CAPÍTULO 6:
Después de remolonear todo lo que pudieron en la cama, finalmente salieron de ella y se arreglaron para ir a la primera conferencia del congreso, que además la impartía Jefferson, un compañero de la oficina de Killian.
- ¡Venga, Killian! Vamos a llegar tarde – gritó Emma impaciente desde la habitación en dirección a la puerta del baño.
- Sólo un minuto y ya salgo.
- ¿Cómo puede ser que te lleve más tiempo arreglarte a ti que a mí? – gruñó Emma. – Para que luego digan de las mujeres.
- Amor – dijo Killian abriendo la puerta del baño por fin. – Esta perfecta barba de tres días no se mantiene sola, ¿sabes?
Emma entornó los ojos y sin hacerle más caso, se puso el abrigo.
- ¿Estás? – preguntó ella impaciente.
- No – respondió él acercándose con una sonrisa.
- ¿Ahora qué, Killian? – dijo ella pateando el suelo.
- Eres adorable cuando te enfurruñas así – comentó él aguantando la risa, mientras le daba un golpecito en la nariz.
- A ver, ¿qué te falta ahora?
- Darle un beso a mi chica – dijo agarrándola por la cintura.
Ella no pudo evitar sonreír.
- Eres un cursi – dijo fingiendo indignación, aunque no pudo evitar pasarle los brazos alrededor del cuello. – Anda, ven aquí.
Killian se acercó sin dudarlo y sus labios se fundieron en un dulce beso. Cuando se separaron, él le besó la punta de la nariz, haciendo que ella la arrugase.
- Vámonos – insistió ella tirando de él hacia la puerta.
En cuanto salieron se encontraron con Jefferson, que los miró extrañados salir de la misma habitación. Ambos se dieron cuenta de la cara que ponía su compañero de trabajo, así que Emma fue rápida.
- Es tremendo este chico – le dijo a Jefferson refiriéndose a Killian. – Si no lo vengo a buscar, llega para la última conferencia.
Jefferson pareció tragarse la mentira, porque le contestó con una carcajada a Emma.
- Siempre hace igual. Un par de veces compartimos habitación y tarda más en arreglarse que mi mujer – afirmó él.
- A ver, Jeff… - comenzó Killian en tono de broma. – Deja de avergonzarme o sacaré yo la artillería pesada también – añadió con una sonrisa.
Los tres se dirigieron a la sala de conferencias y allí pasaron toda la mañana. Alguna de las charlas había sido divertida y muy interesante, pero Emma tenía que reconocer que un par de ellas habían sido un auténtico tostón. Pero bueno, era el precio que había que pagar por este fin de semana que estaban teniendo.
Killian de vez en cuando, apoyaba disimuladamente su mano en la rodilla de Emma y le daba un pequeño apretón, o se acercaba a ella como si le estuviese diciendo algo al oído y le daba un pequeño beso en la oreja. Gestos que al resto del mundo le podían pasar inadvertidos o parecer inocentes de todo, pero que a Emma hacían que el corazón se le saliese por la boca con cada roce. No veía la hora de que esta tortura se acabase y pudiesen ir a dar un paseo por la playa, como una pareja de verdad, lejos de las miradas de los compañeros de trabajo. Lejos de todo.
A la hora de comer, cuando todo acabó, Killian y Emma se levantaron y se dirigieron a la salida de la sala, con la intención de escabullirse sin que nadie los viese. No tuvieron esa suerte. Jefferson los cogió por banda y ellos tres, más otra chica llamada Ariel se fueron a comer juntos a una terraza con vistas al mar que había no muy lejos del hotel. La comida había sido agradable, pero ambos estaban impacientes por marcharse. Después de los postres, Emma vio la oportunidad.
- Chicos, yo voy a ir de vuelta al hotel. Los tacones me están matando – se quejó Emma, mirando para Killian indicándole que se inventase una excusa para venirse con ella.
- Yo creo que voy a ir a descansar un rato antes de la cena, porque la verdad es que aún me duele la cabeza de la resaca de ayer – le dijo a Jefferson.
- Vale. ¿Nos vemos a la cena?
- Sí, supongo que sí – dijo Killian mientras se levantaba de la mesa y se dirigía a pagar la cuenta.
Ya solos, se pusieron rumbo al hotel. Cuando llegaron a la habitación, Emma se sacó los tacones de una patada, mandándolos por el aire y se tiró en la cama de espaldas.
- Dios mío – suspiró. – No sabía que Jefferson podía decir tantas palabras por minuto – se quejó. – Me va a estallar la cabeza.
Killian se comenzó a reír a carcajadas mientras se tiraba en la cama al lado de Emma.
- Estuve a punto de preguntarle si estaba colocado. ¡Qué manera de hablar! – siguió él riéndose.
Se quedaron unos minutos callados, ambos mirando al techo, disfrutando del silencio.
- ¿Qué vamos a hacer hoy? – preguntó Killian poniéndose de lado para mirar para ella.
- Me da igual – contestó ella. – Sólo quiero estar contigo.
- ¿Qué te parece si nos quedamos aquí en la habitación viendo una película?
- ¿Lo dices en serio? ¡Me parece genial! Y a la noche saldremos a cenar, ¿te parece?
- Perfecto – dijo él dándole un beso en el hombro.
- Pues entonces me voy a poner cómoda – dijo ella saltando de la cama y dirigiéndose hacia su maleta para coger el pijama.
Buscó y rebuscó pero ni rastro del pijama. Parecía que se lo había olvidado.
- Killian, ¿tienes alguna camiseta de sobra? Se me olvidó el pijama en casa – dijo ella mientras seguía sacando las cosas para ver si estaba hacia el fondo de la maleta.
- Camiseta no, pero tengo una camisa. ¿Te vale?
- Sí, cualquier cosa estará bien.
Killian se levantó y fue hacia el armario (por supuesto que él había colocado impolutamente toda su ropa) y cogió una camisa azul celeste de una de las perchas.
- Aquí tienes, amor – dijo pasándosela a Emma.
- Gracias.
Por un momento barajó si meterse en el baño a cambiarse, pero al final decidió que después de lo que había pasado esta mañana era una tontería, así que se desnudó delante de Killian, como si tal cosa.
Se puso su camisa, que le tapaba casi hasta mitad de muslo y se remangó las mangas hasta los codos para tener más libertad de movimiento con las manos. Después se puso unos calcetines que le llegaban por encima de las rodillas, para estar un poco más calentita. Se hizo un moño despeinado en lo alto de la cabeza y ya estaba lista para acurrucarse con su chico. Fue al baño a cepillarse los dientes y cuando salió, Killian ya estaba colocado en la cama con la televisión encendida. Emma cogió carrerilla desde el baño y saltó a la cama, provocando que Killian se comenzase a reír.
- ¡Mira que eres bruta! – comentó mientras se reía. – Has movido la cama y todo.
Killian adoraba cuando Emma sacaba su lado más "infantil", más espontáneo. Era algo totalmente diferente a cualquier relación que hubiera tenido antes. Emma era especial, era inevitable quererla. A veces le asustaba pensar que si algún día cortaban, a ella le sobrarían los pretendientes, porque todo el mundo que fuera un poco inteligente, querría estar con ella y ella se olvidaría fácilmente de él. Sin embargo, en cuanto le vio la cara de felicidad que tenía mientras se ponía a su lado, todos estos pensamientos negativos se esfumaron rápidamente.
Emma se reía también, mientras se tumbaba al lado de Killian, haciendo que se le subiese la camisa, dejando entrever unas braguitas de encaje de color negro.
- Pero mira qué braguitas más monas… - dijo Killian guiñando un ojo. – ¿Y el sujetador es a juego? – preguntó mientras le estiraba el cuello de la camisa para asomarse y mirar por dentro.
- ¡Déjame! – exclamó ella empujándolo cariñosamente, para luego apoyar su cabeza en su pecho. - ¿Qué vamos a ver?
- Lo que quieras. Vete mirando las películas que hay en el servicio del hotel y si no te gusta ninguna, sacamos el portátil y miramos.
- Una facilona – comentó Emma bostezando. – Que no haya que pensar mucho, que estoy cansada.
Después de un rato leyendo argumentos y mirando película tras película, eligieron una comedia romántica de las típicas de "chico conoce chica", a pesar de la protesta de Killian.
Cuando ya llevaban tres cuartos de hora de película, que estaba resultando ser bastante predecible, Emma comenzó a incordiar a Killian, para que éste le prestase atención.
Comenzó pasándole una pierna por encima de las suyas y pegándose más a él, lo que a Killian no le molestó en absoluto y a lo que contestó dándole un pequeño beso en la frente. Después comenzó a meterle el dedo en la oreja y en la nariz, mientras se reía cuando él se apartaba. Por último, y con diferencia lo que más lo había distraído, empezó a darle besos casi imperceptibles en el cuello y en el ángulo de la mandíbula, haciendo que él se estremeciese, hasta que llegó a la oreja y le mordió el lóbulo, jugueteando con el pendiente que en ella llevaba.
Killian agarró el mando de la televisión y pulsó el botón de pausa. La miró divertido, con la ceja levantada.
- ¿Qué? ¿Te lo estás pasando bien? – preguntó con una sonrisa.
- Me aburro – contestó ella soplando para apartarse un mechón de la cara que se le había soltado del moño.
- ¿Y qué quieres hacer? – preguntó él con una mirada seductora, mientras se ponía de lado y comenzaba a acariciarle la barriga.
- ¿Tengo que explicártelo? – respondió ella con otra pregunta, colocándose de rodillas en la cama y soltándose la melena del recogido.
- Dios… estás súper sexy con mi camisa – dijo él incorporándose y agarrándola por la cintura para ponerla a horcajadas sobre él. – Pero creo que aún vas a estar mejor sin ella – añadió mientras comenzaba a desabrocharle lentamente los botones uno a uno.
- ¿Tú crees? – preguntó ella.
- No lo creo – respondió él comenzando a besarle los hombros. – Lo sé – añadió mientras le quitaba la camisa y la tiraba al suelo. – Y como yo ya sospechaba, llevas la ropa interior conjuntada. ¿Tenías alguna intención oculta cuando te la pusiste?
- Puede – preguntó ella antes de besarlo salvajemente, dando rienda suelta a la pasión.
Killian la agarró de la cintura con la intención de voltearlos para quedar él encima, pero Emma le puso una mano en el pecho y lo empujó otra vez hacia abajo.
- Estamos bien así – dijo ella moviéndose contra él, provocando que toda la sangre se le fuera hacia el sur.
- Como tú quieras – respondió él con la voz entrecortada. – Pero no pares.
Emma se llevó las manos hacia la espalda y se desabrochó el sujetador, dejándolo caer al suelo junto a la camisa y después comenzó a desabrochar los vaqueros de Killian, muy despacio, volviéndolo loco.
Ambos quedaron desnudos a excepción de su ropa interior. Él aprovechó que Emma estaba más despistada y se incorporó, reposicionándola en su regazo para conseguir la posición perfecta para conseguir ambos la fricción que necesitaban.
- Muévete, Emma – susurró mientras bajaba la cabeza para meterse uno de sus pezones en la boca.
Ella obedeció y comenzó a marcar un ritmo que los estaba llevando a ambos de camino al éxtasis. Killian la agarró de la cadera para ayudarla a que se moviera y que así la fricción siguiese. No pudo aguantarlo más y la giró en el sitio, quedando ella debajo, lo que le permitió moverse con más rapidez y más fuerza contra ella, haciendo que a los pocos segundos, ambos estallasen de placer con un gutural gemido.
- Maldita sea… - dijo él todavía jadeando. – Ha sido genial.
- Lo mismo digo – contestó ella, mientras comenzaba a reírse y se daba la vuelta, poniéndose boca abajo en la cama. – Ahora una siestecita antes de tener que ducharnos para ir a cenar.
- Me gusta como piensas – susurró él acercándose a ella todo lo posible y dándole un beso en su espalda desnuda, para luego abrazarla fuertemente.
- Esto es agradable – dijo ella mirándolo fijamente a los ojos.
- No lo cambiaría por nada – contestó él con una mirada que lo decía todo sin necesidad de palabras.
Un par de horas después, ambos despertaron sobresaltados con la alarma del móvil, que sonaba indicándoles que tenían que ponerse en pie y arreglarse para la cena con el resto de los compañeros.
- ¿Vas tú primero? – preguntó Killian estirándose.
- Vale – contestó Emma mientras se incorporaba totalmente desnuda y se ponía por encima la camisa celeste que había acabado en el suelo. Todo bajo la atenta mirada de Killian, que no se perdía ni un movimiento.
Unos minutos después, salió de la ducha tapada únicamente con una toalla, mientras con una más pequeña se sacaba la humedad del pelo.
- Tu turno, Killian – dijo moviéndolo suavemente para despertarle otra vez de la minisiesta que se había estado echando mientras ella se duchaba.
Mientras él se aseaba, ella revolvió en la maleta una y otra vez, insegura sobre qué debía ponerse. Finalmente, se decidió por el minivestido de encaje blanco con la espalda al aire y unos sencillos zapatos de tacón en color piel.
- Me arreglaré yo en el baño para dejarte a ti este espejo grande, ¿vale? – dijo Killian mientras la abrazaba por detrás, todavía húmedo de la ducha.
- Gracias – dijo ella girando la cabeza sobre su hombro y dándole un pequeño beso en los labios.
Ambos se dispusieron a arreglarse. Mientras Killian se peinaba y se vestía en el baño, Emma hacía lo propio en la habitación, a la vez que se daba unos pequeños toques de maquillaje. El pelo había decidido colocarlo en una trenza lateral despeinada, para que luciese el escote de la espalda que tenía el vestido.
- ¿Lista? – preguntó Killian mientras apagaba la luz del baño y se giraba finalmente hacia ella, que estaba mirándose una y otra vez en el espejo, como insegura de lo que veía.
- ¿Qué te parece? – dijo girándose para que Killian la viera bien.
- ¡Guau! – exclamó él abriendo mucho los ojos. – Estás preciosa.
- ¿Te gusta? – volvió a preguntar insegura. - ¿Crees que parezco más mayor?
Killian frunció el ceño ante la pregunta.
- No sé… - comenzó él. - ¿Por qué querrías parecer más mayor?
- Porque no quiero que te avergüences de mí – contestó ella mirando para otro lado. – No quiero parecer una niña a tu lado. Y este pelo dorado que tengo no ayuda a parecer más mayor – dijo ella recolocándose la trenza, mientras resoplaba.
- Ey – dijo él agarrándole la cara con una expresión muy seria. – Yo jamás me avergonzaría de ti. Tienes diecisiete años, sí. Pero no me importa, lo sabes. Si no, no estaríamos aquí.
- Ya, pero… es que haces tan buena pareja con Tink… - comenzó ella poniéndose roja. – Yo también quiero eso. No quiero que piensen que yo soy tu prima pequeña o yo que sé – añadió frunciendo el ceño.
- Créeme, en cuanto la gente vea la forma en que te miro, se darán cuenta de que no eres mi prima pequeña – dijo él guiñándole un ojo para tratar de sacarle una sonrisa.
- Eres un cerdo – contestó ella dándole una palmada juguetona en el pecho, pero riéndose al fin y al cabo, que era lo que él buscaba.
- Ahora en serio – dijo él poniendo ambas manos en su cintura. – No tienes motivos para estar insegura – añadió. – A mí me gusta que seas como eres. Ese lado espontáneo que tienes es una de las cosas que más me gustan de ti y que hacen que te quiera tanto – continuó sin darse cuenta de lo que estaba diciendo.
Emma abrió muchos los ojos y la boca al escucharlo. Tragó saliva y se atrevió a hacer la pregunta:
- ¿Me quieres?
Killian sonrió.
- Mucho. No creo que sea una sorpresa para ti, ¿no?
- Sé que te importo, pero quererme es una cosa muy diferente – dijo ella con un hilito de voz.
- Emma, estoy loco por ti – dijo él meneando la cabeza, incrédulo todavía de que ella se sorprendiese de sus sentimientos. – Sé que nuestra situación de momento es una mierda, que tenemos que andar escondiéndonos como si hubiéramos matado a alguien, pero no quiero que lo dudes ni por un minuto – continuó mirándola fijamente a los ojos con una expresión de sinceridad absoluta. – Me he enamorado de ti. Perdidamente, me atrevería a decir – finalizó soltando una pequeña carcajada.
Ella soltó una pequeña sonrisa ante la apresurada confesión de Killian, a la vez que le rodeaba el cuello con los brazos a Killian, para finalmente ponerse de puntillas y darle un fuerte abrazo. Tomó valor y le susurró las palabras al oído:
- Yo también te quiero.
- Buff… - respiró él aliviado. – Después del discursito que acabo de echar… menos mal, amor. Menos mal – comentó divertido, provocando que ella también se riera.
Emma paró de reírse y le agarró la cara con ambas manos, dándole un beso de esos que cortan la respiración.
- ¿Vamos? – susurró cuando se separaron.
- ¿Es totalmente necesario? – preguntó Killian todavía falto de aire por el beso.
- Ahora que estamos arreglados, sería una pena quedarse en la habitación.
- Tienes razón, amor. Vamos a darle envidia a la gente – dijo él poniéndose la americana negra. – No todas las chicas de L.A tienen un novio tan guapo como yo – añadió haciéndose el chulito.
- Anda, pasa – dijo Emma dándole un pequeño empujón hacia la puerta. – Delante de mí.
La cena fue un auténtico fastidio. La gente no dejaba de hablar de trabajo y aún encima tuvieron que ver como Jeff ligaba sin parar con la pobre Ariel, que al final de tanto que le habían insistido, parecía que había caído en la red de Jefferson.
Una vez se despidieron de ellos, Killian y Emma se escabulleron sin que los viera para ir hasta la playa a dar un paseo, agarrados de la mano, en plan pareja.
- ¿Jeff no estaba casado? – preguntó Emma frunciendo el ceño.
- Lo está – asintió Killian. – Su mujer se llama Alice.
- ¡Qué cabrón! – exclamó ella, poniendo cara de asco.
- Sí… - suspiró él. – La fidelidad no es lo suyo. No es la primera vez que lo veo con otra chica.
- En fin… - dijo ella cambiando de tema. – Hace una noche preciosa. No la vamos a estropear hablando de los líos de faldas que se trae el asqueroso de Jefferson – añadió riéndose mientras comenzaba a sacarse el vestido y los zapatos.
- ¡Emma! – exclamó él mirando para todos lados preocupado de si alguien la veía. - ¿Qué haces?
- Me voy a dar un baño – dijo ella guiñándole un ojo.
- ¿Ahora? – preguntó él nervioso. – Son las doce y media de la noche.
- ¿Cuánto hace que no haces una locura, Killian? – preguntó ella caminando hacia el agua mientras lo miraba por encima del hombro.
Ahí estaban. Las mismas palabras que le había dicho el primer día que la besó. Killian meneó la cabeza mientras la veía meterse en el agua.
- Maldita sea… - susurró mientras rápidamente se quitaba él también la ropa. – Me vuelve loco… -dijo hablando consigo mismo comenzando a correr hacia el agua.
Allí ya Emma lo estaba esperando, como una sirena cantándole hacia una muerte segura. En cuanto llegó junto a ella, la besó como nunca, poniendo todas sus ganas en el beso, haciendo que ella se abrazase a él fuertemente.
Pasaron un rato en el agua, salpicándose y jugando el uno con el otro. Cuando salieron por fin, se había hecho tardísimo y decidieron que era hora de volver al hotel. Se vistieron rápidamente, la ropa pegándose a su piel húmeda y se marcharon de la playa, habiendo fabricado unos bonitos recuerdos de esa noche.
Cuando entraron al hotel, Emma no pudo aguantar la risita al ver la cara del recepcionista cuando los vio entrar con la ropa toda mojada y el pelo chorreando. Ella, con los tacones en la mano, corrió hacia el ascensor descalza, tapándose la boca con la mano para que no la vieran reírse.
- Buenas noches – saludó Killian haciéndose el serio e ignorando la cara de póker del trabajador.
- Buenas noches, señor – contestó éste tratando de actuar de una forma normal, haciendo que por fin Killian corriese detrás de Emma hacia el ascensor, también riéndose a carcajadas.
Emma abrió la puerta con la tarjeta y entraron en la habitación. Antes ni siquiera de que le diera tiempo a encender las luces, Killian la tenía apretada contra la puerta.
- Ha sido una noche increíble, Emma – dijo él pegando su frente con la suya. – Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.
- Pues… - comenzó ella nerviosa mientras tiraba del cuello de su camisa para acercarlo imposiblemente más a ella. – Puede que tu noche aún mejore – añadió comenzando a sonrojarse.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa? – preguntó él curioso.
- Killian – dijo ella muy seria. – Tú me quieres y yo te quiero – comenzó a hablar muy rápido, sin mirar para él de lo nerviosa que estaba. – Y yo… - continuó. - Quiero que lo hagamos. Quiero que mi primera vez sea contigo.
