Epílogo.

-Mamá dile a Chris que me regrese mis colores, no puedo terminar mi tarea – Tara se quejaba desde la mesa de la cocina mientras yo terminaba de guardar los juguetes de Chris que habíamos ocupado mientras jugábamos.

-Chris, ven aquí pequeño –

-No quelo, quelo bujar con Tala – respondió mi pequeño.

-Por eso, vamos por tus colores para que puedas dibujar, acuérdate que esos son de Tara- recite lo que tantas veces le habíamos dicho, pero por alguna razón no sabíamos porque le obsesionaban esos colores a Chris, sobre todo porque le habíamos comprado unos adaptados a sus edad, no tóxicos, especiales para niños de 3 años.

-Es que siempre quiere mis colores – protesto mi hija.

-Lo sé amor, pero sabes que tienes que ser compartida, vamos Chris busquemos los colores o que te parece si invitamos a Jack a jugar – esperaba que mi técnica de distracción al ir a buscar al hijo más pequeño de Casie funcionara.

-Tala ven, amos – decía Chris al ponerse de pie, ver que mi hijo buscara tanto a su hermana me recordaba mi infancia, cuando Prim lo hacía conmigo, cuando aquella pequeña me seguía a todos lados, llorando que quería jugar conmigo mientras que yo solo buscaba a papá para cantar o aprender cosas de las plantas que él y mi madre iban descubriendo.

Con Tara y Chris era muy similar, puesto que él la buscaba mucho, mientras que ella era tan apegada a su papá, siempre era la primera en correr a su lado, en preguntarle cómo había estado su día o quería estar en la panadería ayudando, mientras que Chris muchas veces prefería quedarse conmigo, haciéndome preguntas y viendo de lejos las locuras de su papá y hermana, riendo por todas las bobadas.

-No Tis, tengo tarea, ve con mamá –

-Vamos, déjala que termine, mientras hablaremos para ver si podemos ir a ver Jack, pero recuerda que solo una rato porque él aun esta pequeño – yo tome en brazos a mi hijo y empecé a llenarlo de besos, provocando grandes carcajadas por su parte, si algo tenia es que era un niño muy noble, que simpatizaba con las personas rápidamente y las cosas más simples eran las que más le gustaban.

-Mami, mami – decía entre risas, dándome mi dosis de la mejor medicina del mundo, la risa y alegría de mis hijos, así como también sus besos y abrazos eran lo mejor que me había pasado.

-Ma pero también necesito ayuda no puedes irte – protesto mi hija.

-ok, ok, en un momento lo checo, solo quiero distraer a Chris, verdad pequeño – volví a besar a mi pequeñín, hasta sacar grandes carcajadas.

-O puedes hablarle a buelo Haymitch ¿por fa? – dijo emocionada Tara, no sabía muy bien, pero ella disfrutaba mucho cuando Haymitch venia ayudarla con las cosas de la escuela, incluso más que cuando Peeta lo hacía.

-elo Mitch, yo mami, yo – dijo Chris, significando que quería ser él quien le hablara para que llegara a nuestro rescate.

-Tranquilo ¿no que le íbamos hablar a Jack? –

-Oh perdón, ya estoy aquí – Johanna como siempre, tan atrabancada entro golpeando la puerta – listo he llegado para llevarme a niño precioso –

-Jo – grito mi hijo y le estiro los brazos, a sabiendas que ella me ayudaba a cuidarlo mientras yo ayudaba a Tara con la tarea o a preparar cosas en la casa.

-Tía Jo, ¿Dónde está Daniel? – Tara hizo a un lado la tarea.

-Ayudando en la panadería, ya sabes que está castigado y está yendo con su papá a trabajar, así que hoy posiblemente Peeta llegue antes –

-Yeah, entonces si podremos ir a la pradera a jugar – grito Tara emocionada.

-Pero primero la tarea, anda aprovechemos que Jo llego y ahora yo te ayudo con lo que falta –

A veces pensábamos que nuestra vida era muy rutinaria, pero no dejaba de ser hermosa, con nuestros dos pequeños que crecían a paso agigantados, tratando de dejar nuestros viejos demonios de lado, aunque ellos empezaban a preguntar que eran lo que pasaba en las noches de pesadillas, por qué su mamá gritaba o lloraba en ocasiones sin razón, principalmente Tara, que al día siguiente me veía sospechando mis malas pesadillas, pero terminaba por darme un abrazo muy fuerte y murmurar un "mami te quiero mucho" y ni que decir de mi Peeta, que siempre estaba ahí para calmarme y abrazarme, consolándome y al mismo tiempo consolándolo, sobre todo cuando le llegaban flashazos por culpa del veneno, pero desde que Chris cumplió un año, afortunadamente solo han sido esos flashazos, las crisis no han vuelto a ocurrir y él ahora está más tranquilo, porque está completamente seguro que no nos hará daño, que ya no es necesario aferrarse a una silla o una puerta para evitar la crisis o controlarla.

-Mami te entendí mejor a ti que a la maestra, bueno si entendí a la maestra pero tú lo explicaste mejor – justo cuando Tara cerraba su cuaderno de matemáticas Peeta entraba a la casa – oh Papi, ya estás aquí – como era de esperar mi niña corrió hacia él, mientras Peeta le abría los brazos para cargarla aunque fuera ya una niña grande.

-Hola mi pequeña, ¿has terminado la tarea? –

-Si, justo ahora, verdad que vamos a ir a la pradera a jugar, tu lo prometiste –

-Claro, anda sube por tu hermano para que Jo vaya a casa a descansar – Tara salió con toda esa energía corriendo a la planta alta.

-Buenas tardes señor Mellark – no corrí como mi hija pero al menos si llegue y lo abrace.

-mmm bonita, ¿Qué tal el día? – susurro sobre mi boca.

-como siempre, pero me encanta que llegaras antes para salir a jugar con ese par de dinamitas –

-Pretendo dejarlos noqueados, porque después le voy a dedicar el resto de la noche a mi hermosa esposa, como lo prometí hace unos días -

Eso me gustaba mucho, que después de varias discusiones o conatos de discusiones, sobre que ya no nos dedicábamos tiempo entre nosotros, puesto que entre el trabajo y nuestros hijos, habíamos dejado de lado nuestra relación, acordamos tratar de acomodarnos para poder ser solo nosotros, sin niños llorando o brincando en nuestra cama, incluso habíamos acordado tener una cena romántica al estilo de cómo cuando decidimos casarnos mínimo una vez al mes, era justo para nosotros, así que pese a las burlas de Haymitch o Johanna, les encargaríamos a nuestros pequeños para poderla tener.

-Esa idea es muy prometedora, no perdamos tiempo y vayamos a cansarlos un rato –

-Claro – él beso mi cuello y después mis labios.

-Tía Jo, entonces tu… ¿tú eras mala cuando mi mami te conoció? – la pregunta de Tara nos sorprendió a todos.

-Claro que no cariño, solo… tenemos carácter diferente, aparte yo venía del distrito 7, allá las chicas eran muy diferentes a las de aquí en ese entonces – Jo venia bajando las escaleras de a poquito porque ayudaba a Chris, que últimamente se quería sentir muy independiente y no dejaba que lo cargáramos.

-Tara ¿Por qué dices eso? – Peeta veía muy atento a nuestra hija bajar la escalera.

-Ah es que en la escuela unas niñas grandes me dijeron que mi mamá y la Tía Johanna eran…- volteo a ver a Jo esperando recordar la palabra – migas –

-Enemigas cariño – la corrigió mi amiga, mientras que yo sentía que el estómago se me ponía duro.

-Vamos Tara no…- me sentí muy nerviosa al tratar de explicar un poco de nuestro pasado, siempre me ocurría eso, me trababa o me bloqueaba y no decía nada.

-Pequeña no debes creer todo lo que te dicen en la escuela, algunas niñas no entiende bien lo que les enseñan y te pueden confundir – Peeta ya estaba en cuclillas – ya conocerás todas esas cosas en su momento, no dejes que esas cosas te agobien por ahora, cuando te den los libros nosotros te mostraremos otro que hicimos tu mamá y yo –

-yo lo quiero ver – dijo emocionada Tara.

-No, porque ahora nos vamos al parque, bueno se van porque en vista de que mi bebé está castigado, mejor me voy a casa a terminar mis pendientes ahí, nos vemos mañana –

-Tía, Daniel no es un bebé – se rio Tara.

-Naniel ¿onde? – Chris veía a Jo y después buscaba a su primo según Tara.

-No, aunque ese niño ha estado haciendo muchas travesuras de la edad, seguirá siendo mi bebé, así como ustedes lo serán de sus padres, pero vamos que ya llevamos mucho tiempo perdido aquí y eso a sus papás no les beneficia, porque o se prolonga su noche o de plano no juegan como a ellos les gustaría –

-¡Johanna! – le recrimine.

-yo voy a jugar con ellos – dijo mi hija inocentemente.

-Si amor vamos, es hora, gracias por todo Johanna – dijo Peeta tomando en brazos a Chris que al instante beso.

-papi juga migo –

-Se dice papi juega conmigo Tis – desde que Tara hablaba mejor siempre corregía a su hermano, el cual no le importaba porque siempre decía lo mismo.

-Ti, Tala amos – el pequeño se empezó a mover para que su papá lo bajara y poder ir de la mano de su hermana mientras salíamos de la casa.

No me quedaba muy claro por qué a mis hijos les encantaba ir a jugar a ese lugar, pero siempre lo disfrutaban, tal vez porque era muy tranquilo y podían correr a su antojo, aunque Chris terminaba enojado porque a veces Tara no se dejaba alcanzar o acaparaba a su papá o a su mamá, se podría decir que él era igual de posesivo que yo, pero al final siempre querían ir a jugar ahí, disfrutando del verde del lugar.

-Vamos bonita, estas muy pensativa – Peeta me tomo de la mano para después tomar la de Chris y ayudarlo a seguir caminando por la calle - ¿todo bien? –

-Si, solo que me puse un poco nerviosa por el comentario de Tara –

-lo sé, pero debes estar consciente que vendrán muchas de esas preguntas, no podemos aislar a nuestros hijos de nuestro pasado –

-Si tienes razón –

-Podemos ¿pasar por unas galletas? – pregunto nuestra niña

-Lletas si, lletas –

-Nop, porque luego no quieren cenar – dije.

-ups, entonces mejor no saco lo que traigo –

-Oh Peeta, pero…- me silencio con un beso rápido.

-solo una en lo que juegan, descuida no traigo más que las justas, una para cada quien –

Cuando llegamos a la pradera empezamos a jugar, a veces cargando a Chris otras dejando que nos corretee, hasta que terminamos todos en el pasto y empezamos hacernos cosquillas, Tara y él se llevan muy bien, ella como hermana mayor lo cuida y en ocasiones incluso le deja sus galletas, eso me trae muchos recuerdos, recuerdos que prefiero alejar, porque sé que volveré a llorar y al final Peeta tendrá que intervenir o como cuando mi madre le tuvo que contar a mi pequeña sobre su Tía Prim, que nos dejó antes de tiempo, pero empezó a contarle la historia de mi hermana, de su carácter y su forma de ser; ella se quedó tan impresionada de que en algún momento yo tuve una hermana que nos pidió colocar una de las pinturas que había hecho Peeta de Prim en su cuarto y cada que mi madre viene, le pide que le cuente historias de nuestra infancia.

Fueron días complicados para mí, pero al final, me sentí bien de que mis hijos conocieran a su tía, de que podemos hablar de ella con más naturalidad, recordando los mejores momentos que viví con ella, no solo de ella, sino también de toda la familia de Peeta, viendo la ilusión de nuestra hija en la historia, para finalizar con "me hubiera gustado conocerlos a todos, me hubiera gusta tener a mis abuelos, aunque tengo al abuelo Haymitch"

-mami, mami – los gritos y risas de mis bebés me trajeron de vuelta, principalmente la risa nerviosa de Chris, que era correteado por su papá que le gruñía para enfatizar más.

-Ah que te hace papi – corría hacia él para levantarlo y besar su estómago y cachetes.

-con que llegaste al refugio heeee – dijo Peeta mientras trataba de alcanzar a Tara que lo toreaba para poder llegar a mi lado.

-Tis, ayúdame – gritaba ella, así que baje a pequeño para que corriera al rescate de su hermana.

-Me los voy a comer a besos a todos – decía Peeta.

-No mami no beso – dijo mi posesivo bebé.

-A ella principalmente – cuando menos vi, tenía las manos de mi esposo alrededor, abrazándome tiernamente y besando mi mejilla.

-Nooo – protesto nuestro chico.

-Mira Tis, ahí, es un sajo –

-Sinsajo – corrigió Peeta a Tara que ya iba tras el ave, seguida por su hermano.

-ah Peeta, crecen tan rápido – Suspire mientras sentía leves roces de los labios de mi chico del pan sobre mi cuello, mejillas y oídos.

-Si, pero están sanos y bellos, y jamás me voy a cansar de agradecerte que unieras tu vida con la mía de esa forma, que me dieras el mejor regalo del mundo – yo empecé a corresponderle las caricias.

-Y yo jamás me voy a cansar de agradecerte por todo, por tu amor, tu fuerza, tu… pasión – no espere respuesta, simplemente uní mi boca con la suya, como siempre, nuestros besos decían todo, no era necesario palabras de agradecimiento entre nosotros, los hechos decían todo.


Hola a todos, ¿me extrañaron? Pues yo sí, aparte que no saben la remordida de conciencia que tenía al haber terminado la historia sin más que decir, les debía una nota de agradecimiento y aquí esta, espero que les haya gustado el epilogo, fue un poco difícil escribirlo, estaba yo muy desencanchada, pero lo disfrute mucho.

Como siempre lo he dicho, no tengo palabras para agradecer a todos aquellos que están leyendo hasta este punto, a todos aquellos reviews que me aparecían como anónimos, a todos aquellos que pusieron la historia como favorita y nos solo eso también como autor, estoy impactada por la aceptación que tuvieron mis historias, así como tampoco tengo palabras para todos aquellos que no solo comentaron una sino varias veces, que me permitieron conocer su opinión, mil gracias, no sé qué más puedo decir, solo que han hecho de esto una de las mejores experiencias de mi vida, algo que me hace sentir muy satisfecha con mi persona, porque afortunadamente la mayoría de los comentarios son positivos y sobre todo me hace sentir muy identificada con mucha gente, porque no solo nos gustó esta maravillosa historia de Suzanne Collins, sino que la amamos y por lo mismo queríamos más, por lo que vuelvo aclarar estas historias que escribí, son mero entretenimiento, sin fines de lucro ni nada por el estilo, solo son un poco de imaginación.

Espero que todos estén muy bien y que hayan disfrutado tanto como yo, les dejo miles de abrazos, besos y mis mejores deseos a todos, espero volver a platicar con muchos de ustedes y volver a escribir algo, por el momento me retiro por un tiempo, no sé cuánto, tal vez sea poco tal vez sea mucho, porque eso sí, quiero volver a repetir esta experiencia y expectación de saber que opinan de mis locuras.

QUE LA SUETE ESTE SIEMPRE DE SU LADO.