Disclaimer: Los personajes no son míos . Son de la fantástica J.K Rowling .


Savin me

Ya habían pasado 2 semanas desde aquel terrible episodio en el mundo Mágico, ese día en el que se cerró un capítulo, el final de la "era del terror" como le gustaba llamarlo Rita Skeeter.

Hacía dos semanas que todo el mundo Mágico trabajaba en conjunto para reconstruir todas aquellas cosas que por medio de magia negra habían sido destruidas. Todo el profesorado de Hogwarts, y algunos padres y ex-alumnos se encontraban en ese justo momento ayudando a levantar las puertas del castillo.

El mundo Mágico había ganado nuevas ganas, unión, vitalidad, más ganas de salir adelante, un futuro incierto...pero seguro. No obstante, había perdido y mucho, y había días en los que muchos se levantaban cuestionándose si perdieron más de lo que ganaron o viceversa.

Muchas pérdidas sucedieron ese día, no sólo en lo material, lo cual ya de por si era mucho, sino también en lo físico y espiritual. Habían perdido muchos seres, muchas almas, muchas personas y seres que lucharon, no solamente del lado de los ganadores, también del otro. En resumen muchos murieron, mortífagos, gigantes, semi-gigantes, animales, centauros, elfos, magos, niños, bebes...

Muchos alumnos no regresarían el próximo año a Hogwarts, y no porque no quisieran, sino porque físicamente les era imposible, muchos habían dejado su vida en ese castillo defendiendo lo que creían adecuado. Demasiados alumnos habían muerto, más de lo que a cualquiera le gustaría admitir. De todas las edades, de ambos bandos. Miles de cadáveres se encontraban cada día entre los escombros, miles de familias llorando. No eran sólo alumnos, eran también hijos, hermanos o inclusive parejas.

También murieron profesores, como Dumbledore, el más recordado mago de toda la historia- según comentó Rita Skeeter en su versión re-modelada del libro de Dumbledore - como Severus Snape, a los que todos recordaban como un ser cruel y despiadado, y del cual muy pocos lloraron por su perdida, ya que eran pocos los que sabían la verdad, muy pocos fueron lo que si lloraron de corazón por haberle perdido y como Remus Lupin, ex profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras, licántropo y un hombre con tanta bondad en su corazón que era imposible de describir, muchos lloraron por él, unos por haber sido su maestro preferido, otros porque se les murió un amigo, y pocos por que de verdad era una terrible perdida, no sólo se iba un hombre cualquiera, se iba Remus Lupin, amigo, consejero, padre de un niño y mejor amigo.

Muchos aurores, así como Ojo Loco Moody del cual muchos confesaron siempre admirarle a pesar de su aparente locura y Nimphadora Tonks, una mujer recordada por siempre por su increíble capacidad de tropezarse con cualquier superficie terrestre, por ser metamorfaga y quizá aún más recordada por su increíble buen humor.

Alumnos como Colin Creevey, dejando a un hermano desprotegido y con heridas recién abiertas, de aquellas que cicatrizan con el paso de mucho tiempo y que a pesar de que pasen muchos años aún se ve la marca, alumnos como Fred Weasley, de esos que dejan marca en el colegio, de esos por el que todos lloran recordando cómo era el colegio cuando estaba en él, de esos por el que se hace el minuto de silencio mientras se escucha el llanto más desgarrador proveniente de sus seres más allegados.

Muchas más personas en el camino, como Cedric Diggory, Dobby y Sirius Black. Personas que quizá no vivieron todo el mal, pero vivieron lo suficiente como para poder merecerse un buen descanso. Y de esas personas a las que siempre se les recordará y que quedarán grabados con fuego en el corazón de algunos.

Y quedaban los que si bien no habían muerto en cuerpo, si lo parecían en alma. Aquellos con aquellas marcas de Guerra que con nada se quitan, aquellos que vieron cuerpos caer, de amigos y seres cercanos, aquellos que vieron la muerte en persona y lucharon contra ella, aquellos que no querían ni levantarse de la cama por miedo a ver como un nuevo día se va y ellos allí mientras otros no podían ver el sol salir y luego desaparecer. Muchos que simplemente ya no eran los mismos.

Y Hermione sabía a ciencia cierta quienes eran la mayoría de esas personas. Los Wesley eran unos de ellos, la señora Weasley hacía la comida mecánicamente y siempre servía un plato de más, como esperando que todo haya sido un mal sueño y de repente apareciera Fred acompañado de George haciendo aquellas pesadas bromas que tanto la sacaban de quicio.

Bill y Charlie a pesar de no vivir en la Madriguera habían decidido hacer visitas matutinas tratando de aliviar un poco los ánimos, más nada de lo que hacían lograba nada, pues ni ellos mismos lograban salir de aquel foso en el que se habían ahogado.

Ginny era quizá la menos afectada, ya que tenía el apoyo incondicional de Harry, pero si eras observador y sabías ver a fondo, podrías notar la cicatriz de la Guerra también en la menor de los Wesley, que noche tras noche sin que nadie la escuchará salía al jardín y se acostaba en el pasto viendo las estrellas paulatinamente mientras recordaba como su hermano solía decirle que cuando tuviera un poco más definido su futuro se casaría y tendría un hijo llamado "Constelación" y a pesar de que la pelirroja le preguntó millones de veces si estaba loco de la cabeza, el sólo le respondía "Quizá lo esté querida hermanita, pero hay quienes dicen que los más locos son los que tienen la razón".

También estaba Ron y el señor Wesley, quienes habían decidido irse a vivir solos al mundo Muggle, a petición del papá de los chicos, y perseguido por el miembro del trío dorado, decisión cobarde, para no afrontar que aquella casa donde una vez vivió Fred, era en la que ellos tenían que vivir, soportando el dolor de no verle más por las mañanas bromeando y sacando de quicio a la señora Wesley.

Y por último se encontraba George, quizá el más destrozado de todos. El que salía solo si era estrictamente necesario comer, el que cuando salía llevaba esa expresión taciturna en el rostro y no hablaba, el que silenciosamente, sin que él mismo se percatara, lloraba mientras comía, aquel que condimentaba su almuerzo con lágrimas saladas mientras recuerda las bromas entre comidas que solía hacer junto a su gemelo, y aquel que con cada rincón que recorría de su casa le recordaba a su gemelo, aquel que ya no estaba para reconfortarlo.

Y otra de las personas de la que Hermione se encontraba segura que había cambiado, aunque se empeñara en demostrar lo contrario, era Harry. Y era el más entendible. Había vivido demasiados años en la ignorancia como para aparecer de la nada en un mundo Mágico y tener que derrotar al ser más oscuro que haya atravesado la tierra, y sólo en 7 años y sin mucha ayuda.

Con la muerte de Remus y Tonks, el niño-que-vivió quedó a cargo del pequeño Teddy, por ser su padrino. Y a pesar de que sabía que era una inmensa carga para un chico de apenas 17 años, él había podido con ello, quizá no solo, ya que Andromeda Tonks le ayudaba en todo lo que podía. Harry se había mudado a la casa de Andromeda, ya que no quería pisar Grimmauld Place por los recuerdos que aquella casa le traían, y no quería molestar a los Weasley. Sabía a ciencia cierta que el chico aparentaba tranquilidad, parecía estar en paz con el mundo, y sabía que realmente así era, pero lo conocía lo suficiente como para saber que habían muchas cosas que le atormentaban, fantasmas, recuerdos.

Luego de la batalla, el azabache había subido a su habitación en Hogwarts y se había encerrado con sus dos amigos, mientras les relataba lo que había visto en el pensadero con las memorias de Snape, había visto el sufrimiento en los ojos de Harry, conociéndolo sabía que si de poder se estaría mandando a si mismo maldiciones imperdonables por no haberlo supuesto antes, por no haber podido tener una relación más estrecha con su antiguo profesor de pociones o por no haber tenido tiempo de agradecerle.

También les había contado como con la Piedra de la Resurrección había logrado ver de nuevo a sus padres, su padrino y a Remus. Había luchado al lado de los seres que más quería, y aún recordaba cómo se largó a llorar como nunca jamás lo había hecho.

No les dijo ni a Hermione, ni a Ron los motivos de su dolor, pero ambos suponían todo en una palabra: Culpa. Culpa de todos aquellos caídos en manos de Voldemort, culpa porque Harry siempre sentía que todo era su responsabilidad. Era algo que año tras año sus amigos trataron de negarle, pero le era imposible. Y parecía que esas cicatrices de dolor y culpa quedarían en el azabache atormentándole los sueños. Pero Hermione sabía que sólo habían dos cosas que de verdad le llegaban a animar lo suficiente como para parecer el Harry anterior, su ahijado Teddy y Ginny.

- Hermione - escuchó que la llamaban y la castaña dejo atrás sus pensamientos para ver como un azabache y un pelirrojo tocaban su puerta. Al menos eso no había cambiado y le alegraba.

Desde que salieron de Hogwarts cada uno había tomado un camino y Hermione había decidido irse a vivir a la casa de sus padres, quienes estaban en quien-sabe-donde, haciendo quien-sabe-que y sin recordar que tenían una hija. Aquella casa era una tortura, como le decían sus amigos, la conocían bien y sabían que lejos de hacerla feliz, aquella casa le traía demasiados recuerdos, recuerdos que lo único que hacían era empeorar las cosas.

La castaña abrió la puerta dejando pasar a sus dos amigos mientras ellos se quedaban en el umbral de la puerta con expresión taciturna y la cabeza gacha. Por lo bien que los conocía, sabía que la noticia que le iban a dar no iba a ser de su total agrado.

- Llego una carta del Ministerio - informó Ron y la castaña asintió sin entender de que iban

- ¿Y bien? ¿qué decía? - preguntó impaciente y el azabache la miró un largo segundo tras entregarle un sobre ya rasgado anteriormente. La castaña lo tomó entre sus manos sintiendo que temblaba, reconocía aquel tipo de cartas, era del juzgado de magia. Hagrid se los había enseñado cuando iban a juzgar a Buckbeak en su tercer año.

- Creo que es mejor que lo leas - se apresuró a decir el azabache cuando se dio cuenta que los pensamientos de la castaña iban dirigiéndose hacia cierto rubio Slytherin.

La castaña asintió y aún con nerviosismo comenzó a leer en voz baja la carta:

"Querido Señor Potter"

Le mandamos esta carta directamente desde el Ministerio de Magia, para informarles que hoy a las 3 de la tarde, la familia Malfoy será juzgada. Como bien sabrá en cada juicio se necesita testigos y gente que hable contra y por el acusado. Estaríamos muy agradecidos si usted y sus amigos, Hermione Granger y Ronald Weasley nos acompañaran en el juicio. Sabiendo bien que han convivido con el señor Malfoy durante 7 años y podrían servir de gran ayuda.

Se despide cordialmente. El Ministro.

La castaña releyó una vez más aquellas cortas líneas para luego suspirar. No podía decir que no se lo esperaba, pero temía que aquel momento llegara y no se sentía preparada, le parecía aún muy pronto para afrontar por completo la realidad.

El azabache prefirió darle su momento de privacidad en sus pensamientos, ya que desde el final de la batalla el niño-que-vivió pasaba escudriñando en los pensamientos de sus allegados, sólo por temor a que se desmoronen o quizá por masoquismo, como le decía Andromeda.

Sabía que estaba mal, pero no podía evitarlo.

- ¿V-vas a ir con nosotros? - pregunto temeroso el pelirrojo sin saber muy bien porque la castaña tenía aquella expresión taciturna y casi sombría. Sabía que debía tratar con cuidado el tema de Malfoy, más no sabía el por qué.

Recordaba como se había puesto la castaña un día en el que el pelirrojo se había empeñado en hablar específicamente pestes del rubio y su familia.

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El Trío Dorado había decidido reunirse en la casa de Andromeda. A los dos amigos del azabache les encantaba atender a Teddy y jugar con él y su capacidad metamorfaga, por lo que habían decidido verse allí mientras cuidaban del bebe.

- Harry ¿aún te sigues culpando por lo de Snape? - tanteó la castaña adivinando los pensamientos del niño-que-vivió que se encontraba viendo un pequeño recuadro donde salían los Merodeadores y en el fondo se veía como un chico de cabello negro los veía sin expresión alguna.

El azabache suspiro y sonrío con amargura sabiendo que a su amiga no se le podía escapar nada.

- Así es Mione... siento que fue mi culpa - dijo el azabache viendo como Teddy cambiaba el color de su cabello a uno negro como el de él.

- Ese es tu problema, debes de dejar de sentir, sientes mucho Harry - le dijo el pelirrojo y tanto el azabache como la castaña alzaron una ceja para luego reírse de las ocurrencias de su amigo. Y entre bromas pasaron una agradable tarde, hasta que cierto tema salió a relucir

- ¿Saben? Hay algo que llevo pensando desde hace mucho - dijo el pelirrojo llamando la atención de sus dos amigos quienes dejaron de jugar con el pequeño para fijarse en el chico Weasley que se encontraba recostado de una pared. - Se por mi papá que todos los Mortífagos serán juzgados, o bueno...todos aquellos que no escaparon o murieron - dijo con sorna.

- ¿A dónde quieres llegar? - preguntó cortante la castaña imaginando que rumbo tomaría aquella conversación y queriendo cortar de raíz el tema.

- Se que los padres de Nott murieron, los Parkinson huyeron de la batalla, pero fueron encontrados y todos deben ser juzgados, la familia de Crabble y Goyle también serán juzgados, los Zabini murieron, menos Blaise, eso implica que también será juzgado, y están los Malfoy ... - comenzó a decir el pelirrojo pero fue interrumpido por el azabache que había comenzado a ver como la castaña apretaba los labios, cosa que sólo hacía cuando estaba realmente mal, tanto triste como enojada. Y prefería evitarle a su amigo un ataque como el de los pájaros en la Torre de Astronomía en sexto año.

- Ron - comenzó el azabache pero el pelirrojo le hizo una seña para que lo dejara continuar

- No me digas Harry que no has pensando en porque no escaparon, pudieron haberlo hecho, tuvieron muchas oportunidades y... no lo entiendo - antes de que pudiera aportar algo más la castaña había saltado de su asiento mientras se dirigía a la chimenea ganándose la mirada sorprendida de sus amigos

- ¿Qué pasa Mione? - preguntó el pelirrojo y la castaña se dio vuelta enfurecida

- ¿Sabes Ronald? El problema de Harry es sentir mucho, pero el tuyo es pensar muy poco ¿no has pensando acaso que quizá los Malfoy no sean unas miserables ratas? ¿no has pensando que quepa esa posibilidad? No, claro no lo pensaste. No piensas Ron - terminó la castaña para luego desaparecer sin decir nada por la chimenea.

Ambos chicos se quedaron viendo un rato para luego encogerse de hombros. Siempre habrían reacciones de su amiga que ellos jamás entenderían, aunque el azabache estaba comenzando a suponerlas.

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Desde ese entonces el pelirrojo trataba en la menor medida posible de tocar el tema de los Malfoy, pero ese día había sido estrictamente necesario. Habían sopesado la posibilidad de ir al juicio sin decirle nada, pero el azabache a última hora desistió de ese plan alegando que eso era hacerle mal a la castaña, que merecía estar al tanto de todo y no podían ocultarle las cosas como si fueran pequeños de primer año.

La castaña desvío la mirada hacia el gran reloj que colgaba en la pared de la sala y vio que marcaba la 1 de la tarde. Suspiró pensando en como haría para mentalizarse en sólo dos horas.

- Y-yo no creo - habló con total sinceridad la castaña mientras sentía como la carta que aún conservaba en sus manos ardía, era la sentencia del rubio, y ella la tenía en sus manos, como si fuera ella un Dementor y los Malfoy su presa. Se sintió asqueada con tal pensamiento y de inmediato le entregó aquella carta a sus amigos y ambos asintieron comprendiendo que lo más probable es que la castaña no se apareciera por allí.

- Luego te contamos - dijo el pelirrojo haciendo sonar aquella frase más una pregunta que un hecho y la castaña asintió incapaz de poder decir palabra, había sentido como su garganta se secaba abruptamente y sentía que si hablaba su voz saldría demasiado extraña y más ronca de lo normal.

- Nos vemos Mione - se despidió el azabache mientras ambos desaparecían dejando a la castaña sola en aquella sala donde solía compartir tardes y noches con sus padres, pero por increíble que fuera, ese día ella pensaba en muchas, quizá demasiadas cosas, pero nada tenía que ver con eso.

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Muy lejos de aquella pequeña y humilde casa muggle, se encontraba un rubio al lado de dos adultos igual de pálidos que él. Estaban en una celda, custodiada por Dementores. No podían dejar de sentir como toda mínima esperanza a la que se aferraban se iba.

Pero quizá el que peor se encontraba dentro de esa celda era el menor de los Malfoy. Había sido encerrado en esa celda junto a sus padres, justo después de que llegaran los funcionarios del Ministerio a Hogwarts, es decir, cuando él salía de la Torre de Astronomía luego de haber charlado con la castaña.

Los aurores explicaron la situación y los Mortífagos fueron señalados, muchos intentaron resistirse de ser llevados a una prisión para luego ser juzgados y lo más probable ser condenados a muerte o a una celda de por vida, otros como su familia simplemente se resignaron y se dejaron llevar. El rubio había sentido como una aurora de cabello marrón claro, que le recordó a Nymphadora, lo llevaba con una especie de esposas mágicas a la salida del castillo y sabía que sus padres se encontraban en una situación parecida. No necesitaba mirar a los lados, para saber que acaparaba la atención de todos. Años antes aquello hubiese sido un sueño para el rubio, pero ahora lo único que deseaba era llegar a aquella celda y poderse perder en sus pensamientos, que todos giraban en torno a él, sus padres, su futuro y la castaña.

Por más estúpido que fuera, estando encerrado en una celda a poco de ser juzgado y de saber su condena, sus pensamientos giraban en torno a ella. No había noche que no recordara su conversación, sus palabras, sus sonrisas, su cercanía, sus sonrojos, su perfume y todo de ella. Ya habían pasado dos semanas desde que el rubio no comía gran cosa y no se enteraba de lo que le decían sus padres, estaba como en una especie de trance, del cual salía de vez en cuando sintiendo el dolor y la tristeza abordar su ser, cosa que sucedía cuando los Dementores decidían hacer acto de presencia. Y a pesar de ello, seguía sumergiéndose en sus recuerdos. Que era lo único que le quedaba.

- Los Malfoy - llamó una voz de una mujer y Draco pudo ver a aquella mujer que le había aprisionado habría la celda con su varita. - Escúchenme y háganlo bien , su juicio será en una hora, tienen exactamente 50 minutos para cambiarse de ropa, darse una ducha y despedirse de sus cosas - dijo esto último con maldad mientras colocaba un hechizo sobre ellos - no sean tan tontos como para tratar de escapar ahora, si no lo hicieron antes ya perdieron su oportunidad, y si por si acaso escapar sigue siendo una alternativa, tienen que saber que cualquier paso en falso que den será informado al Ministerio y con los Hechizos que les coloqué podrían morir más rápido que con un Avada. - dijo mientras los conducía a la salida de aquella prisión para luego desaparecer dejando el aire cargado a palabras agrias y mal intencionadas.

Los Malfoy se miraron asintiendo a su vez y reaparecieron en su Mansión. En los ojos de Lucius se podía distinguir la codicia de poder volver a su hogar, aunque sea por unos instantes, en los ojos de Narcissa la nostalgia y el temor de volver a pisar a aquella Mansión que tantos buenos y malos recuerdos le traían, y los ojos del menor de los Malfoy eran los más fríos e inexpresivos, quizá notaba donde se encontraba sólo por el característico sentimiento de familiaridad hacia el lugar donde se encontraba, pero la verdad es que su mente vagaba en las palabras que les había dicho la aurora "despedirse". Meses antes si se encontrara en la misma situación el rubio se encontraría asustado y sin nadie de quien quisiera despedirse. Pero ahora sólo quería hacer una cosa y tenía que ver con Gryffindor.

Pero descarto la idea al ver como los ojos de su madre se llenaban de lágrimas regresándolo a la realidad

- ¿Pasa algo madre? - preguntó el rubio viendo como su padre se adelantaba sin su habitual porte aristocrático, a sabiendas que la conversación entre su esposa y su hijo sería de esas privadas que él no tenía permitido escuchar.

- No, nada Draco - dijo su madre secando las finas lágrimas que aún caían por sus mejillas

- Tus lágrimas no dicen lo mismo madre - contra atacó el rubio y la mujer suspiró.

- ¿Sabes hijo? así como tú me conoces a mí, yo te conozco a ti , se lo que quieres hacer ahorita, se cuáles son tus pensamientos, quizá no a profundidad, pero si tengo una idea y ... - comenzó su madre pero el rubio la interrumpió

- Por favor madre no empieces, nada de lo que digas hará que vaya a donde está a confesarle cualquier estupidez sentimental - dijo el rubio y su madre sonrío triste

- ¿Un Malfoy haciendo eso? Por Merlín Draco ¿qué diría tu padre si te escuchara hablar así? - fingió estar aterrada haciendo sonreír al rubio - no , sólo es que... pensaba que si salieras de ese juicio y pudieras volver a retomar tu vida, quizá pudieras... tratar de acercartele - habló su madre y el rubio alzo una ceja preguntándose si aquello era real.

Se encontraban a menos de una hora de ser quizá condenados de por vida y su madre se encontraba allí hablándole sobre amor, o algo parecido a ello y exponiendo en voz alta todo aquello que deseaba en lo más profundo de su ser.

- Madre no te hagas falsas ilusiones, tu y yo sabemos perfectamente que esto no va a terminar bien para ninguno - dijo el rubio llevando a su madre a la realidad que aguantó las lágrimas y asintió firmemente mientras sonreía dulcemente

- Siempre tan frío y sensato, te pareces tanto a tu padre, y a la vez tan poco, Draco, ¿sabes?...Olvídalo, sólo entremos y preparémonos para lo que sea que nos depara el futuro - dijo su madre recuperando aquel tono aristocrático que inspiraba respeto y temor y el rubio asintió siguiendo a su madre dirección al castillo.

- Madre - llamó el rubio una vez subía las escaleras para encaminarse a su habitación y arreglarse. Su madre detuvo sus pasos y le miró dándole a entender que tenía toda su atención - ¿Estaría mal escribir una carta? - preguntó temiendo la respuesta de su madre pero al ver como su madre suspiraba nostálgica y se encogía de hombros, cerró los ojos fuertemente luchando con aquel sentimiento de correr hacia su madre y decirle cuanto le quería. Al fin y al cabo parte de ser un Malfoy es aprender a no demostrar sus sentimientos públicamente y con ese pensamiento se encaminó hacia su cuarto sin escuchar como su madre le susurraba

- No Draco, no estaría mal

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- Escúchenme bien, hicieron bien en no huir como unas ratas cobardes, eso les dará un punto a su favor, ahora serán llamados cada uno por separado - les dijo la aurora una vez aparecieron en el Ministerio. Los rubios se limitaron a asentir mientras veían como la aurora desaparecía entrando en la sala donde serían juzgados en breves minutos.

- Draco - llamó su padre con su tono de voz habitual, frío y sin ningún sentimiento. El rubio se acercó al hombre preguntándole con la mirada que quería - sálvate ¿vale?, y también sálvala a ella - dijo viendo la espalda de su rubia esposa que en ese momento se encontraba muy perdida en sus pensamientos como para percatarse de la conversación que sucedía a sus espaldas.

El rubio le miró con el ceño fruncido confundido por las palabras de su padre, primero porque jamás lo hubiese imaginado decirle algo como eso, y luego porque parecía más bien una despedida

- Siempre lo hago - le recordó el menor, mientras el hombre asentía sin perder aquella expresión fría.

- Pero hazlo mejor, yo... la amo ¿difícil de creer no? luego de tantas veces que le hice daño - Draco se mordió la lengua para recordarle que a él también le había hecho daño, pero prefirió dejar a su padre hablar, ya que dudaba que hubiese alguna conversación como esta en un futuro, y peor aún , dudaba que hubiesen más conversaciones de cualquier tipo con su padre, lo cual le asustaba - Me di cuenta tarde de mi error, ya te había infiltrado en las filas de el-que-no-debe-ser-nombrado y ... a tu mamá le herí como nunca, me di cuenta demasiado tarde, sólo me quedaba resignarme a ser odiado por ustedes y seguir aparentando que todo marchaba bien , cuando todos sabíamos que no era así, pero de nada sirva que me disculpe contigo ¿verdad? - adivinó el mayor con sarcasmo pero cierto tono de resignación que hizo que el menor de los Malfoys le fuera sincero a su padre, por lo que se limitó a asentir llevándole la razón al mayor. Este hizo una mueca y siguió hablando - No caeré en explicaciones, el primero en ser juzgado probablemente sea yo y haré de todo lo posible para que tu madre y tú salgan de aquí, sólo por favor júrame que la cuidaras ... que te cuidaras - pidió el hombre con los brazos temblándole por el esfuerzo de mantener el bastón.

El rubio un poco tocado por aquellas palabras se vio incapaz de pronunciar palabra así que se limitó a asentir y vio como su padre sonreía con amargura mientras veía como la puerta de la sala de juicios se abría y se escuchaba una voz grave llamándole. Sonrío auténticamente a su hijo para luego dejar que su esposa se lanzara a sus brazos. Ambos sabía que aquella máscara de indiferencia que mantuvieron por tantos años de casados se terminaría rompiendo en algún momento, pero no contaban con que fuera en el último minuto.

- Lucius - sollozó la mujer dándole un beso en los labios, quizá el último.

- Te amo - pronunció sin hacer sonido alguno mientras volvía a besar a su mujer y se adentraba en aquella sala llena de jueces y testigos, mientras la puerta a sus espaldas se cerraban dejando atrás a su familia.

- Draco - llamó la rubia a su hijo que se encontraba recostado en la pared contraria de la sala y tenía la cara escondida entre sus piernas, este levantó la mirada encontrándose con los ojos cristalinos de su madre - ¿Crees que...? - se vio incapaz de terminar la frase, pero el rubio lo entendió bien y negó débilmente con la cabeza, a lo que la mujer sollozó bajito para luego retomar la postura - ¿Y tú? - preguntó temerosa de obtener una respuesta mala, más el rubio la miro sin comprender nada.

- Madre estás a unos minutos de ser juzgada tú, por favor no te preocupes por mi, lo que importa ahorita eres tú - dijo y la rubia asintió conmovida por las palabras de su hijo

- Sólo quiero que sepas que yo no sería capaz de salir a delante sola sin ti, ni Lucius, sólo quería que supieras eso - dijo mientras le daba un maternal beso en la cabeza y se sentaba a su lado en silencio mientras ambos esperaban que se abriera la puerta y dijeran el nombre de la rubia.

- ¿Sabes? - comenzó el rubio viéndose incapaz de callar más todo aquello que le atormentaba, por una parte estaba el hecho de que acababa de descubrir que en verdad si quería a su padre y le estaba doliendo en lo más profundo de sus ser saber que no tendría un buen final, no al menos para su padre, y por otra parte estaban aquellos sentimientos que debía callar, no por la limpieza de la sangre ni nada de eso, lo cual a esas alturas ya le parecía bastante ridículo; no por ser ella la integrante del Trío Dorado, una de las que ayudo a derrotar al Señor Oscuro; no por ser la mejor amiga de su enemigo, no. Simplemente porque no sabía cómo exteriorizar sus sentimientos, ya que ni él mismo los entendía todavía. Sabía que si no hablaba pronto de eso con alguien acabaría mal, y tenía a su madre al lado, brindándole apoyo y dándole calor maternal, cosa que muy pocas veces hacía. Tenía que aprovechar al máximo los minutos que le quedaran con ella, no tenía claro que pasaría con ellos y temía no volver a verla y quedarse con todo eso que necesitaba exteriorizar - yo... estoy aquí, estamos aquí, nosotros , los Malfoys, los que nos paseábamos a nuestro antojo por estos pasillos disfrutando la angustia de los demás, viendo como muchos eran condenados, viendo a los mismos Dementores robándoles el alma a muchos y ahora estamos aquí , estamos en el lugar de esos muchos de los que nos burlamos, es algo parecido al karma, pero peor. ¿Y yo que hago? pensar estupideces

- Hijo pensar en ella no es estúpido - le interrumpió su madre

- No digo que lo sea, ella se merece inclusive estar en los pensamientos de todo el mundo Mágico, pero... pensarlo ahorita, pensar en algo que jamás podrá ser, pensar en eso en una situación como esta, eso es lo estúpido. ¿Sabes? en la celda me aferraba a su recuerdo y a pesar de que luego llegaban los Dementores y me la arrancaban , no podía dejar de pensarle, era como si se hubiera adueñado de mi mente, no lo entiendo, es decir ...

- No hay nada que entender, esto muy pocas veces se entiende ¿sabes ese sentimiento que tienes de querer protegerle y que jamás, pero jamás salga lastimada? - al ver como el rubio asentía continuó - ese sentimiento de querer que sea feliz aunque sea con otra persona, y claro cuando la ves con otra persona deseas torturar a ese ser que se atrevió si quiera a mirarle, esa sensación, esa necesidad, de tener contacto aunque sea visual con ella y por sobre todas las cosas, el darte cuenta que de tus pensamientos no le puedes sacar ... eso pasa Draco, le pasa a las personas que de verdad aman, quizá no todas estén destinadas a tener sus finales felices de cuento de hadas, pero... siempre hay que intentarlo y tú hijo mío por más que lo evites, ni siquiera has hecho un mínimo esfuerzo en intentarlo - concluyó sonriendo por la cara de estupefacción de su hijo.

- ¿Cómo demonios sabes todo eso? - preguntó este frunciendo el ceño

- No te olvides que soy humano y todos alguna vez hemos pasado por eso - dijo mientras se levantaba de su sitio al escuchar como las puertas se abrían y la llamaba la misma gruesa voz que había llamado hace unos minutos atrás a su esposo. El rubio maldijo por lo bajo por la interrupción, se había quedado con la intriga de saber si la persona que había logrado tomar de tal manera el corazón de su mamá, era Lucius o se trataba de otro. Y además estaba el hecho de que esa era la despedida, quizá para siempre.

Sin miramientos ni arrepentimientos se acercó a la regia figura de su madre le dio un beso en la mejilla y le susurró sólo para que ella le escuchase

- Te quiero

Tras unos largos y tortuosos 20 minutos, el rubio fue solicitado en la sala.

Con paso firme y decidido se acercó a la silla que se encontraba en medio de toda la enorme sala y suspiró mientras se sentaba en ella y veía como dos aurores, los cuales desconocía por completo, le amarraban las manos.

Muy ingenioso de mi parte escapar a estas alturas - pensó sarcástico el rubio mientras detallaba los que se encontraban en esa sala.

Vio entre los testigos a muchos Gryffindors que habían pertenecido al ED, vio al propio Ministro de Magia, vio a Umbridge, lo cual le daba la confianza de por lo menos tener un punto a su favor, vio a un montón de magos importantes que una vez había visto en periódicos y luego enfocó su mirada en dos muchachos Gryffindors que resaltaban de toda esa gente. Uno era pelirrojo y el otro azabache, uno era Weasley y el otro Potter, ambos miembros del Trío Dorado. E irremediablemente Draco se vio buscando con la mirada señales de que la castaña también estuviera allí, viendo como lo acusaban y se imaginó escenarios donde ella también lo acusaba y aquello le dolió, pero más le dolió ver que sus suposiciones antes de entrar a la sala habían sido ciertas. Granger no aparecería por allí.

- Señor Malfoy - llamó la jueza captando la atención de todos en la sala - tenemos entendido que usted fue fiel seguidor de los Mortífagos ¿es cierto señor? - preguntó mirando con deliberada atención el antebrazo del chico.

- Si- respondió secamente el rubio sintiendo como su manga era rota dejando a la vista de todos la Marca Tenebrosa que yacía en su brazo, muchos gritaron, otros se rieron y muchos otros permanecieron callados.

- ¿Algo que le impulso a hacer esto Señor? - preguntó la jueza y el rubio se encogió de hombros.

- Supongo que el hecho de que el Señor Tenebroso me había amenazado de que si no cumplía con sus órdenes mataría a mi madre, lo cual no podía permitir - dijo con tanta gracia que la jueza se planteó el hecho de preguntarle al rubio si de verdad sabía dónde se encontraba y porque se encontraba allí.

- ¿Por qué su madre no lleva la marca en el brazo? - cuestionó y el rubio frunció el ceño.

- ¿Eso no deberían preguntárselo a ella? - devolvió la pregunta y la jueza frunció el ceño enojada

- Ya lo hicimos, queremos oír su historia - dijo la jueza y el rubio asintió entendiendo a donde quería llegar.

- Le pedí a Voldemort que no la hiciera Mortífaga, que haría cualquier cosa que me pidiera con tal de que dejara a mi mamá lejos de esos asuntos - dijo y toda la sala quedo en repentino silencio

- ¿Que favor te cobro Voldemort? - preguntó la jueza interesada

- Matar a Albus Dumbledore - se limitó a decir el rubio encogiéndose de hombros como si aquellas simples palabras no causaran un gran efecto en todos, como si aquellas cuatro palabras no hicieran que los corazones de todos los que se encontraban en aquella sala y sin excepción, se encogieran y a la vez latieran más rápido por la excitación de haber hallado al asesino del ex-director de Hogwarts.

- ¿Se confiesa culpable de haber matado a Albus Dumbledore? - preguntó la jueza viendo cada segundo que pasaba más inútil que el otro, ya habían encontrado al culpable de toda la desgracia que hace un año había sucedido, sólo tenían que condenarlo y estaba listo. Pero las normas mágicas la obligaban a seguir con aquel juicio hasta que todo el jurado estuviese de acuerdo con la decisión.

- No completamente - respondió el rubio haciendo que muchos fruncieran el ceño confundidos por la actitud tan fría de un chico de 17 años que tenía una celda esperando por él.

- A ver señor Malfoy, por si no se ha dado cuenta estamos en juicio, de esto depende su vida, está bajo juramento, debe decir toda la verdad, y por sobre todas las cosas esto no es una especie de juego, deje de irse por la tangente y hable de una vez todo, sea explícito - pidió la jueza perdiendo los estribos. Tres juicios en la misma tarde era agotador.

- Señora juez con todo el respeto que se merece... Malfoy está siendo claro - habló una voz desde las gradas y todos voltearon a ver como el salvador del mundo Mágico se había puesto de pie mientras se acercaba a la silla que había especialmente para testigos. El rubio se contuvo de bufar ante la actitud heroica del azabache y se limitó a mirarlo esperando que pusiera las cartas sobre la mesa, al fin y al cabo de eso se definía todo, de jugar todas las cartas y ver quien era el ganador.

- Señor Potter - saludó la mujer haciendo una vaga reverencia que hizo que el rubio rodara los ojos. Si hubiese sido otro quien interrumpía al jurado, se vería en serios problemas. Pero ahora parecía que por el suelo que pasaba Potter, lo demás lo besaban y adoraban. Era algo escalofriante a ojos del rubio y algo desesperante a opinión del chico de gafas.

La verdad había llegado a la sala esperando ver los juicios y mantenerse al margen de ellos, más al ver como Ginny defendía a Lucius Malfoy contra todo pronóstico, supo que debía intervenir. Al fin y al cabo los Malfoy no siempre actuaron de mala manera, había baches, pequeños pero notorios que los delataba como personas, humanos confundidos, que no apuntaban a ningún lado, ni al bien ni al mal.

Al escucharle decir a la pelirroja como en el segundo año luego de que Lucius Malfoy introdujera el Diario de Tom Riddle entre sus libros, él mismo había ido al colegio topándosela por los pasillos y pidiéndole que se lo devolviera, que todo había sido un grave error. Aquello era una clara muestra de arrepentimiento, quizá la más grande vista por el mayor de los Malfoy. Aunque eso no había ayudado mucho para el veredicto final, había salvado al hombre de una condena de por vida. El veredicto había concluido en 10 años de prisión en Azkaban. Decisión que el rubio aceptó con frialdad y su típica máscara de indiferencia, más cuando le agradeció a la menor de los Weasley, Harry Potter comenzó a dudar sobre si todo aquello que tenía entendido sobre aquella familia era lo correcto, o quizá estaba equivocado y no pensaba bien como le había recriminado su castaña amiga a Ronald.

Luego en el juicio de Narcissa Malfoy fue diferente, desde mucho antes de llegar al Ministerio, Harry se había planteado la posibilidad de defenderla, al fin y al cabo gracias a ella el mundo Mágico estaba a salvo, si ella no hubiese fingido que el niño-que-vivió había muerto, quizá Harry no hubiese podido derrotar al Señor Oscuro. Ese día, al escucharla preguntándole por el paradero de su hijo, lo entendió casi todo a la perfección. A la señora sólo le interesaba salvar a su hijo, no tenía intenciones de pelear ni para ni en contra de él.

Y todo eso lo dijo a la hora de testificar para o en contra de la rubia Malfoy y para sorpresa de muchos, varios Gryffindor se levantaron de sus asientos defendiendo a la señora Malfoy, diciendo que los había ayudado en la Batalla Final. Así que la rubia contra todo pronóstico había salido ilesa de aquel juicio, con una pequeña advertencia de prisión a cualquier mínima acción que sea detectada por su parte.

Y ahora se encontraba allí en el juicio de uno de sus ex-compañeros, de aquel Slytherin que en primer año le humilló, que en segundo y en tercero se encargó de lo mismo, que en cuarto y quinto lastimó, y que en sexto y en séptimo llegó hasta a ayudar.

Repasó en su mente cada momento vivido cerca del chico, recordó las palabras de la castaña y vio como tras aquella máscara de indiferencia que colocaba el rubio, había una pequeña desesperanza en sus ojos, como si ya hubiese dado todo por perdido y fue ahí cuando se percató de que buscaba con la mirada algo, o alguien, y se dio cuenta que no lo encontraba, por lo que se llegó a plantear si aquella persona a la que con tanto esmero buscaba era a su amiga Hermione.

- Señor Potter ¿va a testiguar en contra o a favor del señor Malfoy? - preguntó la jurado sacándolo de sus pensamientos.

El rubio pensó si era necesario hacer esa clase de preguntas, era obvio que era en contra. Nadie en su sano juicio hablaría a su favor.

- Con mis disculpas señora juez, creo que no he venido a hacerlo de ninguna de las dos maneras, sólo he venido a dar mi versión de los hechos, no estoy hablando ni en contra ni a favor, sólo desearía decir unas cosas - pidió y la juez incapaz de negarle algo al niño-que-vivió asintió dándole la palabra - En el sexto año descubrí que Malfoy se había unido a las filas de los Mortífagos luego de un incidente en los baños de Hogwarts donde logré verle la marca tenebrosa en su brazo, luego comenzaron a suceder algunas cosas extrañas, como un collar hechizado que habían dejado misteriosamente en el baño de Las Tres Escobas, que iba destinado a Dumbledore, luego un intento de envenenamiento que no salió de acuerdo a lo previsto, lo que me llevo a pensar que había alguien tratando de herir a Dumbledore, y luego aquella noche en la Torre de Astronomía vi como Malfoy lo acorralaba y le pedía que no hiciera las cosas más difíciles, Dumbledore le decía que él no era un asesino y que no sería capaz de hacerlo y contra cualquier suposición mía fue cierto, Malfoy sólo llego a desarmar al profesor. Quien asesinó a Dumbledore, siguiendo los deseos de éste, fue el profesor Severus Snape. Malfoy sólo escapó junto a su profesor sabiendo el destino que les esperaba si se quedaban allí. Luego en séptimo, cuando los carroñeros nos atraparon a mis amigos y a mí y nos llevaron a la Mansión Malfoy, él no nos delató, Bellatrix Lestrange había pedido que se acercara a nosotros y le dijera si en verdad éramos el Trío Dorado o simplemente unos Magos, ya que nos habíamos encargado de deformarnos el rostro para no ser identificados, a pesar de todo él nos reconoció, más no dijo nada, alego no estar seguro si éramos verdaderamente nosotros, y el resto de lo que paso en la Mansión nada tuvo que ver con él, se mantuvo al margen - concluyó el niño-que-vivió mientras se disponía a volver a su sitio luego de haber colocado ya todas las cartas sobre la mesa.

El rubio le lanzó una mirada fría y gélida que en cualquier otro momento no hubiese significado nada, pero el azabache se dio cuenta que era su manera de darle las gracias.

- Muy... conmovedor todo lo que dijo Señor Potter, pero... debido a la gravedad de los hechos del señor Malfoy, debido al verse tan seriamente involucrado con la muerte de Albus Dumbledore y con aquellos intentos de asesinato donde otros alumnos se vieron afectados, el jurado deberá tomar una sentencia - habló la mujer mientras le hacía una pequeña seña a todos los de la corte para que se juntaran a tomar una decisión.

Pero el sonido de la gran puerta de roble abrirse estrepitosamente sobresaltó a muchos. Por allí entraba la misma aurora que había liberado a los Malfoy, con una expresión de sumo estrés

- Lo lamento mucho, traté de impedir que entrara, pero es muy...terca - concluyó incapaz de insultar a la castaña que entraba decidida por aquella puerta. Muchos comenzaron a cuchichear y un azabache y un pelirrojo cruzaron miradas sorprendidos un momento y trataron de entablar contacto visual con la castaña para preguntarle qué hacía allí, más no lograron que la castaña desviara la vista de la silla donde se encontraba Malfoy en ese momento.

El rubio no había volteado, por lo que no veía lo que se avecinaba, más el repentino silencio que se instaló en la sala le hizo suponer que no era algo muy común.

- Señorita Granger, me alegra mucho que haya aceptado la invitación - habló la juez rompiendo el incómodo silencio en el que se encontraba la sala y el rubio frunció el ceño preguntándose si aquel era el momento adecuado para volver a pensar en ella, era idiota por su parte imaginar que decían su nombre hasta en pleno juicio, justo segundos antes de que dictaran su condena. Pero al ver como todo la sala concentraba su vista fija en un punto de la sala, el rubio se dio vuelta topando sus ojos con unos de color miel que le miraban insistentes, como tratando de decir algo y el rubio sintió unas inmensas ganas de insultarla como en los viejos tiempos, de gritarle mil y un veces, de preguntarle que hacía allí y a la vez unas locas ganas de abrazarla y mandar todo al demonio de una vez por todas.

- El placer es mío, agradezco que me haya tomado en cuenta para este juicio y no quise desaprovechar la oportunidad de hablar, de decir todo aquello que se - habló con su habitual tono de persona que sabe mucho y habla demasiado, aquel tono de "ratona de biblioteca" que tanto le gustaba al rubio.

- ¿A qué se refiere señorita Granger? - preguntó la juez

- Vengo a testiguar a favor de Draco Malfoy - dijo con firmeza y su voz se vio amortiguada por el montón de murmullos sorprendidos que inundaron la sala.

El rubio sólo concentró su mirada en los ojos de la castaña que en seguida entabló contacto visual con el rubio. Algo había cambiado entre ellos, no sabían bien el que, pero era algo grande como para que una Gryffindor fuera a hablar a su favor, como para que Hermione Granger fuera a hablar a favor de Draco Malfoy, quien se encargó de hacerle la vida imposible por tanto tiempo.

- Señorita ya su compañero habló por el señor Malfoy - trató de decir la juez incapaz tampoco de negarle mucho a la chica que se mantuvo siempre al lado del salvador del mundo Mágico.

- Su señoría, según tengo entendido Harry habló neutro, ni a favor ni en contra, pero yo vengo a hablar a favor, ¿sería tan amable de escucharme? - pidió y la juez asintió un poco enojada de que una chica de 17 años viniera a cuestionarle su forma de trabajar.

- ¿Que demonios hace Hermione? - preguntó el pelirrojo confundido pero el azabache sólo pudo encogerse de hombros sin perder detalle de las miradas del rubio para con su amiga que no era muy indiferente a ellas. Había notado como se retorcía incomoda y como pequeñas motas rojas invadían sus mejillas, lo que le llevaba a suponer que se sentía nerviosa con sus miradas. Y se planteó el hecho de usar legeremancia con su amiga, pero desistió de ello y prefirió escuchar lo que su amiga tenía para decir.

- En..sexto año, luego de aquel incidente de Dumbledore, Malfoy volvió al colegio. Quizá nadie lo notó, de hecho puedo asegurarlo, lo que me lleva a concluir que no hizo absolutamente nada fuera de lo común...Yo estaba ese día en la biblioteca, sola, a oscuras, me había topado con él, y no me hizo nada, dijo que no iba a matarme y que no pretendía hacerlo, me dio la ventaja de ir a decirles a todos que estaba en el castillo, más no lo hice, el sólo... se fue, sin decir más nada. Si, me pareció extraña su conducta, pero luego de averiguar un poco me di cuenta que había ido a tomar prestado un libro de la biblioteca, no supe cuál era, hasta dos meses después que vi como devolvía en uno de los estantes un tomo rojo y grande, simplemente esperé a que volviera a irse y me di cuenta que el libro trataba sobre horrocruxes. Pensé que trataba de ganarnos y de ayudar al Señor Oscuro, pero luego cuando lo vi en la sala de Menesteres justo cuando buscábamos la Diadema de Revenclaw, me di cuenta que él sabía a la perfección donde se encontraba, sólo estaba allí evitando que Crabble y Goyle lo encontraran, de algún u otro modo fue una especie de ayuda, además del hecho de que impidió el hechizo que nos había lanzado su amigo. También el día en que nos infiltramos en el Ministerio, ese día el nos descubrió, al parecer Ronald había sido muy obvio pero nunca hizo mención a ello, sólo me lo hizo saber cuándo nos encontrábamos solos y tampoco hizo nada contra mí. Luego en su mansión , además de no reconocernos públicamente, me ayudo cuando Bellatrix Lestrange me estaba torturando, no pregunten cómo lo hizo , porque fue de manera indirecta, pero sirvió de ayuda. Y por último está el día de la Batalla, contra todo pronóstico me salvo de una maldición y desarmó a un Mortífago en mi presencia y pude ver como sólo se encargaba de desmayar a aquellos que quisieran pelear contra él, jamás mató a nadie. - terminó la castaña sin despegar sus ojos de las orbes mercurio del rubio que se encontraba cada vez más sorprendido y fascinado con la castaña.

Luego de salir de su estupefacción la juez carraspeó un poco, llamando la atención de la sala que seguían aún un poco sorprendidos, y entonces todos se reunieron para dar lo que sería el veredicto final.

El rubio vio como la castaña rompía contacto visual y se iba a sentar donde se encontraban sus dos amigos cuestionándola con la mirada.

- Señor Malfoy - llamó un hombre regordete que se encontraba al lado de la juez. El rubio fijó su mirada en él dándole a entender que tenía toda su atención - Debido a los hechos, y a la debida intervención de la señorita Granger, queda libre de cualquier cargo, se le retiraran unas cuantas tierras y tiene trabajo pendiente, ese trabajo consistirá en dar una carga de 30 galeones por semana al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería para terminar de reconstruirlo. Puede considerarse libre de todo cargo - culminó mientras desaparecía de allí junto con todos los demás jueces y así comenzaron a irse el resto de los testigos.

El rubio sintió como las ataduras de sus manos se esfumaban, más se veía incapaz de salir de allí.

Había terminado relativamente bien, podía ser libre, se había librado de una condena y todo gracias a Hermione Granger, su antigua némesis, mejor amiga del niño-que-vivió, blanco fácil durante muchos años de sus insultos y por sobre todas las cosas, la chica que no salía de sus pensamientos. Aquella castaña que invadía sus sueños y hasta sus pesadillas. Porque se podía decir que no podía soñar muy a gusto en una celda custodiada por Dementores.

Y el hecho de verla allí salir custodiada por sus amigos que se veían que de un momento a otro la iban a bombardear de preguntas, le hizo recordar aquellas palabras que minutos antes de que su madre fuera juzgada, ésta el había dicho: "eso pasa Draco, le pasa a las personas que de verdad aman, quizá no todas estén destinadas a tener sus finales felices de cuento de hadas, pero... siempre hay que intentarlo y tú hijo mío por más que lo evites, ni siquiera has hecho un mínimo esfuerzo en intentarlo"

Con ese pensamiento se dirigió a la salida de aquella sala donde hace pocos minutos consideraba sería su peor calvario y miró de reojo a la castaña que se había detenido en la puerta, como esperando el momento justo para hablarle, y así lo hizo

- Tu madre te espera en la salida - se limitó a decirle mientras sonreía mostrando todos sus blancos dientes y luego desaparecía junto a todos los demás que aún quedaban en la sala. Y el rubio no pudo hacer más que sonreír viendo su silueta desaparecer. Si, tenía fuertes sentimientos por una de las personas más correcta de todo el mundo Mágico, y quizá aquello estaba mal, pero eso lo hacía un reto. Y el Slytherin nunca dejaba pasar los retos.


Espero les haya gustado el capítulo.

Fue algo tedioso y largo de escribir y quizá no a mucho les guste ya que no hay mucha relación Hermione-Draco, pero era un capítulo necesario de escribir.