CAPÍTULO 12:

El ruido de la puerta de la habitación de al lado cerrándose de golpe despertó a Emma en medio de la noche. Se frotó los ojos y miró su móvil en la mesilla de noche. Aún faltaba un poco más de una hora para que se tuviera que levantar para ir a clase. Miró hacia Killian y sonrió. Durante la noche se había dado la vuelta y le daba la espalda. Sin poderlo evitar, se acercó a él y se pegó a él, dándole un beso entre los omóplatos. Comenzó a acariciarle el brazo suavemente, a la vez que seguía besándole la espalda. Él se movió un poco hacia atrás, inconscientemente acercándose aún más a ella, lo cual la hizo sonreír. Después, todavía dormido echó su brazo hacia atrás y le agarró una mano, obligándola a que le rodeara la cintura para abrazarlo. A Emma se le hinchó el corazón con la ternura del gesto. No podía creer lo afortunada que era. Killian era maravilloso y lo mejor de todo: era suyo.

Después de un rato sin poder dormir, decidió que mejor se levantaría y se volvería a pegar una ducha, ya que después de toda la actividad de ayer a la noche, estaba claro que la necesitaba, pensó riéndose internamente. Con cuidado, se desenredó de Killian, y se sentó en la cama, agachándose para coger de nuevo el albornoz y ponérselo. Caminó de puntillas hasta la bolsa de deporte con sus cosas que había dejado a los pies de la cama y agarró la ropa que había preparado para hoy, así como su neceser. Mientras estaba rebuscando en la maleta, Killian susurró en la oscuridad de la habitación, que sólo estaba bañada por la luz del baño.

- ¿Emma? – preguntó incorporándose sobre uno de sus codos. - ¿Qué pasa?

- Nada, sigue durmiendo – contestó ella también en un susurro. – Voy a ducharme.

Killian alargó el brazo para coger su teléfono y vio que todavía era temprano.

- Aún es pronto – dijo frotándose los ojos. – Vuelve a la cama. Te has llevado todo el calor – añadió con una cara adorable.

- Si vuelvo a la cama, me harás llegar tarde a clase – dijo ella. – Duerme un ratito. Te avisaré antes de irme – agregó mientras se acercaba a su lado de la cama y le daba un beso en la frente a un Killian que ya se estaba quedando dormido de nuevo.

Entró al baño y abrió el agua rápidamente. Se desvistió y se miró al espejo. Soltó una risa al ver las marcas que tenía en el pecho y en la barriga. Al final, Killian se las había arreglado para dejarle algún recuerdo de esta noche. Se recogió el pelo en un moño bien alto para no mojárselo mientras se duchaba y entró en la bañera. Rápidamente se aseó de arriba a abajo y aprovechó para retocarse la depilación de sus piernas. Finalmente, cerró el grifo y se envolvió en una de las grandes toallas típicas de los hoteles y salió hacia la habitación. Killian volvía a estar de espaldas, su profunda respiración indicando que todavía estaba dormido. Con cuidado, caminó hacia la cama y se sentó en ella, comenzando a vestirse. Después agarró su neceser y se acercó al espejo del baño para terminar de arreglarse para el día.

Cuando ya estaba lista, apagó la luz del baño y miró la hora. Aún le quedaba tiempo para poder desayunar con Killian.

- Killian… - susurró ella moviéndolo suavemente para despertarle.

- ¿Te vas? – preguntó él abriendo los ojos.

- No – dijo ella. – Te quería preguntar si te apetece que desayunemos juntos o si prefieres que baje yo a tomar un café y así seguir durmiendo.

- No, no te vayas – dijo él rápidamente, agarrándole una mano. – Desayunamos juntos.

- Vale. Pues espera aquí que voy a bajar a por algo – dijo Emma poniéndose la cazadora. – Hay una cafetería aquí cerca que tiene unos bollos y un café que te mueres de lo ricos que están. Vuelvo enseguida.

- Swan, podemos pedir algo al servicio de habitaciones – dijo él agarrándole de nuevo de la mano. – No te vayas todavía – le pidió con ojos suplicantes.

- Sabes que estaré aquí en cinco minutos, ¿verdad?

- Pero si pedimos algo, te puedes acostar aquí un ratito conmigo – dijo él con ojos brillantes.

- Está bien – se rindió ella. – Llama y pide algo – añadió mientras volvía a ir hacia el baño.

Killian se sentó del todo en la cama y llamó desde el teléfono de la habitación para encargar un desayuno completo. En cuanto colgó, se levantó de la cama totalmente desnudo y fue hacia el espejo, donde Emma todavía estaba decidiendo si llevar el pelo suelto o recogérselo en una coleta. La abrazó por detrás y le susurró al oído.

- A mí me gusta más suelto.

- Ya, pero lo tengo todo alborotado. No sé de quién será la culpa – dijo ella mirándolo con una sonrisa juguetona.

- No tengo ni idea de que estás hablando – agregó él haciéndose el inocente, apartándole el pelo hacia un hombro y comenzando a besarle el cuello.

- Killian… - dijo ella con tono de advertencia. – No hay tiempo – añadió riéndose, mientras lo apartaba empujándolo hacia atrás suavemente con el trasero. – Hazme el favor de ponerte un pantalón – añadió dándose la vuelta por fin y poniendo los brazos en jarra.

- ¿Tienes miedo de no poder resistirte? – preguntó él poniéndose muy recto, en modo gallito.

- No. Tengo miedo de que venga el camarero y vea todos tus encantos al aire – dijo ella riéndose.

Killian comenzó a reírse también y sacó del armario unos pantalones de chándal grises, decidiendo no ponerse ninguna camiseta.

- ¿Qué tal has dormido? – preguntó tumbándose de nuevo en la cama.

- Bien, hasta que los de la habitación de al lado me despertaron al llegar de madrugada – respondió ella. – Traté de volver a dormir, pero fui incapaz, así que me levanté y me puse en marcha.

Su conversación fue interrumpida por unos golpecitos en la puerta, indicando que el desayuno había llegado. Emma se levantó para abrir, ordenándole a Killian con la mirada que se levantase de la cama y se pusiese decente. Abrió la puerta y dejó pasar a la camarera que venía con un carrito lleno de cosas ricas para comer. Killian se acercó para ayudarla, todavía sin camiseta, y la camarera, que era una chica jovencita, se sonrojó al verlo, mirándolo de arriba a abajo, sin perderse detalle. Emma carraspeó, cruzándose de brazos.

- ¿Hay que firmar en algún sitio? – preguntó con el ceño fruncido.

- Eh… sí, a-aquí – tartamudeó la chica, entregándole un recibo, mientras miraba todavía de reojo a Killian, que trataba de aguantarse la risa al ver la expresión de cabreo que tenía Emma.

- Muchas gracias – dijo la rubia con cara de pocos amigos. – Ya nos apañamos nosotros.

- Cualquier cosa… - dijo la camarera ignorando a Emma para dirigirse a Killian. – Ya sabes dónde encontrarme.

Emma no daba crédito. ¡Menuda descarada! La acompañó hasta la puerta y la cerró de un portazo detrás de ella. Se giró hacia la cama, donde Killian tenía una expresión divertida, aunque muy inteligentemente había decidido no decir nada que pudiera provocar la ira de Emma en estos momentos.

- ¿Quieres café? – preguntó al final, todavía aguantando las ganas de soltar una carcajada.

- Doble – respondió ella sentándose en la cama al lado de Killian.

- Aquí tienes – dijo él pasándole una humeante taza de café con leche.

Emma cogió la taza y sopló, hasta decidirse a darle un pequeño sorbo, estremeciéndose de lo caliente que estaba, soltando un pequeño quejido.

- Cuidado, amor – dijo Killian quitándole la taza de las manos. – Que está ardiendo.

- Ardiendo se marchó la camarera – masculló Emma por lo bajo. – Menuda cara más grande que tiene. ¿Cómo se atreve?

- ¿Emma? – preguntó Killian, levantando una ceja, divertido con la situación.

- Se puso a ligar contigo en toda mi cara. "Si necesitas algo ya sabes dónde encontrarme" – dijo imitando la voz de la chica.

Killian no pudo evitarlo más y comenzó a reírse.

- ¿Te parece gracioso? – bufó ella, mirándolo muy serio.

- Estás celosa – afirmó él.

- Por supuesto que no – negó ella rotundamente. – Pero ha sido una maleducada. Ligar con el novio de otra chica delante de la chica en cuestión…Eso tiene un nombre… - siguió mascullando.

- Swan, admítelo: estás celosa. No hay nada de malo en ello – repitió él, pasándole un brazo por encima de los hombros y besándola en la mejilla.

- Vale – dijo ella, dejándose querer. – Estoy celosa.

- Pues no tienes motivos para ello – respondió él. – Yo sólo tengo ojos para ti.

- Hasta que te canses de mí – dijo ella mirando para otro lado.

Killian se tensó y frunció el ceño.

- ¿Cómo puedes decir eso? Sabes perfectamente lo mucho que te quiero.

Emma se encogió de hombros.

- No sé… A veces lo pienso y me siento muy insegura. Tú eres guapísimo y yo… No digo que sea fea, sé que tampoco lo soy, pero… Esa chica era muy guapa y seguramente más mayor que yo, de tu edad…

- Emma – la interrumpió él. – Podría cruzarme ahora con la chica más maravillosa del mundo, que si no eres tú, no me valdría…

- ¿Seguro?

- ¿No te lo he demostrado ya?

- Tienes razón –dijo ella. – Perdona.

- Perdonada – respondió él dándole un beso en los labios. – Y ahora vamos a desayunar que se enfría la comida.

Desayunaron tranquilamente, haciéndose bromas el uno al otro, parando de vez en cuando para darse un pequeño beso o hacerse una caricia. Cuando Emma ya no podía más, se dejó caer en la cama, llena, seguida de Killian, que se tumbó a su lado, apoyando su cabeza en el pecho de ella, su lugar preferido en el mundo últimamente.

- Me tengo que ir – gruñó ella, dándole un beso en lo alto de la cabeza, para después apartarlo suavemente y levantarse de la cama.

- No vayas a clase – dijo él enterrando la cara en la almohada. – Te prometo que valdrá la pena que te quedes –añadió levantando una ceja en plan seductor.

- No puedo – se quejó ella, arrugando la nariz. – Me encantaría, pero no puedo.

- ¿A qué hora sales? Te iré a buscar.

- No seas tonto, Killian. Espérame aquí y aprovecha para descansar, que el jet-lag te tiene que estar matando. Así por la tarde, no podrás ponerme de excusa que estás cansado – dijo ella con una sonrisa pícara.

- Ni que fuera una excusa que te pongo muy a menudo… - dijo él resoplando, indignado.

Emma se comenzó a reír y se acercó a su lado de la cama, inclinándose hacia él para darle un pequeño beso en los labios, todavía notando en ellos el dulce sabor de la mermelada de fresa que habían utilizado para las tostadas.

- Mmmm – gimió él, pasándole la lengua por los labios.

- Hasta después – susurró ella, dándole un último beso en la punta de la nariz, provocando que él la arrugase de una forma adorable.

Cogió el bolso con las cosas de clase y la carpeta y se dirigió hacia la puerta, mirando una sola vez hacia atrás y guiñándole un ojo a Killian, que la observaba desde la cama.

- Te veo luego, guapo.

Killian escuchó la puerta al cerrarse y se tapó los ojos con los brazos, riéndose por lo bajo.

- Me vuelve loco – susurró para sí, mientras meneaba la cabeza.

Pasaba ya de la una cuando Emma salió de clase. El profesor de la última hora no había ido, así que podía marcharse para el hotel un poco antes de lo previsto, para sacar a Killian de la cama y poder salir a comer juntos a un sitio bonito. Estaba encantada de que aquí pudieran hacer planes sin preocuparse de nada ni de que nadie los viera.

Usó su tarjeta para entrar en la habitación y Killian estaba boca arriba, todavía dormido, roncando suavemente. Soltó una pequeña risa por lo bajo y dejó sus cosas al lado de la puerta, quitándose silenciosamente los zapatos y la cazadora y dejándolos también allí.

Se acercó poco a poco a la cama, sin hacer ruido para no despertarlo y se puso a su lado. Se incorporó sobre uno de sus codos, mirándolo como dormía, hasta que tuvo una idea perfecta para despertarlo. Comenzó a acariciarle muy lentamente el pecho, casi sin hacer presión, para después seguir el mismo recorrido con sus labios, parándose en un pezón y acariciándolo con su lengua, haciendo que él suspirase en sueños.

Emma se incorporó de nuevo y se apartó el pelo de la cara, agarrándoselo en un moño bien alto, para que no estorbase. Volvió a ponerse manos a la obra, bajando por su barriga, dejando un húmedo rastro a su paso, hasta que llegó al lugar donde las sábanas se arremolinaban. Tiró de ellas hacia abajo y vio que Killian había decidido dormir sólo con sus boxer de color azul marino, que ya comenzaban a estar demasiado apretados. Lo besó por encima de la ropa interior, muy suavemente, haciendo que él levantase las caderas inconscientemente de la cama, pero no lo suficientemente fuerte como para despertarlo.

Se volvió a tumbar a su lado y lo acarició de nuevo en el pecho y el abdomen, hasta llegar de nuevo al borde de la ropa interior. Estiró la goma de la cinturilla y la dejó caer contra su piel, a la vez que comenzaba a besarle el lóbulo de la oreja, haciendo que por fin, Killian se despertase, sobresaltado y excitado a partes iguales.

- ¡Maldita sea, Swan! – gimió. - ¿Qué haces?

Ella sonrió y lo besó, haciendo que él se callase de una vez por todas y metió su mano en sus calzoncillos para ejercer la magia. Después de un par de minutos, Killian no aguantó más y cerró los ojos muy fuerte, disfrutando de su orgasmo, hasta que su respiración poco a poco volvió a la normalidad.

Se giró y sin darle tiempo a reaccionar, se puso encima de ella, agarrándole los brazos por encima de su cabeza, impidiendo que se moviera.

- Te vas a enterar… - dijo él con un tono de voz juguetón.

- Más tarde – jadeó ella. – Ahora vamos a comer, me muero de hambre.

Killian la miró y sonrió, con un comentario guarro en la punta de la lengua, pero finalmente le hizo caso. Se quitó de encima y la dejó levantarse, para recolocarse la ropa. Después, se levantó él también y cogió ropa limpia del armario.

- Me voy a duchar, amor. Estaré listo en un momento.

- Vale – respondió ella con una sonrisa.

Emma consultó unas cosas en el portátil mientras escuchaba el agua correr en el baño. Revisó su bandeja de entrada, así como un par de cosas que le hacían falta para el trabajo que tenían que exponer a finales de esta semana. Cuando ya iba a cerrar el ordenador, una llamada entrante de David comenzó a anunciarse. Emma abrió muchos los ojos y el corazón comenzó a latirle tan fuerte, que casi se le salía del pecho. Aceptó la llamada, pero sin la opción de la cámara, por si acaso.

- ¿Emma? No puedo verte – se escuchó la voz de David.

- Lo siento, es que sólo he puesto la opción de voz.

- ¿Y eso por qué?

- Porque tengo esto hecho un desastre – mintió ella. – Además no tengo mucho tiempo, me estoy cambiando para salir a comer con unos amigos.

- Bueno… pues no te entretendré mucho. Sólo llamaba para ver qué tal todo.

- Todo bien. Sin novedades – contestó ella de forma demasiado escueta.

- ¿Seguro que está todo bien?

La pregunta fue interrumpida por la voz de Killian, que gritaba desde el baño:

- ¡Emma! Pásame la ropa, por favor, que me la he dejado encima de la cama.

Emma se quedó pálida. Estaba segura de que David también había escuchado la voz de Killian. Sólo rezaba para que no la hubiera reconocido.

- ¿Emma? ¿Qué ha sido eso?

- Mi compañero de piso – mintió ella de nuevo, mientras se acercaba a la puerta del baño con la ropa y le hacía un gesto con la mano a Killian para que estuviese callado.

- ¿Tu compañero de piso se deja la ropa en tu habitación? ¿Por qué? ¿Ha pasado algo que yo no sé? – preguntó él desconfiado e indignado al mismo tiempo. - ¿Estáis juntos? – se decidió a preguntar finalmente.

- Sí – respondió ella de repente, haciendo que Killian abriese mucho los ojos y pusiese cara de "¿qué coño estas haciendo?"

- ¿Desde cuándo? – comenzó él con el interrogatorio.

- No sé, Dave… Un par de semanas… No empieces…

David siguió mascullando cosas por lo bajo durante un rato, diciéndole que todavía era muy joven para pensar en tener una relación, a lo que Emma contestaba con monosílabos y suspiros, siguiéndole la corriente como si de un loco se tratase.

- David, tengo que irme. De verdad, no te preocupes, está todo bien.

- Esto no queda así. Volveremos a hablar del tema. Sigo diciendo que eres muy joven. Quiero conocer a ese chico.

- ¡Ya basta!- exclamó Emma. – Voy a colgar. Adiós, pesado.

Y así hizo. Emma colgó y se quedó mirando hacia la pantalla del ordenador, con el corazón todavía a cien por hora.

- ¿Por qué le has dicho eso? – preguntó Killian con mala cara, mientras se abrochaba los botones de la camisa, con los pantalones puestos, pero todavía sin abrochar.

- Porque casi nos pilla – respondió ella. – Fue lo primero que se me ocurrió.

- Estupendo – masculló él por lo bajo. – Pudiste haberle dicho la verdad.

- Sí, habría sido genial… Así cuando vuelvas a casa, estaría esperándote con la escopeta en el aeropuerto – dijo ella en un tonito irónico. – No era el momento – añadió ya en serio.

Después de unos segundos de silencio, Killian volvió a hablar:

- ¿Has tenido algo con August?

- ¿Cómo? – preguntó Emma con el ceño fruncido mientras giraba la cabeza muy bruscamente hacia él. – Por supuesto que no. ¿A qué viene esa pregunta?

- No sé… te salió de forma muy natural la mentira… - contestó él encogiéndose de hombros.

- Será porque últimamente no hacemos más que mentir. Me he hecho buena en ello – dijo ella en tono desafiante. – Pero a ti nunca te he mentido, y menos acerca de lo que siento. No me gusta August. No he tenido nada con él ni voy a tenerlo nunca.

- Bien – contestó él acercándose y dándole un beso en la frente. – Porque eres mía, al igual que yo soy tuyo. Y no soy bueno compartiendo.

- Ni yo tampoco, amiguito – dijo ella con tono de advertencia, mientras le pinchaba el costado con uno de sus dedos, haciendo que él se riese también. – Así que más te vale portarte bien durante los tres meses y pico que quedan hasta que yo vuelva a casa definitivamente.

- La duda ofende, amor – dijo él apoyando sus manos en sus caderas, rodeándola suavemente hasta que ambas quedaron apoyadas en su trasero.

- Anda, vístete – lo apuró ella, mientras le daba un beso en el pecho y se apartaba. – Se nos hace tarde.

Salieron a comer a un restaurante muy pintoresco del centro de Oxford. Hacía un día de invierno precioso. Aunque hacía mucho frío, el sol brillaba y el cielo estaba completamente azul, sin una sola nube en él. Después de la comida, decidieron dar un paseo y callejear un poco, mientras Emma le iba enseñando a Killian sus lugares preferidos de la ciudad.

- El fin de semana podríamos ir a Londres para aprovechar al máximo tu visita – sugirió Emma, agarrando la mano de Killian mientras iban paseando.

- Me parece genial. Esta misma noche podemos dejar comprados los billetes de tren y una habitación en algún sitio reservada. ¿Te parece?

- Perfecto – dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja. - ¡Espera! ¡Hagámonos una foto!

Killian comenzó a reírse y sacó su móvil, al mismo tiempo que pegaba su cara a la de Emma y apretaba el botón de la cámara. Ambos se acercaron para ver el resultado. Había quedado muy bonita y natural.

- Una más – pidió Emma, esta vez agarrando ella el teléfono, para así cambiar el ángulo de la foto, al mismo tiempo que giraba su cabeza y besaba a Killian en la boca.

- Mi favorita sin duda es ésta – dijo él refiriéndose a la foto del beso, mientras la ampliaba para verla bien. – Estás preciosa. Hacemos muy buena pareja – añadió con una sonrisa.

Siguieron caminando durante unos minutos, disfrutando de la felicidad, hasta que Killian se paró en seco, haciendo que Emma arrugase el ceño preocupada.

- ¿Qué pasa? – preguntó ella ante el repentino cambio de actitud de Killian.

- ¡Mierda, Emma! He compartido sin querer la foto en Instagram hace un par de minutos.

- ¡Bórrala, Killian! – gritó ella agarrando el móvil rápidamente.

- A eso iba, pero hay alguien que ya le ha dado a el "me gusta"

- ¿Quién? – preguntó ella pálida de terror.

- Tink – respondió él con un hilo de voz.