HOLA AQUI DE RÁPIDO, ESPERO LES GUSTE EL CAPITULO, DISCULPEN LA TARDANZA.
Capítulo 49
La operación de Peeta se realizó sin ningún problema, solo tomó reposo por algunos días, principalmente en cuestión de no cargar objetos pesados y hacer esfuerzos como era su costumbre. Aunque fueron pocos días me toco a mi consentirlo al fin, al menos lo poco que me permitió tanto él como mis hijos, puesto que Chris seguía dependiendo mucho de mí, y con respecto a Tara como siempre seguía mucho a su papá y con el nacimiento de su hermano iba descubriendo nuevas etapas de nuestra familia.
Casie estaba mucho mejor con los de su embarazo después de una noche de llevarse un pequeño susto al tener un sangrado, pero afortunadamente todo estaba estable y solo iba a trabajar a la panadería un par de horas al día, sus hijos estaban más que felices por su nuevo hermano, cuidaban mucho de Casie, tanto como Alex, el cual estaba de los nervios todos los días, Casie decía que lo veía respirar tranquilo cuando llegaba a casa y veía que todo estaba bien, por lo que ahora entendía mucho mejor la relación de Peeta y él, ambos eran unos exagerados cuando de cuidar a sus esposas o hijos se trataba.
Effie al fin había abierto su establecimiento para cortes de cabello, Haymitch decía quera lo mejor para que dejara de viajar tanto al capitolio, que ahí ella podría atraer algo de la locura que aún le había dejado el capitolio, tanto que la gente se lo permitiera, pero al menos de un principio estaba teniendo mucho éxito, principalmente porque estaba haciendo cosas novedosas pero no exageradas, al grado que dejamos que Tara fuera una de sus clientas más pequeñas.
Johanna nos había contado que entre varias platicas y debates con sus dos hombres, decidieron que no iban adoptar otro integrante para la familia, Daniel había dicho que con Tara y Chris tenía suficiente, así que mi amiga estaba llenando esa parte de ella visitándonos mucho y de vez en cuando cuidando a Chris, incluso había aprendido a cambiar pañales y a bañarlo, aunque se puso muy nerviosa la primera vez que lo hizo, al grado que me dije ¿Cómo era posible que una mujer tan hábil con el hacha y diversas armas fuera tan torpe a la hora de bañar a un bebé? Ella me puso en extremo nerviosa, pero deje que lo intentara para que poco a poco tomara experiencia en ese asunto. Chris y Tara estaban muy acostumbrados a su presencia, a llenarla de amor para que no sintiera la falta de bebés en su vida, incluso también para el mismo Fred, que de vez en cuando nos ayudó al baño o con pañales, pero no era muy común, siempre le daba vuelta a los pañales y prefería jugar con Tara y Daniel, a veces Jo y yo pensábamos que era otro más de ellos, un niño gigante.
-Mami, yo quelo cadgad a Tis, anda – Tara me jalaba de la blusa para que le pasara a su hermanito.
-No, mira está durmiendo nena, mejor que mami lo ponga en su cuna para que juguemos – Peeta intentaba distraer a nuestra hija, llevaba varios días pidiéndonos cargar a su hermanito, pero ambos sabíamos que ella aún era muy pequeña-
-No, quelo Tis –
-Pero él está dormido, que te parece si lo intentamos más tarde – le dije pensando en la sugerencia que nos dijo Hilary, de sentarla en la cama poniéndole a Chris en los brazos, para que ella se quitara la espinita y fuera más seguro para ambos. Aunque Chris se movía mucho, siempre estaba de inquieto.
-Es más Tara, vamos a terminar los dibujos que dejamos pendientes – Peeta se veía ilusionado de retomar sus cuadros que tenía pendientes, principalmente porque tenía uno empezado de Tara y Chris acostados en la cama durmiendo plácidamente, ese cuadro me estaba encantando. Lo había comenzado en sus días de reposo, así que ya estaba muy avanzado, porque siempre que tenía la oportunidad trabajaba en él.
-Ti amos – Tara de inmediato tomo la mano de su padre para bajar al estudio, al parecer ella tenía la misma pasión que su padre por la pintura. Era increíble lo quieta que se quedaba viendo a su papá pintar o tratando de imitar sus movimientos, tan tierna y graciosa a la vez.
Yo no me cansaba de contemplar a Chris, verlo dormir tan tranquilo me causaba un efecto tan relajante, después de todo lo que paso al nacer, después de todas mi dudas, era una sensación tan reconfortante, pero sabía que tenía que aprovechar que dormía para hacer otras cosa, principalmente porque pronto regresaría a trabajar con los entrenamientos de los chicos, había acordado con Tifanny que solo serían 3 horas diarias, para garantizar medallas y premios de los chicos del distrito.
Mientras contemplaba a mi hijo, él estornudo, dejándome algo preocupada porque ya iban varias veces en el día que lo hacía; aunque Peeta y los demás dijeran que era normal, me preocupaba que no trajera buenas defensas, todo mundo me decía que está muy aprensiva con Chris, que a veces parecía primeriza pero por alguna razón me sentía así, finalmente era mi bebé y no quería que le sucediera nada, de ahí se descolgaban muchos de mis miedos.
-Lo vas a gastar de tanto verlo – me dijo Johanna al entrar.
-Hola, es que ya van varias veces que estornuda hoy –
-No empieces descerebrada, ese bebé está más sano que cualquiera, a la mejor la cobija le provoca algún cosquilleo, esta exageradamente tapado –
-Jo, para él esta temperatura no es normal, ellos necesitan estar siempre calientitos –
-No, presiento que serás más aprensiva con él que hasta con la misma Tara y ten cuidado porque tu hija lo puede resentir he-
-Para eso tiene a su papá, siempre lo sigue y también a su abuelo Haymitch –
-Abuelo – rio ella – pero si, al fin ese hombre ha encontrado un rol en este mundo y al final tenían que ser ustedes quien se lo dieran –
-Pues lo acepte o no, él nos dio otra oportunidad, en especial a mí, aunque las cosas no salieron como él pensaba, al final logro darnos otra vía y ahora estamos así, quien lo iba a pensar Katniss Everdeen casada y con hijos –
-Pues si descerebrada, ahí estas, con dos criaturas – Jo se colgó de los barrotes para contemplar a Chris.
-Y tú, ¿Qué me dices? Con Daniel, tan grande y fuerte, la verdad jamás creí que pudiéramos ser madres, pobres niños con nosotros, lo bueno es que tienen a sus padres que nos han guiado –
-¿Qué? ¿Fred? – Renegó mientras le daba una leve caricia a mi bebé – si tú y yo llegamos a la conclusión que es igual que ellos, es como tener otro hijo en vez de un esposo, salvo porque me hace llegar muy lejos cuando…-
-No quiero saber – la interrumpí antes de seguir con sus confesiones.
-De verdad esa manía que nunca vas a cambiar, ni porque tengas el sexo más desenfrenado y loco que te puedas imaginar dejaras de ponerte como loca cuando hablamos de eso – sus palabras lograron su cometido y me sonroje.
-No me gusta hablar de mis intimidades y tampoco me interesa saber lo de los demás – susurre.
-pero entonces no niegas noches de desenfreno ¿he? - ella me dio ligero codazo – ya me imagino después de tanto tiempo que no te había tocado Peeta como te has de ver puesto –
-Johanna por favor –
-¿Qué? –
-Somos ya adultas para estar… - no supe que decir.
-Pero las hormonas no dejan de existir, hasta te apuesto que tu apetito estaba al 100 en tus embarazos, con razón al final estabas toda mal humorada, pobre Peeta –
-Oye él luego es el que…- sin darme cuenta estaba yo entrando a su juego e iba a soltarle cosas que no eran de su incumbencia – empieza – dije ya derrotada.
-Espero que hayas renovado esos conjuntos –
-Jo, suficiente –
-Bah, a cómo eres seguramente nunca lo usaste, es una lástima, apuesto a que a Peeta le hubieran encantado - Johanna volvió su atención a mi bebé.
-¿Cómo sabes que le hubiera gustado? – dije intrigada por sus palabras -¿él comento algo? – Me alarmé de solo pensar que Peeta comentara cosa sobre nuestra intimidad, aunque lo conocía y él a mí, sabía que no me gustaba que los demás hablaran de nuestros asuntos, en especial de nuestra intimidad.
-eso es obvio, claro que él no diría nada ni amenazándolo, es el hombre más fiel en todos los sentidos, pero es hombre, y los conozco, créeme que mi experiencia me dice que esos conjuntos les fascina, sean de un simple distrito o del capitolio, lo he comprobado y no sé muy bien por qué, ya que al final lo bueno es cuando uno está desnudo-
-oh mejor cállate y ayúdame con las cosas para bañar a Chris-
-pero aún duerme, ¿no pretendes despertarlo verdad?-
-no, estaría de malas –
-Si tiene tu carácter – susurro Jo.
-pero lo mejor es tener las cosas listas para que en cuanto despierte lo bañemos- ignore su comentario.
-bien tú eres la que sabe- yo quería que Johanna disfrutará al máximo está etapa de mi bebé, que de cierta manera cubriera esa necesidad de un bebé, incluso hasta para el mismo Fred.
Los días pasaban muy rápido, siempre había cosas que hacer, entre los niños, la casa y el trabajo, el cual había empezado con intensidad, debido a que los chicos estaban muy entusiasmados por los próximos juegos deportivos de distritos, así como también por el hecho de que el invierno fue muy duro y no pudieron entrenar mucho.
Tara y Chris crecían muy rápido, nuestro bebé estaba dejando mucha ropa y afortunadamente estaba sano. La escena más tierna que podía ver cada día era cuando Peeta llevaba a nuestros hijos a la habitación de Tara, se acomodaba con ambos en la cama y les contaba historias, alguna de fantasía y otras que tenían que ver con nuestras familias antes de nuestra cosecha, de hecho les contaba una y otra vez la ocasión que su padre le hablo de mis padres, la ocasión que me escuchó cantar por primera vez; cuando llegaba y los veía ahí entretenidos hacia que todo mi cuerpo hormiguera, aunque Chris no entendía aun nada, verlo dormir sobre el pecho de su papá era lo mejor, y Tara entendía la mitad, era muy reconfortante escuchar a Peeta narrar la historia, saber que la recordaba a pesar de veneno y todas las alteraciones que sufrieron sus recuerdos. Chris dormido tranquilamente, mientras Tara empezaba a dormitar o preguntaba "po que" a cosas que no entendía.
-Listo, misión cumplida – Peeta llego y me abrazo por atrás – duermen tranquilos –
-Bien hecho, hoy estuvieron imparables, Chris lloro mucho por eso de los dientes y Tara está muy lloroncita por eso de la gripe que tiene – yo terminaba de lavar los trastos de la cena.
-lo bueno es que le dio leve y Chris no tiene síntomas de que se haya contagiado – él empezaba a meter su nariz entre mi cabello, que en esta ocasión traía suelto, mientras que sus manos me rodeaban una y otra vez – La chimenea aún está encendida – susurro sobre mi oído.
-Lo sé, vi que hiciste antes de irte con los niños – me empecé a secar las manos – vi que le dejaste muchos leños, aparte el día de hoy el cuento fue muy rápido – él me giro para quedar de frente, pero sin dejar de rodearme.
-Pues cuando menos cuenta me di, ya nadie me prestaba atención, ambos roncaban – Peeta empezó a besar mi mandíbula, a pasar su barba de dos días, mientras que sus manos subían y bajaban por mi espalda hasta llegar mi trasero y nuevamente hacia arriba.
-Los aburriste – dije entre risa y acaloramiento por sus movimientos.
-No, lo que pasa es que son comprensivos y sabían que su mamá requiere de mi atención –
-¿A sí? – le dije antes de unir nuestros labios, acoplando y apretando los míos con los suyos, provocando un efecto al instante en mí, como si fuera la primera vez que lo besara, algo totalmente poderoso que no me terminaba de explicar, después de tantos años.
Yo empecé a meter mis manos entre su espalda y la playera, así como también entre su costado y la playera, sintiendo su piel directa.
-vamos a la sala bonita – dijo entre besos, para después bajar sus manos hasta mis caderas para impulsarme hacia arriba, mientras que yo rodeaba su cadera con mis piernas y mis brazos su cuello, entendiendo perfectamente el mensaje.
Mas tardamos en llegar a la sala, que ya tenía a Peeta sobre mí quitando mi blusa al momento que yo quitaba su playera y desabrochaba sus pantalones – te amo – le dije mientras besaba su hombro, para después sentir como hundía su cabeza en mi cuello y empezaba a repartir besos, besos que se convertían en escalofríos de excitación, él me conocía muy bien, sabía cómo provocarme estas cosas.
Nos estuvimos besando por largo rato, con placenteras y cálidas caricias, volviéndose más apremiante, bocas y manos moviéndose, como si fuéramos uno adolecentes descubriendo nuestros cuerpos.
-Nunca me voy a cansar de esto – Peeta empezó a besar mis hombros.
-menos mal – susurre en su oído, logrando que él me mordiera por la sensación es que eso siempre causaba en él, su estremecimiento por completo – y creo que eso jamás cambiara, siempre causa un efecto en ti – volví a hablarle en su oído, para que él me apretara más hacia él.
-Te amo bonita, tú y mis hijos son mi todo, son mi razón de existir – Peeta repartía besos por mis hombros, cuello, mandíbula y boca mientras hablaba.
-Yo también te amo, gracias por todo esto – lo apreté más hacia mí y nos dejamos llevar por esa pasión que siempre existió entre ambos.
-Niss, ahí está Tara – me dijo Michael, haciendo que me girara para ver donde él señalaba.
-Pero… - susurre y empecé a caminar hacia Haymitch que traía de la mano a Tara y Effie que venía con Chris en brazos -¿Qué pasa? ¿Dónde está Peeta? ¿Por qué traen a mis hijos? –dije atropelladamente con la angustia, porque se suponía que al terminar el entrenamiento debería de encontrar a Peeta en casa junto con mis hijos, era muy extraño que no estuviera con ellos.
-Te lo dije – susurro Haymitch cuando estuve junto a ellos.
-Tranquila Katniss, ¿qué tiene de malo que nosotros lo traigamos a ver a sus mamá? –
-¿Dónde está Peeta? – no pude evitar estirar los brazos para que me diera Chris.
-Trabajando, ¿Dónde más? – comento Haymitch.
-Mamí tu tabajas, quelo yo tabajal contigo – Tara empezó a jalarme del pantalón.
-Claro nena, solo espera un momento – Aun no entendía por qué estaban ahí.
-Relájate preciosa, todo está bien, solo que Peeta tuvo que ir a la panadería, al parecer echaron a perder un pastel y unas galletas que tienen que entregar hoy y fue al rescate –
-Pero debió avisarme – envolví mejor a Chris en la cobija porque empezaba a sentirse aire.
-¿Qué? ¿No crees que seamos capaces de cuidar a este par? – protesto Effie.
-¿sabes cambiar pañales? – le dije mientras empezaba a caminar hacia los chicos.
-Bueno… sé, pero no me gusta, es desagradable y Tara obedece muy bien a Haymitch –
-Claro mi niña sabe bien quien manda – alego Haymitch.
-si claro – dije con sarcasmo – vamos Tara indiquemos a los chicos que tienen que hacer –
-Ti, yo digo – ella de inmediato jalo a Haymitch al centro con los chicos y empezó a jugar con las cornetas que les indicaban a los muchachos cuando tenían que acomodarse y cuando tirar.
Yo me sentí extraña al tener ahí a mis hijos sin Peeta alrededor, pero también fue algo entretenido, novedoso para los chicos y disfrute de la compañía de Haymitch y Effie que hacían reír mucho a todos. Incluso Effie hizo comentarios a mis alumnos de que debían entrenar mucho, no solo apuntando con el arco, si no también fortaleciendo sus músculos, ya que ello muchas veces solo querían disparar y ya, pero el entrenamiento constaba de más cosas.
Solo me sentí algo incomoda cuando una de las chicas, Alison, le pregunto a Effie que si ella había sido nuestra mentora cuando estuvimos en los juegos y Effie como si nada le empezó a platicar cosas de esa fea etapa, pero afortunadamente Haymitch intervino para que ella dejara de hablar.
Al llegar a la panadería nos encontramos aún muy atareado a Peeta, pero como siempre, se dio un tiempo para saludarnos y abrazarnos a los tres.
-Perdón bonita es que aquí…-
-No digas nada, fue una tarde diferente, incluso para Tara, para salir de la rutina – dije antes de que siguiera.
-Bueno chicos nos vamos – comento Haymitch que ya traía varias piezas de pan en una bolsa.
-No, es que aún estamos ocupados aquí, pueden acompañar a Kat a casa –
-No es necesario, voy a esperar a Johanna, no tarda en pasar, no te preocupes, no vamos hacer mucho desorden, ¿no es así Tara? – Ella empezaba a quererse zafar de la mano de Haymitch, mientas que yo traía a Chris que se movía mucho queriendo tocar a Fred que le estaba haciendo caras y gestos.
-No mamí, pelo quelo dona –
-Mmmmm – Peeta negó con la cabeza – si comes dona ahorita ya no podrás comer otro pan, ¿de acuerdo? –
-Ti, solo dona – la ilusión de mi hija era enorme, conmovía a cualquiera.
-Pero ni tu papá ni yo queremos dona de acuerdo Tara, mejor porque no vemos si hay unas galletas – le dije trantado de negociar.
-No, quelo dona –
-Creo que voy a considerar cambiar el tamaño, sería bueno tener las misma piezas de pan pero mas pequeñas para los niños como Tara, así comen solo porciones adecuadas para ellos – Conocía esa mirada de Peeta cuando empezaba a maquinar nuevas recetas o en este caso nuevos tamaños.
-pues eso estaría muy bien – comento Fred – así Daniel comería menos pan –
-bien, ya lo estaremos checando mañana, hoy hay que terminar con ese pedido que nos complicó todo –
Y así nuestra vida se había convertido en una aventura, con nuestros hijos haciendo cada instante diferente, con nuestros amigos ayudándonos y superando día a día los malos momentos, pero para ese entonces me sentía plena, feliz por estar viviendo esta experiencia que en algún momento dude, ahora mi mundo estaba iluminado por tres grandes estrellas, mi chico del pan que siempre hacia lo posible por hacerme sentir bien, que compartía todos esos temores y pesadillas del pasado, que logro que me enamorara perdidamente de él, mi niña, mi Prim Taraxa, que con su alegría y entusiasmo hacia que mi día fuera mejor, que estuviera feliz por tenerla, por saber que era una parte de mí y mi diente de león; y al final mi Christopher, que había llegado sorpresivamente en todos los sentidos, poniéndonos a prueba y demostrando que a pesar de la adversidad, las cosas pueden salir muy bien, uniéndonos cada día más, haciendo que nuestra familia fuera lo mejor que me había pasado en toda mi existencia, porque al igual que Tara, él era una parte de mi Peeta y mía, ambos eran producto de amor y supervivencia, eran mis pequeños alientos para seguir adelante.
F I N.
N/A: ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO EL CAPITULO, SABEN QUE SE ACEPTA COMENTARIOS DE TODO TIPO, INCLUSO RECLAMOS POR LA TARDANZA. UN SALUDO ENORME Y GRACIAS POR LEER. YA ESTARE ESCRIBIENDO CON MAS CALMA LA NOTA DE AGRADECIMIENTO.
