HOLA, COMO LES VA? ESPERO QUE TODOS ESTEN MUY BIEN, POR AQUI SIGUE LA COSA CON ALGO DE TRABAJO, PERO AL FIN ME HICE UN HUECO PARA PODER SUBIR EL CAPITULO. COMO SIEMPRE MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEW, SABEN QUE ME HACEN MUY FELIZ, SIEMPRE LOS LEO Y ESO HACE QUE ME VUELA SUS FANS. BUENO MEJOR LES DEJO EL CAPITULO.


Capítulo 33

El invierno pronto llego y fue toda una odisea poder vestir a Tara adecuadamente para que el clima no le afectara al salir de casa, debido a que ella siempre andaba quitándose las cobijas, no le gustaba que le tapáramos la cara con las cobijas, afortunadamente aceptaba los gorros y guantes que le poníamos, ya había captado que solo era por un momento mientras llegábamos a nuestro destino.

Daniel era su nuevo mentor, siempre lo buscaba y quería jugar con él, pero sobre todo, muchas veces le exigía a él que la esperara o que hiciera lo que ella quería, aunque él empezaba a desesperarse, debido a que él estaba entrando en la etapa de "las niñas no me gustan" así que solo toleraba a Tara por un rato, sobre todo cuando ella hacia lo que él quería y no lo que ella quería. En cambio Finnick se desvivía por ella, cada que hacíamos video llamadas le hablaba y la buscaba mucho, así que él se estaba convirtiendo en una de las personas favoritas de Tara, sobre todo cuando llegaban a venir, siempre estaban juntos, él la cargaba mucho y aguantaba estar de una lado para otro con ella.

Cuando yo le cantaba, ella se movía al ritmo de la canción, le gustaba que hiciéramos mucho esa actividad, pero principalmente era que le cantara yo, debido a que Peeta le ponía música y si seguía el ritmo, pero al final me pedía a mí que fuera yo quien cantara, incluso que la acompañara. La canción de dulce melodía le gustaba mucho, a pesar que no era una canción muy movida, pero siempre iba aplaudiendo.

Haymitch se había convertido en su principal proveedor de ropa, comprando vestidos, blusas, pantalones y n cantidad de artículos cada que viajaba, así que llego el momento en que Peeta y yo solo comprábamos una que otra prenda interior para tenerla impecable. Al parecer nuestro antiguo mentor le había aprendido muchas mañas a Effie y ahora era feliz vistiendo a nuestra hija.

El negocio de Peeta iba viento en popa, mientras que mi trabajo con los chicos de la escuela iba también muy bien, ya que en los últimos juegos deportivos, no solo les fue bien en tiro con arco, sino que también en atletismo habían quedado en buenos lugares, el problema fue que, la gente de otros distritos empezó a murmurar que no era legal que alguien de mi tipo entrenara a los chicos, alegando que podría ser mala influencia para ellos, que yo tenía un historial algo… contradictorio para muchos. Aunque yo intente mantener un perfil bajo en la escuela, la gente supo perfectamente que yo era quien los entrenaba, que ahí era una situación contradictoria y que se estaba mintiendo con respecto al entrenador de los alumno, ya que en los juegos se presentaba otra persona como entrenador, mientras que habitualmente en el distrito era yo quien estaba al pendiente, todo eso le genero muchos problemas a Tifanny al grado de tener que darme de baja de la plantilla durante un tiempo para que las medallas de los chicos no fueran retiradas por esa misma situación, incluso regrese como auxiliar, mas no como entrenadora fija deportiva.

Esa situación nos hizo pensar mucho el salir de plano de la escuela, para atender a mi hija sobre todo y poder ayudar a Peeta en el trabajo, aunque los chicos me demostraron su cariño pidiendo que no los dejara de seguir preparando, que no hiciera caso, que al final por eso Tifanny me ponía como auxiliar y no como titular del programa.

- y ¿po qué? - decía Tara mientras su papá le ponía el gorro.

- Porque afuera hace mucho frío, si quieres ir conmigo tienes que ponértelo - Peeta ajustaba el gorro.

-aparte esta bonito, tiene una flor - agregue enseñándole su reflejo del espejo.

-para que te veas mucho más bonita- complemento su papá.

Tara era muy preguntona, el ¿por qué? era su mejor palabra, así como también el quiero, aunque el segundo le repitiéramos las cosas de porque no se podía; a mí me hubiera encantado que el por favor y gracias fueran sus palabras predilectas, pero aun no las terminaba de asimilar, por lo que teníamos que repetírselas constantemente.

-¿seguros qué van estar bien solos? - le pregunte a Peeta.

-claro bonita, no te preocupes, solo iremos a supervisar y dejar esa bolsa con moldes, no tardamos, tu termina ese informe que te pidió Tifanny para que puedas empezar tus vacaciones de invierno -

-cualquier cosa me avisas, no dejes que se acerque a la parte de atrás para que los cambios de clima no le afecten, no queremos que vuelva a enfermar de nuevo - nuestra pequeña a pesar de ser muy sana, nos había sorprendido con una fuerte gripe que nos mantuvo encerradas en casa casi una semana, principalmente porque tuvo fiebre y lloraba mucho por la molestia en la garganta, al grado de que Peeta se veía muy desesperado al verla con sus ojos tristes, pidiendo que Paul viniera a checarla a cada instante.

-claro que no, sabes que la llevo conmigo para que termines y también para que no se quede llorando como otros días, solo será un rato y no dejaré que se destape en el camino, sabe que si quiere salir tiene que obedecer – él la volteo a ver para que entendiera un poco más que hablaba de ella – ¿verdad qué me vas obedecer? –

-Ti – Tara afirmo con la cabeza, pero presentía que ella iba hacer lo que quisiera, siempre hacia que Peeta diera su brazo a torcer.

-pórtate bien – bese su mejilla – no dejes que papá se tarde más de la cuenta –

-Ti – en ese momento Tara le estiro los brazos a su papá, sabía muy bien que era él quien la llevaría a la calle.

-No tardamos, así que ponte a trabajar para que no seas interrumpida por esta hermosura más tarde – Peeta jalo de mi trenza una vez que tenía a nuestra hija en sus brazos.

-Sí señor, toma la cobija – le extendí una cobija afelpada color verde.

-No, no – dijo Tara

-Nada de no, en qué quedamos – Peeta tomo la cobija y se la enseño a Tara – si quieres ir conmigo y no quedarte con mamá hay que ponerte la cobija.

-no quedo – en ese momento mi chico del pan puso a Tara en el piso, para que dos segundos después ella empezara a llorar.

-Nena, ya lo sabias, ponte la cobija para que vayas con papá a la panadería – yo estaba en cuclillas.

-Papá – dijo semi llorando.

-Sí, ve con papá pero con la cobija – repetí tomando la cobija y extendiéndola para envolverla en ella. Esta vez accedió a que la rodeara con ella para cargarla.

-Papá – repitió nuestra pequeña.

-Sí, vas a ir con papá – el aludido extendió los brazos para recibirla.

-Bien, así si vamos – beso su mejilla – en un rato estamos de vuelta, dile adiós a mami –

-dos – Tara intento agitar sus manos pero estar entre la cobija lo impido.

-Adiós hermosa, no tarden – Peeta me dio un rápido beso en los labios, con los ojos atentos de nuestra hija fijos en sus padres.

Aun no podía creer lo grande que estaba nuestra hija, cada día nos sorprendía con algo nuevo, con alguna palabra o incluso algún cariño nuevo de su parte hacia nosotros. Johanna decía que la sobreprotegíamos mucho que la estábamos haciendo inútil o muy llorona, pero cuando le decía que Daniel era igual dejaba de criticar nuestra forma de criar a nuestra hija. Jamás haría caso a las críticas de las personas al educar a mi hija, yo sabía muy bien que la sobreprotegíamos, pero como decía Sae o mi madre, era natural que hiciéramos eso después de todo lo que habíamos vivido, después de perder a nuestras familias de la peor manera, claro que la íbamos a proteger, no dejaríamos que nadie la dañara, y eso no implicaba que le diéramos todo, simplemente le hacíamos ver qué era lo que estaba bien o mal, la alejábamos de los peligros haciéndole entender porque no era conveniente ciertas cosas, que también comprendiera que la vida puede tener muchas sorpresas desagradables a la vez que agradables, a parte a su corta edad no podía comprender mucho de los traumas de sus padres. Uno de ellos las pesadillas que no dejaban de acecharnos, provocando que al fin tomáramos la decisión de sacar la cuna en cuanto la temperatura invernal fuera más accesible, así que la tendríamos en la recamara por un par de meses como máximo.

-hola, Peeta – dije a la bocina del teléfono - ¿Qué paso amor? Ya tardaron demasiado, espero que Tara no este descobijada –

-Kat, vamos a tardar un poco, la nieve está cayendo muy fuerte, ¿no te has dado cuenta? –

-Bueno si me percate que ya estaba nevando, pero… no será mejor que vengan a casa –

-Bonita aquí está muy denso, no quiero arriesgar a Tara, me preocupa un poco que aquí está muy agradable, pero afuera debe de estar muy baja la temperatura, ella está bien, en este momento está en el corral devorando un pan con queso –

-Pero… ya no querrá cenar, aparte la pasaste al área de los hornos Peeta, será peor –

-Tranquila ya están apagados, ya no estamos sacando nada, ya es tarde para tenerlos encendidos –

-¿quieres que vaya con un par de cobijas? También podría ir con una sombrilla para protegerla de la nieve –

-No bonita, no salgas, esperaremos a que baje un poco la ventisca, aquí hay otra cobija, estaba en el corral –

-Está bien, solo espero que en vez de bajar vaya a caernos una nevada de locos –

-Ni lo digas Kat, porque de ser así Tara y yo tendremos que dormir aquí – Al escuchar a Peeta me tense, sería la primera noche que pasara lejos de mi hija, incluso desde que Peeta se enteró que Tara venia en camino, no hubo noche que me dejara sola, sería algo muy extraño.

-No por favor, ella te pedirá su cena, no hay pañales ahí, no, será mejor que vaya como te digo –

-Para que te arriesgas tú también, otra cosa es que hable al Sr. Gray para ver si pueden venir a rescatarnos, somos varios los que estamos aquí, supongo que podrían mandarnos algunos de esos carros que los llevan por todo el distrito, a todos esos flojos como les llamas tu –

No me gustaba mucho esos artefactos, me recordaba mucho cuando hicimos la gira de la victoria, que nos andaban trayendo en ellos aunque las distancias fueran cortas, pero ahora vea con un poco de más claridad su función, para este tipo de emergencias creo que no había problemas de usarlos, aunque la distancia fuera absurda.

-creo que será lo mejor – dije resignada pero un poco más tranquila, sabiendo que no dormirían en la incomodidad de la panadería.

-Bien, entonces hablare para ver si nos pueden ayudar aquí con eso, espero que estemos en un rato más por ahí–

-Si cualquier cosa me hablas por favor, es más me avisas cuando ya vengan hacia aquí, mientras preparare un chocolate caliente para ti y le calentare su leche a nuestra nena –

-Sí, te dejo – y sin más colgó.

Afortunadamente me habló a los diez minutos para avisarme que ya venía, que siempre si iban a tomar uno de esos autos para que los dejaran justo al frente de la casa sin que la ventisca les pegara, porque a estas alturas ya era muy fuerte la nevada.

-Ma, ma – Tara se escuchaba emocionada en cuanto les abrí la puerta, supongo que por el viaje en el coche.

-Hola hermosa, ¿Cómo estás? – se la quite de los brazos a Peeta.

-uff bonita, creo que por poquito y pudimos salir, el señor Gray dijo que los vehículos estaban algo saturados, pero aprovecho para dejar a varias personas por la zona, fue suerte que estuviera disponible –

-Que bueno que ya están aquí, creo que mañana no podremos salir si sigue nevando así, las puertas estarán sepultadas en la nieve – abrace con fuerza a Tara, pensando en la posibilidad de que se hubieran quedado varados en la panadería.

-No ma – dijo jalándose

-Hay mi nena, quieres tu leche caliente ¿he? –

-Si, le va caer muy bien y a mí ese chocolate que mencionaste – Peeta sacudió toda la nieve que regaron al entrar.

-Tete, si tete -

-que bueno que decidimos dejar la cuna en la recamara – le dije a Peeta mientras le servía su segunda taza de chocolate – tendríamos que meter más fuerte la calefacción para abarcar las dos habitaciones y aparte no estaríamos tranquilos con todo el frío que se está sintiendo –

-Si bonita, nuestra pequeña no dormiría por el frío – Peeta ataco el cuello de nuestra hija para hacerla reír, el problema es que ella estaba ya más dormida en sus brazos que nada.

-Peeta, déjala dormir, eres muy malo con ella – reí al verlos, sentía un gran alivio al tenerlos en casa.

-Kat, creo que tenemos que establecer mejor estas salidas, aunque Tara insista, lo mejor será que se quede en casa para no arriesgarla, no quiero que enferme, mejor que llore a que más adelante está enferma –

-En eso te apoyo por completo –

- Es que se ve tan hermosa con su gorro y guantes, aparte su bufanda – dijo acariciando su mejilla.

-Sí, pero no hay que arriesgarla, incluso nosotros, ya ves lo que paso hace unos años – recordé una ocasión donde ambos enfermamos por estarnos exponiendo a los fuertes cambios de temperatura, dejándonos en cama a los dos durante una par de días, siendo él quien duro más tiempo delicado y con una tos muy aguda.

-Tienes razón así que vayamos a la cama, al fin y al cabo mañana el distrito estará muerto, no habrá mucho movimiento si la nevada continua a como estaba hace un momento –

-Vacaciones obligatorias para todos – dije riendo cuando recordé lo emocionado que se ponía Fred al ver que el clima terminaba parando al distrito de las actividades habituales.

-Oh si, así que vamos aprovecharlas – me jalo con su mano libre para rodearme la cintura – dormiremos hasta tarde y nos la pasaremos en la cama todo el día – su mano traviesa empezó a meterse entre mi ropa.

-¿Seguro? – le advertí, porque siempre hacia un poco de pan en casa para tener para nuestro consumo y para alguno que otro vecino que se arriesgaba y venía a ver si teníamos algo de provisiones. Era difícil tener a Peeta quieto, solo cuando en verdad se sentía muy mal o alguna crisis le provocaba dolor de cabeza era cuando él se quedaba muy quieto en cama.

-Pues de ti depende que me quede en cama, ya sea entretenido o agotado, cualquiera de las dos –

-Oye – le di un manotazo en el hombro, mientras que Tara brinco medio dormida – mejor vayamos arriba acostar a nuestra bebé, ya está muy grande y pesada para que la tengas tanto tiempo cargando –

-no importa, siempre será nuestra bebé, aunque tenga 20 años lo seguirá siendo –

-Sí, pero dudo mucho que la cargues a esa edad –

-Sí, sería algo complicado e incómodo para ambos –

La nevada no fue tan densa como habíamos creído, porque al día siguiente hubo movimiento en las calles, principalmente de los establecimientos de alimentos, así que Peeta tuvo que ir a trabajar temprano, claro no tan temprano ya que la gente espero a que la nieve bajara un poco, pero aun así Tara y yo nos la pasamos solas gran parte de la mañana. El principal problema era que ella a fuerzas quería salir a ver a su papá, pero yo no me la iba a jugar con la mala pasada que tuvimos anoche de que no podían salir de la panadería, ella estaba segura en casa y así evitábamos los cambios de clima bruscos.

-No, aunque me llores no vamos a salir –

-Maaaa, amos, ti –lloraba señalando la puerta.

-No bebé, mira aquí podemos hacer cosas interesantes –

-Noooo, paaaaa – Tara hizo un puchero de esos que me desarmaban, pero yo tenía claro que no la iba a sacar, menos si sabía que Peeta regresaría en cualquier momento.

-Ahorita viene, mejor vamos a preparar la sala con cojines y juguetes para estar ahí toda la tarde, en cuanto papá llegue no lo dejáremos que se vaya – Tara solo negaba con la cabeza y se aferraba en tocar la puerta principal, esperando ver si aparecía su papá de ese modo – anda ven, vamos hablarle a la abuela y después le marcamos a papá – cuando escucho la palabra abuela paro un poco su llanto, siempre le gustaba mucho ver la pantalla, supongo que los colores le llamaban mucho la atención, a parte que veía más gente al otro lado.

-¿bela? – dijo intrigada.

-Si vamos – le tendí la mano.

-¿Inik? – yo seguía muy sorprendida al ver como tenía perfectamente bien relacionado a Finnick y mi madre, a pesar de que cuando cumplió una año se vio arisca a ellos. Era muy inteligente, yo lo notaba porque nuestros amigos decían que se expresaba muy bien, que aunque fuera pequeña, ella tenía mejor retención que cualquier otro bebé de su edad, que podía relacionar muy bien a las personas, recordando sus nombres y pronunciándolos a su manera. Haymitch decía que le daba miedo, porque creía que sería algo así como Delly, una parlanchina en cuanto supiera perfectamente bien como pronunciar todas las palabras.

-Claro, ven vamos hablar – al fin logre que me diera la mano.

Cuando marque ella me veía y sonreí al escuchar el extraño sonido que procedía del aparto de las video llamadas, yo la senté en mis piernas para que quedara en primer plano de la cámara.

-¿si, hola? – Finnick fue quien nos contestó, así que Tara pego un gritito de emoción al verlo, agitando sus manitas y sus pies al verlo.

-Hola Finnick ¿Cómo están por allá? – dije entre risas por la reacción de mi hija.

-Oh hola Kat, hey preciosa, Tara ¿Cómo estás? – él agito sus manos para saludarnos, bueno más que a mí a mi hija.

-Inik, ma, Inik –

-Si cariño mira, dile hola –

-No puede ser, cada vez la veo más grande, esperen voy a llamarle a mi mamá y a la abuela – de repente desapareció de la pantalla.

-¿Ma? – Tara volteo a verme.

-Ahora viene, fue por la abuela

-¿Y po qué? –

-Para que veas a la abuela y tía Annie también –

-quelo – dijo señalando

-Si, no seas impaciente, ahorita vienen –

-Hey hermosa, aquí estamos – dijo mi madre agitando sus manos para llamar la atención de Tara.

-Belaaaa, ma-

-Si ahí esta, ya ves –

-Hola mis hermosas ¿Cómo están? –

-Tara, Kat – saludo esta vez Annie, era complicado poder ver a todos en la pantalla.

-Inik – grito Tara.

-¿En dónde está tú…?-

-No lo digas – Interrumpí a mi madre antes de que terminara la pregunta de donde estaba Peeta.

-¿Qué? – mi mamá volteo a ver a Annie y a Finnick para ver si entendía lo que pasaba, mientras que Tara se retorcía para verme por mi intervención.

-Cuéntale a la abuela que hay mucha nieve – le sugerí a Tara mientras que con la boca le dije que no mencionara a Peeta en cuando ella volvió a poner su atención a la pantalla, porque corríamos el riesgo de que volviera a llorar por él.

Tara estuvo un buen rato entre palabras y sus balbuceos contándoles quien sabe qué cosa, mientras que ellos reían al verla y escucharla, nos dijeron que estaban muy bien, pero que desafortunadamente les había llegado muchos heridos del distrito 3 por una explosión en una planta de donde experimentaban con alguna innovación tecnológica. Mi mamá se la pasaba de quirófano en quirófano para ayudar, mientras que Annie estaba con curaciones, así que Finnick pasaba gran parte del día solo.

-Pues ya sabes que aquí eres muy bien recibido – le dije al chico.

-gracias Kat, lo sé, de hecho lo platique con mi mamá, pero creo que tomare un trabajo en la pesca en estas vacaciones –

-esta bien, a tu papá le hubiera gustado mucho llevarte y enseñarte todos los trucos que conocía, él sabia muy bien hacer la redes y anzuelos –

-Ah mi Finnick, claro que estaría fascinado y muy orgulloso de nuestro pequeño no tan pequeño – dijo Annie con ojos tristes, como siempre que hablaba de su esposo.

-¿Dónde están? – grito Peeta al entrar a la casa, así que Tara de inmediato volteo hacia la puerta de la cocina.

-Paaaa – grito haciendo que brincara tanto yo como Annie.

-En la cocina – dije riendo.

-Qui – dijo Tara removiéndose entre mis brazos – bela, qui –

-Hola, oh vaya ¿Cómo están? – Saludo a la pantalla mientras tomaba en brazos a nuestra hija.

-Muy bien, viendo que esta pequeña crece y crece, aparte que está muy platicadora – agrego mi madre.

Si definitivamente Tara era muy habladora con la gente que tenía a su alrededor, diciendo en su idioma de bebé quien sabe que tantas cosas, riendo y señalando muchas cosas, así que eso nos dejaba tranquilos, porque de una o de otra manera nos demostraba que era feliz, ajena a los problemas de adultos, disfrutando ser la consentida no solo de Peeta y mía, sino también de varios de nuestros amigos.


N/A: Tal vez no son los mejores capítulos, pero me encanta contarles todas estas cosas que pasan por mi cabeza. Gracias nuevamente y espero sus comentarios. x