Advertencia: Yaoi/Slash. Si les desagrada este género les recomiendo retirarse de la lectura. Estan advertidos.


-LUJURIA: Gale-

Soy un hombre. Hace mucho siento que lo soy, pero en el pasado lo fui empujado por las circunstancias. Hoy soy un hombre, no un niño jugando a serlo, un hombre completo. Un hombre que tiene un trabajo elegante en "El Hueso" en el Distrito 2.

Mi vida es una fluctuación entre el placer y el aburrimiento, y es por eso que quiero probar algo nuevo, algo que me divierta, algo desconocido… algo que me haga sentir una enorme satisfacción.

Desde que me desprendí abruptamente de mi niñez tuve acceso al mundo de los adultos. Ya sea para poder mantener con vida a mi hambrienta familia o para quebrantar las leyes de mi Distrito. El mundo de los adultos era aburrido y triste, gris, sin gracia. Me preguntaba que era aquello que mantenía cuerdas a esas personas amargadas y funcionales al sistema. Un día a los 14 años, cuando noté unos ligeros cambios en mi cuerpo, llegó a mí la respuesta.

Viéndome al espejo en el baño de mi casa, desnudo, vi que mi cuerpo de niño había desaparecido de la noche a la mañana. Ya era un adolescente, pero durante los primeros años de esa etapa estuve demasiado pendiente de mis asuntos familiares cómo para prestarme atención a mí mismo, es por eso que de forma tardía me di cuenta de eso. No era cómo otros chicos de mi edad, mi cuerpo era más grande y con la musculatura algo desarrollada, mi rostro parecía el de alguien mayor y sin dudas era casi tan alto como un joven de 18 años. Cuando caminaba por las calles de La Veta las chicas me miraban y se sonrojaban, robaba la atención de todas ellas… y también de algunos chicos. Algo despertaba dentro de mí con cada mirada, con cada sonrisa que me dedicaban, con el reflejo de mi cuerpo. Un deseo tan deliciosamente desesperante y encantador que no me permitía pensar en otra cosa que no fuesen cuerpos, cuerpos desnudos, bocas, senos, y todo lo que esté debajo de la ropa de las personas, todo lo que pueda obtener de esas chicas. Tan grande era mi deseo que provocaba que una parte de mi anatomía, a la que no le prestaba la atención que se merecía, creciera y se endureciera, apretándose dolorosamente contra mi pantalón, pidiéndome que lo tocara, excitándome. Fue entonces que me di cuenta que el mundo de los adultos no era tan aburrido.

Muchas de las chicas del Distrito 12 (por no decir todas) probaron los placeres de mi hiperactiva lengua en sus bocas, algunas afortunadas fueron elegidas para llegar más lejos. En una cama, en una casa abandonada, en un callejón, detrás del Quemador, en cualquier parte. Cualquier lugar era propicio para satisfacer mis insaciables deseos carnales. Cuando los cuerpos se juntan y las caricias van hacia lugares poco inocentes, cuando lo besos cruzan hacía el lado de la lujuria, sabes perfectamente que va a pasar eso que tanto deseas.

Aún así nunca estaba satisfecho del todo…

Katniss era una debilidad en mi, por ella sentía amor verdadero. Pero su corazón no me pertenece y lo sé muy bien, lo que hubo entre ella y yo era más bien un compromiso de lastima. Pero no la culpo, no la culpo por amarlo a él. Para mí hasta era difícil odiarlo, Peeta Mellark es un chico realmente increíble, una buena persona, era muy complicado sentir celos de un chico cómo él.

Pero el amor es extraño y caprichoso. Un día descubrí que Katniss en realidad no es capaz de amar, tanto a Peeta cómo a mí nos aprecia por ese maldito compromiso de lástima, nos mira cómo si fuésemos a morir si ella no nos prestara atención… debe ser esa la razón por la cual no puede decidirse entre uno de los dos.

Por eso lo hice, por eso me aleje de ella. Luego de la muerte de su hermana ya nunca podría volver a acercarme a Katniss. Yo creé las bombas que mataron a Prim, yo no la maté, pero es cómo si lo hubiese hecho. Y nunca me lo voy a perdonar.

En el Distrito 2 obtuve una nueva oportunidad y una nueva vida. Mi familia ya no pasa ninguna necesidad y somos felices juntos. Panem ya no está bajo la tiranía de Snow y no hay más Juegos del Hambre. Todo lo malo acabó y, por ello, no hay motivo para que yo no me divierta. Todas las señoritas del Distrito que se crucen en mi camino, todas ellas terminan en mi cama. No hay límites para el placer que yo les puedo hacer sentir, sin embargo aún no me siento satisfecho…

¿Qué debo hacer para que mi deseo se mitigue? ¿Quién puede hacerme sentir un placer tan grande como para saciarme?

Él puede, estoy seguro que sí.

Después de que Katniss y Peeta regresaran victoriosos del Capitolio, yo estaba enojado porque me sentía traicionado por ella. En ese entonces intenté alejarme pero no lo logré, ella era mi debilidad y la necesitaba. Pero no era lo mismo, cada vez que estaba cerca de mí podía sentir la presencia de Peeta acechándonos, mirándonos con odio y tristeza juntas. Era una situación demasiado incomoda, incluso hubiese sido todo más fácil si realmente pudiese odiarlo, pero no podía. No podía odiar a Peeta y tampoco separarme de Katniss, y eso enfermaba mi cabeza.

Luego de que sucediera el anuncio del Quarter Quell y yo los instruyera en todo lo que sé en relación a las trampas de cacería, fue que percibí que la mirada de Peeta cambiaba cuando era dirigida solo para mí. En sus ojos había una mezcla de curiosidad, admiración, puede que un poco de amor, y más importante que cualquier otra cosa, había deseo. Reconocería el deseo hacía mi persona en cualquier lugar del mundo, lo vi en muchas mujeres, pero jamás me hubiese imaginado que él tuviese esa clase de sentimientos.

Es por esa razón que regresé al Distrito 12, una visita corta, pero será suficiente para probar el cuerpo de mi nueva y desconocida pasión.

Sin perder tiempo voy directamente a la Aldea de los Vencedores, directo a su casa. Llamo a la puerta una vez y es suficiente para que salga a mi recibimiento. Está sorprendido, confuso, y se ve radiante y bello cómo siempre. Sin mediar ninguna palabra ingreso a su casa, cierro la puerta detrás de mí y lo acorralo contra una pared en un rápido movimiento. Sé que mi mirada lasciva lo tiene intimidado e hipnotizado, no puede moverse y sus labios tiemblan. Tomo su mano y la llevo hasta mi mejilla, lentamente la hago bajar, acariciando mi cuello, mi pecho y mi abdomen hasta llegar a mi endurecida entrepierna. Él abre la boca sorprendido, y yo capturo sus labios en un ardiente beso.

Ese es solo el comienzo, pero Peeta sabe que está perdido, sabe lo que viene a continuación y yo sé que lo desea tanto cómo yo lo deseo.

Los placeres de los adultos no son para nada aburridos, uno en especial es mi favorito. En los hermosos ojos azules de Peeta Mellark oscurecidos por la lujuria puedo ver el poder de la magia de mi cuerpo. La satisfacción de este placer que estoy descubriendo, qué estoy tomando de este chico, es tan gratificante que no puedo creer cómo pude privarme de el por tanto tiempo.

Yo soy un hombre, un hombre completo. Un hombre que se dejó envolver por el delicioso deseo carnal que los cuerpos humanos me despiertan. Pero quién hubiese pensado que, para sentirme completamente satisfecho, tendría que dejarme llevar por el electrizante y caliente placer de otro hombre… Y tan divertido fue, que lo volvería a repetir cada vez que mi insaciable cuerpo me lo demande.


Bueno, y así finaliza esta pequeña serie sobre los pecados capitales y algunos personajes de los Juegos del Hambre. Obviamente no se respetaron mucho las personalidades que estos tienen, pero la finalidad de estas historias era entretener a través de un enfoque distinto. Ya sea de forma tierna, triste o siniestra.

Espero les haya gustado y nos leemos pronto! No olviden dejar un review! :)