CAPÍTULO 16:

Estar de vacaciones era un rollo. Emma volvía a estar sola en casa. Su hermano David y Mary Margaret estaban ambos trabajando y Henry estaba en un campamento de verano. Sin duda, tenía que buscar una ocupación o se volvería loca. Quizás, Killian podría volver a aceptarla para unas prácticas o algo en su trabajo. Al fin y al cabo, a partir del mes de septiembre, estudiaría Publicidad y Relaciones Públicas. Tenía que acordarse de comentárselo cuando lo viera de nuevo.

Ése era otro tema. Killian. Desde que se habían arreglado en su piso hace dos días, apenas lo había visto. Habían hablado bastante por teléfono, pero no habían podido concretar nada para verse y la espera la estaba matando. Se moría de ganas de verlo y darle un beso. Aunque al mismo tiempo, cada día que pasaba se encontraba más nerviosa. El día del cumpleaños se acercaba y eso significaba que David estaba a punto de recibir la bomba acerca de la relación entre Emma y Killian. Su mejor amigo y su hermana pequeña. Ella sabía que su hermano no se lo iba a tomar bien, pero tenía la esperanza de que con el tiempo se calmase y viese las cosas desde otra perspectiva. Le aterraba la idea de que Killian pudiese perder la relación con él. También sabía que tenía de su lado a Mary Margaret, lo que era un gran punto a su favor, ya que cuando de calmar a David se trataba, ella era el mejor bálsamo posible.

Bajó corriendo las escaleras en dirección a la cocina, ataviada tan sólo con su pequeño camisón de tirantes, para prepararse algo para desayunar. Un café con leche y unas tostadas servirían. Mientras estaba comiendo, se escuchó el timbre de la casa, lo que le hizo fruncir el ceño. No esperaba a nadie. Decidió ignorarlo porque seguramente fuera el cartero o publicidad o alguien intentando venderle algo, así que siguió desayunando con calma. El timbre volvió a sonar de forma insistente, y ahora ya sí, se levantó y se dirigió hacia la puerta para ver quién era. Al abrir, se le puso una sonrisa de oreja a oreja en la cara. Era Killian.

- ¡Killian! – exclamó ella feliz de verlo. - ¿Qué haces aquí?

- Tengo una hora libre en el trabajo mientras terminan de hacer la revisión informática y pensé en pasarme por aquí a verte… - explicó él balanceándose nervioso de un pie a otro. - ¿Puedo pasar? ¿Estás sola en casa?

- Sí, claro… - dijo ella echándose hacia atrás para dejarlo que pasara. – Y sí, estoy sola en ca…

Killian la interrumpió, agarrándola de la cara y dándole un apasionado y frenético beso. Emma había sido pillada por sorpresa, pero enseguida se repuso y le contestó al beso lo mejor que pudo. Él entrelazó una de sus manos en su melena, mientras con la otra le acariciaba el lateral, decidiendo colocarla finalmente en la parte inferior de uno de sus pechos, acariciándolo suavemente por encima del camisón, haciendo que ella soltase un suspiro de placer. Ella no se quedó atrás en la exploración e introdujo una de sus manos por dentro de su camisa, acariciando así su espalda, a la vez que lo empujaba sutilmente contra ella para pegarse a él todo lo humanamente posible.

Killian no aguantó más y puso sus dos manos en la parte de atrás de los muslos de Emma, obligándola a saltar y a que rodease su cadera con las piernas y los dirigió a ambos hacia el sofá, donde la tumbó delicadamente y se puso encima de ella, gimiendo con el contacto.

- No seré yo quien se queje de este recibimiento – dijo ella entre jadeos. – Pero… ¿no íbamos a esperar?

- Y vamos a esperar… - contestó él falto de aliento. – Pero eso no significa que no podamos tener un poco de diversión – continuó mientras separaba un poco más sus piernas para ponerse más cómodamente entre ellas, a la vez que bajaba uno de los tirantes de su camisón con los dientes y comenzaba a besar la piel recién descubierta.

- Me estás matando, Killian… - susurró ella, mientras lo agarraba del pelo y le daba un pequeño tirón, dirigiendo sus labios de nuevo contra los suyos, para poder besarlo otra vez. – Quítate la chaqueta, por Dios – añadió forcejeando con las mangas para que éstas bajasen de sus hombros.

Maldiciendo por lo bajo, Killian se incorporó un poco y se sacó la ofensiva prenda, tirándola descuidadamente al suelo, a los pies del sofá, sin perder tiempo volviéndose a colocar suspendido encima de Emma. Apoyó sus manos en sus caderas y le subió el camisón, dejando al descubierto unas simples braguitas de algodón de color azul clarito, y comenzó a acariciarle la parte externa de los muslos, haciendo que ella gimiese y levantase las caderas de forma inconsciente del sofá.

- Me estás clavando la hebilla del cinturón – se quejó ella moviéndose contra él, provocando que él gruñese.

- Te aseguro que no es la hebilla – susurró él contra su oído, de forma descarada, mientras comenzaba a reírse a carcajadas.

Emma comenzó a reírse también y le acarició la cara tiernamente.

- Idiota… -susurró todavía con una sonrisa en la cara.

Él sonrió también y volvió a unir sus labios con los suyos, de una forma todavía apasionada, pero mucho más calmada, más dulce, haciendo que Emma se derritiese por momentos.

- ¿Por dónde íbamos? – preguntó ella separándose brevemente, mientras le acariciaba el pelo que se arremolinaba en la nuca.

- Creo que ahora mismo te iba a sacar el camisón – dijo él mientras cogía la tela acumulada en la cintura y tiraba de ella hacia arriba, descubriendo por fin los pechos.

Sin perder tiempo, agarró uno de ellos suavemente con una mano, y bajó la cabeza para comenzar a besar el otro, poniendo especial atención en el pezón, para deleite de ella.

- La camisa – susurró ella entre jadeos y gemidos de placer. – Sácatela.

Se desabrochó rápidamente y de forma torpe los primeros tres botones y después agarró la parte de atrás del cuello y se la sacó por encima de la cabeza, dejando que se uniera a la chaqueta que yacía en el suelo.

Justo cuando él estaba a punto de volver al sofá con Emma, se escuchó el inconfundible ruido que hacía la puerta del garaje al abrirse.

- Viene alguien – dijo Emma, poniéndose muy pálida, mientras empujaba suavemente a Killian. - ¡Corre! Vístete – lo apuró mientras ella cogía también el camisón del suelo y se lo ponía rápidamente.

Killian apresuradamente hizo lo mismo y se puso la camisa, agradeciendo a todos los santos que no hubiera desabrochado todos los botones cuando se la había sacado, haciendo ahora la tarea de vestirse mucho más rápida. Se puso de pie y se metió rápidamente los bajos de la camisa en el pantalón.

- ¿Bien? – le preguntó a Emma.

Ella se comenzó a reír y le paso las manos por el pelo.

- Mejor así… El pelo te delataba, Jones – añadió con una sonrisa.

- Mientras no me delate otro cosa… - dijo mirando sutilmente para la zona por debajo de su cinturón.

Emma meneó la cabeza y le puso una mano en la boca, para hacer que se callase, mientras lo empujaba hacia atrás, aguantándose la risa.

- Compórtate.

Justo en ese momento, Mary Margaret entró cargada de bolsas de la compra, haciendo que Killian rápidamente acudiese a la puerta para ayudarla.

- Gracias, Killian – dijo ella, aliviada al librarse de las más pesadas. – Eres un cielo.

Él caminó hacia la cocina para dejar allí todo y Emma se acercó a su cuñada.

- Pensé que estabas trabajando como voluntaria en las clases de apoyo de verano para los que han suspendido – comentó.

- Y así es. Pero no me encontraba muy bien y me ha sustituido Ashley. ¿Y tú? ¿Qué hacías aquí en casa con Killian?

- Ha pasado a ver si estaba David, y se ha quedado un rato charlando conmigo – mintió ella.

- Claro – dijo Mary Margaret sin creerse una palabra. – ¿Y por eso tienes el camisón del revés?

Emma se puso roja como un tomate de repente y miró para su camisón, viendo efectivamente que se lo había puesto con las costuras hacia fuera.

- Mary Margaret… - comenzó Emma a disculparse.

- No quiero saber nada – dijo ella levantando las manos. – Sólo os pido por favor que habléis con David de una vez. Mantener este secreto me está matando. Es como una olla a presión que está a punto de explotar – explicó nerviosa. – El otro día casi se me escapa.

- Tranquila… - le dijo Emma. – Hablaremos con él el día de mi cumpleaños.

- Está bien – contestó su cuñada más tranquila. - ¡Ah! ¡Y otra cosa!

- ¿Qué pasa?

- Como me hayáis manchado el sofá nuevo… ¡os mato! – dijo con una risita.

- Mary Margaret, ¡por Dios! – exclamó Emma mortificada de la vergüenza, mientras ponía camino hacia la cocina también.

Allí estaba Killian, comiéndose las tostadas que Emma había preparado. Ésta se cruzó de brazos y lo miró con la ceja levantada.

- ¿Qué? – preguntó él con la ceja levantada. – Tenía hambre.

- Pues te preparas otras – dijo ella acercándose y quitándole la tostada de la mano, haciendo que él pusiera pucheritos, aguantándose la risa.

Mary Margaret comenzó a reírse por lo bajo al verlos interactuar. Era la primera vez que los veía juntos de esa manera y se dio cuenta de que, efectivamente, hacían una pareja estupenda. Se notaba sólo con una mirada lo compenetrados que estaban y lo mucho que se querían y en ese momento reforzó su decisión de ayudarlos en todo lo posible para que David lo aceptase también.

- Bueno, yo tengo que volver a la oficina – dijo Killian mirando la hora en su reloj de pulsera. - ¿Te veo luego?

- Claro – respondió Emma asintiendo con la cabeza. – Estaré aquí en casa.

- Killian – dijo Mary Margaret abriendo el periódico para leerlo mientras esperaba a que el agua para el té hirviese. – No te olvides de recoger tu chaqueta del suelo del salón – añadió con una risita.

Él se puso pálido y miró para Emma de reojo, que tenía también una sonrisa en su cara.

- No le hagas caso – dijo ella. – Está bromeando. Te acompaño a la puerta – añadió agarrándolo del brazo y dirigiéndolo hacia el salón.

Una vez en la puerta, él sonrió y le dio un último piquito en los labios.

- Lo dicho. Te veo luego.

- Trae bañador. Dicen que va a hacer un día precioso y habrá que aprovechar. Podríamos conducir hasta la playa o algo. Creo que puedo escabullirme sin que me vean – añadió guiñando un ojo.

- Perfecto – dijo él con una sonrisa de oreja a oreja. – Me apetece.

Se marchó y Emma se quedó unos segundos mirando para la puerta, con una sonrisa de tonta en la cara.

Como había prometido, por la tarde, después de comer, Killian llamó a Emma por teléfono para ver a qué hora quería que la pasase a recoger. Cuando concretaron los detalles, colgó y se dirigió con una sonrisa maliciosa al cajón donde guardaba los bikinis y demás ropa de playa. Cogió un pequeño bikini blanco y negro, sin tirantes, tipo bandeau, que estaba segura que a Killian le encantaría. Se puso por encima un ligero vestido, sandalias y un sombrero. Cogió el capazo con sus cosas y las gafas de sol y se dispuso a salir para reunirse con él un poco más adelante de su casa, donde ya estaría él esperándola con el coche.

- ¡Hola! – exclamó ella mientras se metía en el coche y se acercaba a él para darle un breve beso en los labios como saludo.

- Hola, amor – saludó él desde detrás de sus oscuras Rayban Wayfarer. – Estás muy guapa.

- Gracias – respondió ella con una sonrisa. – Tú también. ¿A dónde me llevas?

- Hay una playa que conozco, que aunque está un poco más alejada que la que vamos siempre, es mucho más bonita y no está tan masificada.

- Perfecto – dijo ella poniéndose el cinturón. – En marcha.

Condujeron hacia la carretera de la costa, bordeándola toda hasta llegar a un pequeño ensanchamiento de ésta, donde ya había algún que otro coche aparcado.

- Es aquí – dijo Killian, girando el volante y aparcando al lado de otro automóvil rojo.

Emma cogió las cosas y salió del coche, impresionada con las vistas.

- Guau…

- Bonito, ¿verdad? – preguntó Killian poniéndose de pie a su lado y agarrándole una mano mientras comenzaban a caminar.

- La verdad es que parece mentira que tengamos algo tan bonito al lado de casa y nunca haya estado aquí… - comentó ella mientras descendían el camino de arena que había hasta llegar a la playa.

Efectivamente, no había ni la mitad de gente que solía haber en las playas más cercanas al pueblo. Decidieron poner sus toallas en un lugar relativamente cerca del agua, ya que hacía un calor impresionante y así podrían disfrutar de la brisa que venía del mar.

Killian, como el caballero que era, ayudó a Emma a colocar la suya también y después se quitó la camiseta y las chanclas, quedando sólo con su bañador en tonos azules. Ella aún estaba de pie y se mordió el labio inferior al verlo en todo su esplendor. Tenía que reconocer que era una chica afortunada. Killian tenía un físico envidiable. Ya olvidándose de su cara perfecta y sus penetrantes ojos azules, su cuerpo era todo fibra, pero sin llegar al punto de estar demasiado musculado. Suspiró y agarró los bajos del vestido para tirar de él y sacárselo por encima de la cabeza. En el momento que quedó sólo con su bikini, escuchó un pequeño jadeó de sorpresa emitido por Killian. Había estado acertada al elegir el bikini. Los ojos de Killian lo estaban dejando muy claro.

Se quitó el sombrero y retiró el pelo de la cara, haciéndose un moño en lo alto, con algunos mechones que se escapaban de él enmarcando su cara. Problemas de tener el pelo mucho más corto. Después, se tumbó boca abajo al lado de Killian, que estaba de lado, con el peso apoyado en un codo, sin quitarle ojo de encima. Alargó una mano y comenzó a acariciarle la espalda suavemente a Emma.

- ¿Te echo crema? – preguntó esperanzado de que dijera que sí.

- Ya me echado en casa antes de venir – contestó ella girando la cabeza hacia él con una sonrisa.

- Eres mala… - susurró él acercándose a ella y dándole un beso en la cabeza. – Me quitas toda la diversión.

- ¿Tú te has echado? – preguntó ella.

- No – respondió él mientras buscaba en la bolsa de playa de Emma y sacaba el bote de loción solar. - ¿Te importa?

- Date la vuelta – dijo ella mientras agarraba el bote y se echaba una pequeña cantidad en la mano.

Frotó las manos la una contra la otra y las puso sobre la espalda de Killian, masajeando bien para que la crema se absorbiese, provocando que éste cerrase los ojos relajado. Después continuó por la parte de atrás de las piernas y de los muslos, así como la parte posterior de los brazos.

- Listo – dijo ella, un poco afectada. - ¿Te das tú por delante?

Él se giró en la toalla y mirando para los lados, comprobó que efectivamente, estaban bastante aislados del resto de los visitantes a la playa.

- Lo estás haciendo tú muy bien – dijo él levantando las cejas de modo sugerente.

Emma soltó una carcajada, pero no se opuso. Volvió a untarse las manos con crema y comenzó a aplicársela por los brazos, para seguir después por el pecho, retorciéndole juguetonamente un pezón, haciendo que él soltase un gemido de sorpresa.

- Eres un bicho… - le susurró él poniendo una de sus manos alrededor de su cintura.

- Sí, sí… - dijo ella fingiendo indiferencia.

Continuó su camino echando crema por el abdomen hasta que llegó a la cinturilla del bañador, dándole un tironcito a ésta y dejando que volviese a su sitio, golpeando suavemente la piel de la barriga de Killian. Él no pudo aguantar más el juego de seducción de Emma y se incorporó repentinamente en el sitio, agarrándola a ella por los hombros para acercarla y así, darle un apasionado beso.

Cuando se separaron para coger aire, Emma estaba igual de afectada o más que él.

- Creo que mejor me pongo en mi toalla – susurró contra la frente de Killian.

- Es una idea bastante inteligente, teniendo en cuenta donde estamos.

Ambos se pusieron boca abajo a tomar el sol, mirando el uno hacia el otro y comenzando a hablar de todo un poco, disfrutando simplemente el poder estar juntos.

Pasado un rato, Killian se levantó y se sacudió un poco de arena que se había pegado a su pecho y le ofreció una mano a ella.

- ¿Damos un paseo por la orilla?

- Me parece buena idea – respondió ella cogiendo la mano que le ofrecía él y levantándose también.

Se pusieron en marcha hacia la orilla y comenzaron a caminar por ésta, con dirección al faro que había al otro extremo. Emma lo cogió de la mano y caminaron en silencio. De vez en cuando, Killian daba una patada al agua y la salpicaba, provocando que ella se riese a carcajadas mientras se agachaba para coger agua con sus manos y lo salpicaba también.

Habían caminado un buen rato y el sol era ya mucho menos intenso. En poco tiempo comenzaría a atardecer.

- Volvamos – dijo Killian. – En un rato comenzará a hacer fresco y tenemos toda la ropa junto a la toalla.

Dieron media vuelta un poco antes de llegar al faro y volvieron a poner rumbo hacia la toalla. A su alrededor, el resto de familias y parejas poco a poco iba recogiendo sus cosas y marchándose, quedando ya muy poca gente en la playa. Cuando comenzó el atardecer, el sol se tornó de un color rojizo precioso y Emma se giró hacia el agua para admirar la belleza del paisaje. Killian se colocó detrás de ella y pasó un brazo por delante de ella, a la altura de sus hombros, apretujándola contra él y dándole un beso en la nuca. Ella levantó un brazo y lo pasó hacia atrás, comenzando a acariciarle el pelo. Se mantuvieron en silencio así, durante unos minutos, sin querer romper la magia del momento, hasta que Killian comenzó a besarle el cuello, haciendo que ella se girara y le ofreciera sus labios. Se besaron de una forma tierna, expresando todo lo que sentía y sintiéndose afortunados después de haber pasado una tarde maravillosa como ésta en compañía el uno del otro. Emma se giró en los brazos de Killian y le rodeó el cuello con los brazos, profundizando así el beso. Sus lenguas se juntaron y comenzaron a pelear la una contra la otra, mientras Emma le daba un pequeño mordisquito a Killian en el labio inferior, haciendo que éste soltase un gemido y volviese a profundizar el beso. Se separaron para coger aire y juntaron sus frentes, mientras Emma ponía su mano en el pecho de él, a la altura del corazón y lo miraba a los ojos, muy seria.

- Te quiero – susurró. – No lo vuelvas a dudar nunca, ¿vale?

Killian no pudo evitar que sus ojos brillaran y que una gran sonrisa se dibujase en su cara ante la confesión de Emma. Él sabía perfectamente lo que ella sentía, pero siempre estaba bien que se lo recordase. Sabía que le costaba mucho hablar de sus sentimientos, lo que hacía que la confesión tuviese un valor doble.

- Yo también te quiero – contestó él, dándole un golpecito a su nariz con la suya propia, haciendo que ella soltase una risita adorable y lo abrazase.

Él comenzó a reírse también y siguieron caminando hacia la toalla, encaramados el uno en el otro, mientras Killian depositaba de vez en cuando pequeños besos en la sien de Emma.

- Cuatro días, Swan – susurró él en su oreja. – Sólo cuatro días más.