CAPÍTULO 19:
Salieron del apartamento de Killian, ambos nerviosos por la conversación con David. Bajaron en el ascensor hasta el parking donde Killian tenía el coche y éste pulsó el botón en el mando para abrirlo. Notando lo especialmente nervioso que estaba, Emma trató de hacer que se relajase un poco y pensase en otra cosa.
- ¿Puedo conducir? – preguntó ella con una sonrisa.
Killian frunció el entrecejo y la miró.
- ¿Cuánto hace que no conduces?
- Pues… - contestó ella pensativa. – Casi un año, desde que me saqué el permiso.
- ¿Y de verdad crees que lo mejor es practicar con mi coche nuevo? – preguntó con una malévola sonrisa.
- ¡Vamos! – replicó ella, dándole un pequeño manotazo. – Te llevaré sano y salvo. Además, tú estás muy nervioso para conducir –añadió ella.
- ¿Y crees que si conduces tú voy a estar más tranquilo? – preguntó él alzando una ceja. - ¿Tú sabes cuánto me ha costado el coche?
- Que yo sepa, la que duerme contigo soy yo, no tu amado y caro coche – replicó ella cruzándose de brazos. – Así que tú verás… - añadió haciéndose la indiferente.
- Uh… - comenzó Killian levantando las manos. – Algo me dice que si no acepto, terminaré durmiendo en el sofá en mi propia casa… - dijo soltando una risotada. – Ten – finalizó tirándole las llaves. – Con cuidadito, Swan.
Al final, resultaba que Emma conducía bastante mejor de lo que Killian esperaba, lo que resultó en sólo un par de veces en las que realmente temió por su vida y por su coche. Cuando por fin aparcaron delante de la casa de ella, Killian resopló y se pasó la mano por el pelo.
- No sabía lo que era la adrenalina hasta ahora – dijo vacilándola, haciendo que ella le diese un manotazo en el pecho antes de salir del coche riéndose.
- Bueno… - dijo ella acercándose a él antes de entrar en la casa. – Pase lo que pase ahí dentro y diga lo que diga mi hermano… Yo no voy a cambiar de opinión, así que espero que me sigas haciendo un hueco en tu casa…
- Sabes que sí, amor – dijo él juntando sus frentes. – Te quiero.
- Y yo a ti, Jones – respondió ella con una sonrisa de oreja a oreja. – Aunque no te guste como conduzco.
- Sé lo suficiente sobre mujeres para saber que eso es un comentario trampa al que no debo de contestar… - dijo mientras caminaba un par de pasos hasta la puerta para llamar al timbre.
Emma se estaba riendo ante el comentario cuando David abrió la puerta. Su semblante estaba serio, sin duda nervioso también.
- Ehh… hola… - saludó mientras se hacía a un lado para dejarlos pasar. – Pasad.
Ellos hicieron caso y pasaron. En el salón estaba también Mary Margaret sentada en uno de los sofás, visiblemente ansiosa, pero con un gesto conciliador. Emma tenía claro que si esto salía bien hoy, era en un 99% gracias a su cuñada y a su poder para calmar a David.
- ¿Queréis tomar algo? – preguntó David incómodo, balanceándose de un pie a otro.
- Vamos al grano, Dave – respondió Emma mientras colgaba su abrigo en el perchero de la entrada y cogía la cazadora que Killian le daba para hacer lo mismo.
- Claro – respondió él soltando una risotada nerviosa. – Pasemos al salón y sentémonos.
David se sentó al lado de su mujer en uno de los sofás, mientras Emma y Killian hicieron lo propio en el otro.
- Bueno… - comenzó David. – No sé muy bien por dónde empezar…
En ese momento, Mary Margaret le dio un codazo en el costado y carraspeó fuertemente.
- Lo primero que tengo que decir es que lo siento – dijo él muy deprisa, ante la mirada de aprobación de su mujer. – No debería de haberte pegado, Killian.
- Lo mismo digo – respondió él. – Yo también lo siento.
Los cuatro se quedaron en silencio, hasta que Emma habló.
- Una vez hemos dejado claro que ambos os habéis comportado como salvajes, vamos a pasar a hablar de lo obvio. Killian y yo estamos juntos, y así va a seguir siendo. Me encantaría que lo entendieses y que te alegrases por nosotros… -añadió mirando a su hermano con ojos llorosos.
David apretó la mandíbula tanto que los músculos se le marcaban en la cara, pero finalmente, se aclaró la voz y respondió.
- Lo sé. Y aunque no estoy de acuerdo, lo acepto.
- ¿En serio? – preguntó Killian con los ojos muy abiertos de la sorpresa.
- Si es la única forma que tengo de no perder a mi hermana, lo acepto – repitió él muy serio, sin apenas mirar a su mejor amigo.
- Cariño… - comenzó Mary Margaret.
- ¡No pienso ceder en nada más! Creo que yo no soy el único que ha hecho las cosas mal… - dijo levantándose y dirigiéndose hacia la puerta de entrada. - ¡Lo acepto y ya está!
Se escuchó el ruido que hacía la puerta al cerrarse detrás de David, haciendo que Mary Margaret soltase un gran suspiro.
- Lo siento – dijo ella. – Tenéis que darle un poco más de tiempo. Estoy segura de que se le acabará pasando.
- Bueno, es un comienzo… - dijo Killian echándose hacia atrás en el sofá, visiblemente apesadumbrado con la situación. Estaba claro que el que David no le hablase, le estaba afectando más de lo que él manifestaba.
- No me puedo creer que sea tan cabeza dura… - dijo Emma por lo bajo. – ¡Es Killian, por Dios! ¡Su mejor amigo! ¿Cómo puede comportarse así?
- Precisamente por eso, amor – respondió Killian levantándose. – Yo tampoco he estado a la altura. Voy a hablar con él.
- Killian, no sé si será una buena idea… - comenzó Mary Margaret.
- Lo necesito – respondió él. – Tengo que tratar de explicárselo todo e intentar que me escuche de verdad.
Killian salió de la casa y se dirigió hacia la parte de atrás de ésta. Conocía a David mejor que nadie, y sabía que cuando necesitaba escapar y pensar en algo, siempre se iba al mismo rincón del jardín.
Caminó hacia allí y efectivamente, lo encontró. Estaba sentado en el suelo, con las rodillas contra el pecho, rodeándolas con los brazos. Sin decir nada, se sentó a su lado y comenzó a hablar.
- No tienes que decir nada – dijo Killian levantando una mano. – Sólo quiero que me escuches. Si después de todo lo que te diga, sigues sin querer tener nada que ver conmigo, lo entenderé. Pero necesito que me escuches. ¿Podrás hacerlo?
David no dijo nada, pero asintió con la cabeza.
- Sé que lo he hecho todo mal – comenzó él nervioso. – Se me fue de las manos. No pretendo que me entiendas ni que me perdones como si nada hubiera pasado, pero tienes que saber que la quiero de verdad, David, y que nunca jamás haría algo de forma intencionada que la hiriese.
- ¿Por qué me lo ocultaste? – preguntó por fin David.
- No lo sé… - suspiró Killian. – Supongo que por miedo.
- ¿Miedo? - preguntó David frunciendo el ceño.
- Al principio, ni yo mismo sabía lo que sentía. Todo comenzó de la forma más inesperada. Un día comencé a ver a tu hermana con otros ojos. Pensé que sería una fase, yo que sé… nunca me había pasado nada parecido. ¡Por Dios, la conocía desde que era una niña! Así que supongo que al principio me callé porque pensé que era todo una tontería.
- ¿Y después?
- Cuando las cosas se pusieron serias… - continuó Killian. – Tienes que creerme cuando te digo que estuve a punto de contártelo muchísimas veces, pero al final, pues nunca tenía el valor para soltártelo.
- ¿No confiabas en mí?
- No era cuestión de confianza, David – respondió él muy serio. – Pero sabía cómo te lo ibas a tomar. Te conozco – añadió soltando una risotada. – En parte porque eres igual que yo. Si yo tuviese una hermana pequeña y mi mejor amigo, o sea tú, se hubiese fijado en ella… Créeme, ahora mismo tendrías más que un ojo hinchado y un labio partido – continuó provocando que David también se riese. – Así que supongo que me lo callé por miedo a que tú me dejaras de lado. Además, nuestra relación ha sido como una montaña rusa durante estos meses.
- ¿Una montaña rusa?
- Sí – asintió él. – Digamos que tu hermana tiene carácter… Y yo tenía mis inseguridades – continuó. - ¿Te crees que yo no me daba cuenta de la diferencia de edad? Por supuesto que sí. Y me aterraba pensar que esto para ella podía ser un capricho, el típico amor imposible que como no puedes tenerlo, más te apetece. ¿Qué pasaría si yo te lo contaba todo y después ella se cansaba de mí? Habría perdido a las dos personas más importantes de mi vida a la vez. Así que supongo, que a la lista de razones por las que no te lo conté, puedes añadir también el egoísmo – añadió mientras se pasaba la mano por el pelo avergonzado.
- ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué contármelo justo ahora?
- Porque la quiero de verdad – respondió Killian muy serio. – Y sé con toda seguridad que quiero tener un futuro con ella. Y para eso, tú tenías que saberlo. Era hora de hacer ya las cosas bien, por fin.
- Ella también te quiere – dijo David muy serio también, sorprendiendo a Killian con el comentario. – Nunca la había visto defender así a nadie, con esa pasión. Nunca se había enfrentado a mí por nada de esa manera.
- Sí, me quiere – respondió Killian con una tímida sonrisa. – Ahora no tengo ninguna duda de ello.
Se quedaron en silencio durante unos segundos, hasta que David se levantó del suelo y le ofreció una mano a su amigo para ayudarlo a levantarse, que éste tomó sin ninguna duda y se levantó también.
- Mira… - comenzó David metiendo las manos en los bolsillos. – No puedo asegurarte que todo vaya a ser como antes desde ya… Necesito un poco de tiempo para digerirlo todo.
- Tampoco lo esperaba… Sé que no he estado a la altura… - respondió él.
- Pero yo tampoco quiero perderte, Killian – dijo David. – Eres mi mejor amigo y eso no va a cambiar de la noche a la mañana – añadió con sinceridad. – Mary Margaret me ha hecho darme cuenta de algo. Estoy más enfadado por el hecho de que no hayas confiado en mí que por el hecho de que estés con mi hermana. Porque si me pongo a pensar de forma objetiva, sé positivamente que no hay nadie mejor para ella que tú.
- ¿Hablas en serio? – preguntó él con la voz temblorosa.
- Sí – respondió David también comenzando a notar como sus ojos se llenaban de lágrimas. – Así que tenéis mi aprobación.
- No sabes lo mucho que significa para mí, Dave…
Se miraron durante unos segundos en silencio, sin saber qué decir, hasta que desde la ventana de la cocina, se escuchó la voz de Mary Margaret.
- ¡Por el amor de Dios! ¿Queréis abrazaros ya?
David y Killian se giraron hacia la ventana, sin poder disimular la sorpresa.
- ¡Seréis cotillas! – gritó David frunciendo el ceño. - ¿Cuánto tiempo lleváis ahí?
- El suficiente, mi amor – respondió ella. – Ahora dale un abrazo inmediatamente a tu mejor amigo y haced las paces.
Killian sonrió y miró para David, que seriamente le ofreció una mano.
- ¿Amigos?
Killian asintió con la cabeza y aceptó la ofrenda de paz, hasta que le dio un tirón a la mano de su amigo y ambos se fundieron en un abrazo. Se patearon la espalda un par de veces, y aunque ambos estaban muy afectados por la situación, se separaron rápidamente, tratando de disimular y hacerse los machos.
- Bueno, entremos – dijo David, sorbiéndose la nariz. – Nuestras chicas nos esperan.
Ambos entraron en la casa y se abrazaron respectivamente a sus chicas, hasta que Mary Margaret, limpiándose las lágrimas de la cara, comenzó a hablar.
- ¿Preparamos algo para comer? Es una buena hora para un brunch o algo así. Además, tengo algo que contaros a todos.
David la miró extrañado y frunció el ceño.
- ¿Va todo bien?
- Te enterarás a su debido tiempo – respondió ella dándole un pequeño beso en los labios. – Ahora, ¿por qué no vais Killian y tú a buscar a Henry que está en el campo de fútbol con sus amigos y lo traéis para que coma con nosotros? Estoy segura de que está deseando ver que su hermana ha vuelto a casa.
- Claro – respondió Killian enseguida. - ¿Llevamos mi coche? – preguntó.
- Siempre aprovechando cualquier oportunidad para restregarme por la cara su nuevo todoterreno – bromeó David mientras se ponía la cazadora. – Volveremos enseguida.
Se quedaron solas en la cocina Mary Margaret y Emma. Ésta última no pudo evitar soltar un respiro de alivio, mientras se sentaba en uno de los taburetes de la cocina.
- No me puedo creer que esto haya pasado… Pensé que David no iba a hablarle nunca más a Killian. Y no podía evitar pensar que todo había sido por mi culpa…
- Bueno, pues dejemos de pensar en cosas malas y vamos a centrarnos en que todo ha salido bien… Y algo me dice, que todo está a punto de mejorar – añadió con una sonrisa.
- ¿A mí tampoco me vas a contar de que se trata tanto misterio? – preguntó Emma sorbiéndose la nariz.
- Eres igual que tu hermano… - suspiró ella. – No voy a adelantarte nada.
- No estarás embarazada… - comentó Emma de forma casual.
La cara de Mary Margaret enseguida cambió, tratando de disimular una sonrisa que estaba a punto de escapársele.
- ¡Oh, Dios mío! – exclamó Emma abriendo mucho los ojos. - ¡Estás embarazada! – gritó echándose las manos a la boca de la sorpresa.
- Shhhh – dijo Mary Margaret. – Tu hermano aún no sabe nada y quiero que sea una sorpresa.
- No sabía que estábais intentándolo – respondió ella mientras le rodeaba el cuello con los brazos a su cuñada.
- Llevamos casi un año intentando y estábamos a punto de ir al médico para comprobar que todo estuviese bien, por eso nunca quisimos decir nada…
- ¡Dios mío! Voy a ser tía, ¡no me lo puedo creer! ¿De cuánto estás? ¿Y cómo se lo vas a decir?
- Estoy embarazada de poco más de tres meses. Me he hecho ya la primera ecografía y todo va bien.
- ¿Y no le has dicho nada a mi hermano? Por cierto, no se te nota nada…
- Sabes cómo es… Se ilusiona enseguida y yo no quería que se viniera abajo si algo salía mal… Así que he comprado un body precioso que pone: "Hello Daddy". Supongo que pillará la indirecta… - dijo con una sonrisa.
- Me alegro un montón por vosotros – dijo Emma con lágrimas en los ojos. – Vais a ser los mejores padres que un niño pueda desear. Ya lo habéis demostrado conmigo desde que papá y mamá murieron y eso que no os he puesto las cosas nada fáciles, y sobre todo, con Henry.
Se escuchó la puerta del salón y dos pares de pies dirigiéndose hacia la cocina, así que ambas se separaron y se secaron los ojos mientras trataban de disimular.
- Aquí estamos con el enano – dijo Killian que traía a Henry sobre uno de sus hombros, haciendo que el niño no parase de reírse a carcajadas.
Entre todos, prepararon la comida y se sentaron a la mesa como la familia que eran. Cuando ya habían terminado de comer, Mary Margaret sacó un paquete de debajo de su silla y se lo entregó a David con una sonrisa. Él frunció el ceño, extrañado.
- ¿A qué se debe esto?
- ¡Ábrelo ya, hermanito! – dijo Emma nerviosa.
David no esperó más y rasgó el envoltorio, desenvolviendo una pequeña prenda. La miró detenidamente y todos podían escuchar sus engranajes funcionando en la cabeza, tratando de digerir lo que estaba pasando.
- Hello Daddy… - leyó con un susurro. - ¿Estás…?
Mary Margaret asintió con lágrimas en los ojos, haciendo que David se levantara de la silla y la rodease con sus fuertes brazos, enterrando la cara en el cuello de ella.
- No me lo creo… ¿De cuánto estás?
- Acabamos de pasar el primer trimestre y está todo bien… - contestó ella. – Mira, aquí está la ecografía.
- ¿Me la he perdido? – preguntó él apenado.
- Nos haremos otra cuando quieras – respondió Mary Margaret agarrándole la cara con las manos y dándole un apasionado beso delante de todo el mundo.
Killian le agarró la mano a Emma por encima de la mesa y la miró con unos ojos que lo decían todo. Ella le guiñó un ojo y se acercó a él para besarlo brevemente en los labios.
- ¡Puajjjj! – exclamó Henry desde la silla.
Las dos parejas se separaron partiéndose de risa.
- Veremos si sigues poniendo esa cara de asco en tres o cuatro años – dijo Killian haciéndole cosquillas al niño en la barriga.
- Entonces… ¿vamos a tener un bebé en casa? – preguntó emocionado Henry.
- Así es – dijo Mary Margaret.
- ¡Genial! – exclamó el niño levantando los brazos. - Por cierto – se paró de repente y miró para Killian. - ¿Tú eres el novio de Emma?
Todos se quedaron en silencio, mirándose los unos a los otros. Killian miró hacia David, como pidiendo el último gesto de aprobación y éste asintió, sin decir nada más, pero diciéndolo todo con un simple gesto.
- Así es, Henry – contestó Killian, mirando para Emma de reojo. – Soy el novio de tu hermana.
- ¡Guay! – dijo el niño con una sonrisa. – Pero podremos seguir saliendo juntos de vez en cuando en tu barco, ¿verdad?
- Por supuesto. No me lo perdería por nada, Henry… - respondió Killian. – Tal vez, podríamos convencer a Emma para que nos acompañe alguna vez… - añadió mirando hacia su chica de reojo.
Siguieron la velada entre risas y bromas. Parecía mentira que ayer el ambiente estuviese tan revuelto y hoy, todo hubiera vuelto poco a poco a su cauce.
Después de un rato de juegos de mesa, a media tarde, Killian y Emma decidieron que le dejarían tiempo a solas a los felices futuros padres y anunciaron que pasarían esta noche en casa de Killian.
- ¿Queréis que nos llevemos a Henry también? – preguntó Killian mientras se despedía de Mary Margaret con un abrazo.
- No hace falta – respondió ella. – Vosotros también tenéis mucho de que hablar.
Emma abrazó a su hermano David con fuerza, mientras éste le besaba el pelo.
- Lo siento por lo de ayer – comenzó ella.
- Yo también, hermanita… - respondió él un poco avergonzado. - Tenías razón en todo lo que me dijiste. Yo sólo quiero que tú seas feliz… y si ese idiota te hace feliz… - añadió guiñándole un ojo a Killian. – Pues yo no tengo nada más que decir.
Killian sonrió hacia su amigo y lo abrazó también.
- Enhorabuena otra vez por lo del bebé…
- Gracias, Killian – contestó él. – Era hora de darte un ahijado, ¿no?
Killian abrió mucho los ojos, sin duda el comentario lo había pillado por sorpresa.
- ¿De verdad pensaste que te ibas a librar? – preguntó David en tono de broma. – El puesto de padrino es tuyo si lo quieres.
- Por supuesto… - respondió él rápidamente. – Lo hago por el niño, que conste – bromeó él también. – No puedo consentir que tenga a Leroy o a Jefferson como padrinos…
- Claro, claro… - dijo David también con una sonrisa.
Una vez se despidieron de todo el mundo, Killian y Emma caminaron de la mano hasta el coche.
- ¿Quieres conducir? – preguntó él.
- ¿En serio? Pensé que no te gustaba que nadie condujese tu coche.
- Estoy muy feliz ahora mismo – dijo él agarrándola por la cintura y pegándola a él. – Así que creo que podré hacer una excepción – susurró contra sus labios, mientras le daba un golpecito a la nariz de ella con la suya.
- Lo que estás es haciéndome la pelota para preparar el terreno y no tener que dormir hoy en el sofá… - respondió ella también en un susurro mientras acariciaba el pelo de la nuca suavemente.
- Puede… - respondió él con una sonrisa mientras bajaba una de sus manos hasta el trasero de ella y la besaba de una forma perfectamente equilibrada, entre lo tierno y lo apasionada, haciendo que Emma se quedase sin aliento.
Cuando se separaron, ambos respiraban pesadamente, mientras se miraban fijamente, sin creerse la suerte que tenían por estar juntos.
- Vámonos a casa, amor.
