Su carrera como solista iba en ascenso, tuvo varias presentaciones en pequeños lugares y lo habían recibido muy bien, al menos hasta que comenzaba a dirigirse a su público cuando no estaba cantando, entonces lo ignoraban y muchos de ellos se iban. Todomatsu decía que tenían que practicar mucho sobre sus expresiones y líneas, porque terminaría espantando a todos sus seguidores con su actitud dolorosa. Él no lo entendió.

Una tarde de invierno caminaba entre las calles con la intención de relajarse un poco, últimamente no había podido descansar muy bien, Atsushi era demasiado demandante, agradecía que estuviera tan atento para que emprendiera una buena carrera, pero también necesitaba descanso. A diferencia de lo que muchos creyeran, también era un ser humano y necesitaba dormir varias horas al día.

Cuando salió del restaurante donde se dedicó a beber un poco de sake, se dio cuenta de lo mareado que estaba. No podía volver a la casa de Chibita de esa manera, seguramente lo reprendería si volvía a ensuciar el baño cuando volviera el estómago por el exceso de alcohol en su sistema.

Entonces se sentó en una banca de una pequeña plaza cercana para poder fumar. No había mucha gente alrededor, era un sitio solitario así que no molestaría a nadie. En ese año que llevaba fuera de la casa de sus padres su vicio se había vuelto más fuerte, otro que a Chibita le molestaba, por eso prefería hacerlo fuera.

Ahí sentado, mirando como el cielo se oscurecía más con el paso de los minutos, de nuevo su hermano vino a su mente. Volvió a preguntarse si le estaba yendo bien y si se estaba alimentando bien. Hacía más de un mes desde que no se reunían así que no sabía cómo estaban. La última vez que habló con Osomatsu le dijo que estaba más delgado y eso lo dejó con un nudo en el estómago.

Se preguntó muchas veces si aceptaría su ayuda, ya sabía que iba a hacer con su vida, tenía un plan para el futuro y aunque no era perfecto, era mejor que lo que podía ofrecerle meses atrás. Ahora podía ofrecerle su mano y apoyo si lo necesitaba, pero a la vez temía que lo rechazara, después de todo no le agradaba al menor por más que se esforzó para que cambiara eso. A veces sentía que Ichimatsu podía presentir sus sentimientos por eso siempre lo rechazaba de esa manera.

Terminó el cuarto cigarrillo y decidió que era momento de volver. Aun se sentía lo suficientemente mareado, pero al menos ya podía andar sin tambalearse mucho, Chibita no tendría problemas con eso.

Se levantó de la banca cuando le pareció ver en la esquina a su hermano menor. Era Ichimatsu, estaba seguro, aunque un grupo de gente le obstruyó la vista unos segundos, verlo por ese fugaz momento fue suficiente para que su cuerpo comenzara a moverse por su cuenta para acercarse a él y saludarlo. Se sentía feliz solo por eso, por poderlo encontrar casualmente ese día.

Avanzó a paso rápido. Su hermano solo estaba parado mirando hacia la calle, le parecía que estaba preocupado por alguna razón. Aun a esa distancia pudo ver su estado casi anémico. Se veía delgado y sus labios resecos. También le sorprendió el hecho de que llevara una simple playera, esa noche estaría fría, lo habían advertido en la televisión varias veces y ya se estaba sintiendo. ¿Es que no tenía frío?

—Ich…

Se detuvo cuando iba a llamarlo al ver que un hombre se acercaba a él y capturó la completa atención de su hermano. Su mirada vacía no cambió en lo más mínimo, pero estaba contestando a sus preguntas sin reparo, incluso le sonrió en cierto momento. Fue mayor su sorpresa cuando ese hombre, que parecía al menos dos décadas mayor a ellos, acarició la mejilla de su hermano y este asintió. Karamatsu sintió algo en su interior, su estómago comenzó a centrifugar y las ganas de vomitar estaban ahí, pero esta vez no eran por el alcohol, era por celos.

No lo creía, su hermano nunca demostró tener esas inclinaciones, fue fácil verlo con Todomatsu, ninguno se sorprendió cuando se los dijo abiertamente, pero con Ichimatsu… aunque él siempre fue demasiado reservado. ¿Era por eso que siempre estaba distante y con miedo de acercarse a los demás? ¿Era miedo de que no lo aceptaran por eso? No lo creía, ya había presenciado lo bien que tomaron la noticia de Todomatsu y su relación con Atsushi.

Se quedó en su mismo lugar mientras los observaba partir. Si ahora su hermano tenía una relación con ese hombre no estaba bien que llegara de la nada a saludarlo si aún no estaba listo para hacérseos saber. ¿Era por eso que no quería decir dónde vivía? ¿Vivía en el departamento de ese sujeto?

Su vista no perdió ni un solo movimiento de la pareja, pensaba observarlos hasta que doblaran en alguna esquina o se perdieran en la lejanía, por masoquista al vez, porque ver como el tipo pasaba un brazo sobre los hombros de Ichimatsu le estaba doliendo más de lo que le dolía su amor no correspondido. Sin embargo quedó muy sorprendido cuando observó que los dos entraban a un callejón oscuro. No parecía haber algo de interés ahí, ¿acaso ese hombre ayudaba a Ichimatsu a visitar a los gatos por los callejones?

Esa idea no lo dejó tranquilo así que se acercó rápidamente al callejón, sin hacer ruido alguno. Al estar cerca su estómago se estremeció al escuchar con claridad jadeos y gemidos provenientes del mismo callejón. La ira lo invadió, una diferente a la anterior, quería entrar y apartar a ese sujeto de él aunque no tuviera ningún derecho.

Debía irse, no podía escuchar eso.

—Oye —escuchó la voz de Ichimatsu por lo que pudo calmar su impulso justo a tiempo—, me estás haciendo daño.

—Silencio, te he pagado para hacer lo que quiera.

—¡Ey!

Eso dejó pálido a Karamatsu. Sintió como si su corazón se detuviera por un segundo. Su mente no tardó en procesar el contexto de la conversación sumado a lo que había visto. Ese tipo le estaba pagando por sexo… Su hermano se estaba vendiendo en los callejones.

Esta vez no pudo controlarse. Entró sin decir una sola palabra encontrándose con una desagradable escena: Ichimatsu no tenía pantalones, su rostro se encontraba contra el muro mientras ese sujeto sostenía su cuello para mantenerlo quieto contra los ladrillos, la pierna derecha de su hermano era sostenida en el aire por el otro mientras era penetrado. Su hermano no parecía luchar, se mantenía quieto aunque había una expresión de dolor en su rostro.

Karamatsu terminó por acercarse y tomó al sujeto del cuello de su camisa para alejarlo de su hermano menor logrando que cayera al suelo. Ninguno de los dos se había dado cuenta de su presencia hasta que intervino. En su rostro podía verse con claridad que estaba furioso, pero eso no intimidó a quien compraba los favores de su Ichimatsu. Cuando se recuperó se acercó amenazante al hermano mayor para hacerle pagar por su interrupción, pero una patada al estómago y un puñetazo al rostro fueron suficientes para que dejara de insistir.

Se dio la vuelta y observó a su hermano que aún no cabía en su asombro, no podía creer que uno de sus hermanos lo hubiera visto haciendo algo como eso, pensó que podría mantenerlo en secreto.

—Ponte los pantalones, nos vamos —dijo de manera cortante, sin lugar a réplicas.

Su hermano obedeció sin entender muy bien por qué. Sin atreverse a mirarlo a la cara se vistió y salió del callejón, adelantándose a lo que fuera que dijera, Karamatsu tuvo que correr para darle alcance antes de que lo perdiera de vista.

—Ichimatsu, detente, tenemos que hablar.

—Habla solo, no tengo nada que decirte, Kusomatsu.

—Claro que lo tienes —murmuró sin saber qué más decir.

Antes de que volviera a alejarse, lo tomó del brazo derecho y le dio la vuelta para mirarlo al rostro. Ichimatsu pudo ver en sus ojos que no lo dejaría marcharse, aunque eso lo sabía desde que supo que era él en el callejón, sabía que no podría escapar de él sin darle una explicación.

—¿Qué sucede? ¿Tienes algún problema conmigo? —la sonrisa en su rostro desconcertó un poco a su hermano mayor, pero no lo hizo replantearse la idea de discutir lo que acaba de presenciar.

—No, creo que tú tienes problemas, Ichimatsu.

La expresión en el rostro de segundo Matsuno provocó que la sonrisa del cuarto se perdiera y volteara el rostro. Era por esto que no quería decir nada, pues sabía que comenzarían a mirarlo con lástima.

—No los tengo.

Comenzó a andar de nuevo con las manos en los bolsillos de su pantalón, uno más ajustado de los que normalmente usaba. Pudo ver claramente lo delgado que estaba.

—¿Ya cenaste hoy? —preguntó el mayor volviendo a darle alcance.

—Gracias a ti ya no podré comprar comida, idiota, aun no me pagaba.

Volvió a tomarlo del brazo para que se detuviera. No sabía cómo tomar el tema, era claro lo que había pasado ahí, era lo que su hermano hacía para sobrevivir y ninguno de ellos se molestó antes en saberlo, en investigar un poco si estaba teniendo una buena vida.

—Te invito a cenar, hay un restaurante…

—No te necesito, ni a ti ni tú fingida amabilidad.

—¡Oye!

—¡Déjame en paz! —gritó molesto dando un manotazo a la mano de Karamatsu antes que de nuevo detuviera su andar.

Se quedaron demasiado tiempo sin moverse ni decir nada. El mayor observaba el estado deplorable de su hermano, ahora entendía por qué se negaba a una visita o una llamada y por qué estaba tan delgado, se veía demacrado y sucio. Entonces otra imagen llegó a su mente.

—Está bien, te dejaré en paz —dijo para romper el silencio—. Te acompañaré a tu casa y después me voy.

El rostro de Ichimatsu cambió, volvió a mostrarse nervioso y su ceño tembló. Fue suficiente para que Karamatsu entendiera todo y le oprimió el pecho. Quería consolarlo al ver que sus ojos se humedecían a pesar de intentar soportarlo. Él mismo sintió sus ojos arder al pensarlo en esa situación, al recordar lo que hacía para vivir y por no tener la confianza para pedirle ayuda, a cualquiera de los demás.

—Esta es mi casa —dijo al fin levantando sus manos al aire, comenzando a derramar lágrimas—, bienvenido a mi casa, hermano… ¡Siéntete como si fuera tuya!

—Ichimatsu.

Su hermano dejó de sonreír y bajó la mirada al suelo de nuevo para que no pudiera ver la pena en su rostro. Karamatsu no sabía qué hacer, jamás pensó ver a sus hermanos en una situación así, ni siquiera le pasó por la mente la pequeña posibilidad, y que fuera él, justamente él quien tuviera que pasar por esto.

—Pudiste pedirnos ayuda —murmuró con lágrimas en los ojos—, sabes que no dejaríamos que…

—¿Y hacerles saber que soy un completo inútil sin ustedes? —De nuevo volvió a sonreír después de limpiar su rostro con la manga de su camisa— ¿Qué no pude vivir por mí mismo?

—¿Lo hiciste por orgullo? —Preguntó molesto, se acercó a él y lo tomó por los hombros—. ¿Eres un idiota, Ichimatsu? ¡No tienes por qué vivir así! ¡No debes obligarte a soportar estas condiciones! ¡Ese maldito te estaba haciendo daño!

—¡Todos estaban haciendo sus vidas! ¡Hasta Osomatsu salió adelante! —Gritó sin vergüenza, volviendo a llorar frente a su hermano mayor—, ¿Cómo podía ir con alguno de ustedes y decirles que de los seis fui el único que no pudo valerse por sí mismo? El más patético de los seis, quien no puede desenvolverse en la sociedad… ni siquiera pude encontrar un solo empleo. No quería que alguno de ustedes me viera así, es vergonzoso, soy una maldita basura.

Fue bajando el tono de su voz conforme siguió hablando. Karamatsu se acercó a él y lo rodeó con sus brazos, su hermano no se negó así que lo aferró con fuerza. Jamás había visto a su hermano llorar con esa sinceridad, siempre intentaba mostrar su lado más frío frente al segundo hermano, así que, el hecho de no importarle estar frente a él mientras se desahogaba le hacía saber qué tan mal lo estaba pasando.

—Vivo debajo del puente en el rio —confesó con un hilillo de voz.

—¿Por qué? Pudiste volver a casa de nuestros padres, vivir junto a Osomatsu, ellos no te hubieran negado…

—¡¿Es que no entiendes nada de lo que dije?! —Se apartó de golpe y lo miró furioso, pero a su hermano no le importó, siguió cerca de él, aun manteniendo sus manos sobre los hombros del menor—. ¡No podía volver como un fracasado! ¿Tú lo hubieras hecho? Regresar diciendo que eres un adulto inútil que no puede vivir sin que alguien más lo cuide.

Tenía razón. Él no lo hizo, en los meses en los que no pudo conseguir un empleo Chibita le dijo muchas veces que tal vez no estaba listo para vivir lejos del resguardó de sus padres y que no era necesario que se forzara tanto si ese era el caso, pero pensar así le hacía sentir como un completo fracaso. Se negó a volver, prefirió cantar y pedir limosna en los parques con su música antes de aceptar que no podía valerse por sí mismo, y aún ahora, de no ser por Atsushi tal vez todavía no tendría algo a lo que dedicarse.

—No, yo tampoco lo hubiera hecho —reconoció limpiando las mejillas del menor con sus manos, éste negó esa acción apartando el rostro—, no eres el único, Ichimatsu, yo tuve que pedir limosna por varios meses porque no podía mantener un empleo, no te avergüences de eso.

—Claro, ¿intentas acercarte a mí mintiendo?

—Claro que no, es verdad y Chibita está como testigo, pero me apoyó, pude salir adelante porque él estaba cuidándome. Supongo que tampoco soy un adulto que puede valerse por sí mismo.

—Tch, como si fuera a creer eso.

Se dio la vuelta dispuesto a alejarse. De nuevo metió las manos en los bolsillos de su pantalón. Su hermano mayor no podía dejarlo ir, no al saber que probablemente iría a dormir bajo ese puente o peor aún: buscar otro hombre para…

—De acuerdo, no te molestaré por ahora —Dijo Karamatsu con un tono de voz fuerte y molesta que provocó que Ichimatsu se detuviera, sabía que algo tramaba —pero hablaré con los demás, pensaremos en alguna manera de ayudarte.

El menor se dio la vuelta. Su rostro estaba pálido por la mala alimentación que tenía y sus ojeras muy marcadas, pero todo eso fue más notorio por el pánico que se mostró en su rostro por la simple idea de que sus hermanos se enteraran de lo que hacía con su vida.

—No puedes hacer eso —murmuró comenzando a enfurecer.

Se acercó a él, amenazante, y lo tomó del cuello de la camisa, lo miró con furia contenida, estaba a una sola provocación de que le partiera la cara.

—Puedo hacerlo. Puedes molerme a golpes, pero no me voy a quedar con los brazos cruzados al saber lo que mi hermano menor está haciendo.

Ichimatsu rechinó los dientes. Karamatsu esperaba el golpe en cualquier momento, pero no dejo de enfrentarlo con la mirada, de alguna manera tenía que ayudarlo incluso si tenía que obligarlo. Le sorprendió cuando el agarre en su camisa se debilitó e Ichimatsu comenzó a llorar de nuevo.

—¡No puedes! No quiero que lo sepan —murmuró entre sollozos mientras escondía su rostro en el pecho del mayor—, no quiero que Jyushimatsu ni los demás se preocupen. Si ellos saben esto ya no podré mirarlos a la cara jamás.

—Entonces déjame ayudarte—Su tono de voz era seco, seguía furioso— Si no vienes conmigo iré directamente a reunir a todos para hablar de esto.

—¿Me estás chantajeando?

—Si —dijo con un tono más suave mientras lo abrazaba—, podrías llamarlo así.

—Te odio.

Karamatsu rio un poco, lo había convencido y eso era lo importante, ahora podría ayudar a que se recuperara, tal vez después lo convencería de quedarse con él hasta que aprendiera a vivir solo.

—Está bien… pero promete que no preguntarás sobre esto.

—Claro —No tenía objeciones, tampoco quería saber.

—Kusomatsu…

—¿Si?

—¿El piso… se mueve?

—¿Que?

Inmediatamente después sintió como su hermano perdía sus fuerzas, lo sostuvo con fuerza antes de que cayera al suelo. Lo removió preocupado un par de veces antes de darse cuenta de que aun respiraba, solo había quedado inconsciente, probablemente por la falta de alimento y sueño. De verdad se veía tan mal.

—Yo voy a cuidarte, hermano, ya no volveré a abandonarte.

Aunque tenerlo siempre a su lado solo ayudaría que su amor se acrecentara, podría soportarlo como lo hizo en los últimos años, pero quería que él estuviera bien.