CAPÍTULO 11:

Emma no podía creer lo que veían sus ojos. Killian estaba en la puerta, con cara de cansado y con una maleta a su lado. No se lo estaba imaginando. Estaba allí de verdad.

- ¿Puedo pasar? – preguntó él aguantándose la risa al ver la expresión de sorpresa de Emma.

- Eh… claro, claro – dijo ella apartándose de la puerta para que entrase. – Perdona. Es sólo que no te esperaba – añadió con una sonrisa.

- Ha sido un impulso, pero tenía que verte – dijo él abrazándola fuertemente contra su pecho. – Todo este tiempo ha sido una tortura.

- Ya lo sé… - susurró ella contra su piel, cerrando los ojos y disfrutando del contacto. – Yo también te he echado de menos. – Pero, ¿cómo se te ocurre venir hasta aquí? ¡Estás loco! – exclamó Emma soltando una carcajada.

- ¿Cuánto hace que no haces una locura, Swan? – le preguntó él.

Emma reconoció al momento las palabras y no pudo evitar sonreír, mientras se acercaba a Killian y pegaba su frente con la suya. Justo cuando estaban a punto de besarse, apareció August.

- ¿Han llamado a la puerta? ¿Quién era?

- Era para mí – dijo Emma con los ojos brillantes y mirada orgullosa mientras miraba para Killian. August, éste es Killian – comenzó Emma. – Es mi… - dijo, dudando que decir.

- Soy Killian Jones, su novio – contestó él rápidamente, ofreciéndole la mano a August, que la aceptó amistosamente.

- August Booth. Encantado de conocerte. Emma nos ha hablado mucho de ti.

- Espero que bien – dijo él soltando una tímida sonrisa.

A los pocos segundos, llegó Ruby.

- Así que tú eres Killian… - dijo mirando a Killian de arriba a abajo. – Veo que Emma tiene buen gusto – comentó descarada.

Killian se puso rojo como un tomate, mientras Emma soltaba una carcajada.

- ¡Anda, Ruby! – dijo ella empujándola hacia la cocina. – Vamos a cenar. Vas a probar el mejor pesto de toda tu vida – añadió dirigiéndose hacia Killian. - El padre de August es italiano y sus recetas son una maravilla.

La cena fue más agradable que de costumbre. Emma no podía dejar de mirar para su novio, tocándolo de vez en cuando sutilmente, como para comprobar que de verdad estaba allí, que de verdad estaban juntos y que por fin, él era libre. Era un gran paso en su relación. Ahora sólo faltaba enfrentar a David, pero cruzarían ese puente cuando llegase el momento. Estos días se los merecían sólo y exclusivamente para ellos.

Después de terminar de cenar y de un rato de sobremesa, August y Ruby se levantaron y se dirigieron hacia el salón, con la intención de ver algo en la televisión antes de ir a acostarse, dejando a Killian y Emma un poco de intimidad.

- Te quedas a dormir aquí conmigo, ¿verdad? – preguntó Emma esperanzada.

- Pues la verdad es que me he cogido una habitación en un hotel cerca de aquí… - contestó él.

- Oh… - dijo ella decepcionada. – Vale…

- He cogido una habitación grande, con cama de matrimonio – siguió explicando Killian. – Tenía la esperanza de que mi chica me acompañase – añadió nervioso mientras se rascaba detrás de la oreja.

Emma sonrió.

- Ayúdame a preparar una bolsa con mis cosas, Jones – dijo ella rápidamente poniéndose en pie y tirando de la mano de Killian para levantarlo de la silla a él también.

- Pero antes una cosa – dijo él agarrándola por la cintura, con una cara muy seria. - Falta algo.

- ¿El qué? – preguntó ella con el ceño fruncido.

Él puso una sonrisa picarona y la agarró de las trabillas del pantalón, tirando de ella todo lo posible y la besó. Fue un beso desesperado, de alguien que lleva tiempo aguantándose las ganas. Emma respondió fervientemente, moviendo la cabeza y abriendo la mandíbula al mismo ritmo que Killian, a la vez que no pudo evitar introducir ambas manos por debajo de su camiseta, necesitando notar el calor de su piel directamente sobre la suya. Él no se quedó corto y bajó una de sus manos al trasero de ella, dando un pequeño apretón, provocando que ella soltase un pequeño ruido entre un suspiro y un gemido contra sus labios. El beso estaba escalando en intensidad rápidamente, así que Emma se separó y pegó su frente a la de él, mientras trataba de recobrar el aliento después de semejante beso.

- Ahora podemos ir a hacer tu maleta, amor – dijo él con la voz más grave de lo habitual.

- Mmmm… - contestó ella todavía con los ojos cerrados.

Unos minutos después, entraron en la habitación de Emma. Ella comenzó a abrir cajones y meter cosas en una pequeña bolsa de deporte, mientras Killian no podía evitar mirar detalladamente su cuarto. Había muchas fotos, algunas de su familia, de sus amigos de siempre en casa… También había alguna de alguna fiesta con Ruby y con August, así como con otra gente que Killian no conocía.

- ¿Mía no hay ninguna? – preguntó él haciéndose el ofendido.

- ¿Cómo? – preguntó ella levantando la vista de la maleta.

- Fotos.

- Por supuesto que sí – dijo ella. – En la mesilla de noche.

Killian se acercó y vio efectivamente una foto de él. Una que él no había sido consciente del momento en el que se la había sacado. Se le veía feliz, probablemente más feliz de lo que nunca había estado. Sus ojos brillaban y tenía una sonrisa de oreja a oreja, que hacía que se le marcasen unas pequeñas arruguitas alrededor de los ojos. Por la ropa, podía deducir que había sido el mismo día en que se habían bañado en ropa interior en L.A.

- No recuerdo que me hubieras sacado una foto ese día – comentó él, volviendo a poner el marco en su sitio.

- Porque te la saqué sin que te dieras cuenta – contestó ella encogiéndose de hombros. – Tus ojos brillaban esa noche y no pude evitar captar el momento.

- Fue una buena noche – dijo él acariciándole la cara con afecto. – Sin duda ocupará siempre el top 10 de los mejores días de mi vida contigo.

- De tu vida, ¿eh? – preguntó Emma jugando con el cuello de la camiseta fingiendo desinterés. - ¿Piensas retenerme a tu lado durante mucho tiempo? – añadió juguetona.

- Recuerda lo que te digo, Swan. Algún día, cuando llegue el momento, me casaré contigo y formaremos una familia.

- ¡Guau! – resopló ella. – Son palabras mayores.

- Si no la formo contigo, no creo que nunca sea capaz de hacerlo con otra persona – añadió él muy sincero.

Emma abrió la boca muy sorprendida ante la sinceridad de sus palabras. Nunca habían hablado del futuro porque hasta hace poco no estaba nada claro si tendrían uno, pero a día de hoy, parecía que Killian estaba más que dispuesto a dar los pasos que hiciesen falta y Emma no podía estar más segura de lo que sentía por él.

- Te quiero – susurró ella.

Killian se sorprendió con la confesión.

- ¿Qué? – preguntó ella al ver su cara.

- Normalmente tengo que decirlo yo primero, Swan.

- Bueno… - comenzó ella encogiéndose de hombros.

- Yo también te quiero – interrumpió él, dándole seguidamente un beso en los labios. – Más que a nada.

Después de la intensidad de este momento, Emma suspiró y se separó de Killian.

- Bueno, creo que ya lo he metido todo… ¡Ah! El pijama – dijo de repente.

- Amor… - comenzó Killian, abrazándola por la cintura desde atrás. – El pijama no te va a hacer falta – le susurró seductoramente en su oído, haciendo que los pelos de la nuca se le pusiesen de punta.

- En ese caso… - contestó ella dejando de nuevo el pijama debajo de la almohada, mientras ponía una sonrisa seductora, a la que Killian contestó guiñando un ojo, dejando muy claras sus intenciones esta noche.

Se despidieron de August y después de Ruby, que miró a Emma con una mirada cómplice a la vez que le guiñaba un ojo a Emma.

- No hagas nada que yo no haría – le dijo, mientras después volvía a mirar a Killian de arriba a abajo.

- Mira que eres… - contestó Emma girando los ojos en las cuencas.

- ¡Y siempre con protección! – gritó mientras ambos salían por la puerta hacia la calle, provocando que August comenzase a reírse fuertemente.

Mientras iban caminando por la calle, agarrados de la mano, hacia el hotel, Killian no pudo evitar soltar una carcajada.

- Esta Ruby… - comentó. – No cabe duda de que es especial, ¿no?

- Lo es – respondió Emma riéndose también. – Pero es genial. Es de esas típicas personas con las que siempre te sientes bien, que si estás triste saben sacarte una sonrisa, ¿sabes?

- Sí. Tu hermano es eso para mí – comentó él, de repente un poco triste.

- Ey – dijo ella dándole un apretón en la mano, tratando de reconfortarlo. - No te prometo que no se vaya a enfadar cuando se entere de lo nuestro, porque sí, se va a enfadar. Conociendo a mi hermano, mucho. Pero te quiere.

- Lo sé. Es sólo que siento que lo estoy traicionando al no ser claro con él, pero no puedo evitarlo. He llegado a un punto en el que te necesito – dijo con un hilo de voz. – Y no me malinterpretes – añadió. – Daría mi vida por David y lo necesito en mi vida a él también. Somos amigos casi desde que tengo uso de razón. Pero al final del día… Tú eres la última persona en la que pienso cuando me acuesto y la primera en la que pienso cuando me levanto por las mañanas y eso no lo puede cambiar nadie.

- Me vas a hacer llorar – dijo Emma con los ojos brillosos, mientras lo agarraba del codo y apoyaba su cabeza en el hombro de él. - ¿Por qué siempre dices cosas tan bonitas? No es justo. A mí nunca me salen cosas de ésas…

- No es necesario, amor – dijo él dándole un beso en el lateral de la cabeza. – Yo sé que me quieres – añadió riéndose.

Llegaron al hotel y después de registrarse, llegaron a la habitación. Killian abrió la puerta y ambos comenzaron la inspecció una habitación muy cálida y agradable, mucho más pequeña que la que habían tenido en Los Ángeles, pero daba igual. Lo importante era que estaban los dos uno se dirigió inconscientemente a "sus lados" de la cama y acomodaron brevemente sus cosas. Cuando ya estaba todo listo, Emma fue la primera en hablar.

- Me voy a duchar antes de dormir, ¿vale?

- Vale – contestó él.

Emma entró en el baño y abrió el agua caliente, regulando con el grifo de agua fría para que tuviese la temperatura perfecta. Después, se desvistió rápidamente y entró en la ducha. Dejó que el agua le cayese encima del pelo y le escurriese por la cara y por la espalda, disfrutando de la relajación que le producía el calor. Tan relajada estaba, que no se percató de la presencia de nadie en el baño hasta que la mampara de la ducha se abrió, dejando pasar a un desnudo Killian.

- ¿Qué haces? – preguntó Emma sorprendida, secándose los ojos con las manos.

- Pensé que a lo mejor querías compañía – dijo él agarrándola por la cintura. – Y ya sabes lo que dicen…el planeta está muy mal. Hay que ahorrar agua – añadió en una voz melosa, casi ronroneando.

- Todo sea por la ecología – dijo Emma en un hilo de voz, mientras se ponía de puntillas y rodeaba el cuello de Killian con sus brazos, pegándose fuertemente a él y notando su excitación contra su barriga.

Killian no esperó más y comenzó a besarla apasionadamente, arrinconándola contra los fríos azulejos del baño, haciendo que Emma se estremeciese ante el contraste de temperatura. Sin perder tiempo, ella comenzó su exploración, masajeando suavemente los hombros de Killian y su espalda, bajando hasta su trasero, haciendo que él pegase un pequeño salto de sorpresa.

- ¿Estás juguetona? – preguntó él antes de centrarse en su cuello, poniendo toda la intención para dejar una marca.

- No me dejes marca, Killian – dijo ella jadeando. – Que no me he traído ninguna bufanda – añadió.

- Eres una aguafiestas, Swan – contestó él separándose a regañadientes.

Emma comenzó a besarle el pecho, mordiéndole suavemente los pezones, haciendo que él gimiese fuertemente. Era algo que había descubierto que le encantaba ya desde la primera noche que habían pasado juntos y ella estaba encantada de complacerlo. Después, continuó hacia el cuello y el ángulo de la mandíbula, hasta pararse en una zona justo debajo del lóbulo de la oreja, succionando ella ahora.

- Yo no puedo hacerte un chupetón, pero ¿tú a mí sí? – preguntó él mientras comenzaba a moverse inconscientemente contra ella, necesitando la fricción. – No es justo.

- He visto un par de bufandas en tu maleta – contestó ella parando durante unos segundos. – Así que no hay problema – añadió para segundos después ponerse de nuevo manos a la obra, haciendo que Killian gimiese una y otra vez.

Después le tocó el turno a él de venerar el cuerpo de Emma. Comenzó a acariciarle la parte baja de los pechos suavemente, hasta centrarse por fin en su pezón, acariciándolo entre sus dedos índice y pulgar, retorciéndolo con suavidad, haciendo que a Emma le temblasen las piernas. Segundos después, siguió llenándola de suaves caricias, marcando un claro camino hacia el sur, hasta que llegó a su destino.

Mirándola fijamente a los ojos, comenzó a tocarle delicadamente el clítoris, al principio sin intención, casi sin querer, para después poco a poco ir moviendo su dedo en círculos marcando un ritmo gradual, haciendo que ella jadease cada vez más deprisa.

Emma bajó su mano hacia donde Killian más la necesitaba y comenzó a acariciarlo también suavemente, de arriba a abajo, compaginando el ritmo con el que él estaba marcando.

Killian introdujo un par de dedos en su vagina mientras con su pulgar seguía golpeando poco a poco el clítoris, haciendo que Emma escalase cada vez más rápido hacia el éxtasis.

- Justo ahí – susurró ella, poniendo la barriga tensa. – Dios… - jadeó.

Killian bajó la cabeza y se metió un pezón en la boca, provocando que ella soltase un gritito, a la vez que comenzaba a acariciarlo cada vez más rápido, provocando que él también gimiese una y otra vez.

- Un poco más fuerte, Emma – suplicó él entre dientes, indicándole con su mano libre encima de la de ella como le gustaba. – Así – añadió entre jadeos. – Dios… Así – repitió cerrando los ojos y apretando la mandíbula.

Unos segundos después, ambos explotaron de placer en las manos del otro. Se quedaron abrazados bajo el chorro de agua caliente, con los corazones latiendo fuertemente contra sus pechos. Emma acariciaba suavemente la espalda y el pelo de Killian, entrelazando sus dedos en sus mechones.

- Eso está genial – murmuró él contra su cuello. – Me encanta que me toques el pelo.

- Date la vuelta – indicó Emma. – Si tanto te gusta, te lavaré el pelo.

Killian obedeció y apoyó una mano contra los azulejos, a la vez que flexionaba un poco las rodillas para que Emma llegase mejor a su cabeza. Cerró los ojos y disfrutó enormemente del masaje, de cada roce de sus dedos contra el cuero cabelludo, relajándose profundamente. Al acabar fue su turno y él se encargó de la melena de Emma, poniendo especial cuidado en no enredar sus dedos en ningún nudo, para no lastimarla. Se colocaron ambos debajo del agua dejando que el jabón y la espuma se fuesen por el sumidero y después de una buena sesión de mimos y cariño en la ducha y de un orgasmo increíble cada uno, decidieron que ya era hora de salir.

Se vistieron con sendos albornoces blancos y abrieron la puerta del baño, dejando salir todo el vapor acumulado y yendo hacia la habitación.

Emma fue hacia la maleta y cogió un bote de crema corporal con olor a vainilla y comenzó a untarse, poniendo especial atención en sus piernas, bajo la atenta mirada de Killian, que no se perdía un solo movimiento.

- Así que eso es lo que te echas que huele tan bien – comentó secándose el pelo con la toalla. – Siempre que me acerco a ti, hueles a vainilla. Es un olor que ahora no puedo evitar relacionar contigo.

- Tú siempre hueles especial también. No sabría decir a qué exactamente, pero es un olor agradable, de estos que reconocerías en cualquier sitio – dijo ella siguiendo con la crema.

Cuando acabó, la dejó en la mesilla de noche y de espaldas a Killian, dejó caer el albornoz al suelo.

- Joder, Emma… - susurró él. – Me quieres matar.

Ella sonrió y se volteó, totalmente desnuda, hacia él, que la miraba con deseo, sus ojos casi negros de lujuria.

- Verás – comenzó ella seductoramente. – Alguien me dijo que no me hacía falta traer pijama, así que creo que voy a tener que dormir así –añadió haciéndose la inocente.

- Oh, Swan – dijo él desatándose rápidamente el albornoz y dejándolo caer al suelo. – No vas a dormir mucho. Te aviso.

Emma comenzó a reírse y se puso de rodillas sobre la cama, estirando una mano para que él hiciese lo mismo y se uniera a ella. Killian no lo dudó y le cogió la mano, acercándose hacia ella rápidamente y comenzando a besarla mientras acariciaba su espalda una y otra vez.

Poco a poco, fue maniobrando para que ella quedase de espaldas en la cama y él se puso encima, suspendiendo su peso en sus brazos, con cuidado de no aplastarla.

Comenzó a besarle el cuello, las clavículas, los pechos… Todos los sitios a los que fuera posible llegar, hasta que decidió qué quería hacer. Se fue bajando poco a poco, deslizándose sobre el cuerpo de Emma, hasta que su cara quedó al nivel de la entrepierna de ésta. Ella inconscientemente abrió un poco más las piernas y elevó un poco la cadera, impaciente porque Killian la besase ahí. Él soltó una pequeña risotada que Emma notó contra su parte más sensible, gimiendo fuertemente.

- Aún no te he tocado – dijo él rascándole la parte interna de sus muslos con la barba.

- Killian… - gimió ella.

No la hizo esperar más y se puso a ello, haciendo que a su chica se le pusiesen los ojos en blanco de placer. Después de unas cuantas caricias, Emma rápidamente cayó por el precipicio, cerrando las piernas contra la cabeza de Killian mientras él no se detenía, guiándola durante el orgasmo, hasta que la notó que se relajaba y apoyó su cabeza contra la barriga de ella.

- Cada vez debo de ser mejor en esto – comentó de forma chulesca. – No has tardado ni cinco minutos – añadió con una sonrisa.

- ¡Cállate, idiota! – exclamó ella todavía colorada del orgasmo. – Y ven aquí – añadió.

Killian subió y agarrándole la cara con una mano, comenzó a besarla, mientras agarraba una de sus piernas y la ponía alrededor de su cadera, moviéndose contra ella una y otra vez. Después de unos segundos, paró y se levantó para coger un preservativo de la maleta. Se colocó de nuevo entre sus piernas y se lo puso rápidamente.

Conectó la mirada con la de Emma, mirándola con una ternura infinita y agarró una de sus manos para entrelazarla con la suya, colocándola al lado de su cabeza contra la cama. Después, por fin, empujó y entró en ella, haciendo que gimiese.

Se movieron de forma suave el uno contra el otro, lentamente, disfrutando del momento, mirándose durante todo el rato a los ojos, haciendo que fuese lo más especial posible.

Cuando inevitablemente el final se iba acercando, Killian empezó a moverse cada vez más deprisa, hasta que Emma comenzó a contraer sus músculos más internos contra él, alcanzado el orgasmo y provocando de igual manera que él cayese con ella.

Sin poder aguantar más su peso, se dejó caer contra Emma, pero a ella no le molestó. Al revés. Se agarró a él con manos y piernas, impidiéndolo que se levantase.

- Sólo un momento – dijo suavemente.

Finalmente, el momento no se pudo dilatar más y Killian se apartó, levantándose hasta el baño para limpiarse y dándole una toalla con agua templada a Emma para que ella hiciese lo mismo. Después, se metió en la cama a su lado y se acercó todo lo humanamente posible, apoyando su cabeza en uno de sus pechos, dándole un beso justo al lado del pezón.

- Es tarde - dijo finalmente. – Duerme, amor. Mañana desayunaremos juntos y te acompañaré hasta clase.

- Y por la tarde haremos algún plan – dijo ella mientras bostezaba.

- Hecho – contestó él, pasando un brazo a través de su cintura y dándole un último beso en el pecho. – Hasta mañana, Emma.

- Hasta mañana, Killian.

Esa noche fue, sin dudas, la primera noche en dos meses en la que Killian durmió realmente bien. Tenía a su amor al lado.