CAPÍTULO 14:

Cuando Emma abrió los ojos, era ya totalmente de día. Un día precioso. El cielo estaba totalmente azul y el sol estaba en lo más alto. Estiró los brazos por encima de su cabeza y decidió que hoy aprovecharía la piscina que tenían en casa. Se levantó rápidamente de la cama y se puso su bikini favorito. Cogió su toalla y bajó las escaleras.

Al llegar abajo, llamó en voz alta por sus hermanos y por su cuñada, pero nadie contestó, así que dio por hecho que estaba sola en casa. Creía recordar que la noche anterior, David había hablado algo acerca de contratar unas clases particulares de matemáticas para Henry, así que supuso que habrían salido a mirar academias, para ver por cuál se decantaban.

Paró en la cocina y desayunó algo antes de ir hacia el jardín. Después, estiró su toalla en una de las tumbonas que allí tenían y se acostó en ella, disfrutando el roce y el calor del sol contra su piel. Se incorporó un momento y rápidamente se echó crema protectora en todo el cuerpo. Cerró los ojos y se relajó profundamente. Después de un rato, se dio la vuelta para tostarse también la parte de la espalda, decidiendo que, aprovechando que estaba sola en casa, se desataría la parte de arriba del bikini para evitar las horribles marcas.

En esas estaba, cuando de repente, se escuchó un respingo y una vez que decía:

-¡Por Dios, Emma! Tápate algo – exclamó David, que acababa de llegar al jardín acompañado de Killian.

- Tranquilo, hermanito, que te va a dar un aneurisma – contestó ella, sin darse la vuelta. – Estoy boca abajo. No se me ve nada – añadió sin ni siquiera abrir los ojos. – Y ahora apartaos de ahí, que me tapáis el sol.

- Eres increíble – masculló David volviendo a dirigirse a la puerta que comunicaba con la cocina. – Voy a cambiarme, vuelvo ahora – le dijo a Killian. – Ponte cómodo.

Se quedaron Emma y Killian solos. Ninguno de los dos sabía muy bien qué decir.

- ¿Te has echado crema? – preguntó Killian, tratando de romper el hielo mientras se sacaba la camiseta, quedando sólo con su bañador azul marino. – Sabes que te quemas con facilidad desde que eras una niña.

- Me he echado crema – respondió ella todavía con los ojos cerrados.

- ¿En la espalda también? Se te está comenzando a poner colorada – dijo él acercándose.

- Ya me la echará David ahora cuando venga.

- Si quieres… - susurró. – Puedo echártela yo.

Emma se incorporó sobre sus codos, dejándole ver parte de sus pechos a Killian, de forma intencionada.

- Gracias – respondió ella. – Pero no, gracias.

Killian se quedó con la boca abierta al ver la actitud de Emma, pero sonrió para sí mismo. En cuanto se escucharon los pasos de David acercándose, ella volvió a tumbarse inocentemente, como si nada hubiera pasado, dejando a Killian acalorado y con más ganas que nunca de tirarse a la piscina.

- ¿Todo bien? Estás muy colorado – preguntó David, mientras Emma soltaba una risotada por lo bajo.

- ¿Yo? – preguntó Killian tocándose las mejillas. – Estoy bien. Será el sol.

Después de un rato más en silencio, disfrutando del sol, Emma se ató el bikini antes de levantarse de la tumbona, con la intención de darse un chapuzón. Mientras se soltaba el pelo y caminaba hacia el borde, podía notar la mirada de Killian en ella, sin perderse detalle de ninguno de sus movimientos, haciendo que a ella se le pusiesen los pelos de punta. Aunque las cosas entre ellos no estuviesen pasando por su mejor momento, era indudable que la química y la tensión sexual seguían ahí.

Emma decidió sentarse en el bordillo y meter primero sólo los pies, para acostumbrarse poco a poco al frescor del agua. De repente, alguien saltó de golpe a la piscina, provocando que ella saliese salpicada, haciendo que se le pusiese la piel de gallina de lo fría que estaba el agua. De la superficie, emergió la cabeza de Killian, que se reía maliciosamente mientras miraba para ella.

- ¿Eres idiota? – preguntó ella. – Me has mojado toda.

Él sonrió maliciosamente y se acercó para contestarle, de forma que sólo ella pudiese escuchar su respuesta.

- Algo me dice que ya estabas un poco "mojada", Swan – susurró él levantando las cejas.

Emma abrió la boca ante la sinvergonzonería de su comentario y levantó una pierna, poniéndole un pie en la cara y empujándolo hacia atrás.

- Eres un asqueroso.

- Lo que tú digas, amor – respondió él encogiéndose de hombros. – Pero de momento tampoco lo has negado – añadió antes de girarse y seguir nadando.

Emma estaba en problemas. El corazón le latía contra el pecho a toda velocidad y no podía dejar de mirar cómo los músculos de la espalda de Killian se tensaban mientras nadaba a lo largo de la piscina. Esto no iba a quedar así. Él no tendría la última palabra.

Se dirigió hacia la ducha que había al lado de la piscina y comenzó a dar un numerito, que afortunadamente David, que ya estaba echando una siestecita en su tumbona, no vio. Dejó que el agua le cayera por el pelo y ella comenzó a mojarse el cuerpo, de forma más sexy de la estrictamente necesaria. Después, se metió al agua, satisfecha con la cara de tonto que tenía Killian en estos momentos.

- ¿Algún problema, Killian? – preguntó haciéndose la inocente.

- Ninguno – respondió el fingiendo que no estaba afectado en absoluto.

Emma sonrió para sí, mientras se sentaba en la escalera de la piscina, alejándose así de Killian para evitar tentaciones. Lo que había dicho el otro día era cierto. No tenía intención ninguna de volver a las andadas. Lo habían intentado y no había resultado y ya estaba cansada de sufrir y estar siempre dándole vueltas a la cabeza. Sin embargo, tenía que reconocer que este pequeño "juego" al que estaban jugando era divertido, y él parecía pensar lo mismo.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por Killian, que se acercó a ella, hasta quedarse de pie justo enfrente.

- ¿Bikini nuevo? – preguntó con la sonrisa otra vez en su cara.

- No – respondió ella recolocándose un poco el top, que se había movido.

- No te tienes que tapar tanto por mí, Emma – dijo dirigiendo la vista hacia David y comprobando que todavía estaba dormido. – No es nada que no haya visto antes – susurró en dirección a ella, provocando que ésta se sonrojase.

Ella se repuso enseguida y lo agarró del collar que llevaba siempre, haciendo que se acercase más a ella, mientras la respiración de él comenzaba a agitarse.

- Pues espero que te acuerdes bien de cómo eran, porque no las vas a volver a ver jamás – susurró ella con sus labios muy pegados a los de él, para finalmente, darle un empujoncito hacia atrás y levantarse, poniendo rumbo de nuevo hacia la tumbona, donde se entretuvo con el móvil, mensajeándose con sus amigos.

Killian aún se quedó un rato en la piscina. Era totalmente necesario, si no quería enseñarle al mundo lo excitado que estaba después del tira y afloja con Emma. Cuando fue capaz de serenarse un poco, salió del agua también y se echó el pelo hacia atrás. Después, se acostó en la tumbona que quedaba libre, al lado de Emma. La miró de reojo y vio que no paraba de sonreírle al móvil, lo que le hizo apretar la mandíbula. ¿Con quién estaría hablando? ¿Sería una de esas personas que había conocido en Oxford?

- ¿A qué viene tanta risa, amor? – preguntó finalmente sin poderse aguantar las ganas.

- Eso, hermanita, ¿por qué tantas risas? ¿Con quién hablas?– preguntó también su hermano, con la voz todavía rasposa, indicando que se acababa todavía de despertar.

- Con August y con Ruby. Tenemos un grupo en el Whatsapp – contestó ella de forma desinteresada.

August y ella, a pesar de que habían intentado tener algo más y no había resultado, seguían siendo muy amigos. De hecho, a pesar de que lo conocía desde hace muy poco tiempo, se había convertido en algo parecido a su "mejor amigo masculino". Y Ruby era… especial, por decirlo de alguna manera. Tenía la firme intención de mantener la amistad con ella a pesar de la distancia.

- ¿Tus compañeros de piso? – preguntó David.

- Los mismos– respondió ella. – A lo mejor este verano viene August a verme. Está de vacaciones con su padre y su hermano por el país, cruzándolo en coche, y me ha dicho que si tienen tiempo, se acercarán hasta aquí. Te lo presentaré - le dijo a David.

- ¿Seguís juntos? – preguntó David incómodo con la pregunta.

- No – dijo ella. – Y no seas cotilla, hermanito.

- ¿Por qué no? Sonabas muy ilusionada la última vez que hablamos del tema.

- Pues porque no. Pero somos muy buenos amigos. Y no quiero hablar de estas cosas contigo, por favor – dijo ella tapándose la cara con las manos.

- Pues no entiendo por qué no. Yo no soy tu padre.

- No – le dio ella la razón. – Eres mucho peor que papá – añadió, provocando que Killian comenzase a reírse a carcajadas.

- Tienes que reconocer que tiene razón, Dave… - comentó entre risas.

Se escuchó el teléfono fijo de casa sonar, haciendo que David se levantase corriendo para ver quién era.

- Seguro que es Mary Margaret, que me he quedado sin batería antes y me he olvidado de poner a cargar el móvil – explicó mientras se levantaba e iba corriendo hacia el salón.

Aprovechando la ausencia de su amigo, Killian volvió a sacar el tema.

- ¿De cuándo habla David? ¿De cuándo estaba yo allí contigo y le mentiste diciéndole que era August el que estaba contigo?

- No.

- ¿Tuvisteis algo después? – preguntó él con la voz una octava más aguda, de la sorpresa.

- Algo así – respondió ella.

- Lo sabía – dijo él cruzándose de brazos, enfurruñado. – Y tú siempre negándolo.

- Nunca te mentí – dijo ella. – Todo ocurrió después de que tú me dejaras.

- Yo no te deje – rebatió él.

- Parece que tenemos diferentes versiones de lo que pasó aquella noche en Oxford – contestó ella.

- Te pedí que esperáramos un tiempo, pero no me dejaste explicarte nada más.

- ¡Me pediste un tiempo porque dudabas de lo que yo sentía por ti! – exclamó ella enfadada.

- Yo no dudaba… - comenzó él.

- ¡Por favor…! – interrumpió ella, girando los ojos en las cuencas. – Te dejaste "aconsejar" por tu exnovia…

- Bueno, en algunas cosas está visto que tenía razón – dijo él desafiante.

- ¿Tú crees?

- Si tanto me querías, como tú dices, ¿cómo has sido capaz de pasar página ya con otras personas? Porque yo te aseguro que no puedo ni pensar en mirar a otra chica… Y no ha sido por falta de oportunidades, como tu hermano bien te puede decir.

- No te enteras de nada… - masculló Emma, levantándose de la tumbona y poniéndose la camisa que había dejado allí su hermano David.

En ese momento, éste llegó y notó la tensión en el ambiente.

- ¿Todo bien? – preguntó frunciendo el ceño.

- Todo perfecto – respondió Killian apretando la mandíbula.

- Voy a la cocina a por algo de beber – explicó ella. - ¿Queréis algo?

- Trae un par de cervezas para nosotros – contestó David.

Emma entró en la cocina y se apoyó en la mesa durante unos segundos, para tratar de componerse. Tenía lágrimas en los ojos y los labios le temblaban con el esfuerzo de aguantarse las ganas de llorar. Se sorbió la nariz y se acercó a la nevera, para coger lo que le habían encargado. Puso todo en una bandeja y tomando una última bocanada de aire, salió fuera otra vez.

- Aquí tenéis – dijo ella muy seria pasándole a David uno de los botellines y a Killian el otro, mientras ella dejaba al lado de su tumbona un vaso con zumo de naranja.

- Gracias, amor – respondió Killian con una voz muy suave y una mirada que lo decía todo.

Mirada que ella decidió ignorar por completo, para seguir salvaguardando su corazón.

- Hoy es la cena de compromiso de Regina y Robin – dijo David por fin. - ¿Venís los dos, no?

- Ohhh… - gruñó Killian. – Se me había olvidado.

- Yo no sé si iré – comentó ella. – Esas cenas son un coñazo.

- Venga… son como de la familia, tenéis que ir – los animó David. – Id juntos, así no os aburriréis.

Killian la miró con ojos suplicantes, pidiéndole que aceptara.

- ¿Te apetece? – preguntó casi con miedo de la respuesta que iba a obtener.

- Claro – respondió ella con un hilito de voz, tratando de que los nervios no se le notasen.

- Pues queda dicho – anunció David dando una palmada. – Más te vale que te comportes como un caballero con mi hermana pequeña – bromeó con Killian.

Él soltó una risa un poco amarga y dijo por lo bajo:

- Siempre.

La cena era en uno de los restaurantes más lujosos que tenía el pueblo y estaba situado en las afueras, por lo que había que llevar el coche.

David le había dicho antes, que ellos antes de ir tenían que hacer un par de recados, así que habían quedado en que ella iría a la cena con Killian, que pasaría a buscarla con su coche y los conduciría a ambos hasta allí.

Emma estaba de pie, nerviosa, frente al armario, lo cual era una estupidez, porque esto no era una cita ni significaba nada. Sin embargo, no podía evitar pensar que esto era lo más cercano que habían estado nunca de hacer algo "juntos" como pareja delante del resto de sus amigos y conocidos. Sin embargo, paradójicamente, esta vez no estaban juntos.

Fue pasando las perchas de sus vestidos una a una, intentando encontrar el adecuado. Al final decidió ir sobre seguro y se puso un minivestido negro con escote pico en la espalda que caía bastante flojito hasta mitad de su muslo, acompañado de unas sandalias de tiras con un poco de tacón. Con el pelo, desde que se lo había cortado, no se podía permitir muchas historias, así que decidió hacerse la raya al lado, ondularlo un poco y dejarlo suelto sin más complicaciones. Un eye-liner más marcado que de costumbre y un toque de máscara de pestañas en sus preciosos ojos verdes y ya estaba lista.

Bajó al salón y esperó nerviosa. Unos diez minutos después, su teléfono sonó, indicando una llamada entrante de Killian.

- Hola – respondió ella suavemente.

- Estoy ya fuera – dijo él.

- Vale, perfecto. Salgo ahora mismo.

Así hizo. Tomó aire una última vez, invocando todo su valor y salió de casa. Enseguida vio el coche de Killian parado delante de su portal y se acercó hasta él.

- Hola, amor – la saludó él poniendo en marcha el coche.

- Hola – dijo ella también.

Siguieron durante todo el camino en silencio. Killian la miraba de reojo de vez en cuando, sintiendo un nudo en el estómago ante esta distancia que había entre ellos últimamente.

Diez minutos más tarde, estaban ya enfrente al restaurante y antes de que Emma pudiera abrir la puerta del coche, ya estaba Killian abriéndola desde fuera y portándose como un perfecto caballero. Emma cogió la mano que él le ofrecía y se puso de pie, quedando de repente demasiado cerca de él.

- Estás preciosa – comentó él, de una forma muy sincera y cargada de emoción.

- Gracias – respondió ella falta de aliento. – Tú también estás muy guapo – añadió mientras levantaba las manos hacia su cuello y le colocaba la corbata. – Estaba torcida – se justificó ella, sonrojándose de repente.

Él sonrió ante el pequeño gesto y le ofreció su codo.

- ¿Vamos?

Ella sonrió también y sin dudarlo ni un instante, se agarró a su brazo.

- Vamos.

La cena fue bastante menos aburrida de lo que Emma se había imaginado de antemano y había que reconocer que era en parte por estar sentada con Killian. No paraba de hacer comentarios ingeniosos acerca de todo el mundo, haciendo que a ella se le escapase una risita de forma más frecuente de lo que a ella le gustaría.

Cuando llegó el momento de bailar, Killian se levantó y le ofreció la mano, con una sonrisa en la cara.

- ¿Me concedes este baile?

- Killian… - dijo ella meneando la cabeza.

- Venga, es sólo un baile – insistió él.

- Está bien – se rindió ella. – Vamos.

Comenzaron bailando al son de una canción rápida, Killian dándole vueltas y más vueltas a Emma, mientras ésta se reía sin parar y movía la cabeza y la melena al son de la música. Sin embargo, de repente el ritmo cambió a uno más lento y todas las parejas se pegaron y comenzaron a bailar. Killian vio el cambio de actitud en la cara de Emma, pero no la dejó marcharse.

- Baila conmigo – le pidió. – Por favor.

Emma asintió casi de forma imperceptible y le pasó ambos brazos por su cuello, mientras él hacía lo propio en su cintura. La magia del momento estaba presente en el ambiente. Casi se veían saltar las chispas.

Killian, sutilmente la acercó un poco más a él, haciendo que sus pechos se juntasen y Emma soltase una pequeña exhalación de sorpresa. Se miraron a los ojos y sin poderlo evitar, ella comenzó a acariciarle el pelo que se le arremolinaba en la nuca, casi de forma inconsciente. Se sentía todo demasiado natural, como si llevaran toda la vida haciendo esto.

Cuando todo acabó, ambos volvieron a casa juntos de nuevo. Emma iba muy callada, mirando por la ventanilla. Killian casi podía escuchar los engranajes dando vueltas en su pequeña cabecita, así que decidió intervenir. Apartó el coche un momento de la carretera y apoyó su mano en uno de sus muslos, provocando que ella se sobresaltase y lo mirase.

- ¿Estás bien? – dijo él dando un pequeño apretón a su pierna.

- Claro – respondió ella fingiendo una sonrisa, y apoyando su mano encima de la de él.

Killian giró su mano y ambos entrelazaron los dedos al instante. Los ojos de Emma se llenaron de lágrimas.

- Te echo de menos – susurró ante la incredulidad de Killian, que no podía creer lo que estaba escuchando.

- Y yo a ti – respondió llevándose su mano a los labios y depositando en ella un suave beso.

- Esta noche ha sido genial – continuó ella hablando, al mismo tiempo que retiraba su mano de la de Killian. – Pero me ha recordado todo lo que nunca vamos a tener – siguió hablando con la voz entrecortada.

- Podemos tener esto y más – insistió él, agarrándole la cara para hacer que ella mirara para él. – Yo todavía te qu…

- ¡No lo digas! Por favor – interrumpió ella rápidamente. – Llévame a casa – susurró de nuevo, con la voz completamente rota.

Killian apretó la mandíbula y no dijo nada más, simplemente siguió conduciendo hasta que llegaron por fin a la casa. Cuando ella estaba a punto de salir del coche, Killian la agarró del brazo y se lo impidió, haciendo que se girara con el ceño fruncido.

- En dos semanas cumples dieciocho años – comenzó él con la voz cargada de emoción. – No te creas que se me ha olvidado.

- ¿Y qué?

- Pues que quiero que lo sepas. No se me ha olvidado. Y yo siempre cumplo mis promesas – continuó.

- Killian… - comenzó Emma.

- Hasta mañana, amor – dijo él dándole un beso en la frente e interrumpiéndola en su protesta.

Emma no dijo nada más. Se bajó del coche y vio como éste se alejaba calle abajo.

- Hasta mañana – susurró ella para sí misma, sin poder evitar sentir el hormigueo en su frente, justo en el lugar donde Killian la había besado.