CAPÍTULO 7:
- Killian – dijo ella muy seria. – Tú me quieres y yo te quiero – comenzó a hablar muy rápido, sin mirar para él de lo nerviosa que estaba. – Y yo… - continuó. - Quiero que lo hagamos. Quiero que mi primera vez sea contigo.
Él no daba crédito a lo que estaba escuchando y de la sorpresa, casi se atraganta con su propia saliva.
- ¡Guau…! – dijo él resoplando, poniéndose incluso algo colorado. – Tú sí que sabes cómo soltar una bomba. Eso tenemos que hablarlo.
- ¿De verdad vamos a hablar? – preguntó Emma frunciendo el ceño.
- No me puedo creer que vaya a decir esto… Créeme, me estoy arrepintiendo ya antes de decirlo – comenzó él. – Pero creo que ahora no es el momento.
- ¿Por qué no?
- Porque todavía es pronto, aún no hemos resuelto esta situación de mierda que tenemos. No quiero que nuestra primera vez juntos sea algo hecho en la clandestinidad de un hotel. Es un momento muy importante en una relación y mucho más si es la primera vez de alguien – explicó él. – Quiero que cuando demos ese paso, yo ya no esté con Tink. Te mereces eso y más.
- Killian, hemos hecho otras cosas… - dijo Emma poniéndose roja como un tomate.
- Es diferente, Emma – insistió él.
- Yo no quiero esperar – dijo ella. – Quiero estar contigo de todas las maneras que una chica puede estar con un chico.
- Y yo estoy aquí, y no me voy a ir a ningún lado… Y en cuanto llegue el momento… - explicó él, todavía en sus trece.
- Killian… - interrumpió élla acariciándole la cara. – Te necesito. Estamos juntos y ya sólo por eso, es especial. No necesito nada más. Confío en ti y te quiero.
Dicho eso, se acercó a él y lo besó de la forma más tierna que pudo, mientras hundía sus manos en su cabello y le masajeaba el cuero cabelludo con suavidad.
- Mmmm… - gimió él sin poder evitarlo. Una vez más, Emma lo había dejado sin palabras. – ¿Segura? No quiero que nunca te arrepientas de nada.
- Estoy segura – dijo ella con la voz firme.
Killian la empujó suavemente contra la pared, provocando que el cuadro más cercano temblase, lo que hizo que ella soltase una risa por lo bajo contra sus labios. El beso fue escalando en intensidad, pasando a devorarse por completo, mientras las manos de ambos exploraban cada rincón accesible. Killian comenzó a impacientarse y tiró del cuello de su vestido para podérselo bajar, quedando éste todo arremolinado en la cintura de ella. Le besó el cuello y la parte alta de los pechos, bajando las copas del sujetador para poder atacarle los pezones, haciendo que ella gimiese una y otra vez sin parar.
A Emma se le iba a salir el corazón por la boca. Killian no le daba tregua ni para coger un poco de aire. En cuanto comenzó a besarle los pechos, ella dobló los brazos hacia detrás como pudo y se sacó por completo la ofensiva prenda de ropa que tanto le estaba estorbando en este momento, dejándola caer a alguna parte del suelo por detrás de Killian. Después, notó como Killian iba marcando un camino directo hacia el sur, dejando un pequeño reguero de saliva húmedo por su abdomen, hasta que se decidió a bajarle por completo el vestido y con él las braguitas. Miró hacia ella con los ojos muy brillantes, como si estuviera borracho. Borracho de ella. Después sin decir una sola palabra, la besó en su parte más íntima, haciendo que una corriente la recorriera de los pies a la cabeza y las piernas comenzaran a temblarle. No estaba segura de cuánto tiempo más iba a aguantar de pie. Se agarró al pelo de él, dándole un pequeño tirón de vez en cuando, como intentando buscar un punto de anclaje que le impidiese caer.
Echó la cabeza hacia atrás, golpeándosela con la pared suavemente y comenzó a jadear, su respiración cada vez más rápida. Notó como la mano de Killian ascendía por su pierna, muy despacito, hasta que finalmente se unía a su boca y comenzaba a darle placer, metiendo con suavidad un dedo en su vagina, haciendo que ella soltase un gemido casi gutural. El placer era cada vez más intenso y fue aún mejor cuando él introdujo un segundo dedo y después de un poco de estimulación, un tercero, haciendo que se notase bastante llena e incómoda, soltando un pequeño quejido por lo bajo.
- ¿Bien? – preguntó él con voz ronca.
Ella asintió rápidamente para eliminar la preocupación de su rostro.
- No pares.
Killian volvió a besarla y comenzó a acariciar su clítoris con la lengua, al mismo tiempo que metía y sacaba sus dedos suavemente de ella, hasta que sin poder aguantarlo más, Emma explotó de placer y soltó un pequeño grito.
La siguió besando, dejándola que bajase poco a poco de lo más alto, hasta que notó como se relajaba contra la pared. Sus piernas todavía temblaban, así que él la ayudó a saltar y rodear su cadera con las piernas, para poder llevarla hasta la cama, donde la depositó con suavidad.
En cuanto ella estuvo más cómoda, se tumbó con cuidado sobre ella y le robó otro beso, mientras le acariciaba la cara con afecto. Se apartó y la miró a los ojos, para después bajarse de nuevo y darle un beso en la frente.
- Te quiero – susurró muy serio.
Emma nunca había estado tan feliz en su vida. No podía creer que esas palabras estuvieran saliendo de la boca de Killian de nuevo y en un momento tan importante como era éste.
- Y yo a ti – contestó ella apartándole el pelo de la cara.
- ¿Seguro que quieres continuar? – preguntó él todavía preocupado.
- Segurísima – dijo ella con una sonrisa. – Y sé que tengo cero experiencia en esto, pero… ¿no deberías de sacarte la ropa? – preguntó.
Killian comenzó a reírse mientras se levantaba de la cama. Sin romper el contacto visual en ningún momento, comenzó a sacarse lentamente la ropa: la americana, la camisa, el cinturón, los zapatos y finalmente el vaquero y los calcetines, quedando sólo con sus ajustados boxer de color negro, que poco hacían por tapar su excitación.
Antes de unirse a Emma en la cama, fue hasta la maleta y sacó lo que parecía ser un par de condones, tirándolos encima de la cama, al lado de ella. Después se colocó encima muy lentamente, acariciándole el lateral de una pierna, haciendo que la pusiese alrededor de su cadera para que las pelvis se juntasen. Se movió poco a poco contra ella, buscando la deliciosa fricción. Emma se retorcía debajo de él, volviéndolo completamente loco.
Ella se volvió más atrevida y alargó una mano para bajarle el calzoncillo por completo, acariciándolo suavemente, haciéndolo gemir una y otra vez, al mismo tiempo que se movía contra su mano inconscientemente.
- En otro momento… - susurró él apretando los dientes, soltando una risa por lo bajo mientras le apartaba la mano.
Se levantó de la cama y se quitó por completo la ropa interior, tirándola descuidadamente al suelo. Enseguida estaba otra vez con ella, más excitado que nunca, besándola de una forma casi salvaje.
Cuando ninguno de los dos se podía aguantar más, alargó la mano y comenzó a palpar el colchón hasta que encontró lo que buscaba. Abrió el preservativo con los dientes, ante la atenta mirada de una muy excitada Emma y se lo puso rápidamente.
- ¿Segura? – volvió a comprobar una última vez, mientras jadeaba como un loco.
- Vamos, Killian… - dijo ella agarrándolo por el cuello para que lo besase.
Él metió una mano en el medio de los dos y se recolocó, haciendo que la punta de su pene comenzase a entrar lentamente en su vagina.
- Dios… - susurró entre dientes, soltando el aire todo de golpe - ¿Bien?
Emma gimió en respuesta. Lo notaba entrar poco a poco, estrechándola de forma que notaba una sensación muy rara entre el placer y el dolor. Killian temblaba suspendido sobre su cuerpo, sin duda aguantándose las ganas de simplemente empujar para que ella estuviese lo más cómoda posible.
- Mírame – dijo él agarrándole la barbilla. – Eres preciosa – añadió después, mirándola con sus brillantes ojos azules, de una forma que lo decía todo.
Ella sonrió ante la dulzura del comentario y justo en ese momento, aprovechando que ella había bajado la guardia, él dio el último empujoncito, provocando que ella emitiese un pequeño gritito.
- Shhhh… - susurró él rápidamente cubriéndole la cara y el cuello con besos. – Ya está. Ya pasó. Ahora relájate.
Emma asintió suavemente y le rodeó la espalda con sus brazos, para apretarlo contra ella. Él siguió moviéndose de forma rítmica, hasta que ambos se acercaban peligrosamente al orgasmo. Killian metió de nuevo una mano entre ellos, ofreciéndole una pequeña ayudita extra a Emma, comenzando a rozarle suavemente el clítoris, hasta que ella se tensó y se corrió, haciendo que las contracciones de sus músculos más internos impulsasen su orgasmo también, con un gran gemido, mientras decía el nombre de ella una y otra vez, como si de una plegaria se tratase.
Ambos se relajaron el uno contra el otro, sus respiraciones poco a poco volviendo a su ritmo normal. Se besaron tiernamente, y Killian salió de ella, haciendo que ésta soltase un pequeño quejido. Él se levantó y fue rápidamente al baño a librarse del preservativo y limpiarse, al mismo tiempo que cogió una toalla húmeda para ella. Se acercó hasta la cama de nuevo y la limpió. A Emma se le llenaron los ojos de lágrimas ante el pequeño gesto de amor. Nunca nadie había demostrado tanto cariño y ternura con ella.
Después de dejar la toalla otra vez en el baño, se tiró al lado de Emma en la cama y la abrazó desde atrás, besándole la espalda desnuda, hasta colocar la cabeza en el hueco de su hombro.
- ¿Qué tal? – preguntó él.
- ¿Estás mendigando un piropo? – respondió ella con otra pregunta, mientras comenzaba a reírse.
- Puede – contestó él guiñándole un ojo, haciendo un poco el tonto.
- Siempre pensé que la primera vez no me gustaría – dijo Emma. – Todas mis amigas decían que había sido un horror. Pero, me ha gustado – añadió riéndose.
- El truco está en escoger un buen compañero, Swan… - dijo él muy lleno de sí mismo. – Alguien que sepa lo que está haciendo – añadió con una sonrisa de lado.
- Eres tremendamente egocéntrico… - contestó ella meneando la cabeza con reprobación, al mismo tiempo que aguantaba una sonrisa.
- Pero me quieres – afirmó él.
- Mucho.
Killian sonrió de oreja a oreja, dándole un beso en la nariz, y después colocándose boca arriba, haciendo que ella se apoyase en su pecho.
- Ahora a dormir, amor – susurró. – Nos lo merecemos por lo bien que lo hemos hecho – añadió, provocando que ella soltase una risita.
Después de unos minutos de silencio, Emma habló:
- Mañana es nuestro último día aquí – dijo en bajito.
- Lo sé – contestó él, trazando círculos en su abdomen.
- Después tendremos que enfrentarnos a la realidad – continuó ella con un tono de voz que indicaba lo asustada que se encontraba ante la situación.
- Nos irá bien, amor – dijo él muy convencido.
- ¿Tú crees?
- Lo sé – contestó muy suavemente, dándole un beso en el cabello. – Y ahora deja que esa cabecita descanse y a dormir, así mañana podremos aprovechar la mañana antes de tener que ir después de comer para el aeropuerto.
Emma asintió y se quedó dormida, los latidos del corazón de Killian contra su oreja, actuando como su nana particular.
La mañana siguiente la verdad que no les dio mucho tiempo a hacer nada, ya que durmieron hasta más tarde de lo que tenían planeado. El primero en despertarse fue Killian. Se estiró y se frotó los ojos, intentando espabilarse y después se giró hacia Emma, que todavía estaba profundamente dormida, con una mano debajo de su mejilla y todo el pelo esparcido por la almohada. Definitivamente era una imagen a la cual podría llegar a acostumbrarse.
Sonrió y le apartó un mechón de pelo de la cara. Después, le pasó un dedo por su labio inferior, que protruía ligeramente y ella movió un poco la cabeza, mientras fruncía el ceño, como enfadada con el que se estaba atreviendo a perturbar su sueño. Killian soltó una risotada y le besó la frente, haciendo que ella se despertase por fin:
- Mmmm – protestó ella, enterrando la cara en la almohada.
- Buenos días a ti también, amor – contestó Killian divertido, mientras le pasaba un brazo a través de la cintura.
Le dio unos segundos para que se acostumbrase, hasta que ella por fin abrió los ojos, encontrándose de pleno con los suyos, que llevaban sin apartarse de ella desde el momento en que se despertó.
- Buenos días – susurró ella, todavía con cara de sueño y las arrugas de la almohada marcadas en su cara. Estaba adorable, pensó Killian.
- Buenos días – repitió él, mientras el corazón se le hinchaba por momentos.
- ¿Qué tal has dormido? – preguntó ella mientras le apartaba el pelo de la frente de forma cariñosa.
- Muy bien – dijo él cerrando los ojos ante el contacto. – Aunque "alguien" en mitad de la noche me robó la manta y me dejó en pelotas. Pensé que me congelaba – protestó él con una sonrisa.
- ¿Había otra persona en la cama y no me enteré? – preguntó ella, con un brillo juguetón en los ojos, mientras se ponía a horcajadas encima de él, haciendo que la sábana se escurriese y descubriese sus pechos desnudos para que él los pudiera ver.
- Dios… - suspiró Killian ante el contacto de sus cuerpos. – Me vas a volver loco. Eres insaciable.
- ¿Es eso malo? – preguntó ella de pronto un poco avergonzada.
- ¿Malo? ¡Es estupendo, Swan! – dijo él apretándola más contra él, provocando que ella gimiese. – Soy el tipo más afortunado del mundo – susurró él antes de besarla.
Pasaron la mañana así, uno en los brazos del otro, aprovechando el tiempo todo lo posible, ya que sabían que en cuanto llegasen a casa, las cosas no iban a ser tan fáciles ni tan idílicas. Cuando llegó el momento, comenzaron a vestirse y a preparar la maleta para comer algo rápido en la cafetería del hotel y marchar al aeropuerto. Habían tenido suerte y como habían comprado los billetes un poco más tarde, iban en un avión diferente al del resto de la oficina, así que podrían seguir actuando como una pareja normal durante un poquito más.
Emma estaba leyendo un par de mensajes en su móvil, mientras Killian terminaba de cerrar la maleta.
- ¿Todo bien? – preguntó mientras bajaba la maleta de la cama.
- Sí. Es mi hermano. Dice que nos vendrá a buscar él al aeropuerto. Estaba confirmando la hora de llegada – contestó Emma con el ceño fruncido.
- ¿Entonces por qué esa cara?
- Porque tengo también un mensaje de Matt y estoy pensando una forma educada de decirle que muchas gracias, pero que no quiero nada con él.
- A mí se me ocurren unas cuantas… - masculló Killian por lo bajo, haciendo que Emma soltase una risita.
- ¡Qué mono eres cuando estás celoso! – exclamó ella divertida.
- Yo no estoy celoso, Swan – respondió él enfurruñado.
- Ya, claro. Por supuesto que no – le dio ella la razón como a los locos, mientras seguía riéndose por lo bajito al ver la cara de indignación que tenía Killian.
El vuelo fue demasiado rápido. Por una vez en la vida, Emma quería que el viaje durase horas y horas, ya que eso significaba que podía estar un ratito más con Killian, acurrucada contra él en el asiento, besándose de vez en cuando, sin importarles nada ni nadie. Pero como ya habían hablado ayer, era hora de enfrentar la realidad. Y aunque le asustaba profundamente la idea de enfrentar sobre todo a su hermano David, sabía que si querían que la relación llegase a buen puerto y fuese para largo, era algo que tenían que hacer de forma urgente. No podían seguir como hasta ahora, escondiéndose de todo el mundo y haciéndole daño a la gente que querían. Sin embargo, el saber que era lo correcto, no le impedía que el estómago se le revolviese sólo de pensarlo.
- ¿Se lo vas a decir hoy a Tink? – preguntó Emma con la mirada perdida.
- En cuanto lleguemos – respondió él muy seguro. – Esto no se puede alargar más. Después escogeremos un momento para hablar con David. ¿Estás de acuerdo?
- Lo estoy – dijo ella dándole un beso en el hombro.
Llegaron al aeropuerto, y antes de cruzar la última puerta hacia la zona común donde David los estaba esperando, se dieron un apasionado beso, en el que ambos lo pusieron todo.
- Ha sido un fin de semana maravilloso, Killian – dijo ella con los ojos brillantes.
- Para mí también. El mejor de mi vida. Me hubiera quedado allí, en esa habitación de hotel para siempre contigo – continuó él hablando. – No necesitaba nada más.
- Volveremos a estar así – añadió ella muy segura de sí misma. De ellos.
- Lo sé – dijo él acercándose para darle un último beso.
Se separaron por fin y salieron. Enseguida vieron a David, que estaba esperándolos con Henry cerca de una de las cafeterías.
- ¡Emma! – gritó el más pequeño, mientras salía a recibirla.
- ¡Enano! – dijo ella dándole un fuerte abrazo. – Te he echado mucho de menos.
- Y yo a ti – respondió el niño de forma cariñosa.
- ¡Hola hermanita! – dijo David dándole un abrazo también. – Jones… - saludó con otro abrazo a su amigo. - ¿Qué tal os ha ido?
- ¡Muy bien! – contestaron los dos a la vez, soltando una sonrisa cómplice.
- Un poco aburrido – se apresuró a añadir Emma para disimular.
- Si todos los publicistas son como Killian… puedo imaginarme la tortura – dijo David, metiéndose con su amigo.
- ¡Ey! – protestó Killian haciendo que todos se riesen.
- ¿Vamos a casa? – dijo David por fin. – Vamos, Killian, te acercamos a tu apartamento. ¿O al de Tink?
- Al mío. Ella está esperándome allí – dijo mirando de reojo a Emma, recibiendo un sutil movimiento de cabeza de ésta como respuesta.
Llegaron al apartamento de Killian y él se bajó del coche. Por la ventana mientras se alejaban le hizo un gesto a Emma, indicándole que la llamaría en cuanto hablase con Tink. Los nervios se estaban arremolinando en el estómago de Emma, haciendo que tuviese ganas de vomitar.
En cuanto puso un pie en casa, se excusó diciendo que estaba muy cansada y se fue para su habitación. Esperó y esperó, pero Killian no daba llamado. Algo había ido mal, podía presentirlo. Trató de relajarse de todas las maneras: música, un libro, una revista, sacó toda la ropa del armario y la volvió a doblar… Cuando ya se había dado por vencida y se había tirado en la cama, su móvil sonó, indicando que era Killian. Sonrió de oreja a oreja y respondió:
- ¡Hola! ¿Qué tal? – preguntó nerviosa.
- No se lo he dicho – respondió él muy serio.
- ¿Cómo? – preguntó Emma alzando un poco la voz. - ¿Por qué no?
- Emma, amor, estoy en el hospital con Tink – dijo él.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó ella asustada.
Hubo un silencio que a Emma le pareció eterno, hasta que Killian contestó, con una voz que indicaba que estaba a punto de romperse.
- Tink acaba de tener un aborto – susurró por fin.
