La adrenalina y el miedo pueden ser bastante peligrosos, impulsan a las personas a cometer cualquier cosa, con tal de que desaparezcan esas emociones. Lo peor del caso, es que ambas van de la mano. Cuando tienes miedo, instantáneamente la adrenalina corre por tus venas causando que hagas alguna acción precipitada; lo mismo sucede con la adrenalina, ya que incluso cuando no estás haciendo algo riesgoso, en algún momento puedes llegar a sentir miedo. Incluso si estar dormido, incluso si crees que no están ahí, o incluso si te niegas a sentirlas, no les importa nada de eso, ya que eres tú que las llama.

No se sabe dónde es peor sentir estas emociones, si en la realidad o en tus sueños. Lo normal sería responder la realidad, pero piensa un minuto antes de responder, que los sueños no tienen limitaciones, pues todo está dentro de tu cabeza, no hay nada que no pueda ser real en ella. Mientras corres y corres y corres de aquello que te sigue en tus sueños, no estas consienten que es eso, un sueño, por lo que solo puedes correr de aquello a lo que huyes. En tus pesadillas, sin importar cuando grites, llores, o corras, sabes que al final no valdrá de nada.

-¡Yuu-san!, ¡Yoichi-san!, ¡Mitsuba-san!, ¡Kimizuki-san!-el aire cada vez era más escaso con cada paso que daba-¡Alguien por favor!-sin embargo, no era como si detenerse fuera una opción.- ¡Ayúdenme!-sin importan cuanto gritara, al final no vendría nadie.

Un grito de espanto de ella misma fue la alarma que despertó a Shinoa de aquella pesadilla. Se encontraba acostada en cama, en una habitación del hospital publicó; usaba una camisa de algodón blanca de rayas purpuras con unos pantalones largos del mismo estampado, mientras que su cabello suelto caía por sus hombros. Miraba a todos lados con los ojos bien abiertos para confirmar que había vuelto a la realidad, gracias a Dios, así era. Se sentó como se lo permitió su espalda, que recibía punzadas de dolor por cada movimiento que hacía la peli purpura. Recordaba perfectamente lo que había causado tal dolor.

Hace unos días, Guren y su equipo se habían dirigido a Ginza en busca de unos supervivientes, sin embargo, los vampiros los habían emboscado y la misión no resulto tan fácil como pensaban. Lograron salvar a los supervivientes, o al menos a la mayoría, pues lo chupa sangre prefirieron asesinar a algunos de ellos que entregarlos a los humanos, vaya monstruos que eran.

De todos modos, la peor parte le había tocado al Shinoa.

Cómo siempre Yuu se había precipitado y termino rompiendo la formación para ir al rescate, seguido de Kimizuki y Yoichi, mientras que Shinoa y Mitsuba decidieron ir a buscar a los supervivientes que salieron corriendo espantados, ahí fue cuando sucedió. En algún momento, aunque no sabrían decir cuando, Mitsuba y Shinoa se separaron. Ambas corrían a toda velocidad mirando por todos lados, con la esperanza de encontrar a alguien, pero no hallaban a nadie. El corazón de Shinoa latía a más no poder con cada paso que daban, de solo imaginar a uno de esos chicos en manos de los vampiros le asqueaba, sin contar como se sentirían si estuvieran como ellas en ese momento, solos. Aunque estas se tenían la una a la otra, estaban armadas, y entrenadas, aún resultaba aterrador. Pero la verdad, resulta que solo contaban con sus armas y su entrenamiento, pues cuando Shinoa quiso dirigirle la palabra a Mitsuba, se dio cuenta de que no estaba ahí, la llamo, pero nadie le respondió. Shinoa entro en pánico y aumento la velocidad de sus piernas, mirando a todos lados, se dio cuenta de que no sabía dónde estaba, solo una vez había ido a Ginza aparte de esa ocasión y fue hace mucho tiempo, no conocía el territorio. Estaba perdida.

Escucho unos pasos acercándose a toda velocidad. Por un momento, pensó que se trataba de Mitsuba que se había dado cuenta de la separación y la estaba buscando, sin embargo, noto como el número de pisadas aumentaba y era cada vez más cercano. No era Mitsuba, no era Yuu, no era nadie de su escuadrón. Ni siquiera era humano. Shinoa acelero el paso lo más que pudo.
El cansancio cada vez era más grande, volviendo sus pasos más pesados con cada pisada que daba, pero aun así, Shinoa no paro. El miedo nublaba su mente y la adrenalina hacía su corazón latir demasiado rápido, estaba aterrada. Cero ideas, cero planes, cero estrategias, solo se le ocurrió gritar.

-¡Yuu-san!, ¡Yoichi-san!, ¡Mitsuba-san!, ¡Kimizuki-san!-el aire cada vez era más escaso-¡Alguien por favor!-sin embargo, no era como si detenerse fuera una opción.- ¡Ayúdenme!-sin importan cuanto gritara Shinoa, al final no vendría nadie.

-Te encontré-dijo una voz juguetona tomando su hombro.

Oh al menos, no en su ayuda.

Tres vampiros; dos promedio, un noble, y una Shinoa indefensa, esto no terminaría bien. Ni siquiera se resistió, porque en el momento en que el chupasangre puso una mano en su hombro, Shinoa sabía que estaba perdida. Su guadaña salió volando de un solo golpe del noble, ni siquiera pudo ver donde cayó, ¿Siquiera importaba? Podía estar a dos pasos de ella y el vampiro no le permitiría tomarla.

-"Es el fin"-pensó Shinoa para si misma.

De un golpe, la tumbaron en el suelo y comenzaron su festín; uno mordió su cuello, otro su hombro derecho, y el que quedaba fue a su muslo izquierdo. Miles de agujas se sentían perforar aquellos lugares, sentía un ardor tan fuerte que llegaba a ser frio, tan doloroso, que la las lágrimas abandonaron sus ojos. Que patético, un miembro del ejército japonés contra vampiros, una dueña de una arma demoniaca, una Hiragi, en este tipo de situación, es imperdonable. "Mi hermana nunca hubiera acabado así", pensó mientras sentía como la vista se volvía borrosa, vaya momento para pensar en eso, pero ya saben lo que dicen, cuando estas en tus últimos momentos, empiezas a reflexionar de la vida que se te escapa de las manos.

Al menos por unos momentos, Shinoa entendía como se sentía Yuu, como se sentía su hermana, como se sentía Guren, quería más poder. Solo ahora, para no tener un final como este, tan humillante, tan patético, en una misión menor, solo esta vez…

La última lagrima cayo, y los ojos de Shinoa se cerraron.

…quería poder.

-Yo… ¿Cómo estoy viva?-se preguntó Shinoa después de recordar lo sucedido.

Un vampiro es más que suficiente para tomar toda la sangre de un humano, tres ya está fuera de discusión, entonces, ¿Cómo?

-¡Shinoa!

La voz del grupo coreando su nombre al unísono la despejaron de sus pensamientos. Todos se encontraban en la puerta mirándola como si no se creyeran lo que estuvieran viendo. Al parecer, no era un par de horas lo que Shinoa llevaba dormida, eso pudo suponer por las caras de alivio que tenían sus compañeros. Una sonrisa se asomó por su rostro para luego dedicarles un saludo con su mano, acto siguiente, todos entraron a la habitación torpemente para lanzarse sobre su compañera.

Yoichi y Mitsuba estaban llorando desesperadamente, mientras que Yuu y Kimizuki trataban de conservar su orgullo aguantándose las lágrimas. Shinoa por un momento se siento mal, debieron estar muy preocupados por ella, después de todo, el ataque de tres vampiros no es nada fácil de manejar. Les hizo una seña a todos de que no podía respirar por sus abrazos, a lo que estos solo se alejaron con rapidez para luego reírse como idiotas. Shinoa estaba feliz, ya que durante el ataque de los chupasangres, pensó que no viviría para tener un momento como este. Pero incluso entre todas las risas y llantos de sus compañeros, no pudo evitar preguntar:

-Chicos, ¿Ustedes me salvaron?

Las sonrisas de se desvanecieron y fueron reemplazadas con expresiones vacías, Shinoa se sorprendió por el repentino cambio de ambiente, se sentía confundida, si ella se encontraba bien, ¿Por qué ponían esas caras tan tristes?

-Nosotros no te salvamos-comenzó a habla Yuu apretando los puños-incluso cuando yo fui el principal causante de lo que sucedió, no pude hacer nada para protegerte.

-¡Eso no es-!

-Y yo-Mitsuba interrumpió a Shinoa en la mitad de su protesta-se supone que soy la líder del equipo, y aun así, me separe de ti en un momento crucial-Mitsuba bajo su cabeza en señal de disculpa, mientras que unas lágrimas bajaron de su rostro al piso-¡lo lamento!

Kimizuki y Yoichi no dijeron nada, pero sus rostros reflejaban suficiente culpa como para saber que si deseaban disculparse, pero sabían que de hacerlo, harían que Shinoa se sintiera peor. No era culpa de nadie, los equipos se separan todo el tiempo durante las misiones, es el deber de cada uno cuidar de sí mismo en esas situaciones, para eso se les entrena.

-No es culpa de nadie-Mitsuba y Yuu hicieron ademan de contradecirla pero esta solo continuo hablando-incluso si hubiera estado acompañada por Mitsuba o si en primer lugar no se hubiera roto la formación, cualquier cosa hubiera podido pasar, es mejor que solo uno de nosotros haya salido herido que haber sido todos.

-¡Por supuesto que no!-dijo Yuu al mismo tiempo que golpeaba la pared a su lado con todas sus fuerzas-el deber de nosotros es protegernos los unos a los otros, no el dejar que uno de nosotros salga herido a costa del bienestar del resto, ¡eso no es lo que hace un equipo!

Las lágrimas amenazaban con salir de los ojos de Yuu. Shinoa ni se podía imaginar el horrible estado en que la debieron de haber encontrado, ni lo terrible que se debió sentir Yuu al echarse la culpa por eso.
Shinoa tomo con delicadeza la mano de Yuu y le dedico una sonrisa.

-En ese caso, no nos separemos la próxima vez, ¿De acuerdo?

El rostro de Yuu tomo un pequeño sonrojo, por lo que desvió la mirada para evitar que Shinoa lo notara y luego simplemente asintió al comentario de esta. Mitsuba observaba la escena con un pequeño nudo en el estómago. "Este no es el momento para pensar en este tipo de cosas", pensó para sí misma mientras evitaba ver la escena.

-Entonces chicos, si no fueron ustedes, ¿Quién me salvo?

-Yo lo hice-dijo una voz perfectamente conocida para Shinoa.

Tuntún, tuntún, tuntún. Un fuerte golpeteo comenzó a sonar en el pecho de Shinoa, seguido de un ligero temblor que recorría todo su cuerpo. Yuu la miro extrañado al notar el repentino temblor que había surgido en su mano, al darse cuenta de la mirada de este, Shinoa retiro su mano enseguida. Guren observaba la escena desde la puerta de la habitación, y no se le veía muy contento que digamos, mientras que la Shinoa trago fuerte para conservar la calma. Era una reacción bastante tonta; él era su capitán al mando, lo normal sería rescatar a sus subordinados en problemas, lo que sucedió antes entre ellos no había influido en nada, pues ellos no eran nada.

-Necesito hablar con Shinoa a solas de lo ocurrido, salgan de la habitación de inmediato-ordeno el capitán con voz firme.

-Capitán Guren, no creo que Shinoa esté preparada para hablar de eso tan pronto-protesto Mitsuba- no sería mejor darle tiempo par-

-¡Es una orden!-grito Guren con enojo-¡Ahora largo de aquí mocosos!

Todos se miraron impactados entre sí para luego retirarse, el último en salir fue Yuu, que le dedico una mirada desconfiada a Guren antes de salir. "¿Por qué Shinoa se puso a temblar cuando Guren apareció?", era lo única que cruzaba por la cabeza del caza vampiros antes de salir.

Cuando por fin se quedaron solos, Guren se acercó a paso lento a la cama de Shinoa, mientras esta solo lo miraba a los ojos mientras se acercaba. Para ser sincera, solo quería ocultarse bajo sus sabanas y hacerse la dormida para no confrontarlo, pero no era algo que podía hacer en ese momento. Tenía que recibir el reproche que estaba segura que Guren le daría, sin importar que tan fuerte fuera.

Después de mil años (o así lo sintió Shinoa), Guren llego al lado de la cama de esta, a unos pocos centímetros de distancia, tomo el cuello de la camisa de Shinoa y la alzo su rostro. Shinoa sentía como su espalda recibía punzadas de dolor por la el brusco movimiento, y lo reflejaba muy bien por las muecas de dolor que hacía, pero Guren no le dio importancia por lo molesto que estaba.

-¡Pequeña mocosa estúpida!, ¿Acaso te has vuelto loca?-grito con todas sus fuerzas-Separarte del grupo en un territorio desconocido cuando hay vampiros sueltos por doquier, ¡ninguna persona cuerda haría semejante locura! ¿Acaso quieres morir?

Shinoa solo guardo silencio mientras mirada a los ojos a su enojado capitán. No tenía derecho a contradecirlo, ni a quejarse, todo lo que estaba diciendo ella se lo merecía. Aunque esperaba impaciente que este acabara, pues su espalda aun dolía, y quería descansar, sin mencionar que (aunque no lo quisiera admitir), se sentía algo atemorizada de Guren en ese momento. Se comportaba como otra persona cuando cumplía su papel como capitán, y no era para nada agradable.

Guren por su parte, sentía que podía durar todo el día gritándole y su ira no se apaciguaría. De solo recordar lo que había sucedido, su estómago daba vueltas, ¿Cómo es posible que haya puesto en peligro su vida de esa forma? Cuando la rescato, estaba con los nervios de punta, pues de no ser por el débil latir que aún existía en su pecho, juraría que había encontrado un cadáver más; tan pelado y frio como uno, y tan liviano que se sentía como papel, lo peor de todo, eran las lágrimas la que mantenían su rostro húmedo. Toda su ira recayó en el escuadrón de la chica, en especial, en el tonto que empezó rompiendo la formación. Les grito a todos, a tal punto de hacerlos sentirse como la más baja escoria, incluso de hacerlos llorar, pero a Yuu, no se había conformado con solo gritarle, había llegado a un punto en el que iba a liberar a Mahiro solo para matar al chico frente de él, ni siquiera el mismo Guren se reconocía en ese momento. De no haber sido detenido por el resto del equipo que los acompañaba, quizás no fuera Shinoa la única hospitalizada.

Shinoa no pudo aguantar más y soltó un pequeño quejido, haciéndole recordar a Guren que aún estaba herida, y él se encontraba casi ahorcándola, por lo que la soltó y esta cayó en la cama. La peli purpura tocio un par de veces para recuperar el aliento y luego arreglar su camisa arrugada. Guren fue algo brusco con ella, y lo sabía, pero no podía evitarlo. Cada vez que la vez que la veía, fijaba sus ojos en las marcas de mordidas en su cuello y le proporcionaba nauseas, por lo que prefería no dirigirle la mirada. Shinoa por su parte, tenía muy claro que debía disculparse por lo sucedido.

-Estoy consciente que mis acciones pusieron en peligro mi vida y la de mis compañeros,-comenzó a hablar, pero Guren aún no la mirada, esta no le dio importancia y continuo-no tengo palabras para justificar lo que eh hecho. De no ser por usted, ahora mismo no estuviera con vida-soltó una pequeña carcajada, aunque la verdad no tenía ganas de reír-La verdad, aun no sé cómo estoy viva, juraba que cada gota de sangre había abandonado mi cuerpo antes de perder la conciencia-sus manos empezaron a temblar- fui ingenua al creer que yo y Mitsuba podíamos rescatar a los sobrevivientes que restaban, siendo tan débiles. Pero… me alegro de que lograran salvar a la mayoría de los sobrevivientes-las lágrimas comenzaron a humedecer sus ojos-¡Capitán Guren, lamento casi estropear la misión por mi incompetencia!

-¡No jodas conmigo!-grito Guren, exaltando a Shinoa-¿Estropear la misión? ¡Tu vida es la que importa pequeña imbécil!-comenzó a apretar sus puños para evitar explotar-¿Crees que es fácil para mi encontrar a uno de mis subordinados siendo devorado por tres asquerosos chupasangres al punto de ser casi un cadáver? ¡La única razón por la que estas con vida es porque el demonio no quiso que fueras a joderlo tan pronto!
La misión que se joda, los sobrevivientes que se jodan, los compañeros que se jodan, ¡todo que se joda!, ¡si no puedes proteger tu propia vida no intentes proteger la de los demás, pequeña mocosa de mierda!

Reino un silencio de ultratumba.
Shinoa no movió ni un musculo, ni dijo una palabra. Solo se quedó observando a su capitán, el cual jadeaba para recuperar el aire que había huido de sus pulmones después de aquel fuerte regaño. Shinoa bajo su cabeza despacio y apretó con fuerza las sabanas con sus manos, luego, lloro. Lloro, lloro y siguió llorando, como no había llorado mientras corría en busca de ayuda, como no lo hizo cuando los vampiros la atacaron, ni tampoco cuando vio a sus compañeros después de pensar que jamás los vería otra vez, lloro para compensar todas esas lagrimas que reprimió en esos momentos, pues se había prohibido a si misma hacerlo. Los Hiragi eran un clan fuerte, cruel e inhumano en ocasiones, por lo cual se negaban a ser débiles, y una de las cosas que consideran débiles de los humanos, es llorar. Era lo que le faltaba a Shinoa en aquellos momentos, así, podría al fin deshacerse de aquel dolor que le oprimía el pecho, era lo que necesitaba.

Unos brazos fuertes y cálidos envolvieron a Shinoa sin esta darse cuenta, un agradable olor a perfume apoderarse de su nariz; el abrazo era fuerte, pero a la vez se seguro, como si estuviera siendo protegida, se sentía confortable. Aun así, no se sentía merecedora de aquel abrazo, pero a la vez no quería separarse, vaya contradicción.

-Capitán…Guren…-Shinoa no sabía que decir respecto a lo que estaba pasando.

-Cállate-dijo Guren en voz baja contra la oreja de Shinoa-eres menos molestas cuando mantienes la boca cerrada-levanto una de sus manos y acaricio el cabello de Shinoa-Solo… cállate.

Acaricio el cabello de Shinoa con ternura y delicadeza, como si tuviera miedo de romperla de no hacerlo así. Como si fuera algo que solo él deseaba cuidar.

-Yo… ¿Te preocupe?-pregunto Shinoa prácticamente en susurros.

Guren se quedó en silencio un minuto, lo cual hizo que Shinoa pensara que había ignorado la pregunta, bueno, no era raro en él. Sim embargo, Guren bajo su cabeza un poco y deposito un suave beso en la frente de Shinoa, dejando sus labios pegados a su frente durante unos momentos, los cuales, por alguna razón, querían que duraran para siempre. "¿Qué pregunta estúpida estás haciendo mocosa? Por supuesto que estaba preocupado", pensó Guren en responder Guren, aunque en lugar de eso, prefirió quedarse en silencio con Shinoa aun en sus brazos. Shinoa por su parte, sintió como sus mejillas ardían y su corazón latía como loco, avergonzado, pero aun así, solo continuo llorando, aunque esta vez, no sabía si aquellas lágrimas eran de tristeza o de felicidad.

Mientras que una puerta que llevaba minutos entre abierta, fue cerrada por la mano de un espectador que la parejita no había notado.