CAPÍTULO 5:

Era día festivo. Hoy no se trabajaba. Mañana si todo iba bien, estaría en un avión con destino a L.A con Killian a su lado. Como él había prometido, habló con David y después de decirle cuánto le apasionaba el mundo de la publicidad y la buena oportunidad que era para centrarla por fin, su hermano cedió. Emma no sabía cómo sentirse al respecto. Por un lado, se sentía eufórica, porque un fin de semana con Killian, alejado de todos los demás le apetecía muchísimo, pero por otro lado, se sentía insegura acerca de lo que iba a pasar a continuación. Tenía mucho miedo de volver a casa con el corazón roto.

Se frotó los ojos y decidió que salir a correr la ayudaría a despejarse. Se vistió rápidamente con unos shorts y un top ajustado de color negro. Terminó de ponerse las zapatillas de deporte y se recogió el pelo en un moño bien alto para que no le molestase. Lista.

Bajó las escaleras y entró en la cocina, con la intención de tomar algo rápido antes de salir. Allí estaban ya desayunando sus dos hermanos, su cuñada, Killian y Tink.

- Buenos días – dijo con voz suave, a la vez que se acercaba a Henry y le daba un beso en la parte posterior de la cabeza. - ¿Qué tal, enano? – preguntó mientras lo despeinaba con una mano.

- Muy bien – contestó él con la sonrisa que le dedicaba siempre a su hermana mayor.

- ¿Para los demás no hay beso? – preguntó David con el ceño fruncido. – Tienes dos hermanos, ¿sabes? Y el mayor te va a dejar ir a L.A mañana.

Soltó una risa por lo bajo, a la vez que entornaba los ojos, haciéndose la indignada ante el comentario. Pero, sin embargo, se acercó a David y le dio un abrazo por detrás, rodeándole el cuello con los brazos, a la vez que le daba un beso en la mejilla.

- ¿Contento? – preguntó apretando la mejilla contra su hombro.

- Mucho. Hacía tiempo que no eras tan cariñosa conmigo. Te echaba de menos – dijo él dándole otro beso en uno de los brazos que todavía rodeaban su cuello.

Cuando Emma ya se estaba separando, se escuchó a Killian decir con un tono que todos pensaban que iba en broma, pero que ella sabía que era en serio.

- Yo tampoco diría que no a un beso de buenos días – preguntó mirándola por encima de las pestañas.

- ¡Killian! – protestó Tink. – No le hagas caso, Emma. Es un vacilón – dijo ella riéndose, mientras David y Mary Margaret hacían lo mismo.

- ¿Te apellidas Nolan? – preguntó Emma cruzándose de brazos.

- No – contestó él mirándola de arriba a abajo, apreciando sin duda su ajustada ropa de deporte.

- Pues entonces no hay beso de buenos días para ti – contestó ella con una sonrisa mientras cogía una magdalena y se sentaba en la encimera.

- ¿Sabes que puedes sentarte con nosotros a la mesa como una persona normal? – preguntó David enarcando una ceja.

- Me voy enseguida – respondió ella con la boca llena. – Voy a ver si me pego una carrerita por el bosque.

- ¿Tú sola? – preguntó él de nuevo frunciendo el ceño. – No me gusta que vayas sola por el bosque.

- Siempre hay gente a estas horas por allí, Dave – protestó ella. – Seguro que Elsa y Graham están por allí también. Suelen salir bastante a menudo.

Al oír el nombre de Graham, Killian apretó el puño encima de la mesa. Pero no dijo nada. Trató de actuar de forma normal para que nadie se diese cuenta.

- ¿Y no vas a tener frío? – siguió David con el cuestionario propio de un padre preocupado. – Vas con toda la barriga al aire. Ponte una sudadera al menos.

- En diez minutos en cuanto estire y comience a correr, me sobrará hasta lo que llevo puesto – contestó ella. – Deja de preocuparte, hermanito – dijo finalmente, bajándose de la encimera y sacudiéndose las migas que habían caído en su ropa. – Me cepillo los dientes y me voy – dijo Emma saliendo de la cocina en dirección al baño.

- Yo tengo que coger el móvil del abrigo, que me lo debí de olvidar allí – dijo Killian levantándose también. – Vuelvo enseguida.

Emma se estaba lavando las manos cuando escuchó a alguien llamar a la puerta del baño. Abrió un momento para ver quién era y Killian entró rápidamente, arrinconándola contra la pared de enfrente.

- ¿Qué haces? – preguntó ella abriendo mucho los ojos, mientras ponía las manos en su pecho para evitar que se acercase más. – Como venga David, te la vas a cargar.

- Ya lo sé – susurró él cogiéndole las manos y colocándolas alrededor de su propia cintura. – Abrázame.

Emma no pudo evitarlo. Comenzó a acariciarle la espalda.

- ¿Qué pasa? – volvió a preguntar ella mientras le acariciaba el pelo de la nuca, haciendo que él cerrara los ojos para disfrutar.

- ¿Has quedado con Graham? – preguntó él con cara triste.

- No – dijo ella muy segura. – No he quedado con él.

- ¿Y por qué tengo la impresión de que me estás mintiendo?

- No te estoy mintiendo. Pero también te digo una cosa, aunque hubiera quedado con él… - comenzó ella mirando hacia otro lado. – Yo no soy la que duerme con otra persona todas las noches. Y me imagino que, incluso a veces, hacéis algo más que dormir – continuó incómoda.

- Nada desde la última vez que hablamos – respondió él muy serio.

Lo miró a los ojos y vio que lo que le estaba diciendo era verdad. Lo podía ver en su expresión.

- Sé que dijimos que hasta aclarar todo, nada de contacto entre nosotros. Pero no puedo aguantarme más, Emma – dijo él con una voz más grave de lo normal, mientras se acercaba poco a poco a ella y apoyaba ambas manos en la piel desnuda de su cintura y la acariciaba, haciendo que ella se estremeciese. – Me estás volviendo loco.

Esta vez fue Emma la que se acercó y cerró la distancia entre sus labios. El beso comenzó siendo un beso suave, un simple contacto entre labios, pero enseguida se convirtió en algo más. Killian soltó un ruido entre un gruñido y un gemido, mientras se pegaba todo lo que podía a Emma, dejándola arrinconada contra la pared del baño. Continuaron besándose apasionadamente durante unos segundos, sin importarles nada ni nadie en este momento. Era la primera vez que daban rienda suelta a lo que sentían, y aunque ambos sabían que no debían hacer esto antes de hablar en serio sobre lo que sentían, y mucho menos con toda la familia a poco menos de unos metros, no pudieron aguantarse más.

Emma gimió suavemente cuando sus lenguas se juntaron por fin, haciendo que Killian inconscientemente se comenzara a mover contra ella, dejándole notar su excitación contra su pierna. Notaba las manos de él por todas partes en su cuerpo, hasta que finalmente una de ellas se posó en su pierna y la levantó, rodeando con ella su cadera, haciendo que sus pelvis se juntasen y que ambos soltasen otro pequeño gemido.

- Para, para… - susurró Emma poniendo un poco de distancia entre ellos. – Tienes que irte – continuó ella, aunque realmente no quería que se moviese ni un milímetro. – Nos van a pillar.

- Swan… - dijo él echándose hacia delante para volver a capturar sus labios en otro beso.

- En serio, nos van a pillar – dijo ella con un tono de voz más claro, a la vez que bajaba su pierna otra vez al suelo y empujaba suavemente a Killian.

Killian entró en razón y se apartó, después de darle un último piquito en los labios.

- Yo saldré primero. Espera cinco minutos o algo así por si hay alguien cerca.

- Como desees – contestó él, con una pequeña reverencia, que ella contestó con una sonrisa.

- Te veo luego – dijo ella acercándose y rodeándole una última vez el cuello con los brazos y depositando un dulce beso en los labios.

Dicho esto, salió del baño rápidamente y se marchó a la calle, con el corazón latiendo a un ritmo infernal, que ni la mayor carrera del mundo podría igualar.

Killian, a su vez, se apoyó contra la pared y respiró profundamente para calmarse. Nunca en su vida se había sentido así con una mujer. Tan necesitado de cariño, tan loco por alguien.

De repente, se escuchó la voz de Tink desde el otro lado de la puerta:

- ¿Killian? ¿Estás aquí? – preguntó preocupada.

Tink. El único momento en el que se sentía culpable por lo que sentía con Emma era cuando veía como Tink lo miraba a él. Suponía que igual que él miraba a Emma. Le dolía un montón que ella fuese la que saliese perdiendo con toda esta situación. Pero él lo había intentado. Había intentado olvidarse de Emma, sin conseguirlo ni por un instante. Y estaba cansado de pelear contra él mismo. En cuanto volviesen de L.A, Tink y él tendrían que tener una conversación muy seria acerca de su relación y sabía que no iba a ser bonito. Por otro lado, también estaba David…

- ¿Killian? – se escuchó de nuevo a Tink.

- Sí, perdona. Estoy aquí dentro – dijo él abriendo la puerta.

- ¿Por qué no contestabas?

- Lo siento, estaba lavándome las manos y no te escuché – se inventó él como excusa.

Ella lo miró con una cara muy rara, pero si sospechaba algo, no se lo manifestó.

- ¿Estás bien?

- Sí – contestó él fingiendo una sonrisa. – Sólo necesitaba ir al baño.

- Estás muy colorado – comentó ella poniéndole una mano en la frente. – Tal vez estás incubando algo.

- Estoy bien. De verdad – dijo él echándose hacia atrás.

Tink le sonrió como sólo le sonreía a él y le dio un pequeño beso en los labios, que él no hizo por alargar. Ella se separó, resignada.

- Últimamente estás muy raro. No pareces tú – dijo ella después de soltar un gran suspiro.

- No digas tonterías – dijo él tratando de fingir naturalidad. – Estoy como siempre.

- No, no lo estás – contestó ella muy seria. – No es normal que llevemos una semana casi sin acostarnos.

No, no era normal, al menos no para ellos. Tink tenía razón. Llevaba toda la semana evitándola, porque cada vez que ella se acercaba a él para besarlo, él tenía la impresión de estar jugando con ella, a la vez que por otro lado traicionaba a Emma.

- Tink, sólo estoy cansado.

- ¿Te pasa algo conmigo? – preguntó ella con la voz temblorosa y los ojos llorosos.

- No, por supuesto que no – añadió él rápidamente. – De verdad que está todo bien – mintió él abrazándola contra su pecho.

- Te quiero tanto… - susurró ella enterrando la cara en su cuello.

- Lo sé – contestó él, sintiéndose la peor persona del mundo. – Lo sé.

Al día siguiente todo fue ajetreo y prisas, mientras se despedían de todos en el aeropuerto y subían por fin al avión. Killian llevaba todo el viaje muy callado, notando como Emma de vez en cuando lo miraba preocupada de reojo. Finalmente, notó como su mano se posaba sobre la suya en el reposabrazos de su asiento.

- ¿Estás bien? – preguntó, atreviéndose por fin a hacer la pregunta y temiendo la respuesta.

- Claro, amor – dijo él llevándose la mano de ella sus labios y depositando un pequeño beso en ella. - ¿Por qué no iba a estarlo?

- No sé – dijo ella encogiéndose de hombros. – Estás muy callado.

- Deseando llegar, nada más – dijo él escuetamente, mientras se ponía a mirar por la ventanilla.

Emma sabía que algo no iba del todo bien, pero tenía la esperanza de que para cuando llegasen a L.A, Killian estuviese más animado.

Después de recoger sus maletas en la cinta, llegaron al hotel que Killian había reservado para ellos. Era un hotel muy bonito, y seguramente también muy caro, pensó Emma mientras se bajaba del coche.

El vestíbulo era muy luminoso y espacioso. Emma era la primera vez que estaba en un sitio como éste y se sentía maravillada. Se acercaron al mostrador para formalizar la reserva y recoger la llave de su habitación.

- ¡Buenas noches! – dijo Killian dirigiéndose al recepcionista. – Tengo dos habitaciones individuales reservadas desde la semana pasada.

- ¿A qué nombre, señor?

- Jones. Killian Jones – dijo él mientras sacaba su tarjeta de crédito de la cartera.

- Lo siento, señor, pero sólo me aparece una habitación grande de matrimonio reservada a ese nombre.

- ¿Cómo? No puede ser. Reservé dos individuales – protestó él.

- Lo siento de veras. Ha debido de haber algún tipo de error – se disculpó el trabajador.

- No pasa nada – respondió educadamente Killian. – ¿Puede cambiarnos la de matrimonio por dos individuales?

- Me temo que no, señor. Estamos completos. La única habitación que tenemos libre hoy es ésa. Tal vez mañana…

- Está todo bien – habló por fin Emma. – Nos la quedamos – dijo finalmente mirando para Killian.

Killian asintió y comenzó a rellenar el formulario de check-in que le entregó el recepcionista.

Después de pagar y firmar todo, se les hizo entrega de la tarjeta y se dirigieron al ascensor para subir al piso número ocho, que era donde estaba su habitación. Durante el viaje en el ascensor, no dijeron ni una palabra.

Emma no sabía qué estaba pasando. Ayer apenas podía separarse de ella en el baño de su casa y hoy apenas podía mirarla. ¿Qué mosca le había picado?

Llegaron por fin a la habitación y Killian introdujo la tarjeta en la ranura, esperando a que se pusiese la luz verde para abrir la puerta. Una vez dentro encendió las luces y ambos se dispusieron a explorar la habitación. Era preciosa. Una suite increíble.

Emma se dirigió hacia la cama y dejó su maleta encima de ella, abriéndola enseguida para sacar su neceser y poder asearse. Killian se acercó e hizo lo propio en el otro lado de la cama.

- ¿De verdad habías pedido habitaciones separadas? – preguntó Emma un poco decepcionada.

- Sí, creí que era lo mejor – respondió él sacando un par de trajes de la maleta y colgándolos en el armario para que no se arrugasen.

- Killian, háblame. ¿Qué te pasa?

- No me pasa nada – respondió él con una sonrisa que no se manifestaba en sus ojos.

- ¡Maldita sea! ¡No me mientas! – dijo ella alzando un poco la voz, mientras tiraba una camiseta con fuerza contra la cama.

Él la miró por un momento y parecía que se había decidido a hablar. Sin embargo, enseguida se cerró de nuevo en banda.

- Te he dicho que estoy bien.

- Es por nosotros, ¿verdad? Te has echado atrás – comenzó ella con los ojos brillantes de las lágrimas que estaba intentando aguantar para que no cayesen.

Killian no respondió por unos segundos, hasta que por fin se sentó en la cama y comenzó a hablar, de espaldas a Emma, para que le fuese más fácil.

- Esto que estamos haciendo no está bien, Emma. Vamos a hacerle daño a mucha gente si seguimos adelante. Tink sospecha que algo no va bien y está destrozada y yo apenas puedo mirarla a la cara y decirle que todo está bien. Porque no lo está, Emma. Nada está bien – dijo él con la voz temblorosa también.

Emma no podía creer lo que estaba escuchando. Se sorbió la nariz, a la vez que se secaba las mejillas.

- ¿Entonces para qué mierda me traes aquí? – gritó, haciendo salir por fin toda su rabia. - ¿Te lo has pasado bien mientras jugabas conmigo todo este tiempo? – siguió a pleno pulmón.

- Sabes que no es así – dijo él sin girarse todavía.

- ¡Eres un cobarde! – gritó ella. – ¡No tienes ni siquiera los huevos de mirarme a la cara mientras me rompes el corazón!

Él seguía de espaldas a ella, las lágrimas ahora cayendo también por sus mejillas al escuchar su reacción.

- ¡Mírame, joder!

Se giró y lo que vio le partió aún más el corazón.

- Eres un cobarde – repitió ella en un susurro. – Y por ello serás infeliz toda tu vida. Pero yo ya estoy cansada – añadió. – Esto se acabó – dijo mientras se ponía la cazadora.

- ¿A dónde vas? – preguntó él frunciendo el ceño.

- Ni idea, a cualquier sitio – respondió ella cogiendo el bolso y el móvil. – No me esperes despierto, porque no tengo pensado volver por aquí. Ya encontraré a alguien con quien dormir – añadió.

- ¿Cómo dices? – dijo él abriendo mucho los ojos. – Ni se te ocurra irte con nadie.

- Mírame como lo hago.

Fue lo último que dijo antes de marcharse de la habitación dando un portazo. Killian salió enseguida también, en dirección al ascensor, pero ella debía de haber tomado las escaleras para no tener que esperar.

Volvió a la habitación y trató de llamarla una y otra vez a su teléfono móvil, pero por supuesto, ella no respondió.

Totalmente indignado tiró el móvil contra la pared. ¿Qué había hecho? Emma tenía razón. Era un cobarde. Se pasó la mano por el cabello, totalmente desbordado por la situación. Sin embargo, toda esto había servido para algo. Se había dado cuenta de una cosa. No sólo le gustaba Emma. Estaba enamorado de ella y ella se había marchado pensando que no era así, con el corazón roto. Y todo por su culpa y su cobardía. Al final el inmaduro de la relación era él sin ninguna duda.

Tomó una decisión. ¡A la mierda David! ¡A la mierda Tink! ¡A la mierda todo el mundo! Él quería a Emma, y le importaba una mierda lo que el resto del mundo pensaba. Eran sus vidas y tenían derecho a manejarlas como les diese la gana. Había decidido que en este preciso momento iba a dejar de ser un cobarde. Sólo esperaba que Emma pudiese perdonarlo.

Bajó desesperado hasta el vestíbulo, para ver si podía encontrar a Emma.

- La chica que iba conmigo antes. ¿La ha visto? – preguntó Killian al recepcionista que los había atendido antes.

- Me preguntó por un buen pub donde poder tomarse algo y la mandé hacia el que hay haciendo esquina en esta calle. Sigue recto y es el que hay haciendo esquina con la terraza con vistas al mar.

- Gracias – dijo él dejando una propina mientras salía corriendo en dirección hacia allí.

Cuando llegó, se encontró con algo que no se esperaba. Emma estaba visiblemente borracha bailando con un par de tíos, uno a cada lado. La sangre le hervía. Apretó los puños a ambos lados de su cuerpo y se dirigió hacia allí.

- ¡Emma! – dijo cabreado.

- ¡Killian! – dijo ella demasiado eufórica. – Únete a nosotros. Nos lo estamos pasando muy bien – dijo con los ojos brillantes por el alcohol.

- Se acabó la fiesta – dijo muy serio mientras la agarraba por el brazo y tiraba de ella hacia la salida.

- ¡Déjame en paz! ¡Me lo estoy pasando genial! – protestó ella.

- ¿No la has oído? – dijo uno de los chicos que estaba con ella.

Killian cerró los ojos y contó hasta diez, hasta que finalmente se giró para dirigirse al idiota que acababa de abrir la boca.

- Es menor de edad – respondió. - ¿Quieres problemas? ¿Quieres explicarle a la policía por qué está borracha mientras bailas con ella?

- Eh, tío – dijo levantando las manos. – No quiero problemas. Nos dijo que tenía 21 años.

- Claro, y a vosotros os resultó muy cómodo creéroslo, ¿verdad? – preguntó Killian cada vez más enfadado. - ¡Fuera de mi vista! – gritó amenazadoramente – Y tú y yo nos vamos de aquí ahora mismo.

- ¡Suéltame! ¡No quiero irme a ningún lado contigo!

- Pues lo siento – dijo él levantando las cejas y poniendo una falsa sonrisa. – No tienes otra opción.

La arrastró hacia el hotel y subió con ella de nuevo a la habitación. Dio un par de vueltas de un lado para otro para tratar de relajarse un poco antes de hablar.

- ¿Se puede saber qué estabas haciendo? – preguntó muy enfadado.

- Estaba haciendo amigos, Killian – dijo ella con una risita. – Creo que esos chicos querían que me fuera a casa con ellos – susurró como si fuera un secreto, mientras seguía riéndose.

- Estás borracha – dijo él, resoplando.

- Lo estoy – reconoció ella tirándose en la cama con la ropa puesta.

A Killian no le dio tiempo a decir nada más. En poco menos de unos segundos, Emma se había quedado dormida encima de la colcha, con toda la ropa puesta. Suspiró y le pasó una manta por encima, a la vez que la recolocaba contra los cojines para que estuviese más cómoda. Después, se recostó de lado, apoyado en su codo, mientras la miraba dormir. Alargó una mano y le acarició suavemente la cara hasta que él también se acostó y pegó su cabeza a ella, quedándose al poco rato profundamente dormido mientras la abrazaba.

El sol ya entraba por la ventana cuando Emma abrió los ojos. La claridad le molestaba mucho y la cabeza iba a estallarle. Poco a poco, los recuerdos de la noche anterior fueron apareciendo. Primero, la discusión con Killian, después los chupitos con los dos chicos en el pub y después si no recordaba mal, él había ido a buscarla, visiblemente cabreado. Se giró y allí estaba, durmiendo profundamente con una mano todavía sobre su cintura. No pudo evitarlo y sonrió brevemente, aunque después se acordó de cómo le había roto el corazón y se puso seria de nuevo.

Tratando de no despertarlo, se levantó y se dirigió hacia su maleta, para coger ropa limpia y meterse en la ducha, para sacarse toda la mugre y la resaca de encima. Mientras estaba agachada, de espaldas a la cama, se escuchó la voz de Killian:

- No puedes volver a hacer eso nunca – dijo él muy serio con la vista fijada en ella.

- ¿El qué? – preguntó ella haciéndose la tonta.

- Irte así – comenzó él mientras se incorporaba en la cama. – Emborracharte de esa manera – continuó. – Marcharte con otros tíos – finalizó con un hilillo de voz.

- ¿Y por qué no debería de irme con otros?

- Porque no, porque si hay alguien con quien debes estar, es conmigo – dijo él muy serio, mientras se levantaba de la cama y se acercaba a ella.

- Pensé que no querías saber nada de lo nuestro – dijo ella cruzándose de brazos.

- Tenías razón. Soy un cobarde. Pero no quiero serlo más, Emma – susurró mientras seguía acercándose cada vez más a ella.

- ¿Y entonces?

- Entonces – comenzó él, pasándole un brazo por la cintura. – En cuanto lleguemos de vuelta a casa, voy a dejar a Tink. Y después, buscaremos un momento y ambos hablaremos con tu hermano – dijo acariciándole la cara suavemente. – Posiblemente me deje de hablar o incluso puede que me mate y eso, pero me dará igual porque estaré contigo.

Emma soltó una pequeña risa, a la vez que le rodeaba el cuello con los brazos.

- Nunca dejaría que te mate – dijo ella sonriendo de oreja a oreja.

- Mi salvadora – susurró él, chocando su nariz con la suya.

- ¿Y ahora? ¿Qué va a pasar ahora?

- Ahora, Swan, te voy a besar – dijo él sin darle tiempo a reaccionar antes de juntar sus labios con los suyos.

Emma sonrió contra sus labios, pero respondió fervientemente al beso. Enterró sus manos en su pelo y se dejó llevar. Suavemente, se separó de Killian y pegó su frente a la de él, mirándolo fijamente a los ojos, hasta que por fin comenzó a tirar hacia arriba de la camiseta de Killian, tratando de sacársela.

- ¿Qué haces? – preguntó él casi sin voz.

- No lo sé – susurró ella encogiéndose de hombros mientras seguía intentando sacarle la camiseta. – Quiero estar contigo – añadió con una tímida sonrisa.

Killian volvió a besarla instantáneamente, a la vez que les daba la vuelta en el sitio y comenzaba a dirigirla hacia la cama. La parte de atrás de las rodillas de la chica chocaron contra el colchón y cayó en la cama, soltando una carcajada. Killian se rió también y se tumbó encima de ella, con cuidado de no aplastarla. Subió una mano hacia su cara y le pasó los dedos por los labios, para acto seguido besarla de nuevo, dejando que ella le acariciase la espalda desnuda.

Después de unos segundos, la miró y tiró suavemente de su camiseta hacia arriba, pidiéndole permiso de forma silenciosa, a lo que ella contestó asintiendo con la cabeza casi de forma imperceptible. Cuando por fin la camiseta estaba fuera de su camino, comenzó a besarle la piel recién expuesta, centrándose en sus clavículas y en la parte superior de sus pechos, haciendo que Emma se retorciese y gimiese de placer debajo de él. Cuando siguió bajando y llegó a la parte de piel que todavía estaba cubierta por el sujetador, Emma susurró, con voz temblorosa.

- Quítamelo.

- No tenemos que hacer nada con lo que no te sientas cómoda – contestó él muy serio.

- Killian – dijo ella agarrándole la cara con ambos manos. – Quítamelo – repitió.

Él tragó saliva y asintió, nervioso. Después, rodeó a Emma con uno de sus brazos y le desabrochó por fin la ropa interior, sacando poco a poco los tirantes de sus brazos y dejando caer la prenda al suelo. Respiró nervioso y levantó una mano temblorosa, tocándole uno de los pechos, haciendo que ella cerrase los ojos y jadease.

En ese momento, decir que Killian estaba excitado era quedarse corto. A pesar de lo "inocente" de la situación, teniendo en cuenta la edad de él, nunca había presenciado nada más erótico en su vida que este momento.

Siguió explorando su cuerpo, con caricias suaves y alguna un poco más tosca, haciendo que ella se volviese loca. Cuando ninguno de los dos podía aguantarlo más, bajó la cabeza y tomó uno de sus pezones entre sus labios, acariciándolo una y otra vez con su lengua. Ella respiraba cada vez de forma más rápida, agarrándole la cabeza para mantenerlo en el sitio, por si se le ocurría moverse. ¡Ja!, pensó él. Ni una puñetera bomba podría hacer que él se moviese.

Killian continuó su camino hacia abajo, acariciando con su mano derecha la fina piel de la barriga, hasta que llegó a la cinturilla de los pantalones, que comenzó a desabrochar lentamente, mientras la miraba a los ojos.

- Killian, espera… - dijo ella poniendo una mano encima de la de él.

- ¿Qué pasa? – preguntó él frunciendo el ceño, preocupado de ir demasiado deprisa.

- Yo… - comenzó ella nerviosa, mientras miraba para otro lado. – Yo nunca he… Yo soy… - siguió intentándolo sin que las palabras saliesen.

Sabía perfectamente qué era lo que Emma trataba de decirle, por lo que no dejó que continuase. La besó suavemente para que se callase.

- No te preocupes por nada ahora, amor. Sólo relájate y disfruta – dijo guiñándole un ojo.

Emma soltó una pequeña carcajada y se echó de nuevo hacia atrás. Killian prosiguió su exploración. Le desabrochó por completo el vaquero y con bastante resistencia por parte de la tela, se los fue bajando por las piernas.

- ¡Malditos vaqueros tan ajustados! – masculló por lo bajo, haciendo que Emma se volviese a reír.

En cuanto los vaqueros tocaron el suelo, Killian observó la pieza de arte que tenía delante de él en la cama y su cuerpo entero tembló. Emma lo miraba con deseo, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras se mordía el labio inferior, volviéndolo todavía más loco.

- Eres preciosa – dijo él alargando una mano para comenzar a acariciarle una de las piernas y luego la otra, colocándose de rodillas en el medio de ellas.

- Tú tampoco estás mal – dijo ella mordiéndose un dedo mientras lo miraba.

- Eres una mezcla entre un ángel y una sirena y me vuelves loco – susurró él mientras se volvía a poner encima de ella y la besaba apasionadamente.

Ella abrió las piernas para dejarle más espacio y él comenzó a frotarse contra ella de forma rítmica, provocando que tanto uno como el otro soltasen gemidos cada vez más fuertes. Colocó una mano entre ellos y la dirigió suavemente hacia donde Emma más lo necesitaba. La tocó por encima de la ropa interior, notando que ella estaba igual de excitada que él, lo que hizo que el corazón le comenzase a latir cada vez más rápido. En cualquier momento le daría un infarto, pero una cosa estaba clara, pensó divertido. Moriría feliz.

Metió por fin su mano en la ropa interior de ella y comenzó a acariciarla suavemente. Ella respondió con el gemido más grande hasta el momento, a la vez que se llevaba los brazos a la cara y se la tapaba con ellos. Killian siguió en su empeño por hacer que se sintiese bien y se centró en su clítoris, a la vez que volvía a centrar sus labios en sus pechos.

- Killian… - jadeó ella.

Él se apresuró y la instó a que retirara los brazos de encima de la cara, para poder verla cuando el orgasmo llegase.

- ¿Confías en mí? – preguntó.

- Sí – respondió ella falta de respiración.

Killian se bajó poco a poco, deslizándose sobre su cuerpo, hasta que su cara quedó a la altura de su entrepierna.

- ¿Qué haces? – preguntó ella cerrando inconscientemente un poco las piernas.

- Relájate – dijo él poniendo una mano en su barriga impidiéndole que se incorporase.

Comenzó a besarla por encima de la ropa interior, hasta que por fin, se decidió a quitársela y se centró en su clítoris, succionando suavemente, a la vez que introducía con suavidad y poco a poco uno de sus dedos en su vagina. La notaba contrayéndose poco a poco contra éste, lo que indicaba que ella estaba muy cerca. Multiplicó sus esfuerzos por hacerla caer y después de unos segundos, Emma estalló de placer, mientras le tiraba suavemente del pelo y soltaba un gran gemido.

Siguió acariciándola suavemente, hasta que notó como ella se relajaba por completo. Subió de nuevo y la besó por última vez, dejándose caer a su lado con una sonrisa en la cara, mientras ella recobraba el aliento.

- Ha sido… - dijo ella todavía con la respiración acelerada.

- Ha estado muy bien, ¿eh? – preguntó Killian guiñándole un ojo, mientras se ponía de lado y le tocaba cariñosamente uno de sus pechos.

- ¿Y tú? – preguntó Emma poniéndose colorada, mirando disimuladamente hacia su erección, todavía guardada bajo sus vaqueros.

- En otro momento – contestó él muy tranquilo. – Esto era para ti – añadió con una sonrisa.

Emma sonrió también y lo abrazó, apoyando su cabeza contra su pecho.

- ¿Entonces estamos juntos? – preguntó Emma con miedo de la respuesta que iba a obtener.

- ¿Te crees que hago esto con cualquiera? – preguntó él haciéndose el ofendido.

- Espero que no – contestó ella dándole un beso en el pecho desnudo, a la altura del corazón.

Después de unos segundos en silencio, Killian habló:

- Por supuesto que estamos juntos.

Emma sonrió de oreja a oreja y lo besó, demostrándole todo lo que sentía en el beso.

- ¿Qué te parece si pasamos a la segunda ronda? – dijo él poniéndose de nuevo encima de ella, haciendo que ella soltase una carcajada de felicidad.

- Si insistes… - contestó ella. – Todavía tenemos un ratito hasta que empiece el congreso.

- Efectivamente – dijo él enarcando las cejas de forma seductora, para después dejarse caer encima de ella de forma juguetona, haciendo que ella se riese aún más.

- Pero con una condición – dijo ella de repente muy seria.

- Lo que quieras – dijo él comenzando a besarle el cuello.

- Yo también quiero saber qué es lo que a ti te gusta – añadió avergonzada, poniéndose colorada como un tomate.

- Veré que se puede hacer – contestó Killian poniendo la voz más una octava más grave. – Ahora bésame.