CAPÍTULO 20:
Killian despertó con la alarma de su despertador, indicándole que era hora de levantarse para ir a trabajar. A su lado, Emma gruñó y enterró su cabeza contra la almohada, haciendo que a él se le escapase una risa por lo bajo.
Se desenredó de sus brazos y sus piernas y salió de la cama sin hacer ruido mientras seguía aguantando la risa. Si algo había aprendido durante estas tres semanas, es que Emma era una ladrona de mantas y de espacio en la cama, pero él estaba más que satisfecho con la situación, aunque aprovechaba cualquier momento para recordárselo y pincharla.
Entró en el baño y fue hacia la ducha, abriendo los grifos de agua caliente y fría. Mientras esperaba a que ésta saliese en la temperatura perfecta, se miró al espejo. Su cara reflejaba totalmente cómo se sentía últimamente. Estaba feliz. Pletórico.
Al ver todas las cosas de aseo de Emma mezcladas con las suyas en el mueble de encima de la pileta, su sonrisa aún se hizo más grande. Su neceser, su cepillo de dientes, su crema hidratante corporal, su maquillaje… Todo estaba allí entre sus cosas. De igual manera, su ropa invadía el armario, así como su libro favorito se había ganado un puesto en la mesilla de noche. También en la cocina se notaba su presencia en la casa. Killian siempre había presumido de ser el típico chico soltero que se defendía muy bien en la cocina y que comía siempre sano. Desde que Emma había comenzado a pasar tiempo con él en casa, chucherías y porquerías varias habían invadido sus estanterías. Chocolatinas, helados de diferentes sabores, cacao y canela. La cocina ahora olía siempre a canela.
Se sacó la ropa y se metió en la ducha, enjabonándose rápidamente el cuerpo y el pelo para prepararse para el trabajo. Después de unos minutos, cerró el agua y salió, envolviendo una toalla en su cintura, mientras con otra más pequeña se secaba la humedad del pelo.
Se dirigió de nuevo a la habitación y vio que Emma ya estaba despierta, mirándolo con una sonrisa tierna desde la cama.
- Buenos días, amor – dijo él correspondiéndole a la sonrisa. - ¿Qué tal has dormido?
- Muy bien – respondió ella estirando los brazos por encima de su cabeza, haciendo que la sábana se escurriese hacia abajo y dejase entrever sus desnudos pechos, que habían quedado sin tapar después de la estenuosa actividad de ayer a la noche.
- Si tuviera tiempo… - dijo él mientras se mordía el labio inferior, conteniendo el gemido que escapaba por salir.
Ella dejó escapar una risita, mientras se frotaba los ojos y se ataba el pelo en lo alto de la coronilla en un moño despeinado. Después, se levantó de la cama completamente desnuda y caminó hacia el armario, donde cogió rápidamente ropa interior limpia y una de tantas camisas que le iba robando a Killian periódicamente. Una vez se vistió, ante la atenta y lujuriosa mirada de él, se acercó y le rodeó el cuello con los brazos, acercándolo todo lo humanamente posible para darle un beso de buenos días en condiciones.
- Mmmm… - gimió ella mientras se separaba de él. – Alquien ha usado mi gel de ducha – comentó mientras hundía su nariz en el cuello e inspiraba profundamente.
- El mío se acaba de terminar – explicó él, mientras le correspondía dándole un beso en lo alto de la cabeza. – Tenemos que acordarnos de comprar más cuando vayamos a hacer la compra a la tarde.
Emma se quedó mirándolo mientras se quedaba maravillada de lo doméstico de la situación. La verdad era que si se paraba a pensarlo, llevaba prácticamente tres semanas viviendo con él. Pasaba por casa de vez en cuando, sobre todo para coger ropa limpia y cosas de aseo. Al principio, David siempre protestaba, diciendo que por más que entendía y aprobaba su relación, no le gustaba que pasasen todas las noches juntos, pero de una manera o de otra, Emma siempre encontraba una excusa perfecta para quedarse a dormir con Killian, así que poco a poco, su hermano dejó de protestar y maldecir por lo bajo.
- ¿Es hoy esa reunión tan importante de la que me has hablado? – preguntó Emma.
- Sí – respondió Killian mientras rebuscaba en el armario, tratando de decidir qué camisa ponerse.
- La azul – dijo Emma desde detrás. – Da suerte – dijo guiñándole un ojo.
- ¿Da suerte? – preguntó él mientras alzaba una ceja.
- Es la que usé yo para dormir en Los Ángeles… - respondió ella con una sonrisa seductora. – Yo creo que es totalmente correcto decir que da suerte.
- No hay más que hablar – dijo él mientras se la ponía rápidamente.
- Además… - continuó ella mientras agarraba los bajos de la camisa y comenzaba a abrocharle los botones desde abajo. – Creo recordar que me dijiste que el representante de la marca era una mujer, así que créeme, le va a gustar esta camisa – susurró mientras abrochaba el último botón antes de ponerle la corbata. – Resalta mucho tus ojos – finalizó mientras tiraba de los dos extremos de la corbata hacia ella y le robaba otro beso matutino.
- Alguien se despertó cariñosa hoy… - susurró él falto de aliento, con la frente pegada a la suya.
- Para que luego te quejes… - dijo ella con un suspiro. – Si yo soy todo amor… - continuó de forma irónica, poniendo cara de inocente.
Killian no lo aguantó más y la empujó suavemente hacia la cama, haciendo que cayera en ella mientras soltaba un gritito de sorpresa. Después se puso encima de ella, mientras ésta se retorcía y se reía a carcajadas. Le besó el cuello una y otra vez, bajando poco a poco, hasta la parte superior de sus pechos, haciendo que las risas cambiasen por gemidos.
- No tienes tiempo, Killian – dijo ella falta de aliento mientras le acariciaba el pelo y le daba un pequeño tirón para separarlo de su pecho y hacer que la mirara.
- Ya lo sé… - dijo él gruñendo contra su piel. – Pero me apetece mucho… - susurró. – Eres como una sirena.
- Si la culpa será mía… - dijo ella con una sonrisa, mientras le daba un manotazo en el hombro.
Él la miró totalmente embelesado, con los ojos brillantes de emoción.
- No te haces una idea de cuánto te quiero, Emma – dijo de repente muy serio.
- Me hago una idea, créeme – respondió ella mientras le acariciaba la cara. – Porque yo te quiero igual o más.
Killian le contestó con una sonrisa de oreja a oreja y finalmente, con mucho esfuerzo y fuerza de voluntad, se levantó de encima de ella y continuó vistiéndose, mientras ella se levantaba también e iba hacia el baño.
- ¿Pones tú el café? – se escuchó su voz desde allí. – Yo haré las tostadas mientras tú revisas tus papeles para la reunión.
- Perfecto, amor – dijo él a través de la puerta, mientras iba de camino a la cocina.
Puso todo en marcha para que el café comenzase a hacerse, mientras sacaba cosas de la nevera que seguramente Emma utilizase para hacer el desayuno.
- ¿Qué quieres tomar con las tostadas? – preguntó ella de repente, rodeándole la cintura con los brazos.
- ¿Qué me ofreces? – preguntó él girándose en sus brazos y dándole un beso en la punta de la nariz.
- ¿Huevos y aguacate?
- Me parece bien.
- Marchando – dijo ella con una sonrisa, mientras lo empujaba con la cadera cariñosamente para que saliese del medio. – Siéntate. Yo lo preparo. No quiero que te manches.
- Ni que me estuviese siempre manchando… - dijo él haciéndose el indignado.
- Killian… - comenzó ella mientras se daba la vuelta. – Si todas las manchas de tu ropa, fueran medallas y galones, a estas alturas ya serías Capitán por lo menos… - broméo ella mientras aguantaba la risa.
- Repite eso si te atreves, amor – dijo él arrinconándola contra la encimera.
- Serías Capitán – dijo ella entre risas.
- Ahora que lo dices, no suena nada mal esa palabra en tus labios… - contestó él mientras se acercaba para besarla.
Su momento fue interrumpido por el teléfono de Killian que comenzó a sonar una y otra vez como si no hubiera mañana. Él gruñó mientras se separaba de Emma y miró en la pantalla de quién se trataba. Su rostro cambió enseguida y su corazón comenzó a latir con fuerza. Era la llamada que llevaba ya días esperando.
- Tengo que atender, ¿vale? – dijo muy serio.
- Claro – dijo Emma acariciándole el brazo. - ¿Todo bien?
- Sí, sí – dijo él con una tensa sonrisa. – Será sólo un momento – dijo mientras se dirigía a la habitación para hablar a solas con quien fuera que lo había llamado.
Emma se quedó en la cocina, terminando de hacer el desayuno, mientras en su cabeza no podía evitar seguir dándole vueltas a quién podía estar al otro lado del teléfono hablando con Killian. Normalmente él nunca tenía reparo en hablar delante de ella con quien fuera, con lo que el hecho de que se hubiera recluido en la habitación era raro.
Después de unos minutos, cuando el desayuno ya estaba listo y servido en la mesa, Killian salió de la habitación.
- ¿Ha pasado algo? – preguntó Emma mientras daba un bocado a su tostada.
- No, nada de eso, amor – la tranquilizó Emma mientras apoyaba una mano en su rodilla y se disponía él también a comer. – Era del trabajo. Un asunto sin importancia.
Emma sabía que estaba mintiendo, o al menos que no estaba diciendo toda la verdad, pero en lugar de presionarlo y provocar una discusión tonta, decidió confiar en él y dejarlo que le contase las cosas cuando él considerase. Sabía que finalmente acabaría haciéndolo, sólo tenía que ser paciente y esperar.
Cuando Killian se marchó a trabajar, Emma se quedó en casa con el ordenador, terminando papeleo y gestiones necesarias para cuando se mudase a Nueva York. Las clases no comenzaban hasta dentro de un mes, pero ella tenía pensado marcharse en dos semanas, para tener otras dos para acostumbrarse a la ciudad y acomodarse a ella. Y así hacer la mudanza con tranquilidad y sin prisas. Al principio, había mirado varias residencias, pero al final, dado que Killian tenía pensado hacerle muchas visitas, se había decantado por coger parte del dinero que sus padres le habían dejado con el permiso de sus dos hermanos y con él coger un pequeño apartamento cerca de la Universidad. No era barato, pero le permitiría aprovechar mucho más el tiempo y tener su propio espacio para cuando su chico fuera a verla. Tenía tres preseleccionados que le encantaban. David había dicho que cualquiera de ellos era una opción maravillosa. Ahora sólo quería enseñárselos a Killian y ver qué pensaba él. Los dejó guardados en la pestaña de "favoritos" y cerró el ordenador, dirigiéndose hacia la habitación para vestirse rápidamente y comenzar ella también el día.
/
Killian salió del trabajo a la hora de comer y decidió avisar a Emma de que hoy no le daba tiempo a comer con ella. En su lugar, llamó a David y lo citó en el restaurante al que siempre iban enfrente de su oficina cuando tenían que hablar de algún tema importante. Hoy era uno de esos días. Tenía que hablar urgentemente con su mejor amigo y pedirle su opinión.
Estaba nervioso esperando en la puerta, cuando de repente, David apareció.
- ¡Hola! – lo saludó con un golpecito amistoso en el hombro, que hizo que Killian se sobresaltase un poco. - ¿Qué pasa? Tu llamada me ha preocupado. Ya sabes que a este restaurante sólo venimos a tratar temas serios… Una de las últimas veces fue cuando hace dos años y medio le pedí a Mary Margaret que se casara conmigo… - continuó. - ¡Espera! ¿Ha pasado algo con Emma? Como la hayas dejado embarazada… - advirtió con el dedito acusador levantado.
- ¡Nada de eso, por Dios! – dijo Killian rápidamente. - ¡Toca madera! – dijo mientras se tocaba la cabeza con dos dedos. – Pero sí, tienes razón, necesito consejo con un tema.
- Claro, lo que sea – respondió David serio. – Pasemos y hablemos.
Se sentaron a la mesa de siempre y sólo con un gesto, el camarero ya supo lo que querían. Después de todo, aunque ahora ya hacía un tiempo que no venían, durante una temporada era algo casi semanal, con lo que el camarero, que seguía siendo el de siempre, conocía perfectamente sus platos y bebidas preferidas.
- Bueno, dispara, ¿qué ha pasado?
- Hoy he recibido una llamada importante por la mañana… - comenzó Killian nervioso.
- ¿De qué se trata?
- Verás, sabes que Emma se va en un par de semanas a Nueva York…
- Sí, claro, para preparar todo para la Universidad…
- Pues, verás, sé que dijimos que ella iba a ir y que yo iría a verla siempre que pudiese y que lo lograríamos, que todas las parejas sufren algo así en algún momento…
- ¿A dónde quieres llegar?
- Pues que he hecho una entrevista de trabajo para una agencia de publicidad de Nueva York… Y hoy me han llamado y me han aceptado.
- No entiendo.
- El puesto es muy bueno, más responsabilidades que el que tengo aquí y el sueldo también es mucho mejor… - continuó explicándose él.
- ¿Y entonces cuál es el problema? – preguntó David con el ceño fruncido. – Porque yo hasta ahora sólo le veo ventajas.
- Pues que lo he hecho a espaldas de Emma… - resopló Killian. – Pero es que la idea de estar cuatro años sólo viéndonos un fin de semana al mes… ¡pues no me atrae en absoluto!
- ¿Y por qué no le has dicho nada?
- Pues porque ella está emocionada con comenzar su vida universitaria y en cierto modo, me da la impresión de que yo sería un estorbo allí…
- No creo que ella piense eso…
- No sé, Dave… No quiero que piense que no confío en ella y en lo que siente por mí otra vez… Ya tuvimos esa discusión anteriormente y créeme cuando te digo que no acabamos bien… De hecho, yo acabé en un avión de vuelta a casa y ella en Oxford sola. Me pasé cuatro meses y pico sin verla ni hablar con ella… No creo que lo soportara otra vez…
- Yo creo que es algo que tienes que hablar con ella, Killian… Es una decisión que os afecta a ambos y si de verdad quieres que esta relación vaya para largo…
- Es lo que más quiero en el mundo – interrumpió él muy serio.
- Pues entonces, termina de comer y lo que tengas que hacer en el trabajo, y vete a casa a hablar con ella.
- ¿Y si dice que no quiere que vaya? – preguntó Killian con miedo.
- En ese caso… tendrás que darle algo de espacio e intentarlo más adelante… Ya sabes, ir tanteando el terreno para ver qué va opinando ella con el tiempo... Pero, sinceramente, Killian, no creo que ella tenga ningún tipo de problema en que te vayas con ella.
- Espero que tengas razón…
Siguieron la comida con calma, hablando de otros temas. David trataba de animar a su mejor amigo y hacerlo pensar en otras cosas.
Hacía un par de días mientras miraban pisos con Emma, había tenido una conversación parecida con ella, en la que ésta también le expresaba sus miedos ante esta relación "a distancia" que iban a tener y las razones por las que necesitaba el dinero para poder tener un apartamento propio, con el espacio adecuado para cuando él fuese a verla. David la apoyó, y por eso sabía, que hoy cuando Killian le contase todo, no iba a haber ningún tipo de problema. El único problema lo iba a tener él. Ya era bastante duro decirle adiós a su hermana pequeña, ¿cómo iba a sobrevivir también sin su mejor amigo?
/
Cuando Killian llegó a casa después de trabajar, Emma no estaba allí. Le pareció raro, pero enseguida vio una nota encima de la mesa del salón:
Killian, salgo a la compra. No pude llamarte porque mi cargador se ha estropeado y estoy sin batería en el móvil.
Volveré en un rato
Te quiero
E.
Soltó la nota de nuevo encima de la mesa y fue a la habitación para ponerse cómodo mientras esperaba por Emma. Se puso el pantalón gris de chándal que utilizaba para estar por casa y una camiseta vieja de cuando iba a la universidad. Después, se sirvió un vaso con ron y se sentó en el sofá a esperar.
Una media hora después, se escuchó el ruido de la llave de Emma en la cerradura y segundos más tarde, apareció ella cargada con un montón de bolsas. Killian se levantó para ayudarla, mientras ella lo saludaba con una sonrisa y un pequeño beso en los labios.
- Gracias… - dijo ella aliviada. – Cuidado con ésa que pesa una barbaridad – dijo señalando una de las bolsas.
- ¿Con quién te crees que estás hablando, amor? – preguntó él con un tono gallito, mientras levantaba la bolsa sin ninguna dificultad. – Me ofendes –añadió a la vez que le guiñaba un ojo.
Dejaron todo encima de la mesa del salón-comedor y se dejaron caer un momento ambos en el sofá, antes de levantarse para colocar todo.
- ¿Qué tal tu día? – preguntó ella mientras se metía el pelo detrás de las orejas y se acomodaba contra Killian. - ¿La reunión ha ido bien?
- Más que bien, Swan – dijo él dándole un beso en la sien, mientras pasaba su brazo por encima de sus hombros. – Hemos conseguido que la marca firme.
- Te lo dije – respondió ella besándole el pecho. – En fin, me pongo cómoda y colocamos todo, ¿vale?
- Claro – dijo él con una sonrisa mientras la veía desaparecer y meterse en su habitación.
Bien pensado, esa habitación ya no era sólo "su" habitación. Era la habitación de ambos. Era cierto, llevaban muy poco tiempo aquí juntos, pero Killian no podía imaginárselo de otra manera. Estaba totalmente bajo el hechizo de Emma Nolan y no quería dejarla ir. Se lo contaría todo en cuanto volviese al salón con él.
- Lista –dijo ella mientras se hacía una coleta. - ¿Colocamos?
- Espera – respondió él agarrándole un brazo y tirando de ella hacia el sofá para que se sentara a su lado. – Tengo que hablar contigo.
- ¿Qué pasa? – preguntó ella con el ceño fruncido. – Estás muy raro de repente.
- A la mañana recibí una llamada – comenzó él. – Y quiero contarte de que se trata.
- Claro – respondió ella con una sonrisa.
- Hace unos días solicité un nuevo trabajo, mejor que el que tengo ahora, y hoy me han llamado para decirme que el puesto es mío si lo quiero.
- Pero eso es genial, ¿no? – dijo ella con una sonrisa en la cara. - ¿Qué problema hay?
- El trabajo es en Nueva York – susurró Killian.
Emma abrió mucha la boca sin poder creer lo que estaba escuchando. Killian estaba dispuesto a dejarlo todo para irse con ella.
- ¿Emma? Por favor, di algo – dijo él al verle la cara de sorpresa, mientras se pasaba ambas manos por el pelo, muy nervioso. – Si he ido demasiado lejos con esto y sientes que te estoy presionando…
Ella lo interrumpió con un apasionado beso, mientras se sentaba a horcajadas en su regazo.
- ¿De verdad dejarías todo para venirte conmigo? – preguntó ella con voz temblorosa.
- Sí – susurró él muy serio.
Ella se acercó de nuevo y lo besó otra vez, mientras tiraba de su camiseta hacia arriba para sacársela.
- ¿Entonces te parece bien? - preguntó él esperanzado.
- ¿Que si me parece bien? – dijo ella con los ojos llorosos. – Nunca nadie había hecho nada así por mí. Nunca.
- Te quiero, Swan – susurró él. – Y sé que llevamos poco tiempo aquí juntos, y que tú eres muy joven, y que estoy siendo egoísta al querer tenerte conmigo, pero estos días he visto lo que es estar contigo a todas horas y no quiero nada diferente. Quiero despertarme cada día a tu lado, muerto de frío porque me has quitado todas las mantas o a punto de darme un infarto porque me has empujado fuera de la cama. Quiero entrar en casa y que huela a ti. Lo quiero todo, amor. Y si eso supone tener que mudarme a Nueva York contigo… ¿dónde tengo que firmar?
Emma no sabía qué decir. Estaba al borde de ponerse a llorar después de las palabras de Killian. Ella nunca era capaz de hablar igual de bonito que él, pero eso no significaba que lo quisiese menos.
- Te quiero – dijo ella enterrando la cara en su cuello mientras comenzaba a sollozar. – Mucho. Yo también quiero que me despiertes todos los días con un beso en la nariz, mientras gruñes por lo bajo diciendo que soy una ladrona de calor y que protestes cuando te pongo los pies fríos contra las piernas y me riñes por andar siempre descalza y juras que me vas a comprar unas zapatillas para andar por casa, aunque después nunca lo haces porque en el fondo te gusta que me pegue a ti… - dijo empezando a reírse a la vez que lloraba, contagiándole a Killian también la risa.
- ¿Qué dices, entonces? ¿Quieres vivir conmigo en Nueva York? – preguntó Killian con una sonrisa de oreja a oreja mientras le apartaba el pelo de la cara.
- Por supuesto que sí – respondió ella antes de besarlo de nuevo. – No veo el momento de empezar una vida contigo.
Ante esta declaración de amor de Emma, Killian sólo pudo sonreír, ya que se había quedado totalmente sin palabras para variar.
- Ahora… - dijo por fin con la voz cargada de emoción, para después preguntar con voz picarona mientras la echaba hacia atrás en el sofá tratando de relajar un poco el ambiente, que se había puesto muy emotivo en los últimos minutos- ¿Por dónde íbamos?
