En medio de reflectores, de gritos, aplausos y suplicas. Ese era ahora siempre su escenario habitual. Nadie podía negar que tenía una buena entonación, su habilidad con la guitarra era ahora mejor y era atractivo también, no había manera de que alguien como él no se volviera popular en poco tiempo. Eso en opinión de muchos críticos y fans.

Para Karamatsu no era la gran cosa. Tal vez al principio aceptó de buena gana la propuesta de Atsushi, en gran parte fue porque llevaba meses sin poder conseguir y mantener un trabajo por más de dos semanas. Era una situación que estaba molestando a Chibita, con quien se había quedado después de dejar la casa de sus padres.

Cada atardecer, cuando tenía otro fracaso en alguno de los muchos empleos que tuvo, se quedaba en el parque público para entonar alguna de las muchas canciones que pudo componer mientras estaba en casa de sus padres. Siempre las cantaba con el corazón pues sus sentimientos seguían a flor de piel, mucho más por no poder verlo a diario y no saber si se encontraba o no bien.

Gracias a esa actividad conseguía llevar algo de dinero a casa para justificar su estadía ahí, aunque sabía que no era suficiente. No podía seguir viviendo para siempre de la limosna de la gente si quería avanzar y cambiar como todos sus hermanos. Incluso Osomatsu había conseguido un empleo de media jornada después de un tiempo, aunque él no salió de casa de sus padres.

Una tarde, cuando Atsushi y Todomatsu caminaban por ahí en una de sus citas lo descubrieron mientras cantaba por algo de dinero. Karamatsu no disimuló su sorpresa al verlos ahí, no porque ellos estaban saliendo, su hermano menor les había hecho saber de su orientación sexual desde meses atrás y tampoco fue algo que les sorprendió después de todo. No, la sorpresa fue porque no esperó que alguno de sus hermanos se diera cuenta que no podía salir adelante él solo.

Atsushi se mostró interesado en la canción que pudo escuchar antes de que parara y pidió que continuara. Tampoco le tomó mucho tiempo interesarse en él y su voz, le veía potencial aunque Todomatsu pensaba que estaba exagerando con tantas adulaciones.

Claro que su ascenso fue lento aunque firme. Pronto pudo decir con orgullo que estaba haciendo algo con su vida además de ser algo que disfrutaba de verdad.

En las reuniones que tenía constantemente con sus hermanos para ponerse al tanto de sus vidas, sentía el apoyo de todos, fue cuando se separaron que todos ellos dejaron de apartarlo e ignorarlo como siempre hacían.

Por medio de estas reuniones se daba cuenta de que sus hermanos eran más fuertes de lo que aparentaban. Siempre confió en todos, sobre todo en Choromatsu, pero nunca dejó de preocuparse por todos. Por eso se alegraba cuando todos ellos cumplían sus metas. Hubo celebración cuando Jyushimatsu consiguió entrar a la facultad de medicina y con una de las calificaciones más altas. Cuando Choromatsu entró a la academia de policía, con Todomatsu al anunciar su compromiso con Atsushi con quien tenía ya unos meses de relación en secreto. Sobre todo se alegró al saber que Osomatsu había conseguido un empleo de medio tiempo. Al ser el más afectado con la separación, estaba feliz de que al fin saliera adelante y aceptara que ya no eran niños.

Quien nunca decía nada era Ichimatsu. Todos sabían que de todos, él era quien más problemas tendría para desenvolverse en la sociedad, pero decidieron mantenerse al margen y confiar en él, podía hacerlo como todos lo consiguieron, solo necesitaba confiar en que lo lograría. Sin embargo a Karamatsu no dejaba de preocuparlo que estuviera cada vez más delgado y pálido. A pesar de que decía que estaba bien y que tenía un empleo, del que nunca decía de qué se trataba, podían ver que estaba enfermando.

Nunca quiso atosigarlo con sus preguntas pues sabía que no era del todo del agrado del menor, tampoco tenía un teléfono a donde llamarlo después de todo, con la excusa de que eran una molestia, Ichimatsu siempre se negó a adquirir alguno, no tenía medio para comunicarse con él, ni una dirección.

Deseó haber insistido más cuando se negaba.

La puerta del departamento se abrió en ese momento volviendo a sacarlo de sus recuerdos. Era lo mejor, pues de nuevo se estaban tornando negros. Se dio la vuelta para saludar a quien había llegado, ya sabía quién era así que la recibió con una sonrisa.

—Bienvenida, cariño, ¿cómo te fue?

—Bastante bien —saludó ella.

Era una mujer de cabello largo y negro con una expresión más bien cansada en el rostro y una mirada penetrante. Era su prometida desde casi un mes atrás, se desvivía por ella. Ichiko. Ella se acercó también para saludarlo con un beso en los labios

—Apestas, Karamatsu —dijo apartándose de golpe—, date un baño.

Él se quedó de piedra por semejante insulto cuando apenas había llegado después de un par de semanas ausente debido a su carrera como modelo, pero inmediatamente después sonrió. Ella era así y fue una de las razones por las que se enamoró de ella.

—Enseguida iré —se acercó de nuevo y tomó la maleta que había dejado justo en la puerta para dejarla junto a la mesa—, imagino que estás agotada, te prepararé algo de comer apenas me duche.

—Lo estoy.

Ella soltó su cabello y lo removió para que tomara forma alrededor de su rostro, enmarcando sus ojos. Con el movimiento dejó que un leve rastro de su shampoo de lavanda llegara hasta el olfato de Karamatsu. Él lo aspiró con gusto después de tanto tiempo sin poder disfrutarlo.

Con una sonrisa se acercó a ella y la besó de vuelta. Quería amarla, ella era una buena chica, era dulce aunque prefiriera mostrarse dura y distante, pero él ya había conocido esa cara que ocultaba de todos y había quedado prendado. Ella era perfecta para él y a pesar de haberle propuesto matrimonio no la amaba, la apreciaba y quería mucho, pero sabía que no era amor.

—¿Qué sucede contigo? —sonrió con dulzura cuando terminó el beso.

—¿No puedo besar a mi prometida?

El rostro de Ichiko enrojeció por ese comentario e intentó apartarse de nuevo, pero él no se lo permitió.

—Te extrañé, es todo —Fue lo que dijo él acariciando su cabello.

—Eres tan cursi —Se quejó utilizando toda su fuerza para apartarse al fin. Se detuvo a unos pasos y le devolvió la mirada, aún estaba sonrojada pero mantenía una sonrisa en el rostro—. Yo también te extrañé.

Inmediatamente desapareció tras la puerta de la habitación que compartían, seguramente se pondría más cómoda.

Karamatsu se sentó en un sofá y observó el abrigo que dejó en el perchero. Por alguna razón le parecía que no debería estar ahí. Era un abrigo elegante, le gustaba mucho observarla mientras lo portaba pues parecía resaltar todo de ella, pero verlo ahora le hacía sentir bastante incómodo. Ella era una mujer reservada y elegante, muchas veces se preguntó por qué había aceptado su cortejo si eran tan diferentes, pero se alegraba de haber conseguido su atención y corazón.

Por su parte, se había acercado a ella porque su mirada cansada le recordó tanto a la de Ichimatsu. Fue en una de las muchas fiestas a las que asistía gracias a Atsushi y su idea de hacer contactos en el medio. Ella estaba apartada de todos y parecía triste mientras observaba su bebida en la mesa. Decía haber venido con amigas pero ellas demasiado ocupadas con sus respectivas parejas por lo que Karamatsu no perdió la oportunidad de acercarse y hacerle compañía.

Todomatsu le había dicho que la única razón por la que ella no lo rechazó fue porque no se comportó como un patán como lo hacía con otras, esa actuación no había desaparecido del todo en esa época. Tal vez no se había comportado como un idiota porque ella lo intimidó desde el principio, no de una manera atemorizante, sino porque esos ojos tan parecidos a los de Ichimatsu lo dejaron aturdido.

Poco después descubrió que no solo era su mirada sino también su personalidad, un cascaron frío y oscuros que ocultaba sentimientos hermosos y muchos temores. Tal vez Osomatsu tenía razón al decir que eran iguales, aunque físicamente no era así. También tenía razón al pensar que era una situación enfermiza, pero era la manera que tenía para desahogar los sentimientos acumulados en su interior.

Ella salió pronto de la habitación y se recostó a su lado en el sofá. Vestía ropa holgada y oscura, por alguna razón todo su guardarropa tenía ropas en esos tonos, la mayoría negras. Siendo modelo, Karamatsu esperaría que tuviera prendas de todos los colores existentes en extrañas combinaciones que no entendía.

Pasaron mucho tiempo así, en silencio. No eran incómodos ni mucho menos, su relación estaba ya lo suficientemente avanzada como para poder disfrutar de su mutua compañía sin necesidad de decir alguna palabra. Ella mantenía los ojos cerrados mientras él seguía con la mirada fija en el abrigo, perdido en sus recuerdos.

—Totty me dijo que no asististe de nuevo —Fue ella quien rompió el silencio, y de inmediato la atmósfera se volvió tensa e incómoda—, ¿por qué no?

—Aun no estoy listo.

Ella sabía de Ichimatsu, sabía que había muerto y también de la resistencia que tenía su prometido por regresar a casa y ver a sus hermanos, le había dicho que habían tenido un fuerte malentendido, pero nada más. Ella aun no los conocía, además de Todomatsu, y no era lo que le importaba, pero ya tenían poco menos de tres años saliendo y en ese tiempo nunca se mencionaba ese hecho. Si supo de Ichimatsu fue por accidente, por una discusión que tuvo con Todomatsu y de la que después pidió explicaciones. A partir de ahí fue más frecuente que el hermano fallecido saliera a conversación, pero siempre era un tema delicado y que dejaba a Karamatsu con un pésimo humor por varios días.

—No sé qué habrá pasado entre ustedes —murmuró tomando una mejor posición en el asiento para poder tomar sus mejillas—, pero es demasiado el tiempo que te estás tomando, Karamatsu, y quiero que…

—Superarlo —Repitió la palabra con un tono amargo.

Detestaba que la usaran, sonaba como si debía dejar atrás sus recuerdos, todos sus sentimientos como si fueran poca cosa, como si hubieran sido parte de un capricho de un niño con berrinches. Ichimatsu no era eso, fue lo más importante en su vida.

—No digo eso, jamás se puede superar la pérdida de alguien a quien amaste tanto.

De nuevo se quedó de piedra. Ella siempre era así, cuando hablaba con él era como si mirara a través de todas las barreras que había construido con el paso de los años y eso lo incomodaba un poco.

—Solo digo que debes aprender a lidiar con eso de una manera más sana. Ellos también son sus hermanos y han podido darle frente a la situación, ¿por qué no lo intentas también?

Ella era tan dulce, tan diferente a la chica fría y ofensiva que le describieron cuando comenzaban a salir. Su consciencia no descansaba cuando recordaba que no conseguía amarla a pesar de todo lo que hacía por él. Sin embargo, ella tampoco podría comprender la razón de porque no podía avanzar tanto.

—Ichi —la llamó por el apodo que usaba con ella—, de verdad aprecio tanto lo que quieres hacer por mí, pero no me siento listo para encarar a Osomatsu después de lo que pasó.

—¿Hubo una pelea?

—…No, solo un malentendido.

—Un malentendido —repitió ella mientras se recostaba en las piernas de su novio que sonrió y acarició su cabello—, nunca has querido contarme al respecto, tampoco voy a insistir, Karamatsu, pero me preocupa que ahora ese hecho te haga más daño.

—Voy a estar bien —murmuró con dulzura—, te tengo a ti, ¿o no?

Ella era la única razón por la que todavía se mantenía a flote. De no ser por ella se hubiera rendido desde muchos años atrás.

—No vas a tenerme para siempre —dijo Ichiko después de unos segundos en silencio.

—¿De qué hablas?

De pronto comenzó a sentir una opresión en el pecho. Ella lo miraba fijamente a los ojos y no dejaba de sonreírle con esa dulzura, solo la había visto sonreír así para él y era una clara muestra de que ella si lo amaba, por eso aceptó casarse con él.

—Karamatsu, tú no me amas, ¿cierto?

Eso lo dejó congelado. No supo desmentirlo de inmediato a pesar de que había aprendido a ocultar lo que de verdad sentía desde mucho tiempo atrás.

—Perdiste a la persona que amabas desde hace mucho. —Continuó ella acariciando sus mejillas para relajarlo—. No te estoy reclamando nada, agradezco que intentaras amarme, pero ahora creo que es mejor si pones en orden tu vida, me preocupa lo que pasará ahora que no estoy contigo.

—¿Eh? ¿De qué hablas? —Preguntó alarmado mientras ella se ponía de pie—, ¿vas a dejarme? ¡No lo hagas! ¡Intento amarte, lo juro!

—Me hubiera gustado no hacerlo. De verdad lo lamento.

—¡No te vayas!— Karamatsu se levantó del sofá y corrió hasta ella, pues se acercaba a la puerta. Él sentía que si la dejaba salir ya no la vería volver nunca más y la simple idea lo aterraba—. Sin ti no sabría qué hacer.

—Kusomatsu —murmuró ella para tranquilizarlo.

Él se sorprendió, nunca lo había llamado así, nadie lo había hecho en muchos años.

—¿Puedes cantar desde el corazón otra vez? —Pidió ella con lágrimas en los ojos mientras colocaba sus manos en su pecho—, deja salir de nuevo tus sentimientos, no te sigas lastimando de esa manera.

—Ichi…ko.

—¿No era eso lo que le gustaba a Ichimatsu? Le gustaba lo que cantabas, pero ya no lo haces, has dejado de cantarle, ¿verdad?

No dijo nada, ella se acercó para besar sus mejillas y volvió a darse la vuelta. Ya no la detuvo, dejó que se marchara, de alguna manera supo que no iba a poder detenerla aunque lo intentara. Estaba perdido sin ella, si también la había perdido a ella.

—¡Karamatsu! —Llamó alguien desde muy cerca, pero no podía verlo—, Karamatsu, despierta, es hora de irnos.

Abrió los ojos en ese momento. Estaba recostado en ese mismo sofá y su hermano más pequeño se mantenía inclinado sobre él golpeando sus mejillas.

—Todomatsu —murmuró volviendo a cerrar los ojos. Su lengua se trataba.

—Rayos, estás ebrio.

No lo desmintió, se había quedado dormido bebiendo de su reserva de diferentes licores en el mini bar, solo así pudo soñar con ella otra vez.

—¿Eres idiota? Él funeral es en media hora y no te has vestido.

—No iré —dijo tajante intentando tomar una botella que se encontraba tirada en el suelo, pero le fue rápidamente arrebatada por Atsushi. Era obvio que su hermano no iba a estar ahí sin su novio después de lo violento que se había vuelto.

—Karamatsu, no seas estúpido, ¿sabes cómo afectara a tu carrera si no asistes?

—¡No me importa! —Gritó con furia.

Ese bastardo. No sabía cómo Todomatsu podía estar con alguien como él, tan frío y que solo estaba interesado en el dinero y su posición frente a la sociedad, no parecía tener un solo sentimiento dentro de su corazón. Molesto por eso y por toda la frustración acumulada, se acercó a él y lo tomó del cuello de la camisa.

—¡Me importa muy poco lo que la gente o la prensa piense de mí!

—¡Karamatsu! —llamó Todomatsu aferrando su brazo para que no lastimara a su novio.

—¡Suéltame! —Sin pensarlo mucho se dio la vuelta y con el acto golpeo el pecho del menor con su codo, lo que provocó que cayera al suelo en medio de un quejido. Él seguía siendo así: frágil.

Atsushi observó lo ocurrido y molesto volvió la vista al causante. Antes de que Karamatsu pudiera auxiliar a su hermano por lo que le había hecho, con un puñetazo, Atsushi lo hizo caer al suelo también muy cerca de Todomatsu, que de inmediato se acercó para auxiliarlo, preocupado.

—¿Eres idiota, Atsushi?

Este no le contestó, se acercó de nuevo a Karamatsu y lo tomó del cuello de la camisa para acercarlo más a su rostro. Su expresión era sombría, diferente a la relajada y distante que mantenía la mayoría del tiempo.

—Escucha, idiota, no me importa lo afectado que estés ahora por lo que pasó, no voy a dejar que lo lastimes solo porque intenta ayudarte —Lo soltó con violencia y se levantó, mirándolo con prepotencia—, eres solo un pedazo de basura, si no fuera por nosotros no hubieras llegado jamás hasta donde estás ahora.

—¡Atsushi! —Reclamó Todomatsu, enojado por la manera en cómo se dirigía a su hermano.

No justificaba la actitud de Karamatsu, pero si la entendía. Perder a su prometida de esa manera tan repentina debió ser muy duro para él, muy cerca también del aniversario de la muerte de Ichimatsu, era un estrés que no podía tolerar.

—Nos vamos, Totty, debemos justificar que esta basura no se haya presentado al funeral de su prometida.

—¡Pero no podemos dejarlo así! —Pidió mientras se ponía de pie y trataba de darle alcance.

—Volveremos después, no te preocupes, pero debemos presentarnos, al menos dejar ver nuestras condolencias.

El menor asintió, tenía razón, además también temía quedarse a solas con su hermano, seguía siendo más fuerte que él y no sabía cómo controlar los ataques de furia que tenía.

—Hermano, volveré en un par de horas, voy a cuidarte, ¿está bien?

No le dijo nada. Karamatsu mantenía los ojos cerrados, aun recostado en el suelo. Tampoco movió un músculo. Su hermano lo observó preocupado, pero no podía hacer más por él si no quería ayuda. Sin decir más los dos se marcharon, volviendo a dejar en soledad al segundo Matsuno que de inmediato comenzó a llorar, desesperado, frustrado y furioso.

Ichiko había muerto mientras se encontraba en esa sesión de fotografías por la que tuvo que viajar. Ni siquiera pudo estar con ella en sus últimos días de vida, fue tan repentino, no podía asimilarlo.

Se puso en pie por acto reflejo. Solo con el alcohol podía volver a refugiarse en sus recuerdos y sueños agradables, pero al ponerse de pie observó el abrigo en el perchero, el que ella había olvidado el día de su viaje, el mismo día en el que él estuvo tan ocupado como para no poder despedirse de ella antes de que se marchara. No se había atrevido a quitarlo de ahí.

Sin una expresión en su rostro tomó una nueva botella y caminó a su habitación.


En el siguiente capítulo se sabrá por qué Karamatsu terminó mal con sus hermanos. También habrá escenas de prostitución y lemon/incesto.

Muchas gracias por seguir mi historia.