Después de que Ichimatsu perdiera el conocimiento, Karamatsu se dio cuenta que no tenía a donde llevarlo, no iba a llevarlo de algún puente para esperar a que despertara, tampoco podría llevarlo con Chibita, ya bastante problemas le causaba. Solo le quedaba la casa de sus padres como última opción, si tenía suerte sería Osomatsu quien atendiera y así no tendría que explicarle nada su progenitores.
Sin saber qué iba a decirle a su hermano mayor se encaminó a la casa con el menor en su espalda. Osomatsu estuvo más que sorprendido cuando los vio llegar en esas condiciones, pero no les negó la entrada, ayudó a llevar a Ichimatsu a la que antes era su habitación y lo recostaron en el futón.
—¿Dónde lo encontraste? —preguntó Osomatsu después de estar seguros que estaba bien.
—Lo que importa es que lo encontré a tiempo, estábamos hablando y de pronto colapsó.
—Entiendo.
Sabía que Osomatsu no se estaba creyendo lo que le decía, pero agradecía mucho que no preguntara nada más, había prometido a Ichimatsu que guardaría su secreto y no quería romper esa promesa.
—Hay alguna sobras en la nevera, voy a recalentarlas para que pueda comer un poco —Su tono de voz era preocupación pura, al igual que él se había dado cuenta de inmediato que su desmayo era por no comer bien—. Despiértalo y dale un baño, apesta a trasero de viejo.
Karamatsu lo observó salir de la habitación y con un suspiro despertó a su hermano. Cuando consiguió abrir los ojos se mostró confundido cuando se descubrió en casa de sus padres e inmediatamente después entró en pánico, aunque en el momento en el que intentó ponerse de pie volvió al futón todavía mareado.
—¿Estás loco? ¿Por qué me trajiste aquí? —reclamó mientras Karamatsu lo ayudaba a volverse a sentar con cuidado.
—Descuida, no le dije nada Osomatsu. Además no tenía otro lugar al cual llevarte y no tengo dinero suficiente para pagar alguna habitación de hotel.
Ichimatsu se quedó callado pero aceptó lo que le dijo, después de todo tampoco tendría fuerza para oponerse a sus dos hermanos mayores.
—Oye, debes darte un baño, no había querido decírtelo, pero hueles un poco mal.
—Cállate —fue su respuesta. Ya lo sabía, no había podido darse un baño decente en mucho tiempo.
Sin embargo no consiguió ponerse en pie por sí mismo. Karamatsu se dio cuenta de esto y se acercó a él para ayudarlo. De nuevo su hermano no se resistió, reconocía que no podría hacerlo solo. El mayor agradeció que aceptara su ayuda sin reclamos, era todo lo que quería de él.
Al llegar al baño lo ayudó a desnudarse. Su corazón latió con fuerza a cada segundo, no era la primera vez que lo vería desnudo, pero nunca lo había tocado cuando se bañaban juntos, la mayoría del tiempo intentaba mantenerse lejos de él, cuando sentía que no podría controlar las reacciones de su cuerpo por verlo.
Sin embargo, esta vez lo que miró lo dejó lejos de sentir cualquier tipo de excitación. Había muchas marcas en su cuerpo que delataban por lo que había pasado esas noches con tantos hombres extraños. Mordidas, rasguños, moretones, incluso algunas marcas redondas parecidas a quemaduras, tal vez hechas con cigarrillos.
—Será incómodo si me estás mirando de esa manera, Kusomatsu.
—¿Eh? ¡Lo siento!
De inmediato se dio la vuelta para dejarlo asearse en paz. No iba a salir del baño por si volvía a desmayarse e Ichimatsu pareció comprender eso pues no le pidió que se fuera. Estaba nervioso mientras escuchaba el chapoteo del agua, no sabía qué decirle o preguntarle y su hermano no parecía querer iniciar alguna conversación.
Con un suspiro observó sus manos como manera de distraerse con algo. Volvió a recordar esa escena de su hermano teniendo sexo con ese hombre. ¿Con cuántos se habrá involucrado? El de esa noche estaba siendo rudo con él, ¿algún otro había sido más rudo? Pensar en la posibilidad de que estuviera en un peligro mucho peor lo enfurecía. Si tan solo no hubiera tomado la decisión de alejarse de él con la excusa de matar sus sentimientos se hubiera dado cuenta de esto mucho antes. Era un completo idiota.
—Estoy listo.
La voz de su hermano lo sacó de sus pensamientos y se dio vuelta para ayudarlo a salir de la bañera. De nueva cuenta lo ayudó a vestirse. Utilizó una camisa y pantalones de Osomatsu, seguramente no le molestaría.
En la habitación volvió a recostarlo en el futón, Osomatsu ya estaba ahí con la cena lista y ambos sonrieron al escuchar el estómago de su hermano menor exigirla de inmediato.
—¡Miren! —Dijo el mayor de ellos mostrando una pequeña caja con latas que bien sabían lo que eran— Hace mucho que no nos reunimos para beber, faltan los otros tres, pero no nos detengamos por eso.
—Osomatsu, ¿cómo piensas que puede beber? Está muy…
—Está bien —interrumpió Ichimatsu alcanzando la lata que su hermano mayor le extendió—, me apetece beber.
El segundo hermano ya no reclamó nada, si él lo quería no iba a refutar, pero no le dejaba de preocuparlo.
Entre risas y bromas acabaron con las cervezas con rapidez. Ichimatsu había comido bien así que suponía que iba a poder soportar el alcohol en su sistema. Eso esperaba.
Fue como si nunca se hubieran marchado, bromeaban para molestarse los unos a los otros, casi siempre con Karamatsu como centro de sus bromas. Él no se molestaba por eso, de cierta manera le gustó ver la actitud de siempre a su hermano menor, aunque seguramente se sentía incómodo por la situación en la que lo encontró aun así estaba relajado ahora, bebiendo con su hermano mayor.
—Chicos, yo debo irme a dormir —dijo Osomatsu estirando sus brazos al techo—, debo ir a trabajar temprano, ustedes pueden quedarse aquí, yo dormiré abajo.
—Gracias, hermano.
Se puso en pie y caminó a la puerta después de tomar un futón y algunas mantas ya que la noche estaba algo fría.
—Espero que te recuperes, Ichimatsu.
La sonrisa que les dedicó a ambos los dejó algo preocupados, pero ninguno se atrevió a decir nada. A veces sentían que su hermano mayor escondía muchas cosas y que los conocía bastante bien.
Hubo mucho silencio después de que Osomatsu dejara la habitación. Los dos estaban incómodos, pues aunque Karamatsu había prometido no preguntar nada al respecto, las marcas que vio en el cuerpo de su hermano menor durante el baño eran bastante obvias.
—Ichim…
—Gracias —interrumpió el menor antes de que dijera cualquier cosa, prefería no tener que hablar de "eso"—, por… ayudarme hoy, no tenías que…
—Si tenía —murmuró con culpa—, desde que nos mudamos nos hemos descuidado un poco, ¿no? No es así como pensé que sería nuestra vida adulta.
Ichimatsu bajó la mirada, él tampoco esperaba algo así, de hecho, nunca se imaginó fuera de casa, podía decir que había imaginado que tendría un empleo, tal vez de media jornada, pero jamás fuera de casa de sus padres. Aunque nunca dijera nada, era demasiado dependiente de la familia, de sus hermanos y padres. Fue difícil para él partir, más que a cualquiera, pero nunca lo admitiría porque sería aceptar que era una decepción, el peor de los seis hermanos.
—Si necesitas dónde…
—No creo que Chibita acepte tener a dos de nosotros ahí —volvió a interrumpir adivinando la propuesta del mayor, pero no era exactamente eso lo que Karamatsu quería. Volvió a beber de su cerveza y arrojó la lata a un lado al darse cuenta que se había acabado.
—Bueno… había estado pensando mudarme, me ha ido bien… Si quieres podrías… venir conmigo —terminó con un hilo de voz sorprendiendo al menor.
—Depender de ti sería volverme a estancar —refutó Ichimatsu con un timbre molesto que preocupó al mayor.
Claro que sabía que no iba a aceptarlo de buenas a primeras siendo el hermano que más detestaba de todos, pero no podía darse por vencido tan fácilmente, era claro Ichimatsu no sabía cuidarse solo y al menos hasta que consiguiera hacerlo, quería cuidar de él.
—No dependerías de mi —sonrió intentando convencerlo todavía—, solo voy a apoyarte y procurar que consigas un empleo, tal vez, si quieres mudarte, ayudarte a encontrar un departamento decente y…
—¿Por qué haces esto? —Volvió a interrumpir con la voz quebrada—, deja de preocuparte, has visto lo que soy ahora, soy peor basura que antes.
El corazón de Karamatsu se encogió al verlo tan destrozado, no era la primera vez que lo veía llorar, pero dada la situación, sentía que era la primera vez que lo veía sufrir tanto.
Claro que Karamatsu conocía ese sentimiento, intentar superarse sin lograr nada. Él mismo había fracasado buscado empleo por varios meses y llegó a pensar que jamás lograría salir adelante solo como lo consiguieron Todomatsu y Choromatsu, incluso Jyushimatsu estaba mejor mientras estudiaba y trabajaba. Pero ahora que estaba bien, deseaba ayudar al cuarto hermano y mostrarle que no era necesario caer en desesperación. Chibita lo apoyó a él, ahora quería apoyar a Ichimatsu.
—No eres basura —dijo intentando acercarse a él.
Se arrastró en el piso para quedar lo suficientemente cerca para tomar una de sus manos volviendo a sentir un nudo en el estómago cuando la sintió tan delgada.
—Solo necesitas que alguien te apoye y yo quiero hacerlo.
Ya no le contestó. Ichimatsu tenía una expresión extraña en el rostro, parecía pensar en algo, y por la mirada que tenía no era algo agradable. Karamatsu no lo presionó, prefería que sopesara los pros y contras de lo que le proponía si eso era en lo que pensaba. Tal vez tenerlo cerca era estancarse también, pero no podía quedarse con los brazos cruzados al verlo así.
Ichimatsu se movió, lento, como si fuera un animal asechando a su presa. Su mirada seguía siendo oscura y dolida, pero su sonrisa parecía retar al mayor.
—¿Quieres cuidar de alguien como yo? —Preguntó mientras se arrodillaba frente a él y colocaba sus manos en los hombros del otro—, no tengo manera de devolverte el favor.
—No necesitas…
Fue interrumpido de nuevo, pero esta vez por los labios de su hermano menor que presionaba los suyos. Karamatsu mantenía los ojos abiertos de par en par, observando el rostro de Ichimatsu que también mantenía los ojos abiertos, atento a su reacción. De nuevo lo estaba retando o tal vez esperando por su reacción.
El beso duró más de lo que pensó, al menos hasta que pudo reaccionar y apartarlo tomando sus hombros. No fue brusco, pero si repentino.
—¿Qué es lo que estás haciendo? —dijo en voz baja, como si Osomatsu pudiera escucharlos desde abajo.
—¿Qué sucede? Dijiste que aceptarías a esta basura. —De nuevo intentó besarlo, pero volvió a ser rechazado.
—Yo no me refería a esto, Ichimatsu.
—¿Lo ves? No lo soportas, no estás de acuerdo con lo que me convertí ahora. Soy un callejero, Kusomatsu, y pago favores con sexo.
Su voz volvió a quebrarse antes de regresar al futón para intentar dormir, aunque por los temblores en su cuerpo, Karamatsu sabía que estaba llorando.
No conseguía entender qué era lo que había pasado, no sabía si era el alcohol o la clara depresión en la que Ichimatsu se encontraba, pero ese beso logró remover todas las emociones que intentó reprimir por tantos años. No se encontraba en sus cinco sentidos tampoco después de esas cervezas, o tal vez sí, pero ahora era mejor culpar a la bebida por lo que estaba a punto de hacer.
—¿Basura? —Murmuró a la vez que se acercaba a Ichimatsu para inclinarse y llegar a susurrar a su oído—, no sabes lo que es ser una basura, Ichimatsu.
—Oye…
Esta vez fue el turno de Karamatsu para callar a su hermano con un beso, pero este no fue solo de labios. Aunque Ichimatsu cerró la boca y apretó los labios, su hermano lamió y succionó estos para presionarlo a abrirlos. Sus manos tomaron sus muñecas para evitar que lo empujara, manteniéndolas sobre su pecho, unidas. Sintió que removía su cuerpo para liberarse, mas no se lo permitió.
Karamatsu se sentía como eso, como basura al estar casi obligando a su hermano a besarlo. Claro que el menor no sabía lo que era considerarse una basura, ser de la peor clase como él: enamorado de alguien a quien debía proteger, su hermano menor, el más frágil de los seis hermanos y sentirse tan culpable por no poder controlar esos sentimientos.
El desperdicio humano era él.
—Esto es ser una basura, Ichimatsu, no vuelvas a decir eso de ti porque estás lejos de compararte conmigo.
Se quedó quieto, esperando la reacción de su hermano que no hacía ni decía nada, incluso había dejado de luchar para liberarse, solo observaba sorprendido el rostro afligido de Karamatsu que contenía las lágrimas.
Al final el mayor perdió la batalla y apartó su mirada, intentó alejarse de su hermano, tal vez salir de la habitación, incluso de casa y no volver a verlo jamás, no tendría cara para eso. Sin embargo se detuvo al sentir que su hermano aferró su brazo. Karamatsu volvió a observarlo, pero antes de que dijera nada volvió a sentir sus labios sobre los propios.
—Si ambos somos basura —comentó éste con una sonrisa amarga cuando terminó el beso—, entonces está bien.
Volvió a recostarse sin apartar la mirada penetrante de la de su hermano. Karamatsu volvió a sentir a su estómago dar vueltas al percatarse de que esa mirada lo estaba invitando a continuar, a que lo besara de nuevo y no se detuviera, o tal vez eso era lo que él quería interpretar, y cuando se atrevió a hacerlo Ichimatsu no opuso resistencia.
Había tantos sentimientos en su pecho y no podía definir a ninguno. Tal vez los que más se debatían dentro eran el amor, ese que intentó encadenar en lo más profundo de su corazón y que solo estaba dirigido al menor, y la culpa de haberlo liberado ahora, cuando su hermano estaba tan herido.
Sentía que se estaba aprovechando de él. En los besos que recibía, en el leve temblor de su cuerpo producto del llanto que volvía a nacer en él, sabía que Ichimatsu no estaba bien emocionalmente e iba a ser egoísta y desalmado para aprovecharse de eso, saciarse de él y calmar su alma. Al menos una vez, eso era lo que tenía en la mente, al menos quería tenerlo así una sola vez y después volvería a esconderlo todo.
Pero lo que quería que fuera solo un beso no se quedó solo en eso. Su mente se había nublado por el éxtasis, por dejar salir de un solo golpe un sentimiento acumulado tanto tiempo. Sus manos, sin apenas pensarlo, comenzaron a acariciar su rostro al momento en que profundizó su beso. Su lengua se abrió paso entre los labios de Ichimatsu que no se negó, correspondió aunque un quejido nació de su garganta.
No le importó. Solo frunció el entrecejo y se obligó a ignorar eso para poder seguir adelante. Sus manos dejaron su rostro y se dirigieron a su pecho, aun sobre su ropa comenzó a acariciarlo mientras tomaba una mejor posición sobre él, entre sus piernas.
No había necesidad de decir algo, ninguno de los dos tenía el valor para hablar ahora. En silencio habían acordado que no dirían palabra alguna.
Las manos del mayor viajaron debajo de la camisa de Ichimatsu, lograron que se estremeciera cuando las yemas de sus dedos acariciaron su pecho hasta llega a uno de sus pezones donde se detuvieron para jugar un poco con ellos. Apagaba sus jadeos con sus labios para mantenerse ocultos de sus padres y hermano, esto sería un secreto entre los dos para no avergonzar al menor, para protegerse a sí mismo.
Cuando dio por terminado el beso sus labios se dedicaron a besar sus mejillas, mentón, frente, todo su rostro. Saboreó las lágrimas que no dejaban de desbordarse de los ojos de Ichimatsu. El pecho de Karamatsu volvió a comprimirse y apretó la mandíbula, pero de nuevo lo ignoró. Ocultó la culpa mientras derramaba lágrimas también. Con cada beso que le daba sentía que perdía una parte de su alma.
Sus besos bajaron hasta su cuello donde se dedicó a dejar leves marcar con sus dientes y labios sobre las que ya se encontraban en esa piel pálida y reseca. No quería pensar en cuántos hombres habían dejado huella en ese cuerpo, no le importaba tampoco, porque sabía que ninguno de ellos lo había lastimado tanto como lo haría él.
Se apartó para poder retirar la camisa de Ichimatsu y posteriormente la suya. Arrodillado entre sus piernas, desde arriba pudo ver su aflicción. El rostro del menor estaba consternado pero no lo miraba, lo mantenía ladeado con los ojos cerrados, tal vez intentando imaginar cualquier cosa antes de recordar quién era él. Estaba ben, que pensara que era uno de esos hombres, o tal vez esa persona de quien pudiera estar enamorado, no le importaba.
Volvió a inclinarse y beso su pecho. Había tantas marcas recientes y algunas que estaban por desaparecer, todas ellas las ocultó detrás de marcas propias: mordidas y hematomas, algunas otras que parecían quemaduras, las cuales besó con delicadeza preguntándose quién había sido capaz de hacerle algo así.
Ichimatsu gimió cuando sus dientes apresaron uno de sus pezones y su lengua comenzó a juguetear con este. Tenerlo de esa manera, temblando debajo de él, tratando de contener sus gemidos… todo era como un sueño, le nublaban la razón.
El menor no se movía, estaba dispuesto a cooperar, pero no haría nada para ayudar, lo sabía por su actitud. Sus piernas, aunque antes le dieron espacio entre ellas, se mantenían quietas a ambos lados de Karamatsu, su mano derecha se aferraba al futón y la izquierda cubría su boca para acallarse.
Pero no era necesario que hiciera nada, el mayor se encargaría de todo.
Sus labios dejaron su pecho y con cuidado dejó un camino por su vientre, tan hundido por la falta de alimento, hasta llegar a su ombligo donde dejó escapar un caliente jadeo que erizó la piel de Ichimatsu. Sus manos acariciaron sus muslos, como si pidiera permiso para deshacerse también de la prenda que los vestía y al no recibir una negativa, pronto se encontró retirando sus pantalones, los que dejó caer cerca del sofá.
Había una erección entre sus piernas, lo cual le hizo sonreír con amargura. Provocar esa reacción en su hermano por caricias y besos debía estar mal. Estaba muy mal.
Sus labios depositaron un beso en el glande, las piernas del menor se encogieron y un jadeo de aprobación escapó de sus labios. Se relamió los labios y comenzó a lamer su erección, con su dedo índice jugaba con su uretra y su mano izquierda masajeaba sus testículos. Su hermano estaba temblando y eso lo excitaba más. Si iba a hacer esto, si lo iba a tomar a pesar de todo, al menos quería que fuera placentero para él, físicamente, tanto como lo sería para él.
Se apartó para lamer sus dedos. En ese momento volvió a dirigirse al rostro de Ichimatsu, sus miradas se encontraron dejándolos congelados por mucho tiempo. Ninguno sabía que pensaba el otro. Sus mentes estaban en blanco. De nuevo fue Karamatsu quien perdió la batalla. Su atención volvió a la entrepierna de su hermano y sus dedos se dedicaron a dilatarlo.
Ichimatsu no se quejó, solo suspiró al sentir la intromisión y esperó paciente. El mayor se dio cuenta que no había necesidad de esperar demasiado, pues su cuerpo estaba más acostumbrado de lo que quisiera a recibir a alguien más. Decidió ignorar también eso.
Tomó la entrepierna de su hermano con la boca, fascinado al poder escuchar varios gemidos ahogados que escapaban a pesar de querer contenerlos, eso le hacía saber que estaba haciendo un buen trabajo. Sus dedos frotaban su interior buscando la próstata mientras su lengua presionaba su erección contra su paladar, raspando un poco con sus dientes.
Cuando sintió que su hermano encogía las piernas y presionaba sus dedos se dio cuenta que había encontrado el lugar deseado. Siguió frotando sin dejar de lamer su pene deleitando sus odios con sus gemidos apagados. Se dio cuenta que había ya líquido pre seminal, pero no quería que acabara en su boca, todavía no era momento.
Se apartó de él y retiró los dedos de su interior, con su mano limpió un rastro de saliva de su barbilla. Desabotonó sus pantalones y liberó la erección que ya palpitaba entre sus piernas. No se detuvo a pensar de nuevo en sus acciones, tampoco en reflexionar que esa sería la primera vez que mantendría relaciones sexuales y sería con su hermano, pues sabía que de hacerlo no se atrevería. Solo lo hizo. Tomó las caderas de del menor para mantenerlo firme y con cuidado entró en él. Fue rápido, siempre procurándolo para no lastimarlo.
Al sentirse en su interior sus ojos volvieron a empaparse y escondió su rostro en el pecho de Ichimatsu mientras comenzaba a embestirlo. Sus sentidos se llenaron con todo de él. Sus gemidos, el temblor de su cuerpo, su calidez. Todo eso lo estaba hundiendo cada vez más.
Estaba destrozado, lo amaba más que a nada y se atrevía a hacerle el amor aunque fueran hermanos. A pesar de eso lo hacía lento, con todo el cariño que su corazón podía profesarle, no quería que fuera una paga como Ichimatsu había sugerido, porque él le estaba haciendo el amor. Aunque ese amor no fuera correspondido.
En medio de sus suaves embestidas volvió a sus labios. Lo besaba como si fuera lo más valioso y a la vez como si hacerlo le causara el máximo sufrimiento. Su mente iba a estallar por tantos pensamientos, por tanta culpa y su corazón se detendría agonizante. Pero no había marcha atrás porque ya lo había marcado como suyo.
El beso terminó y volvió a esconder su rostro, esta vez en el ángulo de su cuello y hombro, donde depositó dulces besos para borrar incluso las marcas que antes él también había dejado.
—Ah… Karam…
—No digas mi nombre —Suplicó con las voz quebrada—, por favor, no lo digas.
No quería ser Karamatsu ahora, no quería ser su hermano, si era necesario deseaba ser uno de esos hombres a los que antes pagó un favor con sexo, así algo tan placentero no se convertiría en algo tan terrible.
El menor obedeció después de un sollozo y se aferró a él con un fuerte abrazo.
Karamatsu lo aferró también y se levantó, llevándolo consigo, sentado en su regazo donde siguió embistiéndolo mientras el menor escondía su rostro en su hombro. Era un abrazo fuerte por parte de ambos. Se aferraban como si se necesitaran para sobrevivir. Karamatsu necesitaba todo de él, mientras que Ichimatsu tal vez solo necesitaba de su protección y apoyo.
Las embestidas fueron más violentas conforme se acercaba al orgasmo. La mano derecha de Karamatsu se dirigió a la entrepierna del menor para estimularlo y conseguir que terminara junto con él. Ichimatsu gemía contra su cuello, abrazándolo cada vez más fuerte hasta que el temblor en sus piernas y bajo vientre le indicó que estaba por terminar. Su ano se cerró aún más alrededor del pene del mayor provocando que terminara dentro de él en medio de un gruñido y poco después su hermano terminó en su mano.
Jadeantes se quedaron en esa posición por largo rato, todavía procesando lo que acababa de pasar. Fue el sollozo de Ichimatsu lo que consiguió que Karamatsu saliera del shock en el que se encontraba y con cuidado lo recostó de nuevo en el futón.
Ichimatsu mantenía los ojos cerrados mientras lloraba. El mayor no sabía lo que debía estar pensando ahora, sin embargo sin duda no sería peor que lo que ahora rondaba su mente: miedo, arrepentimiento, culpa.
—Lo lamento —Le dijo con una caricia a sus mejillas para limpiar su rostro de sus lágrimas.
Su hermano abrió los ojos y observó la expresión afligida del mayor y como acto reflejo volvió a aferrarse a él, casi con desespero. Karamatsu le correspondió, quería protegerlo aunque lo había lastimado tanto.
—Ichimatsu… —No hubo respuesta, ni siquiera se movió— no te he… yo te quiero.
Fue un murmullo casi imperceptible, pero lo suficientemente audible para que el menor lo escuchara. Se quedó de piedra, Karamatsu sintió la tensión en su cuerpo, no le contestó, tampoco lo necesitaba pues sabía que lo suyo era un sentimiento enfermo y aun así sintió una terrible opresión que amenazó con hacerlo llorar de nuevo por sentir su rechazo.
Se recostó a su lado en el futón sin apartarlo de su pecho donde Ichimatsu se había refugiado. De nuevo no querían decir nada, solo se quedaron recostados bajo las mantas con la mirada y los pensamientos perdidos. El menor no se movía mientras Karamatsu hacía círculos en su espalda con sus dedos.
Pronto ambos se quedaron dormidos, aferrados el uno al otro, como nunca antes hicieron aunque durmieron juntos tantos años.
La mañana apenas despuntaba cuando alguien más irrumpió en la habitación descubriendo la escena de ambos hermanos, uno de ellos desnudo, aferrados mientras dormían. La intromisión provocó que ambos abrieran los ojos y al darse cuenta de la situación sus rostros palidecieron.
—Osomatsu —Exclamó Karamatsu mientras alcanzaba su camisa y la ropa de Ichimatsu para que lograra vestirse—, ¿qué haces tan temprano aquí?
No contestó, sin una expresión descifrable en el rostro se retiró dejando a los dos preocupados. No creían que lo dijera a sus padres, pero no sabían qué podría hacer.
De inmediato fue Karamatsu quien se apresuró a darle alcance, mas no fue necesario pues lo esperaba al pie de la escalera. Aun no veía una expresión en su rostro y eso lo ponía todavía más nervioso. Sin embargo tenía que armarse de valor para enfrentarlo, no podía arrastrar a Ichimatsu en su error.
—Puedo explicarlo —dijo como inicio, aunque no sabía exactamente cómo hacerlo.
—¿Qué cosa? —dijo él con una sonrisa enorme.
—Yo… fue mi culpa, Ichimatsu no estaba…
—No necesitas explicar nada —dijo volviendo a ocultar esa sonrisa socarrona que siempre cargaba—, no sé qué pasó, no necesito detalles tampoco.
Eso lo dejó desconcertado. No supo que decir, ni siquiera se podía mover.
—Tal vez… lo mejor es que Ichimatsu se quede aquí por ahora —volvió a sonreír y llevo sus manos a su nuca en una actitud despreocupada.
—… Entiendo.
Claro, no era seguro que se quedara con él, no después de que se dio cuenta de lo que podía hacer, del poco autocontrol que tenía, Osomatsu debía saber que no podían quedarse a solas.
—Cuídalo bien —Pidió con la mirada en el suelo mientras comenzaba a caminar a la salida.
—Karamatsu.
El aludido se detuvo aunque no lo miró.
—Eres mi hermano, no creas que no sabía al respecto. —Se acercó a él y colocó una mano en su hombro—. No te juzgo, los acepto tal y como son, pero sabes que es incorrecto, Ichimatsu no está bien emocionalmente, por ahora debes guardar esos sentimientos hasta que él pueda tomar una decisión coherente.
No contestó aunque se encontró sorprendido de que supiera sobre sus sentimientos y nunca dijera algo al respecto. Respecto a lo demás lo sabía y entendía. Solo asintió con la cabeza y se encaminó a la salida. Desde ese momento no se atrevió a buscarlos de nuevo, la vergüenza y la culpa por haberse aprovechado del estado de su hermano menor eran más fuertes.
La siguiente vez que supo de él fue para enterarse de su muerte.
En medio de la penumbra encendió la llama. Dentro de la pipa colocó las pequeñas piedras blancas y lo acercó al fuego para que hiciera su trabajo. Pronto pudo inhalar el humo que despedía. Solo así podía escucharlo otra vez, podía imaginar que estaba a su lado con esa mirada.
Entre más inhalaba su rostro se volvía más claro. Quería verlo mejor, quería tocarlo.
