CAPÍTULO 13:

Emma y Killian se miraban el uno al otro con cara de terror.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? – preguntó Emma asustada.

- Primero de todo, vamos a tranquilizarnos – dijo él agarrándole la cara con las manos. – Hablaré con Tink.

- Se lo va a contar todo a mi hermano… - dijo Emma soltándose del agarre de Killian. – No vamos a tener la oportunidad de explicárselo a nuestra manera. Se va a enterar por ella y va a ser peor – añadió poniéndose en lo peor.

- Emma, Tink no haría eso…

- No lo sabes. Está dolida y despechada. Cualquier persona que se sienta así es peligrosa.

- Puede que esté dolida, pero jamás haría eso. La conozco.

- ¿Y entonces por qué darle al "me gusta" en la foto?

- Para dejarme claro que sabe quién es "la otra chica", ya que el otro día yo no se lo quise decir – respondió él pasándose una mano por el pelo.

- Killian, en un par de semanas son las vacaciones del segundo trimestre y podré volver a casa. Hablaremos con David en ese momento, pero tienes que conseguir que Tink tenga la boca cerrada hasta entonces. Sea como sea – dijo ella muy seria.

- Hablaré con ella esta noche – prometió él. – Veré qué quiere.

Emma asintió, tratando de relajarse un poco, respirando profundamente.

- Estamos en un lío – susurró con lágrimas en los ojos. – Esto se está desmoronando.

- Ey… - dijo él agarrándole la barbilla, para obligarla a que mirara para él. – Sabíamos en qué nos estábamos metiendo cuando empezamos nuestra relación. Tienes que pelear conmigo, Emma. Yo solo no puedo.

- Ya lo sé… y estoy contigo, Killian – respondió ella acariciándole la cara. – No lo dudes ni por un momento. Pero estábamos tan cerca de poder hacer las cosas bien… - suspiró. – Siempre que estamos bien, pasa algo y se estropea todo.

- Lo siento… - contestó él. – Fue un error mío. Debí de darle sin querer al botón de compartir.

- No pasa nada. Los secretos al final siempre salen a la luz – dijo ella tratando de reconfortarlo. – Sólo espero que tengamos tiempo de decírselo nosotros a David y que no se entere por una tercera persona.

El resto del día lo pasaron preocupados, por más que trataron de hacer que no fuera así. Ambos le daban vueltas una y otra vez a la cabeza, imaginándose todos los posibles escenarios y finales de esta situación. Ambos preocupados por cómo se lo iba a tomar David cuando se enterara de que todos le habían estado ocultando la verdad, incluso su propia esposa.

Volvieron al hotel y se comenzaron a cambiar de ropa en silencio, decidiendo que hoy no iban a salir a cenar, y que pedirían en su lugar algo al servicio de habitaciones. No estaban los ánimos para salidas.

- Se lo voy a contar a David en cuanto llegue – dijo Killian de repente.

- ¿Cómo? – preguntó Emma girando de golpe la cabeza para mirar para él. – No puedes contárselo tú solo.

- No podemos guardar este secreto más tiempo. Estoy cansado.

- ¿Y te crees que yo no? Pero es mi hermano, tengo que estar yo presente en la conversación también.

- Emma, es mi mejor amigo. Tengo que hacer yo esto. ¡Eres su hermana pequeña, maldita sea! ¡ Lo he traicionado! Debí haber hablado con él desde el primer momento que empecé a sentir esto por ti – continuó angustiado.

Emma se acercó a él y se arrodilló frente a él, agarrándole las manos, que tenía sobre su regazo.

- Te quiero – susurró ella. – Y haremos esto juntos, por favor.

- Y yo a ti – respondió él, agachándose para darle un beso en lo alto de la cabeza.

Fue el único momento de calma que consiguieron, después del desliz con la fotografía. Ambos abrazados fuertemente, sin decir nada, en absoluto silencio. Iba a ser una noche larga.

Terminaron de cenar y Killian decidió que era el momento de hablar con Tink.

- La voy a llamar por el Skype – anunció él. – Es mejor que no te vea. Me voy a poner en la mesa del escritorio, ¿vale?

- Vale – respondió ella. – Pero quiero escuchar todo lo que te dice.

Killian tomó aire e hizo la temida llamada. Ni bien pasados unos segundos, se vio a Tink al otro lado de la pantalla.

- Ya estabas tardando en llamar – dijo muy seria. - ¿Qué tal por Oxford? – preguntó con una falsa sonrisa en la cara.

- Tink… - comenzó él con tono de advertencia. – Es mi vida. No tienes derecho a meterte.

- Me has dado el derecho desde el momento en que me dejaste para acostarte con una cría – dijo ella con un tono de voz que cortaba.

- ¡No tienes ni idea! – respondió él alzando la voz. – Sabes que yo no soy así.

- Yo ya no sé nada, Killian… - susurró ella. – Lo único que sé es que has tirado una relación de dos años a la basura por una menor. ¿En qué estabas pensando, Killian?

- Me enamoré, Tink – contestó él. – Nunca quise hacerte daño.

- Por el amor de Dios, Killian… - suspiró ella. - ¡Tiene diecisiete años!

- ¿Crees que no lo sé? – preguntó él. – Pero en poco tiempo, cumplirá los dieciocho y yo quiero estar con ella. Sé que te hago daño siendo tan directo, Tink, pero quiero estar con ella. La quiero. Y por eso te pido que nos dejes a nosotros manejar la situación, que no te metas.

- O sea, que tu gran amigo del alma, David, no tiene ni idea de que te estás tirando a su hermana pequeña – dijo ella con una sonrisita maliciosa.

Killian apretó la mandíbula, conteniéndose la rabia y las ganas de gritarle cuatro cosas.

- Por tu cara, deduzco que no – continuó ella con el tonito irónico. - ¿Y cuándo piensas decírselo?

- En cuanto vuelva – contestó él.

- Más te vale, Killian, porque si no… yo misma se lo contaré.

- Nunca harías eso… - respondió él.

- ¿Por qué no? No tengo nada que perder – contestó ella. – Lo único que me importaba, ya lo he perdido.

Emma no pudo aguantarlo más, así que sin que Killian pudiera hacer nada por evitarlo, lo apartó de la silla y se sentó ella enfrente del ordenador.

- Hola Tink – dijo muy seria.

- ¡Emma! – exclamó ella abriendo mucho los ojos de la sorpresa. – Debí de haberme imaginado que tú también andarías con él por ahí.

- Tink, escúchame – comenzó Emma. – Sé que te hemos hecho mucho daño y que estás dolida, pero tienes que creerme cuando te digo que nunca fue nuestra intención.

- Y aún así me habéis hecho daño… - respondió ella con una voz fría como el hielo.

- Si quieres hacerle daño a alguien, házmelo a mí, pero deja a Killian fuera de esto – continuó Emma. – Yo fui la que empezó todo esto. Sabes que si se lo cuentas a David, lo meterás en problemas. Por favor, danos un poco de tiempo.

- ¿Por qué debería de hacerlo? – preguntó ella mordiéndose el labio.

- Porque sé que, igual que yo, quieres a Killian – respondió Emma con lágrimas en los ojos.

A Tink le brillaban los ojos y le temblaban los labios y Emma supo que había acertado.

- Y ahora… - siguió Emma. – Os voy a dejar solos para que aclaréis lo que tengáis que aclarar.

Dicho eso, Emma se puso rápidamente unos pantalones de chándal y una sudadera de Killian y le indicó con señas que estaría esperando en la cafetería del hotel. En cuanto se escuchó la puerta de la habitación cerrarse, Tink comenzó a hablar de nuevo.

- ¿Por qué? – preguntó comenzando a llorar de verdad.

- No tengo la respuesta a eso, amor – le contestó él. – Simplemente pasó.

- ¿Estás enamorado de verdad de ella?

Killian tragó saliva, antes de contestar de la forma más sincera que pudo.

- Sí.

- Pues entonces déjame que te dé un consejo, Killian – continuó ella. – Tienes que dejarla y hacer las cosas bien.

- ¿Cómo? – preguntó él abriendo mucho los ojos.

- Tú lo has dicho antes. En breves cumplirá dieciocho y las cosas serán diferentes. Será mayor de edad. Mientras tanto, podrás irle contando a David poco a poco lo que te pasa con ella.

- No – dijo él negando con la cabeza una y otra vez. – No quiero dejarla.

- Es una niña, Killian. ¿Quién te dice que no eres sólo un capricho pasajero? El típico amor "prohibido". Dale un tiempo para que esté sola. Deja que viva su experiencia ahí en Oxford, que se abra a otra gente que no seas tú. Si cuando vuelva a casa siente lo mismo, sabrás que es en serio. Y al mismo tiempo, podrás ir poniendo a David en antecedentes – siguió explicándose ella.

- ¿Por qué me dices todo esto? – preguntó él.

- Porque Emma tiene razón. Te quiero – comenzó ella. – Y no quiero que sufras. Y si seguís haciendo las cosas de la forma que las estáis haciendo, vas a sufrir.

- También voy a sufrir si la dejo y ella no me perdona.

- Si te quiere de verdad, te perdonará – afirmó Tink. – De todas formas, es sólo mi opinión y es sólo un consejo que te doy. Tómalo o déjalo. Por mi parte, puedes estar tranquilo, no le diré nada a nadie. Tenías razón en otra cosa: es un asunto vuestro. Suerte.

Sin más despedida, Tink finalizó la videollamada, dejando a Killian el doble de confundido de lo que estaba. Antes de llamar a Emma para que volviese a subir, se quedó unos instantes pensando en lo que Tink le había dicho. Sabía que en parte tenía razón, de hecho, era algo así lo que habían pretendido cuando Emma había aceptado esta beca. Sin embargo, no habían sido capaces de permanecer separados. Tampoco lo habían intentado en serio.

También sabía que podía ser beneficioso para ambos, para poder ir preparando el terreno con David, para poder crecer como pareja e individualmente, sobre todo ella, que estaba comenzando su andadura en la vida adulta. Ella se merecía tener una vida acorde a alguien de su edad, de fiestas y diversión, y no siempre preocupada por todo. Así que con todo el dolor de su corazón y con lágrimas en los ojos, tomó una decisión.

- Puedes subir ya – dijo Killian por el teléfono.

Cinco minutos después, se escuchó la puerta de la habitación mientras se abría.

- ¿Todo bien? – preguntó con cautela.

- Sí. Ella no dirá nada – respondió él muy serio.

- Eso es bueno, ¿no?

- Claro – dijo asintiendo con la cabeza, aceptando la mano que ella le ofrecía y dándole un beso en ella.

- Entonces… ¿por qué esa cara?

- Porque tengo que decirte algo que no te va a gustar.

- ¿Qué pasa?

- Creo que tenemos que esperar a que tengas dieciocho años para seguir con esto – soltó casi sin respirar, del tirón.

- ¿Perdón?

- Sé que suena a excusa, pero de verdad creo que es lo mejor. Disfruta de esta experiencia aquí, conoce gente nueva, vive como deberías de vivir la vida con diecisiete años… - comenzó a explicarse él.

- Creí que ambos estábamos de acuerdo en que lo mejor era decírselo a David cuanto antes, en cuanto yo tuviese unos días libres para ir a casa.

- Emma, si hacemos como yo digo, nos daría tiempo para irle contando a tu hermano las cosas poco a poco… para que llegado el momento, no fuese todo como una bomba explotando en sus narices…

- ¡Es que no entiendo por qué has cambiado de opinión tan de repente! – exclamó ella comenzando a caminar por la habitación como pollo sin cabeza.

- Emma…

- ¡No! – gritó ella, comenzando a llorar. – Después de todo lo que hemos vivido y volvemos a estar en este punto. ¡De nuevo en la casilla número 1!

- No es así… mis sentimientos por ti no van a cambiar…

- No lo sabes – respondió ella con un hilito de voz. - ¿Y si cambian los míos por ti al conocer a gente nueva como tú estás pidiéndome que haga?

- Entonces sabremos que esto era algo pasajero – contestó él muy serio.

- O sea que eso es de lo que se trata todo esto, ¿no? Has dejado que Tink se meta en tu cabeza, insinuando que tal vez tú para mí eras sólo un pasatiempo…

- No… - negó él con la cabeza.

- Pues yo creo que eso es exactamente lo que ha pasado – dijo ella con un tono de voz derrotista, mientras comenzaba a guardar todas sus cosas en la maleta.

- Emma, por favor – pidió él sacando las cosas de la bolsa, a medida que ella las iba guardando. – No te vayas. Hablemos.

- No quiero hablar. ¿Quieres que lo dejemos? Está bien.

- Sólo es un tiempo, lo mismo que me pediste tú hace unos meses cuando te viniste para aquí.

- Tienes razón – dijo ella. – Y ya ves lo bien que nos ha ido – añadió soltando una risotada irónica, mientras cerraba su bolsa y se ponía la cazadora. – Esto se acabó, Killian.

- ¡Emma, por favor!

- Desde el momento que salga por esa puerta… – dijo ella señalando la puerta de la habitación, llorando desconsoladamente. - …esto se acabó. No quiero seguir así una y otra vez. Está visto que esto no va a funcionar, ni ahora ni dentro de unos meses cuando cumpla los dieciocho – continuó. – Fuimos unos ilusos por pensar que sí podríamos tirar hacia adelante. Una vez me preguntaste si creía que ocho años de diferencia eran muchos. En aquel momento, te dije que no, pero ahora creo que tenías razón. Pero ten clara una cosa, yo no soy la "inmadura" en esta relación.

- No… - dijo él negando con la cabeza.

- Adiós, Killian – dijo ella acercándose y dándole un último beso en los labios.

Ella se marchó, sin mirar atrás ni una sola vez, dejando a Killian paralizado en el medio de la habitación, con el corazón roto en mil pedazos y los ojos llenos de lágrimas, preparadas para caer.

CUATRO MESES Y MEDIO DESPUÉS

Había llegado el momento de volver a casa. Emma había retrasado ya la fecha dos veces, diciéndole a su hermano que quería aprovechar las vacaciones para hacer planes con la gente de aquí. En parte era verdad, había conocido a gente increíble aquí y no quería marcharse, pero la gran razón por la que no quería volver a casa era porque no quería enfrentar a Killian otra vez.

No hablaban desde hacía ya algo más de cuatro meses. Él había tratado de contactar con ella múltiples veces, pero ella nunca había respondido ni a sus mensajes, ni a sus llamadas ni a nada. Él había pedido tiempo y ¡por sus narices que tiempo iba a tener! Poco a poco, las llamadas fueron espaciándose más y más, hasta que pararon, como si él también se diese cuenta por fin de que aquello no iba a ningún lado.

Cuando llegó al aeropuerto, allí estaba David, con una sonrisa de oreja a oreja, acompañado de Henry y Mary Margaret. En cuanto la vieron a lo lejos, el niño salió corriendo a su encuentro, agarrándose a su cintura con fuerza.

- Hola enano… - susurró ella dándole un beso en la cabeza.

- ¡Por fin has llegado! – dijo él contra su barriga, provocando que Emma soltase una sonrisa.

Fueron caminando poco a poco hacia donde estaban su otro hermano y su cuñada. David enseguida la rodeó paternalmente con sus brazos, mientras susurraba contra su pelo:

- No te imaginas cuántas ganas teníamos de volver a tenerte en casa…

Después Mary Margaret se acercó y la abrazó también.

- Tenemos mucho de qué hablar – susurró en su oreja de forma que sólo ella pudiese escucharla.

Emma soltó una triste sonrisa y asintió casi de forma imperceptible con la cabeza. Conocía a Mary Margaret y sabía que se moría de ganas de preguntar por Killian.

Fueron hacia casa y entraron en el recibidor, que estaba completamente a oscuras. Cuando Emma apretó el interruptor de al lado de la puerta de entrada, se escuchó a todo el mundo que allí estaba reunido gritar:

- ¡SORPRESAAAA!

Ella abrió mucho la boca del susto y se puso una mano en el pecho. Todo el mundo estaba allí. Sus amigos del instituto, compañeros de trabajo de David que eran como de casa y por supuesto, en una esquina, tratando de pasar desapercibido, también estaba él. Killian.

- Gracias… - dijo Emma mirando para todos. – No sé qué decir – continuó abrumada. – Muchas gracias, de verdad.

- Te lo mereces todo y más, hermanita – dijo David pasándole un brazo por encima de los hombros. – Además con esas notazas que has traído… ¡Me enorgullece deciros a todos que Emma va a estudiar Publicidad en Columbia desde este mismo mes de septiembre!

Todo el mundo comenzó a aplaudir y a vitorearla, haciendo que ella se sonrojase y escondiese la cara contra el pecho de su hermano y éste comenzase a reírse.

La fiesta continuó. La gente se acercaba en turnos para felicitar a Emma y darle la enhorabuena por todo. Ella estaba agradecida, pero al mismo tiempo se estaba empezando a agobiar de toda la atención recibida.

En un momento de más tranquilidad, mientras ella estaba sirviéndose un poco más de tarta, Killian se acercó a ella por fin.

- Hola – dijo muy tímido.

- Hola – contestó ella también.

- Estás… - comenzó él rascándose detrás de la oreja, nervioso. – Te has cortado el pelo – dijo señalando a la melena de Emma que ahora estaba por encima de los hombros. – Estás muy guapa.

- Sí – dijo ella tocándose de forma inconsciente las puntas del pelo. – Me apetecía un cambio. Y tú te lo has dejado largo – añadió luego señalando el mechón rebelde que le caía casi enfrente de los ojos.

- Sí… tengo que ir a darle un corte– añadió él con una tímida sonrisa, colocándose el flequillo con una mano.

- Te sienta bien – dijo ella un poco incómoda.

¿Qué estaba pasando? Por el amor de Dios, se estaban comportando como dos idiotas, como si no se conociesen de nada.

- ¿Cómo te ha ido? – preguntó él apoyándose en la mesa, esperando temeroso por la respuesta de ella.

- Bien… supongo – contestó encogiéndose de hombros.

- ¿Has conocido gente nueva? – preguntó directamente, sin andarse con rodeos.

- Killian… - comenzó ella.

- Tienes razón, perdona – contestó apretando con fuerza la mandíbula. – Traté de llamarte un montón de veces.

- Lo sé.

- Y nunca me cogiste el teléfono ni respondiste a mis mensajes – añadió.

- Lo sé – repitió ella.

- He hablado un poco del tema con tu hermano.

Emma giró la cabeza de forma brusca, interrogándolo con la mirada.

- Le he dicho que había conocido a alguien, pero que era bastante más joven que yo. Le conté un poco por encima la historia. Pero, no le he dicho que eras tú.

- Un pequeño detalle – dijo ella con un tono irónico.

Killian también se rió, comenzando a sentir que poco a poco las cosas fluían de nuevo. O al menos eso pensaba él.

- Me ha dicho que luchara por lo que quiero.

- Killian… - comenzó ella. – No quiero que creas cosas que no son. Yo no tengo intención de volver a retomar lo nuestro – dijo de una forma quizás demasiado brusca y sincera, provocando que él pusiera una pequeña mueca.

- Y yo no tengo intención de dejar de pelear por ti – rebatió él muy seguro de lo que estaba diciendo.

- Yo ya no salgo con chicos. Me lo paso bien. Pero sin complicaciones – respondió ella mirándola a los ojos.

- ¿Has estado con alguien más en este tiempo? – preguntó él temiéndose la respuesta.

Por supuesto que no había estado con nadie. No de "esa" manera. Lo había intentado, eso era cierto. August después de enterarse de que las cosas con Killian habían terminado, había confesado que estaba loco por ella desde el primer momento en que la había visto, y habían compartido un par de citas y un par de besos, pero nunca había ido a más la cosa, ambos aceptando el hecho de que Emma no podía dejar de pensar en Killian y que por lo tanto no estaba preparada para empezar nada nuevo con nadie.

Sin embargo, Emma vio la oportunidad perfecta para cerrarse en banda a Killian.

- Sí, claro – mintió. - ¿De eso se trataba lo de conocer gente nueva, no? – apostilló con un tonito irónico, antes de darse la vuelta y mezclarse de nuevo con la gente.

"Esta me la merezco" pensó Killian para sí mismo.

Sin embargo, había notado algo en la mirada de ella cuando sus ojos se posaron sobre él al entrar en la habitación. Algo que le decía que no sería fácil, pero que valdría la pena seguir luchando. Y así haría.

N.A: Un último obstáculo en su relación! En cuanto solucionen esto, es cuando llegarán los tiempos felices, que ya los tengo planeados! Un abrazo enorme a todos y muchas gracias por leerme!