
- No sé… - contestó ella encogiéndose de hombros. – Es un chico muy agradable.
- Como que estaba ligando contigo… - resopló Killian.
- ¿Tú crees? – dijo ella fingiendo sorpresa mientras se reía. – Tal vez le dé mi teléfono cuando nos vayamos – añadió intencionadamente para fastidiar a Killian.
- ¿En serio? No lo conoces de nada, podría ser un asesino en serio.
- No puede ser peor que los que conozco… - añadió ella mirándolo desafiante.
Killian no supo qué contestar a eso. Tenía razón. Su comportamiento hoy había sido lo más alejado de ejemplar que se pueda uno imaginar. Primero casi se besa otra vez con Emma y después había "usado" a su propia novia para aliviar la tensión de la situación. No se reconocía a sí mismo. Esto se le estaba yendo de las manos.
- Te haré una propuesta –dijo Killian.
- Killian… - comenzó Emma.
- No, espera. Déjame que hable. Por favor – pidió con ojos suplicantes.
- Está bien – concedió ella. – Habla.
- Este fin de semana hay un congreso para publicistas en Los Ángeles y varios de la oficina vamos a ir. ¿Te apetece venir?
- Yo no soy publicista, Killian. Sólo estoy en la oficina de paso.
- Swan, tú misma has dicho que te encanta este mundo, que incluso lo estabas valorando de cara a un futuro para dedicarte a ello. Sería una oportunidad genial para que vieras como funciona todo. No deberías de perdértelo.
- Mi hermano no me va a dejar ir – rebatió ella mientras daba otro bocado a la comida. - Recuerda que estoy castigada por la expulsión del instituto. ¿Te crees que me va a premiar con un fin de semana en LA?
- Yo hablaré con él – respondió él.
- ¿Por qué tanto interés en que vaya?
- Porque… - comenzó él mirándola a los ojos. – No sé… quiero que vengas – susurró él mientras le agarraba una mano y trazaba círculos en ella con su pulgar. – Y hablaremos. Te lo prometo. No lo voy a negar más, Emma.
- ¿El qué? – preguntó ella con un hilo de voz.
- Ya sabes el qué – respondió él mirando para otro lado.
- No, no tengo ni idea de qué estás hablando – insistió ella.
- Joder… - susurró él pasándose de nuevo la mano por el cabello para luego volver a mirarla intensamente – Me gustas. Mucho.
Emma abrió la boca ante lo que acababa de escuchar. No podía creerse lo que estaba escuchando. ¿De verdad Killian le estaba diciendo que le gustaba?
- ¿Vendrás? – preguntó Killian después de su confesión, sin dejarle tiempo a Emma a dar una contestación.
- Lo intentaré – dijo ella aclarándose la voz, para tratar de calmar sus nervios.
Después de la admisión de Killian, siguieron comiendo en silencio. Ninguno de los dos se atrevía a decir nada, por miedo a echar a perder de nuevo el momento. Cuando terminaron, se levantaron de su sitio con la intención de marcharse y Matt eligió ese momento para aparecer.
- ¿Te marchas ya? – preguntó un poco decepcionado.
- Sí, tengo que volver al trabajo – respondió ella bajo la atenta mirada de Killian.
- En ese caso… - dijo él sacando un papel de su bolsillo y anotando algo rápidamente en él. – Éste es mi teléfono. Llámame si quieres y podríamos ir a tomar algo.
- Claro – dijo Emma sonriendo, mientras Killian se mordía la lengua y miraba para otro lado.
Salieron del restaurante y Killian, por fin, rompió el silencio:
- Después de lo que te acabo de confesar, ¿vas y aceptas su número de teléfono? – preguntó un poco ofendido. - ¿Lo vas a llamar?
- Depende – contestó ella muy sincera.
- ¿De qué?
- De lo que me digas en L.A.
- Emma… no es tan simple… Tienes que entender mi situación.
- ¡Y tú tienes que entender la mía! No me voy a pasar toda la vida esperando a que te aclares y decidas si vale la pena jugársela por mí o no – respondió ella indignada, alzando un poco la voz.
- No es tan simple… - repitió él en un susurro.
- Es lo simple que tú quieras que sea – dijo ella muy segura de sí misma, mientras seguía caminando.
- Emma… - la llamó él agarrándola del brazo y tirando de ella otra vez hacia él, haciendo que sus pechos chocaran.
Le pasó una mano por la cintura y muy lentamente se acercó para hacer lo que llevaba diez días muriéndose de ganas de hacer. Quería darle un beso a toda costa. Sin embargo, cuando ya sus narices se estaban rozando la una contra la otra, Emma se echó hacia atrás, rompiendo el contacto.
- No – fue lo único que dijo. – No juegues conmigo. Hasta que me digas todo lo que tienes para decirme y aclaremos el tema, se acabaron los jueguecitos, las miraditas y demás. ¿Está claro?
- Tienes razón – dijo él. – Lo siento.
Emma siguió caminando. Cuando ya había dado unos pasos, se giró y le dijo a Killian por encima de su hombro:
- ¿Vamos?
- Vamos – asintió él.
Hoy Killian lo había decidido. Sabía que les llevaría tiempo y que seguramente les costaría mucho y tendrían que enfrentarse a todo el mundo, pero hoy por fin lo sabía. Quería darse una oportunidad con Emma. Más que nada en el mundo.
